Camponotus cruentatus | Comprar y cuidados | Antomas
Camponotus cruentatus | Comprar y cuidados | Antomas

Camponotus cruentatus - Hormiga Gigante Cruenta

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Vestida de terciopelo negro y marcada con una mancha de sangre: así es la Hormiga Gigante Cruenta, Camponotus cruentatus, una de las mayores hormigas de la península ibérica, con obreras de hasta 14 mm. En pleno verano no descansa nunca: patrulla su territorio las 24 horas, ordeña pulgones en lo alto de los pinos y defiende su melaza a mordiscos frente a cualquier rival. Siembra eléboros, escolta orugas de mariposa y, a diferencia de muchas de sus parientes, trabaja a plena luz del día, ante tus ojos. Robusta, voraz y llena de carácter, con majors de cabeza ancha. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 2/5 – Principiante

Una de las hormigas más grandes de la península ibérica: negra, mate y aterciopelada, con la base del gáster de un rojo anaranjado que le da nombre. Diurna y, en pleno verano, activa de día y de noche. Colonias con reina: reina con 4–7 o con 20–40 obreras y prole, monogínicas y de fundación claustral. Qbik Wild para fundar y gama Alpha para crecer, nido a 24–28 °C, azúcar siempre en bebedero y mucha proteína. Diapausa de 10–15 semanas a 12–15 °C. Trepa: barrera de aceite mineral o talco. Ningún peligro para las personas.

Camponotus cruentatus (Latreille, 1802) es una hormiga carpintera del Mediterráneo occidental y una de las grandes de nuestra fauna: sus obreras mayores pasan del centímetro y, vistas de cerca, parecen forradas de terciopelo negro con una pincelada roja en el abdomen. En Antomas la vendemos como Hormiga Gigante Cruenta, un nombre comercial nuestro, porque en español no tiene un nombre común establecido.

Es, además, una de las pocas Camponotus europeas que puedes ver trabajar a plena luz del día. Su ecología se estudió a fondo en un prado mediterráneo en los años ochenta, y de aquel trabajo salen las historias más curiosas de esta ficha: una guerra por un pino y una dieta que nadie se esperaría. Como siempre, separamos lo que dice la ciencia, lo que cuentan otros criadores y lo que hemos aprendido en Antomas.

Biología

«Cruenta»: la hormiga manchada de sangre

La describió el naturalista francés Pierre André Latreille en 1802, en su Histoire naturelle des Fourmis, con el nombre de Formica cruentata. El epíteto viene del latín cruentare, «manchar de sangre», derivado de cruor, la sangre derramada. No sabemos qué pensaba exactamente Latreille, pero no hace falta mucha imaginación: sobre un cuerpo casi negro, la parte delantera del gáster luce una mancha rojo anaranjada, como si la hormiga acabara de salir de una pelea.

Esa mancha es también la mejor pista para reconocerla en el campo. Las claves ibéricas describen el propodeo, la parte trasera del tórax, y la mitad anterior del gáster de tono naranja amarillento. En nuestras colonias, la cabeza y el mesosoma se ven negros y la base del gáster, rojo anaranjado. El tono varía entre obreras y entre poblaciones, pero el contraste entre el negro mate y el «manchón» rojo no se olvida.

Una gigante vestida de terciopelo

Con C. cruentatus no hace falta lupa. El estudio de campo de 1988 que citamos a lo largo de esta ficha midió obreras de 6 a 14 mm, y una revisión reciente de las Camponotus ibéricas la presenta como una especie «de tamaño grande (hasta 13 mm) y aspecto mate». Está, por tanto, entre las hormigas más grandes de la península y de Europa occidental, aunque nadie ha publicado una clasificación que le dé un puesto exacto.

Lo que más llama la atención, sin embargo, es la textura. La cutícula tiene una microescultura reticulada y una puntuación densa que le quitan todo el brillo, y el gáster está cubierto de una pubescencia fina que le da un tacto visual de terciopelo. Es el sello de su subgénero, Myrmosericus, un nombre que une myrmex, «hormiga», y sericus, «sedoso». Una hormiga de seda con una mancha de sangre: pocas especies europeas visten con tanta elegancia.

Prima de C. micans, no de C. barbaricus

En las tiendas y en los foros se la mete a menudo en el mismo saco que otras Camponotus grandes y bicolores de la península, como C. barbaricus. Por fuera se parecen: son grandes, polimórficas, negras y rojas, y vuelan en las mismas noches de verano. Pero el parentesco va por otro camino.

