Comprar Thermobia domestica – Pececillo de Plata | Antomas
Comprar Thermobia domestica – Pececillo de Plata | Antomas

Thermobia domestica - Pececillo de Plata

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El bocado perfecto para las fundaciones. Thermobia domestica, el insecto de fuego que en la tienda llamamos pececillo de plata, es una presa amante del calor: pequeña, blanda y veloz, no pica, no muerde y no sabe trepar por el vidrio, así que espera en el forrajeo a que las obreras la cacen y la lleven hasta su reina. Y guarda un secreto que agradecen los tubos de ensayo: sus restos se secan en vez de pudrirse, sin rastro de moho. En Antomas es el manjar favorito de nuestras Pheidole y la proteína inicial diaria de nuestras Myrmecocystus. Y el mejor sustituto de la termita para las cazadoras de termitas. A la venta por gramos. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

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Alimento vivo · Cría: sencilla con calor (2/5)

Para qué sirve: presa pequeña y blanda, ideal para fundaciones y colonias pequeñas. No pica, no muerde y no trepa por el vidrio ni por el plástico liso, así que se queda en el forrajeo, y sus restos se secan sin pudrirse: nada de moho en los tubos de ensayo. La favorita de nuestras Pheidole y Myrmecocystus, y un gran sustituto de la termita para las especies termitófagas. Cómo guardarlas: bote liso con tapa de malla fina, cartón de huevera, copos de avena y un punto de agua; a temperatura ambiente aguantan semanas, aunque no crían. ¿Se pueden criar? Sí, y es sencillo con calor: a 35–37 °C, crían todo el año.

Thermobia domestica (Packard, 1873) es un pequeño insecto sin alas del orden Zygentoma y uno de los alimentos vivos más agradecidos para tus hormigas. En la tienda la llamamos «pececillo de plata», como se la conoce en el hobby, aunque en rigor ese nombre es el de Lepisma saccharinum, el de baños y armarios. Thermobia es su pariente amante del calor: en inglés se llama firebrat y, en español, «insecto de fuego», el único nombre común con respaldo científico. Su nombre viene del griego thermós, «caliente», y bíos, «vida».

Es mucho más que comida: los Zygentoma son el grupo hermano de los insectos con alas, y T. domestica, muy fácil de criar, es la favorita de los laboratorios: con ella se estudia, por ejemplo, el origen de la metamorfosis. En Antomas la vendemos por algo más sencillo: a las hormigas les encanta. Se vende por peso: 1 g son unas 80 unidades, y 3 g, unas 240.

Por qué es uno de los mejores alimentos vivos para hormigas

Lo que sigue es experiencia de Antomas, que la usa a diario: ningún estudio ni foro lo ha comparado con otras presas. Su biología, eso sí, ayuda a explicarlo.

Tubos de ensayo sin moho: restos que se secan en vez de pudrirse

El gran enemigo del tubo de ensayo es el resto de comida olvidado: un trozo de grillo se pudre en pocos días con la humedad del algodón, se llena de moho y obliga a cambiar a la reina de tubo cuando menos conviene. Con Thermobia pasa justo lo contrario: en Antomas vemos una y otra vez que sus restos ni se pudren ni les sale moho. Se quedan secos y se retiran cuando toca. Por eso es un alimento vivo especialmente bueno para las colonias que todavía viven en tubos de ensayo.

Nadie lo ha estudiado, pero su biología ofrece varias explicaciones razonables:

  • Bebe del aire, pero solo en vida. Viva, absorbe vapor de agua del aire cuando la humedad supera el 63 %, con un mecanismo que gasta energía (ver «Un insecto que bebe agua del aire»). Muerta, ya no recupera agua: solo la pierde.
  • Se seca con poca humedad. Por debajo de un 43 % de humedad relativa pierde agua incluso viva, así que un resto alejado del algodón mojado se deseca antes de que el moho tenga tiempo de crecer.
  • Cuerpo pequeño. Unos 12,5 mg de media, muchas veces menos que un grillo: cuanto más pequeño es un cuerpo, más superficie tiene en proporción a su volumen, y antes se seca.
  • Dieta seca. Se cría con copos, salvado y harinas, no con fruta ni verdura, así que su intestino lleva poca agua y poco azúcar que fermentar.

