Harpegnathos venator | Comprar y cuidados | Antomas
Harpegnathos venator | Comprar y cuidados | Antomas

Harpegnathos venator - Hormiga Dientes de Sable

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Una francotiradora de mandíbulas en hoz. La Hormiga Dientes de Sable acecha inmóvil desde lo alto de una rama, agita el gáster como quien calibra el disparo y se lanza sobre su presa para paralizarla con un veneno que dosifica sin matarla. Sus princesas no se van de casa: se aparean dentro del nido y reinan juntas, varias reinas hermanas bajo el mismo techo, con obreras fecundadas, las gamergates, como reserva. Construye nidos de dos pisos unidos por un embudo y empapelados con capullos. Una cazadora visual del sur y el sudeste de Asia, paciente y fascinante, para criadores con algo de experiencia. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 3/5 – Intermedio

Cazadora al acecho, de mandíbulas en hoz, del sur y el sudeste de Asia. Colonias con reina, a menudo varias: reinas aladas verdaderas; las gamergates (obreras fecundadas que ponen huevos) existen, pero son raras. 24–26 °C, 60–80 % de humedad, solo presa viva y sin diapausa.

Harpegnathos venator (Smith, 1858) es una ponerina grande y casi negra del sur y el sudeste de Asia, armada con unas mandíbulas largas y curvas, en forma de hoz, que le dan su nombre comercial: hormiga dientes de sable. Es una de las cazadoras solitarias más especializadas del mundo de las hormigas: tiene una vista excepcional para una hormiga, localiza a la presa con los ojos, la acecha inmóvil y se lanza sobre ella para paralizarla con un veneno que no mata. Su nombre científico lo resume: venator significa «cazador» en latín.

Vive desde el norte de la India hasta el sur de China, en colonias pequeñas, de unas pocas decenas de obreras, y, después de su pariente indio H. saltator, es probablemente la Harpegnathos mejor estudiada. Su vida social es sorprendente: sus colonias tienen a menudo varias reinas, hermanas que se aparean dentro del nido y se quedan en casa, y, de vez en cuando, alguna gamergate, una obrera fecundada que pone huevos. Las colonias de Antomas proceden de distintos puntos de su área de distribución: Vietnam, Tailandia y China.

Como mucha gente llega a esta ficha preguntándose quién pone los huevos en una colonia de Harpegnathos, empezamos por ahí.

Biología

¿Reinas, gamergates o reinas ergatoides?

Es la pregunta que más nos hacen sobre esta especie, y en el hobby circulan las tres respuestas. La corta: en H. venator se reproducen sobre todo reinas aladas verdaderas, a menudo varias por colonia; las gamergates existen, pero son raras; y reinas ergatoides, ninguna. Vamos por partes.

Reinas verdaderas. La reina de H. venator nace con alas y con todas las piezas del tórax que hacen falta para volar. En Hong Kong, Crosland encontró en verano reinas vírgenes recién nacidas, todas con las alas completas y ninguna con las alas reducidas, y concluyó que son reinas, no reinas ergatoides. Después del apareamiento se quitan las alas, y entonces se parecen muchísimo a una obrera (ver «Una reina casi igual que la obrera»).

¿Qué es una gamergate? Una gamergate es una obrera fecundada que pone huevos y hace de reproductora de la colonia. No tiene alas ni las ha tenido nunca, no tiene cuerpo de reina y, por fuera, es una obrera más; la diferencia está dentro: se ha apareado y sus ovarios funcionan. La palabra viene del griego gámos, «matrimonio», y ergátēs, «obrera»: literalmente, «obrera casada». La propuso el mirmecólogo William L. Brown y la publicaron por primera vez Peeters y Crewe en 1984; cuatro años después, Peeters y Crozier la defendieron con un argumento que lo resume todo: no todas las hembras fecundadas que ponen huevos son «reinas».

Gamergates en H. venator: sí, pero pocas. Un estudio de campo en Tailandia, publicado en 2022, encontró obreras fecundadas en muchas colonias que tenían reina, pero muy pocas ponían huevos. Solo el 14 % de las colonias no tenía reina, e incluso en ellas ponía solo una pequeña parte de las obreras fecundadas: la especie se reproduce sobre todo con reinas fecundadas, y las gamergates son el sistema de reserva. Y el estudio del mismo equipo sobre los huevos tróficos las cita expresamente entre las hembras que se reproducen.

La reina ergatoide es otra cosa. Es una reina sin alas de forma permanente: una casta de reina, con su propio desarrollo larvario, a menudo más ovariolas que las obreras y un aspecto intermedio entre obrera y reina («ergatoide» significa «con aspecto de obrera»), que en muchas especies sustituye a las reinas aladas. No hay que confundirla con una reina alada que se ha quitado las alas, ni con una intercasta, una forma intermedia anómala que aparece de forma esporádica y casi nunca se reproduce. En H. venator no se conocen reinas ergatoides: sus reinas nacen aladas.

Tres hormigas, tres sistemas. En su pariente indio, H. saltator, las colonias con reina tienen una sola, las gamergates son frecuentes y, en el sur de la India, cerca de la mitad de las colonias estudiadas funcionaba sin reina, solo con gamergates. En las Diacamma, en cambio, no existe casta de reina y solo se reproducen gamergates. H. venator está en el otro extremo: reinas, muchas veces varias, y gamergates de reserva.

