Comprar Formica perpilosa – Colonia de hormigas | Antomas
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Formica perpilosa

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Una Formica del desierto que, en vez de huir del agua, la busca. Formica perpilosa recorre los desiertos del oeste de Norteamérica de planta en planta, resiste hasta 45 °C y levanta sus ciudades junto a arroyos y regadíos, envuelta en un halo de pelos blancos sobre su armadura naranja y negra. Sus obreras grandes nunca salen: son las despenseras que reparten la comida de la colonia. Una mariposa entra en su nido para transformarse a salvo, y las acacias que la acogen dan casi el doble de semillas. Rápida, aguerrida y de crecimiento veloz para su género: un espectáculo de reclutamiento en cada gota de néctar. Reinas fundadoras con prole. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 3/5 – Avanzado

Formica norteamericana de los desiertos del oeste que, en vez de huir del agua, la busca: anida en riberas, vegas y tierras de regadío. Rápida, muy activa y de crecimiento notable para su género. Reinas fundadoras con prole, de fundación claustral. Nido de yeso Qbik Wild con humedad localizada y forrajeo seco, 24–28 °C con gradiente, azúcar abundante y mucha proteína. Diapausa de unos 3 meses (diciembre–febrero) a 7–11 °C. Trepan bien: barrera de aceite mineral bien mantenida.

Formica perpilosa Wheeler, 1913 es una Formica del oeste de Norteamérica con una costumbre rara en su género: vive en el desierto, pero junto al agua. Anida en las orillas de los arroyos, en las vegas y en las tierras de regadío, desde las mesetas de Utah y Colorado hasta el norte de México, casi siempre al pie de un arbusto o de un árbol. Es bicolor, de cabeza y tórax anaranjados y gáster negro, y está cubierta de largos pelos de color blanco plateado que le dan nombre: perpilosa, «la muy peluda».

También es una de las Formica mejor estudiadas de los desiertos norteamericanos. Se han medido sus límites de temperatura, se ha anotado cada gesto de sus obreras y se ha descubierto que una mariposa entra en su nido para hacer la crisálida, que las acacias con un hormiguero en la base dan casi el doble de semillas y que, en algunos viñedos, se ha convertido en plaga. En esta ficha separamos lo documentado por la ciencia, lo que hacen los criadores y lo que recomendamos en Antomas.

Biología

«La muy peluda»: nombre e historia

Perpilosa une el prefijo latino per-, que intensifica, y pilosa, «peluda»: «muy peluda». El mirmecólogo estadounidense William Morton Wheeler, que la describió, señaló pelos largos, erectos y de color blanco plateado en la cabeza, el tórax, el pecíolo, el gáster y las coxas delanteras. Con lupa y buena luz, una obrera parece envuelta en un halo blanco sobre el naranja y el negro.

Wheeler la dio a conocer en 1902 como una simple variedad de otra Formica, en una revista científica mexicana, y en su gran revisión del género, de 1913, la trató ya como especie propia: de ahí la fórmula Formica perpilosa Wheeler, 1913. Por entonces era la única Formica que conocía de México, y solo de la altiplanicie. Y su localidad tipo, el lugar del que procede el material de la descripción, no está en un desierto cálido, sino en Colorado.

Parece esclavista, pero funda sola

Por la escotadura del clípeo de la reina (la placa que cubre la parte delantera de la cabeza), se la colocó durante años en el grupo de F. sanguinea, el de las Formica esclavistas. Hoy se incluye en el grupo neogagates, aunque no parece muy emparentada con sus demás especies. Wheeler no encontró ningún indicio de parasitismo social ni de robo de cría, y en los viñedos de California se comprobó que las colonias nuevas las funda una sola reina, sin ayuda de otra especie. En eso se parece a las Formica europeas de nuestra tienda, Formica rufibarbis y Formica gerardi, y no a las del grupo de F. rufa, cuyas reinas necesitan colarse en un nido ajeno para empezar.

Una Formica del desierto que vive junto al agua

Ocupa una franja enorme del oeste de Norteamérica: desde Idaho y Wyoming hasta Texas y California, con la mayoría de los registros en Arizona, Utah y Nuevo México, y en México llega a Chihuahua, Coahuila, Sonora y Baja California. Vive tanto en los valles bajos y calurosos del desierto de Sonora como en el desierto de Chihuahua y en las mesetas frías del interior.