Son hipótesis, pero encajan con lo que vemos. Eso sí, con condensación o con el algodón empapado, cualquier resto acaba mal.

El bocado perfecto para las fundaciones

Una reina con sus primeras obreras necesita proteína, pero no puede con presas grandes. En nuestra experiencia, Thermobia va genial para fundaciones por cuatro motivos:

  • Su tamaño. Un adulto mide alrededor de 1 cm sin contar antenas ni colas, y cada tanda trae ejemplares más pequeños: la talla justa para unas pocas obreras.
  • Se transporta con facilidad. Es alargada, aplanada y blanda, sin espinas ni coraza dura, y hasta las obreras más pequeñas la cargan hasta el nido.
  • No pica ni muerde. No tiene aguijón ni veneno, y sus mandíbulas son tan débiles que raspan en vez de morder: ningún riesgo para la reina ni para la cría.
  • No trepa por vidrio ni por plástico liso. Por eso no sale de una bañera, y por eso mismo se queda en la zona de forrajeo, al alcance de las obreras.

Pheidole y Myrmecocystus: las que más la disfrutan

Con dos géneros, en nuestra experiencia, resulta especialmente satisfactoria, para la colonia y para quien la observa.

Pheidole. Sus obreras menores encuentran la presa enseguida y reclutan a sus compañeras, y las mayores, de cabeza enorme, ayudan a despiezarla: una Thermobia tiene la talla justa para que trabajen en equipo. Lo vemos con nuestra Pheidole pallidula, la Pheidole mediterránea, y con las americanas Pheidole rhea y Pheidole titanis.

Myrmecocystus. Las hormigas mieleras arrancan despacio y, al principio, necesitan una proteína muy pequeña y frecuente. En Antomas, nuestras Myrmecocystus mexicanus, M. placodops, M. mimicus, M. mendax y M. navajo reciben Thermobia como proteína inicial diaria.

El mejor sustituto de las termitas en cautividad

Algunas hormigas son especialistas en termitas: en la naturaleza viven de cazarlas, y en cautividad conseguir termitas y mantenerlas es complicado. En Antomas hemos comprobado que Thermobia es un gran sustituto de la termita: blanda, del tamaño adecuado y fácil de cargar, a estas cazadoras les encanta. Lo vemos con algunas Leptogenys, un género en el que varias especies son cazadoras especializadas de termitas, y con Pheidole titanis, que en la naturaleza asalta termiteros en grupo. También encaja con Myrmecocystus mimicus, que en su hábitat cuenta las termitas entre sus presas principales.

Cómo ofrecerlas: vivas o recién matadas, y cuántas

  • Vivas, para colonias con obreras de sobra y para disfrutar viéndolas cazar: suéltalas en la zona de forrajeo, donde se quedan hasta que las encuentran.
  • Recién matadas, para reinas solas, fundaciones y especies poco cazadoras, porque los adultos son muy rápidos (ver «Un velocista con sensores en la cola»). En Antomas nunca las congelamos: las matamos justo antes de ofrecerlas, chafándoles un poco la cabeza, y así llegan frescas y enteras. En un tubo de fundación, déjalas lejos del algodón.

¿Cuántas? Como orientación, las que la colonia se coma en un día:

  • Reina sola o con 1–5 obreras: 1 cada uno o dos días.
  • Colonia pequeña, de 10–50 obreras: 2–5 al día.
  • Colonia mediana, de 50–200 obreras: 5–15 por toma.
  • Colonia grande: varias decenas, alternando con presas mayores.

Y no te quedes corto: cuanta más proteína, mejor y más deprisa crecen. Si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más rápido; si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no pasarse. Con Thermobia, además, lo que sobra no se pudre.

Valor nutricional: lo que se sabe y lo que nadie ha medido

Empezamos por lo que no hay: nadie ha publicado un análisis nutricional de Thermobia, ni de ningún otro Zygentoma. No hay cifras de proteína, grasa, calcio ni aminoácidos, y cualquier porcentaje que veas por ahí está copiado de otro insecto.

