Myrmecocystus navajo - Hormiga Mielera Dorada
Oro vivo en la noche del desierto. Myrmecocystus navajo es la «mexicanus en miniatura» de los bosques de piñón y enebro: una mielera dorada, de ojos enormes y retrasados, que despierta cuando cae el sol y recorre el suelo frío a la luz de las estrellas. Sus repletas, despensas vivientes colgadas del techo, se llenan de lo que beben y se tiñen de su color: en Antomas, una brilla azul de néctar Blue Sugar. Una especie poco vista en el hobby, para criadores pacientes que buscan algo distinto. Reinas fundadoras con prole. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 4/5 – Avanzado
Una «mexicanus en miniatura» de los bosques de piñón y enebro: más pequeña, toda de color dorado o ámbar claro, nocturna y con unos ojos enormes, desplazados hacia atrás. Sus repletas toman el color de lo que beben: la de nuestra foto es azul por el néctar Blue Sugar de Anthouse. Reinas con prole, de fundación claustral, y una sola reina por colonia. Néctar con cuentagotas hasta que aparecen las repletas y, desde entonces, siempre disponible; presas diminutas casi a diario. Montaje: Qbik Wild One P 1C, híbridos y, para las colonias grandes, NoNa Diáfano. Temperatura ambiente de casa. Diapausa de noviembre a febrero, unos 4 meses, a 10–14 °C. Contra las fugas, basta con aceite mineral.
Myrmecocystus navajo Wheeler, 1908 es la pequeña de las hormigas mieleras nocturnas. Los mirmecólogos la describen como una «mexicanus en miniatura»: comparte con la gran mielera clásica el color claro, la vida nocturna y las repletas, esas obreras convertidas en despensas vivientes, pero en un formato más pequeño y con unos ojos todavía más llamativos. Vive en el suroeste de Estados Unidos y el norte de México, y su paisaje más típico son los bosques abiertos de piñón y enebro de las mesetas.
En nuestra tienda la llamamos Hormiga Mielera Dorada, por el color de miel clara de sus obreras. Es una especie poco estudiada: no existe ni un solo artículo científico dedicado solo a ella. Por eso, en esta ficha distinguimos con cuidado lo que se sabe de M. navajo, lo que se deduce de su pariente M. mexicanus y del resto del género y lo que hemos visto en Antomas, como esa repleta azul de la foto del producto que te explicamos más abajo.
Biología
Una mexicanus en miniatura
La describió el mirmecólogo estadounidense William Morton Wheeler en 1908, en su gran trabajo sobre las mieleras americanas, como una subespecie de la mielera clásica: M. mexicanus navajo. Wheeler la seguía tratando así en 1912, junto a otras formas pálidas del grupo. Fue Roy Snelling quien, en su revisión del género de 1976, la consideró una especie propia y eligió una obrera como ejemplar de referencia del nombre, un lectotipo. El nombre recuerda al pueblo navajo; no hemos podido consultar la descripción original para saber si Wheeler explicó su elección.
Snelling la definió con una frase que se ha quedado: una «mexicanus en miniatura». Las diferencias con su prima grande son sutiles, pero constantes:
- Tamaño: es más pequeña y menos polimórfica, es decir, hay menos diferencia de talla entre sus obreras pequeñas y grandes.
- Ojos: grandes y desplazados hacia atrás, hacia el borde posterior de la cabeza. Es la diferencia más llamativa (ver «Ojos de búho: grandes, retrasados y sin ocelo anterior»).
- Pilosidad: la pubescencia de la cabeza es escasa, y no tiene pelos erectos en la cara externa de los fémures ni de las tibias.
- Pecíolo: el nudo que une el tórax con el gáster suele ser más fino y tener menos pelos erectos.
En el campo se confunde con M. mexicanus, nuestra Hormiga mielera gigante, con M. testaceus y con otras mieleras pálidas, y para separarlas hace falta una lupa y la clave de Snelling. Los machos son diminutos: su cabeza mide menos de 0,8 mm de ancho.