Los taxónomos reparten las más de mil especies del género Camponotus en subgéneros. C. cruentatus pertenece a Myrmosericus Forel, 1912, que en la península solo tiene dos especies: ella y C. micans, la negra de pelillo plateado del sur. Las dos comparten las mandíbulas de 7–8 dientes, el borde del clípeo prolongado en un lóbulo rectangular y el cuerpo mate y pubescente. C. barbaricus, en cambio, es una Tanaemyrmex, del subgénero de C. sylvaticus: brillante y con el gáster casi sin pelo.

La regla rápida para no confundirlas: si el gáster es mate, aterciopelado y con una mancha rojiza, es C. cruentatus; si es negro y brillante y el tórax es rojo, es una Tanaemyrmex.

Abierta las 24 horas en pleno verano

En el prado mediterráneo donde se estudió, varias hormigas mantenían el mismo horario toda la temporada: Cataglyphis cursor era estrictamente diurna y C. sylvaticus, crepuscular y nocturna. C. cruentatus, en cambio, cambia de turno con las estaciones.

  • Primavera: solo de día, con un ritmo bastante constante de la mañana a la tarde.
  • Junio, julio y agosto: la actividad se va metiendo en la noche hasta cubrir las 24 horas, algo que no hacía ninguna otra hormiga de la zona.
  • Otoño: vuelve a ser diurna y su actividad baja poco a poco.
  • Noviembre: las obreras solo salen a sacar tierra, preparando el nido para el invierno. Después, la actividad exterior se para por completo.

¿Por qué trabaja de noche en verano? Los autores lo relacionan con su despensa: el pulgón del pino que ordeñaba produce melaza sin parar, de día y de noche. Además, la especie tolera un abanico de condiciones muy amplio y solo los extremos la detienen. Por debajo de unos 15 °C, las obreras se mueven muy despacio y dejan de salir. Por arriba, la actividad se cortó cuando el suelo a la sombra pasó de 33–34 °C, unos 53–55 °C al sol. Un día de julio, la colonia se quedó dentro a mediodía y, en cuanto refrescó, salieron de golpe hasta 58 obreras en diez minutos. La especie formó parte también de un estudio posterior sobre los límites térmicos de las hormigas mediterráneas, en el que se siguió su actividad hora a hora durante toda la temporada.

Ganadera de pulgones y celosa de su melaza

Su dieta es, sobre todo, líquida. En aquel estudio, el 82 % de las obreras que volvían al nido sin presa traían el buche lleno de líquido, y solo el 5,9 % regresaba con algo sólido entre las mandíbulas. Ese líquido era casi siempre melaza, el excremento azucarado de los pulgones, y la colonia cambiaba de «granja» según el mes:

  • Hasta mediados de junio apenas usaba flores ni pulgones, y solo visitaba de vez en cuando las flores de Alyssum maritimum.
  • De junio a finales de julio, sus obreras ordeñaban en masa los pulgones Cinara maritimae de un pino cercano.
  • De agosto a noviembre se pasaba al hinojo, donde recogía el néctar de las flores y la melaza de otro pulgón, Aphis fabae. Las visitas al néctar eran solo diurnas, porque el hinojo únicamente lo produce de día.

El territorio de aquella colonia ocupaba 230 m², con un pino y 14 plantas de hinojo, y sus obreras lo defendían con mucho carácter: los autores la describen como una especie muy agresiva, que monopoliza las fuentes de alimento que ocupa y las defiende frente a cualquier intrusa. Es la trofobiosis: las hormigas protegen a los pulgones de sus depredadores y parasitoides y cobran el servicio en azúcar, una alianza que ha moldeado la evolución de los dos grupos.

Guerra en el pino contra C. sylvaticus

La historia más dura del estudio tiene como rival a una pariente lejana. Junto al nido de C. cruentatus vivían varias colonias de C. sylvaticus, también muy agresiva y también ganadera de pulgones. Durante buena parte del año apenas coincidían, porque C. sylvaticus sale de noche y empieza su temporada más tarde. Pero en julio y agosto, cuando C. cruentatus trabaja también de noche, las dos especies acabaron en el mismo pino.

