Harpegnathos saltator - Hormiga Saltadora India
Salta, caza con la vista y desafía al envejecimiento. La Hormiga Saltadora India trepa a lo alto de una rama, acecha inmóvil y se lanza sobre su presa de un brinco de hasta 10 cm, capaz incluso de atrapar insectos al vuelo. En su colonia no manda una reina: manda una gamergate, una obrera fecundada que conquistó el trono a base de duelos de antenas y que vive unas cinco veces más que sus hermanas. Una especie que estudian los grandes laboratorios del mundo para entender el cerebro y la longevidad, y un espectáculo vivo para criadores con algo de experiencia. Colonias con gamergate. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 3/5 – Intermedio
Saltadora y cazadora visual del sur de la India. No tiene reina: pone los huevos una gamergate, una obrera fecundada que hace de reproductora. 24–26 °C, 60–80 % de humedad, solo presa viva y sin diapausa.
Harpegnathos saltator Jerdon, 1851 es una ponerina grande del sur de la India que reúne tres talentos que casi ninguna hormiga tiene a la vez: salta, caza con la vista, al acecho, y sus obreras pueden convertirse en reproductoras en plena vida adulta. Por eso es una de las hormigas más estudiadas del mundo: su genoma se secuenció en 2010, y hoy varios laboratorios la usan como modelo para investigar el envejecimiento, el cerebro y la conducta social.
La colonia que vendemos en Antomas no tiene reina: la gobierna una gamergate. Como mucha gente llega a esta ficha buscando esa palabra, empezamos por ahí.
Biología
¿Qué es una gamergate?
Una gamergate es una obrera fecundada que pone huevos y hace de reproductora de la colonia. No tiene alas ni las ha tenido nunca, no tiene cuerpo de reina y mide lo mismo que sus compañeras: por fuera es una obrera más. La diferencia está dentro: se ha apareado, tiene los ovarios activos y pone huevos fecundados, de los que nacen hembras.
La palabra viene del griego gámos, «matrimonio», y ergátēs, «obrera»: literalmente, «obrera casada». La propuso el mirmecólogo William L. Brown y la publicaron por primera vez Peeters y Crewe en 1984; después, Peeters y Crozier (1988) la defendieron con un argumento sencillo: no todas las hembras fecundadas que ponen huevos son «reinas», y conviene llamarlas por su nombre. Se conocen gamergates en un centenar o dos de especies, sobre todo ponerinas (cifra aproximada).
En H. saltator, además, las gamergates conviven con un sistema de reinas: cada colonia la funda una reina alada, y las gamergates toman el relevo cuando falta. Cada gamergate pone más o menos la mitad de huevos que una reina (unos dos al día en laboratorio), y es normal que haya varias a la vez. Se reconocen por su conducta: se quedan en la cámara, junto a los capullos, caminan despacio y erguidas, con el gáster más alto que el tórax, no dejan que otras obreras les pasen por encima y no salen a cazar.
¿Gamergate o reina ergatoide?
Es una duda frecuente, y en Antomas también nos la hemos planteado: ¿la reproductora de Harpegnathos es una gamergate o una «reina ergatoide»? Tras revisar la literatura, la respuesta es gamergate, aunque las dos se parecen mucho.
Una gamergate es una obrera apareada: nace y se desarrolla como obrera, tiene su mismo cuerpo y, como todas las obreras de su especie, una espermateca funcional, el órgano que guarda el esperma; además, no puede fundar una colonia sola. Una reina ergatoide, en cambio, es una reina sin alas de forma permanente: una casta de reina, con su propio desarrollo larvario, a menudo más ovariolas que las obreras y un aspecto intermedio entre obrera y reina («ergatoide» significa «con aspecto de obrera»), que en muchas especies sustituye a las reinas aladas. Y ninguna de las dos es una intercasta: una forma intermedia anómala, que aparece de forma esporádica y casi nunca se reproduce.
Harpegnathos saltator es el ejemplo clásico de especie con reinas aladas y gamergates a la vez: las reinas fundan la colonia y las gamergates toman el relevo. En Diacamma, en cambio, no existe casta de reina y solo se reproducen gamergates; por eso la palabra se asocia tanto a ese género, pero no es exclusiva de él.
