Camponotus castaneus | Compra, cría y cuidados
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Camponotus castaneus - Hormiga Gigante Castaña

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En los bosques de Norteamérica vive un hongo capaz de convertir a una hormiga en zombi, y solo sabe dominar a dos especies. Una de ellas es la Hormiga Gigante Castaña, Camponotus castaneus: una carpintera de un castaño anaranjado tan brillante que parece barnizada, que sale a trabajar cuando el bosque se apaga. Descrita por Latreille en 1802, gemela de C. americanus y con majors de cabeza cuadrada, no necesita madera para vivir: excava bajo piedras y raíces, ordeña pulgones de noche y guarda a sus princesas en casa todo el invierno antes de dejarlas volar. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 3/5 – Avanzado

Una gran carpintera del este de Norteamérica, de un castaño anaranjado uniforme y brillante, con el gáster ámbar. Nocturna, tímida y polimórfica, y hospedadora natural del famoso hongo «zombi» Ophiocordyceps kimflemingiae. Colonias con reina: reina y 3–7 obreras con prole, monogínicas y de fundación claustral. QBIK ONE con galerías medianas y QBIK DUO con galerías grandes cuando salgan las majors; nido a 23–27 °C, sin pasar de 28 °C, con una zona húmeda amplia; azúcar siempre en bebedero y mucha proteína. Diapausa de 10–12 semanas a 8–14 °C. Trepa por el cristal: barrera antifugas. Sin aguijón.

Camponotus castaneus (Latreille, 1802) es una hormiga carpintera grande y elegante del este de Norteamérica, de un castaño anaranjado tan uniforme y brillante que parece barnizada. En Antomas la vendemos como Hormiga Gigante Castaña, un nombre comercial nuestro; en inglés se la conoce como chestnut carpenter ant, la «hormiga carpintera castaña». Es tímida, sale a trabajar cuando cae la tarde y, pese a ser una carpintera, prefiere la tierra a la madera.

Además, tiene un lugar propio en la historia de la ciencia: el hongo «zombi» Ophiocordyceps kimflemingiae solo sabe manipular a dos hormigas, ella y su gemela C. americanus. Como siempre, separamos lo que dice la ciencia, lo que cuentan otros criadores y lo que hemos aprendido en Antomas.

Biología

De Formica castanea a Camponotus

La describió el naturalista francés Pierre André Latreille en 1802, en su Histoire naturelle des Fourmis, con el nombre de Formica castanea: por entonces, casi todas las hormigas eran Formica. El paréntesis que acompaña hoy al autor, Camponotus castaneus (Latreille, 1802), indica precisamente eso, que la especie cambió de género después de describirse. El epíteto no tiene misterio: en latín, castaneus significa «del color de la castaña».

Dentro del género, su sitio ha cambiado más de una vez. A mediados del siglo XX, el mirmecólogo William S. Creighton la colocó en el subgénero Tanaemyrmex, el de nuestras C. sylvaticus y C. barbaricus. La revisión más reciente de las Camponotus del Nuevo Mundo (Mackay, 2019) la traslada al subgénero Camponotus en sentido estricto, dentro del complejo herculeanus y junto a su gemela C. americanus, sobre todo por su clípeo aplanado. Eso sí, los estudios moleculares han mostrado que varios subgéneros clásicos de Camponotus no forman grupos naturales: la clasificación interna del género sigue en obras.

Del Atlántico a las Grandes Llanuras

Es una especie del este de Estados Unidos. Su área va de Nueva York a Florida y, hacia el oeste, alcanza Oklahoma, Kansas y Texas; por el norte llega al menos al sur de Nueva Inglaterra, porque aparece en la guía de campo de las hormigas de esa región. Vive en ambientes muy variados: bosques caducifolios y mixtos, pinares, sabanas de robles, praderas, matorrales sobre arena y también jardines, huertos, campings y cultivos. Esa versatilidad explica su amplia distribución.

El clima de su área va del continental húmedo del noreste, con inviernos fríos y heladas frecuentes, al subtropical húmedo del sureste, con inviernos suaves. En toda ella, los veranos son calurosos y húmedos. Lo tendremos en cuenta al hablar de la humedad y de la diapausa.

