Myrmecocystus mimicus - Hormiga Mielera Bicolor
Guerreras del mediodía en el desierto de Chihuahua. Myrmecocystus mimicus no resuelve sus guerras con sangre, sino con torneos: cientos de obreras desfilan sobre patas estiradas, hinchan el gáster y se miden durante días, hasta que la colonia más fuerte asalta a la débil y se lleva su cría, sus futuras esclavas y hasta sus repletas, despensas vivas cargadas de néctar. Bicolor, de cabeza y tórax rojizos, y cazadora implacable de termitas, es la mielera que hizo legendaria Bert Hölldobler. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 4/5 – Avanzado
La mielera guerrera del desierto: diurna, bicolor (cabeza y tórax rojizos, gáster oscuro), cazadora de termitas y protagonista de los famosos torneos ritualizados de Bert Hölldobler, que a veces acaban en asaltos y esclavitud. Colonias con una reina. Nido Qbik Wild con altura para las repletas, temperatura de una casa (los criadores con éxito, 24–31 °C), azúcar con cuentagotas hasta que nacen las primeras repletas y después a voluntad, presas diminutas casi a diario y diapausa de unos 4 meses, de noviembre a febrero, a 15–18 °C. Con aceite mineral basta como barrera.
Myrmecocystus mimicus Wheeler, 1908, la Hormiga Mielera Bicolor, es una hormiga mielera de las regiones áridas del suroeste de Estados Unidos y del norte de México. Como todas las Myrmecocystus, guarda el néctar en obreras repletas, despensas vivas que cuelgan del techo del nido con el gáster hinchado como una uva. Pero su lugar de honor en los libros de mirmecología se lo debe a su forma de resolver los conflictos: torneos en los que cientos de obreras se miden con posturas y desfiles, casi sin tocarse, y que a veces terminan con el asalto del nido más débil.
La hizo famosa el mirmecólogo alemán Bert Hölldobler, que la estudió durante años en el desierto de Chihuahua, cerca de Portal (Arizona) y de Rodeo (Nuevo México), y que en 1976 publicó en Science «Torneos y esclavitud en una hormiga del desierto». En esta ficha separamos lo documentado en esos estudios de lo que hemos aprendido criándola en Antomas.
Biología
Torneos sin sangre: el desfile sobre zancos
Dos colonias vecinas descubren a la vez un festín de termitas. En muchas hormigas, eso acabaría en batalla. En M. mimicus empieza un torneo: las exploradoras reclutan un pequeño ejército, a menudo de doscientas obreras o más, y en pocos minutos cientos de hormigas de las dos colonias se encuentran cara a cara. Pero no se lanzan al cuello. Se exhiben:
- Caminan sobre las patas estiradas, como de puntillas o subidas a zancos: es la postura de los torneos, la que los autores en inglés llaman stilt legs, «patas de zancos».
- Levantan la cabeza y el gáster y se ponen de lado ante la rival, para parecer más grandes.
- Se tamborilean con las antenas y se empujan a patadas.
- Algunas hinchan el gáster, y se han visto obreras subirse a una piedrecita para ganar altura.
Cada encuentro dura de uno a tres segundos al principio y hasta unos treinta cuando el torneo se asienta. Hay amagos y algún mordisco suelto, pero casi nunca una pelea de verdad: si una obrera grande se enfrenta a una pequeña, cede la pequeña. Solo las obreras de otra colonia de la misma especie provocan esta exhibición; entre compañeras de nido, el saludo dura un segundo o dos.
Un torneo puede durar varios días. Se interrumpe de noche y, hacia las cinco y media de la mañana, cada colonia vuelve a mandar su contingente al mismo sitio, antes incluso de empezar a forrajear. Hay hasta «guardias»: grupos de una a seis obreras que, sobre sus patas estiradas y a menudo encima de una piedrecita, ocupan cada día el mismo punto hasta el anochecer. Entre vecinas se establece además un orden de dominancia que, con el tiempo, a veces se invierte.
Medir al rival sin luchar: el censo de las obreras grandes
¿Para qué tanto teatro? Hölldobler midió a las participantes: las obreras de los torneos son más grandes que las forrajeras, con una cabeza de 1,43 mm de ancho de media frente a unos 1,0 mm. Cada colonia manda al frente a su gente más imponente.