Lo sorprendente es cómo vive. Wheeler ya escribió que habita sobre todo las tierras de regadío y las vegas de los desiertos del suroeste, que forma colonias bastante populosas alrededor de las raíces de arbustos y árboles y que nunca la encontró bajo piedras. Las entradas son pequeños cráteres o montículos bajos al pie de la planta. En el sureste de Arizona se asocia estrechamente a Acacia constricta (hoy también llamada Vachellia constricta), una acacia con nectarios extraflorales, unas glándulas que dan néctar fuera de la flor; en el desierto de Chihuahua, a los bosquetes de mezquite y a la arena suelta. Siempre busca el rincón más húmedo del paisaje: la sombra, la orilla de una rambla e incluso el talud de una carretera.

Para la cría, esta es la idea clave: clima desértico, pero nido con humedad (ver «Humedad localizada: un oasis en el nido»).

45 °C arriba y 5 °C abajo: comer en las ramas

Un estudio de 1974 en el desierto de Chihuahua la comparó con una vecina, la hormiga cultivadora de hongos Trachymyrmex smithi neomexicanus. Esta dejaba de salir con el aire muy seco o con el suelo a más de 50 °C; F. perpilosa, en cambio, forrajeaba casi sin importarle ni lo uno ni lo otro. Su truco está en las plantas: busca comida en el suelo y sobre los arbustos, donde lame néctar y melaza, caza pequeños insectos y recoge los que encuentra muertos, a la sombra de las ramas. Su resistencia a la desecación no es excepcional; su ventaja es tolerar la pérdida de agua y reponerla con los líquidos azucarados que recoge.

El mismo estudio midió sus temperaturas críticas, aquellas en las que pierde la coordinación: 45,2 °C de máxima y 5,2 °C de mínima, frente a 36,7 °C y 9,7 °C en Trachymyrmex. Los 45,2 °C son un límite de laboratorio, no una temperatura de cría. Los 5,2 °C, en cambio, orientan la diapausa: a 7–11 °C la colonia queda cerca de su límite de actividad, sin bajar de él (ver «Diapausa: tres meses de frío suave»).

Obreras grandes repartidoras: un 6,6 % que nunca sale

En mayo de 1975, el mirmecólogo Bert Hölldobler recogió reinas fundadoras en el sureste de Arizona. Una de ellas dio lugar a una colonia de laboratorio de unas 450 obreras, que el mirmecólogo brasileño C. R. F. Brandão observó durante 18 horas, repartidas en cuatro semanas, anotando uno a uno 2.809 actos. Dividió a las obreras en tres grupos según la anchura de la cabeza, y las grandes, solo 30, un 6,6 % de la colonia, resultaron muy especiales:

  • Casi la mitad de sus actos, un 48,6 %, consistía en regurgitar comida a sus compañeras.
  • Nunca se las vio forrajear, excavar ni transportar nada.
  • No defendían el nido ni siquiera cuando se coló una Novomessor cockerelli, una gran hormiga del desierto, y el resto de la colonia salió a atacarla.
  • Su repertorio era mínimo: unas 11 conductas, frente a 29 en las menores y 36 en las medianas.

Brandão propuso que forman una subcasta trófica y que podrían representar un primer paso evolutivo hacia las repletas de las hormigas mieleras, como las Myrmecocystus mexicanus de nuestra tienda. Pero no son repletas: no cuelgan del techo ni se hinchan como uvas. Son las despenseras de la colonia.

El resto del reparto es igual de claro. Las menores hacen casi todo el trabajo de forrajear, excavar y transportar, un 35,5 % de sus actos. Las medianas, las más numerosas, son las niñeras: el cuidado de la prole supone un 24,8 % de su actividad, casi el doble que en los otros dos grupos. Y todo ello en una casta obrera apenas polimórfica: pocas diferencias de cuerpo y muchas de oficio.

De 35 a 262 en una hora: el poder del rastro

Brandão dejó a la colonia una semana sin comer y le puso miel al final de un puente de palitos. Durante una hora retiró a cada obrera que llegaba a la miel, para que ninguna pudiera volver a avisar: llegaron 35. En otra hora, dejando volver a las descubridoras, llegaron 262. Las que regresaban frotaban la punta del gáster contra el puente, probablemente dejando un rastro químico. En los viñedos de California, la mayor parte del forrajeo y del reclutamiento se concentraba a menos de 6,39 m del nido. En casa lo verás enseguida: una gota de néctar en el forrajeo y, en poco tiempo, una fila de obreras.

