Acromyrmex octospinosus - Hormiga Cortadora de Hojas
Agricultoras de la selva desde hace casi siete millones de años. Acromyrmex octospinosus no come las hojas que corta: con ellas cultiva un hongo del que vive toda la colonia, y lo defiende con bacterias productoras de antifúngicos que lleva sobre su propio cuerpo. Autopistas de obreras cargadas de hojas y flores, obreras de todas las tallas y reinas que se aparean con hasta diez machos: un imperio agrícola ante tus ojos. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 3/5 – Avanzado
Cortadora de hojas neotropical que no come hojas: con ellas cultiva un hongo, que protege con bacterias productoras de antifúngicos. Una vez fundada, es bastante sencilla de mantener si entiendes que cuidas un hongo vivo. Colonias con reina, ya fundadas. Kit Fungarium de Anthouse, hongo a 24–28 °C (óptimo, 24–26 °C) y 80–90 % de humedad sin charcos, buena ventilación, basurero aparte y hojas, flores y fruta frescas sin pesticidas. Sin diapausa. Trepa: barrera de aceite mineral.
Acromyrmex octospinosus (Reich, 1793) es una hormiga cortadora de hojas neotropical distribuida desde México y Centroamérica hasta buena parte del norte de Sudamérica y diferentes islas del Caribe. Se encuentra en selvas húmedas, bosques secundarios, zonas abiertas y ambientes agrícolas, y ha sido estudiada con detalle en lugares como Panamá y Trinidad. Es una de las cortadoras más estudiadas del mundo: buena parte de lo que sabemos sobre las bacterias protectoras de estas hormigas, su química defensiva o el apareamiento de sus reinas se ha investigado en ella.
Su nombre común lo dice casi todo, pero con un matiz importante: no come las hojas que corta. Las usa para cultivar un hongo del que vive toda la colonia. Es agricultura, con su abono, sus plagas, sus antibióticos y hasta su gestión de residuos, y en esta ficha vas a ver hasta qué punto es sofisticada. Como siempre, separamos lo que está documentado en la ciencia, lo que cuentan otros criadores y lo que hemos aprendido criándola en Antomas.
Biología
Una especie, seis nombres: la revisión de 2025
La describió Reich en 1793, a partir de ejemplares de la Guayana Francesa, como Formica octospinosa, «la hormiga de ocho espinas». Más de dos siglos después, su taxonomía ha cambiado de forma importante.
Durante el siglo XX se describieron varias especies y subespecies muy parecidas a ella. En 2025, Daniela Mera-Rodríguez, Hermógenes Fernández-Marín y Christian Rabeling publicaron en Systematic Entomology una revisión que combinó morfología, genética de poblaciones, filogenia y biogeografía, con muestras de todo su área y fragmentos de ADN repartidos por todo el genoma. Su conclusión: el antiguo «complejo A. octospinosus» estaba mucho más fragmentado de lo que justificaban los datos genéticos, y en realidad solo contiene dos especies: A. octospinosus, muy extendida y muy variable, y su parásito social, A. insinuator (ver «El okupa que se parece a su casero»).
Con ella, cinco nombres pasan a ser sinónimos de A. octospinosus:
- Acromyrmex echinatior (Forel), la cortadora de Panamá, protagonista de decenas de estudios;
- Acromyrmex volcanus Wheeler;
- y las subespecies A. octospinosus cubanus, A. o. ekchuah y A. o. inti, las tres descritas por Wheeler.
Por eso las fichas antiguas de muchas tiendas todavía hablan de subespecies. Y por eso esta revisión es importante también para interpretar su biología: comportamientos y estructuras sociales que se publicaron bajo el nombre A. echinatior forman ahora parte de la variabilidad conocida de A. octospinosus. En esta ficha los incluimos, y siempre te decimos de qué poblaciones salen.
Un debate abierto. La sinonimia no es unánime. En 2026, un equipo con casi 25 años de trabajo de campo en Panamá publicó un análisis genómico de poblaciones que sigue tratando A. echinatior y A. octospinosus como especies distintas: según sus datos, allí las dos están completamente separadas. Es un preprint, un trabajo todavía sin revisión por pares, pero muestra que la última palabra no está dicha. En Antomas seguimos la revisión de 2025, que es la publicada.
Casi siete millones de años de historia. La misma revisión reconstruyó su pasado: A. octospinosus surgió a finales del Mioceno, hace unos 6,9 millones de años, en la selva húmeda neotropical, y su parásito A. insinuator se separó de ella hace unos 3,4 millones de años. Y en 2025 se publicó también su genoma, ensamblado a escala de cromosomas: 19 cromosomas, unos 320 millones de pares de bases y 12.123 genes anotados. Es una herramienta nueva para estudiar la evolución de todas las hormigas cultivadoras de hongos.
No comen hojas: cultivan un hongo
La colonia no se alimenta directamente de las hojas que corta. Las obreras recolectan hojas, flores, pétalos, tallos tiernos y otros tejidos vegetales para utilizarlos como sustrato de cultivo de un hongo simbionte, tradicionalmente identificado como Leucoagaricus gongylophorus (en algunos trabajos, Leucocoprinus gongylophorus). El hongo crece sobre ese sustrato vegetal y produce unas pequeñas hinchazones en la punta de sus filamentos, ricas en nutrientes, que son la comida de la colonia.
El material vegetal atraviesa un procesamiento muy elaborado. Las obreras lo cortan, lamen, raspan, perforan, mastican y reducen progresivamente antes de incorporarlo al jardín. Las obreras más pequeñas se encargan después de preparar las partículas más finas y colocarlas exactamente donde el hongo está creciendo.
Durante este proceso, las hormigas también obtienen alimento directamente. Al cortar y manipular los tejidos vegetales pueden ingerir parte de la savia y de los líquidos que liberan las hojas, mientras que el hongo es una fuente esencial de nutrientes para la colonia y, especialmente, para el desarrollo de las larvas. Y lo aprovechan a fondo: las glándulas labiales de las obreras de A. octospinosus producen enzimas capaces de digerir la quitina, el material de las paredes de las células de los hongos.
El resultado es un jardín de aspecto esponjoso, lleno de galerías, donde viven la reina, la cría y buena parte de las obreras. Cuidarlo es, en el fondo, todo el arte de criar esta especie.
Las increíbles hormigas cortadoras de hojas, en un vídeo de Anthouse.
El hongo debe sobrevivir, en un vídeo de Anthouse.
Miles de obreras de todas las tallas
La división del trabajo es muy marcada. Las obreras grandes participan con mayor frecuencia en el corte, el transporte, la defensa y la manipulación inicial de las hojas; las de tamaño intermedio procesan el material y realizan otras tareas internas, y las minors, las más pequeñas, pueden introducirse dentro de la estructura tridimensional del jardín y son especialmente importantes en el cuidado del hongo, los huevos y las larvas.