En 1983, Charles Lumsden y el propio Hölldobler propusieron que el torneo es un sistema de comunicación entre colonias, una especie de censo. Las colonias maduras producen obreras más grandes, así que la proporción de gigantes en el torneo, y la frecuencia con la que cada obrera se cruza con rivales, informan del tamaño de la otra colonia. Es como dos ejércitos que desfilan antes de decidir si merece la pena combatir: el desfile permite evaluar al rival sin pagar el precio de una batalla.
Fronteras que se mueven con la comida
La mayoría de las hormigas territoriales defienden un espacio fijo. M. mimicus, no: tiene territorios espaciotemporales. Cada colonia defiende solo el lugar donde está forrajeando en ese momento, y el torneo se monta allí donde hay comida. Muchas veces ese lugar es la propia entrada del nido rival: la colonia fuerte planta su ejército en la puerta de la vecina y la mantiene entretenida mientras sus forrajeras aprovechan el botín. En las zonas de estudio, los nidos estaban más espaciados de lo que cabría esperar por azar, a 10–45 m de su vecino más próximo, con áreas de forrajeo solapadas: el patrón típico de una competencia intensa.
Cazadora de termitas
Las mieleras tienen fama de vivir del néctar, y M. mimicus lo recoge en plantas del desierto como Eriogonum o el granjeno (Celtis pallida), además de la melaza de pulgones y otros hemípteros. Pero su presa estrella es otra. En 27 horas de observación de tres nidos, Hölldobler anotó lo que llevaban las forrajeras al volver:
- 928 cargas eran termitas, más de la mitad de las 1.747 registradas;
- 167 eran otros insectos y solo 20, semillas;
- 632 obreras volvían sin nada visible, probablemente con líquido en el buche.
Las termitas aparecen en manchas imprevisibles, bajo las boñigas secas o en galerías del suelo, y para aprovecharlas hay que llegar rápido y en número. La exploradora que las encuentra vuelve marcando una pista con el contenido de su intestino y, en el nido, se sacude ante sus compañeras y libera secreción de la glándula del veneno. Así arrastra columnas de 20–50 obreras, y a veces de 100–300, que recorren hasta 48 m. Las exploradoras, además, se orientan con la vista: cada 50–70 cm se detienen, se giran y «miran» atrás.
Lo que importa en casa: M. mimicus no es una golosa que viva del azúcar, sino una cazadora que necesita mucha proteína para criar (ver «Proteína: termitas y presas en miniatura»).
Cuando el torneo acaba en asalto
Cuando una colonia es mucho más fuerte que la otra, el desfile dura poco y la débil es asaltada. Hölldobler registró 34 asaltos, alrededor del 8 % de los torneos, y vio lo que pasaba dentro:
- la reina residente fue asesinada en tres casos y expulsada en otros dos;
- las asaltantes se llevaron a su nido larvas, pupas, obreras recién nacidas e incluso repletas: hasta 293 larvas, 318 pupas y 117 repletas vivas en un solo asalto.
Esa cría termina su desarrollo en la colonia vencedora y trabaja para ella: es esclavitud dentro de la misma especie, y M. mimicus fue el primer caso conocido en hormigas. Las repletas intactas también se integran, así que la vencedora gana a la vez obreras futuras y las despensas de su rival. Todas las colonias asaltadas eran jóvenes, y la asaltante era al menos diez veces mayor. Las más alejadas, a 16–26 m, resistieron de otra forma: cerraron la entrada con piedrecitas y ramitas.
Asaltos sin aviso contra las colonias recién nacidas
Un estudio de 2011 de Hölldobler, Barbara Grillenberger y Jürgen Gadau, con datos de diez temporadas, mostró que no todo asalto empieza con un torneo: las colonias maduras buscan activamente colonias incipientes y las saquean sin más.
- Documentaron 17 asaltos completos sin torneo, con un botín de hasta 137 larvas, 152 pupas y 23 repletas.