La mariposa que hace la crisálida dentro del hormiguero

Su relación más asombrosa es con una pequeña mariposa azul de la familia de los licénidos, Hemiargus isola (hoy Echinargus isola), cuyas orugas atraen a las hormigas con secreciones y señales y reciben a cambio su protección. En el sureste de Arizona, la ecóloga Diane Wagner descubrió que las orugas atendidas por F. perpilosa bajaban de la acacia y entraban en las galerías de la hormiga para hacer la crisálida. Las demás lo hacían en grietas del suelo, bajo la corteza o entre las hojas. Y les compensaba:

  • Dedicaban un 67 % menos de tiempo a buscar refugio.
  • Las crisálidas en cámaras conectadas a un nido desaparecían por la noche entre 4 y 5 veces menos que las de cámaras sin conexión.
  • No perdían más peso que las demás: atraer a las hormigas les sale «barato».

El final tiene su suspense: en el campo, las mariposas recién nacidas salían del nido sin un rasguño, pero en el laboratorio, encerradas unos minutos con las hormigas, eran atacadas. La hospitalidad de la colonia tiene un límite.

Acacias con el doble de semillas

A la acacia también le compensa. Wagner comparó ejemplares de A. constricta con un nido de F. perpilosa en la base con otros sin nido: los primeros produjeron, de media, 1,9 veces más semillas, casi el doble, y el suelo de los hormigueros era más rico en nutrientes. Años después, con E. F. Nicklen, estudió las acacias asociadas a hormigas: las especies que visitan su néctar anidaban más cerca de las plantas de lo esperable por azar, aparecían más nidos nuevos al añadir néctar y las acacias absorbían nitrógeno de los hormigueros. Ese trabajo no se centra en F. perpilosa, pero dibuja un trato redondo: néctar a cambio de abono.

La cochinilla de la vid que la convirtió en plaga

En los viñedos, la historia cambia: en las últimas décadas se ha vuelto una plaga costosa de la uva de mesa en el valle de Coachella, en California, y en Sonora, en México. El matiz es importante: es una hormiga autóctona, que no daña la vid por sí misma. El problema es su socia.

Como tantas hormigas, atiende a insectos que chupan savia a cambio de su melaza: en la naturaleza, a membrácidos del género Pubilia y a otros hemípteros; en los viñedos, a la cochinilla algodonosa de la vid, Planococcus ficus, exótica en California, de origen mediterráneo y también plaga en los viñedos españoles. Su melaza mancha los racimos y, en grandes infestaciones, debilita la cepa. La hormiga anida en la base de las cepas y defiende a las cochinillas de sus depredadores y parasitoides, por encima y por debajo del suelo. Donde se eliminó la hormiga con cebos, las cochinillas del tronco y de las raíces no sobrevivían.

Y avanza deprisa: colonizó un viñedo libre de ella e infestó un 9 % de las cepas en año y medio, y en septiembre ocupaba del 16 al 22 % de las cepas en viñedos de 5, 20 y 30 años. Un viñedo regado en pleno desierto es justo el hábitat que describió Wheeler, las «tierras de regadío». La plaga nace de una combinación muy concreta: una hormiga nativa, una cochinilla introducida y un monocultivo de regadío.

Contra el picudo del algodón

Su historia agrícola no siempre fue mala. Wheeler contaba en 1913 que el naturalista mexicano Herrera, con toda probabilidad el biólogo Alfonso L. Herrera, había mostrado su valor como destructora del picudo del algodón, Anthonomus grandis, un gorgojo que llegó a ser una de las peores plagas de la agricultura americana. A comienzos del siglo XX se la estudiaba como aliada de los agricultores; un siglo después, como plaga de los viñedos.

Una reina, varios nidos y vuelos de verano

Las colonias tienen una sola reina, pero no siempre un solo nido: en los viñedos se comprobó que es estacionalmente polidoma, con nidos satélite durante la época de actividad. No es poliginia: hay una sola madre y varias casas de temporada. Son colonias populosas: en el desierto de Chihuahua se estimaron entre 2.000 y 3.500 obreras forrajeras por colonia, sin contar a las que se quedan dentro.