La carpintera que no depende de la madera

Pertenece al grupo de las hormigas carpinteras, pero C. castaneus no depende especialmente de la madera. Sus nidos aparecen a menudo en el suelo: bajo piedras y objetos, entre raíces, en la base de los árboles o en tierra descubierta. También ocupa troncos y tocones ya podridos y la corteza del pie de pinos y frondosas. En Misisipi se encontraron nidos en tierra, al pie de un haya americana.

Como el resto de las carpinteras, no come madera: aprovecha cavidades o excava materiales blandos y degradados. Y, a diferencia de su vecina C. pennsylvanicus, la gran carpintera negra, no es una plaga de la madera: si entra en una casa es para buscar comida, no para anidar. Eso sí, cae a menudo en las trampas para escarabajos de la corteza que se cuelgan de los troncos, cebadas con α-pineno, un compuesto del olor de los pinos: sus obreras recorren los troncos con regularidad.

El turno de noche del bosque

Su actividad exterior se concentra al atardecer y durante la noche: en Nueva Inglaterra se la describe como principalmente nocturna. Las obreras recorren el suelo y suben por los troncos, con rutas regulares hacia las plantas donde encuentran azúcar. De día, una colonia pequeña puede parecer casi inactiva; al bajar la luz empieza a enviar exploradoras, como una ciudad cuyo turno de trabajo comienza cuando el resto del bosque se apaga. Es el mismo horario que el de nuestra C. sylvaticus, crepuscular y nocturna.

Es, además, una especie prudente, «muy tímida» según la literatura, y menos impulsiva que otras hormigas norteamericanas. Ante una perturbación, muchas obreras optan primero por retirarse al nido, aunque las majors pueden defender la entrada con sus mandíbulas y su ácido fórmico.

La hormiga zombi de los bosques norteamericanos

En los bosques del sureste de Estados Unidos vive un hongo parásito con una estrategia de película de terror: Ophiocordyceps kimflemingiae, uno de los llamados «hongos de las hormigas zombi». Sus esporas caen sobre las obreras que forrajean por el suelo, germinan, atraviesan la cutícula y el hongo empieza a crecer dentro de la hormiga. Durante unas dos o tres semanas, se extiende por su cuerpo. Al final, la obrera abandona la colonia, trepa por la vegetación, se aferra con las mandíbulas a una ramita y muere allí, colgada en la «mordida de la muerte». De su nuca crece entonces el tallo del hongo, que desde lo alto deja caer una lluvia de esporas sobre el suelo, justo donde forrajean sus compañeras.

Lo verdaderamente asombroso es su especificidad. En 2014, un equipo de la Universidad Estatal de Pensilvania infectó en el laboratorio a cuatro especies de hormigas que viven juntas en esos bosques: C. castaneus y C. americanus, sus hospedadoras naturales, y otras dos que el hongo no parasita en la naturaleza, la carpintera C. pennsylvanicus y Formica dolosa. El hongo mató a las cuatro, pero solo manipuló el comportamiento de C. castaneus y C. americanus. Después lo cultivaron junto a cerebros vivos extraídos de las hormigas y vieron que segregaba sustancias distintas según la especie del cerebro. El hongo, por así decirlo, «reconoce» el cerebro de su víctima y saca un repertorio químico diferente para las dos que sabe dominar.

Por entonces aún no tenía nombre propio. En 2018 se describió formalmente como O. kimflemingiae, en honor de Kim Fleming, una fotógrafa naturalista aficionada que encontró en su bosque las primeras hormigas muertas y colaboró con los investigadores. Desde entonces, este hongo y sus hormigas se han convertido en un modelo para entender la manipulación:

  • Los genes de la mordida (2015). Se estudiaron los genes que el hongo activa justo durante la mordida de la muerte, con una cepa aislada de una obrera de C. castaneus. En el laboratorio, las hormigas mordedoras murieron entre 16 y 24 días después de la infección.
  • Una red dentro del cuerpo (2017). Con imágenes en 3D y aprendizaje profundo se vio que, en las hormigas manipuladas, las células del hongo forman redes que recorren todo el cuerpo y rodean los músculos, pero sin invadir el cerebro.
  • Ramitas en lugar de hojas (2018). En los bosques tropicales, las hormigas zombi suelen morir mordiendo hojas; en los templados, donde las hojas caen en otoño, muerden ramitas. El estudio sugiere que esa costumbre ha evolucionado de forma independiente como respuesta al clima.
  • Mandíbulas bloqueadas (2019). El agarre de la muerte se debe a que los músculos de las mandíbulas quedan hipercontraídos: la hormiga ya no puede soltarse.
  • Un manual compartido (2020). El hongo comparte con un pariente que parasita a otra Camponotus varios genes candidatos para manejar a sus hospedadoras.

