Oecophylla smaragdina - Hormiga tejedora
Arquitectas del dosel: la única hormiga que cose nidos de hojas vivas con la seda de sus propias larvas, forma cadenas con sus cuerpos para doblar hojas enteras y defiende imperios de medio millón de obreras. Nuestras colonias y reinas son de origen asiático, con obreras amarillas o naranjas. Nivel experto (5/5): pide calor, ventilación y una buena barrera antifugas, y a cambio ofrece el espectáculo más increíble del hobby. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 5/5 – Experto
La hormiga que cose nidos de hojas con la seda de sus propias larvas. Exigente en calor, ventilación y barreras antifugas, pero probablemente la especie más espectacular y divertida que se puede mantener en casa.
Oecophylla smaragdina (Fabricius, 1775) es la hormiga tejedora de Asia y Australia, una de las dos únicas especies vivas del género Oecophylla (la otra, O. longinoda, vive en África tropical). Pocas hormigas han fascinado tanto a los naturalistas: construye nidos de hojas vivas cosidos con la seda de sus propias larvas, forma cadenas con sus cuerpos para doblar hojas y salvar huecos, defiende territorios de varios árboles con cientos de miles de obreras y lleva más de 1.700 años trabajando para el ser humano como control biológico. Es, con razón, una de las especies más deseadas del hobby, y también una de las que más montajes fallidos acumula.
Biología
Distribución y hábitat
Ocupa una franja enorme del trópico del Viejo Mundo: desde la India, Sri Lanka, Nepal y Bangladés, pasando por el sur de China y todo el Sudeste Asiático (Tailandia, Laos, Vietnam, Malasia, Indonesia, Filipinas), hasta Nueva Guinea, las islas Salomón y el norte de Australia. Una revisión de más de 2.700 registros en 21 países la sitúa aproximadamente entre los 32,7° N y los 23,9° S; casi todos los registros son de clima tropical húmedo y apenas hay citas en zonas semiáridas.
En Australia su límite sur está bien estudiado: la presencia de la especie se explica por la combinación de lluvia anual y temperatura mínima media, y solo aparece donde hay bosque o woodland. Las poblaciones más meridionales confirmadas están en Tannum Sands y Rundle Range (Queensland, en torno a los 23°40'–23°57' S). Este dato importa en cautividad: es una hormiga del trópico húmedo cuyo desarrollo larvario se detiene con el frío.
Vive en el dosel de bosques tropicales abiertos, bordes de bosque, manglares, árboles aislados y, sobre todo, plantaciones: mango, anacardo, cítricos, cacao, coco y palma aceitera. En Laos los recolectores de larvas dicen que evita el bosque perennifolio denso y prefiere caminos, lindes y árboles junto a arrozales. En la India se la ha encontrado en mangos, guayabos, Syzygium cumini, Terminalia, hibiscos y una docena de árboles más, con los nidos a una altura media de unos 3 m y entre 1 y 300 hojas por nido.
Un superorganismo repartido entre los árboles
Una colonia madura de Oecophylla es una de las sociedades de insectos más grandes del planeta: se han estimado hasta medio millón de obreras repartidas en cientos de nidos, ocupando desde un solo árbol hasta más de veinte árboles grandes y territorios de alrededor de 1.500 m² en proyección sobre el suelo. Es una colonia polidómica: un nido central alberga a la reina y a su alrededor se multiplican nidos satélite, nidos para la cría y «nidos cuartel» en las fronteras del territorio, ocupados solo por obreras mayores de guardia.
Los nidos de hojas son estructuras vivas y efímeras: duran mientras duran las hojas, unos 85–130 días de media, así que la colonia está construyendo y mudándose constantemente. En un estudio de dos años en la India, cada colonia usó a la vez entre 2 y 8 árboles-nido, y el árbol central, probablemente el de la reina, se mantuvo ocupado de forma continua durante más de dos años. Quien las mantiene en casa reconocerá este comportamiento: se mudan, abren nidos secundarios y vuelven a mudarse sin que nada vaya mal.