En el valle de Coachella vuela a comienzos de agosto y en la primera quincena de septiembre; en Arizona se han recogido reinas fundadoras en mayo, y en el conjunto de su área los registros se disparan de junio a agosto y casi desaparecen en diciembre y enero. Tras el vuelo, la reina se desprende de las alas y funda sola, de forma claustral: no sale a comer y cría a sus primeras obreras con sus propias reservas. En un diario de cría publicado en un foro norteamericano, la reina no probó la miel hasta el día en que nacieron sus dos primeras obreras.

Ácido fórmico: arma, desinfectante y aliño

Como todas las formicinas, no tiene aguijón: su arma es el ácido fórmico, que expulsa por el acidoporo, una pequeña boquilla en la punta del gáster. Wheeler ya la describía como una hormiga «muy activa y agresiva». En 2020 se demostró, en Camponotus floridanus y otras formicinas, que además se tragan su propio veneno al asearse: así mantienen ácido el buche, el «estómago social» donde guardan la comida que reparten, y filtran los microbios. En una especie con despenseras tiene todo el sentido. Y un detalle práctico: los criadores cuentan que rocía ácido sobre la proteína, incluso sobre presas muertas, y que eso ensucia el montaje. Una capa fina de arena en el forrajeo lo absorbe.

Tamaño y morfología

Es una Formica de tamaño mediano, bicolor, brillante y muy peluda, con obreras de tallas algo distintas dentro de la colonia y sin aguijón.

  • Coloración según Wheeler. Rojo amarillento, con el gáster negro. Las obreras pequeñas tienen la parte trasera de la cabeza y el dorso del tórax más oscuros, de pardo rojizo a pardo. Varía entre poblaciones.
  • Coloración de nuestras colonias. La reina tiene la cabeza y el mesosoma (el tórax) de color ámbar anaranjado y el gáster negro brillante. Las obreras son anaranjadas, con la cabeza algo más oscura y el gáster negro.
  • Pilosidad. Pelos largos, erectos y de color blanco plateado en la cabeza, el tórax, el pecíolo, el gáster y las coxas delanteras: su rasgo más característico.
  • Cabeza y superficie. Cuerpo y patas brillantes. Clípeo con una quilla, antenas robustas y ojos pequeños.
  • Clípeo. En la obrera, de borde casi siempre redondeado; en la reina, con una escotadura ancha y poco profunda.
  • Pecíolo. Estrecho y en forma de cuña.
  • Reina. Como la obrera, con manchas oscuras en la cabeza y el tórax. Alas incoloras, con venas pardas.
  • Macho. Negro y mate, con pilosidad gris, patas amarillas y alas ahumadas.

El color no basta para identificarla: en su región hay otras Formica bicolores parecidas, y en los foros se confunden a menudo. La delatan la pilosidad blanca abundante y la muesca del clípeo, más visible en las reinas. Como en todas las Formica, las larvas hilan un capullo antes de pupar, y las obreras recién nacidas salen pálidas y se oscurecen poco a poco.

Medidas aproximadas

  • Obreras: 3–5,5 mm
  • Reina: 7,5–9 mm
  • Macho: 7–8 mm
  • Anchura de la cabeza de las obreras: menores, hasta 1,0 mm; medianas, 1,0–1,4 mm; grandes, más de 1,4 mm

Las longitudes son las de la descripción de Wheeler (1913). Los grupos por anchura de la cabeza son los que usó Brandão (1978), que los definió como arbitrarios: sirven para comparar comportamientos, no son tres castas separadas.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 3/5 – Avanzado

Algunos criadores norteamericanos la consideran apta para empezar, y se entiende: come de todo, recluta deprisa y crece rápido para ser una Formica. En Antomas la situamos en un 3/5 por cuatro motivos:

  • La humedad, en su punto: ni nido seco ni encharcado, sino humedad localizada (ver «Humedad localizada: un oasis en el nido»).
  • Calor y gradiente: a temperatura ambiente apenas se desarrolla.
  • Obreras rápidas, trepadoras y con ácido: asustadizas al principio y agresivas cuando la colonia crece (ver «Fugas y barreras»).
  • Una diapausa fría de verdad: unos 3 meses a 7–11 °C.

Y merece mucho la pena. Es una Formica muy poco vista en Europa, preciosa por su contraste de naranja y negro y por su halo de pelos blancos, con un reclutamiento espectacular y unas despenseras que se observan en el propio nido. Bien alimentada, puede pasar en su primer año de un puñado de obreras a varios cientos.

