Pheidole rhea - Hormiga Titánica
Titanes con una cabeza de casi 4 mm de ancho. Pheidole rhea es una de las poquísimas hormigas del mundo con supersoldados: junto a sus obreras menores, finas y veloces, y a sus soldados cabezones, la colonia forja una tercera casta de gigantes que guarda el nido con la cabeza más descomunal de su linaje. Cosechadora y cazadora de los pastizales de montaña del suroeste de Norteamérica, traza pistas de obreras cargadas de semillas, cuelga a sus larvas del techo de las cámaras y puede reunir 35.000 obreras en un solo año. Una leyenda de la ciencia que guarda un secreto de millones de años: un ala que nunca volará y con la que fabrica a sus guerreros. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 4/5 – Avanzado
Una de las Pheidole de cabeza más grande que se conocen y una de las pocas del mundo con supersoldados: además de obreras menores y soldados, la colonia fabrica una tercera casta de cabeza gigante, de casi 4 mm de ancho. Cosechadora de semillas y cazadora del suroeste de Norteamérica, de crecimiento muy rápido. Colonias con reina. Qbik Wild de yeso con galerías grandes, zona de cría muy húmeda (70–80 %) y granero seco, nido a 28–32 °C, muchísima comida (semillas de todo tipo, incluso pasta cocida, y proteína como mínimo cada 3–4 días), azúcar solo 1–2 veces al mes y diapausa de 3–4 meses a 15–18 °C. Los supersoldados llegan con colonias grandes, normalmente después de la primera diapausa. Obreras menores pequeñas y muy escapistas: barrera de PTFE o aceite mineral.
Pheidole rhea Wheeler, 1908 es una hormiga cosechadora de los pastizales de montaña del sur de Arizona, Nuevo México y el noroeste de México. Pertenece a Pheidole, uno de los géneros de hormigas más ricos en especies del planeta, famoso por sus soldados cabezones. Pero P. rhea va un paso más allá: en sus colonias conviven obreras menores, finas y rápidas, soldados de cabeza enorme y unos supersoldados todavía mayores, con una cabeza de casi 4 mm de ancho, más de cuatro veces la de una obrera menor. En la tienda la llamamos hormiga titánica por ellos.
En la ciencia es casi una celebridad. Ha servido para estudiar cómo nace un soldado, por qué unas pocas especies del género fabrican supersoldados y cómo se organiza el trabajo en una sociedad tan desigual. En casa es un espectáculo de otra clase: pistas de obreras cargando semillas, soldados que esperan en la entrada para despiezar las presas y, cuando la colonia madura, la aparición de los primeros supersoldados. Llegar hasta ahí pide calor, mucha comida y paciencia. En esta ficha separamos siempre lo documentado en P. rhea, lo que se sabe de otras Pheidole y lo que hemos aprendido criándola en Antomas.
Biología
¿Qué es un supersoldado?
En casi todas las Pheidole hay dos tipos de obrera: la obrera menor, pequeña, que hace casi todo el trabajo, y el soldado u obrera mayor, con una cabeza enorme llena de músculo para morder, trocear presas y partir semillas. Un supersoldado (en inglés, supersoldier o supermajor) es una tercera clase de obrera, todavía más grande que el soldado: no es una reina ni un macho, sino una obrera estéril más, que se desarrolla así por cómo se alimenta y se regula su larva.
Las cifras de P. rhea, medidas por el mirmecólogo Edward O. Wilson en su monografía del género, lo dicen todo. La cabeza de una obrera menor mide unos 0,86 mm de ancho; la de un soldado, 2,52 mm, y la de un supersoldado, 3,86 mm. El supersoldado tiene, por tanto, una cabeza unas 4,5 veces más ancha que la menor y una vez y media más ancha que la del soldado, y su cuerpo llega a unos 10 mm.
¿Titánide o ñandú? Un nombre misterioso y una reina sola
William Morton Wheeler describió la especie en 1908, en su gran trabajo sobre las hormigas de Texas, Nuevo México y Arizona, a partir de un único ejemplar: una reina desalada, muy grande, recogida en el sur de Arizona. Ese ejemplar, el holotipo, mide 14,3 mm. Wheeler no vio ni un soldado ni una obrera.
La historia siguió con un tropiezo. En 1915 el propio Wheeler la consideró un simple sinónimo de Pheidole fimbriata, y así quedó hasta que, en 1943, Marion R. Smith la recuperó como especie y describió por primera vez sus soldados y sus obreras, dentro de un subgénero que ya no se usa, Macropheidole. En 1949 Robert Gregg estudió un nido completo y midió cientos de ejemplares. Wilson la redescribió en 2003 y la situó, con reservas, en el grupo de especies de P. pilifera.
¿Y el nombre? Wheeler no lo explicó. Wilson recuerda que Rhea es el género del ñandú, el ave corredora sudamericana, y reconoce que no se sabe a qué alude. Rea es también la titánide de la mitología griega, madre de los dioses olímpicos, y Wheeler había bautizado pocos años antes a Pheidole titanis. Que pensara en la titánide es una interpretación nuestra, no un dato. Lo que sí es seguro es que, con esos supersoldados, el nombre de hormiga titánica que usamos en Antomas le sienta bien.
