Harpegnathos honestoi - Hormiga dientes de sable moteada
Una hormiga casi desconocida para la ciencia: descrita en 2016 a partir de una sola obrera rescatada de una telaraña en el monte Isarog (Filipinas), y con la reina todavía sin describir. Cabeza naranja, ojos enormes de francotiradora y mandíbulas en hoz con más de 50 dientes: trepa, acecha desde arriba y salta sobre sus presas para paralizarlas con un veneno que no mata. En su género, cuando falta la reina, las obreras pueden convertirse en gamergates, obreras fecundadas que ponen huevos. Criarla es observar lo que nadie ha descrito todavía. Nuestras colonias con reina proceden de Filipinas. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 3/5 – Intermedio
Una de las hormigas menos conocidas del mundo: descrita en 2016 a partir de una sola obrera de Filipinas, con la reina todavía sin describir. Cazadora visual que trepa y salta sobre sus presas desde arriba. En su género, las obreras pueden aparearse y convertirse en gamergates: obreras fecundadas que ponen huevos. 24–26 °C, humedad alta en todo momento (60–80 %), solo presa viva y sin diapausa.
Las Harpegnathos son ponerinas grandes de Asia tropical, inconfundibles: mandíbulas largas y curvadas como pinzas, ojos enormes en las esquinas delanteras de la cabeza, un tórax largo y tubular y patas largas y finas con las que saltan. Cazan solas y con la vista, como pequeños depredadores al acecho. Harpegnathos honestoi General, 2016 es, además, una de las hormigas menos conocidas del mundo: la ciencia la describió a partir de una sola obrera recogida en el monte Isarog, en la isla de Luzón (Filipinas), y su reina y su macho siguen sin describir. Las colonias de Antomas proceden de Filipinas.
Una advertencia antes de empezar: de H. honestoi solo se conoce su descripción original. Casi todo lo que se sabe de la biología del género se ha estudiado en H. saltator, su pariente indio, uno de los insectos más investigados de los laboratorios de genética y envejecimiento, y algo en H. venator. Lo contamos porque ayuda a entender a esta especie, pero indicamos siempre de cuál viene cada dato: nada de lo que se ha visto en otras Harpegnathos está comprobado todavía en H. honestoi.
Biología
¿Qué es una gamergate?
Una gamergate es una obrera fecundada que pone huevos y hace de reproductora en la colonia. Por fuera es una obrera más: no tiene alas ni el tórax de una reina, pero se ha apareado y sus ovarios funcionan. La palabra viene del griego gámos, «matrimonio», y ergátēs, «obrera»: literalmente, «obrera casada». La propuso el mirmecólogo W. L. Brown y se publicó por primera vez en un trabajo de Peeters y Crewe (1984). Cuatro años después, Peeters y Crozier (1988) la defendieron frente a otras etiquetas, como «reina ergatoide», con un argumento que resume la idea: no todas las hembras apareadas que ponen huevos son reinas.
¿En qué se diferencia de una reina? En el género Harpegnathos se ve muy bien, porque las dos conviven en la misma especie. En H. saltator:
- La reina nace alada, con un tórax preparado para volar; se aparea fuera del nido con machos de otras colonias y es capaz de fundar sola una colonia nueva.
- La gamergate nunca ha tenido alas; se aparea dentro del nido, muchas veces con sus propios hermanos, no puede fundar sola y pone más o menos la mitad de huevos que una reina.
En H. saltator, cuando la reina envejece o muere, varias obreras apareadas toman el relevo como gamergates. En H. honestoi nadie lo ha estudiado todavía; en Antomas sabemos que, en las colonias del género criadas en casa, pueden aparecer nuevas gamergates. Las colonias que vendemos tienen reina, y si algún día ves nacer una gamergate en tu H. honestoi, estarás viendo algo que nadie ha descrito en esta especie.
¿Gamergate o reina ergatoide?
