Myrmecocystus mexicanus - Hormiga mielera gigante
Casi un gramo de reservas en una sola hormiga. Myrmecocystus mexicanus es la mielera original, la especie tipo de las hormigas mieleras: una hormiga pálida de las noches del desierto norteamericano, cuyas obreras salen a cosechar néctar casi a cero grados y lo guardan en repletas vivientes, ámbar, transparentes o lechosas, colgadas del techo de nidos de casi dos metros. Los aztecas las llamaban nequazcatl y las buscaban como un tesoro. En casa verás nacer la primera repleta y crecer, noche a noche, una despensa de colores. Para criadores con paciencia: azúcar con cuentagotas al principio y presas diminutas. Reinas fundadoras con prole y colonias. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 4/5 – Avanzado
La hormiga mielera clásica de Norteamérica: pálida, nocturna y con repletas de casi 1 g, despensas vivientes que cuelgan del techo del nido. Reinas con prole de 14–16 mm, de fundación claustral y con una sola reina por colonia. Azúcar con cuentagotas al principio, para que la reina no se convierta en repleta, y ad libitum en cuanto nacen las primeras repletas; proteína diminuta, a ser posible a diario. Qbik Wild One P 1C para empezar, híbridos para crecer y NoNa Diáfano para las colonias grandes. Temperatura ambiente de una casa. Diapausa de unos 4 meses, de noviembre a febrero, a 8–14 °C. Barrera de aceite mineral.
Myrmecocystus mexicanus Wesmael, 1838 es la hormiga mielera por excelencia: la especie tipo del género y una de las mieleras mejor estudiadas. Vive en las regiones áridas y semiáridas del suroeste de Estados Unidos y del norte de México y sale a trabajar de noche, cuando el suelo se enfría. Su gran atractivo son las repletas: obreras que almacenan tanto néctar en el gáster que se convierten en esferas translúcidas del tamaño de una uva pequeña y pasan la vida colgadas del techo del nido, como una despensa viva.
¿Por qué «gigante»? No por sus obreras, que no son las más grandes del género, sino por sus repletas: la mayor que se ha pesado llegaba a 0,98 g, casi un gramo de reservas en una sola hormiga, y una colonia madura guarda cientos o más de mil. En esta ficha separamos siempre lo documentado por la ciencia de la experiencia de los criadores y de la nuestra.
Biología
La especie tipo: la primera mielera con nombre
El género se fundó sobre esta especie. La describió el entomólogo belga Constant Wesmael en 1838, con ejemplares de México sin localidad precisa, y su nombre lo dice casi todo: myrmex es «hormiga» en griego y kystis, «vejiga» o «bolsa». Como el material original se perdió, Roy Snelling, autor de la gran revisión del género, designó en 1976 un nuevo ejemplar de referencia, un neotipo de Chihuahua.
En Estados Unidos recibió otro nombre: en 1881, Henry McCook describió M. hortusdeorum, la mielera del Jardín de los Dioses, las famosas rocas rojas de Colorado Springs. Hoy es un sinónimo, aunque sobrevive en la bibliografía como «hortideorum»: con ese nombre trabajó John Conway, el investigador que excavó sus nidos en Colorado y cuyos datos verás a lo largo de esta ficha. A principios del siglo XX, Wheeler trataba aún como subespecies de mexicanus a otras mieleras pálidas que hoy son especies propias, como nuestra M. navajo, la Hormiga Mielera Dorada, una «mexicanus en miniatura» según Snelling.
Snelling la incluyó en el grupo de las mieleras pálidas, de ojos grandes y vida nocturna. Hoy esos grupos se consideran históricos: una filogenia molecular de 2021 mostró que no encajan con el árbol genético, que Myrmecocystus es el grupo hermano de Lasius, el de nuestras hormigas negras de jardín, y que el género se diversificó hace unos 14 millones de años, mientras se formaban los desiertos del suroeste norteamericano.
Del altiplano mexicano al Jardín de los Dioses
Según Snelling, su área va desde el centro de México hasta Colorado y Utah, y por el oeste hasta California y Baja California. La mayoría de los registros son de Arizona, Colorado, Utah, Nevada, Nuevo México y California, con citas en Texas y, en México, en estados como Chihuahua, San Luis Potosí, Durango o Baja California. Vive desde los 69 m bajo el nivel del mar, junto al lago Salton, en California, hasta unos 2.440 m en Nuevo México. En Colorado, Conway encontró sus colonias en crestas, mesas y riscos de 1.700–2.200 m, en bosque de piñón y enebro, desierto de artemisa y matorrales salinos.