¿Por qué se confunde tanto? Porque a simple vista una reina desalada, una gamergate y una obrera de H. venator se parecen mucho: la reina pesa solo 1,4 veces lo que una obrera. Porque la terminología ha cambiado con los años, y en el hobby «gamergate» y «reina ergatoide» se han usado casi como sinónimos. Y porque es fácil atribuir a todo el género el sistema de H. saltator, el más famoso; de hecho, algunas tiendas europeas aclaran que venden colonias con «reina verdadera, no gamergate». Las colonias de Antomas llevan reina: una, dos o cuatro, según la opción que elijas.

Las princesas no se van de casa

En muchas hormigas, las princesas (las reinas jóvenes, todavía vírgenes) salen del nido en un vuelo nupcial, se aparean lejos de casa y fundan su propia colonia. En H. venator, muchas no se van. En Tailandia, el 85 % de las colonias tenía reinas desaladas fecundadas; en más de la mitad de ellas había varias, y casi todas ponían huevos. Muchas de esas reinas eran claramente jóvenes, y en muchas colonias convivían, además, reinas desaladas todavía vírgenes. Todo apunta a hijas que se quedan en el nido de su madre, lo que los especialistas llaman poliginia secundaria, y no a reinas que fundan juntas. En Hong Kong, 5 de las 26 colonias excavadas por Crosland tenían dos reinas.

¿Y con quién se aparean? En laboratorio se ha visto que las reinas aladas y las obreras se aparean dentro del nido con machos hermanos, y que las reinas, después, se quitan las alas y se quedan. Otra rareza observada en laboratorio: las reinas recién nacidas reciben a menudo ataques de las obreras, pero con el tiempo se desalan y acaban cazando y cuidando la cría como si fueran obreras.

¿Por qué quedarse? La hipótesis de los investigadores tiene que ver con el espacio. H. venator anida en taludes de tierra desnuda, y en Tailandia muy pocos de los lugares aparentemente aptos estaban ocupados, como si los buenos sitios para anidar escasearan. Con pocos lugares donde instalarse, compensa heredar el nido. H. saltator, que vive en llanuras que se inundan, un hábitat inestable, saldría ganando con la dispersión en vuelo. Eso no quiere decir que H. venator no vuele: Crosland vio alados de los dos sexos según la estación. Lo que nadie ha estudiado es la fundación de una colonia por una reina sola: las tiendas hablan de una fundación semiclaustral, con la reina saliendo a cazar, pero no hay datos científicos, y que varias reinas funden juntas no está documentado.

Huevos tróficos: un menú solo para la realeza

Las hormigas no solo ponen huevos para criar: muchas especies ponen también huevos tróficos, huevos «de comer», que no llegan a desarrollarse y sirven de alimento. En H. venator, un estudio de 2022 vio que los ponen las hembras que no se reproducen: obreras vírgenes, reinas vírgenes y obreras fecundadas que no ponen huevos fértiles. Y descubrió algo curioso: todos se los comían las reinas fecundadas o las gamergates. Un menú exclusivo para la realeza.

No es ningún festín: cada hembra pone, de media, un huevo trófico cada dos días y cinco horas y media (0,0187 huevos por individuo y hora), y las reproductoras se alimentan tanto de presas como de huevos tróficos. Su valor como alimento parece pequeño, y se ha propuesto que su verdadera función sea mantener a punto los ovarios de las ponedoras de reserva (es una hipótesis). Encaja con lo que se ha visto en laboratorio: al retirar a la reina, las hembras que ponían huevos tróficos pasan enseguida a poner huevos reproductivos. Una colonia preparada para cubrir cualquier baja.

Una reina casi igual que la obrera

En muchas hormigas, la reina es mucho más grande y pesada que sus obreras. En H. venator, no. Crosland pesó, en seco, 10 reinas y 100 obreras de Hong Kong: la reina pesa de media 16,5 mg, y la obrera, 11,5 mg; es decir, solo 1,4 veces más. Para Crosland, ese dimorfismo mínimo entre reina y obrera es un rasgo primitivo.

Lo que sí las separa es el tórax: el de la reina, preparado para volar, mide unos 2,25 mm de ancho, y el de la obrera, unos 1,67 mm, sin que los rangos se solapen. Bingham la describió en 1903 como muy parecida a la obrera, con el tórax y el gáster más robustos, los ocelos (los pequeños ojos simples) en el centro de la frente y el gáster con puntos largos y alargados. Por eso, en tu colonia, la reina se reconoce por su tórax más ancho y por las cicatrices de las alas, más que por su tamaño.

Un nido de dos pisos unido por un embudo

Crosland excavó 26 nidos en Hong Kong entre 1992 y 1993, y todos seguían el mismo diseño: dos cámaras en forma de disco, algo abombadas en el centro, una encima de otra (solo una colonia, de 59 obreras, tenía una tercera cámara irregular). La única conexión entre ambas es un embudo de unos 2 cm de diámetro, con una abertura de solo 5–8 mm, que se abre a unos 2 cm del suelo de la cámara inferior, con el borde vuelto hacia arriba. Obreras y reinas pasan casi todo el tiempo en la cámara de arriba, agrupadas en pequeñas «alcobas».

La entrada es igual de singular: una chimenea de unos 3 cm de diámetro que sobresale 1–4 cm del talud, con una abertura central estrecha y abierta todo el año (la entrada que se cierra de noche es la de H. saltator). ¿Para qué un embudo así? Crosland sugiere que la cámara superior ayuda a escapar de los artrópodos depredadores que se cuelan en el nido, y se ha llegado a especular con que las hormigas alcanzan la abertura del embudo de un salto, algo que nadie ha comprobado.