Su gemela comparte el destino: en 2025 se publicó el primer registro confirmado del hongo sobre C. americanus en Tennessee. Y no es su único inquilino: en C. castaneus se ha descrito también un nematodo parásito, Rabbium paradoxus. Tranquilo: el hongo es un parásito del bosque, que necesita la hojarasca y las esporas cayendo desde lo alto, y no afecta a las colonias de cría ni a las personas.

Su gemela de cabeza oscura

C. castaneus tiene una pariente casi idéntica, C. americanus, con la que comparte complejo de especies, buena parte del área y hasta el hongo zombi. Se confunden con facilidad, pero hay un truco sencillo, que es el primero que dan las claves:

  • C. castaneus: la cabeza y el mesosoma, el «tórax», son del mismo color, sin manchas oscuras en el dorso del mesosoma, y con muy pocos pelos; las mejillas casi no tienen setas.
  • C. americanus: la cabeza es más oscura, con el clípeo más claro, y el dorso del mesosoma tiene zonas oscurecidas.

Dicho de otra forma: si toda la hormiga parece tallada en la misma madera de castaño, es C. castaneus.

La misma hormiga en tres tallas

Las colonias presentan un polimorfismo moderado y continuo, con obreras minor, formas intermedias y majors. No hay una separación absoluta entre obreras y soldados: la colonia fabrica la misma herramienta en distintos formatos. Como en otras Camponotus, las pequeñas exploran y cuidan la prole, y las grandes defienden el nido, transportan alimentos voluminosos, trocean presas y almacenan líquidos en el buche.

La diferencia salta a la vista en la cabeza. La de la minor es claramente más larga que ancha; la de la major es casi tan ancha como larga, subcuadrada, con mandíbulas mucho más potentes. Las medidas lo confirman: en las majors de museo, la cabeza tiene 2,9–3,4 mm de anchura y 3,1–3,4 mm de longitud.

Cientos, no miles

C. castaneus no forma colonias gigantescas. El censo publicado de cinco colonias completas recogidas en Florida dio una media de unas 350 obreras por colonia; en el mismo trabajo, la carpintera de Florida, C. floridanus, llegaba a 10.000. En cautividad es, por tanto, una especie de población moderada, más manejable que otras Camponotus grandes capaces de reunir varios miles de individuos.

Las colonias son monogínicas: una sola reina, según los criadores, aunque todavía no hay un estudio genético. Mantén siempre una sola reina por colonia y no juntes reinas adquiridas por separado: en un diario de cría publicado en un foro, una de las reinas añadidas a una colonia acabó muerta.

Princesas que pasan el invierno en casa

Los vuelos nupciales son nocturnos: las reinas y los machos alados acuden a las luces de abril a septiembre, y las trampas de luz que se usan para muestrear insectos nocturnos los atraen a menudo. En Misisipi se han visto alados de principios de mayo a mediados de junio y otra vez en septiembre, y los criadores cuentan que vuelan después de anochecer, en noches cálidas de unos 21–24 °C. Pero lo más curioso es que los alados pueden pasar el invierno dentro del nido, con sus hermanas, y salir a volar la temporada siguiente. Si algún día tu colonia produce reinas y machos, no te extrañe verlos pasar la diapausa en casa.

Tras el vuelo, la reina fecundada se arranca las alas, se encierra en una pequeña cámara y cría a la primera generación sin salir a comer, con sus reservas de grasa y los músculos de las alas: es la fundación claustral. Las primeras obreras son nanitas, bastante menores que las siguientes. En cuanto empiezan a traer comida, la reina aumenta la puesta y la colonia produce obreras cada vez más robustas. El crecimiento inicial es pausado, como en muchas Camponotus grandes, y el polimorfismo solo se ve con claridad tras varias generaciones.