Cómo doblan una hoja: cadenas de tracción
La construcción empieza antes que la seda. Oecophylla es el único género de hormigas tejedoras que manipula la hoja antes de pegarla: una obrera muerde el borde de la hoja, preferentemente la punta, y tira hacia atrás; las compañeras se unen a su lado o se agarran al gáster de la que tienen delante, formando cadenas de varias hormigas que caminan hacia atrás y van enrollando la hoja hacia el centro. Las mordidas se concentran en el espacio y en el tiempo por retroalimentación positiva: cuanto más tiran unas, más se suman otras.
En 2025 un equipo midió con dinamómetros la fuerza de estas cadenas y descubrió algo sorprendente: cada hormiga tira casi el doble de fuerte cuando el equipo crece, porque las de delante traccionan y las de atrás hacen de anclaje, como un trinquete. Es justo lo contrario de lo que ocurre en los equipos humanos, donde cada persona rinde menos cuanto más grande es el grupo (el llamado efecto Ringelmann).
Las larvas como lanzaderas: el pegamento viviente
Una vez que los bordes se tocan, hay que coserlos. Para ello las obreras entran en el nido, cogen con las mandíbulas larvas de último estadio y las llevan a la costura; allí las mueven adelante y atrás como la lanzadera de un telar, tocándoles la cabeza con las antenas para que extruyan el hilo de seda de sus glándulas labiales. El resultado es una lámina de seda que une las hojas y que la colonia va reforzando con el tiempo.
El precio evolutivo de este truco es notable: las larvas de Oecophylla donan toda su seda al nido comunal y pupan desnudas, sin capullo, algo poco habitual entre las formicinas. Hölldobler y Wilson las llamaron la «casta auxiliar» de la colonia. Las larvas hembra tienen glándulas de seda mayores y aportan mucha más seda que las larvas macho (dato medido en O. longinoda). La reina fundadora también tiene su propia seda: en el laboratorio, reinas recién fecundadas sellaron dos hojas en unos tres días.
Hay una consecuencia práctica inmediata para la cría: sin larvas no hay construcción. Una colonia que pasa por una pausa de puesta deja de tejer, y una reina sola apenas puede cerrar un refugio. Por eso las colonias con obreras y cría arrancan mucho mejor que las reinas solas.
Vídeo: las hormigas tejedoras, así construyen su nido (Anthouse).
Cadenas colgantes y puentes
¿Hacen puentes? Sí, aunque no como las hormigas legionarias. Cuando necesitan bajar al suelo o alcanzar una rama o una planta vecina forman cadenas colgantes: una o pocas obreras se dejan colgar de un soporte y las demás van encadenándose a ellas hasta tocar el otro lado. Un estudio de 2023 con subcolonias de 200 obreras muestra que completan cadenas para huecos verticales de 2,5–5 cm pero no para huecos de 11 cm, y que el límite ronda los 9 cm; cada hormiga decide cuánto tiempo aguanta en la cadena (unos 23 s de media) según su distancia al suelo, un mecanismo sencillo que evita que la colonia malgaste obreras en un hueco imposible. Cuando pueden elegir, construyen el puente hacia la estructura más cercana.
En un terrario esto significa que cualquier objeto a menos de 10 cm del cristal, de la tapa o de otra planta es un puente en potencia, y que las obreras exploran los bordes de su recinto de forma incansable: en pruebas de exploración pasan el 80 % del tiempo a menos de 3 cm de un borde, caminando a unos 6 cm/s.
Un agarre fuera de serie
La hormiga tejedora es el animal modelo con el que se ha estudiado la adhesión de los insectos. Entre las uñas de cada pata tiene un arolio, un saco blando que se despliega como un cojín cuando la pata tira hacia el cuerpo y se repliega al levantarla. El despliegue es hidráulico y pasivo: basta una presión de hemolinfa de unos 15 kPa para inflarlo por completo, y funciona incluso sin orden nerviosa, lo que les permite agarrarse al instante a una hoja en movimiento o aguantar el impacto de gotas de lluvia mucho mayores que ellas. La adhesión se produce a través de una película líquida finísima de dos fases, que les da a la vez adherencia y fricción. Además, los tarsos llevan peines de pelos de fricción que, sobre vidrio liso, generan una fuerza de hasta 3,1 veces el peso de la obrera (que ronda los 8 mg).