Dorada para la tienda, pálida para la ciencia
«Dorada» es el nombre que le damos en Antomas, y responde a lo que se ve: nuestras reinas y obreras son de un color dorado o ámbar claro de la cabeza al gáster, y la reina tiene el gáster algo más oscuro y con bandas. Para la ciencia, sin embargo, M. navajo es sencillamente una especie pálida. Snelling la incluyó en el grupo de las mieleras de tegumento amarillo claro, ojos grandes y vida nocturna, y un estudio de 2022 que midió el brillo del color de muchas especies la situó entre las pálidas, con un brillo medio por encima de 65 en su escala.
¿Por qué es pálida? Ese mismo estudio comparó cuatro linajes de hormigas en los que han aparecido, por separado, especies pálidas y oscuras, y encontró el mismo patrón en todos: las pálidas son nocturnas y las oscuras, diurnas. Una explicación habitual es que el pigmento oscuro, la melanina, protege del sol y de la desecación, una defensa que una hormiga que trabaja de noche necesita mucho menos.
Hay un matiz curioso: una guía naturalista de la región separa a M. mexicanus de M. navajo porque la primera es de un amarillo más claro, lo que sugiere que la navajo puede tener un tono algo más cálido. Es una observación de campo, no un dato medido, pero encaja con el aspecto dorado de nuestras colonias.
Ojos de búho: grandes, retrasados y sin ocelo anterior
Si miras de cerca la cabeza de una obrera de M. navajo, lo primero que llama la atención son los ojos: grandes, abombados y colocados muy atrás. El estudio de 2022 midió los ojos de hormigas pálidas y oscuras de cuatro linajes, entre ellos Myrmecocystus, y estos son los datos de M. navajo:
- Facetas grandes: unos 20,4 µm de diámetro, frente a unos 14,3 µm en M. kennedyi, una mielera diurna y oscura. Cada faceta es una pequeña lente, y cuanto más ancha es, más luz recoge.
- Ojos para la penumbra: su «parámetro ocular», una medida que combina el tamaño de las facetas y el ángulo entre ellas, ronda el valor 2. Los valores altos son propios de ojos que trabajan con poca luz.
- Un campo visual amplio, que llega a los 128°.
- Sin ocelo anterior: 11 de las 12 obreras examinadas no tenían el ocelo anterior, el primero de los tres ojos simples que muchas hormigas llevan en lo alto de la cabeza.
Los ocelos ayudan a muchos insectos diurnos a orientarse con la luz del cielo. Una hormiga que trabaja de noche invierte en ojos compuestos grandes y sensibles y prescinde de lo que apenas le sirve. ¿Y por qué tan atrás? Nadie lo ha estudiado, pero es razonable pensar que amplían la vista hacia los lados y hacia atrás, algo útil para buscar comida a oscuras. Es una deducción nuestra, no un dato.
Hija de los bosques de piñón y enebro
Según Snelling, M. navajo vive desde el este de Colorado hasta el oeste de Texas, y por el oeste hasta el sur de Utah, Nevada, California y el norte de Sonora. Al oeste del centro de Arizona aparece de forma salteada, probablemente solo en las cotas adecuadas de las sierras. Los registros de las bases de datos de biodiversidad se concentran en Arizona y Nuevo México, seguidos de Utah, California y Texas, y en México, sobre todo en Chihuahua.
Su altitud está poco documentada, pero los datos de Snelling dibujan una hormiga de media montaña: 1.220–1.860 m en Nuevo México, 670–1.980 m en Nevada y 210–1.370 m en California. Vive desde el matorral de gobernadora de los desiertos bajos hasta el chaparral, y es común en los bosques abiertos de encina y enebro y de piñón y enebro: ese paisaje de pinos piñoneros bajos y enebros dispersos sobre suelo pedregoso, con inviernos fríos y veranos cálidos, que cubre buena parte de las mesetas del suroeste norteamericano.