Ganadera nocturna

Las obreras adultas viven de líquidos azucarados: néctar, melaza de pulgones y otros hemípteros, fruta madura y otras sustancias ricas en carbohidratos. Los insectos que capturan o encuentran muertos se llevan al nido y sirven sobre todo para alimentar a las larvas. Los aficionados las han visto en los botones florales de las peonías o inmóviles junto a los nectarios del cerezo negro, como si vigilaran su fuente de azúcar. Una colonia bien alimentada se reconoce enseguida: muchas obreras llevan el gáster dilatado por las reservas líquidas, con las membranas claras asomando entre los segmentos.

Bacterias dentro de sus células

Como todas las Camponotus estudiadas, lleva dentro una bacteria simbionte, Blochmannia, que vive en células especiales del intestino medio y pasa de la madre a sus hijas a través de los ovarios. El árbol genealógico de la bacteria copia el de sus hormigas, y en la carpintera de Florida se demostró que aporta aminoácidos esenciales y recicla el nitrógeno, algo muy útil para una hormiga que vive sobre todo de azúcar.

Tamaño y morfología

Camponotus castaneus es una hormiga grande y elegante, fácil de reconocer por su coloración uniforme: castaña, rojiza, anaranjada o amarillenta según el ejemplar. Las descripciones científicas hablan de un castaño uniforme a marrón amarillento, o de un intenso color miel dorado; en nuestras colonias, castaño anaranjado con el gáster ámbar.

  • Color. Cabeza y mesosoma del mismo tono, sin manchas oscuras; el gáster puede ser algo más oscuro o más ámbar. Como en otras Camponotus, los dientes de las mandíbulas son más oscuros.
  • Superficie. Exoesqueleto liso y brillante, con muy poca pilosidad. Con luz directa, el color parece especialmente intenso.
  • Cabeza. Alargada en la minor; ancha y casi cuadrada en la major, con mandíbulas potentes. El borde delantero del clípeo es crenulado en la major y en la reina, y las mejillas casi no tienen setas.
  • Antenas y patas. Largas y sin pelos erectos; los escapos, algo aplanados en la base.
  • Macho. Más pequeño, con la cabeza más larga que ancha, ojos grandes y salientes y mandíbulas reducidas. Su color recuerda al de la reina, pero más claro, a menudo con bandas oscuras a lo largo del dorso del tórax.
  • Sin aguijón. Como todas las formicinas, termina el gáster en un acidoporo, un orificio por el que libera ácido fórmico para defenderse.

Medidas aproximadas

  • Obreras minor: 6,9–8,5 mm
  • Obreras major: 11–16 mm en nuestra línea en cautividad; 10,9–12,1 mm en las series de museo
  • Reina: 15,6–17,2 mm
  • Macho: 8,7–9,6 mm

Las medidas de las minors, la reina y el macho son las del Mississippi Entomological Museum, de la Universidad Estatal de Misisipi. Las majors miden 10,9–12,1 mm en las series de museo, pero en nuestra línea en cautividad alcanzan 11–16 mm: son medidas de Antomas en sus propias colonias. Las reinas de 18–20 mm que circulan en tiendas y foros no tienen respaldo en las medidas publicadas.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 3/5 – Avanzado

En Antomas la situamos en el nivel avanzado, en su tramo más asequible. Lo tiene casi todo a favor: fundación claustral, población moderada, dieta generalista y un carácter tranquilo. Pero pide atención en cuatro cosas:

  • La diapausa. Necesita un reposo invernal fresco cada año.
  • Un crecimiento lento. El primer año da pocas obreras, y las majors tardan en llegar.
  • La humedad. Pide más que la mayoría de Camponotus, con un gradiente estable.
  • El horario. Es tímida y trabaja sobre todo de noche: hay que aprender a observarla.

Si ya has criado una Camponotus ibérica como C. cruentatus, la rutina te resultará familiar, con dos diferencias: aquí la humedad pesa más y la acción empieza al anochecer.

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 23–27 °C en temporada, con un lado algo más cálido para que la colonia elija. Sin pasar de 28 °C.
  • Humedad: gradiente con una zona húmeda amplia para los huevos y las larvas, y otra más seca y ventilada para las pupas.
  • Zona de forrajeo: seca y a temperatura ambiente.
  • Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Nido: gama Alpha de Anthouse, de PLA y metacrilato, con galerías medianas y, cuando salgan las majors, grandes.
  • Luz: la zona del nido a oscuras y el forrajeo con la luz normal de la habitación.
  • Diapausa: 10–12 semanas a 8–14 °C.

