Camponotus fedtschenkoi | Comprar y cuidados | Antomas
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Camponotus fedtschenkoi - Hormiga Blanca

15,99 €
Impuestos incluidos

Su nombre recuerda a un explorador ruso que murió en el Mont Blanc a los 29 años y que hoy bautiza el glaciar más largo fuera de los polos. Camponotus fedtschenkoi, la Hormiga Blanca, es hija de las estepas y los desiertos de Asia central, donde el verano abrasa la arena y el invierno la hiela: obreras de un amarillo tan pálido que se transparentan cuando llenan el buche de néctar, y obreras mayores de cabeza más oscura. Dificultad 1/5, Principiante: nido a 24–28 °C con calor por un lado, humedad al fundar y nido seco después, mucho azúcar en bebedero, proteína variada y una diapausa templada en invierno. Se vende como reina con prole o como reina con obreras y prole. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 1/5 – Principiante

Camponotus de las estepas, los desiertos y los valles secos de Asia central, con obreras de color amarillo pálido, casi translúcidas, y obreras mayores de cabeza más oscura. Se vende como reina con prole o como reina con 5–15 obreras y prole. Fundación claustral y una sola reina por colonia. Qbik Wild One P 1C para empezar y, después, QBIK ONE y DUO; nido a 24–28 °C con un punto cálido de 28–30 °C, humedad en los tubos al principio y nido seco después, mucho azúcar siempre en bebedero y proteína variada, mejor en presas abiertas. Diapausa recomendable de unos 3 meses a 10–15 °C. De joven es tímida: el primer tramo pide calor, agua y paciencia. Trepa: barrera de aceite mineral y tapa. Sin aguijón.

Camponotus fedtschenkoi Mayr, 1877 es una hormiga carpintera de las tierras secas de Asia: desiertos de arena, estepas y valles de montaña que van desde el bajo Volga hasta el oeste de China. Es una Camponotus mediana, polimórfica y sin aguijón, de obreras de varias tallas, que en su forma clara tiene un cuerpo de color amarillo tan pálido que en Antomas la llamamos Hormiga Blanca.

Es una de las especies que más vendemos, y también una de las peor estudiadas en la naturaleza: casi todo lo que se ha publicado sobre ella son descripciones, catálogos y listas de fauna. Por eso, como siempre, separamos lo que está publicado, lo que se sabe de su género, lo que cuentan los criadores y lo que recomendamos en Antomas.

Biología

Un naturalista, un glaciar y una hormiga

El nombre honra a Alekséi Pávlovich Fedchenko (1844–1873), un naturalista ruso nacido en Irkutsk. Entre 1868 y 1871 recorrió el Turquestán con su mujer, la botánica Olga Fedchenko: el valle del Zeravshán, Samarcanda, los montes Fan, el desierto de Kyzylkum y el valle del Alai, donde descubrió la cordillera Transalai. Volvió con grandes colecciones de plantas y animales, que se repartieron entre los especialistas de la época. Las hormigas fueron para el austriaco Gustav Mayr, que describió esta especie en 1877 en el relato ruso del viaje y volvió a publicarla en alemán y latín en 1880. Sus ejemplares tipo, obreras, reinas y machos, se recogieron entre 1869 y 1871 en esos valles.

Fedchenko no llegó a ver la hormiga con su nombre. Murió en septiembre de 1873, con solo 29 años, en un glaciar del macizo del Mont Blanc, sorprendido por un temporal mientras se entrenaba para una expedición al Pamir. En ese Pamir que no pudo explorar lleva hoy su nombre el glaciar Fedchenko, de unos 77 km de largo, considerado el glaciar más largo del mundo fuera de las regiones polares. Lo descubrió otra expedición rusa en 1878, cinco años después de su muerte.