Su nido se reconoce por un pequeño montículo en forma de cráter, de arena gruesa o gravilla fina, alrededor de la entrada. Por debajo, los nidos son profundos, con las repletas en la parte baja, como en M. mexicanus, aunque nadie ha publicado todavía la excavación completa de un nido de M. navajo.
El turno de noche: cuatro mieleras, dos horarios
En Portal, en el sureste de Arizona, y en Rodeo, en el suroeste de Nuevo México, Bert Hölldobler estudió un terreno donde conviven al menos cuatro especies de mieleras. Dos son nocturnas, M. navajo y M. mexicanus, y dos exclusivamente diurnas, M. mimicus y M. depilis. Las diurnas son las famosas mieleras de los torneos y los asaltos entre colonias; las nocturnas trabajan el mismo suelo cuando las otras ya se han retirado.
Ese reparto tiene una base fisiológica. En 1978 se midieron en el laboratorio los límites térmicos de cinco mieleras de Nuevo México: las diurnas perdían la capacidad de moverse hacia los 11–12 °C, mientras que la nocturna seguía activa hasta los −0,4 °C y trabajaba con el aire y el suelo entre 2 y 30 °C. El calor extremo, en cambio, lo aguantaban todas de forma parecida. Las mieleras pálidas no huyen del calor: han ocupado las horas frías, que las oscuras no pueden aprovechar.
De M. navajo no hay medidas propias de temperatura, pero todo indica que funciona igual: es nocturna, es pálida y tiene los ojos de una especie nocturna. En casa notarás ese reloj interno: la actividad sube al anochecer (ver «Cómo se comporta en casa»).
Carroñera de la noche
Su dieta, según las observaciones que recogió Snelling, combina tres fuentes: la melaza de pulgones y cochinillas harinosas, el néctar de las flores y una parte importante de artrópodos muertos. Es, como su prima grande, una carroñera nocturna que recorre el suelo en busca de insectos caídos, más que una cazadora de presas vivas. En cautividad eso se traduce en una regla: proteína en trocitos blandos y recién sacrificados.
Sus colonias maduras se estiman en más de 1.000 obreras, bastantes menos que las 5.000 que se han contado en colonias de M. mexicanus. Encaja con su tamaño: una mielera más pequeña, con colonias más pequeñas, que en casa ocupa menos espacio que su prima gigante.
Repletas que no siempre aparecen
Como las demás mieleras de su grupo, M. navajo forma repletas: obreras que se llenan de líquido hasta que el gáster se convierte en una esfera translúcida y pasan la vida colgadas del techo de las cámaras. Pero una guía naturalista de la región advierte de algo interesante: en sus colonias, las repletas no siempre están presentes.
¿Por qué? No hay estudios sobre esta especie, pero lo que se sabe del género da pistas. En M. mexicanus, Steven Rissing demostró en 1984 que las repletas son las obreras más grandes de la colonia, y Conway comprobó que la primera generación de obreras nunca se convierte en repleta. Una especie menos polimórfica, con menos diferencia entre obreras pequeñas y grandes, quizá tenga menos candidatas claras. Y las repletas se forman cuando entra más néctar del que la colonia gasta. Es una deducción, pero explica bien lo que vemos en cautividad: las repletas de M. navajo llegan cuando la colonia ya tiene obreras de varias tallas y le sobra azúcar.
El mecanismo sí es el de todo el género. La repleta guarda el líquido en el buche social, el «estómago» donde las hormigas llevan la comida que comparten, que se estira hasta desplazar a los demás órganos. La membrana entre las placas del gáster se tensa y se vuelve transparente, y las placas quedan como islas oscuras sobre ella. Cuando la colonia lo necesita, otras obreras le tocan las antenas y la repleta regurgita una gota. Una repleta vacía no muere: se queda flácida y puede volver a llenarse. En este vídeo de Anthouse se ven repletas de una prima diurna, M. mimicus:
Así cuelgan las despensas de una mielera: repletas de M. mimicus, prima diurna de la Mielera Dorada (Anthouse).