Temperatura y humedad

Aunque tolera bien el calor, no conviene calentar todo el hormiguero. Coloca la fuente de calor, un cable o una manta calefactora con termostato, en un lateral, nunca debajo de todo el nido, para crear un gradiente por el que la colonia pueda mover los huevos, las larvas y las pupas según lo que necesite. Según los criadores, rinde mejor hacia los 24–25 °C, y por encima de unos 29 °C crece claramente más despacio: de ahí nuestro techo de 28 °C.

Con la humedad es más exigente que otras carpinteras. Los criadores coinciden en que prefiere más humedad que la mayoría de Camponotus, algo lógico en una hormiga de veranos húmedos que anida en el suelo. Los huevos y las larvas suelen estar en la zona más húmeda, y los capullos se trasladan a cámaras más secas: la colonia cambia a los niños de habitación según el momento. Los QBIK de la gama Alpha son más bien secos y la humedad les llega por los tubos de agua, así que asegúrate de que la zona de cría tenga siempre su aporte y no dejes que se agote. Si ves a la colonia amontonada junto al agua, le falta humedad; si aparece moho, sobra.

Llegada y primeras semanas

En Antomas vendemos C. castaneus como reina con 3–7 obreras y prole: la colonia ya ha superado la fundación, la etapa más delicada, y tiene obreras que salen a buscar comida. Llega en un tubo de ensayo y, mientras sea pequeña, puede seguir en él, conectado a una pequeña zona de forrajeo:

  • Reposo al llegar: un par de días tranquila y a oscuras, a 23–27 °C, comprobando que al tubo le queda agua.
  • Comida desde el principio, pero fuera del tubo: una gota de líquido azucarado en un minibebedero y un trocito de insecto dos o tres veces por semana, en la zona de forrajeo o junto a la entrada. Meter comida a menudo dentro del tubo trae suciedad, moho y estrés innecesario.
  • Sin golpes ni vibraciones: según los criadores, es lo que más hace que una reina estresada se coma sus huevos.
  • Al nido, cuando el tubo se quede pequeño, hacia las 20 obreras.

Hormigueros recomendados

Para C. castaneus recomendamos los modulares de la gama Alpha de Anthouse, de PLA y metacrilato. No necesita corcho ni madera, y estos materiales permiten ver mucho mejor la prole y controlar la humedad. El primero, un QBIK ONE con galerías medianas, perfecto para la colonia joven:

Cuando la colonia crezca y empiecen a salir las majors, con sus cabezas anchas, el siguiente paso es un QBIK DUO con galerías grandes, que alojan con comodidad a la reina, a la prole y a las obreras más grandes:

Amplía poco a poco: según los criadores, si la colonia no puede ocupar al menos dos tercios del nido, convierte el resto en basurero. Monta la zona de forrajeo seca, con arena o tierra, alguna piedra plana y un trozo de corteza para trepar, siempre lejos de la barrera.

Mudanza por volcado

En Antomas mudamos siempre las colonias por volcado, tanto del tubo al QBIK ONE como al pasar al QBIK DUO. Así lo hacemos:

  1. Todo listo antes: el hormiguero nuevo montado, con la barrera puesta y el agua conectada.
  2. Sobre una bandeja, por si alguna obrera trepa por tus manos o por las herramientas.
  3. Volcar: abre el tubo o el nido viejo en la zona de forrajeo, junto a la entrada del nuevo, y vacíalo con unos golpecitos suaves. A las rezagadas, ayúdalas con un pincel.
  4. Oscuridad en el nido nuevo: tápalo con algo opaco y las obreras empezarán a meter la cría y a la reina.
  5. Con calma: sin agitar ni soplar. Una colonia muy estresada libera ácido fórmico, y en un recipiente cerrado ese ácido acaba dañando a las propias hormigas (ver «Manejo y seguridad»).