Prefiere suelos firmes. Allí el terreno estaba lleno de piedras y de capas de caliche, una costra caliza dura como el cemento, y para excavar los nidos hacía falta un pico. Es una hormiga de cámaras estables, que duran años sin derrumbarse (ver «Un nido de casi dos metros»).
Casi un gramo de reservas en una hormiga
Una repleta (en el hobby se dice a menudo «replete») es una obrera cuyo buche social, la parte del tubo digestivo donde las hormigas guardan el alimento que comparten, se dilata hasta ocupar casi todo el gáster. Los demás órganos quedan aplastados, y las placas duras del gáster, que normalmente se solapan como tejas, quedan separadas como islas sobre una membrana estirada y transparente, gracias a la resilina, una proteína muy elástica.
En M. mexicanus el resultado es espectacular: la repleta más grande que pesó Conway llegaba a 0,98 g, con un gáster de 12 mm. Una obrera normal pesa unos pocos miligramos; preferimos el dato absoluto a las cifras de «X veces su peso» que circulan por internet y que no aparecen en las fuentes primarias. Para comparar, la mielera australiana Camponotus inflatus, de un linaje que inventó las repletas por su cuenta, llega a 1,4 g.
Cuando abunda el néctar, las forrajeras se lo pasan boca a boca, por trofalaxia; cuando escasea, otras obreras les tocan las antenas y la repleta regurgita una gota. Una repleta vaciada no muere: queda flácida, como una depleta, y puede volver a llenarse. Este vídeo de Anthouse muestra repletas de una prima diurna, M. mimicus; las de la gigante son más grandes y de colores más variados.
Despensas vivientes: repletas de M. mimicus colgadas del techo de su nido, en un vídeo de Anthouse.
Entre 351 y 1.030 repletas por colonia
Conway contó las repletas excavando nidos enteros en Colorado. En tres colonias encontró entre 351 y 1.030 (729 de media), y en otra serie, entre 692 y 1.223, repartidas en 7–21 cámaras por nido, con hasta 348 repletas en una sola cámara. Dos de esas colonias tenían unas 5.000 hormigas, y entre el 22 y el 25 % mostraba algún grado de distensión: casi una de cada cuatro hormigas formaba parte de la despensa.
¿Por qué tanta reserva? Porque su comida llega a rachas. En Colorado forrajea de marzo a noviembre, pero el néctar lo recoge sobre todo en junio, julio y agosto. Lo que entra en esos tres meses tiene que durar el resto del año, incluido un invierno entero con la entrada cerrada. Las repletas son el seguro de vida de la colonia.
Las más grandes, no las más jóvenes
Las repletas no nacen distintas: son obreras normales que se especializan. Steven Rissing lo demostró en 1984 con esta especie: las repletas son las obreras más grandes y, si se retiran todas, las sustituyen enseguida las siguientes en tamaño. Así la colonia almacena el máximo volumen apartando de otras tareas al menor número de hormigas.
Suelen formarse en las dos semanas siguientes a la emergencia, colgadas del techo de las cámaras mientras las forrajeras las ceban cada noche. Pero no es imprescindible que sean jóvenes: Rissing obtuvo repletas en colonias sin obreras recién nacidas. Y hay una regla que todo criador debe conocer: la primera generación, las nanitas que cría la reina sola, no se convierte en repletas. Una repleta llena apenas puede caminar y, si se suelta del techo, un golpe puede romperle la membrana. En cautividad, lo más delicado de esta especie son sus repletas (ver «Manejo y seguridad»).
Ámbar, transparentes y lechosas: la química de la despensa
Una cámara de repletas de M. mexicanus no es de un solo color: las hay transparentes, amarillas, ámbar, pardas, casi negras y lechosas. Conway las analizó en 1977 y descubrió que cada color guarda una cosa distinta:
- Ámbar y ámbar oscuro. Son la gran mayoría: glucosa y fructosa, con un sabor ácido y un olor y un color de melaza de caña. En repletas de Arizona, un 47–49 % de fructosa, un 42–44 % de glucosa y un 7–8 % de maltosa.