Un estudio de laboratorio con A. octospinosus lo puso en cifras. Con una frontera de 2 mm de anchura de cabeza, las obreras menores se dedicaban sobre todo a la cría y al jardín, y las mayores, a manipular los fragmentos recién cortados. Pero el reparto es flexible: cuando no había hojas que procesar, las diferencias de tarea entre tallas se diluían. Las forrajeras, además, ajustan el peso de la carga que eligen a la pendiente del camino. Es lo que hace a esta especie tan entretenida de observar: el trabajo se adapta a lo que la colonia necesita en cada momento.
No existe, sin embargo, una casta de soldados claramente separada como en muchas especies de Atta. En Acromyrmex encontramos sobre todo un continuo de tamaños y especializaciones de las obreras.
¿Cuántas son? Las colonias pueden alcanzar varios miles de individuos. El estudio de campo de referencia es el de T. Lewis, publicado en 1975, en cultivos de cítricos, cacao y caucho de Trinidad: el mayor nido contenía alrededor de 14.000 individuos, y una colonia mediana o grande producía unos 200–300 sexuados, reinas y machos, al año. Esta cifra no debe entenderse como un máximo absoluto de la especie, pero demuestra que las colonias maduras pueden superar ampliamente los diez mil individuos. Lewis vio también que los nidos alcanzan su tamaño máximo, con hasta 17 bocas de entrada, unos tres años después de la fundación.
Hay un recuento más antiguo, y curioso. En 1937, el gran mirmecólogo William M. Wheeler dedicó un capítulo de su libro sobre los mosaicos, hormigas con rasgos de hembra y de macho en el mismo cuerpo, y otras anomalías a una sola colonia de A. octospinosus de Trinidad: entre más de 8.000 individuos normales encontró 163 anómalos. Los criadores hablan de colonias de hasta unas 20.000 hormigas. Y son colonias longevas: Neal Weber, uno de los pioneros del estudio de las cortadoras, publicó en 1977 el seguimiento de una colonia de A. octospinosus que había mantenido diez años en el laboratorio.
Una agricultura de alta precisión
Mantener A. octospinosus significa mantener mucho más que una colonia de hormigas. La supervivencia de la sociedad depende de todo un microecosistema agrícola formado por las hormigas, su hongo cultivado y diferentes microorganismos asociados.
El jardín puede sufrir ataques de hongos especializados como Escovopsis, un hongo parásito muy especializado que, por lo que se sabe, solo vive en los jardines de las hormigas cultivadoras de hongo y se alimenta de su cultivo. En Panamá se ha encontrado en alrededor de una cuarta parte de los jardines estudiados. Para combatirlo, las hormigas hacen una limpieza constante del cultivo: eliminan fragmentos alterados, se acicalan entre ellas, limpian las partículas antes de incorporarlas y utilizan secreciones antimicrobianas.
El arma química del parásito. Escovopsis weberi puede acabar con el hongo cultivado sin llegar a tocarlo, y en 2018 un equipo alemán analizó por qué. Encontró varias sustancias: dos de ellas, la emodina y la cicloartropsona, frenaban con fuerza el crecimiento del hongo de las hormigas, y la emodina atacaba además a las bacterias protectoras de las hormigas, de las que hablamos a continuación.
Un parásito menos temible de lo que parecía. Las revisiones más recientes matizan su fama: en colonias completas, con reina y obreras, Escovopsis resulta poco virulento y se comporta más como un oportunista. En experimentos con colonias de cortadoras, estos hongos causaban poco daño en las colonias con reina, más en las colonias sin reina y mucho más en los jardines sin hormigas. La lección para el criador es clara: lo que protege el jardín es una colonia completa y activa, con obreras suficientes para cuidarlo. Un jardín sin hormigas, o con muy pocas, queda indefenso.
El jardín no es, por tanto, una masa pasiva que simplemente recibe hojas: es un cultivo sometido a selección, limpieza, poda, fertilización, control microbiano y eliminación constante de residuos.
Hormigas con farmacia propia
Si miras de cerca a algunas obreras de A. octospinosus, puede que veas en la parte delantera del tórax una especie de polvillo blanquecino. No es moho ni suciedad: es una capa de bacterias que las hormigas cultivan sobre su propio cuerpo.
Son actinobacterias del género Pseudonocardia, parientes de las bacterias de las que la medicina ha obtenido muchos de sus antibióticos. En 1999, Cameron Currie y sus colegas demostraron en Nature que las hormigas cultivadoras de hongo usan bacterias productoras de antibióticos para frenar a Escovopsis. En 2006 se vio que no las llevan por casualidad: viven en unas criptas de la cutícula, alimentadas por glándulas especiales, que solo tienen las hormigas cultivadoras de hongo. Es la señal de una alianza muy antigua entre hormigas, hongo, parásito y bacterias.
Una farmacia variada. En colonias de A. octospinosus se han aislado una Pseudonocardia que produce un antifúngico poco común, parecido a la nistatina, y bacterias del género Streptomyces que fabrican candicidina, un antifúngico que llegó a usarse en medicina. Un solo Streptomyces de esta hormiga puede producir varios antifúngicos a la vez. Según los autores, las hormigas combinan dos estrategias: heredan sus Pseudonocardia de generación en generación y, además, «reclutan» del entorno bacterias útiles.
Un oficio propio. No todas las obreras llevan la misma cantidad de bacterias. En A. octospinosus, las que tienen una capa densa de Pseudonocardia prefieren el fondo del nido, no salen nunca a la zona de comida ni al basurero, dedican más tiempo a acicalar el hongo y sus compañeras las acicalan más a ellas. Es decir: hay obreras especializadas en la «farmacia» del jardín. Las obreras grandes no nacen con la capa, sino que la adquieren dentro de la colonia después de salir de la pupa, y mantenerla tiene un coste: la respiración de una obrera con bacterias aumenta un 10–20 %, y consume más hongo. Cada colonia cultiva además una sola cepa de bacteria, idéntica en todas sus obreras.
Protegen también a las hormigas. En siete especies de Acromyrmex, la capa de Pseudonocardia ayudó a las propias obreras a resistir a Metarhizium, un hongo que mata insectos.
Un desinfectante de fábrica. Además de sus bacterias, las hormigas tienen en la parte trasera del tórax, a cada lado, una glándula metapleural, que segrega un cóctel antimicrobiano. Durante años solo se le conocían dos componentes en esta especie: el ácido indolacético y la mirmicacina. En 2000 se identificaron en A. octospinosus 20 compuestos nuevos: ácidos de cadena corta y larga, alcoholes, lactonas y cetoácidos. Y aquí aparece una de sus grandes diferencias con Atta: A. octospinosus no produce ácido fenilacético, el gran antimicrobiano de la secreción metapleural de Atta.
Producir ese desinfectante cuesta caro. En experimentos con obreras mayores de cortadoras, al sellar la glándula su respiración bajaba claramente; y, sin glándula, una infección por Metarhizium las mataba en pocos días, mientras que con la glándula funcionando era casi inofensiva. Las cortadoras, además, ajustan la cantidad de secreción a lo peligroso que sea el hongo que las ataca, como si fuera un sistema inmunitario externo.