Cada encuentro terminaba en pelea. Los investigadores encontraron muchas obreras de C. cruentatus mutiladas y otras con cabezas de C. sylvaticus todavía enganchadas a las patas y a las antenas: en estas peleas, las mandíbulas no sueltan ni cuando el resto del cuerpo ya no está. Poco a poco, la actividad de C. sylvaticus en el árbol aumentó y la de C. cruentatus bajó, hasta que a mediados de agosto el pino era casi por completo de la rival. Los otros dos pinos cercanos pertenecieron todo el año a dos colonias de C. sylvaticus, y allí no se vio nunca a ninguna otra hormiga.

En Antomas la consideramos la hormiga más poderosa de España cuerpo a cuerpo: muy dominante y agresiva allí donde reinan sus imperios. Estos vídeos cortos de Anthouse lo demuestran, frente a un escorpión, frente a Aphaenogaster y frente a otra colonia de su propia especie, en plena disputa territorial:

«Escorpión vs hormigas gigantes», de Anthouse: C. cruentatus frente a un escorpión.

«Hormigas cazadoras vs hormigas gigantes», 2.ª parte, de Anthouse: C. cruentatus contra Aphaenogaster.

«Gigantes y crueles», 2.ª parte, de Anthouse: cruentatus contra cruentatus, territorialidad pura.

Una dieta inesperada: excrementos

Lo sólido que entra en el nido es poco, pero sorprendente. De 116 cargas analizadas, el 68 % eran excrementos de vertebrados: de pequeños mamíferos, de aves y de reptiles. Las obreras los acarreaban enteros, de unos 5 mm, de uno en uno. Los artrópodos sumaron el 27 %, y casi siempre eran piezas pequeñas y resecas, también de unos 5 mm, muy por debajo del tamaño de quien las cargaba. Ninguna otra hormiga del prado recogía excrementos.

¿Qué gana con ello? Probablemente nitrógeno. Una dieta tan azucarada anda escasa de él, y aquí entra un socio invisible: todas las Camponotini llevan dentro una bacteria, Blochmannia, que vive en células especiales del intestino, pasa de madres a hijas a través del huevo y ayuda a la hormiga a reciclar el nitrógeno y a fabricar aminoácidos esenciales. Ya en los años ochenta se propuso que estas bacterias explicarían por qué algunas Camponotus aprovechan los excrementos como fuente de nitrógeno. Es una hipótesis, pero encaja como un guante con lo que se vio en el campo. Eso sí: en casa, la cría necesita proteína de verdad, en forma de insectos (ver «Alimentación»).

Jardinera del eléboro y niñera de mariposas

Sus servicios al ecosistema no acaban en los pulgones. El eléboro fétido (Helleborus foetidus), una planta de bosques y matorrales ibéricos, produce semillas con un eleosoma, un apéndice carnoso y rico en grasas que funciona como «propina» para las hormigas. La obrera se lleva la semilla al nido, se come el eleosoma y deja la semilla intacta, lejos de la planta madre y a salvo. Un estudio de 2007 en varias poblaciones españolas señaló a C. cruentatus como una de sus dos grandes dispersoras en Andalucía, y en una población del sur fue la responsable de la mayoría de las semillas retiradas.

También hace de niñera. Atiende a orugas de mariposas licénidas, la familia de las pequeñas mariposas azules y cobrizas, cuyas orugas segregan gotas azucaradas a cambio de escolta armada. Se han citado con ella orugas de Glaucopsyche alexis y de Lampides boeticus.

Del Atlas al Pirineo

Es una especie del Mediterráneo occidental: vive en el Magreb, en casi toda la península ibérica, en el sur de Francia y en el noroeste de Italia. En la península está muy extendida, de la costa al interior y de Andalucía al Pirineo, y escasea en el noroeste: en Galicia hay citas antiguas en la costa y otras recientes en el interior, a 300–750 m, bajo piedras en brezales y bordes de pinar. Suele vivir por debajo de los 1.000 m. El mapa ibérico más reciente no tiene citas en Baleares, y en Canarias no está.

Su hábitat típico son los pinares y encinares de laderas soleadas, a menudo sobre suelos calizos, donde puede llegar a ser la hormiga dominante. En el prado costero del estudio de 1988 era más bien escasa, y los autores pensaban que allí no estaba en su ambiente óptimo. Anida en el suelo, bajo piedras al sol, a veces junto a raíces o madera muerta, y deja en la entrada pequeños montones de tierra. Se han contado una o dos colonias por cada 100 m².