Alimentación

Azúcar, siempre. Los carbohidratos son la principal fuente de energía de las obreras, y en temporada no les debe faltar nunca un líquido azucarado. Ofrécelo en un bebedero, tradicional o casero, donde la gota quede tendida y accesible, y nunca en algodón: se enmohece y el líquido se estropea enseguida. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro néctar, agua azucarada o miel diluida 1–2 veces por semana. También puedes enriquecer el néctar con algo de proteína. La fruta madura, como complemento, retirándola antes de que fermente.

Proteína, mucha. Su consumo depende de las larvas: con mucha cría, la colonia aceptará comida varias veces por semana. Nuestra regla es clara: si haces el mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor pasarse que quedarse corto, porque la colonia percibe que le sobran recursos y cría más y más deprisa. Si no vas a poder limpiar a menudo, ajusta la cantidad.

  • Cambia de presa cada semana. Para la colonia joven, presas pequeñas, muertas o troceadas: moscas, que según los criadores son su proteína favorita, y Thermobia domestica, de tamaño justo para empezar. Cuando crezca, alterna grillo, cucaracha argentina, cucaracha runner, polillas y algún gusano de la harina troceado.
  • Presas grandes, cuando haya majors para trocearlas. A una colonia pequeña le cuesta llevarse una cucaracha entera: ábrela y déjala junto a la entrada.
  • Al anochecer. Es nocturna: pon la proteína a última hora de la tarde y retira los restos a la mañana siguiente, o como mucho en 24 horas, para evitar moho y ácaros.
  • Insectos de confianza, de cría y sin insecticidas.

Agua: aparte del azúcar, siempre un tubo con agua y algodón en la zona de forrajeo. En una especie que aprecia la humedad, dejar que se deshidrate es un error grave.

Crecimiento y majors

Con calor y buena comida, de huevo a obrera pasan unos 45–70 días, según los criadores, y más cuanto más fresco esté el nido; solo la fase de pupa puede durar unas cinco semanas. El primer año es lento, a veces con menos de diez obreras antes de la primera diapausa, pero después la colonia coge ritmo y cada generación trae obreras más grandes. No hay datos publicados de cuándo salen las primeras majors; según los criadores, llegan cuando la colonia alcanza unas decenas de obreras, a menudo en el segundo o el tercer año. Es el momento de pasar al QBIK DUO con galerías grandes.

Si prefieres saltarte el arranque, tenemos también el Imperio Castaño, una colonia establecida de 60–80 obreras con su reina, ya en plena expansión.

Diapausa

En la naturaleza, C. castaneus se detiene en invierno: deja de forrajear con los primeros fríos y la colonia pasa esos meses dentro del nido, que bajo tierra, entre piedras o raíces, amortigua las heladas. En cautividad también la necesita: según los criadores, saltársela debilita la colonia. En Antomas recomendamos:

  • Cuándo: de mediados de noviembre o diciembre a febrero o principios de marzo. La propia colonia avisa: la reina deja de poner, las larvas se detienen y baja el forrajeo.
  • Cuánto: unas 10–12 semanas.
  • A qué temperatura: 8–14 °C. Suele servir una habitación sin calefacción o una bodega fresca y oscura; compruébalo con un termómetro.
  • Poco a poco: baja la temperatura a lo largo de 2–3 semanas, por ejemplo de 20 °C a 15 °C y después a la de diapausa, y súbela igual al final. Los cambios bruscos pueden matar a la reina.
  • Durante el reposo: agua siempre disponible y la humedad del nido mantenida; un poco de azúcar si hay obreras activas y nada de proteína.
  • Sin prisas: no fuerces la actividad calentando la colonia si ella misma ha detenido el desarrollo de la prole.

Comportamiento en cautividad

Discreta de día, activa de noche. Las colonias pequeñas mantienen pocas obreras en la zona de forrajeo, y la mayor parte de su actividad la verás a última hora de la tarde y por la noche. Para disfrutar de su hora punta, obsérvalas con una luz tenue: muchos criadores usan luz roja, que las molesta menos.

Cada talla, su oficio. Con el crecimiento aparecen rutas más claras y se nota el reparto de funciones entre minors y majors. Las majors suelen quedarse dentro del nido y salen sobre todo ante alimentos grandes o perturbaciones.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas. Deja el nido a oscuras y el forrajeo con luz, míralas con calma e interviene lo justo: aunque es tímida, se acostumbra a tu presencia.