El grupo de Walter Federle, pionero en estos estudios, ha divulgado que insectos como la tejedora logran adhesiones de más de cien veces su propio peso sobre superficies lisas; la célebre fotografía de Thomas Endlein muestra a una obrera sosteniendo boca abajo un peso de 500 mg, unas 60 veces lo que pesa ella. Para el criador la lección es clara: ninguna barrera antifugas es infalible con esta especie, y varios criadores con experiencia cuentan que cruzan el PTFE (Fluon) y el aceite sin problemas.
Visión: ojos rápidos y brújula solar
O. smaragdina es una cazadora diurna que se guía por la vista. Sus ojos compuestos son grandes y convexos: unos 800 omatidios por ojo en las obreras mayores y unos 500 en las menores. Su resolución espacial es moderada (0,52 ciclos/grado), pero su frecuencia crítica de fusión es de 132 Hz, muy alta para un insecto que camina, lo que indica un sistema visual rápido, hecho para detectar movimiento a plena luz. Usan el sol como brújula, se orientan hacia luces artificiales y responden a cambios en la polaridad del campo magnético. En el campo capturan la mayoría de las presas de día, y en invierno no forrajean en días nublados y fríos.
Las patas largas, las antenas larguísimas y los ojos grandes forman un conjunto: les permiten pasar de hoja en hoja, tantear el vacío y calcular distancias entre hojas. En cautividad lo notarás en que reaccionan a tu movimiento a 20–30 cm del cristal y acuden en grupo a la zona donde se mueve algo.
Territorio, castas y defensa química
Las colonias defienden territorios absolutos y tridimensionales: cualquier obrera de otra colonia es atacada, mordida y despedazada en grupo, mientras que las de la propia colonia solo reciben antenaciones. Y son más agresivas con las colonias vecinas que con las lejanas (el efecto del «vecino desagradable»), un comportamiento que se mantiene aunque convivan diez días en el laboratorio.
El trabajo está dividido por castas: las obreras mayores (alrededor del 90 % de la colonia) forrajean, construyen y defienden; las menores cuidan la cría y las cochinillas dentro del nido. Esa diferencia de agresividad tiene base química: las mayores tienen más octopamina en el cerebro, y al manipularla en el laboratorio se invierte la agresividad de cada casta.
No tienen aguijón. Su defensa es la mordida y el rociado de secreciones por el acidoporo del gáster, que doblan hacia delante para apuntar a la herida. En la glándula del veneno de O. smaragdina el compuesto dominante es el undecano (más del 50 %), un hidrocarburo que actúa como feromona de alarma y extiende el irritante; el ácido fórmico como componente del veneno está bien documentado en su hermana africana O. longinoda. La comunicación es igual de sofisticada: rastros de la glándula rectal para reclutar a larga distancia (comida, territorio nuevo, emigración), rastros de la glándula esternal de corto alcance frente a intrusos, y señales táctiles como sacudidas del cuerpo.
Ganadería de cochinillas, mariposas guardaespaldas y espías
Como muchas formicinas, la tejedora «ordeña» insectos chupadores: cóccidos, membrácidos, pulgones y pseudocóccidos, que le dan melaza a cambio de protección. En la selva de Queensland dos tercios de las agregaciones de homópteros atendidos estaban en lianas, y una agregación de cóccidos puede durar más de cuatro meses. También atienden orugas de mariposas licénidas (Hypolycaena phorbas, varias Arhopala, Anthene), que les pagan con secreciones azucaradas. Y tienen parásitos a su altura: la oruga acorazada de Liphyra brassolis vive dentro del nido comiéndose la cría sin que la toquen, y la araña saltícida Cosmophasis bitaeniata huele exactamente igual que la colonia porque adquiere sus hidrocarburos cuticulares comiéndose larvas, de modo que las obreras no la atacan.