En el hobby se oyen las dos palabras casi como sinónimos, pero no lo son. Una gamergate es una obrera apareada que pone huevos fecundados: tiene el cuerpo y el desarrollo de una obrera, una espermateca que funciona y no puede fundar una colonia ella sola. Una reina ergatoide, en cambio, es una reina sin alas de forma permanente: una casta de reina con su propio desarrollo larvario, ovarios de reina y un aspecto intermedio entre obrera y reina alada, que en su especie sustituye a las reinas aladas. Y ninguna de las dos es una intercasta: individuos intermedios anómalos, que casi nunca se reproducen.
En Harpegnathos hay reinas aladas que fundan las colonias y, además, gamergates que toman el relevo; el ejemplo clásico es H. saltator. En Diacamma, en cambio, no existe casta de reina y solo se reproducen gamergates: por eso la palabra se asocia tanto a ese género, aunque no es exclusiva de él. En H. honestoi la reina ni siquiera está descrita, y las colonias de Antomas llevan reina. Si algún día ves ponedoras sin alas, pueden ser dos cosas: reinas que se han quitado las alas, como las de H. venator: en el campo, muchas colonias tienen varias reinas desaladas fecundadas, y en laboratorio se ha visto que las reinas jóvenes se aparean dentro del nido con sus hermanos, se desalan y se quedan en la colonia; o gamergates. Lo que no se conoce en el género son reinas ergatoides.
¿Por qué se confunden? A simple vista, las dos parecen obreras y las dos se reproducen. Algunos autores antiguos, como Buschinger, hablaron de «reinas ergatomorfas», y aún hay fuentes que dicen «reproductoras ergatoides» sin mucho rigor. Peeters y Crozier ya advirtieron de que llamar «reinas» a las obreras apareadas oculta su verdadero origen.
Una hormiga conocida por un solo ejemplar
El 30 de abril de 2002, el mirmecólogo filipino David Emmanuel M. General recogió en el monte Isarog una obrera de Harpegnathos. La etiquetó simplemente como «Harpegnathos species 2» y tardó catorce años en describirla: la publicó en 2016 en la revista Halteres, con ese único ejemplar como holotipo (Museo Nacional de Filipinas). La frase con la que cierra la descripción lo dice todo: «conocida solo por el holotipo; reina y macho desconocidos».
No es un caso aislado. Según el propio General, las Harpegnathos filipinas, pese a su diversidad, «rara vez se encuentran», y cada especie del archipiélago se conoce solo de su localidad tipo. Después de 2016 no se ha publicado ningún estudio sobre H. honestoi: solo unas pocas fotos de aficionados en iNaturalist, tomadas entre 2024 y 2026 en el entorno del monte Isarog y sin revisión de un taxónomo.
Eso convierte a quien la cría en algo más que un aficionado: la reina de H. honestoi no está descrita por la ciencia, y su tamaño, su comportamiento, su ritmo de puesta o el crecimiento de la colonia son, hoy por hoy, terreno por explorar. Lo que veas en tu hormiguero será observación de primera mano sobre una especie de la que casi no se sabe nada. No es una descripción científica, pero sí una oportunidad que muy pocas hormigas ofrecen.
Rescatada de una telaraña: la primera Harpegnathos que trepa
La historia del único ejemplar conocido es casi de novela. General lo encontró vivo, atrapado en la tela de una araña de la familia de los terídidos, a 1 m del suelo, en vegetación baja. La araña estaba intentando envolverlo en seda, y el autor se llevó a la vez a la araña y a su presa.
Ese detalle tiene peso científico: por él, H. honestoi es la primera especie del género de la que se sabe que es, al menos, subarborícola, es decir, que sube a la vegetación. El resto de las Harpegnathos cazan en el suelo y en la hojarasca y anidan bajo tierra. Es una deducción a partir de un solo ejemplar, pero encaja con lo que vemos en Antomas: nuestras H. honestoi son muy buenas trepadoras y cazan subiéndose a las paredes o a las ramas para saltar sobre la presa desde arriba. Y un guiño final: en el mismo artículo, General cuenta que la visita del mirmecólogo Gary Alpert al monte Isarog fue lo que cambió su interés por las arañas por el de las hormigas. Quien la rescató de una araña había empezado, precisamente, estudiando arañas.