- Transparentes. Entre el 0,2 y el 4 %. Llevan sobre todo sacarosa, están muy diluidas y funcionan como depósitos de agua, una adaptación al desierto. Conway obtuvo una semirrepleta llena de agua en una colonia a la que solo daba agua.
- Lechosas. El 12,4 % en un nido de Arizona, con mucha proteína y grasa: probablemente guardan los jugos de las presas.
- De dos fases. Alrededor del 5 %, según Burgett y Young (1974), tenían el buche separado en dos capas, como el agua y el aceite: una de azúcares y otra de lípidos.
La despensa es, por tanto, un almacén de azúcar, agua, grasa y proteína. Un estudio de 2026, todavía en preprint, ha encontrado además en el buche de sus repletas bacterias lácticas y acéticas que quizá ayuden a conservar el contenido. Para la cría, la lección es sencilla: el agua importa tanto como el azúcar.
Un nido de casi dos metros
Desde fuera, un nido de M. mexicanus no impresiona: una sola entrada de poco más de un centímetro en un cráter de grava con forma de volcán en miniatura, de unos 2 cm de alto, que las obreras tapan con tierra fina en invierno o con lluvias fuertes. Lo asombroso está debajo, según las excavaciones que Conway publicó en 1983:
- Un laberinto superficial de galerías y cámaras pequeñas, hasta unos 20 cm de profundidad, con la cría, algunas repletas e inquilinos como los escarabajos Cremastocheilus.
- Un único pozo vertical que baja hacia las cámaras de las repletas.
- Las bodegas: cámaras anchas, bajas y abovedadas, a partir de unos 20–40 cm de profundidad, de hasta 33 cm de largo pero de solo 3–5 cm de alto, con las paredes alisadas y el techo rugoso para que las repletas se agarren.
- La profundidad: de 1 a 1,8 m, y se han citado nidos de hasta 4 m en zonas de veranos largos y secos.
¿Por qué tan hondo? Porque ahí la temperatura y la humedad apenas cambian, y la despensa se conserva meses. Snelling nunca encontró repletas por encima del nivel en que el suelo se mantiene húmedo todo el año: sus cámaras no son secas, sino estables. En casa, lo que necesitan no son columnas altas, sino cámaras amplias, bajas y con techo de agarre (ver «Hormigueros recomendados»).
Forrajeo nocturno entre 0,6 y 27 °C
M. mexicanus es una hormiga de la noche: las obreras salen en masa justo después de la puesta de sol. Lo sorprendente es cuánto frío aguanta. En Colorado, Conway la vio forrajear del 17 de marzo al 7 de noviembre con temperaturas de entre 0,6 y 27 °C: hormigas del desierto trabajando a pocas décimas de la congelación. En Nuevo México no sale por debajo de 2 °C ni por encima de 30 °C.
Un estudio de 1978 lo midió con cinco mieleras: las diurnas, de colores oscuros, quedaban inmóviles hacia los 11–12 °C, mientras que la nocturna seguía caminando a −0,4 °C. En cambio, todas aguantaban el calor de forma parecida, hasta los 43–48 °C. Es decir: no sale de noche porque no soporte el calor, sino porque ha ocupado el turno frío. En el sureste de Arizona comparte ese turno con M. navajo, mientras M. mimicus y M. depilis se reparten el día.
Se aleja hasta 20 m del nido. Al principio del verano explora de forma dispersa; cuando ya conoce las plantas con néctar, sigue pistas fijas que repite noche tras noche. Y para vivir de noche tiene ojos de noche: un estudio de 2022 demostró que las especies pálidas y nocturnas han desarrollado ojos y facetas más grandes que sus parientes oscuras y diurnas. En M. mexicanus, cada faceta mide unos 20,8 µm, frente a unos 14,8 µm en la diurna M. mendax, y las obreras pequeñas no tienen ocelo anterior, uno de los tres ojos simples que muchas hormigas llevan en lo alto de la cabeza.
Néctar de yuca, agallas de roble y cosechadoras muertas
Su dieta se basa en los líquidos azucarados. En Colorado, Conway la vio recoger el néctar que rezuman las cápsulas de los frutos de Yucca glauca, la melaza de los pulgones que viven en ellas y las gotitas dulces de las agallas que la avispa Holcaspis perniciosus provoca en el roble de Gambel (Quercus gambelii). Snelling añade el néctar de flores y nectarios extraflorales y el zumo de los frutos de chumbera.