¿Por qué se confunden? A simple vista, las dos parecen obreras y las dos se reproducen, y la terminología ha cambiado con los años: se han usado nombres como «reinas intermórficas» (Heinze y Buschinger, 1987) o «reproductoras ergatoides» sin mucho rigor. Peeters y Crozier ya advertían que llamar «reinas» a las obreras apareadas oculta su origen. Por eso, la colonia que vendemos lleva una gamergate, no una reina: una obrera fecundada que hace de reproductora.
Colonias «teóricamente inmortales»
Una reina alada se aparea fuera del nido con machos de otras colonias y funda sola. Cada año, la colonia cría reinas aladas y machos. Cuando la reina envejece o muere, varias obreras se aparean y ocupan su lugar como gamergates, y cuando muere una gamergate, otra la sustituye. El laboratorio de Jürgen Liebig, en la Universidad Estatal de Arizona, lo resume así: en teoría, la colonia puede seguir indefinidamente.
El relevo hace falta, porque la reina vive poco para ser una hormiga: una media de 1,79 años en laboratorio, aunque alguna supera los 5. En el sur de la India, 7 de 15 colonias estudiadas a fondo entre 1991 y 1994 funcionaban sin reina, solo con gamergates. Las colonias son pequeñas (una media de 65 ± 40 obreras en los Ghats occidentales; 200–300 en laboratorio) y no se dividen: el nido es una inversión tan valiosa que compensa conservarlo durante generaciones. Eso sí, la «inmortalidad» tiene letra pequeña: en el campo, las colonias con gamergates mueren antes que las que conservan a la reina.
Bodas entre hermanos dentro del nido
En H. saltator, los machos recién nacidos no salen enseguida a buscar reinas ajenas: antes se aparean con algunas de sus hermanas obreras dentro del propio nido. Así, incluso con reina, hay obreras fecundadas que no ponen: una reserva de futuras gamergates. Y cuando la colonia se queda sin reproductoras, las ganadoras de la competición por el puesto se aparean con los primeros machos disponibles, que son sus hermanos.
De ahí sale algo práctico: en una colonia suele haber obreras ya fecundadas, listas para el relevo. Solo si no las hay y tampoco nacen machos, una obrera que empiece a poner daría únicamente huevos sin fecundar, de los que en las hormigas nacen siempre machos (es una deducción, no un dato comprobado en cautividad).
Duelos de antenas: el torneo por el trono
Cuando desaparecen las reproductoras, las obreras se lanzan a un torneo. Dos obreras se colocan frente a frente y se golpean con las antenas a toda velocidad, en una lucha ritualizada que casi nunca causa heridas. En una colonia estable solo se baten las gamergates; sin reproductoras, se suman muchas más.
Un estudio de 2021 siguió el torneo día a día en grupos de 30 obreras jóvenes y 10 viejas: la mayoría abandona los duelos en unos 5 días, las futuras gamergates siguen al menos 45 días más y las primeras ponen hacia el día 10. Lo más sorprendente: al tercer día ya se puede predecir quién será gamergate con un 86 % de acierto. Al final, de 30 obreras salen de 3 a 6 gamergates, en una transición que tarda unos 3 meses. Una investigación reciente (2026, sin revisión por pares) describe la competición como un sistema por capas.
La química acompaña: la dopamina sube en las obreras más agresivas al empezar el torneo, alcanza su máximo en las gamergates y cae en las que pierden. Y la jerarquía se marca con el «mordisco de dominancia»: la dominante muerde la cabeza de la subordinada y se la empuja hacia abajo.
Policía de obreras: inmovilizadas hasta 24 horas
El torneo tiene árbitros. Cuando una obrera empieza a poner sin haberse ganado el puesto, sus compañeras saltan sobre ella y la sujetan, en casos extremos hasta 24 horas, mientras la vigilada se queda quieta en una «postura de pupa». Así se limita el número de reproductoras. ¿Cómo saben quién pone? Por el olor: los hidrocarburos de la cutícula, la «firma química» que las hormigas leen con las antenas, cambian con la actividad de los ovarios, y uno de ellos aparece solo en las ponedoras.
La policía funciona también en sentido contrario: una gamergate aislada 4 semanas y devuelta a una colonia que ya tiene reproductoras es vigilada, deja de poner y, unos 2 meses después, vuelve a cazar como una obrera más.
Cinco veces más vida: la obrera que rejuvenece al ascender
En casi todos los animales, reproducirse sale caro. H. saltator rompe la regla: una obrera vive una mediana de unos 7 meses (217 días), pero si se convierte en gamergate vive unos 3 años (unos 1.100 días): unas cinco veces más, con el mismo genoma. Si vuelve a ser obrera, pierde la ventaja: las «revertidas» viven una mediana de 188 días, como sus compañeras.