La repleta azul: beben lo que les das
En la foto de este producto hay un detalle que no pasa desapercibido: entre las obreras doradas, una repleta llena de un líquido azul. No es una rareza de la especie: es el Néctar Blue Sugar de Anthouse, con el que alimentamos a nuestras colonias en Antomas. Las repletas guardan lo que beben, y a través de su gáster translúcido se ve el color de lo que llevan dentro.
La ciencia lo demostró hace décadas. John Conway, que estudió las mieleras de Colorado, alimentó colonias de M. mexicanus con agua azucarada teñida de azul o de rojo y obtuvo repletas azules y rojas. A una colonia le dio solo agua teñida de rojo, y una de sus obreras se convirtió en una semirrepleta llena de agua. En la naturaleza, los colores también hablan: las repletas de ámbar oscuro guardan azúcares con sabor a melaza; las transparentes, sobre todo agua con sacarosa, y funcionan como depósitos de agua para el desierto; y las lechosas, proteínas y grasas procedentes de las presas.
Para un criador, esto convierte las repletas en una ventana: el color de tus repletas te dice qué han estado bebiendo. Si alternas néctares a lo largo de la semana, como recomendamos (ver «Néctar, presas diminutas y agua»), es posible que con el tiempo veas repletas de tonos distintos en la misma cámara. Y te recuerda algo importante: una repleta es una despensa, y lo que guarda tiene que ser bueno y variado.
Fundadoras de verano
Del vuelo nupcial de M. navajo no hay ninguna publicación. Sí está documentado el de M. mexicanus, con la que comparte grupo, horario y parte de su área: vuela a finales de julio o principios de agosto, tras las lluvias fuertes del verano, al anochecer. Es razonable suponer que M. navajo siga un calendario parecido, ligado a las tormentas de verano del suroeste, pero es una suposición.
La fundación de las mieleras es claustral: tras el vuelo, la reina se desprende de las alas, excava una cámara, la cierra y cría sola a sus primeras obreras con la grasa de su cuerpo y los músculos de las alas, que ya no necesita. En M. mexicanus, las primeras obreras nacen a los dos o tres meses del vuelo y la reina pasa su primer invierno encerrada con ellas. No hay datos de fundación en grupo ni de colonias con varias reinas en M. navajo: en Antomas la tratamos como monogínica, con una sola reina por colonia.
Una familia que la ciencia sigue ordenando
Snelling repartió las mieleras en tres grupos, entonces subgéneros: las pálidas, nocturnas y de ojos grandes, donde puso a M. navajo junto a M. mexicanus; las grandes especies diurnas, a menudo bicolores, como M. mimicus; y las pequeñas y oscuras. Era una clasificación lógica, basada en el aspecto y en el horario.
La genética la ha puesto en duda. En 2004 se publicó la primera filogenia de las mieleras con ADN mitocondrial, y en 2021 una mucho más completa, con 28 de las 29 especies descritas y marcadores de todo el genoma, concluyó que los grupos de Snelling no encajan con el árbol genético y que dentro de siete especies se esconden linajes crípticos. Si esos grupos no son naturales, el color pálido y la vida nocturna habrían aparecido más de una vez en la historia del género: una solución que la evolución habría encontrado varias veces para vivir en el desierto.
Esa filogenia fechó además el origen del grupo: Myrmecocystus se separó de Lasius, el género de nuestras hormigas negras de jardín, a principios del Mioceno, y se diversificó hace unos 14 millones de años, mientras se secaba el suroeste norteamericano.