Honesto: un nombre de padre a hijo
El nombre honestoi es un homenaje: General lo dedicó «con cariño» a su padre, Honesto C. General, que acababa de cumplir 90 años. La otra especie que describió en el mismo trabajo, H. alperti, lleva el nombre de su mentor, Gary D. Alpert. El del género es más descriptivo: Harpegnathos une el griego harpē, «hoz», y gnáthos, «mandíbula». «Mandíbula de hoz»: de ahí también el nombre de «dientes de sable».
Dos especies en el mismo monte: el tesoro del Isarog
El holotipo procede de Panicuason, en el término de la ciudad de Naga (Camarines Sur, sur de Luzón), en las laderas del monte Isarog, a 500–550 m de altitud. A menos de 5 km se recogió H. alperti, una especie negra. Según General, podría ser el único caso conocido de dos especies de Harpegnathos en un mismo lugar.
El autor lo usa como argumento para proteger el bosque del Isarog («queda mucho por descubrir») y pide más trabajo de campo, porque la historia natural de las Harpegnathos filipinas está prácticamente por estudiar. Las coordenadas que publicó son las del campamento base, puestas así a propósito «para desalentar a los furtivos».
El clima de su hogar: un bosque de ladera húmedo y nunca frío
En el monte Isarog no hay estación meteorológica, pero su clima se puede estimar a partir de Daet, una estación con normales oficiales a unos 60 km (PAGASA, 1991–2020), restando unos 3 °C por la altitud del holotipo, unos 525 m. El resultado es un bosque de ladera húmedo y nunca frío: medias de unos 22,5–26,5 °C todo el año, con noches de 18–21 °C en diciembre–febrero; sin estación seca, porque llueve todo el año, con un máximo de noviembre a enero en la vertiente oriental; y una humedad del aire del 87–90 %. De junio a octubre es época de tifones, y la duración del día apenas cambia: de 11 h 20 min a 12 h 55 min. Es una estimación, pero explica bien lo que esta especie pide en casa: calor suave y constante y mucha humedad.
Mandíbulas de hoz con más de 50 dientes
Las mandíbulas de las Harpegnathos son largas, curvadas como unas pinzas y armadas con más de 50 dientes afilados. En H. honestoi son especialmente largas: 4,11 mm, un 46 % más que la propia cabeza (2,81 mm), bastante más que en H. alperti, cuyas mandíbulas solo superan a la cabeza en un 26 %.
Con ellas sujetan a la presa antes de picarla y, en la experiencia de Antomas con H. venator, también manipulan con precisión los huevos y las larvas. Y, aunque parezca que estorban, no les impiden beber: en la experiencia de Antomas, beben sin problema del algodón húmedo de un tubo de agua.
Ojos de francotiradora
Los ojos de H. honestoi son, según su descripción, «extremadamente grandes», ovalados y ocupan las esquinas delanteras de la cabeza: cada uno mide 1,35 mm, casi la mitad de la longitud de la cabeza. Las obreras tienen, además, ocelos, los pequeños ojos simples de la frente, un rasgo poco común en las obreras de las ponerinas.
En el género, la caza es solitaria y visual: no siguen rastros de feromonas, localizan a la presa con la vista, la acechan y se lanzan sobre ella. La revisión de Schmidt y Shattuck atribuye a H. saltator el mayor número de omatidios de todas las hormigas examinadas. En Antomas lo vemos cada día con H. venator: antes del ataque, la obrera hace un movimiento entusiasmado del gáster, de significado desconocido, como un francotirador que calibra el disparo. En el único diario de cría de H. honestoi, su criador describe a la reina moviendo el gáster mientras le observaba a través del cristal.