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 24–28 °C en la temporada activa, con gradiente: un extremo a 29–30 °C y otro más fresco, a 22–24 °C. Es el rango en el que coinciden los criadores; sin calor, apenas crece.
  • Calor: cable o manta térmica con termostato, en un lateral o bajo una parte del nido, nunca bajo el depósito de agua.
  • Humedad: localizada: una zona del nido húmeda y estable, y el resto más seco y ventilado. El forrajeo, seco.
  • Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche.
  • Diapausa: unos 3 meses, de diciembre a febrero, a 7–11 °C (ver «Diapausa: tres meses de frío suave»).

Humedad localizada: un oasis en el nido

En la naturaleza elige los puntos húmedos de un paisaje seco: la orilla de un arroyo, un campo regado, las raíces de una acacia. En el hormiguero hay que darle lo mismo: un rincón húmedo y estable, al que la colonia pueda llevar la cría, y cámaras más secas y ventiladas en el resto.

  • Ni seco ni encharcado: si el nido se seca del todo, la cría sufre; si se moja entero, llegan la condensación, el moho y los ácaros.
  • Deja que elija: el sitio donde coloca la cría es la mejor guía para ajustar la humedad y el calor.
  • Una pizca de arena fina y limpia en un rincón ayuda a las larvas a hilar el capullo. No hace falta llenar el nido de sustrato.

Hormigueros recomendados

En Antomas recomendamos la gama Qbik Wild de Anthouse: nidos de yeso, que guardan bien la humedad, y modulares, que crecen con la colonia acoplando módulos.

1. Para empezar: Qbik Wild One P 1C. Un módulo pequeño de yeso, de unos 6,8 × 6,8 cm y 5 cm de alto, con un punto de humedad central que se recarga con agua. Es el tamaño justo para la reina y sus primeras decenas de obreras: la colonia lo ocupa entero y lo defiende bien.

2. Para crecer: Qbik Wild Duo P 2C Híbrido. De doble tamaño, combina un depósito inferior que da humedad por evaporación, sin que el agua toque las cámaras, con un tubo bebedero lateral. Es la forma más cómoda de mantener la humedad localizada y estable que pide la especie. Si das calor, que sea por un lateral y nunca bajo el depósito.

Amplía cuando la cría y las obreras empiecen a acumularse en el forrajeo; hasta entonces, mejor un nido justo, porque las cámaras que no usan acaban llenas de restos. La polidomia de los viñedos no obliga a montar varios nidos: basta con ir añadiendo módulos. Completa el montaje con una zona de forrajeo seca y amplia (una capa fina de arena, alguna piedra plana y una rama, lejos de la barrera), la barrera de aceite mineral y la tapa ajustada, el tubo de agua y un bebedero para los líquidos azucarados, nunca en algodón.

Fundación: reina con prole, paso a paso

En Antomas vendemos reinas fundadoras con prole: reinas que ya han empezado su colonia en un tubo de ensayo, con su cría y, según la opción, con su primera obrera.

  • Tubo, oscuridad y calor suave. Mantén el tubo como llega, con su depósito de agua tras el algodón, en un lugar oscuro y tranquilo, a 25–27 °C. Si das calor, que sea bajo la mitad seca del tubo y nunca junto al depósito: provoca condensación y puede inundarlo.
  • Agua. Comprueba que el algodón sigue húmedo y que queda agua. Si se acaba o el tubo se ensucia mucho, pásala a uno nuevo por volcado.
  • Pocas molestias. Una reina de Formica estresada o falta de proteína puede comerse parte de la cría.
  • Comida desde el principio. Con la primera obrera ya en el tubo, ofrece un trocito de insecto dos o tres veces por semana y una gotita de líquido azucarado sobre un trocito de papel de aluminio, nunca en el algodón, que se enmohece y estropea el depósito. Retira los restos al día siguiente. Las larvas crecen en pocos días: con la proteína, mejor pasarse que quedarse corto.
  • Paciencia, la justa. Con calor y buena comida, los criadores cuentan unas 4–7 semanas de huevo a obrera. Las primeras obreras son pequeñas, y las siguientes van ganando talla.

¿Cuándo pasarla al nido? No hace falta esperar mucho: con unas pocas obreras ya puede ir al Qbik Wild One P 1C, que es pequeño y está adaptado a su tamaño. Y antes, si el tubo se le queda pequeño, se ensucia o se queda sin agua.