Cien años con otros apellidos

Mayr la describió como una especie nueva, aunque la definió con una frase en latín que lo dice todo: «muy parecida a Camponotus sylvaticus», la carpintera nocturna del Mediterráneo occidental que también tenemos en Antomas. Lo que la separaba, según él, eran los pelillos cortos y oblicuos que cubren en abundancia sus patas y sus antenas.

Durante casi un siglo, los especialistas no se pusieron de acuerdo:

  • Desde 1879, Auguste Forel y otros la trataron como una subespecie de C. sylvaticus, y en 1886 Forel la pasó a C. rubripes.
  • Desde 1893, Carlo Emery la colocó como subespecie de C. maculatus, el gran cajón de sastre de las carpinteras del siglo XIX, el mismo nombre que lleva nuestra hormiga gigante africana, C. maculatus. En 1925 la situó en el subgénero Tanaemyrmex.
  • En 1962, el mirmecólogo soviético Gennadi Dlussky le devolvió el rango de especie, y así sigue.
  • En 1997, Alexander Radchenko, en su revisión de las Camponotus del Paleártico asiático, convirtió en sinónimos suyos C. tichomirovi, descrita en 1905, y la variedad adi, descrita en 1930.

Hoy es una especie válida, sin subespecies. Su subgénero, Tanaemyrmex, hay que tomarlo con cautela: según la clasificación de las formicinas de 2016, buena parte de los subgéneros de Camponotus no reflejan parentescos reales y esperan una revisión a fondo. Y la forma amarilla que se cría en Europa es solo eso, una forma de color, sin ningún nombre científico propio.

Del Volga a Xinjiang

Su área cubre buena parte de las tierras secas de Asia central y occidental. Está citada en Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán, Kirguistán, Kazajistán, Afganistán, Irán, Armenia, Azerbaiyán, Rusia y China, entre unos 34 y 45° de latitud norte. También aparece en la lista de hormigas de Turquía, aunque los especialistas turcos consideran dudosa esa cita, porque el material de Anatolia oriental se parece mucho a otra especie, C. buddhae.

  • En China, la primera cita se publicó en el año 2000: pequeñas obreras claras cogidas con trampas de caída en la cuenca de Junggar, en Xinjiang, una región de dunas fijas con matorral disperso, choperas y regadíos donde caen apenas 115–164 mm de lluvia al año.
  • En Rusia solo se conoce de un lugar, la reserva natural de Bogdinsko-Baskunchak, en el semidesierto del bajo Volga. Los entomólogos que la estudiaron allí la presentan como una especie «poco conocida».
  • En la montaña llega lejos: la variedad adi, hoy sinónimo, se describió a partir de cuatro obreras recogidas a 2.800 m de altitud por la expedición al Pamir de 1928.

Desiertos, semidesiertos, estepas y valles de montaña: es una hormiga de terrenos abiertos y secos. Los catálogos no dicen mucho más de dónde anida; las tiendas y los criadores la describen anidando en el suelo y bajo piedras, como sus parientes.

Un clima de extremos

Donde vive, el clima es continental y seco, y la hormiga tiene que aguantar los dos extremos:

  • Veranos de horno. En los desiertos bajos, julio ronda los 28–32 °C de media, con máximas cercanas a 40 °C, y la superficie de la arena supera los 60–70 °C. Casi no llueve de junio a septiembre.
  • Inviernos de verdad. Enero se queda en 1–5 °C de media en las zonas bajas y por debajo de cero más al norte y en Xinjiang. Hay heladas de diciembre a febrero y, en las olas de frío, mínimas de −20 a −30 °C. La poca lluvia del año cae entre noviembre y abril.
  • El refugio, bajo tierra. El nido amortigua las dos cosas. En arenales del norte de su área, a 20–40 cm de profundidad, el suelo marca a mediodía en julio unos 24–32 °C, muy lejos del horno de la superficie. En invierno, a la profundidad del nido, calculamos que se queda en unos 5–13 °C durante unos tres meses, sin helar. Son las dos cifras en las que se basan las temperaturas y la diapausa que recomendamos en casa.