Saltos para cazar al vuelo
Las Harpegnathos son de las pocas hormigas que saltan, y lo hacen de una forma particular. En H. saltator se demostró que impulsan el salto con el segundo y el tercer par de patas a la vez, un mecanismo que se describió como novedoso entre los insectos. Alcanzan unos 2 cm de altura y 10 cm de longitud. Y lo usan para todo: para huir, para desplazarse, para cazar, incluso insectos en pleno vuelo, y en unos curiosos «saltos en grupo», en los que una obrera salta sin rumbo y las vecinas la imitan, con una función que todavía se desconoce.
Un estudio de 2023 añadió que no tienen ningún resorte ni mecanismo de catapulta: el salto sale de la pura fuerza muscular. El músculo que mueve el trocánter es unas 8 veces mayor en las patas medias y unas 14 veces mayor en las traseras que en una ponerina que no salta, y el salto hacia delante ha aparecido por separado en cuatro géneros de hormigas: Gigantiops, Harpegnathos, Myrmecia y Odontomachus. En H. honestoi no se ha medido. En la experiencia de Antomas, les cuesta saltar hacia arriba: su estrategia es trepar y lanzarse desde arriba sobre la presa, como un depredador emboscado en una rama.
Un veneno que paraliza sin matar
H. honestoi tiene un aguijón funcional. En el género, la picadura paraliza a la presa de forma permanente, sin matarla, y la colonia puede guardarla así un tiempo, como una despensa de carne fresca. Por eso, como explicamos en la alimentación, dar solo presa muerta suele ser ineficaz e incluso perjudicial.
El veneno tampoco está siempre a punto. En H. saltator, las obreras nacen con el saco del veneno vacío, lo van llenando durante sus primeras semanas, hasta los 57 días aproximadamente, y empiezan a salir a cazar a partir de los 50 días de vida; pueden regenerarlo a cualquier edad. Las jóvenes cuidan la cría dentro del nido y las veteranas cazan.
Reina y gamergates bajo el mismo techo
El ciclo de vida de H. saltator es uno de los más curiosos que se conocen. Una reina alada se aparea fuera y funda la colonia sola. Cuando la colonia produce machos, estos se aparean primero con sus hermanas obreras dentro del nido, y después salen a buscar reinas de otras colonias. Esas obreras fecundadas no ponen mientras la reina está en forma, pero cuando envejece o muere, toman el relevo como gamergates. En excavaciones en el sur de la India, 14 de 15 colonias analizadas tenían al menos una obrera fecundada; 7 ya no tenían reina, 6 tenían a la reina como única ponedora y 2 combinaban reina y obreras ponedoras.
El relevo es necesario porque la reina vive poco para ser una hormiga: en el laboratorio, su vida media ronda los 1,8 años, aunque alguna supera los 5. Las gamergates que mueren las sustituyen otras, de modo que la colonia es, en teoría, inmortal; no se divide ni se conoce la fisión. Son colonias pequeñas: en la naturaleza, unas 65 obreras de media, y hasta 200–300 en el laboratorio. El título del trabajo clásico de Peeters y Hölldobler lo resume: una hormiga con un nido valioso, tan costoso de construir que compensa conservarlo durante generaciones.
Duelos de antenas: el torneo por la sucesión
Cuando falta la reina en H. saltator, desaparece la señal química que frenaba a las obreras y empieza un torneo. Las candidatas se enfrentan en duelos de antenas, golpes rápidos y ritualizados que casi nunca causan heridas. Al tercer día ya se puede predecir quién será gamergate con un 86 % de acierto; las primeras puestas llegan hacia el día 10, y el torneo puede alargarse meses. En el laboratorio, de 30 obreras jóvenes salen de 3 a 6 gamergates, y la transición completa tarda unos 3 meses.
No todo vale: las demás obreras ejercen de policía. Saltan sobre la aspirante que intenta poner antes de tiempo y la sujetan, en casos extremos hasta 24 horas, mientras la vigilada adopta una «postura de pupa». La fertilidad se anuncia con la química de la cutícula, la «firma» que las hormigas leen con las antenas: hay un compuesto que solo aparece en las que ponen huevos. Y una sola molécula del cerebro, la corazonina, inclina la balanza: está baja en las futuras gamergates, y si se les inyecta, vuelven a cazar y dejan de batirse y de poner.