Pastizales de montaña con lluvias de verano
Su área va del sur de Arizona y Nuevo México hasta el noroeste de México, por Sonora, Chihuahua, Sinaloa y Nayarit, entre unos 34 y 22,5° de latitud norte. Es poco frecuente en las colecciones de Estados Unidos y, según los especialistas, mucho más común en México. En Arizona aparece en las faldas de varias sierras, las llamadas «islas del cielo», que se levantan sobre el desierto.
Vive en los pies de monte y las mesetas al pie de las sierras, entre unos 1.100 y 2.200 m de altitud, con preferencia por la parte baja de ese rango. Su paisaje típico son las laderas abiertas, pedregosas y con hierba. Gregg encontró su nido cerca de la cima de una ladera seca, en suelo muy pedregoso con gramíneas de desierto, y el mirmecólogo Stefan Cover describió colonias enormes que anidan en el suelo, bajo piedras o con la entrada coronada por cráteres desordenados de tierra.
El clima de ese hábitat es semiárido y de altitud media, con cuatro tiempos muy marcados:
- Invierno (diciembre–febrero): días templados, de unos 16–18 °C de máxima, y noches frías, con heladas frecuentes en superficie.
- Primavera: muy seca y cada vez más cálida; mayo suele ser el mes más seco del año.
- Junio: el mes más caluroso, con máximas medias de unos 34 °C antes de las lluvias.
- Monzón (julio–septiembre): tormentas casi a diario en julio y agosto, con algo más del 60 % de la lluvia del año. Es la época de más actividad de las hormigas.
Bajo tierra, donde vive la colonia, los extremos se suavizan mucho. En una estación de suelos de esos pastizales, la tierra a 10–50 cm de profundidad está a unos 28–32 °C entre junio y agosto y baja a unos 10–14 °C entre diciembre y febrero, sin helarse nunca. Son las dos cifras que usamos para fijar sus parámetros en casa.
Siete u ocho especies en todo el mundo
Los supersoldados son una rareza dentro de un género gigantesco. Los trabajos de Ming Huang y Diana Wheeler hablan de siete especies descritas con soldados polimórficos, y el equipo de Ehab Abouheif, de ocho, todas del suroeste de Estados Unidos y el norte de México. Las mejor conocidas son P. rhea, P. obtusospinosa y P. tepicana, y a ellas se suma P. polymorpha, del centro de México, cuyo nombre alude justo a esa convivencia de soldados y supersoldados.
P. rhea es la gigante del grupo. La cabeza de su supersoldado mide 3,86 mm de ancho, frente a unos 2,5 mm en P. obtusospinosa y 1,6 mm en P. tepicana. Y supera también a otras Pheidole famosas por su tamaño: P. titanis, que vive en la misma región, tiene soldados grandes pero no supersoldados, y la cabeza de su soldado mide unos 1,9 mm; la del soldado de la asiática P. ocellata, unos 3 mm. No conocemos ninguna medida publicada de una cabeza de Pheidole más ancha que la de este supersoldado, aunque ningún estudio ha hecho una comparación formal de todo el género.
Un potencial dormido durante decenas de millones de años
¿Cómo aparecen los supersoldados en tan pocas especies y tan alejadas en el árbol del género? En 2012, Rajendhran Rajakumar, Ehab Abouheif y su equipo publicaron en Science una respuesta sorprendente. Al estudiar once especies, vieron que P. rhea pertenece a un linaje que se separó muy pronto del resto de Pheidole, mientras que P. obtusospinosa está en una rama mucho más reciente: el supersoldado ha aparecido al menos dos veces de forma independiente.
La pista estaba en una colonia silvestre de P. morrisi, una especie que no tiene supersoldados, en la que encontraron unos pocos individuos anómalos con aspecto de supersoldado. En el laboratorio aplicaron a las larvas de P. morrisi y de otras especies sin supersoldados el metopreno, una sustancia que imita a la hormona juvenil, y obtuvieron obreras con aspecto de supersoldado. La conclusión: el programa para fabricarlos está guardado en el desarrollo de muchas Pheidole, apagado desde hace decenas de millones de años, y basta un empujón hormonal o ambiental para despertarlo. Las especies como P. rhea son las que lo usan de forma habitual.
El órgano que fabrica cabezas gigantes
En las Pheidole, que una larva acabe siendo obrera menor o soldado no está escrito en sus genes: depende de cuánta hormona juvenil tenga en un momento sensible del último estadio larvario, y eso depende a su vez de cómo la alimenta la colonia. Diana Wheeler y Frederik Nijhout lo demostraron en 1981. En las especies con supersoldados hay un segundo umbral, más alto, que decide si un futuro soldado se convierte en supersoldado.
En 2018, el equipo de Abouheif descubrió en Nature la pieza que faltaba. Las larvas que van a ser soldado desarrollan durante un tiempo unos discos alares rudimentarios, esbozos de las alas de una reina que nunca llegarán a formarse. Su crecimiento es necesario para que la cabeza crezca mucho más que el cuerpo: si se frena, la proporción de soldado no se alcanza. Y la colonia lo controla: los soldados adultos emiten una feromona que frena el crecimiento de esos discos cuando ya hay soldados de sobra. Los supersoldados inducidos con metopreno también conservaban pequeños esbozos de ala.