Muy vendida, poco estudiada

Sobre esta especie circulan muchas afirmaciones que no hemos podido respaldar con ninguna fuente. No hay ningún estudio publicado sobre:

  • Sus vuelos nupciales: ni la época, ni la hora, ni si son masivos.
  • El número de reinas en la naturaleza: no hay datos genéticos ni de campo. Tiendas y criadores la describen como monogínica, con una sola reina, y así la criamos en Antomas, pero nadie lo ha estudiado.
  • El tamaño de sus colonias silvestres, ni si una colonia ocupa varios nidos o domina grandes extensiones.
  • Su horario: algunas tiendas la describen como nocturna, pero nadie lo ha estudiado.
  • La fuerza de su ácido fórmico, que a veces se dice «débil» sin ningún dato.

Lo documentado es su descripción, su distribución y su parentesco. Lo demás sale de su género y de los criadores, y lo indicamos en cada caso.

Pastora de pulgones y cochinillas

Como casi todas las Camponotus, vive sobre todo de líquidos azucarados: el néctar de las plantas y, sobre todo, el mielato, la melaza dulce que expulsan los pulgones, las cochinillas y otros insectos chupadores de savia, que las hormigas «ordeñan» y protegen. En su estudio de las hormigas del noroeste de China, Cedric Collingwood y Harold Heatwole señalan que las Camponotus de la región dependen sobre todo del mielato de los pulgones de árboles y arbustos, y rara vez se alejan de ellos. Lo completan con proteína: insectos que cazan o encuentran muertos y que llevan a las larvas.

Una confusión que circula: a veces se lee que estas hormigas cuidan «pulgones y coccinélidos». Los coccinélidos son las mariquitas, que se comen a los pulgones y son enemigas de las hormigas que los cuidan. Lo correcto es pulgones y cóccidos, es decir, cochinillas. Para el criador, la lección es sencilla: azúcar siempre disponible (ver «Alimentación»).

Bacterias que fabrican proteína

¿Cómo crece una colonia que bebe tanto azúcar? En parte, gracias a una inquilina. Las Camponotus y sus parientes cercanas alojan en células especiales del intestino a Blochmannia, una bacteria que la reina transmite a sus hijas dentro de los huevos. En 2007, el equipo de Heike Feldhaar demostró que esta bacteria aporta aminoácidos esenciales: con una dieta pobre en ellos, las colonias tratadas con un antibiótico que reducía la bacteria criaban mucho menos, y se recuperaban si se les añadían esos aminoácidos. Dos años después, un estudio de su árbol genealógico propuso que las antepasadas de estas hormigas se hicieron con ella al cuidar insectos chupadores de savia, los mismos que hoy les dan el mielato.

Nadie lo ha estudiado en C. fedtschenkoi en concreto, pero es un rasgo de todo su grupo. Ayuda, no sustituye: sin insectos en la dieta, las larvas no crecen.

El buche, a la vista

Las obreras guardan el líquido que recogen en el buche social, una bolsa del aparato digestivo que está dentro del gáster y que funciona como despensa compartida: lo reparten después boca a boca entre sus compañeras y las larvas, la trofalaxia. En una hormiga oscura apenas se nota, pero en la forma clara de esta especie, con la cutícula pálida y fina, el gáster lleno se estira, se ven las bandas claras entre los segmentos y el líquido se transparenta. Hay quien lo llama el efecto «lámpara de lava»: con un néctar teñido, las obreras toman su color.

Eso no la convierte en una hormiga mielera: no tiene obreras repletas que vivan colgadas del techo como depósitos, como las Myrmecocystus. Es el buche normal de cualquier Camponotus, solo que aquí se ve.