Un cerebro que encoge y una vida cinco veces más larga
Convertirse en gamergate en H. saltator transforma el cuerpo por dentro. El cerebro encoge un 19 %, sobre todo en las zonas visuales que una cazadora necesita y una ponedora no; y, para sorpresa de los investigadores, el cambio es reversible: si la gamergate vuelve a ser obrera, recupera el tamaño cerebral en 6–8 semanas. La esperanza de vida se dispara: de unos 7 meses de mediana en las obreras a unos 3 años en las gamergates, unas cinco veces más, gracias a un juego de señales de insulina entre el cerebro y el ovario. Si vuelve a obrera, pierde esa ventaja.
Por todo esto, H. saltator se ha convertido en un modelo de laboratorio: su genoma se secuenció en 2010 para estudiar el envejecimiento y la conducta, y en 2017 fue una de las primeras hormigas modificadas con CRISPR, algo posible precisamente porque una obrera convertida en gamergate puede fundar una línea propia. H. honestoi comparte el género, pero ninguno de estos estudios se ha hecho con ella.
Nidos «empapelados» y a prueba de inundaciones
En la naturaleza, H. saltator construye bajo tierra un nido sorprendente: cámaras poco profundas bajo un techo grueso y abovedado, rodeado de un espacio hueco que lo aísla del suelo, una cámara de basuras aparte y paredes «empapeladas» con tiras de capullos vacíos y otros restos. Es un diseño pensado para resistir las inundaciones de las llanuras del sur de la India, y por eso el nido es tan valioso. La entrada se cierra al anochecer y se reabre de día. H. venator, en cambio, hace nidos de dos cámaras en forma de disco unidas por una abertura en embudo.
¿Y H. honestoi? Nadie ha visto su nido. Si de verdad sube a la vegetación, podría anidar de otra manera; en el único diario de cría publicado, la reina trabajó con empeño el humus de coco del tubo de conexión y levantó con él un muro dentro de una cámara. Otra pregunta abierta para quien la críe.
Tamaño y morfología
La obrera de H. honestoi es una Harpegnathos típica: mandíbulas largas en hoz, ojos enormes, mesosoma largo y cilíndrico, patas largas y finas, gáster alargado y aguijón funcional. Según la descripción original:
- Coloración. Cabeza, mandíbulas, antenas y pronoto (la parte delantera del tórax) naranjas; el resto del cuerpo, pardo negruzco; las patas, amarillas. Las mandíbulas son naranjas con la base oscurecida. Pelos cortos y escasos. En vivo, el contraste entre el naranja de la parte delantera, el pardo negruzco del cuerpo y el amarillo de las patas es muy llamativo.
- Escultura. Cabeza con estrías gruesas; pronoto y mesonoto con estrías irregulares, casi paralelas; propodeo con estrías transversales; pecíolo reticulado por arriba y por los lados; primer y segundo segmento del gáster con una puntuación gruesa sobre otra más fina, uno de los rasgos que la identifican.
- Cabeza. Borde posterior recto; el escapo de la antena sobrepasa ese borde; ojos enormes y ovalados; ocelos presentes en la obrera.
- Pecíolo. Más largo que alto, con una pequeña prolongación triangular por debajo. Las uñas de los tarsos tienen un diente en medio.
- Cómo distinguirla. De H. alperti, la otra especie del monte Isarog, por el color (alperti es negra, con mandíbulas y antenas pardo chocolate), por la cabeza estriada y no punteada y por las mandíbulas, más largas y que convergen poco a poco. De H. venator, casi entera negra y con la cabeza y el tórax punteados, y de H. saltator, con cabeza, tórax y pecíolo rojo ferruginoso y gáster negro brillante, por la combinación de cabeza naranja y estriada y el gáster con doble puntuación.
- Reina. No está descrita por la ciencia. En el género, la reina nace alada y es muy parecida a la obrera, algo mayor; en H. saltator, la diferencia entre reina y obrera es mínima. En la experiencia de Antomas, la reina de H. honestoi mide más o menos lo mismo que una obrera grande, o hasta unos 2 mm más. Se reconoce por el tórax más voluminoso, de tipo alado, y por las cicatrices de las alas; los ocelos no sirven para distinguirla, porque las obreras también los tienen.