La clave de Acromyrmex. Bacterias y química conviven en todas las cortadoras, pero con pesos muy distintos. Las Atta, con colonias de millones de obreras, han abandonado en buena medida su dependencia de las bacterias y confían sobre todo en el ácido fenilacético de sus glándulas. En Acromyrmex, en cambio, la capa visible de bacterias sigue siendo una pieza clave de la defensa. Por eso, si ves obreras «empolvadas» de blanco, no te alarmes: es la farmacia de la colonia funcionando.
Catan antes de cultivar: plantas tóxicas, pesticidas y aprendizaje
Las cortadoras tienen una extraordinaria capacidad para seleccionar qué material merece la pena incorporar al cultivo. Esto no significa que sean resistentes a los pesticidas.
De hecho, diferentes extractos vegetales han demostrado ser tóxicos para A. octospinosus. En Guadalupe, donde es una plaga (ver «La fourmi-manioc: la cortadora que conquistó Guadalupe»), se probaron sobre obreras mayores extractos de plantas de la medicina tradicional caribeña. Los de Mammea americana, el mamey, y Nicotiana tabacum, el tabaco, resultaron tóxicos por contacto y por ingestión, y los de Nerium oleander, la adelfa, por ingestión y con efecto retardado. La adelfa es un arbusto ornamental muy común en España: no la uses nunca para alimentarlas.
La colonia dispone, sin embargo, de diferentes filtros de comportamiento. Las forrajeras inspeccionan el material antes de recolectarlo; después, otras obreras lo lamen, cortan, raspan y mastican antes de incorporarlo al jardín. Además, las hormigas pueden aprender a rechazar determinadas sustancias después de una experiencia negativa. En un experimento con A. octospinosus, las obreras aprendieron en solo dos días a evitar el sustrato para el hongo tratado con shearinina L, uno de los compuestos que fabrica Escovopsis, aunque esa sustancia no frena el crecimiento del hongo en una placa de laboratorio.
En cautividad, esto produce una situación que puede resultar engañosa: ante determinadas plantas contaminadas pueden aparecer obreras afectadas antes de que observemos daños evidentes en el jardín. Tiene sentido: son las hormigas las primeras que manipulan, prueban y procesan físicamente la planta antes de incorporarla al hongo. Esto no significa que el hongo sea inmune al producto; significa simplemente que las obreras pueden recibir la primera exposición.
En la experiencia de Antomas, puede ocurrir precisamente eso: empezar a ver mortalidad o alteraciones en las obreras mientras el jardín conserva todavía un aspecto aparentemente normal. Por eso, jamás deben utilizarse plantas de un lugar donde no conozcamos los tratamientos aplicados. Lavar una hoja tampoco elimina necesariamente el problema: muchos insecticidas, acaricidas y fungicidas modernos son sistémicos, es decir, penetran en la planta y permanecen dentro de sus tejidos.
Y un matiz práctico: si aprenden de sus malas experiencias, es lógico que una colonia rechace durante un tiempo una planta que le sentó mal. No te preocupes si una hoja nueva no tiene éxito a la primera; prueba con otra y vuelve a intentarlo más adelante.
Feromonas, olor de colonia y vibraciones
La organización de miles de obreras alrededor de un único cultivo exige un sistema de comunicación muy complejo.
Cuando una forrajera encuentra una fuente vegetal adecuada, puede reforzar químicamente el camino de regreso al hormiguero mediante feromonas de pista; la de A. octospinosus se identificó ya en 1982. Otras obreras detectan la señal y aumentan progresivamente el tráfico hacia el recurso. Sin embargo, la colonia no depende exclusivamente de una simple carretera química.
Eres lo que comes. El reconocimiento de las compañeras de colonia también depende del entorno. Experimentos con A. octospinosus mostraron que colonias alimentadas con plantas diferentes podían modificar progresivamente su olor colonial y aumentar las interacciones agresivas entre ellas. La dieta forma, por tanto, parte de la «firma química» de la colonia.
Comida boca a boca. También hay intercambio de alimento líquido mediante trofalaxia. En un estudio con A. octospinosus y su pariente A. subterraneus, más del 62 % de las forrajeras que volvían con alimento líquido lo compartieron después con otra obrera. Curiosamente, los autores concluyeron que la trofalaxia sirve para repartir la comida, pero no parece clave para difundir el olor de la colonia. La información y los nutrientes circulan continuamente por toda la sociedad.
Vibraciones. Acromyrmex dispone también de un aparato estridulador, capaz de producir vibraciones mediante el roce de estructuras del pospecíolo y del gáster. Estas señales no deben imaginarse simplemente como un sonido audible parecido al de un grillo: para las hormigas es especialmente importante la vibración que se transmite por el sustrato. En las cortadoras se conocen señales vibratorias relacionadas con la comunicación, la alarma y el forrajeo, aunque la función exacta de cada patrón está mucho mejor estudiada en algunas Atta que en A. octospinosus. Por eso no asignamos a cada estridulación un significado fijo que no esté demostrado. Lo importante es que la comunicación de estas hormigas no se limita al olor y al contacto: también tiene una dimensión vibratoria.
Reinas de combate: princesas que se hacen guerreras
Una de las curiosidades más interesantes de estas hormigas son las que en Antomas llamamos, de manera informal, «reinas de combate».
En 2012, Volker Nehring, Jacobus J. Boomsma y Patrizia d'Ettorre publicaron en Current Biology un estudio con cortadoras del género Acromyrmex de Panamá, donde conviven poblaciones de A. octospinosus y de la antigua A. echinatior. Descubrieron que algunas reinas jóvenes vírgenes que pierden las alas sin llegar a aparearse no mueren ni son devoradas: se quedan en su colonia natal y, en lugar de comportarse durante el resto de su vida como reproductoras inactivas, cambian de función y empiezan a trabajar como obreras.
Según el estudio, estas hembras vírgenes sin alas:
- cuidan de la prole;
- trabajan en el mantenimiento y la construcción del nido;
- y defienden la colonia frente a intrusos, con una respuesta defensiva mucho mayor frente al olor de otras colonias.
Y salen baratas: viven en buena parte de las reservas de los músculos del vuelo, que ya no necesitan. De ahí procede nuestro nombre informal de reinas de combate. No es un fenómeno exclusivo de estas hormigas: un comentario publicado ese mismo año recordaba que ya se había observado en otras dos especies de Acromyrmex y en una Messor americana.
No deben confundirse con reinas fecundadas. Una hembra grande y sin alas que circula por una colonia madura puede ser simplemente una reina virgen que perdió su oportunidad reproductiva y está contribuyendo al funcionamiento de su colonia natal.
Una reina, hasta diez padres
La estructura reproductiva de la especie también es más variada de lo que se pensaba.
Reinas muy poliándricas. Las reinas de A. octospinosus se aparean con varios machos durante el vuelo nupcial. En Panamá se estimó que cada reina se aparea con al menos 4–10 machos, de modo que buena parte de las obreras de una colonia son medio hermanas, con un parentesco medio de solo 0,33, frente al 0,75 de las hermanas completas. Fue uno de los primeros casos en hormigas en que el apareamiento múltiple baja el parentesco tan claramente por debajo de 0,5. Y con una sorpresa: A. octospinosus se aparea con más machos que Atta colombica, que vive en la misma zona y tiene colonias muchísimo mayores. ¿Para qué tantos padres? Una de las explicaciones que más se manejan es la diversidad genética: una colonia con muchos padres tiene obreras más variadas, lo que podría ayudarla frente a los parásitos y las enfermedades.