Una reina que funda sola

Cuando aterriza tras el vuelo, la joven reina se desprende de las alas, cava una cámara, la cierra y cría a sus primeras obreras sin salir a buscar comida. Es la fundación claustral, la habitual en el género. Todo lo que necesita lo lleva encima: los músculos de las alas, que ya no usará, y una reserva de grasa y proteínas. En C. festinatus, una carpintera de los desiertos norteamericanos, se identificaron esas proteínas de reserva, las hexamerinas: la reina las acumula antes del vuelo y las va gastando en alimentar a sus larvas, hasta agotarlas cuando ya tiene obreras.

En C. fedtschenkoi no se ha medido, pero el mecanismo es el mismo en todas las fundadoras claustrales. Por eso una reina con prole puede sacar adelante sus primeras obreras en un tubo, sin ayuda, aunque en Antomas recomendamos darle de vez en cuando un pequeño tentempié (ver «Fundación y primeras obreras»).

Sin aguijón, con ácido

Pertenece a las formicinas, la subfamilia de hormigas que perdió el aguijón y lo cambió por química. La punta de su gáster acaba en el acidoporo, un orificio rodeado de pelillos por el que rocía ácido fórmico, el mismo compuesto que debe su nombre a las hormigas (formica, en latín). Lo usa para defenderse y para alarmar a sus compañeras, y las obreras mayores lo acompañan de un mordisco.

No hay ningún dato sobre la fuerza de su ácido frente al de otras especies. Lo que sí se sabe de la subfamilia es curioso: en 2015, un equipo de la Universidad de Texas vio que nueve formicinas de linajes distintos, tras recibir veneno de hormiga de fuego, se lo limpiaban untándose con su propio ácido, que lo neutraliza. Un antídoto de fabricación propia.

Tamaño y morfología

Una Camponotus de talla media, brillante y polimórfica: las obreras forman una serie continua de tallas, de las menores a las mayores, sin una casta de soldados aparte. Las llamadas «soldados» son obreras mayores, más grandes y de cabeza más ancha.

  • Un nombre, dos colores. Mayr ya describió dos formas: una oscura, brillante y parda, con las patas, el pecíolo y parte del gáster rojizo amarillentos, y otra clara, sobre todo en las obreras menores, toda de color testáceo rojizo, es decir, amarillo rojizo, con la cabeza a menudo más rojiza. En su revisión de 1997, Radchenko la caracteriza por un cuerpo «amarillo de varios tonos».
  • La forma clara. En la reserva del bajo Volga, obreras y reinas tienen la cabeza de parda a pardo amarillenta, más oscura que un tórax y un gáster de color amarillo blanquecino. En Xinjiang se citaron «pequeñas obreras claras». Esa es la forma que se cría en Europa, la nuestra: obreras de un amarillo muy pálido, casi translúcido, y obreras mayores con la cabeza más oscura o más rojiza que el cuerpo.
  • Las formas oscuras. En el comercio aparecen de vez en cuando colonias pardas u oscuras que se venden como rarezas. Son la misma especie: la variación de color se ve desde la primera descripción.
  • Obreras recién nacidas. Salen totalmente amarillas y la cabeza se les oscurece en pocos días. Una colonia joven, con muchas recién nacidas, parece más clara de lo que es.
  • Pilosidad. Pelos erectos moderadamente largos en la cabeza, el dorso del tórax y el gáster, y muchos pelillos cortos y oblicuos en las patas y los escapos de las antenas. Es el carácter con el que Mayr la separó de C. sylvaticus, y el que usan las claves para identificarla.
  • Superficie y mandíbulas. Cutícula brillante, con una microescultura fina, como de cuero. Mandíbulas con 6–7 dientes.
  • Gáster. Brillante, con poca pubescencia. Se dilata a la vista cuando el buche está lleno (ver «El buche, a la vista») y termina en el acidoporo.
  • Reina. Más oscura que las obreras: según Mayr, cabeza y tórax de pardo negruzco y patas y lados del gáster rojizo amarillentos. Antes del vuelo, alas casi transparentes, amarillentas.
  • Macho. Pardo, y solo se distingue del de C. sylvaticus por la pilosidad de las patas y las antenas.