Fugas y barreras

Las obreras trepan bien por el cristal, el plástico, las juntas de silicona y cualquier superficie rugosa. Para que no salgan de la zona de forrajeo:

  • Barrera antifugas de aceite mineral o de talco en la parte alta de las paredes, fina, continua y bien aplicada. Renuévala cuando acumule polvo.
  • Tapa bien ajustada como segunda línea, con malla fina en las ventilaciones: las nanitas caben por rendijas que parecen inofensivas.
  • Sin puentes: ninguna rama ni piedra cerca de la barrera.
  • Conexiones revisadas después de cada ampliación.
  • Ojo por la noche: es cuando más exploran, así que revisa la barrera por la tarde, antes de que empiece su turno.

Manejo y seguridad

C. castaneus no tiene aguijón y no supone ningún peligro para las personas. Las obreras pueden morder si quedan atrapadas o se manipulan directamente, y las majors tienen mandíbulas lo bastante fuertes para dar un pellizco apreciable. También liberan ácido fórmico, y ahí está el verdadero riesgo, pero para ellas: si se estresan demasiado durante el manejo o el transporte y quedan encerradas en un recipiente pequeño, el ácido se acumula y puede afectar gravemente a la salud de la colonia. Un sustrato absorbente en la zona de forrajeo y una buena ventilación ayudan. Para los traslados y el mantenimiento, usa tubos, recipientes auxiliares y pinzas largas. Y, como especie norteamericana que es, no la liberes nunca.

Qué no hacer

  • Juntar reinas o colonias: mantén una sola reina por colonia.
  • Calentar todo el hormiguero o pasar de 28 °C.
  • Dejar el nido seco o sin agua: pide más humedad que la mayoría de Camponotus.
  • Poner el azúcar en algodón o dejar que el bebedero se seque.
  • Darle siempre la misma presa o dejar restos más de 24 horas.
  • Saltarse la diapausa o cambiar la temperatura de golpe al entrar o al salir de ella.
  • Pasar una colonia pequeña a un nido enorme.
  • Mantener galerías medianas cuando ya hay majors.
  • Descuidar la barrera o la tapa: trepan por el cristal.
  • Estresarlas en recipientes cerrados, donde se acumula el ácido fórmico.

Fuentes científicas

Esta ficha se basa en la bibliografía científica sobre Camponotus castaneus y su hongo parásito, en especial en la ficha de la especie del Mississippi Entomological Museum (Rasoamanana y MacGown, acceso abierto), en la revisión de W. P. Mackay (2019) y en la guía de Ellison et al. (2012), así como en la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

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  2. de Bekker, C., Ohm, R. A., Loreto, R. G., Sebastian, A., Albert, I., Merrow, M., Brachmann, A. & Hughes, D. P. (2015). Gene expression during zombie ant biting behavior reflects the complexity underlying fungal parasitic behavioral manipulation. BMC Genomics 16: 620. doi:10.1186/s12864-015-1812-x
  3. Araújo, J. P. M., Evans, H. C., Kepler, R. & Hughes, D. P. (2018). Zombie-ant fungi across continents: 15 new species and new combinations within Ophiocordyceps. I. Myrmecophilous hirsutelloid species. Studies in Mycology 90: 119–160. doi:10.1016/j.simyco.2017.12.002
  4. Fredericksen, M. A., Zhang, Y., Hazen, M. L., Loreto, R. G., Mangold, C. A., Chen, D. Z. & Hughes, D. P. (2017). Three-dimensional visualization and a deep-learning model reveal complex fungal parasite networks in behaviorally manipulated ants. Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA 114: 12590–12595. doi:10.1073/pnas.1711673114
  5. Loreto, R. G., Araújo, J. P. M., Kepler, R. M., Fleming, K. R., Moreau, C. S. & Hughes, D. P. (2018). Evidence for convergent evolution of host parasitic manipulation in response to environmental conditions. Evolution 72: 2144–2155. doi:10.1111/evo.13489
  6. Mangold, C. A., Ishler, M. J., Loreto, R. G., Hazen, M. L. & Hughes, D. P. (2019). Zombie ant death grip due to hypercontracted mandibular muscles. Journal of Experimental Biology 222: jeb200683. doi:10.1242/jeb.200683
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