Es una de las historias más bonitas de la biología de las hormigas: un órgano «inútil», un ala que nunca volará, es la herramienta con la que la colonia fabrica a sus guerreros. El trabajo experimental se hizo sobre todo con otra especie, P. hyatti, pero explica algo que verás en casa: cuántos soldados y supersoldados tiene tu colonia depende de cómo come y de cuántos soldados tiene ya.
Una escalera de tamaños, no tres peldaños
Hablar de «tres castas» simplifica las cosas. En 1949, Gregg midió la población de un solo nido: 201 soldados, 262 obreras de tamaño medio y 274 obreras menores. Encontró una gradación continua, sin saltos claros, desde los soldados pequeños de unos 5,5 mm hasta los más grandes, de 9,8–10,2 mm. Más de sesenta años después, Huang y Wheeler estudiaron la demografía de colonias de P. rhea, P. obtusospinosa y P. tepicana y encontraron en los soldados de P. rhea dos modas de tamaño, dos picos en la distribución: el soldado y el supersoldado, unidos por ejemplares intermedios.
Sus resultados tienen otros detalles curiosos:
- En todas estas especies, la cabeza del soldado crece mucho más deprisa que el cuerpo: cuanto mayor es el soldado, más desproporcionada es su cabeza.
- La mayoría de los soldados son de la clase pequeña, pero P. rhea invierte más o menos la misma biomasa en soldados que en supersoldados: pocos, pero muy caros.
- En P. rhea, las dos clases de soldado aparecen a lo largo del desarrollo de la colonia; en P. obtusospinosa, la segunda llega mucho más tarde.
Para un criador, la consecuencia es sencilla: los supersoldados no aparecen de golpe. Primero verás soldados pequeños, luego cada vez más grandes y, cuando la colonia ya tiene bastantes obreras, los primeros gigantes; en la experiencia de Antomas, nunca durante el primer año (ver «Supersoldados en casa: proteína, espacio y paciencia»).
Mucha cabeza… y casi el mismo trabajo
Uno esperaría que cada clase de obrera tuviera su oficio. En 2017, Darcy Gordon, Iulian Ilieş y James Traniello lo pusieron a prueba con una colonia de laboratorio de unas 30.000 obreras. Compararon comportamiento, cerebro y forma del cuerpo en las tres clases y encontraron una gran diferencia entre las obreras menores y los soldados, pero muy poca entre soldados y supersoldados, que se solapan mucho en lo que hacen, en la estructura de su cerebro y en su forma. Las tres clases tienen repertorios parecidos, aunque las menores hacen las tareas clave con más frecuencia. Los autores sugieren que soldados y supersoldados podrían especializarse en semillas de distinto tamaño, pero no llegaron a comprobarlo.
Un año después, el mismo grupo encontró una diferencia inesperada: los supersoldados detectan el rastro de feromona a concentraciones más bajas que las menores y los soldados. En cambio, al buscar un nido nuevo o al encontrarse con una obrera de otra colonia, el tamaño no cambiaba su respuesta. Como P. rhea pertenece a un linaje antiguo del género, los investigadores creen que su organización podría parecerse a la de las primeras Pheidole.
Cabezas que sirven de puerta
¿Para qué sirve, entonces, un supersoldado? La mejor pista viene de su pariente P. obtusospinosa. Una tarde de julio de 2006, en un cañón de robles, sicómoros y enebros del sur de Arizona, Ming Huang presenció el asalto de una hormiga legionaria, Neivamyrmex texanus, a una de sus colonias, y lo publicó en 2010:
- Grupos de 4–6 legionarias atacaban a los soldados fuera del nido, mientras las obreras menores las inmovilizaban estirándoles las patas.
- Los supersoldados se metieron dentro y taponaron las entradas con la cabeza, inmóviles aunque las legionarias los mordieran e intentaran picarlos.
- Después salían a contraatacar por la retaguardia, y alternaron bloqueo y contraataque al menos tres veces en 30–45 minutos, hasta que repelieron el ataque.
Era la primera vez que se veía a una hormiga bloquear la entrada con una cabeza que no está modificada como un tapón. Huang propuso que la presión de las legionarias explica en parte por qué los supersoldados han aparecido varias veces en esa región. En P. rhea no se ha observado directamente, pero vive en los mismos paisajes y con las mismas enemigas.
Cosechadora y cazadora
P. rhea come de todo lo que encuentra en el pastizal. Según Cover, citado por Wilson, cosecha semillas en grandes cantidades y es a la vez una depredadora activa. Gregg vio en abril obreras y soldados recogiendo semillas de varias plantas del desierto junto a la entrada de su nido. Las colonias maduras organizan pistas troncales, caminos permanentes y muy transitados que salen del nido y se ramifican hacia las zonas de recolección, como los de nuestra Messor barbarus.
Quién sale a buscar comida también está descrito: las obreras menores y las de tamaño medio. Los soldados grandes y los supersoldados apenas se ven fuera del nido; los criadores cuentan que esperan en la entrada para despiezar las presas que llegan. Se dice a menudo que los supersoldados están para partir las semillas más grandes, y tiene sentido con esas cabezas llenas de músculo, pero ningún estudio lo ha comprobado. Las colonias son agresivas y todas las castas salen a defender el nido.
Con las cosechadoras del género Pogonomyrmex, las hormigas rojas de los desiertos y pastizales norteamericanos, la rivalidad es especial. En la experiencia de Antomas, son competidoras directas: buscan las mismas semillas en los mismos terrenos, y en libertad se enfrentan y se matan a menudo. No hemos encontrado todavía un estudio que lo mida en P. rhea, pero es uno de los rasgos que mejor la definen: una cosechadora que no se aparta ante otras cosechadoras grandes.