Medidas aproximadas

  • Obreras: 5,8–10 mm, de las menores a las mayores
  • Reina: 12–13 mm
  • Macho: 7,3–7,6 mm

Son las medidas de los ejemplares tipo que dio Mayr (1880). No hemos encontrado medidas publicadas de la cabeza ni de poblaciones concretas. En el hobby se habla de obreras mayores de hasta 12 mm y de reinas algo mayores, pero no proceden de mediciones publicadas, así que preferimos no darlas. Tampoco las cifras de obreras de 3 mm o de reinas de 1 cm que circulan por internet tienen ninguna base: la obrera más pequeña de los tipos mide casi 6 mm. Las nanitas, las primeras obreras de una colonia, pueden quedarse algo por debajo.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 1/5 – Principiante

En Antomas la consideramos una de las mejores Camponotus para empezar: come de todo, tolera bien un nido seco cuando la colonia ya ha arrancado, no tiene aguijón y, una vez establecida, es una hormiga tranquila y limpia. Para que todo vaya bien, solo hay que tener en cuenta tres cosas:

  • Necesita calor. Los criadores coinciden en que, sin una fuente de calor, la prole se desarrolla muy despacio. Un cable o una manta térmica en un lateral, con termostato, marca la diferencia.
  • El arranque pide paciencia. Las reinas y las colonias pequeñas son tímidas y sensibles. El primer año la colonia crece despacio, y es cuando más importan el agua en el tubo y no molestar.
  • Agradece un invierno. No es imprescindible, pero una diapausa templada encaja con su clima de origen (ver «Diapausa»).

Pasado ese primer tramo, la recompensa es una colonia que se dispara, con obreras de varias tallas y ese amarillo pálido que la hace inconfundible. Si buscas otra Camponotus fácil de Asia, en Antomas tienes también Camponotus nicobarensis, de clima tropical y sin invierno.

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 24–28 °C en la temporada activa, con un punto cálido de 28–30 °C en un lateral, siempre con termostato. La colonia se coloca donde le conviene: verás la prole amontonada junto a la fuente de calor.
  • Por qué así: en verano, el suelo de su área a 20–40 cm de profundidad está a unos 24–32 °C, y las fichas de cría y los criadores coinciden en 24–28 °C. Uno de ellos notó que a 25 °C la cría iba lenta y subió a 25–27 °C.
  • Sin calentar todo el nido: en un diario de cría, una manta térmica debajo de todo el hormiguero mató a la mitad de las obreras de una colonia pequeña. El calor, siempre por un lado, y nunca de forma continua por encima de unos 32 °C.
  • Zona de forrajeo: a temperatura de casa, unos 20–25 °C. Puede tener un rincón más templado.
  • Humedad: humedad en los tubos mientras la colonia es pequeña; después, nido seco (ver «Humedad: húmeda al fundar, seca después»).
  • Agua: siempre, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: nido a oscuras y forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche.
  • Diapausa: recomendable, de unos 3 meses, de diciembre a febrero, a 10–15 °C (ver «Diapausa»).

Humedad: húmeda al fundar, seca después

Es una hormiga de tierras áridas, pero eso no quiere decir que la reina y la primera cría vivan sin agua. Como con casi todas las Camponotus, en Antomas lo hacemos en dos fases:

  • Fundación y colonia pequeña: el tubo de ensayo con su depósito de agua tras el algodón, y los sistemas de humedad del hormiguero llenos. En un diario de cría, la prole de una reina fue muriendo cuando el tubo se quedó seco: es el error más caro de esta fase.
  • A partir de unas 50–100 obreras: el nido puede quedarse seco, con el agua y los líquidos azucarados en el forrajeo. Un criador vio cómo sus obreras roían el depósito de agua de un nido de hormigón celular y lo inutilizaban, y la colonia siguió prosperando con el agua del forrajeo.
  • Nunca encharcado: el agua de más trae condensación, moho y ácaros. Si ves gotas en las paredes, deja de humedecer unos días.