En Marruecos la historia se complica. El mirmecólogo Henri Cagniant habló de una «superespecie» C. cruentatus, un conjunto de formas muy cercanas, y a partir de ellas describió una especie nueva, C. obscuriventris. Incluso apareció una Camponotus nueva emparentada con ella en un encinar relicto de 2–3 hectáreas, a más de 2.000 m de altitud en el Anti-Atlas.

Ácido fórmico: arma y desinfectante

Como todas las formicinas, C. cruentatus no tiene aguijón. Su arma química es el ácido fórmico, que fabrica en la glándula del veneno y expulsa por el acidoporo, un orificio en la punta del gáster. Le sirve para defenderse, pero tiene un segundo uso que se demostró en 2020: las formicinas se tragan su propio ácido. Durante el aseo, la obrera dobla el gáster bajo el cuerpo, recoge con la boca una gota del acidoporo y la ingiere. Así acidifica el buche, el «estómago social» donde guarda la comida que luego comparte, y elimina buena parte de los microbios que llegan con ella. Se estudió en C. floridanus y no en nuestra especie, pero es un rasgo de toda la subfamilia. Para una hormiga que recoge excrementos, no parece un mal invento.

Pero hasta la gigante tiene su némesis: las moscas parásitas, su gran enemigo natural. Lo muestra este vídeo corto de Anthouse:

«Hormigas cazadoras vs hormigas gigantes», parte final, de Anthouse: las moscas parásitas, la némesis de C. cruentatus.

Vuelos en las noches de junio y una sola reina

Los sexuados, es decir, las reinas y los machos alados, salen del nido a principios del verano. Los registros de aficionados en España van de mediados de junio a principios de julio, al anochecer o de noche, entre las siete de la tarde y la una y media de la madrugada, con el cielo despejado y 22–28 °C. Las fichas alemanas de cría hablan de mayo y junio. Tras el vuelo, la reina fecundada se arranca las alas, se encierra en una cámara y cría a sus primeras obreras sin salir a comer, con las reservas de su propio cuerpo: es la fundación claustral. Un estudio clásico mostró que las reinas que fundan así son más grandes y llevan más grasa que las de las especies que salen a buscar alimento.

Sus colonias son monogínicas: una sola reina por colonia. No hemos encontrado ni un estudio ni un criador que haya visto varias reinas conviviendo. Tampoco hay datos científicos del tamaño que alcanzan en la naturaleza: las cifras que circulan, de unos cientos a varias decenas de miles de obreras, no tienen una fuente sólida detrás. Lo que sí podemos decirte es que una colonia bien cuidada llega a ser grande y a pedir bastante espacio.

Tamaño y morfología

Hormiga grande, sin aguijón y con un polimorfismo continuo: entre la obrera más pequeña y la mayor hay todas las tallas intermedias. Las minors tienen la cabeza estrecha y proporcionalmente pequeña; en las majors, la cabeza crece más deprisa que el resto del cuerpo y se vuelve ancha y robusta, un efecto de la alometría.

  • Color. Cabeza y mesosoma negros o negruzcos, a veces con el mesosoma algo rojizo, y la base del gáster rojo anaranjado. El resto del gáster es negro.
  • Superficie. Mate, con microescultura reticulada y puntuación densa. Sin brillo.
  • Pubescencia. Densa, sobre todo en el gáster, que se ve aterciopelado.
  • Cabeza. Clípeo con una carena, una quilla central, y el borde delantero prolongado en un lóbulo rectangular. Mandíbulas fuertes, con 7–8 dientes.
  • Patas. Con un surco longitudinal en la tibia posterior, un detalle que ayuda a identificarla.
  • Gáster. Termina en el acidoporo, por el que sale el ácido fórmico.
  • Reina y macho. No hemos encontrado descripciones publicadas accesibles.