A veces, más de una reina. Tras la revisión de 2025 ya no es correcto describir a A. octospinosus en toda su área como estrictamente monogínica, es decir, con una sola reina. Las poblaciones de Panamá antes llamadas A. echinatior incluyen colonias facultativamente poligínicas: unas tienen una reina y otras, varias. Allí, las reinas se aparean de media con unos 2,5 machos, y 12 de las 13 estudiadas lo habían hecho con varios. En esas poblaciones, varias reinas no emparentadas pueden incluso fundar juntas una colonia, mientras que en las poblaciones clásicas de A. octospinosus las colonias las funda una sola reina.
Esto no significa que podamos mezclar libremente reinas de distintas colonias. Si una colonia de Antomas llega con varias reproductoras, puede mantenerse así. Pero poliginia natural no equivale a aceptación automática de una reina extraña añadida después.
El okupa que se parece a su casero
Pocas hormigas tienen un parásito «a medida». A. octospinosus sí: Acromyrmex insinuator, una hormiga descrita en 1998 en Panamá que vive como inquilina dentro de sus colonias. No mata a la reina de la colonia: convive con ella y se aprovecha del trabajo de sus obreras.
Es un parásito muy «joven», y se nota. Se parece mucho a su hospedador, aunque es algo más pequeño, y es su pariente más cercano, como predice la llamada regla de Emery, según la cual los parásitos sociales suelen estar emparentados con sus hospedadores. Ha perdido la casta de obreras grandes, pero conserva obreras pequeñas, y no son un adorno: ayudan a frenar la reproducción de la reina hospedadora y favorecen que la colonia críe reinas y machos del parásito. Sus reinas, además, han vuelto a aparearse con un solo macho, mientras que las de su hospedador lo hacen con muchos.
La revisión de 2025 calculó que se separó de A. octospinosus hace unos 3,4 millones de años, en la misma zona que su hospedador y sin barreras geográficas de por medio. El preprint de 2026 añade un detalle: en Panamá, A. insinuator parasita sobre todo las colonias de la antigua A. echinatior y, con menos frecuencia, las de A. octospinosus en sentido clásico. Es una de las razones por las que estas hormigas se han convertido en un modelo para estudiar cómo evoluciona el parasitismo social.
Fundar una colonia: una apuesta a vida o muerte
En La Selva, en Costa Rica, el 17 de marzo de 1993, en plena estación seca, aparecieron muchas aladas de A. octospinosus, sobre todo reinas, a las seis de la mañana, lo que sugiere un vuelo nupcial antes del amanecer. En los cultivos de Trinidad, los montículos de los nidos nuevos aparecían durante todo el año, pero sobre todo entre 4 y 10 meses después de los vuelos principales.
La fundación de A. octospinosus es semiclaustral: la reina sale del refugio durante las primeras etapas para recolectar pequeños fragmentos vegetales con los que alimentar su jardín inicial. Comienza la colonia con una pequeña porción del hongo que se lleva de su colonia natal en el bolsillo infrabucal, una cavidad de la boca. Ese pequeño cultivo se convierte en la base de todo el jardín futuro.
Durante la fundación, la reina realiza además comportamientos higiénicos muy elaborados. En Panamá se observó que cuelga su pequeño jardín de raicillas, lejos del suelo de la cámara, y que, antes de tocar el hongo, se frota la pata delantera en la glándula metapleural, se la pasa por la boca y después lame el sustrato del cultivo. Es decir: se desinfecta las manos antes de trabajar. Un estudio posterior comprobó que los jardines colgados se infectan menos que los que tocan el suelo, aunque eso no cambió la supervivencia de las fundaciones en las ocho semanas del experimento.
Las primeras obreras pueden tardar varios meses en aparecer: en el campo se observaron las primeras 3–7 obreras unos 2,7 meses después de la fundación. Y es una etapa muy arriesgada: los nidos recién fundados morían o eran abandonados a un ritmo de alrededor del 50 % al mes. Por eso nunca debemos valorar el éxito de una reina únicamente por la velocidad con la que produce obreras: lo prioritario en esta etapa es mantener estable y sano el pequeño jardín. Y por eso, en Antomas, vendemos colonias ya fundadas, que han dejado atrás la etapa más delicada.
La fourmi-manioc: la cortadora que conquistó Guadalupe
En el Caribe, A. octospinosus se ha registrado en islas como Cuba, Trinidad y Tobago o Carriacou, en las Granadinas. Pero en algunas Antillas francesas es una recién llegada, y muy conocida: la fourmi-manioc, la «hormiga de la mandioca». Su historia en Guadalupe está bien documentada:
- 1954: primera detección, en Morne-à-l'Eau, en la isla de Grande-Terre.
- Hacia 1975: ocupa casi toda Grande-Terre.
- Desde 1982: pasa a Basse-Terre, la otra gran isla del archipiélago, y defolia cultivos, jardines y bosques. Su avance se frena en el bosque húmedo, por encima de unos 700 m de altitud.
- Hacia 2002: llega a San Bartolomé, probablemente con plantas de bois d'Inde (Pimenta racemosa) llevadas desde Guadalupe.
- 18 de diciembre de 2019: se observan obreras en Grand-Bourg, en Marie-Galante, cortando sobre todo una pequeña hierba, Oxalis barrelieri. Es la tercera isla de las Pequeñas Antillas donde se registra desde 1954.
Los análisis genéticos apuntan a que la invasión de Guadalupe procede probablemente de Trinidad y Tobago o del noreste de Sudamérica. Hoy figura en la base de datos de especies invasoras de la UICN, que recoge sus daños en la agricultura y los bosques de Guadalupe, y allí se considera una de las plagas más importantes. Precisamente por eso se probaron contra ella los extractos de plantas que vimos más arriba, en busca de alternativas a los insecticidas de síntesis.
En su tierra, también es una cortadora de cuidado. En los cultivos de Trinidad, Lewis contó hasta 153 nidos por hectárea en una plantación joven de cacao sin alterar, y entre 3 y 36 en los cultivos ya establecidos. En el cacao recién plantado, las hormigas llegaban a defoliar y destruir entre el 6 y el 17 % de las plantas. Y en los cacaotales adultos, sus forrajeras preferían las flores a las hojas: recogían unas 3.000 flores por hectárea al día.
Todo esto tiene una lectura clara para el criador: es una especie exótica, que en un clima tropical puede convertirse en una plaga seria. En ningún caso debe liberarse.
Acromyrmex frente a Atta: primas, no gemelas
En el hobby se habla de «cortadoras de hojas» como si fueran todas iguales, pero hay dos grandes géneros, Acromyrmex y Atta, y se parecen menos de lo que parece. En Antomas tenemos también la Atta mexicana, la hormiga cortadora de hojas gigante, así que estas son las diferencias principales:
- Tamaño de la colonia. A. octospinosus: de miles a algo más de 10.000 individuos en la naturaleza. Atta: millones.