La proteína la consigue sobre todo como carroñera: recoge artrópodos muertos y solo ataca a insectos pequeños y blandos, que sujeta con las mandíbulas mientras gira el gáster para rociarles ácido fórmico en la herida. Y tiene un vecino favorito: en Colorado, sus nidos aparecen con frecuencia a menos de 3 m de colonias de la cosechadora Pogonomyrmex occidentalis y, según el estudio que lo describió en 2001, su proteína procede casi por completo de obreras muertas o moribundas de esa cosechadora. Las cosechadoras trabajan de día; las mieleras recogen de noche lo que queda en el camino. Para la cría, el mensaje es claro: su proteína natural son bocados pequeños y blandos.
Nequazcatl: la golosina de los aztecas
Las repletas eran una golosina para los pueblos indígenas del suroeste de Estados Unidos y de México. Los aztecas las llamaban nequazcatl, palabra náhuatl que une la miel (necutli) y la hormiga (azcatl). Las desenterraban, sujetaban la repleta por la cabeza y le arrancaban el gáster con los dientes. En México también se prensaban para usar su «miel» en las comidas, como remedio e incluso fermentada en una bebida alcohólica.
Una aclaración, porque se repite a menudo: el análisis nutricional de las mieleras del valle del Mezquital (Hidalgo), con un 9,45 % de proteína, corresponde a otra especie, M. melliger. Y la misma idea surgió en Australia, donde los pueblos aborígenes excavan los nidos de Camponotus inflatus: dos linajes de hormigas que inventaron las repletas por separado y dos culturas que descubrieron el mismo dulce.
Tejones, coyotes y una hormiga que tira piedras
Una colonia con cientos de bolsas de reservas tiene enemigos que lo saben. El tejón americano excava sus nidos con más frecuencia que los de la mielera diurna M. depilis, según un estudio de 1979, y Snelling cita también a los coyotes. Dentro del nido, los escarabajos Cremastocheilus se comen larvas. Y la hormiga Dorymyrmex bicolor tiene una técnica única: cuando su nido está a menos de 1,5 m, sus obreras dejan caer piedrecitas en la entrada de la mielera, hasta 200 piedras en 5 minutos, y reducen su forrajeo a una octava parte. La mielera responde con un nido profundo, una entrada que se cierra y un horario nocturno que la libra de buena parte de sus competidoras.
Una reina, un vuelo y una colonia para décadas
En Colorado Springs, los vuelos nupciales llegan a finales de julio o principios de agosto, tras lluvias fuertes, al anochecer. De un solo nido salieron más de cien machos, y en otro se desenterraron 209 reinas aladas. La fundación es claustral: la reina se quita las alas, excava y, unos dos días después, se encierra y vive de su grasa y de los músculos de las alas, y a veces se come algunos huevos. En el laboratorio de Conway, las primeras obreras nacieron entre 53 y 87 días después del vuelo: de 5 a 19 nanitas por reina, y ninguna se convirtió en repleta.
En la naturaleza, la reina pasa su primer invierno encerrada con esa primera cría. Es una etapa frágil, y muchas reinas no la superan. Pero una colonia que pasa los primeros años dura mucho: en el sureste de Arizona, las colonias vivieron de media 8,9 años, y la más longeva, 23. Tienen una sola reina: a diferencia de M. mendax, no se conocen colonias de M. mexicanus con varias reinas.
Tamaño y morfología
Hormiga esbelta, de patas largas y color claro, con obreras de tallas muy distintas pero sin casta de soldados: el tamaño varía de forma gradual, de las nanitas a las obreras grandes que acaban convertidas en repletas.
- Coloración según la ciencia. Especie pálida: obreras amarillas claras, o amarillas con un tono pardusco en el sur de su área. Según Cole (1936), el tórax y las patas son de color canela claro, la cabeza algo más oscura y las mandíbulas negras.
- Coloración de nuestras reinas. Toda la reina es de color ámbar anaranjado o miel, con el gáster más claro y amarillento y los ojos negros.
- Ojos. Grandes y de facetas anchas, propios de una especie nocturna; las obreras pequeñas no tienen ocelo anterior.
- Pilosidad. Pubescencia densa, de pelillos cortos y pegados, en la cabeza, el pronoto y el gáster.