- Gamergate. Si aparece, por fuera es una obrera: en H. saltator no se ha publicado ninguna medida que la distinga. Se reconoce por su conducta: se queda dentro del nido, junto a la cría, y adopta una postura elevada ante las demás.
- Macho. Sin describir.
Medidas aproximadas
- Obrera: unos 18–20 mm con mandíbulas (holotipo; la descripción original da 20,44 mm); sin mandíbulas, unos 14–16 mm
- Cabeza de la obrera: 2,81 mm de largo y 2,39 mm de ancho
- Mandíbula: 4,11 mm
- Mesosoma: 5,15 mm; fémur de la pata trasera: 3,64 mm; ojo: 1,35 × 0,94 mm
- Reina: unos 20–22 mm, según la experiencia de Antomas (no está descrita por la ciencia)
- Gamergate (si aparece): como una obrera
- Macho: sin describir
Todas las medidas científicas proceden de un único ejemplar. Sobre la longitud total: la suma de mandíbula, cabeza, mesosoma, pecíolo y gáster de la propia descripción da 18,05 mm, y los 20,44 mm publicados coinciden exactamente con esa suma más la anchura de la cabeza (2,39 mm), que parece haberse sumado por error. Como, además, la medida del gáster deja fuera su primer segmento, la longitud real debe de rondar los 18–20 mm.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 3/5 – Intermedio
En Antomas la mantenemos igual que H. venator, y un criador japonés que la vende dice lo mismo. Los parámetros son sencillos: calor y humedad estables, sin diapausa. Pero hay tres cosas que esta especie no perdona: la humedad mal llevada (necesita humedad alta en todo momento, y dejar que se deshidrate es un error grave), quedarse corto con la presa viva y los cambios bruscos de temperatura o de humedad. Además, casi no hay experiencia de cría publicada: el único diario europeo que hemos encontrado terminó con la reina muerta tras perder la cría por exceso y por falta de humedad.
Y merece mucho la pena. Verlas trepar, acechar y lanzarse sobre la presa desde arriba es uno de los espectáculos más bonitos del hobby. Y es una de las hormigas más raras que se pueden criar: una especie con la reina sin describir, en la que cada observación tuya vale.
Parámetros recomendados
- Temperatura: 24–26 °C, estable. Encaja con su origen: en el monte Isarog, 22–27 °C todo el año. Evita tenerlas mucho tiempo por encima de 30 °C: en su monte rara vez hace tanto calor.
- Humedad del nido: 60–80 %, alta y estable en todo momento, como en su bosque, donde la humedad del aire ronda el 87–90 %.
- Agua: siempre disponible, con un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
- Tipo de nido: materiales naturales que retengan y repartan la humedad, mejor de yeso. No vale un nido seco ni uno acrílico sin un buen sistema de hidratación.
- Luz: en el nido, una zona oscura; la zona de forrajeo, con luz (cazan con la vista y se adaptan bien a ella).
- Diapausa: no hace. En su monte no hay periodo frío ni estación seca: está activa todo el año.
La palabra clave es estabilidad: humedad alta en todo momento y, sobre todo, constante, en lo que coinciden los criadores del género. Dejar que la colonia se deshidrate es un error bastante grave: con el nido seco, las larvas no mudan bien y mueren; con exceso de agua, aparece condensación, los capullos mojados no eclosionan y la colonia puede comerse la cría. Riega poco y a menudo: en el laboratorio, con H. saltator, el yeso se mantiene húmedo pero capaz de absorber toda el agua, sin charcos. Una buena ventilación evita la condensación y los ácaros.