Medidas aproximadas

  • Obreras, de minor a major: 6–14 mm (Alsina et al., 1988); hasta 13 mm según García (2025)
  • Reina: sin medidas publicadas accesibles
  • Macho: sin medidas publicadas accesibles

Solo damos medidas científicas. Las tallas por casta que circulan en tiendas y foros cambian mucho de una fuente a otra, y no las usamos. Como en todas las Camponotus, las primeras obreras de una colonia joven, las nanitas, son las más pequeñas, y la talla media sube con cada generación hasta que aparecen las majors.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 2/5 – Principiante

Es una especie para principiantes, pero le damos un punto más que a otras Camponotus ibéricas por cuatro motivos:

  • Arranque lento. Según los criadores, las colonias del primer año suelen cerrar la temporada con pocas obreras. Hay que tener paciencia.
  • Le gusta el calor. Los criadores la cuentan entre las Camponotus europeas más termófilas, y con el nido frío la cría se para.
  • Necesita diapausa cada invierno.
  • Crece mucho. Con los años, la colonia pide espacio y galerías grandes para las majors.

A cambio, es robusta, come bien y es diurna: la verás trabajar mientras tú también estás despierto. Y no supone ningún peligro para las personas (ver «Manejo y seguridad»).

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 24–28 °C en temporada, mejor con un lateral algo más cálido para que la colonia elija.
  • Zona de forrajeo: 21–28 °C, la temperatura normal de una casa en primavera y verano.
  • Humedad: nido al 50–60 %, con un rincón algo más húmedo para la cría; zona de forrajeo más seca, al 30–50 %.
  • Agua: siempre a mano, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: la zona del nido a oscuras y el forrajeo con la luz normal de la habitación.
  • Diapausa: 10–15 semanas a 12–15 °C, de noviembre o diciembre a febrero.

Son los valores que usan los criadores y encajan con lo que se ve en el campo: fuera del nido trabaja a gusto en un margen muy amplio, pero por debajo de unos 15 °C se vuelve lenta. Si tu casa es fresca, pon un cable o una manta calefactora con termostato en un lateral del nido, nunca debajo de todo el hormiguero, y evita el sol directo: en la naturaleza, la actividad se corta en cuanto el suelo se recalienta.

Llegada y primeras semanas

En Antomas vendemos C. cruentatus en dos tamaños: reina con 4–7 obreras y prole o reina con 20–40 obreras y prole. Las dos han superado ya la fundación claustral, la etapa más delicada, y tienen obreras que salen a buscar comida. Llegan en un tubo de ensayo y, mientras la colonia sea pequeña, puede seguir en él:

  • Reposo al llegar: un par de días en un sitio tranquilo y a oscuras, a 24–28 °C, comprobando que al tubo le queda agua tras el algodón.
  • Comida desde el principio: una gota de líquido azucarado sobre un trocito de papel de aluminio o en un minibebedero, nunca en el algodón del tubo, y un trocito de insecto dos o tres veces por semana. Retira lo que sobre.
  • Sin golpes ni vibraciones fuertes junto al tubo: los criadores cuentan que es lo que más hace que una reina se coma sus huevos.
  • Al nido, cuando el tubo se quede pequeño o haya unas 10 obreras. Con la versión de 20–40 obreras puedes montarlo casi desde el principio.

No hay datos publicados del tiempo de desarrollo de esta especie. Por lo que se sabe del género, de huevo a obrera pueden pasar unas 6–10 semanas a 25–28 °C, y más cuanto más fresco esté el nido.

Hormigueros recomendados

En Antomas lo planteamos en dos etapas. Para fundar, los hormigueros de yeso de la gama Qbik Wild de Anthouse, que guardan la humedad y dan a la colonia joven un ambiente estable. El primero, un Qbik Wild One P 1C con galerías medianas:

Si lo llenan antes de tiempo, o si has elegido la versión de 20–40 obreras, el siguiente paso es un Qbik Wild Duo P 2C:

Para crecer, cuando la colonia ya tenga unas decenas de obreras y empiece a pedir sitio, la pasamos a la gama Alpha, con los modulares QBIK ONE y QBIK DUO. Son más secos, con la humedad en los tubos, y tienen dos ventajas: salen más económicos y pesan menos, algo que se agradece porque una C. cruentatus bien cuidada puede crecer bastante. Cuando aparezcan las majors, elige galerías grandes, por las que pasen sin apuros con sus cabezas anchas.

Monta la zona de forrajeo con arena o tierra seca, alguna piedra plana y una rama para trepar, siempre lejos de la barrera. Y amplía cuando el nido se les quede corto, no antes: en un nido demasiado grande, la colonia se queda en una esquina y usa el resto como basurero.