Una guardería colgante
Una de las curiosidades mejor estudiadas de la especie está en la cría. En 2012, Clint Penick y su equipo publicaron que las obreras de P. rhea cuelgan sus larvas de las paredes y el techo de las cámaras profundas del nido. Lo hacen con larvas del último estadio, el cuarto, que tienen unos pelos con la punta en forma de ancla, como los ganchos del velcro. En cámaras planas, la cría se amontona en el suelo; en cámaras hondas con las paredes de arena, las larvas aparecen pegadas por todas partes, mientras los huevos, las larvas pequeñas y las pupas se quedan en la base.
Comprobaron que esos pelos son la clave: al recortarlos, las larvas se despegaban de superficies inclinadas a 90° y 120°, y las intactas seguían en su sitio. Y hay un detalle que nadie ha explicado: las larvas de soldado y las de macho nunca aparecían colgadas, aunque las de soldado también tienen pelos con ancla. Para los autores, es una forma de organizar la guardería: aprovecha las paredes y separa a las larvas grandes del resto de la cría. Si alguna vez ves larvas pegadas al techo de una cámara, no es un problema: es justo lo que hacen.
Un linaje antiguo en un género hiperdiverso
Pheidole es uno de los géneros de animales más ricos en especies: en 2015 se contaban unas 1.124 especies descritas, alrededor del 8 % de todas las hormigas conocidas, y hoy rondan ya las 1.200. El estudio filogenético de Evan Economo y su equipo situó el origen del género en el Nuevo Mundo, hace unos 37 millones de años, y una sola colonización del Viejo Mundo hace unos 22 millones de años, tras la cual se diversificó por todos los continentes.
En ese árbol, P. rhea y su pariente P. fimbriata ocupan una posición basal: pertenecen a un linaje que se separó muy pronto del resto. Por eso los investigadores la usan como ventana a cómo pudieron ser las primeras Pheidole, y por eso resulta tan llamativo que los supersoldados aparezcan en ella y en algunas especies de ramas mucho más recientes. En Antomas tienes también la Pheidole mediterránea, Pheidole pallidula, y otra gigante de la misma región, Pheidole titanis, cazadora de termitas.
Colonias gigantescas: 35.000 obreras en un año
Cover describió las colonias silvestres de P. rhea como enormes, y la colonia de laboratorio que estudiaron Gordon y sus colegas tenía unas 30.000 obreras. En la experiencia de Antomas, su crecimiento es extraordinario: en condiciones óptimas, con calor, humedad y muchísima comida, una colonia puede llegar a unas 35.000 obreras en un solo año.
¿Hasta dónde llega una colonia silvestre vieja? Nadie ha contado todavía un nido entero, pero con ese ritmo de crecimiento en Antomas creemos muy probable que las más grandes alcancen cientos de miles de obreras, quizá cerca del millón. Eso sí, conviene no confundirlas con una supercolonia en sentido estricto, que es una red de nidos que no se atacan entre sí y se reparten un territorio enorme, como la de la hormiga argentina: P. rhea forma colonias gigantescas, pero territoriales y agresivas con sus vecinas.
Cuándo vuelan y cómo fundan: lo que se sabe
Aquí la ciencia tiene más huecos que datos. No se ha publicado ningún vuelo nupcial de P. rhea con fecha. Lo que hay es indirecto: en julio de 2005 se recogieron en el sur de Arizona colonias incipientes, una reina fundadora con su cría, para los estudios de Penick, y Gregg encontró una reina desalada bajo una piedra un 2 de marzo, quizá una fundadora que había pasado el invierno. Los criadores norteamericanos sitúan los vuelos entre junio y septiembre, con el máximo en julio y tras las primeras lluvias del monzón, igual que en su pariente P. obtusospinosa, en la que se han visto alados de abril a septiembre.
Según esos mismos criadores, la fundación es claustral: la reina se encierra sola y cría a sus primeras obreras con sus reservas, sin salir a comer. Y las colonias tienen una sola reina. Encaja con lo habitual en el género, pero no hay ningún estudio que lo confirme. Sobre la vida de la reina no hay datos. Lo más cercano está en el laboratorio de Penick, que criaba fundaciones recogidas en 2005: una de sus colonias produjo machos en el verano de 2011, lo que apunta a reinas que viven varios años.
Tamaño y morfología
Mirmicina robusta y muy polimórfica, con obreras de tamaños muy distintos que van desde la menor hasta el supersoldado, sin un corte claro entre soldados y supersoldados.
- Obrera menor. Pequeña, rápida y de patas largas, con la cabeza proporcionada. Como todas las castas de la especie, tiene espinas muy largas en el propodeo, la parte trasera del tórax.
- Soldado. Cabeza grande, cubierta de finas crestas longitudinales (carénulas) salvo en el triángulo de la frente, con mandíbulas potentes. La cara trasera del propodeo cae casi en vertical, y el pospecíolo, el segundo nudo de la «cintura», tiene forma de rombo visto desde arriba.
- Supersoldado. Como el soldado, pero mucho mayor y con una cabeza desproporcionada. En los ejemplares más grandes, la escultura de los lóbulos traseros de la cabeza forma espirales concéntricas, como una huella dactilar.