Mieleras del mundo: la misma idea, muchas veces
M. navajo pertenece a un club curioso. Las repletas no son un invento exclusivo de Myrmecocystus: han aparecido de forma independiente en varios linajes de hormigas que viven donde la comida llega a rachas. En Australia, Camponotus inflatus tiene repletas de hasta 1,4 g, colonias en las que casi la mitad de las hormigas son repletas y una miel con una actividad antimicrobiana propia, según un estudio de 2023. También en Australia, Melophorus bagoti tiene repletas más pequeñas y móviles; hay repletas diminutas en Plagiolepis, otras en Prenolepis, en Norteamérica, y en Leptomyrmex, de la que se ha descrito incluso una obrera repleta fósil del Eoceno.
Entre las mieleras americanas, se han citado repletas en 20 de las 29 especies de Myrmecocystus. M. navajo es una de ellas, aunque, como hemos visto, sus repletas no siempre están. Es la miniatura de un club de gigantes.
Tamaño y morfología
Mielera pequeña para el género, esbelta, de color claro y con obreras de tallas poco diferentes entre sí.
- Coloración según la ciencia: pálida, del grupo de mieleras de tegumento amarillo claro.
- Coloración de nuestras colonias: toda dorada o ámbar claro, reina y obreras; la reina, con el gáster más oscuro y con bandas. Las repletas, translúcidas, toman el color de lo que beben (ver «La repleta azul: beben lo que les das»).
- Ojos: grandes, de facetas anchas y desplazados hacia el borde posterior de la cabeza; casi siempre sin ocelo anterior.
- Pilosidad: pubescencia escasa en la cabeza y sin pelos erectos en la cara externa de fémures y tibias.
- Pecíolo: nudo fino, con pocos pelos erectos.
- Polimorfismo: menor que en M. mexicanus, y sin soldados.
- Defensa: sin aguijón; como todas las formicinas, muerde y usa ácido fórmico.
Medidas aproximadas
- Obreras: sin medidas publicadas accesibles; más pequeñas que las de M. mexicanus
- Reina: sin medidas publicadas accesibles
- Macho: anchura de la cabeza inferior a 0,8 mm (Snelling)
- Facetas del ojo de la obrera: unos 20,4 µm de diámetro (Johnson y Rutowski, 2022)
Las medidas completas de cada casta están en la revisión de Snelling (1976), que no ha estado accesible para esta ficha, y preferimos no dar cifras sin fuente. Como referencia relativa: es una «mexicanus en miniatura», así que sus obreras son más pequeñas que las de M. mexicanus, que miden 3–7 mm según la descripción clásica de Cole (1936).
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 4/5 – Avanzado
Que sea pequeña no la hace fácil. En Antomas la clasificamos como avanzada por cuatro razones:
- Poca experiencia publicada. Es una de las mieleras menos criadas: hay pocos diarios de cría y casi ningún dato científico propio, así que buena parte de lo que sabemos procede de su prima M. mexicanus y de nuestra propia experiencia.
- Un arranque lento. Como en todo el género, la reina tarda meses en sacar sus primeras obreras, y la colonia es frágil hasta que supera la primera generación.
- Un azúcar que hay que medir. Al principio, el néctar va con cuentagotas (ver «Cuidado con la muerte dulce»).
- Repletas que se hacen esperar. Llegan con la segunda o la tercera generación, y en esta especie a veces tardan más.
Lo bueno es que el resto es sencillo: vive a la temperatura de una casa, no es escapista, come cosas fáciles de conseguir y ocupa poco espacio. Y tiene premio: una colonia dorada de ojos enormes que se despierta al anochecer y, con paciencia, unas repletas que reflejan, literalmente, lo que les das.
Reina con prole: los primeros meses
En Antomas la vendemos como reina con prole: una reina que ya ha empezado su colonia en un tubo de ensayo y tiene huevos, larvas o pupas. La fundación es claustral, así que la reina sigue criando con sus reservas. Tu trabajo, en esta fase, es sobre todo no estorbar:
- Oscuridad y calma. Deja el tubo como llega, en una caja o un cajón sin luz directa ni vibraciones, a temperatura ambiente.