Hormigueros recomendados

Para la reina con prole y las colonias pequeñas, en Antomas recomendamos un hormiguero de yeso de la gama Qbik Wild de Anthouse, que mantiene la humedad que necesita la fundación. El Qbik Wild One P 1C es el tamaño justo para empezar:

Cuando la colonia pase de unas decenas de obreras y el nido pueda ir seco, el paso natural es la gama Qbik Alpha, modular y más bien seca, que pesa menos y permite ir sumando módulos a medida que crece. Con galerías medianas al principio, que le dan seguridad, y más grandes cuando aparezcan las obreras mayores. Primero, un QBIK ONE:

Y para ampliar, el QBIK DUO. Amplía cuando el nido esté lleno de cría y de obreras, no antes: en un hormiguero demasiado grande, la colonia usa las cámaras que sobran como basurero. Para completar el montaje:

  • Barrera de aceite mineral en la parte alta de las paredes del forrajeo y tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).
  • Forrajeo seco, con algo de arena o grava fina, y una piedra plana o un trozo de corteza bajo el que puedan esconderse. Un criador vio a cientos de obreras refugiarse bajo un tronco de su forrajeo.
  • Agua en tubo de ensayo con algodón, y bebedero para el azúcar, nunca en algodón.
  • Calor en un lateral del nido, con termostato.

Fundación y primeras obreras

En Antomas la vendemos en dos formatos, y cada uno empieza en un punto distinto:

  • Reina con prole: una reina que ya ha fundado su colonia en un tubo de ensayo, con huevos, larvas o pupas. Te toca acompañarla hasta sus primeras obreras.
  • Reina con 5–15 obreras y prole: una colonia que ya ha pasado la fase más delicada. Las obreras cuidan de la cría y salen a comer, y en pocas semanas se puede pasar al hormiguero.

En los dos casos, la fundación es claustral y la reina sabe lo que hace. Lo tuyo es darle las condiciones:

  • Oscuridad, calor y tranquilidad. Deja el tubo tal como llega, tapado con un trapo o una cartulina, en un sitio sin vibraciones y a 25–27 °C, con el calor por un lado del tubo, no debajo.
  • Agua, siempre. Comprueba de vez en cuando que el algodón sigue húmedo y que queda agua en el depósito. Si se acaba o el tubo se ensucia, pasa la colonia a uno nuevo por volcado.
  • Vistazos cortos. Una mirada rápida una o dos veces por semana basta. Son tímidas, y las reinas estresadas pueden comerse parte de la prole.
  • Un tentempié de vez en cuando. Aunque la reina no lo necesite, en Antomas recomendamos ofrecerle cada semana o dos una gotita de líquido azucarado sobre un trocito de papel de aluminio, nunca en el algodón del tubo, y retirarla al día siguiente. Con obreras, añade además un trocito de presa blanda una o dos veces por semana.
  • Los tiempos. Las fichas de cría hablan de unas 4–6 semanas de huevo a obrera a 27–30 °C; no hemos encontrado mediciones propias de criadores. A temperatura de casa, mucho más: en un diario de cría, con el tubo seco y poco calor, la primera obrera tardó diez meses.

¿Cuándo pasarla al hormiguero? Con unas 5–10 obreras, o antes si el tubo se ensucia o se queda sin agua. La reina con 5–15 obreras puede pasar en cuanto se haya asentado tras el viaje.

Llegada y mudanza por volcado

Al recibir la colonia, déjala reposar un par de días en un sitio oscuro y templado, comprueba que el tubo tiene agua y no la pases al nido nada más llegar. Para mudarla, en Antomas lo hacemos por volcado:

  • Monta antes el hormiguero, con la barrera de aceite puesta, el agua en su sitio y, si es un Qbik Wild, la humedad lista.
  • Trabaja sobre una bandeja, con un pincel suave a mano, por si alguna obrera trepa por el tubo.
  • Quita el tapón en la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y vuelca con suavidad a la reina, las obreras y la prole. Las rezagadas, con el pincel.
  • Deja el nido a oscuras y el forrajeo tapado. Las obreras meterán la prole dentro en poco tiempo, y la reina las seguirá.