En Tailandia, el diseño se repite: entrada en chimenea, con un embudo de unos 3 cm, y dos o tres cámaras, a menudo una encima de otra. Un plano de arquitecto que la especie repite en lugares separados por miles de kilómetros.

Cámaras empapeladas con capullos y un basurero en el sótano

Por dentro, los nidos tailandeses estaban todavía más cuidados: cámaras de suelo plano y liso, con el suelo y las paredes «empapelados» con fragmentos de capullos, y, debajo, una cámara más pequeña, de suelo irregular, que hacía de basurero. Es el mismo truco que se conoce en H. saltator, que forra las paredes con tiras de capullos vacíos y otros restos, quizá para mantener el nido seco (es una hipótesis), y que también lleva la basura a una cámara aparte.

En casa no hace falta reproducir esta arquitectura: en laboratorio viven sin problema en nidos de yeso, y sus larvas necesitan, eso sí, un poco de sustrato fino para el capullo (ver «Hormigueros recomendados»). Lo que sí conviene copiarles es el orden: la basura, lejos de la cría, y retirada con frecuencia.

Un francotirador que agita el gáster

En Antomas lo vemos a diario: en los instantes previos al ataque, la obrera hace un movimiento entusiasmado del gáster, como un francotirador que calibra su objetivo antes de disparar. Su caza al acecho recuerda más a la de un depredador vertebrado que a la de una hormiga convencional.

En 2021, un equipo chino describió su caza paso a paso, y ese gesto es la primera fase:

  1. La obrera se queda quieta, agitando el gáster, frente a la presa.
  2. Salta y la atrapa con las mandíbulas.
  3. Curva el cuerpo en forma de C y le clava el aguijón.
  4. Tras unos 10 s deja de picar y se lleva la presa al nido.

A veces cambia de táctica: agita el gáster, toca la presa con las antenas y decide si atacar o marcharse. Caza sobre todo en solitario, aunque, cuando hay muchas presas, se ha visto alguna caza colectiva sencilla. Para qué sirve exactamente el movimiento del gáster sigue sin estar claro. Tampoco se sabe a qué horas caza en la naturaleza: las pruebas se hicieron por la mañana, y lo de «crepuscular» que se lee en algunas tiendas no tiene respaldo científico.

Veneno a la carta: dosifican la picadura

El veneno de H. venator paraliza sin matar: las cucarachas picadas quedaban por completo inmóviles. Pero no pican siempre igual. Nie y sus colegas vieron que pican durante más tiempo a las presas más activas y más grandes, y que, en un seguimiento de 48 h, las cucarachas picadas 13–20 s tardaban más en recuperarse que las picadas 0–9 s.

Su interpretación: las obreras dosifican el veneno según la presa, sin gastar ni una gota de más, y quizá así puedan guardar presas vivas, paralizadas y «frescas», para la colonia (es una inferencia de los autores). Encaja con lo que vemos en Antomas: la presa no muere, y la colonia dispone de alimento fresco durante más tiempo.

¿Presas muertas? No, gracias

El mismo estudio ofreció a las obreras cucarachas matadas con agua hirviendo: no las atacaron. Y a las cucarachas sin patas, que no podían moverse, solo les dieron picaduras muy cortas. Lo que despierta su instinto cazador es el movimiento. Por eso preferían ninfas pequeñas o medianas y muy activas, de unos 0,6 y 1,2 cm, frente a los adultos grandes, de unos 2 cm.

Un detalle que nos encanta: una de las presas con las que más contactos tuvieron fue Blatta lateralis, la cucaracha runner, que muchos criadores conocen como Shelfordella lateralis y que es nuestra favorita para alimentarlas (ver «Alimentación»). La otra fue el saltamontes del arroz, Oxya chinensis; y las que más se llevaban al nido, cucarachas y grillos.

Es la base científica de lo que en Antomas decimos desde siempre: dar solo presas muertas suele ser ineficaz e incluso perjudicial para la colonia, porque muchas veces ni siquiera las reconocen como comida.

Harpegnathos venator, la hormiga dientes de sable, en un vídeo de Anthouse.

Mandíbulas de doble fila que inspiran pinzas robóticas

Las mandíbulas de H. venator son largas, curvas como una hoz y, vistas de cerca, una pequeña obra de ingeniería. Un equipo de ingenieros chinos las estudió en 2020 y 2021: tienen una doble fila de dientes en la parte media y en la punta, que sujeta la presa con firmeza y estabilidad, y, en la base, una concavidad lisa con la que transportan los huevos sin dañarlos; además, pueden girar sobre dos ejes perpendiculares. Los autores las presentan como una especialización de diseño y las proponen como modelo para fabricar pinzas robóticas.

En la experiencia de Antomas, esas mismas mandíbulas que sujetan a un grillo que patalea permiten también una manipulación precisa de huevos y larvas dentro del nido. Y, aunque parezca que estorban, no les impiden beber: beben sin problema del algodón húmedo de un tubo de agua.