- Castas. Acromyrmex: un continuo de tallas, sin soldados. Atta: un polimorfismo extremo, con soldados enormes.
- Espinas. En general, Acromyrmex tiene cuatro pares de espinas en el tórax y el gáster con pequeños tubérculos; Atta, tres pares y el gáster liso.
- Fundación. Acromyrmex: semiclaustral, la reina sale a buscar hojas. Atta: claustral, la reina cría a sus primeras obreras sin salir.
- Defensa del jardín. Acromyrmex: capa visible de bacterias en las obreras y una secreción metapleural sin ácido fenilacético. Atta: mucha menos dependencia de las bacterias y mucho ácido fenilacético.
- Apareamiento. La reina de A. octospinosus se aparea con más machos que la de Atta colombica, su vecina en Panamá.
- Temperatura. En nuestra experiencia, A. octospinosus aguanta bastante calor: en verano, en nuestras instalaciones, colonias grandes soportaron 33–34 °C sin problema, y también llevan bien temperaturas más bajas. En Atta, en cambio, hemos visto que, por encima de 30 °C continuados, las reinas pueden quedar infértiles.
- En cautividad. Los criadores coinciden en que Acromyrmex es más fácil: colonias más pequeñas, menos espacio, menos hojas y más resistencia. Eso sí, agradece recorridos largos hasta la zona de forrajeo.
Tamaño y morfología
Acromyrmex octospinosus presenta un polimorfismo obrero claro, con obreras de muchas tallas, aunque menos extremo que el de Atta: hay obreras mínimas, menores, medias y mayores, pero no soldados. La revisión taxonómica de 2025 ha demostrado, además, que la especie presenta una enorme variabilidad morfológica a lo largo de su área.
- Color. Del marrón rojizo a tonos anaranjados, rojizo oscuro o pardo amarillento, en obreras de todas las tallas.
- Escultura. El cuerpo tiene una escultura muy marcada, de aspecto rugoso.
- Espinas. Su rasgo más evidente son las numerosas espinas del mesosoma, el tórax, origen del nombre octospinosus, «de ocho espinas». Varían según la población: en Costa Rica, por ejemplo, faltan las espinas centrales del pronoto, que como mucho son tubérculos bajos, y las del propodeo son cónicas.
- Gáster. Con pequeños tubérculos, uno de los rasgos que la separan de Atta.
- Mandíbulas. Las de las obreras mayores están especialmente desarrolladas para cortar tejidos vegetales.
- Minors. Su tamaño les permite introducirse profundamente en el entramado tridimensional del jardín.
- Capa blanquecina. Algunas obreras llevan un polvillo blanco en la parte delantera del tórax: son sus bacterias protectoras, no moho (ver «Hormigas con farmacia propia»).
- Sin soldados gigantes, a diferencia de muchas Atta.
- Pupas desnudas, sin capullo.
- Reina. Mucho más grande y robusta que las obreras, con el tórax voluminoso propio de las reinas aladas. Pierde las alas tras el vuelo nupcial.
Medidas aproximadas
- Obreras menores: anchura de la cabeza de hasta unos 2 mm; las más pequeñas miden apenas unos pocos milímetros de largo.
- Obreras mayores: anchura de la cabeza de más de 2 mm, hasta unos 3,2 mm en Costa Rica; de largo, unos 7–9 mm (orientativo).
- Reina: unos 10–13 mm (orientativo).
La ciencia no mide a estas hormigas de la cabeza a la punta del gáster, sino por la anchura de la cabeza, que es una medida más fiable. No hemos encontrado medidas científicas de la longitud total, así que las longitudes son orientativas, y hay una variación geográfica considerable. Desconfía de las fichas que hablan de reinas de 17–20 mm o de colonias de «millones»: son cifras de Atta, no de Acromyrmex.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 3/5 – Avanzado
En Antomas clasificamos Acromyrmex octospinosus como 3/5 – Avanzado. Una vez que la colonia está fundada y tiene un jardín estable, es en realidad una especie bastante sencilla de mantener. No necesita cuidados diarios extremadamente complejos ni parámetros imposibles de conseguir, y los criadores europeos coinciden en que es bastante más fácil que Atta.
La dificultad consiste principalmente en entender que estamos manteniendo un hongo vivo. Una colonia estable, con temperatura adecuada, plantas seguras, ventilación suficiente y una zona de residuos separada, puede crecer con muy poca intervención. Estos son los puntos clave:
- Humedad sin charcos: el hongo necesita humedad, pero no agua libre.
- Ventilación: nunca un hongo herméticamente cerrado.
- Plantas seguras: sin pesticidas y nunca de procedencia desconocida.
- Un basurero aparte, lejos del hongo.
- Estabilidad, de temperatura y de manejo.
Y merece mucho la pena. Pocas hormigas permiten ver algo así en casa: autopistas de obreras cargando trozos de hoja y pétalos, un jardín que crece día a día, obreras de todas las tallas repartiéndose el trabajo y una sociedad que practica la agricultura desde hace millones de años.
Parámetros recomendados
- Temperatura del hongo: 24–28 °C, estable, el rango en que coinciden también los criadores europeos; lo óptimo, en nuestra experiencia, son 24–26 °C. Es una especie que tolera bastante más calor: en verano, en nuestras instalaciones, colonias grandes aguantaron 33–34 °C sin problema, y también llevan bien temperaturas más bajas. Es una diferencia importante con Atta, cuyas reinas, en nuestra experiencia, pueden quedar infértiles por encima de 30 °C continuados. Aun así, la estabilidad importa más que el calor, con temperaturas altas aumentan la evaporación y la condensación, y las colonias pequeñas son más delicadas: no las sometas a esos extremos.
- Zona de forrajeo: a temperatura ambiente, entre 21 y 28 °C.
- Humedad: 80–90 % en el hongo, 40–70 % en la zona de forrajeo y 30–40 % en el basurero. Pero sin agua libre en el hongo (ver «Humedad: el hongo necesita humedad, pero no agua»).
- Ventilación: imprescindible; nunca cierres el hongo herméticamente.
- Agua: opcional. Sacan bastante agua del propio hongo y de las hojas frescas, así que no hace falta un bebedero, aunque puedes poner uno, o un tubo de ensayo con agua y algodón, en la zona de forrajeo. También puedes pulverizar las hojas con agua antes de dárselas.
- Luz: un ciclo normal de día y noche. Puedes observar el hongo y la colonia sin problema; evita solo el sol directo, que calienta el hormiguero y dispara la condensación.
- Diapausa: no necesita (ver «Diapausa: no necesita»).
- Montaje: jardín de hongo → zona de forrajeo → basurero, con el Kit Fungarium de Anthouse.
Si necesitas calor extra, no apliques calor intenso directamente sobre el recipiente del hongo. Es mejor una habitación cálida y estable o, si hace falta, una fuente de calor suave con termostato en un lateral.