Hormigueros recomendados
En Antomas recomendamos la gama Qbik Wild de Anthouse, con nidos de yeso, y en especial el Qbik Wild Duo P 2C Híbrido: un depósito de evaporación bajo una malla técnica más un tubo bebedero lateral, que da la humedad alta y estable que necesita esta especie. Como alternativas, el Duo P 2C de evaporación (el agua nunca toca las cámaras y se forma un gradiente natural de humedad) y el Duo P 2C normal (tubo de agua rellenable).
Sustrato para los capullos. Las larvas necesitan partículas finas para tejer el capullo, y las obreras se las acercan. En Antomas ponemos una capa fina de fibra de coco, tierra fina o serrín en la zona de forrajeo y en el nido, esterilizada en el microondas o el congelador para no meter ácaros. En el laboratorio, con H. saltator, se añade de vez en cuando una pizca de serrín seco que ayuda a las larvas a pupar.
Ramas y relieves en la zona de forrajeo. Son muy buenas trepadoras y cazan desde arriba, así que en Antomas recomendamos poner ramas, corcho u otra decoración en la zona de forrajeo: les darás puestos de caza y verás su comportamiento más espectacular.
Llegada de la colonia y primeras semanas
En Antomas vendemos colonias con reina y obreras. El viaje es la fase más delicada: al recibirla, instálala a temperatura estable, ponle enseguida agua y retira las obreras muertas. Al día siguiente, la primera presa viva, pequeña. A partir de ahí, disfrútala: con su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, se adapta enseguida.
Para cambiarla de hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado: volcamos la colonia en el hormiguero nuevo y, si hace falta, las obligamos a entrar, con cuidado de no perder de vista a la reina.
Paciencia. La cría crece despacio: en H. saltator, de huevo a adulto pasan unos 80 días en el laboratorio, y los criadores de H. venator hablan de 2,5–3,5 meses. Es normal que pasen semanas sin obreras nuevas.
Gamergates en casa y colonias huérfanas
En el género Harpegnathos aparecen gamergates, y en la experiencia de Antomas con el género, también aparecen en cautividad. No siempre hacen falta machos: a veces las obreras ya vienen fecundadas, porque en H. saltator se aparean dentro del nido con machos de su propia colonia mientras la reina todavía vive. En H. honestoi todavía no está documentado: si lo ves en tu colonia, cuéntanoslo. Algunas pistas: duelos de antenas, obreras que sujetan a otra durante horas y una obrera que ya no sale, se queda junto a la cría y adopta una postura erguida ante las demás.
Si muere la reina, no des la colonia por perdida: espera a ver si alguna obrera ya está fecundada y empieza a poner, o si incluso nacen machos que fecundan a alguna obrera. En el género Harpegnathos pasa de forma bastante habitual, sobre todo en H. saltator. Mientras tanto, sigue cuidándola y alimentándola con normalidad, y si tienes dudas, consúltanos. Lo que no se puede hacer es unir colonias: no se aceptan entre ellas. Tampoco la mantengas con otras especies.
Alimentación
H. honestoi solo come proteína. No le ofrezcas azúcar, miel, néctar ni agua azucarada: en el género, los laboratorios no lo usan y la mayoría de criadores coincide en que no lo aceptan.
Proteínas. En Antomas recomendamos alimentarla como mínimo 3–4 veces por semana, sobre todo con presa viva: grillos, cucarachas y moscas, de un tamaño que puedan dominar. Nuestra preferida es la cucaracha runner, Shelfordella lateralis, porque trae menos riesgo de ácaros, a los que el género es sensible. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra para que no coman siempre lo mismo.
¿Por qué viva? Su veneno paraliza sin matar y mantiene la presa «fresca»; la caza es, además, lo que activa a la colonia. Una presa recién paralizada la aceptan, pero dar solo presa muerta suele ser ineficaz e incluso perjudicial. Los criadores del género coinciden: la congelada o seca casi no la tocan.
Comen mucho. Un criador de H. saltator contó que su colonia de 40 obreras se comía más de 20 grillos a la semana, y que con menos comida no criaba. La falta de comida es la causa más citada de que se coman su propia cría.