- Muchas repletas no se las llevaban: las vaciaban allí mismo, y del nido saqueado salían hasta 409 obreras con el buche lleno.
- De veinte nidos incipientes artificiales, de 100–200 obreras, nueve fueron descubiertos y asaltados en solo 18 días, alguno a 16 m de la colonia madura.
Las exploradoras inspeccionan la entrada, vuelven dejando una pista con la punta del gáster y regresan al frente de un enjambre. Para una reina joven, el vecindario es peligrosísimo: casi nunca consigue establecerse a menos de unos 3 m de una colonia madura, y entre 3 y 15 m corre un riesgo alto de ser asaltada.
Esclavas de su hermana: el caso de M. depilis
En Portal y Rodeo, M. mimicus comparte terreno con su especie hermana, M. depilis, tan parecida que las obreras pequeñas de una y otra a veces solo se distinguen con marcadores genéticos. La relación es desigual: M. depilis asalta colonias de M. mimicus, y no al revés. En 2003, los análisis genéticos de Daniel Kronauer, Jürgen Gadau y Bert Hölldobler encontraron obreras de M. mimicus trabajando en nidos de M. depilis: además de la esclavitud dentro de cada especie, hay esclavitud entre especies.
Las hermanas tienen estilos distintos. Los torneos de M. depilis son más cortos, de media hora a dos horas, y degeneran antes en pelea, y es monogínica estricta: en 397 colonias incipientes y 27 de dos años, todas tenían una sola reina. Curiosamente, nunca se han visto torneos entre una especie y otra.
Y un detalle práctico: un gáster negruzco con la cabeza y el tórax ahumados es justo lo que caracteriza a M. depilis. A M. mimicus se le atribuye a veces un gáster «prácticamente negro», pero lo tiene más oscuro que la parte delantera, no negro (ver «Tamaño y morfología»).
Fundar en grupo… para acabar con una sola reina
Tras el vuelo nupcial, que en el género suele seguir a las lluvias fuertes del verano, la reina se quita las alas, excava una cámara y se encierra. La fundación es claustral: cría a sus primeras obreras sin salir a comer, con la grasa y los músculos de unas alas que ya no necesita.
En M. mimicus, muchas veces no lo hace sola. En 1982, Steven Bartz y Bert Hölldobler vieron en Portal que, recién acabado el vuelo, la mayoría de los nidos fundadores tenía una reina, pero que, al abrirlos más tarde, la mayoría tenía de 2 a 4 reinas, y alguno hasta nueve. Es la pleometrosis, la fundación en grupo, y esos nidos se agrupan en manchas alejadas de las colonias maduras. Se ha estudiado incluso cómo se desplazan las reinas durante la fundación.
¿Por qué cooperan? Porque la competencia empieza muy pronto. En el laboratorio, los nidos con varias reinas criaban bastantes más obreras, y las colonias incipientes vecinas se robaban la cría hasta reunirla toda en una sola cámara; a menudo las obreras abandonaban a su propia madre por el camino. Gana quien antes tiene más obreras.
La alianza es temporal: cuando nacen las primeras obreras, son ellas las que eliminan reinas hasta que, casi siempre, queda una. No siempre: en 2011, la genética mostró que 4 de 14 colonias maduras eran poligínicas, con 2–4 linajes de madres sin parentesco. Es una poliginia facultativa, posible pero minoritaria. Su hermana M. depilis, en cambio, no acepta nunca fundar en grupo.
¿Y en casa? En Antomas criamos y vendemos M. mimicus como especie monogínica, con una reina por colonia, y recomendamos fundar siempre por separado (ver «Una colonia, una reina»). Si buscas una mielera en la que varias reinas convivan de forma estable, es otra especie del catálogo: la Hormiga Mielera Poligínica (Myrmecocystus mendax), que vendemos en colonias con 2 o 3 reinas.
Despensas vivas del tamaño de un guisante
Las repletas son obreras corrientes con un destino especial. Suelen ser las más grandes de la colonia, y sus compañeras las ceban de néctar hasta que el buche social, la parte del tubo digestivo donde guardan la comida que comparten, ocupa casi todo el gáster. Las placas del abdomen quedan como islas sobre una membrana tensa y translúcida, y la repleta cuelga inmóvil del techo; cuando otra obrera le toca las antenas, le devuelve la comida boca a boca. Según la especie, alcanzan el tamaño de un guisante o de una cereza.