Para pasar más adelante a un módulo mayor, el mismo método.

Alimentación

Azúcar, casi a diario. Es una gran consumidora de líquidos azucarados, como corresponde a una pastora de pulgones: los criadores le ponen azúcar fresco a diario. En Antomas recomendamos variar: el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro néctar o líquido azucarado 1–2 veces por semana. También puedes añadir un poco de proteína al néctar. Ofrécelo siempre en un bebedero donde la gota quede «tendida», al alcance de las obreras, y nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido. Evita los recipientes hondos: hay criadores que han perdido obreras ahogadas en agua azucarada.

Proteína: abundante y variada. La reina la necesita para poner y las larvas, para crecer. En la experiencia de Antomas, cuanta más proteína reciben, más rápido y en mayor número crecen las colonias: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor pasarse que quedarse corto. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar, porque la comida que se pudre trae moho y ácaros. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra:

Mejor abiertas. Aprovechan mucho mejor una presa partida, de la que beben los jugos y que reparten boca a boca, que un insecto entero de piel dura. Compra los insectos a un proveedor fiable, sin insecticidas, y no añadas al azúcar suplementos que no conozcas: un criador perdió cientos de obreras pequeñas al probar uno con urea.

Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón, separada del azúcar.

Diapausa

Su tierra tiene un invierno de verdad. En las zonas bajas de su área, el aire pasa unos cuatro meses, de noviembre a febrero, por debajo de 10 °C de media, con heladas de diciembre a febrero. Bajo tierra, a la profundidad del nido, calculamos que el suelo se queda en unos 5–13 °C desde mediados de diciembre hasta principios de marzo, sin llegar a helar.

En cautividad, las opiniones varían. Las tiendas suelen recomendar un reposo de noviembre a marzo a 15–18 °C. Y hay criadores que la han tenido todo el año en calor: el del diario más completo que hemos encontrado le hizo una diapausa a 14–15 °C el primer invierno y ninguna en los siguientes, y sus colonias siguieron creciendo. Por eso la consideramos recomendable, no imprescindible. En Antomas recomendamos una diapausa templada, más cercana a su invierno real: unos 3 meses, de diciembre a febrero, a 10–15 °C, mejor hacia 12–14 °C.

  • Entrada gradual. En noviembre, quita el calor y deja la colonia 2–3 semanas a 15–18 °C antes de bajar. Reduce la proteína.
  • Durante la diapausa: agua siempre, un poco de azúcar y casi nada de proteína. Molesta lo menos posible.
  • Salida progresiva en marzo, pasando otra vez por 15–18 °C, hasta volver al nido cálido. Retoma la proteína en cuanto veas actividad y prole.
  • Reinas con prole y colonias muy pequeñas: en su primer invierno, mejor un reposo más corto y suave, de 6–8 semanas hacia los 15 °C.
  • Dónde: un garaje, una bodega o una vinoteca suelen servir; una habitación sin calefacción a veces no baja lo suficiente. No hace falta bajar de unos 10 °C.

Crecimiento y obreras mayores

No hay recuentos publicados de colonias de esta especie, y las cifras que dan las tiendas van de un centenar a diez mil obreras. El mejor dato que tenemos es el diario de cría más completo que hemos encontrado, el de un criador europeo que la siguió durante tres años:

  • Primer año, lento. Una colonia que llegó con 4 obreras tenía unas 36 al cabo de algo más de un año, después de un mal paso con una manta térmica y de una diapausa.
  • Segundo año, despegue. Con unas 50 obreras empezó a acelerar: más de 400 a los veinte meses y, según su estimación, unas 2.000 a los dos años y algo.
  • Tercer año: unas 5.000 obreras, también estimadas.