- Reina. Grande y robusta, con la cabeza más ancha que larga.
- Macho. Alado; no hay ninguna descripción publicada con medidas.
- Coloración. Según Wilson, pardo rojizo claro, con el gáster algo más oscuro. Gregg describe los soldados más grandes con la cabeza claramente rojiza en la mitad posterior y el tórax y el gáster de pardos a negros.
- Aguijón. Como todas las mirmicinas, tiene uno pequeño, pero los criadores coinciden en que no pica a las personas de forma apreciable (ver «Manejo y seguridad»).
- Desarrollo. Pupas desnudas, sin capullo, como en todas las mirmicinas.
¿Y con qué se puede confundir? Con su pariente P. fimbriata, con la que estuvo unida casi treinta años. Según Gregg, P. fimbriata tiene mechones densos de pelos bajo el pecíolo y el pospecíolo, que faltan en P. rhea, y algo menos de facetas en el ojo. Las otras especies con supersoldados de la región, P. obtusospinosa y P. tepicana, son bastante más pequeñas.
Medidas aproximadas
- Reina: unos 14 mm (14,3 mm el ejemplar tipo)
- Supersoldado: hasta unos 10 mm; cabeza de 3,86 mm de ancho y 4,04 mm de largo
- Soldado: desde unos 5,5 mm, con todos los tamaños intermedios hasta el supersoldado; cabeza de 2,52 mm de ancho y 2,76 mm de largo
- Obrera menor: unos 3–4 mm; cabeza de 0,86 mm de ancho y 0,96 mm de largo
- Macho: sin medidas publicadas
Las medidas de la cabeza son las de Wilson (2003); las longitudes, las de Smith (1943) y Gregg (1949), y la de la reina, la del ejemplar tipo de Wheeler y la de Gregg. En tiendas y foros circulan reinas de 16 a 22 mm y obreras de 2 mm: no se sostienen con estas mediciones. La anchura de cabeza de casi 4 mm del supersoldado, en cambio, está bien medida.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 4/5 – Avanzado
No es una especie delicada: come de todo, aguanta bien y, con calor y comida, crece deprisa. Algunas tiendas la consideran de nivel intermedio. En Antomas le damos un 4/5 porque es una especie muy exigente en el día a día:
- Temperatura elevada. A temperatura ambiente sobrevive, pero apenas crece. Necesita el nido a 28–32 °C durante toda la temporada activa, también en verano.
- Muy demandante de humedad. La zona de cría tiene que estar siempre muy húmeda, al 70–80 %, y a la vez hay que mantener seco el granero. Dejar que el nido se seque es un error grave.
- Muchísima comida. Semillas de todo tipo y en abundancia, y proteína como mínimo cada 3–4 días: una colonia de esta especie come muchísimo.
- Escapista. Sus obreras menores son pequeñas, rápidas y muy insistentes buscando salidas: la barrera y los cierres tienen que estar siempre en buen estado.
- Crece mucho. En la experiencia de Antomas, una colonia en condiciones óptimas puede llegar a unas 35.000 obreras en un año. Hay que ampliar a tiempo y limpiar mucho.
- Una diapausa delicada. Son 3–4 meses a 15–18 °C, con cambios de temperatura graduales y sin dejar que se seque la zona de cría.
- Los supersoldados no son inmediatos. Nunca aparecen el primer año: hace falta una colonia con bastantes obreras, y lo normal es que salgan después de la primera diapausa.
Y merece mucho la pena. Pocas hormigas reúnen tanto en un solo hormiguero: pistas de obreras cargando semillas, soldados que despiezan presas en la entrada, larvas colgadas del techo de las cámaras y, al final, unos supersoldados de cabeza gigante que casi nadie ha visto en directo. Es una de las especies con las que mejor se entiende de qué es capaz una sociedad de hormigas.
Parámetros recomendados
- Temperatura del nido: alta, de 28–32 °C en la temporada activa; 28–30 °C es un rango cómodo. Por encima de 26 °C no hay problema, pero por debajo crece muy despacio. Es la temperatura del suelo de su hábitat en verano, y los criadores de Arizona coinciden en que sin calor apenas crece. No dejes que todo el nido pase de 32 °C.
- Zona de forrajeo: a temperatura ambiente o algo más cálida, con un rincón templado si quieres; así la colonia elige.
- Humedad: alta. La zona de cría, muy húmeda, al 70–80 %, sin encharcar, y un granero seco para las semillas. La zona de forrajeo, seca. Es una especie muy demandante de humedad: si el nido se seca, la cría lo paga enseguida.
- Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo. No dejes nunca que se acabe.
- Luz: basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche.
- Diapausa: de 3–4 meses a 15–18 °C, más o menos de noviembre o diciembre a febrero o marzo (ver «Diapausa»).
Si usas calor, ponlo en un lateral del nido, con termostato y lejos del depósito de agua: el calor junto al agua provoca condensación, y en las galerías de una hormiga pequeña una gota es una trampa.