- No nacen: se hacen. Si se retiran las repletas, las sustituyen las siguientes obreras en tamaño. Suelen formarse en las dos semanas que siguen a la emergencia, aunque también pueden hacerlo obreras maduras.
- Su miel tiene receta. Las de M. mimicus y M. mexicanus analizadas en Arizona tenían un 47–49 % de fructosa, un 42–44 % de glucosa y un 7–8 % de maltosa.
- No todas guardan azúcar. En el género hay repletas claras, casi de agua, y repletas lechosas, con proteínas y grasas.
- Se vacían y se rellenan. Una repleta vaciada no muere: queda flácida y puede volver a llenarse.
En la foto de nuestro producto verás una repleta de gáster verde translúcido. El color de una repleta depende de lo que almacena: el entomólogo John Conway dio a colonias de M. mexicanus agua azucarada teñida de azul o de rojo y obtuvo repletas azules y rojas.
Repletas de M. mimicus colgadas del techo del nido: así es una despensa viva por dentro (vídeo de Anthouse).
En cautividad, las primeras repletas no salen de la primera generación de obreras, que son pequeñas, sino que llegan más tarde, cuando nacen obreras grandes (ver «Azúcar: del cuentagotas a la barra libre»).
Hormiga de mediodía
En el desierto, las mieleras trabajan por turnos. En Portal y Rodeo, M. mexicanus y M. navajo, pálidas y de ojos grandes, salen de noche; M. mimicus y M. depilis, más oscuras, son exclusivamente diurnas. Nuestra especie forrajea con más intensidad en las horas centrales, con salidas en masa de más de cien obreras.
Roy Snelling agrupó a estas mieleras oscuras y diurnas en Endiodioctes, «cazadora del mediodía» en griego, frente a las pálidas y nocturnas del grupo de M. mexicanus. Hoy esos subgéneros no se usan formalmente, porque el ADN sugiere que la vida diurna o nocturna ha aparecido más de una vez en el género, pero retratan dos formas de vivir. Según un estudio de 1978 de Kay y Whitford:
- Las diurnas, como M. mimicus, se quedan inmóviles por el frío hacia los 11–12 °C, pero salen con el aire a 13–46 °C y el suelo a hasta 60 °C.
- Las nocturnas, como M. mexicanus, siguen moviéndose casi a 0 °C y trabajan a 2–30 °C.
Por eso la diapausa de M. mimicus tiene que ser más templada que la de las mieleras nocturnas (ver «Diapausa: cuatro meses de invierno templado»).
Piedras en la puerta y lagartos al acecho
Trabajar a pleno sol tiene sus riesgos. El lagarto cornudo Phrynosoma modestum se come cada día entre el 0,5 y el 1 % de las forrajeras de las colonias de M. mimicus y M. depilis que vigila. Y la pequeña hormiga Dorymyrmex bicolor practica una de las formas de competencia más curiosas que se conocen: tira piedrecitas dentro de la entrada de las mieleras vecinas, hasta 200 en cinco minutos, y las obliga a dejar de forrajear. Defender la puerta, en el desierto, es cuestión de supervivencia.
Del suroeste de Kansas a California
Según la revisión de Snelling, M. mimicus va desde el suroeste de Kansas hasta el Big Bend de Texas y el centro-norte de México, y por el oeste llega a California y Baja California. Los registros se concentran en Arizona, Texas, Nuevo México y California, con menos en Nevada; en México, sobre todo en Chihuahua, y también en Sonora, Baja California, Durango, Nuevo León, San Luis Potosí, Coahuila y Zacatecas. A veces se la ha citado en Colorado, pero ese estado no aparece en la revisión de Snelling ni en los registros que hemos consultado.
Habita desiertos, pastizales secos y sabanas de mezquite y acacia, terrenos abiertos y muy soleados. Sus nidos subterráneos dan a la reina, la cría y las repletas unas condiciones mucho más estables que las de la superficie, con cámaras bajas, abovedadas y de techo rugoso.