- Reina. Las reinas de Antomas miden 14–16 mm. Mesosoma más voluminoso, con las cicatrices de las alas. En la experiencia de Antomas, si recibe demasiado azúcar durante la fundación, puede distenderse como una repleta (ver «La muerte dulce: cuando la reina se convierte en repleta»).
- Repletas. Cabeza y tórax de obrera grande y gáster convertido en una esfera translúcida, del transparente al ámbar oscuro.
- Defensa. Como todas las formicinas, no tiene aguijón: muerde y expulsa ácido fórmico por el acidoporo, en la punta del gáster.
Medidas aproximadas
- Obreras: 3–7 mm (Cole, 1936)
- Reina: 14–16 mm (reinas de Antomas)
- Macho: unos 6 mm (Cole, 1936)
- Repletas: gáster lleno de 6–12 mm; la mayor medida, de 12 mm y 0,98 g (Conway)
- Facetas del ojo de la obrera: unos 20,8 µm de diámetro medio (Johnson y Rutowski, 2022)
La medida de la reina es la de nuestras reinas. Las de las obreras y el macho proceden de la descripción de Cole (1936), que solo hemos podido consultar a través de fuentes secundarias; la revisión de Snelling (1976), la referencia para las medidas de cada especie, no ha estado accesible para esta ficha, así que tómalas como orientativas. Lo que sí está medido con precisión es lo más llamativo de la especie: sus repletas.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 4/5 – Avanzado
En Antomas la clasificamos como avanzada, no porque sea exigente con el clima, sino porque hay que entender cómo funciona una mielera:
- Una fundación lenta y frágil. La reina tarda dos o tres meses en sacar unas pocas nanitas, y los criadores coinciden en que algunas colonias se pierden en esa fase o poco después, sin una causa clara. Uno de ellos lo resume así: es un juego de números.
- El azúcar se dosifica con cuentagotas al principio (ver «La muerte dulce: cuando la reina se convierte en repleta»).
- La paciencia: las repletas no llegan hasta la segunda o la tercera generación de obreras.
- Repletas frágiles: una caída o una mudanza mal hecha pueden reventarlas.
¿Por qué no un 5/5? Porque, entendido esto, es agradecida: la tenemos prácticamente a temperatura ambiente, come cosas sencillas, no es escapista y es tranquila. Y merece la pena: ver aparecer la primera repleta, colgada del techo como un farolillo ámbar, y verla crecer noche a noche es uno de los grandes momentos del hobby.
Parámetros recomendados
- Temperatura: en Antomas, prácticamente la temperatura ambiente de una casa. Como referencia, los criadores con éxito en el género trabajan a 24–31 °C, mejor hacia los 29 °C, con un lado del nido algo más caliente. Si tu casa es fresca, un cable calefactor con termostato en un lateral ayuda, siempre lejos de las repletas, que toleran mal el calor.
- Humedad: nido más bien seco, con un punto húmedo cerca de la cría y cámaras de repletas estables (ver «Humedad: estable, nunca empapada»).
- Zona de forrajeo: seca y bien ventilada.
- Agua: siempre, en un tubo de ensayo con agua y algodón en el forrajeo.
- Luz: zona oscura en el nido y forrajeo con la luz normal de la habitación.
- Diapausa: unos 4 meses, de noviembre a febrero, a 8–14 °C (ver «Diapausa: cuatro meses en el frío»).
Humedad: estable, nunca empapada
Aunque viene de zonas áridas, no debe mantenerse completamente seca. Sus repletas viven en cámaras de humedad casi constante: lo que necesitan es estabilidad, no sequedad. En casa, eso significa un punto húmedo cerca de la cría, para que los huevos y las larvas no se resequen, el resto del nido más seco y unas cámaras de repletas estables, ventiladas y sin condensación, ni empapadas ni resecas. Nunca mojes directamente una cámara con repletas: las gotas y las paredes resbaladizas hacen que pierdan el agarre y caigan. Y menos es más: un criador de Arizona, con un 15 % de humedad ambiental, hidrataba el nido una vez por semana. El exceso de humedad trae moho y hongos.