Hormigueros recomendados
En Antomas recomendamos sobre todo la gama Qbik Wild de Anthouse: hormigueros modulares de yeso, que guardan muy bien la humedad que pide esta especie, en especial al principio. Para empezar, un Qbik Wild One:
A partir de ahí, la colonia crece deprisa y puedes ir añadiendo módulos Wild de todo tipo. Nos funciona muy bien el Qbik Wild Duo P 2C Híbrido, que combina la humedad por evaporación de un depósito inferior con un bebedero lateral, y también puedes usar el Qbik Wild Duo P 2C, solo con evaporación:
Con el tiempo, también puedes intercalar módulos de la gama Qbik Alpha, más secos, como el QBIK DUO: son un buen sitio para el granero. Y cuando empiecen a aparecer soldados grandes, elige siempre galerías grandes: un supersoldado tiene una cabeza de casi 4 mm de ancho, y en galerías estrechas los soldados más pesados llegan a quedarse atascados.
Amplía cuando veas muchas obreras quietas en la zona de forrajeo, sin sitio dentro, pero sin adelantarte demasiado: en un nido enorme para una colonia pequeña, las cámaras que sobran acaban convertidas en basurero, con moho y ácaros. Completa el montaje así:
- Zona de cría húmeda y granero seco. Mantén siempre con agua el depósito de los módulos Wild, para que la zona de cría esté al 70–80 %, y deja que la colonia guarde el grano en las cámaras más secas o en un módulo Alpha.
- Una capa fina de arena seca en la zona de forrajeo, donde montarán su basurero.
- Agua en tubo de ensayo con algodón, nunca al descubierto: una obrera menor se ahoga en una gota.
- Bebedero para los líquidos azucarados, nunca en algodón (ver «Alimentación»).
- Barrera antifugas de PTFE o aceite mineral y tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).
Fundación y crecimiento
En Antomas vendemos colonias con reina, con obreras y cría. La fundación es la fase más delicada de la especie, y empezar con una colonia en marcha te ahorra los meses más frágiles. Al recibirla, déjala unos días a oscuras y tranquila, a 28–30 °C y con la zona de cría húmeda, con agua, unas pocas semillas y una presa pequeña, y no abras el tubo o el nido más de lo necesario.
A partir de ahí, el ritmo depende sobre todo del calor y de la proteína. Los diarios de criadores norteamericanos dan una idea de lo que puede hacer:
- Los primeros soldados, pequeños, aparecen pronto, a las pocas semanas.
- Una colonia alimentada con grillos a diario pasó de una reina recién fundadora a unas 780 obreras y unos 20 soldados en tres meses, aunque había recibido un refuerzo de pupas de su especie.
- Una tienda de Arizona habla de más de 5.000 obreras el primer año con calor y buena comida.
- En la experiencia de Antomas, en condiciones óptimas, una colonia puede llegar a unas 35.000 obreras en un año.
No son reglas fijas: sin calor, sin humedad o con poca comida, el crecimiento es mucho más lento. Lo que sí es constante es la norma de oro: nunca juntes reinas ni colonias distintas. Es una especie territorial y muy agresiva con otras hormigas; un criador comprobó que una colonia mutilaba la cría de otra Pheidole que le añadió.
Llegada y mudanza
Para pasar la colonia al hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado: con el hormiguero ya montado, la zona húmeda lista y la barrera puesta, abrimos el tubo o el recipiente en la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y volcamos con suavidad a la reina, las obreras, la cría y las semillas, ayudando a las rezagadas con un pincel. Trabaja sobre una bandeja, porque las obreras menores son rápidas, y deja el nido a oscuras: en pocas horas habrán llevado la cría a la zona húmeda y empezado a ordenar el granero. Gregg ya contó en 1949 que, al molestar el nido que estudiaba, la colonia se mudó: es una especie que se traslada con facilidad. Para pasarla a un módulo Wild más grande, el mismo método.
Alimentación
Es una especie que come muchísimo, y la comida es lo que más decide su crecimiento.
Semillas: muchas y de todo tipo. Es una cosechadora y come muchísimas semillas: los criadores coinciden en que crece más deprisa con semillas de sobra en el granero. En Antomas les echamos semillas de todo tipo, limpias, sin tratar, sin sal y sin tostar: semillas de césped (Poa), chía, diente de león, alpiste, mijo y onagra, que son las que más se citan con esta especie, y, para colonias grandes, pipas de girasol peladas y troceadas.
- Déjalas en la zona de forrajeo para que las lleven al granero seco; nunca en la zona húmeda ni en contacto con el algodón.
- Retira dos o tres veces por semana las semillas germinadas o con moho, y vacía el basurero de vez en cuando.
Pasta cocida: un extra que les encanta. En Antomas les damos también pasta cocida, la misma que comemos nosotros: un macarrón, unos fideos, lo que haya, sin salsa. La muerden y se la comen muy bien, y es muy recomendable como complemento de las semillas. Dales trocitos pequeños y retira al día siguiente lo que sobre, porque la pasta húmeda se enmohece.
Proteína: cuanta más, mejor. Es el motor del crecimiento y la clave de los soldados grandes. Ofrécela como mínimo cada 3–4 días, y más a menudo si puedes. Es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la proteína que sobra se pudre y trae moho y ácaros. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo:
- Thermobia domestica: presa pequeña y blanda, perfecta para colonias jóvenes. En Antomas, con las Pheidole nos da resultados especialmente buenos.
- Grillos (Acheta domesticus), la presa favorita de los criadores de esta especie, troceados al principio y enteros después.
- Cucarachas runner (Shelfordella lateralis) y cucarachas argentinas (Blaptica dubia), para colonias medianas y grandes.