La explicación propuesta en 2022, en la revista Science, implica a la insulina: el cerebro de la gamergate produce más, lo que activa la reproducción, mientras el ovario fabrica una proteína «anti-insulina», Imp-L2, que bloquea en el cuerpo graso la rama de esa señal que acorta la vida. Es un modelo propuesto, no algo demostrado del todo. Se suman un factor de choque térmico propio de esta hormiga, la telomerasa y las sirtuinas, más activas en las reproductoras, y un péptido exclusivo de su linaje que, según una investigación reciente aún sin revisión por pares, alarga incluso la vida de la mosca del vinagre. Además, la mediana de vida de una obrera reproductora se multiplica al menos por 2,6 cuando tiene ayudantes que la cuiden.
Un cerebro que encoge un 19 % y vuelve a crecer
El cerebro de una gamergate es un 19 % más pequeño que el de una obrera cazadora, y sus centros visuales se reducen aún más: tiene lógica, porque vive en la oscuridad de la cámara y ya no caza. Lo extraordinario llegó en 2021: si la gamergate vuelve a ser obrera, el cerebro recupera su tamaño en 6–8 semanas, algo que se creía imposible en insectos como la abeja o la mosca del vinagre.
También cambia la glía, las células que acompañan a las neuronas: en las gamergates se multiplica un tipo de glía protectora que en las obreras disminuye con la edad, y su cerebro responde mejor a las lesiones. Por eso esta hormiga interesa también a quienes estudian el envejecimiento del cerebro y las enfermedades neurodegenerativas.
Corazonina: la molécula que decide entre cazar y poner
¿Qué decide que una obrera sea cazadora o reproductora? Una de las respuestas es la corazonina, una hormona del cerebro emparentada con la que controla la reproducción en los vertebrados (la GnRH). En las futuras gamergates su nivel cae, y si se les inyecta, vuelven a cazar y dejan de batirse en duelo y de poner huevos.
Detrás hay más hormonas: la ecdisona favorece la activación de los ovarios y la hormona juvenil la frena, y un gen, Kr-h1, traduce esas señales en programas distintos en cada casta: sin él, las gamergates se comportan como obreras, y las obreras, como gamergates. Una misma hormiga, dos «profesiones» y un interruptor químico entre ellas.
De la India al laboratorio: genoma, CRISPR y envejecimiento
Todo esto la convierte en un organismo modelo: el cambio de obrera a gamergate ocurre en la adulta, se puede provocar retirando a las reproductoras y es reversible. Su genoma se publicó en 2010, junto al de Camponotus floridanus, para estudiar la epigenética del envejecimiento y de la conducta. Las colonias de los laboratorios descienden de colonias recogidas en el sur de la India entre 1992 y 1999.
En 2017 fue una de las primeras hormigas modificadas con CRISPR: al anular el gen orco, imprescindible para el olfato, se obtuvieron hormigas con una conducta social anómala y un desarrollo cerebral defectuoso. Fue posible gracias a las gamergates: una obrera modificada que se convierte en gamergate puede fundar su propia línea, sin reinas ni vuelos nupciales.
Saltos de 10 cm sin catapulta
Su nombre lo dice: saltator, «saltador». Salta unos 2 cm de alto y 10 cm de largo, más de cinco veces su longitud, para huir, para desplazarse y para cazar, incluso insectos al vuelo: probablemente es el único insecto que usa el salto para las tres cosas. Hay incluso «saltos en grupo»: una obrera salta desordenadamente durante minutos y las vecinas la imitan, sin que se sepa para qué. En Antomas lo vemos a diario: sus saltos son sobre todo hacia delante, les cuesta saltar hacia arriba, y para cazar prefieren subirse a una pared o a una rama y lanzarse sobre la presa desde arriba.
Lo sorprendente es cómo lo hace: salta con las patas medias y traseras, sin ningún resorte que acumule energía, como una catapulta: es pura fuerza muscular. Un estudio de 2023 midió despegues a 0,7 m/s en apenas 0,02 s, y vio que el músculo que mueve el trocánter es unas 8 veces mayor en las patas medias, y unas 14 en las traseras, que en una ponerina que no salta. El salto hacia delante ha aparecido por separado en al menos cuatro géneros de hormigas: Gigantiops, Harpegnathos, Myrmecia y Odontomachus. Prudencia con las cifras: algunas fuentes hablan de saltos de huida de 3 a 21 cm, pero no hemos podido comprobarlo en el trabajo original.