Un nombre de 1908 que mezclaba tres especies
William Morton Wheeler la describió en 1908 como una forma de M. melliger, pero, según los especialistas, en aquel material había también ejemplares que hoy se asignan a M. depilis y a M. romainei. Por eso los datos antiguos de «mimicus» deben leerse con cuidado, y en esta ficha nos apoyamos sobre todo en los estudios de Hölldobler y en la genética moderna.
El ADN ha puesto orden: M. mimicus y M. depilis son especies hermanas, y el género, con 29 especies descritas, es pariente cercano de Lasius, el de la hormiga negra de los jardines. Según la filogenia de 2021 de Tobias van Elst y sus colaboradores, se diversificó hace unos 14 millones de años, a la vez que se formaban los desiertos norteamericanos. Las mieleras de otros continentes, como la australiana Camponotus inflatus, llegaron por su cuenta a la misma solución: es convergencia evolutiva.
Tamaño y morfología
Mielera de tamaño medio a grande, polimórfica, ágil, de patas largas y sin aguijón, con una coloración bicolor que le da nombre en nuestra tienda.
- Color de nuestras colonias. Obreras con la cabeza y el tórax rojizos y el gáster oscuro. La reina tiene la cabeza y el mesosoma (el tórax) pardo rojizos y el gáster pardo oscuro, con bandas.
- Color según la ciencia. Wheeler describió la forma típica con la cabeza, el tórax, las antenas y las patas de un rojo pardo uniforme, y Snelling, con la frente y el occipucio lisos y brillantes. El gáster es más oscuro, pero no negro: el gáster negruzco con la parte delantera ahumada es el sello de M. depilis.
- Pilosidad. Corta. En las obreras pequeñas, los pelos del pronoto son todos de la misma longitud; en M. depilis, de longitudes muy distintas.
- Polimorfismo gradual. Sin soldados, con una gama continua de tallas. Las grandes protagonizan los torneos y se convierten en repletas; las pequeñas cuidan la cría.
- Patas. Largas y rápidas. Las «patas de zancos», en cambio, no son un rasgo del cuerpo, sino una postura: la de las obreras que caminan de puntillas en los torneos.
- Repletas. Una obrera grande con el gáster enormemente distendido; en nuestra foto, verde translúcido.
- Defensa. Como todas las formicinas, no tiene aguijón: muerde y libera ácido fórmico por el acidoporo, en la punta del gáster.
Medidas aproximadas
- Obreras forrajeras: anchura de la cabeza de unos 1,0 mm de media (Hölldobler, 1981)
- Obreras de torneo: anchura de la cabeza de 1,43 mm de media (Hölldobler, 1981)
- Longitud total de las obreras: unos 4–10 mm, solo como orientación (sin fuente publicada)
- Reina: sin medida publicada a la que hayamos podido acceder
- Repletas: gáster del tamaño de un guisante o de una cereza
Las medidas de referencia están en la revisión del género de Snelling (1976), a la que no hemos podido acceder. La cifra de 8–10 mm que a veces se da para la reina no tiene fuente y parece pequeña: Wheeler midió 12 mm en la hembra de M. melliger, del mismo grupo. La hemos retirado hasta poder comprobarla.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 4/5 – Avanzado
En Antomas consideramos M. mimicus una especie para criadores con experiencia. No porque sea agresiva o escapista, que no lo es, sino porque las mieleras exigen entender su ritmo:
- Un comienzo lento y frágil. Según nuestra experiencia, la colonia no está consolidada hasta que supera el centenar de obreras, y eso puede llevar unos dos años.
- Un azúcar que se dosifica. Al principio, con cuentagotas, para que la reina no se convierta en repleta; después, a voluntad.
- Repletas delicadas, que una caída o un golpe pueden reventar.
- Una diapausa a medida: unos cuatro meses y templada, porque el frío la paraliza antes que a las mieleras nocturnas.
¿Merece la pena? Muchísimo. Es una de las hormigas con más historia de la mirmecología, se mueve a plena luz del día, caza en grupo y, con el tiempo, llena el nido de despensas vivas. Ver colgar la primera repleta del techo es uno de los grandes momentos de este hobby.