Mil setecientos años de control biológico
Es la protagonista del caso de control biológico más antiguo que se conoce. Hacia el año 304 d. C., Ji Han describía en el Nanfang Caomu Zhuang que en los mercados del sur de China se vendían nidos de «hormiga de los cítricos» para colocarlos en los naranjos; durante siglos los agricultores tendieron cañas de bambú entre los árboles para que las obreras pasaran de uno a otro. Hoy se usa en cítricos de Vietnam (los agricultores con tejedoras gastan la mitad en agroquímicos), en el anacardo del norte de Australia (reduce de forma significativa las cuatro plagas principales y mejora la calidad de la nuez) y en mango, donde los frutos de árboles con hormigas tienen menos daño de gorgojo y más azúcar.
Un manjar: los «huevos de hormiga roja»
En Tailandia y Laos las larvas y pupas grandes de la tejedora, los khai mot daeng («huevos de hormiga roja»), son un alimento tradicional muy apreciado que se recolecta con cañas de bambú de 4–6 m y cestas; su precio dobla el del pollo o la ternera. En una plantación de mango se cosecharon entre 32 y 105 kg de cría por hectárea y año sin que las colonias se resintieran, y en una sola provincia del nordeste de Tailandia el comercio anual se estimó en unas 105 toneladas, por valor de más de 600.000 dólares. En Java la cría, llamada kroto, se vende como alimento para pájaros.
Organización social, vuelos nupciales y fundación
En la mayor parte de su área la colonia tiene una sola reina (monoginia), pero en el Territorio del Norte australiano la poliginia es habitual: 10 de 12 colonias maduras de Darwin tenían de 2 a 6 reinas conviviendo en el mismo nido. La explicación está en la fundación: las reinas recién fecundadas se asocian con frecuencia (pleometrosis), y en 73 nidos nuevos estudiados en mango el 71 % tenía más de una reina, con grupos de hasta 15 fundadoras. En Queensland y Java la monoginia es la norma, con poliginia ocasional. Las reinas se aparean a menudo con varios machos. La reina es la única que pone huevos fértiles; las obreras pueden poner huevos de macho.
Los vuelos nupciales coinciden con las lluvias. En Darwin se produjeron en días sin lluvia antes de las 15:00, con viento inferior a 18 km/h y presión atmosférica alta: las reinas se aparean en el aire, terminan la cópula en el dosel y, pasado el mediodía, vuelan solas a buscar un sitio para fundar. Los sexuados están en los nidos de noviembre a marzo. En Laos y Tailandia las reinas vírgenes aparecen de febrero a abril y los machos en mayo, justo antes del monzón.
La fundación es claustral: la reina (o el grupo de reinas) se encierra en una hoja o entre dos hojas que sella con su propia seda en unos tres días, y el nido permanece cerrado unas tres semanas, hasta que salen las primeras obreras: menores pequeñas que hacen de nodrizas. Las colonias fundadas por varias reinas producen 3,2 veces más obreras en los dos primeros meses y su primera obrera emerge 4,3 días (un 8 %) antes; a partir de ese dato, el tiempo desde el vuelo nupcial hasta la primera obrera ronda las 7–8 semanas en colonias de una sola reina. Las colonias jóvenes producen obreras pequeñas y esbeltas (nanitics) durante el primer año y medio, alcanzan la madurez a los 2–3 años y empiezan a producir sexuados a los 18–24 meses.
Los umbrales térmicos medidos en Australia son el dato más útil para quien las cría: el desarrollo de las larvas se detiene por debajo de unos 17 °C, el de los huevos a unos 10 °C y el de las pupas a unos 7 °C, y es la supervivencia larvaria la que más sufre con el frío.
Un linaje antiguo
El género Oecophylla tiene un registro fósil excepcional: una quincena de especies extintas desde el Eoceno hasta el Mioceno, entre ellas O. leakeyi, de Kenia, conocida por un nido fósil con obreras, larvas y pupas. Las dos especies actuales se separaron hace 11–13 millones de años, y las poblaciones de O. smaragdina de Asia, Sulawesi y Australia–Nueva Guinea son linajes genéticos antiguos y bien diferenciados, hasta el punto de que algunos autores sospechan que bajo el nombre smaragdina se esconde más de una especie.