«La hormiga saltadora» de Hong Kong: tímida y sin prisas

En Hong Kong, un libro de 1982 sobre los insectos de la región la presentaba como «The Jumping Ant», la hormiga saltadora. Y salta, pero no como cabría esperar. Bingham escribió en 1903 que las Harpegnathos dan saltos asombrosos cuando se asustan, pero que normalmente no saltan para desplazarse. En su pariente H. saltator se han medido saltos de unos 2 cm de alto y 10 cm de largo, impulsados por las patas medias y traseras a la vez; en H. venator no hay estudios del salto.

En la experiencia de Antomas, les cuesta saltar hacia arriba: su estrategia es trepar a una pared o a una rama y lanzarse sobre la presa desde arriba, como un depredador emboscado. Por eso conviene ponerles ramas o decoración en la zona de forrajeo: es su forma favorita de cazar y un espectáculo precioso de observar.

¿Y el carácter? Crosland describió a sus obreras como notablemente tímidas y de ritmo pausado. Nada que ver con la imagen de una depredadora feroz: es una cazadora paciente, que observa mucho antes de actuar.

Un nombre con historia: de Drepanognathus a Harpegnathos

Frederick Smith la describió en 1858 como Drepanognathus venator, a partir de una obrera del Museo Británico etiquetada «Madras» (hoy Chennai) y donada por una tal «Mrs Capt. Hamilton». Smith creó el género Drepanognathus porque creía que el nombre Harpegnathos ya estaba ocupado, cosa que no hacía falta. Durante medio siglo, la especie bailó entre los dos géneros: Roger y Emery la pasaron a Harpegnathos, Mayr y Dalla Torre la devolvieron a Drepanognathus, y Bingham todavía la llamaba así en 1903. Por eso su autor va entre paréntesis: (Smith, 1858). Y la localidad tipo guarda su pequeño misterio: Bingham la anotó con un signo de interrogación, porque todos sus demás registros eran del norte de la India y de Birmania.

Tiene dos subespecies descritas, ninguna revisada con métodos modernos:

  • H. venator rugosus (Mayr, 1862), descrita a partir de una reina de Hong Kong recogida durante la expedición austriaca de la fragata Novara.
  • H. venator chapmani Donisthorpe, 1937, del monte Makiling (Luzón, Filipinas): una «variedad negra» basada en un ejemplar que Wheeler y Chapman habían identificado mal como rugosus en 1925, y cuyo holotipo no se ha podido localizar.

No se sabe a qué subespecie pertenecen las colonias del comercio, que se venden todas como H. venator (las de Hong Kong caerían, en principio, en rugosus).

¿Y los nombres comunes? Harpegnathos une el griego hárpē, «hoz», y gnáthos, «mandíbula». En chino se la llama 猎镰猛蚁, algo así como «ponerina cazadora de hoz», y en japonés el género es クワガタハリアリ, la «ponerina ciervo volante», por unas mandíbulas que recuerdan a las de ese escarabajo. «Hormiga dientes de sable» es nuestro nombre comercial, inspirado en esas mandíbulas en forma de sable.

De la India al sur de China: una hormiga de taludes

H. venator tiene una distribución amplia: el norte de la India (Dehradun, Sikkim, Assam), Nepal, Bangladés, Birmania, Tailandia, Laos, Vietnam y el sur de China, desde Yunnan hasta Hong Kong y Macao, pasando por Guangxi, Guangdong, Fujian y Hainan. Las citas de Malasia, Singapur o Borneo son dudosas (podría tratarse de otras especies del género), y en Filipinas solo se ha citado la subespecie chapmani. De las unas 300 observaciones reunidas en GBIF, más de la mitad son de Hong Kong.

Su hábitat es muy concreto: taludes de tierra desnuda. En Hong Kong, Crosland encontró sus nidos en taludes empinados de arcilla junto a los senderos, con sombra parcial, en un bosque mixto replantado desde 1945, con algo de musgo y helechos. En Tailandia, en los taludes de desmonte junto a las carreteras. En Vietnam, donde se considera rara, en bordes de bosque y bosque claro, con un nido junto a un camino de tierra. Y en Birmania, Bingham la citó en Maymyo, a unos 900 m de altitud.

Sus colonias son pequeñas: en Hong Kong, de 8 a 72 obreras, con una media de 35; las colonias de Guangxi que se estudiaron en laboratorio tenían una reina, 15–30 obreras y 4–8 larvas. Las cifras de «200–400 obreras» que dan algunas tiendas no tienen respaldo científico. El género reúne nueve especies, desde la India hasta Filipinas y Java; en Antomas tenemos también a su pariente india, H. saltator, y a la filipina H. honestoi.

El clima de su hogar: monzón en verano, invierno según el origen

Su área es amplia, y su clima también: va del sur de China y Hong Kong al norte y el centro de Vietnam y el norte de Tailandia. Las normales oficiales de Hong Kong, Cantón, Nanning, Qinzhou, Hanói, Hue y Chiang Mai lo dibujan así:

  • Verano (mayo–septiembre). Muy parecido en toda el área: medias de 27–29 °C y máximas de 31–35 °C, con el monzón, que trae mucha lluvia y una humedad alta. En Hong Kong caen unos 2.430 mm al año, más de la mitad entre junio y agosto, con una humedad relativa del 81–83 % en pleno verano.
  • Invierno (diciembre–febrero), según el origen. En el sur de China, Hong Kong y Hanói hay de 3 a 5 meses con medias por debajo de 20 °C, y eneros de 13–16 °C de media, con noches de 10–15 °C. En Chiang Mai (norte de Tailandia) y Hue (centro de Vietnam), en cambio, no hay un invierno de verdad: la media no baja de unos 20–22 °C, y solo las noches refrescan, hasta 16–18 °C; en Chiang Mai, además, el invierno es seco.
  • Primavera y otoño. Abril y octubre, con medias de unos 23–26 °C en casi toda el área, son los meses más parecidos a los 24–26 °C que recomendamos en casa.