Parámetros recomendados
- Temperatura: en Antomas las tenemos prácticamente a la temperatura ambiente de una casa. Los criadores con éxito en el género usan 24–31 °C, con un punto caliente en un lado, y señalan unos 29 °C como valor ideal; como especie diurna, M. mimicus agradece esa zona cálida junto a la cría.
- Repletas, lejos del calor: en una zona estable y templada, en el extremo opuesto a la fuente de calor.
- Humedad: nido mayoritariamente seco, con un punto húmedo cerca de la cría y sin condensación.
- Zona de forrajeo: seca y ventilada.
- Agua: siempre, en un tubo de ensayo con agua y algodón en el forrajeo.
- Nido: cámaras horizontales con altura para que cuelguen las repletas y superficies rugosas.
- Luz: zona oscura en el nido y forrajeo con luz.
- Diapausa: unos 4 meses, de noviembre a febrero, a 15–18 °C.
Una colonia, una reina
En la naturaleza, las reinas de M. mimicus fundan a menudo en grupo, pero luego las obreras eliminan a las sobrantes. En Antomas la tratamos como lo que es en la gran mayoría de sus colonias: una especie monogínica. Nuestras colonias tienen una sola reina, y las pautas son claras:
- Funda siempre por separado. Si tienes reinas jóvenes, cada una en su tubo: una asociación que funciona en el campo, en un tubo de ensayo puede acabar en matanza.
- No juntes reinas ni colonias, ni conectes dos nidos habitados: los asaltos y el robo de cría que estudió Hölldobler son exactamente lo que ocurriría.
Una colonia joven: los primeros meses
Vendemos M. mimicus como colonia joven, en la opción «Reina y 5/15 obreras con prole»: una reina con entre cinco y quince obreras y cría, en un tubo de ensayo (cuando hay disponibilidad, también reinas con prole). Qué esperar:
- Al llegar, deja el tubo en un sitio tranquilo, a temperatura de casa y sin sol directo, y comprueba el depósito de agua. No hace falta pasarla al nido el primer día.
- Las primeras obreras son pequeñas y no se convierten en repletas. Las repletas llegan con la segunda o la tercera generación.
- El crecimiento va a tirones, con impulsos y parones, y los criadores coinciden en que es la fase en la que más colonias se pierden.
- El objetivo de los primeros meses es una colonia bien nutrida que crezca, no conseguir repletas cuanto antes.
La muerte dulce: cuando la reina se convierte en repleta
Es el error más traicionero con las mieleras. En una colonia pequeña, sin repletas, el néctar que sobra no tiene dónde guardarse, y las obreras ceban a quien puede almacenarlo: la reina. Su gáster se hincha como el de una repleta, se vuelve torpe y reduce mucho la puesta o deja de poner. La colonia se estanca, y la reina puede llegar a morir. Es la «muerte dulce». No hay estudios científicos sobre ello: es experiencia de cría, nuestra y de otros criadores, y este vídeo lo muestra muy bien.
Reinas mieleras hinchadas de néctar durante la fundación: el riesgo que evita el cuentagotas (vídeo de Anthouse).
La solución: mientras no haya repletas, el azúcar se da con cuentagotas. Una o dos gotitas que la colonia consuma en poco tiempo, sobre un trocito de papel de aluminio o en un bebedero pequeño, retirando los restos. Así comen todas, pero no queda excedente que acabe en el cuerpo de la reina. Cuando veas colgar las primeras repletas, ellas asumirán ese papel.
Hormigueros recomendados
Las mieleras necesitan cámaras con altura, para que cuelguen las repletas, y superficies rugosas. Los hormigueros verticales se reservan para colonias grandes: a una joven le dan demasiado espacio y complican el control de la comida y la humedad.
Para empezar, el Qbik Wild One P 1C, un módulo de unos 6,8 × 6,8 cm y 5 cm de alto con un punto de humedad central, pensado para colonias pequeñas de hormigas grandes. Tiene altura para que cuelguen las primeras repletas y una superficie proporcionada para la reina y la cría, y mantiene la colonia compacta y fácil de vigilar.