Humedad: el hongo necesita humedad, pero no agua
Este es uno de los puntos más importantes de toda la ficha. El hongo necesita una humedad elevada para crecer correctamente, pero un jardín húmedo no es lo mismo que un jardín mojado.
La propia masa del hongo contiene muchísima agua. A medida que la colonia respira y el jardín evapora humedad, el aire del recipiente puede saturarse. Si las paredes o la tapa están algo más frías, el vapor vuelve a condensarse. Con suficiente condensación, las gotas empiezan a caer hacia la parte inferior y pueden terminar formando charcos dentro del recipiente del hongo.
Esa agua acumulada es peligrosa. En la experiencia de Antomas, un jardín que permanece mojado o parcialmente inundado puede deteriorarse y morir. Y en la naturaleza también huyen del encharcamiento: en los cultivos de Trinidad, los nidos se concentraban en los bordes secos de los drenajes durante la estación seca y se trasladaban a terreno más seco en la de lluvias. Las propias reinas fundadoras cuelgan su primer jardín de raicillas, lejos del suelo húmedo de la cámara.
Por ello hay que vigilar no solo la humedad ambiental, sino sobre todo la presencia de agua líquida libre. Si empieza a aparecer un charco, hay que actuar:
- Drenar físicamente el agua acumulada, o retirarla con cuidado si el diseño del recipiente lo permite.
- Aumentar la ventilación.
- Buscar la causa de la condensación: exceso de cierre, una diferencia térmica muy grande, demasiada hidratación externa o, simplemente, una masa de hongo que ya produce más humedad de la que el recipiente puede evacuar.
Una cámara completamente empañada durante un rato no implica necesariamente un problema. Lo preocupante es que la condensación gotee de forma continua y acabe acumulándose como agua líquida.
Ventilación
La ventilación es fundamental. El jardín y miles de hormigas producen CO₂, calor y vapor de agua. En las cortadoras, la arquitectura del nido está estrechamente ligada al intercambio de gases y al clima interior: en otra especie del género, A. ambiguus, se ha demostrado que las corrientes de aire seco llegan a organizar cómo construyen las obreras.
A. octospinosus construye nidos relativamente superficiales: en Costa Rica se han descrito a ras de suelo, en la base de árboles muertos y bajo la hojarasca, muy lejos de los gigantescos sistemas profundos de algunas Atta. Es una arquitectura que facilita mucho el intercambio de gases con el exterior.
Por eso, en Antomas no recomendamos mantener nunca el hongo herméticamente cerrado. La ventilación debe ser suficiente para evitar la acumulación de CO₂ y la condensación excesiva, pero sin secar rápidamente la superficie del jardín. Ese equilibrio se consigue mucho mejor con un montaje diseñado específicamente para cortadoras que improvisando con un recipiente completamente cerrado.
¿Monocameral o policameral?
En su arquitectura, A. octospinosus está mucho más cerca de una cortadora de una o pocas cámaras que de una gran colonia policameral de Atta. La colonia empieza con una sola cámara, la de la reina fundadora, y los criadores alemanes describen los nidos adultos como nidos de tierra con varias cámaras, pero mucho menores que los de Atta. En los cultivos de Trinidad, los nidos maduros llegaban a tener hasta 17 bocas de entrada.
No afirmaríamos, por tanto, que toda población de la especie tenga obligatoriamente una única cámara. Después de la revisión de 2025 sabemos que A. octospinosus engloba poblaciones muy diferentes, y el género puede desarrollar más cámaras a medida que crece la colonia.
Y, sobre todo, en cautividad no hay ningún inconveniente en utilizar varios recipientes de hongo. Una colonia puede mantener perfectamente dos, tres o más recipientes conectados si necesita espacio adicional. Las hormigas decidirán cuánto hongo mantienen en cada uno y pueden trasladar material de un módulo a otro. En resumen:
- En la naturaleza: nido normalmente superficial, con uno o pocos jardines principales.
- En cautividad: varios recipientes de hongo conectados funcionan perfectamente y facilitan la expansión de las colonias grandes.
Hormiguero recomendado: Kit Fungarium de Anthouse
Para Acromyrmex octospinosus, el sistema que recomendamos en Antomas es el Kit Fungarium de Anthouse para hormigas cortadoras de hojas. Está especialmente pensado para mantener cortadoras y permite organizar de manera modular las zonas funcionales de la colonia, con módulos de 19,5 × 19,5 × 26 cm.
Idealmente, hay que separar:
jardín de hongo → zona de forrajeo → basurero
y añadir nuevos recipientes de hongo a medida que crezca la colonia. Es la misma idea que recomiendan los criadores europeos: un mínimo de tres recipientes, uno para el hongo, otro para la comida y el agua y otro para la basura, con los que una colonia puede aguantar uno o dos años antes de necesitar más espacio para el hongo. Esta separación facilita muchísimo el mantenimiento.
- Basurero lejos del hongo. Las propias hormigas tienden a concentrar restos vegetales, fragmentos de hongo muerto, cadáveres y otros residuos en zonas concretas. Si eligen espontáneamente un módulo como basurero, es preferible respetar esa distribución en vez de obligarlas continuamente a reorganizarse.
- Recorridos largos. Las Acromyrmex recorren largas distancias hasta sus zonas de corte, y los criadores observan que se desarrollan mejor con un buen tramo de tubo entre el hongo y el forrajeo. Además, verlas desfilar con sus hojas es uno de los grandes espectáculos de esta especie.
- Rejillas y conexiones a prueba de minors. Las obreras más pequeñas son diminutas: comprueba que ninguna rejilla de ventilación ni ninguna conexión deja huecos por los que puedan pasar.
- Barrera de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo, porque trepan por las superficies lisas (ver «Fugas y barreras»).
- Agua, opcional: un bebedero en el forrajeo, si quieres; sacan bastante agua del propio hongo.
Llegada, instalación y primeras semanas
En Antomas vendemos A. octospinosus como colonias con reina, ya fundadas, con obreras y prole. Llegan siempre con su hongo: la reina, sus obreras, la cría y el jardín viajan juntos en un táper. Muchas veces incluimos además un tubo de ensayo con hongo de refuerzo, por si el jardín principal llegase tocado por el viaje. Las colonias han dejado atrás la etapa más arriesgada de su vida, pero siguen siendo jóvenes, y las primeras semanas en casa son importantes.
Muy importante: las hormigas del tubo de refuerzo hay que quitarlas. Las obreras que vengan dentro del tubo de hongo de refuerzo no se pueden mezclar nunca con las del táper de la reina. Antes de usar ese hongo, retíralas todas con cuidado, con un pincel suave o unas pinzas blandas, y aprovecha solo el hongo.
- Al recibirla, déjala reposar en un lugar tranquilo, a 24–26 °C, y revisa el táper: que el jardín esté en buen estado y que no haya charcos ni condensación excesiva.
- Prepara antes el Fungarium: montado, con la zona de forrajeo y el basurero listos, la barrera de aceite puesta y las tapas y conexiones bien ajustadas.