- Gusanos de la harina (Tenebrio molitor), troceados.
En las primeras etapas, mejor insectos pequeños y recién muertos; cuando la colonia crezca, puedes darles presas más grandes y también vivas, y verás cómo las obreras menores reclutan a las demás y los soldados acuden a trocearlas. Compra los insectos a un proveedor fiable, porque los tratados con insecticidas pueden matar a la colonia, y retira los restos en 24 horas.
Proteína animal, de todo tipo. Además de insectos, en Antomas les damos un poco de todo: pollo, pinkies (crías de ratón congeladas, de las que se venden como alimento para reptiles) y otras carnes, en trocitos adecuados al tamaño de la colonia. La carne, mejor cocinada; los pinkies, tal cual. Si no se han comido la proteína animal en 24–48 horas, retírala.
Azúcares, solo como complemento. No son la base de su dieta, y en Antomas no recomendamos dárselos a menudo: una o dos veces al mes, como hacemos con las cosechadoras, variando: casi siempre el Néctar Blue Sugar de Anthouse y, alguna vez, otro néctar o líquido azucarado; también puedes añadir algo de proteína al néctar. Siempre en un bebedero, donde la gota quede «tendida» y accesible, y nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido enseguida.
Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón. Aunque coman semillas secas, el agua no les puede faltar.
«Cabeza de pollo vs hormigas titánicas», 2.ª parte, de Anthouse: proteína a lo grande para una colonia de P. rhea.
«Una batalla para engendrar un monstruo», 2.ª parte, de Anthouse: en busca de los supersoldados.
Supersoldados en casa: proteína, espacio y paciencia
Es la pregunta que se hace todo el que compra esta especie: ¿cuándo aparecerá el primer supersoldado? En la experiencia de Antomas, nunca durante el primer año: hace falta que la colonia tenga bastantes obreras, y lo normal es que salgan después de la primera diapausa. Según la biología del género, una larva se convierte en soldado, y luego en supersoldado, cuando recibe mucho alimento en el momento justo y la colonia «decide» que necesita más soldados. En la práctica, eso significa:
- Una colonia grande. Las colonias pequeñas fabrican soldados pequeños. Los criadores norteamericanos lo confirman: uno de ellos, con una colonia enorme a los nueve meses, seguía sin ver supersoldados.
- Mucha comida, y de forma constante. Producir supersoldados en cautividad exige una alimentación abundante, sobre todo en proteína. Las rachas de hambre se pagan en el tamaño de los soldados.
- Calor y humedad en la temporada activa. Imita su verano de monzón: 28–32 °C, mucha comida y la zona de cría bien húmeda.
- Espacio. Galerías grandes y ampliaciones a tiempo: una colonia apretada no se lanza a fabricar sus obreras más caras.
Y no te preocupes si al principio casi todos los soldados son pequeños: también lo son en la naturaleza. Lo raro, y lo valioso, es el supersoldado.
Diapausa
No hay ningún estudio sobre su diapausa, y las opiniones están divididas: algunos vendedores de Arizona dicen que no la necesita y la mantienen activa todo el año, y otras tiendas recomiendan un reposo suave de 2–3 meses a 15–18 °C. En el laboratorio de Penick, colonias mantenidas a 24 °C constantes vivieron años y criaron. Pero en su hábitat el invierno existe: entre diciembre y febrero hay heladas en superficie y el suelo donde vive la colonia se queda en unos 10–14 °C durante unos tres meses.
En Antomas le hacemos una diapausa de 3–4 meses, más o menos de noviembre o diciembre a febrero o marzo, a 15–18 °C: respeta su ciclo natural sin enfriarla como a una especie europea. Puede ser un momento delicado, así que conviene hacerla con cuidado:
- Baja la temperatura poco a poco, a lo largo de una o dos semanas, y súbela igual al final.
- No bajes de 15 °C.
- No dejes que se seque la zona de cría: mantén con agua el depósito del nido durante toda la diapausa.
- Agua siempre disponible y semillas en el granero; proteína, poca o ninguna.
- Al terminar, vuelve al calor y a la proteína en cuanto veas actividad y cría. Es el momento en que suelen aparecer los primeros supersoldados.
Comportamiento en cautividad
Ordenadas y trabajadoras. En pocos días verás la casa organizada: la cría en la zona húmeda, el grano en el granero y el basurero fuera. En la zona de forrajeo, las obreras menores y las medianas forman pistas hacia la comida, y los soldados grandes se quedan en el nido o en la entrada, esperando a las presas.
Activas con calor y humedad. En la naturaleza, en pleno verano, salen sobre todo al anochecer, y se animan mucho después de las lluvias, según cuentan los criadores. En casa, con el nido caliente, las verás moverse a cualquier hora.
Muy agresivas con otras hormigas. Defienden el nido con todas sus castas y atacan a cualquier hormiga ajena: nada de montajes compartidos ni de hormigueros conectados con otras colonias.
Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Con una lupa, busca las larvas colgadas del techo de las cámaras y compara las cabezas de las obreras.
Señales de alarma:
- Cría que se estanca o desaparece: casi siempre falta proteína, calor o humedad.
- Semillas germinadas o moho en el granero: sobra humedad en la zona seca.
- Condensación en las galerías: calor demasiado cerca del agua.