Ojos enormes y un veneno que conserva la presa
Sus ojos ocupan casi la mitad de la longitud de la cabeza. Es una cazadora solitaria y visual, que no deja rastros de olor para reclutar compañeras: localiza la presa con la vista, la acecha inmóvil y se lanza sobre ella. A menudo se lee que tiene más omatidios (las unidades del ojo compuesto) que ninguna otra hormiga estudiada; es posible, pero no hemos encontrado el recuento original.
En Antomas lo vemos a diario con su pariente H. venator: antes del ataque, la obrera balancea el gáster con un movimiento «entusiasmado», de significado desconocido, como un francotirador que calibra su objetivo. Los criadores de H. saltator describen lo mismo.
La presa no muere: el veneno la paraliza de forma rápida y permanente, y la colonia puede guardarla «fresca». Las obreras salen del capullo con el saco del veneno vacío, lo llenan hacia los 57 días y empiezan a cazar a partir de los 50. En la naturaleza cazan grillos, cucarachas, cigarras, moscas y arañas, y no saltan sobre presas lentas como las termitas.
Un nido «empapelado» y preparado para las inundaciones
En la naturaleza construye nidos de tierra muy elaborados: cámaras poco profundas; la superior, bajo un techo abovedado rodeado de un espacio hueco que la aísla del suelo; y, en las colonias grandes, una «concha» casi esférica que envuelve varias cámaras. Las paredes están «empapeladas» con tiras de capullos vacíos y otros restos, quizá para mantenerlas secas (es una hipótesis), y la basura va a una cámara aparte, más profunda.
Todo apunta a un nido preparado para las inundaciones de las llanuras del sur de la India, que la colonia conserva durante generaciones (también es una hipótesis). La entrada, un pequeño montículo de ramitas y hojas, se cierra al anochecer y se abre de día. En cautividad no necesitan excavar: en los laboratorios viven en nidos de yeso, sin tierra.
Un hogar sin invierno y con monzón: el sur de la India
La describió en 1851 el naturalista británico T. C. Jerdon a partir de obreras de Tellicherry (hoy Thalassery, Kerala) y de Mysore (Karnataka); como creó a la vez el género y la especie, el autor va sin paréntesis: Jerdon, 1851. Vive en el sur de la India, incluidos los Ghats occidentales, y en Sri Lanka (subespecie H. s. taprobanae Forel, 1909), a la sombra de las plantas o cerca de raíces, en llanuras que se inundan. La línea de Antomas procede de la India.
Su clima no conoce el invierno. Las normales del servicio meteorológico indio (IMD, 1991–2020) lo dibujan así, estación por estación:
- Estación fresca y seca (diciembre–febrero). En la costa de Malabar (Kannur, a unos 20 km de Thalassery), medias de unos 28 °C y casi sin lluvia; en la meseta de Karnataka (Mysore, a 770 m), medias de 22–24 °C y noches de unos 16–17 °C en enero, las más frescas del año.
- Premonzón (marzo–mayo). Lo más caluroso: en la costa, 30–30,5 °C de media y unos 35 °C de máxima; en la meseta, 26,5–28 °C. En mayo llegan las primeras tormentas.
- Monzón del suroeste (junio–septiembre). En la costa caen más de 2.600 mm en cuatro meses (el 78 % de la lluvia del año), con una humedad del 81–87 % y medias de 26–27 °C; en la meseta llueve mucho menos y las medias bajan a 24–25 °C.
- Posmonzón (octubre–noviembre). Siguen las lluvias (octubre es el mes más lluvioso en Mysore), con medias de unos 24–28 °C.
En resumen: en la costa, medias de 26–30,5 °C todo el año; en la meseta, de 22 a 28 °C; y ningún mes por debajo de unos 22 °C de media. La duración del día apenas cambia: de 11 h 25 min a 12 h 50 min a lo largo del año. Y ese monzón, que encharca las llanuras donde vive, es el que explicaría su nido a prueba de inundaciones, con la cámara superior aislada del suelo y las paredes «empapeladas».
Es diurna, con horario partido: caza por la mañana y a última hora de la tarde, con una pausa al mediodía, según la temperatura del suelo y la luz. El género reúne nueve especies, desde la India hasta Filipinas, el sur de China y Java; en Antomas tenemos también a su pariente negra, H. venator, y a la filipina H. honestoi.