- Instalación por volcado. En Antomas pasamos la colonia por volcado: abrimos el táper sobre el módulo del hongo y pasamos el jardín en bloques lo más completos posible, con la reina, las obreras y la cría que van dentro. Fragmentarlo innecesariamente destruye parte de su microestructura. Las rezagadas se recogen con un pincel suave. Trabaja sobre una bandeja y con calma.
- El hongo de refuerzo, sin hormigas. Si el jardín principal llega en buen estado, la colonia no lo necesitará. Si llega tocado, coloca el hongo de refuerzo, ya sin ninguna hormiga del tubo, junto al jardín principal, para que las obreras de la colonia lo incorporen.
- Las primeras hojas. En cuanto la colonia esté instalada, ofrece poca cantidad de material tierno y seguro, como hojas jóvenes de zarza o de rosal y algún pétalo, y observa qué aceptan.
- Paciencia. Es normal que dediquen los primeros días a reorganizar el jardín. No lo desmontes para ver cómo va.
- Para ampliar, conecta nuevos módulos de hongo a medida que la colonia crezca: las propias hormigas trasladarán el material.
Las colonias pequeñas son las más frágiles: con pocas obreras, cualquier contratiempo pesa más. Por eso conviene ser especialmente cuidadoso con la humedad y con la procedencia de las plantas durante los primeros meses.
Alimentación: hojas, flores y nada de pesticidas
La alimentación debe basarse en material vegetal fresco, variado y completamente libre de tratamientos químicos. Recuerda que no alimentas directamente a las hormigas, sino a su hongo: las hojas son el abono del jardín. Pueden usarse diferentes plantas según la disponibilidad y la aceptación de la colonia.
Qué plantas usar. En cautividad se han mantenido colonias de A. octospinosus con plantas de géneros como:
- Rosa (rosales);
- Vitis (vid);
- Prunus (cerezos, ciruelos y otros frutales de hueso);
- Acer (arces);
además de otras especies ornamentales y arbustivas. Los criadores europeos destacan las rosáceas como las favoritas y citan también la zarza, el frambueso, el saúco, el tilo, el roble, el sauce y la falsa acacia. En cautividad funcionan muy bien la zarza y numerosos pétalos y flores, siempre que procedan de plantas seguras.
Flores, también. No limitaríamos la dieta a las hojas verdes. En los cacaotales adultos de Trinidad, las forrajeras preferían las flores a las hojas y llegaban a recoger unas 3.000 flores por hectárea al día. Flores, pétalos y brotes tiernos pueden ser una parte excelente de la alimentación.
Fruta y verdura. En nuestra experiencia, también aceptan bien la fruta del supermercado, como la manzana, el plátano y la naranja, y verduras como la lechuga, la coliflor y el brócoli. Otros criadores citan también la uva. Con la fruta y la verdura del supermercado, prudencia: muchas se tratan después de la cosecha, sobre todo los cítricos, con ceras y fungicidas en la piel. Mejor ecológicas o sin tratar y bien lavadas, y retira lo que no corten antes de que fermente o se enmohezca.
Comida para el invierno. Cuando escasean las hojas frescas, hay alternativas: pétalos de rosa secos, que se venden ya preparados (de uso alimentario, nunca decorativos ni perfumados); la fruta y la verdura que acabamos de ver, y copos de avena, especialmente útiles cuando hay mucha humedad en el montaje.
Variedad. Es muy recomendable. No ofrezcas durante meses una única planta, aunque la colonia la acepte muy bien: es mejor alternar distintos recursos y dejar que las propias hormigas elijan.
Cuánta hoja. Que no falte. Si haces mantenimiento a diario y retiras la hoja que se seca o se estropea, en Antomas preferimos que sobre a que falte: una colonia con recursos abundantes crece más. Si no vas a poder limpiar a menudo, ajusta la cantidad a lo que cortan en uno o dos días, porque la hoja olvidada se pudre y trae moho. Y prepárate para dar más cuando la colonia críe reinas y machos: en los nidos de laboratorio de Lewis, la entrada de hoja se triplicaba cuando había sexuados. Para colonias pequeñas, un truco práctico es ofrecer ramitas en un frasquito con agua, que se mantienen frescas más tiempo; tapa la boca del frasco con algodón o con papel de aluminio para que ninguna obrera se ahogue.
Qué plantas evitar:
- Cualquier planta tratada con insecticidas, acaricidas, fungicidas o herbicidas; flores comerciales de floristería; plantas ornamentales recién compradas; hojas recogidas junto a cultivos tratados o carreteras, y cualquier material cuya procedencia desconozcamos.
- Adelfa (Nerium oleander) y tabaco (Nicotiana tabacum): tóxicos comprobados para esta especie.
- Zumaque (Rhus): según los criadores, tóxico para el hongo.
- Hojas de cítricos, con prudencia: las de mandarino contienen sustancias que disuaden a A. octospinosus. La fruta es otra cosa: en nuestra experiencia, la naranja se la comen bien, siempre que no esté tratada.
Una colonia puede rechazar una planta peligrosa, pero no debemos utilizar su capacidad de selección como prueba de seguridad.
Néctar, muy de vez en cuando. A diferencia de otras hormigas, las cortadoras no necesitan insectos ni una pauta de azúcar: su comida es el hongo. Como suplemento, y muy de vez en cuando, más o menos cada quince días, puedes ofrecerles un poco de néctar o de agua con azúcar, que las obreras beben. No es necesario. Si lo haces, que sea en poca cantidad, en un bebedero y nunca en algodón, y retira los restos antes de que fermenten. La base debe ser siempre el material vegetal fresco.
Agua: opcional. Sacan bastante agua del propio hongo y de las hojas frescas; si quieres, pon un bebedero en la zona de forrajeo y pulveriza las hojas. Lo que nunca puede faltar es la humedad del jardín: dejar que el hongo se seque es un error grave.
Manejo del jardín
El hongo debe tocarse lo mínimo posible. No conviene desmontar continuamente el jardín para comprobar cómo está por dentro: una colonia sana se encarga de reorganizarlo, limpiar las zonas deterioradas y trasladar material a las zonas de crecimiento.
- Si hay que moverlo, hazlo en bloques lo más completos posible: fragmentarlo innecesariamente destruye parte de su microestructura.
- Que las obreras lleguen a todo el jardín. No pongas rejillas ni separadores dentro del recipiente del hongo que impidan el paso de las obreras grandes. Un criador contaba cómo, con una Atta, la parte superior de su jardín se hundió y al día siguiente se había desmoronado entero por culpa de un separador; al quitarlo, el hongo se recuperó.
- No mezcles hongos. Evitaríamos mezclar de forma rutinaria hongo de colonias diferentes. Los cultivos pueden presentar incompatibilidades: en dos Acromyrmex que conviven en la misma zona, las antiguas A. octospinosus y A. echinatior, se ha comprobado una incompatibilidad parcial entre las hormigas y los hongos de otras colonias. Además, cada jardín transporta su propia comunidad microbiana. Un pequeño refuerzo de hongo de una colonia compatible puede ser útil en situaciones concretas, pero no debe convertirse en un procedimiento habitual.