Para colonias maduras, el Qbik Wild NoNa Diáfano, sin cámaras prediseñadas: las obreras excavan su propia red en el sustrato y crean cámaras bajas, de techo rugoso, en varios niveles, como en sus nidos naturales. Usa un sustrato compacto, que no se derrumbe sobre las repletas, e hidrátalo solo en un punto. Es solo para colonias grandes.
Recomendamos también los híbridos. El Qbik Wild Duo P 2C Híbrido combina un depósito inferior que humedece el nido por evaporación, sin que el agua toque las cámaras, con un tubo bebedero lateral. Para las mieleras es ideal: humedad estable y sin condensación para las repletas, y agua siempre a mano. Si usas calor, ponlo en un lateral, nunca debajo del depósito.
Los Qbik son modulares: cuando la colonia crece, se acoplan módulos nuevos. Completa el montaje con un forrajeo seco, el tubo de agua, un bebedero para el azúcar y la barrera de aceite mineral.
Humedad: un nido seco con un rincón húmedo
Aunque viene del desierto, M. mimicus no vive en un nido reseco: bajo tierra, sus cámaras tienen una humedad y una temperatura mucho más estables que la superficie. En la cría:
- un gradiente, con un punto húmedo cerca de la cría y el resto más seco;
- cámaras de repletas estables y sin condensación: en un techo mojado, las repletas pierden el agarre y caen;
- agua para beber siempre disponible.
Si ves gotas en el techo o moho, deja de hidratar unos días y limpia los restos.
Azúcar: del cuentagotas a la barra libre
- Hasta las primeras repletas, con cuentagotas, varias veces por semana (ver «La muerte dulce: cuando la reina se convierte en repleta»).
- Desde que nacen las primeras repletas, ad libitum. A partir de ahí, el azúcar no puede faltar nunca: llenar las repletas es su trabajo, y con poco azúcar no se forman.
Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana; también puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero, nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido enseguida: mejor un bebedero tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible. Y el néctar no sustituye al tubo de agua, que debe estar siempre lleno.
Proteína: termitas y presas en miniatura
Con 928 cargas de termitas de cada 1.747, M. mimicus deja claro que no vive solo de néctar. La pauta de Antomas:
- Al principio, presas exageradamente pequeñas: Drosophila, pececillos de plata (Thermobia), termitas de cría y microgrillos, a ser posible todos los días.
- Cuando la colonia crece, presas más grandes, como moscas, grillos o cucarachas pequeñas, en más cantidad pero de forma más espaciada, no a diario.
- Cambia de insecto cada semana.
Si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor que sobre comida: la colonia entiende que tiene recursos y crece más deprisa. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no, porque lo que sobra trae moho y ácaros. Como es diurna, pon la proteína por la mañana o a mediodía y retira los restos por la tarde.
Así se alimentan las larvas de una mielera: larvas de M. placodops comiendo proteína en Antomas (canal de Antomas).
Mudanza por volcado
En Antomas, las mieleras se mudan por volcado: se abre el tubo o el nido viejo en la zona de forrajeo del nuevo, junto a la entrada, y se vuelca la colonia con suavidad. Con las repletas, cuidado:
- Muda pronto, antes de que haya muchas repletas: un tubo con 5–15 obreras se vuelca sin problemas.
- Vuelca a poca altura y sobre una superficie blanda, como la arena.
- Las repletas, sin pinzas: su gáster revienta con facilidad. Guíalas con un pincel suave, sin presionar, o deja que las obreras las arrastren.
- Prepáralo todo antes y deja a oscuras el nido nuevo para que lo ocupen enseguida.
Diapausa: cuatro meses de invierno templado
En Antomas hacemos a M. mimicus una diapausa de unos 4 meses, de noviembre a febrero, algo más corta que la de nuestras especies autóctonas. Y aquí importa que sea diurna: las mieleras oscuras se quedan inmóviles hacia los 11–12 °C, mientras que las pálidas y nocturnas siguen activas casi a 0 °C. Por eso recomendamos una diapausa templada, de unos 15–18 °C: lo bastante fresca para que se frene la puesta, pero lejos del umbral en el que se paraliza. Es una cifra orientativa, coherente con su fisiología; las mieleras nocturnas pueden pasarla bastante más fría.