Tamaño y morfología
La tejedora es inconfundible: cuerpo esbelto, patas y antenas extraordinariamente largas (antenas de 12 segmentos, con el escapo muy largo), ojos grandes y convexos, pecíolo bajo y alargado sin escama, y un gáster que puede doblar hacia arriba sobre el tórax para rociar. Las mandíbulas son triangulares, con diez o más dientes y un diente apical largo y agudo que les permite sujetar y arrastrar el borde de las hojas. Carece de aguijón funcional (acidoporo). Las obreras son fuertemente polimórficas, con dos tallas casi sin solapamiento: mayores y menores.
Coloración. Varía con la región de origen. Las poblaciones del Sudeste Asiático y la India son de color naranja a pardo rojizo (en Tailandia se llama mot daeng, «hormiga roja»); las del norte de Australia y Nueva Guinea tienen a menudo el gáster de un verde brillante, de ahí su nombre inglés green tree ant y el epíteto smaragdina, «esmeralda». El propio Fabricius describió aparte la forma australiana como virescens («verdosa»), hoy sinónimo. Las reinas van del verde al pardo-verdoso según las fuentes; los machos son negros. Las líneas de Antomas son asiáticas: obreras amarillas o naranjas y reinas que van del rojo al amarillo, con alguna verde. No existe hasta la fecha un estudio que explique el pigmento verde ni que lo ligue formalmente a un linaje concreto.
Visión. Las obreras mayores tienen unos 804 omatidios por ojo y las menores unos 508, con facetas de unos 17 µm de diámetro en ambas castas; no tienen ocelos.
Pupas desnudas. A diferencia de la mayoría de formicinas, las pupas de Oecophylla no tienen capullo: toda la seda larvaria se destina al nido. Las larvas pasan por tres estadios y una prepupa.
Medidas aproximadas
- Obreras menores: ≈5 mm (anchura de cabeza 1,0 mm)
- Obreras mayores: 8–10 mm (anchura de cabeza 1,4–1,6 mm)
- Reina: 13–16 mm
- Machos: 6–6,5 mm, negros, alados
- Huevo: ≈1 mm; larva madura ≈2,3 mm; pupa 3–4 mm
- Peso de una obrera mediana: ≈8 mg
Medidas publicadas: las de obreras proceden de poblaciones de la India, Borneo y Queensland; las de reinas y machos, de la base de datos AntWeb. Son valores orientativos, con variación según la población de origen.
Mantenimiento en cautividad
Vídeo: nace el imperio tejedor, colonias de Oecophylla smaragdina (Anthouse).
Dificultad: 5/5 – Experto
Es una especie de nivel experto, pero no por el cuidado diario: come de todo, crece rápido con calor y es la hormiga más visible y entretenida que se puede tener en casa. La dificultad está en cinco puntos: necesita calor constante todo el año (la cría se para por debajo de 22–24 °C); su fase de reina sola o colonia mínima es muy delicada; es agresiva y muerde rociando ácido; su agarre convierte las fugas en el problema número uno, porque las barreras habituales no son fiables; y su falta de higiene dentro del nido exige ventilación y limpieza constantes. A esto se suma que es una colonia tropical de crecimiento potencialmente enorme: con buen manejo, una colonia de 20 obreras puede pasar de 300 en tres meses y acercarse a las 2.000 en un año.
Y, aun así, la recomendamos muchísimo. Pocas especies se disfrutan tanto en cautividad: ver cómo una cadena de obreras dobla una hoja, cómo cosen el nido con las larvas en las mandíbulas, cómo cazan a la vista o cómo forman una cadena colgante para alcanzar una rama es una experiencia que no da ninguna otra hormiga del hobby. En Antomas la aconsejamos a criadores con experiencia en especies tropicales que puedan garantizar temperatura, ventilación y espacio; a cambio, es probablemente la especie más divertida de nuestro catálogo.
Parámetros recomendados
- Temperatura: 26–29 °C en la zona de cría durante el día; por la noche puede bajar a 24–25 °C.
- Punto cálido: 30–32 °C, localizado (lámpara o manta en un extremo), para que la colonia elija dónde coloca la cría.