La duración del día cambia poco: unas 11 h en invierno y unas 13 h en verano.

Y su nido suaviza todavía más ese clima. En Hong Kong, Crosland encontró sus nidos en taludes de arcilla a la sombra parcial del bosque, y en Tailandia, en taludes de carretera; en esa tierra, que guarda la humedad del monzón, el calor del verano y el fresco del invierno llegan amortiguados (es una interpretación: no se ha medido la temperatura dentro de sus nidos). Por eso le sientan tan bien en casa un nido de yeso húmedo y unas temperaturas estables.

Tamaño y morfología

Ponerina grande y esbelta, de mandíbulas largas en hoz, ojos grandes, tórax alargado y patas largas.

  • Coloración. Según Bingham (1903), la obrera es negra, con las mandíbulas, el clípeo, las carenas de las antenas y las patas de color amarillo parduzco, las antenas castañas y el extremo del gáster rojizo. En vivo, sus largas mandíbulas destacan con un tono pardo ferruginoso sobre el cuerpo negro.
  • Escultura. Cabeza y tórax con un punteado grueso y denso, como una criba; gáster con un punteado reticulado fino, mate; pelos claros, cortos, erectos y escasos.
  • Frente a sus parientes. H. saltator tiene la cabeza, el tórax y el pecíolo rojizos y el gáster negro, liso y brillante; H. honestoi, la cabeza y la parte delantera del tórax naranjas, y la cabeza estriada. H. venator es casi entera negra, con la cabeza punteada y el gáster mate.
  • Mandíbulas. Largas, curvas y en forma de hoz, con doble fila de dientes y una concavidad en la base para llevar los huevos (ver «Mandíbulas de doble fila que inspiran pinzas robóticas»).
  • Ojos. Grandes, en las esquinas delanteras de la cabeza: es una cazadora que se guía por la vista, y su sistema visual es excepcional para una hormiga.
  • Aguijón. Funcional, con un veneno que paraliza a la presa sin matarla.
  • Reina. Nace alada, con el tórax completo de una voladora, y se quita las alas tras el apareamiento. Es muy parecida a la obrera, algo mayor, con el tórax y el gáster más robustos y los ocelos en el centro de la frente, y pesa solo 1,4 veces lo que una obrera. Se reconoce por el tórax más ancho y por las cicatrices de las alas.
  • Gamergate. Por fuera, una obrera: no tiene rasgos que la distingan.
  • Macho. Más pequeño, alado, con las mandíbulas anchas en la base y afiladas hacia la punta, sin forma de hoz; la cabeza, rectangular y más ancha que larga (en H. saltator es más larga que ancha); los ojos, más pequeños que los de la reina; el tórax y el pecíolo, pardo negruzcos, y la cabeza y el gáster, amarillo rojizos.
  • Desarrollo. Como en muchas ponerinas, las larvas comen directamente de la presa y, antes de pupar, tejen un capullo, para el que necesitan material fino; las obreras las ayudan cubriéndolas de partículas. Según los criadores, de huevo a obrera pasan unos 2,5–3,5 meses.

Medidas aproximadas

  • Obreras: 15–18 mm (Bingham da 16–18 mm)
  • Gamergates: como las obreras
  • Reina: 18–20 mm
  • Macho: unos 10 mm
  • Anchura del tórax: reina, 2,25 mm (2,20–2,35); obrera, 1,67 mm (1,45–1,90)
  • Peso seco: reina, 16,5 mg (15,5–17,0); obrera, 11,5 mg (8,0–14,5)

Las longitudes son medidas históricas (Bingham, 1903); las anchuras y los pesos, de Crosland (1995), con 10 reinas y 100 obreras de Hong Kong. No hay morfometría moderna de la especie.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 3/5 – Intermedio

Los parámetros son sencillos: unos 25 °C estables y un nido de yeso húmedo, como en el laboratorio que la ha estudiado. La dificultad real está en tres cosas: una humedad alta en todo momento, estable y sin encharcar; un suministro constante y abundante de presa viva, porque solo come proteína; y la paciencia, porque crece despacio y sus colonias son pequeñas por naturaleza. Las tiendas suelen calificarla de «avanzada», y alguna, de una de las ponerinas más difíciles de fundar; en Antomas la situamos en un nivel intermedio: con una colonia ya formada y las pautas de esta ficha, es una especie muy agradecida.

Y merece mucho la pena. Obreras grandes y negras, de mandíbulas en hoz, que te siguen con la mirada, trepan a lo alto de una rama, acechan inmóviles, agitan el gáster y se lanzan sobre la presa. Y, dentro del nido, una sociedad singular: varias reinas hermanas bajo el mismo techo, huevos tróficos reservados a la realeza y, quién sabe, alguna gamergate. Una especie pequeña en número y enorme en comportamiento.