- Muchas obreras quietas en la zona de forrajeo, sin sitio dentro: toca ampliar.
Fugas y barreras
Es su punto débil. Las obreras menores miden 3–4 mm, son rápidas y exploran cualquier rendija, y los criadores coinciden en que una colonia grande busca salidas con mucha insistencia. Cuanto más crece, más obreras prueban suerte:
- PTFE (Fluon) en capa fina en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo, la barrera que más recomiendan los criadores de Pheidole. Dura más si se aplica en la cara inferior de un reborde.
- Como alternativa, una franja de aceite mineral, mucho más fácil de encontrar. Renuévala cuando acumule polvo o restos.
- Tapa bien ajustada y ninguna holgura en conexiones, tapones y tubos: para una obrera menor, cualquier ranura es una puerta.
- Nada que sirva de puente hasta la barrera, ni restos de comida pegados a ella.
Manejo y seguridad
No es una especie peligrosa. Como todas las mirmicinas tiene un aguijón pequeño, pero los criadores coinciden en que no pica a las personas de forma apreciable. Lo que sí hacen es morder: el pellizco de un soldado grande o de un supersoldado se nota, aunque no pasa de ahí. Manipúlalas siempre con herramientas, pinzas suaves y un pincel, nunca con las manos, y trabaja despacio para no perder ni dañar a ninguna obrera, y menos aún a la reina. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.
Qué no hacer
- Tenerla por debajo de 26 °C en la temporada activa y esperar que crezca.
- Dejar que se seque la zona de cría: es una especie muy demandante de humedad.
- Poner las semillas en la zona húmeda o en contacto con el algodón.
- Dejar que se acabe el agua o poner el calor junto al depósito de agua.
- Quedarse corto con la comida, darles siempre el mismo insecto o dejar restos de proteína o de pasta más de 24 horas.
- Poner los líquidos azucarados en algodón o dejar el agua al descubierto.
- Confiar en una barrera vieja o dejar holguras en tapas y conexiones.
- Usar galerías estrechas cuando aparecen los soldados grandes o esperar a que la colonia esté apretada para ampliar.
- Juntar reinas o colonias, o mantenerla junto a otras especies.
- Bajar de 15 °C en la diapausa, acortarla a unas semanas o cambiar la temperatura de golpe.
- Esperar supersoldados el primer año: llegan con una colonia grande, normalmente después de la primera diapausa.
- Manipularlas con las manos.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Pheidole rhea y su género, de datos de distribución y de clima de su hábitat, y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
- Wheeler, W. M. (1908). The ants of Texas, New Mexico and Arizona. (Part I.). Bulletin of the American Museum of Natural History 24: 399–485. doi:10.5281/zenodo.25136
- Gregg, R. E. (1949). A note on Pheidole (Macropheidole) rhea Wheeler (Hymenoptera: Formicidae). Psyche 56: 70–73. doi:10.1155/1949/62806
- Wilson, E. O. (2003). Pheidole in the New World: A Dominant, Hyperdiverse Ant Genus. Harvard University Press, p. 594. Ficha de la especie: doi:10.5281/zenodo.6274328
- Wheeler, D. E. & Nijhout, H. F. (1981). Soldier determination in ants: new role for juvenile hormone. Science 213: 361–363. doi:10.1126/science.213.4505.361
- Moreau, C. S. (2008). Unraveling the evolutionary history of the hyperdiverse ant genus Pheidole (Hymenoptera: Formicidae). Molecular Phylogenetics and Evolution 48: 224–239. doi:10.1016/j.ympev.2008.02.020
- Huang, M. H. (2010). Multi-phase defense by the big-headed ant, Pheidole obtusospinosa, against raiding army ants. Journal of Insect Science 10: 1. doi:10.1673/031.010.0101
- Huang, M. H. & Wheeler, D. E. (2011). Colony demographics of rare soldier-polymorphic worker caste systems in Pheidole ants (Hymenoptera, Formicidae). Insectes Sociaux 58: 539–549. doi:10.1007/s00040-011-0176-8
- Rajakumar, R., San Mauro, D., Dijkstra, M. B., Huang, M. H., Wheeler, D. E., Hiou-Tim, F., Khila, A., Cournoyea, M. & Abouheif, E. (2012). Ancestral developmental potential facilitates parallel evolution in ants. Science 335: 79–82. doi:10.1126/science.1211451
- Penick, C. A., Copple, R. N., Mendez, R. A. & Smith, A. A. (2012). The role of anchor-tipped larval hairs in the organization of ant colonies. PLoS ONE 7: e41595. doi:10.1371/journal.pone.0041595
- Economo, E. P., Klimov, P., Sarnat, E. M., Guénard, B., Weiser, M. D., Lecroq, B. & Knowles, L. L. (2015). Global phylogenetic structure of the hyperdiverse ant genus Pheidole reveals the repeated evolution of macroecological patterns. Proceedings of the Royal Society B 282: 20141416. doi:10.1098/rspb.2014.1416
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- Rajakumar, R., Koch, S., Couture, M., Favé, M.-J., Lillico-Ouachour, A., Chen, T., De Blasis, G., Rajakumar, A., Ouellette, D. & Abouheif, E. (2018). Social regulation of a rudimentary organ generates complex worker-caste systems in ants. Nature 562: 574–577. doi:10.1038/s41586-018-0613-1
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