Tamaño y morfología
Ponerina grande y esbelta, de mandíbulas largas y ojos enormes. Harpegnathos viene del griego hárpē, «hoz», y gnáthos, «mandíbula»; saltator es «saltador» en latín.
- Coloración. Según Bingham (1903), cabeza, tórax y pecíolo de color rojo ferruginoso; gáster negro brillante; y mandíbulas, antenas y patas amarillas. Jerdon (1851) la describió con la cabeza más oscura, así que puede haber variación. La línea de Antomas, de la India, tiene la cabeza rojiza, como en la descripción de Bingham.
- Frente a H. venator. H. saltator es bicolor, con el gáster liso y brillante; H. venator es casi entera negra, con el gáster mate. Se crían igual: solo cambian los colores.
- Mandíbulas. Largas, curvadas hacia arriba y en forma de hoz, con dos hileras de dentículos y una concavidad en la base que, según un estudio de 2020, sirve para sujetar los huevos.
- Ojos y ocelos. Ojos enormes, de casi la mitad de la longitud de la cabeza, y, algo raro en una obrera, también ocelos, los pequeños ojos simples de la frente.
- Patas de saltadora. Las traseras miden el 92 % de la longitud del cuerpo; una obrera pesa unos 32 mg.
- Aguijón. Grande y funcional.
- Reina. Nace alada y es muy parecida a la obrera, algo mayor; la diferencia de forma entre ambas es mínima. Se quita las alas ella misma, y sin alas pasa a comportarse como una obrera (investigación de 2021, sin revisión por pares). Se distingue de una gamergate por las cicatrices de las alas y el tórax; los ocelos no sirven, porque las obreras también los tienen.
- Gamergate. Por fuera, una obrera: se reconoce por su conducta (ver «¿Qué es una gamergate?»).
- Macho. Pardo rojizo, alado y con mandíbulas cortas, anchas y triangulares, sin hoz.
- Desarrollo. La larva pasa por 4 estadios, y su casta se decide tarde, por la hormona juvenil. De huevo a adulto pasan unos 80 días en laboratorio. Antes de pupar, las larvas tejen un capullo, y para eso necesitan material fino: en los laboratorios les ponen serrín.
Medidas aproximadas
- Obreras: 14–17 mm
- Gamergates: 14–17 mm, igual que las obreras (no hay medidas propias publicadas)
- Reina: 17–19 mm, más o menos como una obrera grande
- Macho: unos 9,5 mm
Son medidas históricas (Bingham, 1903; Forel, 1900, para el macho). Jerdon (1851) da unos 19 mm para la obrera, y la revisión de Schmidt y Shattuck (2014), 14–20 mm para las obreras del género. No hay morfometría moderna de la especie.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 3/5 – Intermedio
Los parámetros son sencillos: unos 25 °C estables y un nido de yeso húmedo, como en los laboratorios que la crían desde hace décadas, donde se considera fácil de mantener. La dificultad real está en un suministro constante y abundante de presa viva, porque solo come proteína y come mucho, y en una humedad alta en todo momento, estable y sin encharcar. Las tiendas suelen calificarla de «avanzada» o «para expertos»; en Antomas la situamos en un nivel intermedio, como a H. venator, que se cría exactamente igual.
Y merece mucho la pena. Obreras grandes y bicolores que te siguen con la mirada, trepan a lo alto de una rama, acechan inmóviles, balancean el gáster y se lanzan de un salto sobre la presa. Y, dentro del nido, la sociedad que estudian los mejores laboratorios del mundo: la gamergate erguida sobre los capullos, los duelos de antenas y la policía de obreras. Todo ello en una especie muy rara en el comercio europeo.
Parámetros recomendados
- Temperatura: 24–26 °C, estable. Los laboratorios la mantienen a unos 25 °C constantes, y en su origen ningún mes baja de unos 22 °C de media.
- Humedad del nido: 60–80 %, alta en todo momento y estable.
- Zona de forrajeo: algo más seca que el nido, con luz y con agua siempre disponible (un tubo de ensayo con agua y algodón).
- Tipo de nido: de materiales naturales que retengan y repartan la humedad, mejor de yeso. No es una especie para nidos secos ni para nidos acrílicos sin un buen sistema de hidratación.