Parámetros recomendados

  • Temperatura: 24–26 °C, estable. El laboratorio que la estudió la mantenía a 24 ± 2 °C, y los criadores suelen moverse entre 24 y 28 °C. En su área, los veranos rondan los 27–29 °C de media, y en parte de ella el invierno es fresco (ver «El clima de su hogar»); en Antomas la mantenemos a una temperatura constante todo el año, de 24–26 °C.
  • Humedad del nido: 60–80 %, alta en todo momento y estable (en laboratorio, un 70 %).
  • Zona de forrajeo: algo más seca que el nido, con luz y con agua siempre disponible (un tubo de ensayo con agua y algodón).
  • Tipo de nido: de materiales naturales que retengan y repartan la humedad, mejor de yeso. No es una especie para nidos secos ni para nidos acrílicos sin un buen sistema de hidratación.
  • Luz: basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz; en laboratorio se usó un ciclo de 14 h de luz y 10 h de oscuridad.
  • Diapausa: no hace (ver «Diapausa»).

Esta especie necesita humedad alta en todo momento, y estable, porque es sensible a los cambios bruscos: dejar que se deshidrate es un error bastante grave. Un nido que se seca mientras las larvas crecen deprisa provoca mudas fallidas y larvas muertas; uno encharcado moja los capullos, que no llegan a abrirse, y trae moho y ácaros. La pauta de los laboratorios que crían Harpegnathos: yeso húmedo, «que no parezca polvoriento al tacto», pero capaz de absorber toda el agua que se le añade, regado con agua desionizada (en casa, destilada), porque las sales reducen la absorción del yeso. Una buena ventilación ayuda a evitar los ácaros.

Hormigueros recomendados

En Antomas recomendamos la gama Qbik Wild de Anthouse, de yeso, y en especial su versión híbrida: un depósito inferior de evaporación, separado de las galerías, transmite la humedad a través de una malla (con carbón activo para que el agua no se estanque), y se completa con un tubo bebedero lateral. El formato adecuado es el Duo: el Qbik Wild Duo P 2C Híbrido, pensado para hormigas grandes.

Como alternativas, la misma gama con sistema de evaporación (el agua nunca toca las cámaras) o con el sistema normal (tubo de agua rellenable):

Completa el montaje con estos cinco detalles:

  • Zona de forrajeo amplia, con tapa ventilada a poder ser: con esta especie, una buena zona de caza importa más que el tamaño del nido. Como referencia, en laboratorio, una caja de 20 × 12 × 7 cm bastaba para una colonia de 15–30 obreras.
  • Ramas o decoración en el forrajeo: les encanta subirse a ellas, o a las paredes, para saltar sobre la presa desde arriba. Es su forma favorita de cazar y un comportamiento precioso de observar.
  • Sustrato fino en el forrajeo y en el nido (fibra de coco, serrín o tierra fina, mejor esterilizado unos días en el congelador): las larvas lo necesitan para tejer el capullo, y las obreras les ayudan cubriéndolas de partículas.
  • Agua siempre disponible: para especies de mandíbula larga como esta, en Antomas recomendamos un tubo de ensayo con agua y algodón en el forrajeo; beben del algodón sin problema.
  • Cámaras amplias, y nada de alojarlas en tubos de ensayo: con sus mandíbulas largas, les cuesta girarse en espacios estrechos. En la naturaleza viven en cámaras anchas, en forma de disco.

Colonias con una, dos o cuatro reinas

En Antomas vendemos colonias de H. venator con una, dos o cuatro reinas, según la opción que elijas. Tener varias reinas es lo natural en esta especie: en Tailandia, más de la mitad de las colonias con reina tenía varias, casi todas poniendo huevos. Las colonias de varias reinas vienen, por lo general, ya así formadas. Eso sí, no se puede garantizar que todas las reinas sean fértiles y ponedoras, y también eso es natural: en el campo, muchas colonias tienen, junto a sus reinas fecundadas, alguna reina desalada todavía virgen (ver «Las princesas no se van de casa»), y no todas las reinas fecundadas tienen por qué estar poniendo. Lo importante es que la colonia tenga reinas que pongan, y eso lo verás en la cría. Y una regla sin excepciones: no se pueden juntar reinas ni colonias. No lo intentes, ni siquiera con reinas de la misma especie compradas por separado.

No te extrañe ver a alguna reina fuera de la cámara o incluso cazando: en laboratorio se ha visto que las reinas jóvenes, una vez desaladas, a veces trabajan como obreras. Para reconocerlas, fíjate en el tórax, más ancho, y en las cicatrices de las alas.

Gamergates en casa. Pueden aparecer, aunque menos que en H. saltator: en la naturaleza hay obreras fecundadas en muchas colonias con reina, pero casi nunca ponen mientras hay reinas que lo hacen. Si algún día aparece una, estarás viendo algo que en esta especie se considera raro.

Si la colonia se queda sin reinas, no te precipites: espera a ver si alguna obrera fecundada toma el relevo, o si nacen machos que fecunden a alguna obrera. En laboratorio, al retirar a la reina, las hembras que ponían huevos tróficos pasan enseguida a poner huevos reproductivos. Solo si no hay obreras fecundadas ni nacen machos, las nuevas ponedoras darían únicamente machos, porque de los huevos sin fecundar siempre nacen machos (es una deducción). Y si tienes dudas, consúltanos: te ayudamos encantados.

Llegada. Instala la colonia en un lugar tranquilo y a temperatura estable, con su zona oscura en el nido, y ofrécele agua enseguida: tras el viaje suelen llegar con sed. Los primeros días son los más delicados: pueden estar asustadizas y agrupadas, pero con su buena vista se adaptan pronto. Retira las obreras que hayan muerto durante el viaje. Para pasarla a su hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado: volcamos la colonia en el hormiguero nuevo.