Hormigueros recomendados
Para las fundaciones y las colonias pequeñas no recomendamos los hormigueros verticales estrechos: parecen ideales para ver las repletas, pero dificultan la organización inicial y obligan a las hormigas a moverse por superficies demasiado inclinadas. Para empezar, en Antomas recomendamos el Qbik Wild One P 1C de Anthouse, un módulo pequeño pensado para reinas y colonias pequeñas en crecimiento:
Sus cámaras tienen altura suficiente para que las primeras repletas se cuelguen del techo y de las paredes, y una superficie horizontal proporcionada para la reina, la cría y las obreras.
Recomendamos también los híbridos. Cuando la colonia crece, el Qbik Wild Duo P 2C Híbrido es un buen paso. «Híbrido» quiere decir que combina dos sistemas de hidratación: un depósito inferior, separado de las galerías, que humedece por evaporación, y un tubo lateral donde las hormigas beben. Para una mielera es una gran ventaja: humedad estable sin mojar nunca las cámaras de las repletas.
Para las colonias grandes recomendamos especialmente el Qbik Wild NoNa Diáfano de Anthouse:
Al no tener cámaras interiores, deja que la colonia organice y excave su propio espacio: salvando la diferencia de profundidad, reproduce la lógica de sus nidos naturales, una gran masa de sustrato donde abrir cámaras amplias y techos rugosos para colgar las repletas. Usa un sustrato compacto y estable, humedécelo desde puntos concretos sin saturar el bloque y resérvalo para colonias grandes: en una pequeña dificultaría la observación, el control de la comida y la localización de la reina.
Un truco de laboratorio: Bert Hölldobler crió durante años mieleras con cientos de repletas en tubos de ensayo tumbados, con palitos de madera pegados al techo para que las repletas pudieran colgarse. El principio vale para cualquier nido: techo con agarre y altura suficiente. Completa el montaje con una zona de forrajeo seca, un tubo de agua, un bebedero y la barrera de aceite mineral.
Fundación: reina con prole y néctar con cuentagotas
En Antomas vendemos reinas con prole: reinas que ya han empezado su colonia en un tubo de ensayo, con huevos, larvas o pupas; cuando hay disponibilidad, también reinas con 5 o 10 obreras. La fundación es claustral: la reina cría a sus primeras obreras con sus propias reservas. Lo que necesita es tranquilidad:
- El tubo, tal como llega, con su reserva de agua tras el algodón, en un lugar oscuro, tranquilo y sin vibraciones, a temperatura ambiente.
- Un vistazo a la semana para comprobar que queda agua. Si se acaba o el tubo se ensucia mucho, pásala a un tubo nuevo por volcado.
- Néctar con cuentagotas: de vez en cuando, una microgota de líquido azucarado sobre un trocito de papel de aluminio, nunca en el algodón, retirando lo que sobre al día siguiente. Se trata de alimentar a la reina y a las larvas, no de llenar a nadie.
- Proteína diminuta desde las primeras obreras, a ser posible a diario (ver «Alimentación»).
- Paciencia: en esta especie, las primeras obreras tardan 53–87 días desde el vuelo, y esas nanitas nunca serán repletas.
Con las primeras obreras la pasamos por volcado a un Qbik Wild One P 1C, y mantenemos el cuentagotas mientras no haya repletas: microgotas, y esperar a que se las terminen antes de añadir más. Las primeras repletas suelen llegar con la segunda o la tercera generación, cuando la colonia tiene unas decenas de obreras y empiezan a nacer obreras grandes.
La muerte dulce: cuando la reina se convierte en repleta
Es el error más traicionero de las mieleras, y lo conocemos por nuestra propia experiencia de cría, no por la bibliografía. Si una reina en fundación o una colonia muy pequeña recibe más azúcar del que consume, ese azúcar tiene que ir a alguna parte. Las nanitas no pueden ser repletas, así que acaba haciendo de despensa la propia reina: se llena, el gáster se le distiende como el de una repleta y reduce o detiene la puesta. La colonia se estanca y, si se alarga, puede perderse. Este vídeo de Anthouse muestra reinas convertidas en repletas durante la fundación:
Reinas de mielera hinchadas de néctar durante la fundación: el riesgo que se evita con el cuentagotas (Anthouse).
Si ves a tu reina con el gáster muy distendido, no le des más néctar hasta que lo reduzca y retome la puesta; mientras tanto, agua y proteína diminuta. Cuando nacen las primeras repletas, todo cambia: la colonia ya tiene su despensa, y los líquidos azucarados pasan a estar disponibles ad libitum.