Mudanza por volcado

En Antomas mudamos siempre las colonias por volcado, tanto del tubo al primer hormiguero como del Qbik Wild a la gama Alpha. Así lo hacemos:

  1. Todo listo antes: el hormiguero nuevo montado, con la barrera puesta y el tubo de agua conectado.
  2. Sobre una bandeja, por si alguna obrera trepa por tus manos o por las herramientas.
  3. Volcar: abre el tubo o el nido viejo en la zona de forrajeo, junto a la entrada del nuevo, y vacíalo con unos golpecitos suaves. A las rezagadas, ayúdalas con un pincel.
  4. Oscuridad en el nido nuevo: tápalo con algo opaco y en pocos minutos las obreras empezarán a meter la cría y a la reina.

Alimentación

Azúcar, siempre. En la naturaleza, C. cruentatus vive sobre todo de melaza, así que en casa no le debe faltar nunca un líquido azucarado. Ofrécelo en un bebedero, tradicional o casero, donde la gota quede tendida y accesible, y nunca en algodón: se enmohece y el líquido se estropea en poco tiempo. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro néctar o líquido azucarado 1–2 veces por semana. También puedes enriquecer el néctar con algo de proteína.

Proteína, toda la que puedan comer. Es el combustible de la reina y de las larvas, y nuestra regla es clara: si haces el mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor pasarse que quedarse corto, porque la colonia percibe que le sobran recursos y cría más y más deprisa. Si no vas a poder limpiar a menudo, ajusta la cantidad: la comida olvidada trae moho y ácaros.

  • Cambia de presa cada semana. Para las colonias pequeñas, Thermobia domestica, una presa de tamaño justo para empezar. Cuando crezca, alterna grillo, cucaracha argentina y cucaracha runner, y de vez en cuando algún gusano de la harina troceado.
  • Muertas o abiertas, mejor. En la naturaleza no es una gran cazadora: recoge piezas pequeñas y restos que otras dejan. Una ficha alemana de cría cuenta que suele preferir los insectos muertos a la miel. A las colonias jóvenes, dales la presa troceada o abierta.
  • Por la mañana. Es diurna: pon la proteína temprano y retira los restos por la tarde o al día siguiente.
  • Insectos de confianza, de cría y sin insecticidas.

Agua: aparte del azúcar, siempre un tubo con agua y algodón en la zona de forrajeo.

Crecimiento y majors

El primer año es lento: en un foro alemán de criadores, las colonias del primer año llegaban al invierno con 1–5 obreras. No te desanimes. Tras la primera diapausa la colonia coge ritmo, y cada generación trae obreras más grandes. No hay datos publicados de cuándo salen las primeras majors; por lo que se ve en el género, suelen llegar cuando la colonia tiene de unas decenas a unos cientos de obreras, normalmente en el segundo año. La versión de 20–40 obreras te ahorra buena parte de esa espera. Desde ahí, con calor en temporada, una buena diapausa y mucha proteína, la colonia puede crecer bastante, y es el momento de pasarla a la gama Alpha y de abrirle galerías grandes.

Diapausa

En la naturaleza, C. cruentatus se detiene por completo en invierno: en noviembre las obreras solo salen a limpiar el nido y después la colonia se queda dentro hasta la primavera. Vive en un clima mediterráneo, con inviernos cortos y suaves en la costa y más fríos en el interior, y bajo las piedras el suelo amortigua las heladas. Además, según los criadores, tiene un ritmo interno que le pide ese descanso. En Antomas recomendamos:

  • Cuándo: de noviembre o diciembre a febrero.
  • Cuánto: unas 10–15 semanas, alrededor de 3 meses.
  • A qué temperatura: 12–15 °C. Suele bastar con una habitación sin calefacción; compruébalo con un termómetro. No bajes de unos 10 °C: los criadores lo desaconsejan y su clima tampoco lo pide.
  • Poco a poco: baja la temperatura a lo largo de 2–3 semanas y súbela igual al final.
  • Durante el reposo: agua siempre, un poco de azúcar en el bebedero y poca o ninguna proteína. Es normal que pasen el invierno con larvas y casi sin puesta.
  • Al despertar: según los criadores, sale de la diapausa muy deprisa. En cuanto veas actividad, vuelve al calor y a la proteína.

Comportamiento en cautividad

Una hormiga para ver de día. Muchas Camponotus esperan a que anochezca; C. cruentatus forrajea con luz y, en verano y con el nido caliente, puede moverse a cualquier hora.