El único dato medido es el agua: en adultos bien alimentados, la materia seca es el 33,9 % del peso vivo, es decir, alrededor de un 66 % de agua. El mismo estudio comprobó que el ayuno aumenta la proporción de agua y consume la materia seca (Okasha, 1971): una Thermobia hambrienta es un bocado más pobre. Como contexto, los datos publicados de otros insectos pasto:

PresaMateria seca (% del peso vivo)Proteína bruta*Grasa bruta*Relación Ca:P
Thermobia domestica, adulta33,9 %sin datossin datossin datos
Drosophila melanogaster, adulta30,9 %68,0 %19,0 %0,13
Shelfordella lateralis, ninfa pequeña20,8 %76,1 %14,5 %0,20
Tenebrio molitor, escarabajo adulto38,8 %67,7 %17,7 %0,07
Acheta domesticus, grillo adulto28,4 %63,3 %17,3 %muy variable

* Sobre materia seca. Fuentes: Oonincx y Dierenfeld (2012); Okasha (1971) para Thermobia; Barker y colaboradores (1998) y Finke (2002) para el grillo, cuyo calcio varía mucho entre muestras.

Con un 34 % de materia seca, Thermobia es algo más concentrada que la mosca de la fruta o el grillo. Y todos los análisis coinciden en algo: los insectos pasto son pobres en calcio, y la metionina y la cistina son los aminoácidos que antes se quedan cortos (Finke, 2002).

La regla de Antomas: dieta variada. Ningún insecto es completo por sí solo, así que no des siempre Thermobia. Úsala como base en las fundaciones y las colonias pequeñas y, de una semana a otra, alterna con otros alimentos vivos de la tienda según el tamaño de la colonia: grillo (Acheta domesticus), cucaracha argentina (Blaptica dubia), cucaracha runner (Shelfordella lateralis), gusano de la harina (Tenebrio molitor) y colémbolos (Sinella curviseta). Lo mismo vale para el azúcar: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces, siempre en un bebedero y nunca en algodón.

Biología del «insecto de fuego»

Le encantan los 37 °C

Pocos insectos buscan el calor como Thermobia. Su origen probable son los desiertos del norte de África y de Asia occidental, y hoy vive en medio mundo, pero casi siempre en interiores calientes: panaderías, hornos y salas de calderas. En ensayos de elección prefirió los refugios a 35 °C frente a los de 20 °C, y las hembras mantenidas a 35 °C pusieron muchos huevos, mientras que a 20 o 25 °C no pusieron (Tremblay y Gries, 2006). Con frío no muere: ahorra. Según los datos de DeVries y Appel (2013), a 20 °C consume entre 4 y 6 veces menos oxígeno que a 37 °C. No tiene ningún reposo invernal: con calor, cría todo el año.

Un insecto que bebe agua del aire

Es su gran superpoder. Con una humedad relativa del 63 % o más, absorbe vapor de agua del aire de forma activa, por el recto; por debajo del 43 %, pierde agua (Noble-Nesbitt, 1969). El motor son unos sacos rectales repletos de mitocondrias, y su cutícula lleva una capa grasa casi impermeable. Es la adaptación perfecta para un insecto del desierto y, probablemente, parte del secreto de sus restos secos.

Muda toda la vida

Casi todos los insectos dejan de mudar al hacerse adultos. Thermobia sigue mudando toda su vida, que dura de dos a varios años, y acumula entre 45 y 60 estadios. Además, aprovecha las mudas para repararse: si pierde una pata o un cerco, la muda siguiente llega antes, y en ella las patas recuperan al menos el 80 % de su longitud, pero los cercos solo un 20 % (Buck y Edwards, 1990).

Un cortejo sin cópula: el espermatóforo

Los pececillos de plata no copulan como la mayoría de los insectos. Tras un cortejo con contactos de antenas, el macho deja en el suelo un espermatóforo, un paquetito de esperma, y la hembra lo recoge: un sistema anterior a la cópula de los insectos con alas. Un estudio japonés de 2023 comprobó, además, que las hembras se aparean varias veces (Inada y colaboradores, 2023). No hay partenogénesis: para criarlas hacen falta machos y hembras.