- Luz: basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz; los laboratorios usan un ciclo de 12 h de luz y 12 h de oscuridad.
- Diapausa: no hace; en su origen no hay invierno (ver más abajo).
Estas especies necesitan humedad alta en todo momento, y estable, porque son sensibles a los cambios bruscos: dejar que se deshidraten es un error bastante grave. Un nido que se seca mientras las larvas crecen deprisa provoca mudas fallidas; uno encharcado moja los capullos, que no llegan a abrirse, y trae moho y ácaros. La pauta de los laboratorios: yeso húmedo, «que no parezca polvoriento al tacto», pero capaz de absorber toda el agua que se le añade, regado de media una vez por semana con agua desionizada (en casa, destilada), porque las sales reducen la absorción del yeso. Una buena ventilación ayuda a evitar los ácaros.
Hormigueros recomendados
En Antomas recomendamos la gama Qbik Wild de Anthouse, de yeso, y en especial su versión híbrida: un depósito inferior de evaporación, separado de las galerías, transmite la humedad a través de una malla (con carbón activo para que el agua no se estanque), y se completa con un tubo bebedero lateral. El formato adecuado es el Duo: el Qbik Wild Duo P 2C Híbrido, pensado para hormigas grandes.
Como alternativas, la misma gama con sistema de evaporación (el agua nunca toca las cámaras) o con el sistema normal (tubo de agua rellenable):
Completa el montaje con estos cinco detalles:
- Zona de forrajeo amplia, con tapa ventilada a poder ser: con esta especie, una buena zona de caza importa más que el tamaño del nido.
- Ramas o decoración en el forrajeo: les encanta subirse a ellas, o a las paredes, para saltar sobre la presa desde arriba. Es su forma favorita de cazar y un comportamiento precioso de observar.
- Sustrato fino en el forrajeo y en el nido (fibra de coco, serrín o tierra fina, mejor esterilizado unos días en el congelador): las larvas lo necesitan para tejer el capullo, y las obreras les ayudan cubriéndolas de partículas.
- Agua siempre disponible: para especies de mandíbula larga como esta, en Antomas recomendamos un tubo de ensayo con agua y algodón en el forrajeo; beben del algodón sin problema.
- Cámaras amplias: un criador de H. saltator recomienda un nido ancho, mejor de una sola cámara, para que las obreras tengan espacio.
Colonias con gamergates
En Antomas vendemos esta especie como colonia con gamergate, sin reina. Funciona igual que una colonia con reina y es igual de estable: la gamergate pone huevos fecundados, de los que nacen obreras, y la colonia crece. Eso sí, pone más o menos la mitad de huevos que una reina y el desarrollo es lento (unos 80 días de huevo a adulto): las primeras obreras nuevas tardarán unos meses en aparecer.
Además, en casa pueden salir más gamergates, y no siempre hacen falta machos: a veces las obreras ya vienen fecundadas. Es normal que una colonia tenga varias, y cuando la colonia cría machos, estos se aparean con sus hermanas dentro del nido, de modo que hay obreras fecundadas listas para el relevo. Si ves duelos de antenas u obreras sujetando a otras, disfrútalo: no es una pelea que deba preocuparte.
Para reconocer a la gamergate, fíjate en su conducta: se queda en la cámara, junto a los capullos, erguida, camina despacio y nunca sale a cazar.
Si muere la reina o la gamergate, no te precipites: espera a ver si alguna obrera ya está fecundada y toma el relevo, o si incluso nacen machos que fecunden a alguna obrera. En Harpegnathos pasa de forma bastante habitual, sobre todo en H. saltator. Solo si no hay obreras fecundadas ni nacen machos, las nuevas ponedoras darían únicamente machos (es una deducción). Y si tienes dudas, consúltanos: te ayudamos encantados.
No se pueden unir colonias: no lo intentes.
Llegada. Instala la colonia en un lugar tranquilo y a temperatura estable, con su zona oscura en el nido, y ofrécele agua enseguida: tras el viaje suelen llegar con sed. Los primeros días pueden estar asustadizas y agrupadas, pero con su buena vista se adaptan pronto. Retira las obreras que hayan muerto durante el viaje. Para pasarla a su hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado: volcamos la colonia en el hormiguero nuevo.
Alimentación
Esta especie solo come proteína: nada de azúcar ni néctar. Los laboratorios no lo usan, y la mayoría de los criadores de H. venator coinciden en que no lo acepta.