Cuanta más comida, más crecen. En Antomas lo tenemos claro: cuanto más se alimenta una colonia, mejor y más rápido crece. Si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentarla: las hormigas entienden que tienen más recursos y crían más y más deprisa. Si no puedes limpiar a menudo, mejor no pasarse, porque la comida que sobra trae moho y ácaros. Las 3–4 tomas por semana son el mínimo, no el máximo.
Presa al alcance de las larvas. Las obreras no alimentan a las larvas boca a boca: les dejan la presa delante y las larvas la despedazan por sí solas. Una larva bien alimentada es redondeada, de color blanco grisáceo y brillante; una desnutrida, pequeña, arrugada y amarillenta.
Cuidado con los acaricidas. Los grillos tratados con insecticidas o acaricidas pueden acabar con la colonia. Compra a criadores de confianza o cría tus propias cucarachas.
Agua siempre disponible. Para especies de mandíbula larga como esta, en Antomas recomendamos un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo: beben del algodón sin problema. Y recuerda que necesitan humedad alta en todo momento: dejar que se deshidraten es un error bastante grave.
Comportamiento en cautividad
En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Con H. honestoi, además, cada observación cuenta: quien la cría es un observador de primera mano.
Son hormigas que miran. Patrullan la zona de forrajeo en solitario, siguen con la vista lo que se mueve (un criador de H. venator contaba que las suyas le seguían con la mirada por la habitación) y acechan antes de atacar. En la experiencia de Antomas, H. honestoi caza subiéndose a las paredes del forrajeo o a las ramas y saltando sobre sus presas desde arriba, lo que encaja con el único ejemplar silvestre conocido, encontrado a 1 m del suelo. Al principio pueden huir ante un movimiento brusco, pero con una vista tan buena se adaptan pronto a la luz y a tu presencia. Dentro de la colonia, en cambio, hay conflicto: duelos y jerarquías entre obreras. En la naturaleza, H. saltator caza sobre todo por la mañana y a última hora de la tarde.
Fugas y barreras
Son muy buenas trepadoras: suben por las paredes de la zona de forrajeo sin ninguna dificultad. Pero, en la experiencia de Antomas, no son escapistas, y además les cuesta saltar hacia arriba. En Antomas recomendamos un hormiguero con tapa, a poder ser ventilada, que además ayuda a evitar la condensación. Revisa que quede bien ajustada y que tapones y conexiones no tengan holguras.
Manejo y seguridad
Tiene aguijón funcional, pero no hay que alarmarse: en la experiencia de Antomas, una Harpegnathos nunca nos ha hecho daño; en algunas personas, la picadura ha enrojecido e hinchado un poco la zona, sin más. Aun así, manipúlala siempre con herramientas entomológicas (pinzas blandas o pincel), nunca con las manos, por su bien y por el tuyo. No toques a las obreras recién nacidas, que tienen la cutícula muy blanda, y trabaja despacio para no perder a la reina. Las personas alérgicas a las picaduras de himenópteros deben tener precaución. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.
Qué no hacer
- Dejar que se deshidraten: necesitan humedad alta y agua en todo momento. Es un error bastante grave.
- Encharcar el nido o cambiar de golpe la temperatura o la humedad.
- Darle azúcar, miel o néctar: solo come proteína.
- Alimentarla solo con presa muerta o congelada.
- Quedarse corto con la comida: el hambre acaba en canibalismo de la cría.
- Usar grillos de origen dudoso, que pueden venir tratados con acaricidas.
- Dejar restos de comida de una toma a otra.
- Alojarla en un nido seco o acrílico sin hidratación.
- Dejar el hormiguero sin tapa.
- Dejar la zona de forrajeo vacía, sin ramas ni relieves por los que trepar.
- Intervenir más de lo necesario: obsérvala con delicadeza y estrésala lo menos posible.
- Manipularla con las manos.
- Intentar unir colonias o mantenerla con otras especies.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la descripción original de Harpegnathos honestoi, de la bibliografía científica sobre el género (sobre todo H. saltator) y de la experiencia de Antomas y de criadores europeos. Referencias principales:
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- Dificultad
- Intermedio