Se juntan por el olor de sus microbios

No son sociales, pero se agrupan en refugios compartidos. En 2008 se atribuyó a una feromona de sus excrementos ambarinos; en 2013, los mismos investigadores dieron con la clave: lo que las atrae son una bacteria, Enterobacter cloacae, y un hongo, Mycotypha microspora, que viven en esos excrementos y que, además, aportan nutrientes a las ninfas que se los comen (Woodbury y Gries, 2013). La celulosa, en cambio, la digiere ella sola, con una enzima propia.

Un velocista con sensores en la cola

Si alguna vez has intentado atrapar un pececillo de plata, sabes lo rápido que es. Sus dos cercos y su filamento central están cubiertos de pelos sensoriales conectados a unas interneuronas gigantes, que disparan la huida ante un roce o una corriente de aire. El sistema tiene todos los elementos del de grillos y cucarachas, y se ha descrito como un prototipo de defensa frente a los depredadores terrestres (Edwards y Reddy, 1986). Para una hormiga, un adulto vivo es un reto de caza; las ninfas, más lentas, son presas más fáciles.

Recién llegada a España: una panificadora de Madrid, 2022

Hasta hace poco no figuraba en la lista de lepismátidos domésticos de España. El primer registro publicado es de octubre de 2022: 36 ejemplares en una trampa adhesiva, dentro de un armario eléctrico de la sala de hornos de una panificadora industrial de Madrid. En la península solo se conocía antes de una panadería cerca de Lisboa.

Morfología y tamaño

Cuerpo alargado, aplanado y sin alas, con dos antenas largas, ojos compuestos pequeños y tres «colas»: dos cercos y un filamento central. Sus escamas forman un moteado gris y pardo, sin el brillo plateado de Lepisma; las nuestras son de color crema moteado de gris y negro, con bandas anaranjadas en el abdomen. Las crías nacen blancas y sin escamas, que aparecen en el cuarto estadio. Las piezas bucales son masticadoras pero muy débiles, y machos y hembras solo se distinguen por el extremo del abdomen.

Medidas aproximadas

  • Adulto: 10–13 mm, sin antenas ni cercos (hasta 15 mm según algunos autores)
  • Peso del adulto: más de 7 mg; los fisiólogos usan como referencia un ejemplar de 30 mg
  • Nuestras tandas: unos 12,5 mg de media (80 por gramo), probablemente subadultos y adultos pequeños
  • Agua corporal: alrededor de un 66 %
  • Huevo: alrededor de 1 mm, anaranjado según los criadores
  • Longevidad: de 2 a varios años

Cómo guardarlas en casa unos días o semanas

A temperatura ambiente sobreviven sin problemas, aunque no crían: por debajo de unos 30 °C dejan de reproducirse y su metabolismo se frena (ver «Le encantan los 37 °C»).

  • Recipiente: un bote de plástico liso con la tapa ventilada con malla fina.
  • Refugio: un trozo de cartón de huevera o papel arrugado sin tinta.
  • Comida: una pizca de copos de avena o de escamas para peces, renovada cada semana. Bien alimentadas, alimentan mejor a tus hormigas.
  • Agua: un punto de agua en el que no se puedan ahogar, como un algodón húmedo en un tapón o un tubito con agua tapado con algodón, y sin condensación. Con el aire seco de una casa se deshidratan poco a poco: el agua es lo que más alarga su vida.
  • Lugar: a oscuras, entre 20 y 28 °C, y nunca por debajo de unos 15 °C.

Cómo criarlas

Si usas muchas, criarlas sale a cuenta y no es difícil: lo único imprescindible es el calor. Estas pautas salen de los laboratorios y de criadores europeos.