En Antomas recomendamos alimentarla 3–4 veces por semana como mínimo, sobre todo con presa viva: grillos, cucarachas y moscas de un tamaño que puedan dominar (en laboratorio, grillos de unos 6–10 mm). Nuestra favorita es la cucaracha runner (Shelfordella lateralis), con menos riesgo de ácaros, a los que el género es sensible. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo.
¿Por qué viva? Su veneno paraliza sin matar, y la presa se conserva «fresca» más tiempo. Dar solo presas muertas suele ser ineficaz e incluso perjudicial para la colonia, y además te perderías lo mejor: la caza.
Comen mucho. Como referencia, el único diario de cría publicado de H. saltator cuenta que 40 obreras se comían más de 20 grillos a la semana, que con menos no criaban y que convenía tener siempre un grillo en el nido. Con hambre, la colonia se come su propia cría: es una de las causas de fracaso más habituales. Ajusta la cantidad a la cría: cuantas más larvas, más presa.
Cuanto más comen, mejor y más rápido crecen. Es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque las hormigas entienden que tienen más recursos y crecen más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros.
Deja la presa al alcance de las larvas. Como en muchas ponerinas, las obreras no alimentan a las larvas boca a boca: las larvas comen directamente de la presa. Las pequeñas pueden compartir un grillo; a las grandes, una cabeza o una pata para cada una.
Ojo con los grillos tratados con insecticidas o acaricidas: pueden matar la colonia. Compra a un proveedor de confianza; un truco de criador: si en la caja de grillos hay arañas vivas, probablemente no están tratados. Retira los restos en cada toma, antes de que críen moho y ácaros, y que nunca les falte agua en el tubo con algodón.
Diapausa
No hace diapausa ni necesita invernada: en su origen no hay invierno, y ningún mes baja de unos 22 °C de media. En Antomas la mantenemos activa todo el año a 24–26 °C, y en los laboratorios crece y produce reinas y machos a 25 °C constantes, sin ningún reposo invernal. Evita, eso sí, los cambios bruscos de temperatura.
Comportamiento en cautividad
Es una hormiga muy visual: los criadores cuentan que sus obreras siguen con la mirada al criador por la habitación. Y su forma de cazar es un espectáculo: en la experiencia de Antomas, suelen subirse a las paredes de la zona de forrajeo o a una rama y saltar sobre la presa desde arriba, después de quedarse quietas y balancear el gáster. Son muy buenas trepadoras: por eso conviene ponerles ramas o decoración en el forrajeo. También saltan para apartarse cuando algo las sorprende y, a veces, de pura agitación (los «saltos en grupo»).
Su temperamento es doble: algo asustadiza al principio con el criador y conflictiva dentro de la colonia, con duelos de antenas, mordiscos de dominancia y obreras que sujetan a otras durante horas; es su forma de organizarse. Caza sobre todo por la mañana y a última hora de la tarde, y le gusta decorar: un criador observó que sus obreras adornaban la entrada del nido con materiales variados.
Cómo observarlas sin molestarlas. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Con especies de tan buena vista es todavía más fácil, porque se adaptan a tu presencia. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible.
Señales de alarma: si desaparece la cría, casi siempre falta comida; si la colonia se amontona en un rincón y deja de criar, revisa la temperatura y la humedad.
Fugas y barreras
Buenas noticias para una hormiga que se llama «saltadora»: en la experiencia de Antomas, son muy buenas trepadoras, pero no son escapistas. Y, a pesar de su nombre, les cuesta saltar hacia arriba: sus saltos son sobre todo hacia delante, de unos 10 cm de largo frente a unos 2 cm de alto. Trepan por casi todo, también por el cristal, pero no buscan salidas.
Por eso, en Antomas recomendamos una tapa ventilada, a poder ser, y no hace falta más barrera. Revisa, eso sí, tapones, uniones y conexiones: cualquier holgura es una salida para una hormiga tan buena trepadora.
Manejo y seguridad
Tiene un aguijón grande y funcional, y Jerdon (1851) ya la describió como una hormiga muy belicosa que «muerde y pica con mucha fuerza». En la práctica, tranquilidad: no hay mediciones modernas del dolor, y en la experiencia de Antomas una Harpegnathos nunca nos ha hecho daño; en algunas personas, la picadura ha enrojecido e hinchado un poco la zona, y nada más. Aun así, en Antomas recomendamos manipularla siempre con herramientas entomológicas (pinzas blandas o pincel), nunca con las manos, y tener precaución si eres alérgico a las picaduras de himenópteros. Cuidado con las obreras recién nacidas, de cutícula todavía blanda, y trabaja despacio para no perder a la gamergate. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.