- Agua. Una vez por semana, comprueba que el algodón sigue húmedo y que al depósito le queda agua. Si se acaba o el tubo se ensucia, pasa la colonia a un tubo nuevo por volcado.
- Una gotita, no más. De vez en cuando, ofrece con un cuentagotas una gota pequeña de néctar sobre un trocito de plástico o de papel de aluminio dentro del tubo, nunca sobre el algodón, y retira lo que quede al día siguiente.
- Proteína en miniatura. Cuando nazcan las primeras obreras, empieza con trocitos de Drosophila o de microgrillo, a ser posible a diario, y retira los restos.
- Calendario. No hay datos de M. navajo, pero en M. mexicanus las primeras obreras tardan dos o tres meses desde el vuelo. Son nanitas pequeñas, y ninguna será repleta.
Con las primeras obreras, pásala a un Qbik Wild One P 1C (ver «Del tubo al nido: mudanza por volcado»). A partir de ahí, la colonia crece despacio: paciencia, rutina y comida diminuta.
Cuidado con la muerte dulce
Con las mieleras, dar de comer de más es tan peligroso como quedarse corto. Lo sabemos por nuestra propia experiencia de cría, no por los libros: cuando una reina en fundación o una colonia muy pequeña tiene más néctar del que puede gastar, y todavía no hay repletas que lo guarden, la reina acaba llenándose ella misma. El gáster se le hincha como el de una repleta, la puesta se frena o se detiene y la colonia se estanca; si la situación dura, puede perderse. Lo llamamos la muerte dulce, y este vídeo de Anthouse la muestra en reinas en plena fundación:
La muerte dulce: reinas que se han convertido en repletas durante la fundación, en un vídeo de Anthouse.
De ahí la regla del cuentagotas: gotas pequeñas, y no se repone hasta que se acaban. Si la reina ya está hinchada, se suspende el néctar hasta que deshinche y vuelva a poner, manteniendo el agua y las presas diminutas. Y el día que veas la primera repleta colgada del techo, cambia el chip: la colonia ya tiene dónde guardar, y el néctar pasa a estar siempre disponible.
El hormiguero: de la Wild One al NoNa
En Antomas recomendamos empezar con el Qbik Wild One P 1C de Anthouse, el módulo pequeño de la gama, de 6,78 × 6,78 × 5 cm, pensado para reinas y colonias pequeñas. Para una mielera de colonias modestas como esta, es un primer hogar que dura bastante:
Sus cámaras tienen la altura justa para que las primeras repletas se cuelguen del techo, sin obligar a una colonia pequeña a moverse por paredes verticales. Para empezar, huye de los nidos verticales estrechos: son vistosos, pero no se parecen en nada a las cámaras bajas y anchas donde las mieleras guardan sus repletas.
Recomendamos también los híbridos, como el Qbik Wild Duo P 2C Híbrido, para cuando la colonia necesite más espacio. Humedece desde un depósito inferior separado de las galerías y lleva además un tubo bebedero lateral: humedad estable sin agua en las cámaras, justo lo que piden las repletas.
Y para una colonia grande, el Qbik Wild NoNa Diáfano de Anthouse, uno de los formatos grandes de la gama. Sin cámaras interiores, deja que las hormigas excaven y organicen su propio nido en el sustrato, como harían bajo un enebro, siempre con un sustrato compacto que no se derrumbe y humedecido solo por puntos. Es un nido para colonias ya grandes: antes de tiempo, perderías de vista a la reina y el control de la comida.
Sea cual sea el modelo, comprueba dos cosas: que el techo de las cámaras tenga rugosidad para agarrarse y que haya altura suficiente para que una repleta cuelgue sin tocar el suelo. Añade una zona de forrajeo seca, un tubo de agua con algodón, un bebedero y la franja de aceite mineral.