Calor y humedad: 35–37 °C con agua a mano

  • Temperatura: 35–37 °C en la zona caliente, el estándar de los laboratorios, y otra zona más templada, de unos 26–30 °C. Por debajo de unos 30 °C no crían.
  • Calor controlado: con termostato y la sonda dentro del recipiente. Un cable calefactor en una pared lateral, no en el fondo, funciona bien; una manta térmica sin control puede pasarse de temperatura.
  • Humedad: los laboratorios trabajan por encima del 70 %, aunque un estudio clásico las crió con un 25 %. Lo imprescindible es agua accesible sin riesgo de ahogarse, y sin condensación, que ahoga a las crías y enmohece la comida.

Recipiente y refugios

  • Caja: de plástico liso, de 5–10 litros, con la ventilación cubierta de malla muy fina, que pare también a las crías recién nacidas.
  • Ventilación justa: la tapa estanca crea condensación, y una tapa solo de malla seca demasiado el aire. Lo ideal es una tapa con agujeros cubiertos de malla.
  • Refugios: hueveras secas, cartón ondulado o papel de filtro plegado.
  • Arranque: los criadores recomiendan empezar con 100–150 ejemplares. El cultivo tarda unos meses en coger ritmo.

La dieta del cultivo

Comida seca y rica en almidón. Los laboratorios usan papilla de arroz infantil con pienso seco de gato, o escamas para peces con copos de avena; los criadores añaden salvado o germen de trigo, y la levadura de cerveza sirve como complemento. Mejor poca cantidad y renovada. El agua, en un vial tapado con algodón, nunca en un charco. Retira lo que se enmohezca y no uses papel impreso ni nada que pueda llevar insecticidas.

Puesta e incubación: huevos naranjas en 9–12 días

Con calor, las hembras empiezan a poner a los 1,5–4,5 meses de edad, unos 50 huevos por puesta de media. Dales bolas de algodón limpio entre los cartones: es su sitio favorito. Según los criadores, los huevos son anaranjados: con el tiempo el algodón se vuelve gris anaranjado, y lo naranja son los huevos. A 37 °C, eclosionan en 9–12 días (Makkinje y colaboradores, 2025; Truman y colaboradores, 2024), y del huevo al adulto pasan unos 3 meses.

Crías que no comen hasta el tercer estadio

Las recién nacidas mudan al día siguiente de eclosionar y no empiezan a comer hasta el tercer estadio (Truman y colaboradores, 2024). No te preocupes si no las ves comer, pero ten comida y agua desde la primera semana. Del tercer al quinto estadio, ya comedoras y con pocas escamas, son la talla ideal para las fundaciones más pequeñas.

Cosecha por tandas

  • Por edades: cada 1–2 semanas, pasa el algodón con huevos a una caja aparte a 35–37 °C. En 9–12 días tendrás una tanda de crías del mismo tamaño.
  • Para sacarlas: sacude un trozo de huevera sobre un vaso liso: caen dentro y no pueden salir.
  • Sin sobreexplotar: espera a que la caja esté bien poblada y deja siempre adultos reproductores. Los cultivos se hunden si se sacan demasiados o si falta agua.

Fugas: lo que trepan y lo que no

No trepan por vidrio ni por plástico liso, pero sí por cartón, cinta adhesiva y superficies rugosas. En el cultivo, malla fina en todas las aberturas y nada rugoso que llegue hasta la tapa. En el hormiguero se quedan en un forrajeo de vidrio o acrílico, pero se esconden en las superficies rugosas, bajo la decoración y en el algodón de los tubos: ofrece las que se vayan a comer y repasa los escondites al limpiar.

Higiene y seguridad

Es un insecto inofensivo; bastan unas precauciones sencillas:

  • Alergias: el único alérgeno registrado de un pececillo de plata es una tropomiosina de Lepisma, que actúa por vía respiratoria y se parece a las de los ácaros y el marisco (Barletta y colaboradores, 2005). De Thermobia no hay ninguno registrado. Aun así, si tienes alergia a los ácaros o al marisco, usa guantes, no levantes el polvo del cultivo y lávate las manos al terminar.
  • La despensa, tranquila: en una casa sobreviven, pero no crían, porque necesitan más de unos 30 °C. Aun así, mantén el cultivo bien cerrado y lejos de la despensa y de los libros.
  • Nunca las sueltes ni tires huevos vivos a la basura: congela antes los restos.
  • Solo de cría: no des a tus hormigas pececillos capturados en casa, que pueden llevar insecticidas.