Paciencia. De huevo a obrera pasan unos 2,5–3,5 meses, y en la naturaleza sus colonias rondan las 35 obreras de media. Con comida abundante pueden crecer más, pero no esperes un hormiguero de cientos de obreras en poco tiempo: su encanto está en la calidad, no en la cantidad.

Alimentación

Esta especie solo come proteína: nada de azúcar ni néctar. La mayoría de los criadores coinciden en que no acepta agua azucarada ni miel.

En Antomas recomendamos alimentarla 3–4 veces por semana como mínimo, sobre todo con presa viva: grillos, cucarachas y moscas de un tamaño que puedan dominar, mejor ninfas pequeñas o medianas y activas, de unos 0,5–1,2 cm. Nuestra favorita es la cucaracha runner (Shelfordella lateralis), con menos riesgo de ácaros, a los que esta especie es sensible; es, además, una de las presas con las que más contactos tuvieron las obreras en el estudio de su caza. Los criadores también usan arañas saltarinas, termitas aladas, polillas o larvas de mosca. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo.

¿Por qué viva? Su veneno paraliza sin matar, y la presa se conserva «fresca» más tiempo. Además, las presas muertas casi no despiertan su interés: en el campo, ni siquiera atacaron cucarachas recién matadas. Dar solo presas muertas suele ser ineficaz e incluso perjudicial para la colonia, y además te perderías lo mejor: la caza.

Comen mucho. Con hambre, la colonia se come su propia cría: es una de las causas de fracaso más habituales. Como referencia, en su pariente H. saltator, un criador contaba que 40 obreras se comían más de 20 grillos a la semana y que con menos no criaban. Ajusta la cantidad a la cría: cuantas más larvas, más presa.

Cuanto más comen, mejor y más rápido crecen. Es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque las hormigas entienden que tienen más recursos y crecen más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros.

Deja la presa al alcance de las larvas. Como en muchas ponerinas, las obreras no alimentan a las larvas boca a boca: las larvas comen directamente de la presa, y son tan móviles que la despedazan ellas mismas. Una larva bien alimentada es redondeada y de un blanco grisáceo brillante; una desnutrida, pequeña, arrugada y amarillenta.

Ojo con los grillos tratados con insecticidas o acaricidas: pueden matar la colonia. Compra a un proveedor de confianza; un truco de criador: si en la caja de grillos hay arañas vivas, probablemente no están tratados. Retira los restos en cada toma, antes de que críen moho y ácaros, y que nunca les falte agua en el tubo con algodón.

Diapausa

No hace diapausa. Los criadores coinciden en que no la necesita, y no conocemos ningún estudio que indique lo contrario. Su área es amplia: en una parte, el invierno es fresco (en el sur de China, Hong Kong y el norte de Vietnam, los eneros rondan los 13–16 °C de media), y en otra, como el norte de Tailandia o el centro de Vietnam, apenas hay invierno; los veranos, en cambio, rondan los 27–29 °C de media en toda ella. En Antomas la mantenemos activa y a una temperatura constante todo el año, de 24–26 °C, sin ninguna bajada invernal. Evita, eso sí, los cambios bruscos de temperatura.

Comportamiento en cautividad

Es una hormiga muy visual: un criador cuenta que sus obreras le seguían con la mirada por la habitación. Y su forma de cazar es un espectáculo: en la experiencia de Antomas, suelen subirse a las paredes de la zona de forrajeo o a una rama y saltar sobre la presa desde arriba, después de quedarse quietas y agitar el gáster. Son muy buenas trepadoras: por eso conviene ponerles ramas o decoración en el forrajeo.

Su temperamento es tranquilo: tímida y de ritmo pausado, como la describió Crosland, algo asustadiza al principio con el criador y, en la experiencia de Antomas, con colonias pequeñas y poco jerarquizadas. Las colonias con varias reinas conviven con normalidad: es su forma natural de vivir.

Cómo observarlas sin molestarlas. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Con especies de tan buena vista es todavía más fácil, porque se adaptan a tu presencia. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible.

Señales de alarma: si desaparece la cría, casi siempre falta comida; si las larvas se ven pequeñas, arrugadas y amarillentas, también; y si la colonia se amontona en un rincón y deja de criar, revisa la temperatura y la humedad.

Fugas y barreras

En la experiencia de Antomas, son muy buenas trepadoras, pero no son escapistas. Trepan por casi todo, también por el cristal, pero no buscan salidas, y les cuesta saltar hacia arriba.

Por eso, en Antomas recomendamos una tapa ventilada, a poder ser, y no hace falta más barrera. Revisa, eso sí, tapones, uniones y conexiones: cualquier holgura es una salida para una hormiga tan buena trepadora.

Manejo y seguridad

Tiene un aguijón funcional, y puede picar a las personas. En la práctica, tranquilidad: en la experiencia de Antomas, una Harpegnathos nunca nos ha hecho daño; en algunas personas, la picadura ha enrojecido e hinchado un poco la zona, y nada más. Aun así, en Antomas recomendamos manipularla siempre con herramientas entomológicas (pinzas blandas o pincel), nunca con las manos, y tener precaución si eres alérgico a las picaduras de himenópteros. Trabaja despacio, sobre todo al limpiar o al hacer el volcado, para no perder ni dañar a ninguna reina. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.