Si el jardín se viene abajo. Un hongo que encoge, se oscurece o se queda sin obreras, zonas con moho de otro color o agua acumulada en el fondo son señales de alarma. Revisa primero lo básico: charcos, ventilación, temperatura y procedencia de las últimas plantas. Como Escovopsis es poco virulento en las colonias completas, cuando un jardín se hunde en cautividad conviene buscar antes un fallo de manejo que culpar al parásito.
Basurero
La zona de residuos merece un recipiente propio. Las cortadoras producen una gran cantidad de restos: material vegetal descartado, fragmentos de jardín envejecido, cadáveres y partículas contaminadas. Las obreras encargadas del basurero tienen un repertorio de comportamiento distinto del de las obreras del jardín, y la separación es también social: las obreras cubiertas de bacterias protectoras no aparecen nunca por allí.
Mantener los residuos alejados del cultivo reduce el riesgo de microorganismos oportunistas y simplifica muchísimo la limpieza. Los criadores recomiendan además un basurero seco, con un 30–40 % de humedad, que frena los mohos y los ácaros.
La basura también informa. En otra especie del género, A. lobicornis, un experimento de campo mostró que las hormigas usan el basurero como fuente de información: cuando se puso en él un alimento perfectamente válido, su aceptación en las pistas de forrajeo cayó un 55 % al día siguiente, y no volvió a la normalidad hasta semanas después. Una razón más para no mezclar nunca la comida con la basura.
Cuando vacíes el basurero, no hace falta dejarlo completamente esterilizado cada vez. Basta con retirar la mayor parte del material y mantener el recipiente funcional.
Diapausa: no necesita
Acromyrmex octospinosus no necesita una diapausa fría. La mayor parte de su área se encuentra en regiones tropicales o subtropicales, donde la variación anual de temperatura es relativamente limitada. La estacionalidad natural depende mucho más de la lluvia, la humedad, la disponibilidad de plantas y la reproducción que de un invierno frío como el de las especies europeas. Los criadores europeos coinciden: sin reposo invernal.
En cautividad no enfriaríamos deliberadamente el jardín durante el invierno: lo mantendríamos aproximadamente en la misma franja térmica todo el año. La colonia puede modificar temporalmente su crecimiento o reducir la cantidad de material recolectado, pero eso no debe confundirse con una diapausa.
Comportamiento en cautividad
Una colonia establecida es extraordinariamente activa. Cuando descubre un recurso adecuado, puede formar rápidamente una ruta de obreras que circulan sin parar entre la planta y el nido. La pista química se refuerza a medida que aumenta el tráfico, de modo que una pequeña ruta puede convertirse en pocos minutos en una auténtica autopista.
Mucho que observar. Obreras grandes cortando hojas con las mandíbulas, columnas cargando trozos de hoja o pétalos, minors trabajando dentro del jardín, el ir y venir al basurero, obreras «empolvadas» de blanco por sus bacterias… Es una de las especies más agradecidas de observar.
Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible y sin desmontar el jardín. Se acostumbran a tu presencia.
Señales de alarma:
- Obreras muertas o con movimientos extraños sin daños aparentes en el jardín: sospecha de una planta contaminada (ver «Catan antes de cultivar»). Retira esa planta enseguida.
- Gotas que caen sin parar o agua en el fondo del recipiente del hongo: sobra humedad o falta ventilación.
- Un jardín que encoge o se queda sin obreras: revisa la temperatura, la humedad y las plantas.
- Hojas que se quedan sin cortar durante días: puede que la planta no les guste o que les haya sentado mal; prueba con otra.
- Muchas obreras y poco espacio para el hongo: toca añadir otro módulo.
Fugas y barreras
A. octospinosus trepa por las superficies lisas, y su capacidad de reclutamiento exige prestar mucha atención a las conexiones y las tapas. Una abertura pequeña que una sola obrera consigue atravesar puede ser utilizada después por muchas más, y la pista química hará el resto. En nuestra experiencia, el aceite mineral funciona bastante bien como barrera antifugas:
- Una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo, fina y continua. Renuévala cuando veas que acumula polvo o restos.
- Tapas bien ajustadas en todos los módulos.
- Conexiones firmes entre los módulos y los tubos; revísalas a menudo, sobre todo cuando la colonia crece.
- Rejillas de ventilación finas, por las que no quepan ni las obreras más pequeñas.
- Nada que sirva de puente: ni ramas ni hojas apoyadas cerca de la barrera.
- Cuidado al abrir para dar hojas o vaciar el basurero: abre lo justo, trabaja con calma y cierra al terminar.
Manejo y seguridad
Las obreras grandes pueden morder con fuerza, pero no consideramos A. octospinosus una especie peligrosa para el cuidador en el mismo sentido que una gran Myrmecia o una Pogonomyrmex maricopa. El riesgo principal es para la propia colonia y su cultivo. Un insecticida doméstico, un ambientador agresivo, una planta contaminada, una cámara encharcada o un fallo prolongado de temperatura pueden causar mucho más daño que los pequeños errores cotidianos de alimentación.
Manipúlalas con herramientas entomológicas, como un pincel suave o unas pinzas blandas, nunca con las manos, y trabaja despacio para no dañar el jardín ni a la reina. No juntes colonias distintas. Es una especie exótica, que en climas tropicales ha llegado a ser una plaga (ver «La fourmi-manioc: la cortadora que conquistó Guadalupe»): en ningún caso debe liberarse.
Una vez comprendidos estos principios, una colonia bien establecida es sorprendentemente sencilla de criar.
Qué no hacer
- Usar plantas de procedencia desconocida, de floristería, recién compradas en un vivero o recogidas junto a cultivos tratados o carreteras.
- Darles adelfa, tabaco u otras plantas tóxicas, o fiarse de que la colonia «ya sabrá» rechazar una planta peligrosa.
- Dejar que se formen charcos en el recipiente del hongo, o mojar el jardín directamente.
- Cerrar el hongo herméticamente, o calentarlo con una fuente de calor intenso pegada al recipiente.
- Desmontar o trocear el jardín para ver cómo está por dentro.
- Poner rejillas o separadores dentro del hongo que impidan el paso de las obreras.
- Mezclar de forma rutinaria hongo de colonias distintas, juntar colonias o añadir reinas extrañas.
- Poner el basurero junto al hongo, o dejar hojas pudriéndose en la zona de forrajeo.
- Dar fruta o verdura tratada sin lavar, o convertir el néctar en rutina: basta con un poco cada quince días, y ni siquiera es necesario.
- Mezclar con la colonia las hormigas que vengan en el tubo de hongo de refuerzo.
- Usar insecticidas, ambientadores o aerosoles cerca del hormiguero.
- Hacerles una diapausa fría.
- Descuidar las barreras: dejar rendijas, conexiones flojas o rejillas por las que quepan las obreras más pequeñas, o no renovar el aceite.
- Manipularlas con las manos, o liberarlas.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Acromyrmex octospinosus y las hormigas cortadoras de hojas, y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
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- Dificultad
- Intermedio


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