Temperatura y humedad
- Temperatura: en Antomas, la de una casa, sin más. Los criadores que tienen éxito con el género trabajan a 24–31 °C y señalan unos 29 °C como el punto ideal; hay criadores de M. navajo que la mantienen justo así, y uno documentó una colonia de más de 70 obreras a 26–28 °C. Si quieres darle ese extra, usa un cable calefactor con termostato en un lado del nido, nunca bajo las repletas.
- Humedad: un criador de M. navajo lo resumía así: un poco húmeda, sin condensación. Un punto húmedo cerca de la cría y el resto seco, con cámaras de repletas estables: ni gotas en las paredes, que las harían caer, ni sequedad extrema.
- Forrajeo: seco y ventilado.
- Agua: siempre a su alcance, en un tubo de ensayo con agua y algodón.
- Luz: nido a oscuras y forrajeo con la luz de la habitación.
- Diapausa: de noviembre a febrero, a 10–14 °C (ver «Diapausa de noviembre a febrero»).
Del tubo al nido: mudanza por volcado
Cuando llegue tu reina, deja el tubo en reposo, a oscuras, y comprueba que tiene agua; no la pases al nido el primer día. Cuando toque mudarla, en Antomas lo hacemos por volcado:
- Monta antes el hormiguero, con el agua y la barrera de aceite puestas, y oscurece la zona del nido.
- Abre el tubo dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada, trabajando sobre una bandeja.
- Vuelca con suavidad a la reina, las obreras y la cría, y ayuda a las rezagadas con un pincel suave.
- Déjalas tranquilas: en poco tiempo habrán llevado la cría al nido.
Cuando ya haya repletas, muda solo si es imprescindible, y también por volcado, pero llevando las repletas aparte, de una en una, con un pincel suave y sin presionar el gáster.
Néctar, presas diminutas y agua
El néctar, en dos fases. Hasta las primeras repletas, con cuentagotas (ver «Cuidado con la muerte dulce»). Desde entonces, ad libitum y sin interrupciones: que nunca les falte. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana, y se le puede añadir algo de proteína. Sí, es el que llena la repleta azul de nuestra foto: con M. navajo verás, a través del gáster de las repletas, lo que has puesto en el bebedero. Ofrécelo siempre en un bebedero, nunca en algodón, que se enmohece y lo estropea; mejor uno en el que la gota quede tendida y accesible, renovado antes de que fermente.
Proteína: pequeña, frecuente y variada. Al principio, presas exageradamente pequeñas: Drosophila, pececillos de fuego (Thermobia) recién nacidos, termitas y microgrillos, a ser posible todos los días. A medida que la colonia crece, admite presas mayores, como moscas o grillos pequeños, en más cantidad pero con más días entre toma y toma. Cambia de insecto cada semana y cómpralos a un proveedor fiable.
Si puedes revisar la colonia a diario y retirar los restos, no tengas miedo de darles mucho: en Antomas vemos que, con comida abundante, la colonia entiende que tiene recursos y crece más deprisa. Si no puedes limpiar con frecuencia, ajusta la cantidad, porque los restos fermentan y traen moho. Así se alimentan las larvas de una mielera:
Hora de comer en el nido: larvas de M. placodops alimentándose en Antomas (canal de Antomas).
Agua aparte, siempre: un tubo de ensayo con agua y algodón en el forrajeo. Y, como es nocturna, pon la comida al caer la tarde y retira los restos por la mañana.
Diapausa de noviembre a febrero
En Antomas le hacemos una diapausa de unos 4 meses, de noviembre a febrero, algo más corta que la de nuestras especies autóctonas, y proponemos 10–14 °C. ¿Por qué esa cifra? Por su grupo: las mieleras pálidas y nocturnas siguen activas cerca de 0 °C y toleran un reposo más fresco que las oscuras y diurnas, que se quedan inmóviles hacia los 11–12 °C y necesitan una diapausa más templada. Pero no apuramos tanto como con M. mexicanus: sus colonias son más pequeñas, sus repletas a veces escasean y parte de sus poblaciones viven a poca altitud. El primer invierno de una reina con prole, todavía sin repletas, mejor en la parte alta: 12–14 °C.