Qué no hacer

  • Ofrecerle azúcar, néctar o miel: solo come proteína.
  • Alimentarla solo con presa muerta: muchas veces ni la reconoce como comida.
  • Quedarse corto con la comida: el hambre acaba en canibalismo de la cría.
  • Darle siempre el mismo insecto, o grillos que puedan estar tratados con insecticidas o acaricidas.
  • Dejar restos de presa en el nido o en la zona de forrajeo.
  • Dejar que se deshidrate: necesita humedad alta en todo momento y agua siempre disponible.
  • Encharcar el yeso o mojar los capullos, o cambiar la temperatura o la humedad de golpe.
  • Montarla sin sustrato fino: las larvas lo necesitan para el capullo.
  • Alojarla en tubos de ensayo: con sus mandíbulas largas, les cuesta girarse.
  • Dejar la zona de forrajeo vacía, sin ramas ni decoración desde las que lanzarse a cazar.
  • Manipularla con las manos.
  • Juntar reinas o colonias: no se puede.
  • Hacerle diapausa.
  • Tenerla escondida: está para observarla y disfrutarla; hazlo con delicadeza, interviniendo lo menos posible.

Fuentes científicas

Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Harpegnathos venator y su género y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

  1. Peeters, C. & Crewe, R. M. (1984). Insemination controls the reproductive division of labour in a ponerine ant. Naturwissenschaften 71: 50–51. doi:10.1007/BF00365989
  2. Peeters, C. & Crozier, R. H. (1988). Caste and reproduction in ants: not all mated egg-layers are «queens». Psyche 95: 283–288. doi:10.1155/1988/52368
  3. Peeters, C. (1991). Ergatoid queens and intercastes in ants: two distinct adult forms which look morphologically intermediate between workers and winged queens. Insectes Sociaux 38: 1–15. doi:10.1007/BF01242708
  4. Baroni Urbani, C. et al. (1994). A novel mechanism for jumping in the Indian ant Harpegnathos saltator (Jerdon) (Formicidae, Ponerinae). Experientia 50: 63–71. doi:10.1007/BF01992052
  5. Peeters, C., Hölldobler, B., Moffett, M. & Musthak Ali, T. M. (1994). «Wall-papering» and elaborate nest architecture in the ponerine ant Harpegnathos saltator. Insectes Sociaux 41: 211–218. doi:10.1007/BF01240479
  6. Crosland, M. W. J. (1995). Nest and colony structure in the primitive ant, Harpegnathos venator (Smith). The Pan-Pacific Entomologist 71: 18–23. Texto completo en archive.org
  7. Peeters, C. & Hölldobler, B. (1995). Reproductive cooperation between queens and their mated workers: the complex life history of an ant with a valuable nest. PNAS 92: 10977–10979. doi:10.1073/pnas.92.24.10977
  8. Schmidt, C. A. & Shattuck, S. O. (2014). The higher classification of the ant subfamily Ponerinae (Hymenoptera: Formicidae), with a review of ponerine ecology and behavior. Zootaxa 3817: 1–242. doi:10.11646/zootaxa.3817.1.1
  9. Eguchi, K., Bui, T. V. & Yamane, S. (2014). Generic synopsis of the Formicidae of Vietnam (Insecta: Hymenoptera), Part II. Zootaxa 3860: 1–46. doi:10.11646/zootaxa.3860.1.1
  10. General, D. E. M. (2016). A review of the ant genus Harpegnathos Jerdon, 1851 (Hymenoptera: Formicidae) in the Philippines, with the description of two new species. Halteres 7: 99–105. doi:10.5281/zenodo.54873
  11. Zhang, W. et al. (2020). Multifunctional mandibles of ants: variation in gripping behavior facilitated by specific microstructures and kinematics. Journal of Insect Physiology 120: 103993. doi:10.1016/j.jinsphys.2019.103993
  12. Zhang, W. et al. (2021). Double-rowed teeth: design specialization of the H. venator ants for enhanced tribological stability. Bioinspiration & Biomimetics 16: 055003. doi:10.1088/1748-3190/ac124a
  13. Nie, L. et al. (2021). Prey status affects paralysis investment in the ponerine ant Harpegnathos venator. Insects 13: 26. doi:10.3390/insects13010026
  14. Aupanun, S., Jaitrong, W., Suttiprapan, P., Peeters, C. & Ito, F. (2022). Nest architecture, worker reproduction, and polygyny in the ponerine ant Harpegnathos venator. Insectes Sociaux 69: 185–195. doi:10.1007/s00040-022-00857-5
  15. Aupanun, S. et al. (2022). Trophic eggs in three ponerine ant species: Harpegnathos venator, Odontomachus simillimus and Odontoponera denticulata. Asian Myrmecology 15: e015001. doi:10.20362/am.015001
Dificultad
Intermedio
4 Reseñas

Quería agradecer a Tomás por el trato. El paquete venía súper bien protegido y embalado. Se nota que es un profesional y lo hace con cuidado todo respecto a los envíos. La colonia ha llegado completamente sana y perfecta: la reina, las obreras y los huevos están genial. La comunicación con él ha sido excelente y me ha ayudado en todo lo necesario. Sin duda, si necesito comprar algo más, lo compraré aquí. ¡Un 10 de 10!
Por Gonzalo en 14/10/2026

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Por Danny en 28/09/2026

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Por Anoniem en 19/09/2026

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Por Judit en 18/09/2026

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