Llegada y mudanza

Al recibir tu reina, déjala reposar en un lugar tranquilo y oscuro, a 24–27 °C, y comprueba que el tubo tiene agua. Para mudarla, en Antomas lo hacemos por volcado: se abre el tubo dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y se vuelca con suavidad a la reina, las obreras y la cría, ayudando a las rezagadas con un pincel suave. Ten antes el nido listo, con su humedad y la barrera de aceite puesta; trabaja sobre una bandeja, porque son muy rápidas, y deja la zona de cría a oscuras para que la ocupen enseguida. Con una colonia grande, el método es el mismo, pero con la barrera recién renovada: con cientos de obreras nerviosas, es el momento con más riesgo de fugas.

Alimentación

Azúcar abundante. En la naturaleza vive en buena parte de néctar y de la melaza de los hemípteros que atiende, y mantiene obreras dedicadas casi solo a repartir líquidos. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero y nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido enseguida: mejor un bebedero tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible. Evita la miel pura, demasiado espesa; si usas miel, dilúyela.

Proteína: cuanta más, mejor. Si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, en Antomas recomendamos sobrealimentar: la colonia entiende que tiene recursos de sobra y cría más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no pasarse, porque lo que sobra se pudre y trae moho y ácaros. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo:

  • Thermobia domestica, una presa pequeña, perfecta para la reina con sus primeras obreras y para las colonias jóvenes.
  • Drosophila y moscas pequeñas, que los criadores citan entre sus favoritas.
  • Cucarachas Blaptica dubia, pequeñas o troceadas, otra de sus preferidas.
  • Grillos y gusanos de la harina, troceados para las colonias pequeñas.

A las colonias jóvenes, mejor troceados o recién sacrificados; las grandes cazan bien presas vivas pequeñas. Compra los insectos a un proveedor fiable, nunca silvestres, y no le pongas cochinillas ni plantas infestadas para imitar su dieta natural. Retira los restos en unas 16–24 horas: como rocían ácido sobre la proteína, se estropean antes. Como referencia, la colonia de Brandão crecía con una dieta artificial, agua con miel tres veces por semana y una ración semanal de cucarachas. Es una pauta mínima; con proteína más a menudo, crecerá más deprisa. Y el agua, siempre, en el tubo con algodón del forrajeo, aunque el nido tenga su propia humedad.

Crecimiento: qué esperar

Para ser una Formica, crece rápido, aunque los ritmos que cuentan los criadores varían. Una tienda norteamericana habla de más de 300 obreras en menos de 6 meses y de más de 1.000 al segundo año. Un diario de cría de un foro, con calefacción por cable, es más modesto: 13 obreras unas cinco semanas después de nacer las primeras, 23 a los dos meses y medio y unas 150–200 al cabo de un año. La colonia de Brandão tenía unas 450 obreras cuando se estudió. La diferencia la marcan el calor y, sobre todo, la proteína: los primeros meses son lentos, y a partir de unas decenas de obreras el forrajeo se multiplica y el crecimiento se acelera.

Diapausa: tres meses de frío suave

En la naturaleza hay un parón invernal claro. Incluso en los valles cálidos de California, los nidos solo estaban activos desde comienzos de febrero hasta mediados de octubre, y en el conjunto de su área los registros casi desaparecen en diciembre y enero. Su clima va desde valles desérticos sin verdadero invierno, con eneros de unos 15 °C de media, hasta el piedemonte y la altiplanicie, con eneros de unos 5 °C y heladas nocturnas, y las mesetas de Utah, Colorado, Wyoming e Idaho, de inviernos fríos.

En Antomas recomendamos una diapausa de unos 3 meses, de diciembre a febrero, a 7–11 °C. Es lo que hacen los criadores que la mantienen: unos la enfrían a 7–11 °C durante 6–10 semanas y otros a unos 9 °C durante unos 3 meses. Las cifras de 14–17 °C que circulan solo encajarían con las poblaciones de los valles más cálidos.