Fuentes científicas

Esta ficha se basa en la bibliografía científica sobre Thermobia domestica y sobre la composición de los insectos pasto, en el primer registro de la especie en España (Bernal, Molero-Baltanás y Viejo, 2022, Boletín de la SEA 71: 153–154), en la guía de la Universidad de California sobre pececillos de plata y firebrats y en la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

  1. Tremblay, M. N. & Gries, G. (2006). Abiotic and biotic factors affect microhabitat selection by the firebrat, Thermobia domestica (Packard) (Thysanura: Lepismatidae). Journal of Insect Behavior 19: 321–335. doi:10.1007/s10905-006-9028-1
  2. DeVries, Z. C. & Appel, A. G. (2013). Standard metabolic rates of Lepisma saccharina and Thermobia domestica: effects of temperature and mass. Journal of Insect Physiology 59: 638–645. doi:10.1016/j.jinsphys.2013.04.002
  3. Noble-Nesbitt, J. (1969). Water balance in the firebrat, Thermobia domestica (Packard). Exchanges of water with the atmosphere. Journal of Experimental Biology 50: 745–769. doi:10.1242/jeb.50.3.745
  4. Okasha, A. Y. K. (1971). Water relations in an insect, Thermobia domestica. Journal of Experimental Biology 55: 435–448. doi:10.1242/jeb.55.2.435
  5. Buck, C. & Edwards, J. S. (1990). The effect of appendage and scale loss on instar duration in adult firebrats, Thermobia domestica (Thysanura). Journal of Experimental Biology 151: 341–347. doi:10.1242/jeb.151.1.341
  6. Inada, K., Minemura, T., Ohde, T. & Daimon, T. (2023). Mating behaviors and multiple mating in the firebrat, Thermobia domestica (Zygentoma: Lepismatidae). Applied Entomology and Zoology 58: 297–302. doi:10.1007/s13355-023-00826-9
  7. Woodbury, N. & Gries, G. (2013). Firebrats, Thermobia domestica, aggregate in response to the microbes Enterobacter cloacae and Mycotypha microspora. Entomologia Experimentalis et Applicata 147: 154–159. doi:10.1111/eea.12054
  8. Woodbury, N. & Gries, G. (2013). How firebrats (Thysanura: Lepismatidae) detect and nutritionally benefit from their microbial symbionts Enterobacter cloacae and Mycotypha microspora. Environmental Entomology 42: 860–867. doi:10.1603/EN13104
  9. Edwards, J. S. & Reddy, G. R. (1986). Mechanosensory appendages and giant interneurons in the firebrat (Thermobia domestica, Thysanura): a prototype system for terrestrial predator evasion. Journal of Comparative Neurology 243: 535–546. doi:10.1002/cne.902430408
  10. Truman, J. W., Riddiford, L. M., Konopová, B., Nouzova, M., Noriega, F. G. & Herko, M. (2024). The embryonic role of juvenile hormone in the firebrat, Thermobia domestica, reveals its function before its involvement in metamorphosis. eLife 12: RP92643. doi:10.7554/eLife.92643
  11. Makkinje, W. P. D., te Lindert-Blommert, E., van Velzen, R. & Schranz, E. (2025). Developmental transcriptomics of the Firebrat: exploring developmental expression patterns and morphology during the embryogenesis of Thermobia domestica. PLoS ONE 20: e0324844. doi:10.1371/journal.pone.0324844
  12. Oonincx, D. G. A. B. & Dierenfeld, E. S. (2012). An investigation into the chemical composition of alternative invertebrate prey. Zoo Biology 31: 40–54. doi:10.1002/zoo.20382
  13. Finke, M. D. (2002). Complete nutrient composition of commercially raised invertebrates used as food for insectivores. Zoo Biology 21: 269–285. doi:10.1002/zoo.10031
  14. Barletta, B. et al. (2005). Immunological characterization of a recombinant tropomyosin from a new indoor source, Lepisma saccharina. Clinical and Experimental Allergy 35: 483–489. doi:10.1111/j.1365-2222.2005.02214.x
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