Son estimaciones de un aficionado, no recuentos, pero muestran el patrón: arranque lento y crecimiento que se dispara a partir de unas 50 obreras. Las primeras obreras mayores salieron en esa colonia a los catorce meses, todavía pequeñas, cuando rondaba las 50 obreras; con el tiempo salen cada vez más grandes.

Comportamiento y observación

Tímida de joven, defensiva de mayor. Los criadores la describen como una hormiga sensible a la luz: las colonias pequeñas se esconden en el rincón más oscuro y la reina corre a la sombra en cuanto la iluminas. Con los años cambia de carácter: en una colonia grande, decenas de obreras medias y mayores acuden a la entrada en cuanto se las molesta, y cientos montan guardia junto a ella.

Limpia y ordenada. El criador del diario más completo la describe como una especie muy limpia e higiénica, algo que se agradece en el mantenimiento.

Un espectáculo de colores. Fíjate en los gásteres translúcidos que se llenan de néctar y en cómo se pasan el alimento boca a boca. Con un néctar de color, verás el reparto a simple vista.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas. Con el nido a oscuras y el forrajeo con luz, y observándolas con calma, se acostumbran a tu presencia.

Señales de alarma:

  • Prole que no avanza en plena temporada: casi siempre falta calor o proteína.
  • Prole que muere en la fundación: revisa el agua del tubo.
  • Obreras muertas junto a la fuente de calor: el nido está demasiado caliente.
  • Moho o gotas en las paredes: sobra humedad o quedan restos.

Fugas y barreras

Como buena Camponotus, trepa por casi cualquier superficie, y las tiendas avisan de que pide más cuidado con las fugas que otras especies fáciles. En los diarios de cría hay de todo: una obrera que cruzó una barrera de talco y una colonia entera que salió por un agujero sin tapar del forrajeo y se instaló en otro hormiguero. En Antomas usamos con ellas aceite mineral:

  • Una franja continua de aceite mineral en la parte alta de las paredes del forrajeo. Renuévala cuando se ensucie.
  • Tapa bien ajustada y ningún agujero sin tapar: revisa conexiones, tapones y pasos de tubos.
  • Nada que haga de puente hasta la barrera.
  • Materiales duros: pueden roer materiales blandos, como el hormigón celular, y abrirse paso.

Manejo y seguridad

No pica: no tiene aguijón. Si se siente atacada muerde, y las obreras mayores se hacen notar, y puede rociar ácido fórmico, que escuece un poco sobre una pequeña herida. Nada que deba preocuparte si trabajas con calma. Manéjala siempre con herramientas, un pincel suave o unas pinzas blandas, y nunca con las manos, para no dañar a ninguna obrera ni, sobre todo, a la reina. Una colonia, una reina: no juntes reinas ni colonias distintas. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.

Qué no hacer

  • Dejar que el tubo de la reina se quede sin agua.
  • Tenerla siempre a temperatura de casa, sin una fuente de calor: apenas crecerá.
  • Calentar todo el nido desde abajo o pasar de forma continua de unos 32 °C.
  • Mojar el nido entero o seguir humedeciéndolo cuando la colonia ya es grande.
  • Poner el azúcar en algodón o en recipientes hondos donde se ahoguen.
  • Darle siempre el mismo insecto, o presas enteras y duras a una colonia pequeña.
  • Dejar restos de comida más de 24 horas.
  • Pasarla a un hormiguero demasiado grande para su tamaño.
  • Juntar reinas o colonias, o manipularla con las manos.

Fuentes científicas

Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Camponotus fedtschenkoi y su género, incluida la descripción original de Mayr y los catálogos de hormigas de Asia central y occidental, de datos climáticos de su área de distribución y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

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Dificultad
Principiante
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