  • Prepárala en otoño: aliméntala bien y, cuando bajen la puesta y el forrajeo, reduce el calor poco a poco durante una o dos semanas.
  • Entre 7 y 11 °C: sirven una habitación fresca o una vinoteca. No la tengas mucho tiempo por debajo de 7 °C: su mínima crítica es de 5,2 °C.
  • Agua y algo de azúcar: su metabolismo baja, pero no se detiene. Proteína, poca o ninguna.
  • Movimiento normal: un criador que la tenía a unos 9 °C notó que sus obreras seguían bastante activas. No es motivo de alarma.
  • Despertar gradual: en marzo, sube la temperatura poco a poco y vuelve a la proteína en cuanto haya actividad y cría.

Comportamiento en cautividad

Asustadizas al principio, agresivas al crecer. Las colonias jóvenes corren a esconder la cría cuando se abre el nido; las grandes salen en masa a defenderlo con mordiscos y ácido. Con el tiempo, todas se acostumbran a tu presencia.

Un reparto de tareas que se ve. Las pequeñas forrajean y las grandes se quedan dentro repartiendo comida: con una lupa verás a una despensera alimentando boca a boca a varias compañeras. Y cuando una exploradora descubre comida, la fila de reclutas no tarda en llegar.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible.

Señales de alarma:

  • Cría que se estanca fuera de la diapausa: casi siempre falta proteína o calor.
  • Toda la cría amontonada junto al agua y el resto del nido reseco: falta humedad.
  • Condensación o moho: sobra humedad o hay restos olvidados.
  • Una reina en fundación que se come la cría: demasiadas molestias o poca proteína.
  • Obreras y cría acumuladas en el forrajeo: toca ampliar.

Fugas y barreras

Las Formica trepan bien, también por el vidrio y el plástico, y F. perpilosa suma obreras muy rápidas y nerviosas. En Antomas recomendamos una barrera de aceite mineral bien mantenida:

  • Una franja fina y continua de aceite mineral en la parte alta de las paredes del forrajeo. Revísala cada semana y renuévala cuando acumule polvo, arena o restos.
  • Arena lejos de las paredes: los granos pegados a la barrera forman puentes.
  • Tapa bien ajustada, como segunda línea, y sin rendijas en conexiones, tapones ni tubos.
  • Nada que sirva de puente: ni ramas ni piedras apoyadas cerca de la barrera.
  • Cuidado al abrir: abre lo justo, trabaja con calma y cierra en cuanto termines.

Manejo y seguridad

No pican, porque no tienen aguijón, pero muerden y rocían ácido fórmico, que escuece en la piel sensible o en una pequeña herida. Nada que deba preocuparte si trabajas con calma. Manipúlalas con herramientas entomológicas, como un pincel suave o unas pinzas largas, nunca con las manos, y no acerques la cara al abrir. No juntes reinas: según los criadores, las fundadoras que comparten tubo suelen pelearse cuando nacen las obreras. Tampoco mezcles colonias. Es una especie exótica en Europa y en ningún caso debe liberarse; además, la cochinilla de la vid con la que se alía en California también está en los viñedos españoles.

Qué no hacer

  • Mantenerla en un nido completamente seco: necesita una zona húmeda.
  • Mojar todo el nido: la humedad, solo en una parte.
  • Tenerla sin calor o sin gradiente.
  • Calentar bajo el depósito de agua o junto a él.
  • Saltarse la diapausa, hacerla demasiado templada o bajar de 7 °C durante mucho tiempo.
  • Quedarse corto con la proteína cuando hay larvas, o darles siempre el mismo insecto.
  • Poner los líquidos azucarados en algodón, usar miel pura o dejar que se acaben.
  • Dejar restos de comida más de un día.
  • Descuidar la barrera o dejar arena contra las paredes.
  • Juntar reinas o colonias distintas.
  • Darles insectos silvestres, cochinillas o plantas infestadas.
  • Manipularlas con las manos o liberarlas.

Fuentes científicas

Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Formica perpilosa y su subfamilia, de los registros de distribución y los datos climáticos de su área, y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

  1. Wheeler, W. M. (1913). A revision of the ants of the genus Formica (Linné) Mayr. Bulletin of the Museum of Comparative Zoology 53: 379–565. archive.org/details/biostor-21207
  2. Schumacher, A. & Whitford, W. G. (1974). The foraging ecology of two species of Chihuahuan desert ants: Formica perpilosa and Trachyrmyrmex smithi neomexicanus (Hymenoptera: Formicidae). Insectes Sociaux 21: 317–330. doi:10.1007/BF02226923
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Intermedio
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