Qué no hacer
- Ofrecerle azúcar, néctar o miel: solo come proteína.
- Alimentarla solo con presa muerta.
- Quedarse corto con la comida: el hambre acaba en canibalismo de la cría.
- Darle siempre el mismo insecto, o grillos que puedan estar tratados con insecticidas o acaricidas.
- Dejar restos de presa en el nido o en la zona de forrajeo.
- Dejar que se deshidraten: necesitan humedad alta en todo momento y agua siempre disponible.
- Encharcar el yeso, o cambiar la temperatura o la humedad de golpe.
- Montarla sin sustrato fino: las larvas lo necesitan para el capullo.
- Dejar la zona de forrajeo vacía, sin ramas ni decoración desde las que saltar a cazar.
- Manipularla con las manos.
- Intentar unir colonias: no se puede.
- Hacerle diapausa.
- Tenerla escondida: está para observarla y disfrutarla; hazlo con delicadeza, interviniendo lo menos posible.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Harpegnathos saltator, de los protocolos de cría de los laboratorios que la estudian y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
- Peeters, C. & Crewe, R. M. (1984). Insemination controls the reproductive division of labour in a ponerine ant. Naturwissenschaften 71: 50–51. doi:10.1007/BF00365989
- Peeters, C. & Crozier, R. H. (1988). Caste and reproduction in ants: not all mated egg-layers are «queens». Psyche 95: 283–288. doi:10.1155/1988/52368
- Peeters, C. (1991). Ergatoid queens and intercastes in ants: two distinct adult forms which look morphologically intermediate between workers and winged queens. Insectes Sociaux 38: 1–15. doi:10.1007/BF01242708
- Peeters, C. & Hölldobler, B. (1995). Reproductive cooperation between queens and their mated workers: the complex life history of an ant with a valuable nest. PNAS 92: 10977–10979. doi:10.1073/pnas.92.24.10977
- Liebig, J., Peeters, C. & Hölldobler, B. (1999). Worker policing limits the number of reproductives in a ponerine ant. Proceedings of the Royal Society B 266: 1865–1870. doi:10.1098/rspb.1999.0858
- Opachaloemphan, C. et al. (2021). Early behavioral and molecular events leading to caste switching in the ant Harpegnathos. Genes & Development 35: 410–424. doi:10.1101/gad.343699.120
- Opachaloemphan, C., Carmona-Aldana, F. & Yan, H. (2023). Caste transition and reversion in Harpegnathos saltator ant colonies. Bio-protocol 13: e4770. doi:10.21769/BioProtoc.4770
- Yan, H. et al. (2022). Insulin signaling in the long-lived reproductive caste of ants. Science 377: 1092–1099. doi:10.1126/science.abm8767
- Penick, C. A. et al. (2021). Reversible plasticity in brain size, behaviour and physiology characterizes caste transitions in a socially flexible ant (Harpegnathos saltator). Proceedings of the Royal Society B 288: 20210141. doi:10.1098/rspb.2021.0141
- Gospocic, J. et al. (2017). The neuropeptide corazonin controls social behavior and caste identity in ants. Cell 170: 748–759. doi:10.1016/j.cell.2017.07.014
- Yan, H. et al. (2017). An engineered orco mutation produces aberrant social behavior and defective neural development in ants. Cell 170: 736–747. doi:10.1016/j.cell.2017.06.051
- Baroni Urbani, C. et al. (1994). A novel mechanism for jumping in the Indian ant Harpegnathos saltator (Jerdon) (Formicidae, Ponerinae). Experientia 50: 63–71. doi:10.1007/BF01992052
- Aibekova, L. et al. (2023). Parallel and divergent morphological adaptations underlying the evolution of jumping ability in ants. Integrative Organismal Biology 5: obad026. doi:10.1093/iob/obad026
- Peeters, C., Hölldobler, B., Moffett, M. & Musthak Ali, T. M. (1994). «Wall-papering» and elaborate nest architecture in the ponerine ant Harpegnathos saltator. Insectes Sociaux 41: 211–218. doi:10.1007/BF01240479
- Dificultad
- Intermedio



I had been looking for this species for ages, so I jumped straight on it when I saw Antomas selling them. Zero regrets