Celosa de la comida. En el campo defiende sus pulgones; en el hormiguero vigila el bebedero y la presa. Verás obreras apostadas junto al azúcar y reclutamientos rápidos en cuanto aparece algo bueno.

Cada talla, su oficio. Como suele pasar en las Camponotus con varias tallas, las obreras pequeñas y medianas llevan el peso del forrajeo y de la cría, y las majors, cuando llegan, guardan las entradas y despiezan las presas grandes.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas. Deja el nido a oscuras y el forrajeo con luz, míralas con calma e interviene lo justo: se acostumbran enseguida a tu presencia.

Fugas y barreras

Las Camponotus trepan por el vidrio y el acrílico, incluso boca abajo, y C. cruentatus no es una excepción. Para que no salgan de la zona de forrajeo:

  • Barrera de aceite mineral o de talco en la parte alta de las paredes, fina y continua. Renuévala cuando acumule polvo.
  • Tapa bien ajustada como segunda línea.
  • Malla en las ventilaciones: las nanitas caben por rejillas que parecen inofensivas.
  • Sin puentes: ninguna rama ni piedra cerca de la barrera.
  • Conexiones revisadas, sobre todo al ampliar o al pasar a la gama Alpha.

Manejo y seguridad

No tiene ningún peligro para las personas. No pica, porque no tiene aguijón. Como mucho, una obrera grande que te enganche bien puede hacerte un pequeño corte en el dedo con las mandíbulas. Y si alguien cogiera muchas con la mano, el ácido fórmico podría dejarle algún callo, aunque sería exagerar: muy rara vez pasa. Lo normal es manejarlas con un pincel suave o unas pinzas blandas, más por su bien que por el tuyo, para no dañar a ninguna obrera ni a la reina. No juntes colonias distintas, que pelean, ni las mezcles con otras especies. Y no liberes nunca una colonia criada en casa.

Qué no hacer

  • Juntar reinas o colonias: es monogínica.
  • Poner el azúcar en algodón o dejar que el bebedero se seque.
  • Darle siempre la misma presa o dejar restos sin retirar.
  • Tener el nido frío en temporada: por debajo de unos 20 °C, la cría apenas avanza.
  • Saltarse la diapausa o hacerla demasiado fría, por debajo de 10 °C.
  • Cambiar la temperatura de golpe al entrar o al salir de la diapausa.
  • Pasar una colonia pequeña a un nido enorme.
  • Dejar galerías estrechas cuando ya hay majors.
  • Descuidar la barrera, la tapa o las rejillas.

Fuentes científicas

Esta ficha se basa en los estudios de campo sobre Camponotus cruentatus, en la bibliografía taxonómica de las Camponotus ibéricas y norteafricanas y en la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

  1. Alsina, A., Cerdá, X., Retana, J. & Bosch, J. (1988). Foraging ecology of the aphid-tending ant Camponotus cruentatus (Hymenoptera, Formicidae) in a savanna-like grassland. Miscel·lània Zoològica 12: 195–204. Texto completo
  2. Cerdá, X., Retana, J. & Cros, S. (1998). Critical thermal limits in Mediterranean ant species: trade-off between mortality risk and foraging performance. Functional Ecology 12: 45–55. doi:10.1046/j.1365-2435.1998.00160.x
  3. Boulay, R., Coll-Toledano, J., Manzaneda, A. J. & Cerdá, X. (2007). Geographic variations in seed dispersal by ants: are plant and seed traits decisive? Naturwissenschaften 94: 242–246. doi:10.1007/s00114-006-0185-z
  4. García, F. (2025). Novas citas para o xénero Camponotus Mayr, 1861 en Galicia (NO Iberia). Arquivos Entomolóxicos 32: 73–79. Texto completo (PDF)
  5. Cagniant, H. (1996). Les Camponotus du Maroc (Hymenoptera: Formicidae): clé et catalogue des espèces. Annales de la Société entomologique de France (N.S.) 32: 87–100. doi:10.1080/21686351.1996.12278857
  6. Ward, P. S. & Boudinot, B. E. (2021). Grappling with homoplasy: taxonomic refinements and reassignments in the ant genera Camponotus and Colobopsis (Hymenoptera: Formicidae). Arthropod Systematics & Phylogeny 79: 37–56. doi:10.3897/asp.79.e66978
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