- Baja la temperatura a lo largo de una o dos semanas, y súbela igual en marzo.
- Agua siempre, y un poco de néctar si hay obreras moviéndose.
- Sin proteína, o casi, mientras no haya larvas; vuelve a darla en cuanto la colonia se active.
Cómo se comporta en casa
Es una hormiga de horario nocturno: durante el día verás pocas obreras fuera, y al anochecer la zona de forrajeo se anima. Las exploradoras salen de una en una y, cuando encuentran el bebedero o una presa, repiten el camino. Las colonias jóvenes son discretas; no te preocupes si casi no las ves.
Disfrútalas sin miedo. En Antomas creemos que las hormigas están para observarlas y aprender de ellas, no para esconderlas: basta con que el nido tenga su zona oscura y el forrajeo, luz, y con que las observes con delicadeza y sin intervenir más de lo necesario. Se acostumbran a ti. Un atardecer, a la hora en que se despiertan y con una lupa, es el mejor momento para ver esos ojos enormes.
Señales a vigilar: reina hinchada y sin puesta (néctar de más), cría que no avanza (falta proteína), repletas en el suelo (condensación o golpes) y moho (humedad o restos).
Barrera antifugas
No es una escapista. En nuestra experiencia, bastan una franja de aceite mineral en la parte alta del forrajeo, una tapa que cierre bien y unas conexiones sin rendijas. Revisa que ninguna rama o piedra toque la barrera.
Manejo
No pica: no tiene aguijón. Si se siente atrapada, muerde y suelta ácido fórmico, sin más consecuencias. Lo frágil aquí son las repletas: para cualquier intervención, usa tubos, pinceles y pinzas blandas, nunca las manos, y trabaja con calma. No juntes reinas ni colonias. Y, como especie exótica que es, nunca debe liberarse.
Errores que se pagan caros
- Llenar un bebedero a una reina sola o a una colonia sin repletas.
- Seguir dando néctar a una reina hinchada.
- Dejar sin azúcar a una colonia que ya tiene repletas.
- Empezar con presas grandes en lugar de diminutas.
- Poner el néctar en algodón o dejar restos días y días.
- Mojar el nido hasta que aparezca condensación.
- Elegir un nido vertical estrecho, o demasiado grande, para una colonia que empieza.
- Mudar sin necesidad una colonia con repletas.
- Juntar reinas o colonias.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Myrmecocystus navajo, su grupo de especies y su género, y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
- Wheeler, W. M. (1912). Additions to our knowledge of the ants of the genus Myrmecocystus Wesmael. Psyche 19: 172–181. doi:10.1155/1912/59057
- Johnson, R. A. & Rutowski, R. L. (2022). Color, activity period, and eye structure in four lineages of ants: pale, nocturnal species have evolved larger eyes and larger facets than their dark, diurnal congeners. PLoS ONE 17: e0257779. doi:10.1371/journal.pone.0257779
- Hölldobler, B. (1981). Foraging and spatiotemporal territories in the honey ant Myrmecocystus mimicus Wheeler (Hymenoptera: Formicidae). Behavioral Ecology and Sociobiology 9: 301–314. doi:10.1007/BF00299887
- Kay, C. A. R. & Whitford, W. G. (1978). Critical thermal limits of desert honey ants: possible ecological implications. Physiological Zoology 51: 206–213. doi:10.1086/physzool.51.2.30157867
- Conway, J. R. (1977). Analysis of clear and dark amber repletes of the honey ant, Myrmecocystus mexicanus hortideorum. Annals of the Entomological Society of America 70: 367–369. doi:10.1093/aesa/70.3.367
- Conway, J. R. (1986). The biology of honey ants. The American Biology Teacher 48: 335–343. doi:10.2307/4448321
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- Dificultad
- Experimentado