Llegada y mudanza
Al recibir tu reina, déjala reposar en un lugar tranquilo y oscuro, comprueba que el tubo tiene agua y no la cambies de tubo ni la pases al nido nada más llegar. Cuando toque mudarla, en Antomas lo hacemos por volcado: abrimos el tubo dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y volcamos con suavidad a la reina, las obreras y la cría, ayudando a las rezagadas con un pincel suave. Prepara antes el hormiguero, con la barrera y el agua puestas, trabaja sobre una bandeja y deja a oscuras la zona del nido para que lo ocupen enseguida.
Con repletas, mejor evitar los traslados innecesarios, y por eso conviene elegir bien el nido desde el principio. Si hay que mudar la colonia, también por volcado, pero moviendo aparte las repletas, de una en una, con un pincel suave y sin apretar nunca el gáster, hasta la entrada del nido nuevo.
Alimentación
Azúcar: con cuentagotas al principio y sin límite después. Mientras no haya repletas, microgotas. En cuanto nacen las primeras, los líquidos azucarados pasan a estar disponibles ad libitum, y desde entonces no les pueden faltar nunca: con poco azúcar, las repletas no se forman. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado 1–2 veces por semana, como agua con azúcar, miel muy diluida u otro néctar, y de vez en cuando un trocito de fruta madura. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Siempre en un bebedero, nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido enseguida: un bebedero tradicional o casero, donde la gota quede tendida y accesible, renovado antes de que fermente.
Proteína: al principio, exageradamente pequeña. Es una carroñera de bocados blandos, y las colonias jóvenes lo reflejan. Al principio, en Antomas les damos Drosophila, pececillos de fuego (Thermobia) pequeños, termitas y microgrillos, a ser posible todos los días, troceados o recién sacrificados. Cuando la colonia crece, aceptan presas más grandes, como moscas, grillos, cucarachas pequeñas o gusanos de la harina troceados, y se les puede dar más cantidad, pero más espaciada, no a diario. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra y compra los insectos a un proveedor fiable: los tratados con insecticidas pueden matar a la colonia.
Aunque el protagonismo se lo lleve el néctar, sin proteína no hay obreras nuevas: una colonia llena de reservas, pero con poca proteína, mantiene a los adultos y apenas crece. Si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa; si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no hacerlo, porque los restos fermentan. Así comen las larvas de una mielera:
Larvas de mielera comiendo: una colonia de M. placodops en Antomas (canal de Antomas).
Agua, siempre y aparte: el néctar no la sustituye, y menos en una especie que guarda agua en repletas transparentes. Y un truco nocturno: pon la comida al anochecer, cuando empiezan a salir, y retira los restos por la mañana.
Diapausa: cuatro meses en el frío
En Colorado, M. mexicanus deja de forrajear a principios de noviembre, cierra la entrada y no vuelve a salir hasta marzo: pasa el invierno gastando sus repletas. En Antomas le hacemos una diapausa algo más corta que la de nuestras hormigas autóctonas: unos 4 meses, de noviembre a febrero.
¿A qué temperatura? Recomendamos 8–14 °C, y aquí se nota que es una mielera nocturna. Las especies pálidas y nocturnas como ella siguen moviéndose cerca de los 0 °C y toleran una diapausa más fresca; las oscuras y diurnas, como M. mimicus o M. placodops, se quedan inmóviles hacia los 11–12 °C y necesitan un reposo más templado. Para una colonia joven y sin repletas, como la de una reina con prole en su primer invierno, quédate en la parte alta, 12–14 °C: todavía no tiene despensa en la que apoyarse.
- Baja y sube la temperatura poco a poco, a lo largo de una o dos semanas.
- Agua siempre; algo de azúcar solo si ves obreras activas, sin rellenar constantemente a las repletas.
- Poca o ninguna proteína, porque apenas hay larvas; vuelve a ella en cuanto veas actividad al terminar.
Comportamiento en cautividad
Las colonias jóvenes son discretas y mantienen pocas obreras fuera. La actividad aumenta al anochecer y cuando baja la luz de la habitación, y las obreras, cuando encuentran una fuente de comida estable, marcan rutas regulares hacia ella, como en sus pistas de Colorado. La primera repleta cambia la colonia: primero verás una obrera grande con el gáster algo hinchado y, en unas semanas, colgará del techo como una gota de ámbar.
Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo lo menos posible. Se acostumbran a tu presencia. Señales de alarma: una reina hinchada que no pone (sobra azúcar), cría que se estanca (falta proteína), repletas caídas (condensación o golpes) y moho (sobra humedad o hay restos).
Fugas y barreras
No es una especie muy escapista: en nuestra experiencia, con aceite mineral basta. Una franja fina y continua en la parte alta de las paredes del forrajeo, una tapa bien ajustada, conexiones sin rendijas y nada que sirva de puente hasta la barrera.
Manejo y seguridad
No tiene aguijón. Puede morder y soltar ácido fórmico si se siente atrapada, pero no es nada que deba preocuparte. El riesgo real es la fragilidad de las repletas: planifica cada intervención y hazla con tubos, recipientes y herramientas entomológicas, nunca con las manos. No juntes reinas ni colonias distintas: entre las mieleras, las colonias fuertes saquean a las débiles. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.
Qué no hacer
- Dejar un bebedero lleno a una reina en fundación o a una colonia sin repletas.
- Seguir dando néctar a una reina con el gáster distendido.
- Dejar que falte el azúcar cuando ya hay repletas.
- Dar presas grandes al principio.
- Poner el azúcar en algodón o dejar restos que fermenten.
- Mojar las cámaras de las repletas o poner calor directo junto a ellas.
- Instalar una colonia pequeña en un nido vertical estrecho o demasiado grande.
- Mudar sin necesidad una colonia con repletas.
- Juntar reinas o colonias distintas.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Myrmecocystus mexicanus y su género, y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
- Conway, J. R. (1977). Analysis of clear and dark amber repletes of the honey ant, Myrmecocystus mexicanus hortideorum. Annals of the Entomological Society of America 70: 367–369. doi:10.1093/aesa/70.3.367
- Conway, J. R. (1983). Nest architecture and population of the honey ant, Myrmecocystus mexicanus Wesmael (Formicidae), in Colorado. The Southwestern Naturalist 28: 21–31. doi:10.2307/3670588
- Conway, J. R. (1986). The biology of honey ants. The American Biology Teacher 48: 335–343. doi:10.2307/4448321
- Conway, J. R. (1994). Honey ants. American Entomologist 40: 229–234. doi:10.1093/ae/40.4.229
- Burgett, D. M. & Young, R. G. (1974). Lipid storage by honey ant repletes. Annals of the Entomological Society of America 67: 743–744. doi:10.1093/aesa/67.5.743
- Cole, B. J., Haight, K. & Wiernasz, D. C. (2001). Distribution of Myrmecocystus mexicanus (Hymenoptera: Formicidae): association with Pogonomyrmex occidentalis (Hymenoptera: Formicidae). Annals of the Entomological Society of America 94: 59–63. doi:10.1603/0013-8746(2001)094[0059:DOMMHF]2.0.CO;2
- Kay, C. A. R. & Whitford, W. G. (1978). Critical thermal limits of desert honey ants: possible ecological implications. Physiological Zoology 51: 206–213. doi:10.1086/physzool.51.2.30157867
- Chew, R. M. (1979). Mammalian predation on honey ants, Myrmecocystus (Formicidae). The Southwestern Naturalist 24: 677–682. doi:10.2307/3670526
- Möglich, M. H. J. & Alpert, G. D. (1979). Stone dropping by Conomyrma bicolor (Hymenoptera: Formicidae): a new technique of interference competition. Behavioral Ecology and Sociobiology 6: 105–113. doi:10.1007/BF00292556
- Johnson, R. A. & Rutowski, R. L. (2022). Color, activity period, and eye structure in four lineages of ants: pale, nocturnal species have evolved larger eyes and larger facets than their dark, diurnal congeners. PLoS ONE 17: e0257779. doi:10.1371/journal.pone.0257779
- van Elst, T., Eriksson, T. H., Gadau, J., Johnson, R. A., Rabeling, C., Taylor, J. E. & Borowiec, M. L. (2021). Comprehensive phylogeny of Myrmecocystus honey ants highlights cryptic diversity and infers evolution during aridification of the American Southwest. Molecular Phylogenetics and Evolution 155: 107036. doi:10.1016/j.ympev.2020.107036
- Dificultad
- Experimentado