- Baja y sube la temperatura poco a poco, en una o dos semanas.
- Agua siempre y un bebedero de azúcar que no se quede vacío.
- Proteína, muy poca o ninguna si no hay larvas en desarrollo.
- Si solo quedan larvas que han dejado de crecer, la colonia está en reposo; si sigue habiendo huevos y pupas nuevas, todavía no.
Comportamiento en cautividad
Diurna y muy viva. Rápida y activa con la luz y el calor, es una especie para observar de día: una colonia desarrollada forma pistas de reclutamiento hacia una presa en cuestión de minutos.
Ecos de los torneos. En nuestra experiencia, las obreras grandes adoptan a veces posturas de exhibición, con las patas estiradas y el gáster levantado, ante algo extraño. Nunca enfrentes dos colonias: en cautividad, un torneo puede acabar en asalto.
Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo lo menos posible. Se acostumbran a tu presencia.
Señales de alarma: una reina con el gáster hinchado (sobra azúcar), repletas caídas (condensación o golpes), cría estancada fuera de la diapausa (falta proteína) y moho (sobra humedad o hay restos).
Fugas y barreras
M. mimicus no es muy escapista: con una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes del forrajeo basta. Renuévala cuando acumule polvo, ajusta bien la tapa y no dejes nada que sirva de puente.
Manejo y seguridad
No pica: no tiene aguijón. Si queda atrapada, muerde y puede liberar ácido fórmico, que escuece en la piel sensible, nada más. Manipúlala con un pincel suave o pinzas blandas, nunca con las manos; el mayor riesgo es para ellas, sobre todo para las repletas. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.
Qué no hacer
- Dar azúcar a voluntad a una colonia sin repletas, o dejar sin azúcar a una que ya las tiene.
- Poner el azúcar en algodón.
- Escatimar la proteína o dar siempre el mismo insecto.
- Juntar reinas o colonias.
- Despegar repletas con pinzas o volcarlas desde altura.
- Poner calor bajo el nido o junto a las repletas, o mojar todo el nido.
- Hacerle una diapausa fría, como a las mieleras nocturnas: hacia los 12 °C se queda inmóvil.
- Pasar una colonia pequeña a un nido enorme.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Myrmecocystus mimicus y su género y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
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- Lumsden, C. J. & Hölldobler, B. (1983). Ritualized combat and intercolony communication in ants. Journal of Theoretical Biology 100: 81–98. doi:10.1016/0022-5193(83)90093-0
- Bartz, S. H. & Hölldobler, B. (1982). Colony founding in Myrmecocystus mimicus Wheeler (Hymenoptera: Formicidae) and the evolution of foundress associations. Behavioral Ecology and Sociobiology 10: 137–147. doi:10.1007/BF00300174
- Kronauer, D. J. C., Gadau, J. & Hölldobler, B. (2003). Genetic evidence for intra- and interspecific slavery in honey ants (genus Myrmecocystus). Proceedings of the Royal Society B 270: 805–810. doi:10.1098/rspb.2002.2288
- Hölldobler, B., Grillenberger, B. & Gadau, J. (2011). Queen number and raiding behavior in the ant genus Myrmecocystus (Hymenoptera: Formicidae). Myrmecological News 15: 53–61. Sin DOI; acceso abierto
- Kronauer, D. J. C., Hölldobler, B. & Gadau, J. (2004). Phylogenetics of the New World honey ants (genus Myrmecocystus) estimated from mitochondrial DNA sequences. Molecular Phylogenetics and Evolution 32: 416–421. doi:10.1016/j.ympev.2004.03.011
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- van Elst, T., Eriksson, T. H., Gadau, J., Johnson, R. A., Rabeling, C., Taylor, J. E. & Borowiec, M. L. (2021). Comprehensive phylogeny of Myrmecocystus honey ants highlights cryptic diversity and infers evolution during aridification of the American Southwest. Molecular Phylogenetics and Evolution 155: 107036. doi:10.1016/j.ympev.2020.107036
- Dificultad
- Experimentado



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