- Mínimo: nunca por debajo de 22 °C de forma sostenida. Umbral de desarrollo larvario ≈17 °C.
- Humedad ambiental: 60–75 %, siempre con mucha ventilación y sin condensación en los cristales.
- Nido: seco. Ni el tubo ni el nido de hojas deben mojarse; la humedad va en el ambiente y en el agua para beber.
- Ventilación: imprescindible (tapa de malla, rejillas en los laterales; en terrarios grandes, un ventilador pequeño con temporizador).
- Luz: 10–12 h de luz al día; es una hormiga diurna que no teme la luz.
- Diapausa: no. Hay que mantener el calor también en invierno.
Aquí conviene ser prudentes. Las fichas comerciales dan humedades de nido de 50–70 % unas y de 70–90 % otras; en la experiencia de Antomas lo que importa es que el ambiente sea húmedo y ventilado y que el nido en sí esté seco. Las propias hormigas regulan la humedad dentro del nido de hojas, y en tubos de ensayo secos las colonias prosperan sin problemas.
El montaje: terrario ventilado o tubos secos
Lo que recomendamos en Antomas. La hormiga tejedora funciona especialmente bien en tubos de ensayo secos dentro de una zona de forrajeo amplia y muy ventilada. Es el montaje más higiénico y el que más colonias saca adelante, aunque se pierda la vistosidad de los nidos de hojas. Varios criadores europeos con colonias longevas han llegado a la misma conclusión: sus colonias eligieron el tubo seco frente al tubo con agua o la hoja, y las pupas sobrevivieron mejor en el tubo que en el nido de hojas. Las tejedoras tejen con lo que tienen: en el tubo pegan tierra, arena, fibras o papel de aluminio en las paredes y cierran la entrada con seda.
El terrario naturalizado es la versión espectacular: un terrario alto (mínimo 40–60 cm; cuanto más alto, mejor) con plantas vivas de hoja grande y flexible, donde doblarán hojas y tejerán nidos a la vista. Las plantas que mejor aceptan, según los criadores, son Pachira aquatica, Ficus benjamina, cítricos (calamondín), cafeto, hibisco y Schefflera. Dos reglas no negociables: la planta debe estar libre de pesticidas y de abono (de vivero ecológico o un año en casa sin tratar; varias colonias han muerto por una planta tratada o por abonar con posos de café), y el terrario debe estar muy ventilado (malla en la tapa, rejillas laterales), porque las plantas consumen oxígeno de noche y en un recinto cerrado se acumulan condensación, moho y el propio ácido fórmico de las hormigas. Las plantas artificiales se aceptan a veces, pero la mayoría de las colonias las ignoran y acaban en un tubo.
Para esta especie no recomendamos ningún hormiguero de yeso, Ytong o acrílico convencional: lo normal es que no lo usen. Lo que necesitan es altura, estructuras para trepar y un lugar seco y oscuro donde recogerse (tubo o bote con agujeros de ventilación).
Higiene: son muy sucias. Las tejedoras meten las presas dentro del nido y a menudo las abandonan allí; en un nido de hojas o en un tubo cerrado un insecto muerto se enmohece en dos días, y el moho, las bacterias y los ácaros que crecen sobre esos restos pueden acabar con la cría y con la reina. Por eso en Antomas insistimos en nidos secos y en una ventilación generosa, y recomendamos retirar los restos de comida de la zona de forrajeo cada 24–48 h. Un sustrato con colémbolos o cochinillas enanas en el terrario ayuda a mantenerlo limpio.
Fundación
La fundación natural es claustral: la reina se encierra en una hoja y cría a sus primeras obreras con sus reservas. En cautividad, la fase de reina sola es la más delicada de toda la cría: el estrés del transporte hace que muchas reinas se coman la puesta, los tubos cerrados sin aire las matan y las reinas sin obreras tienen una supervivencia muy baja. Por eso en Antomas vendemos colonias ya iniciadas, con reina fecundada, obreras y cría: con obreras, la colonia arranca sola.
Si aun así se parte de una reina sola o de una colonia mínima: tubo de ensayo grande (25 × 150 mm) con depósito de agua, tapón de algodón no demasiado denso para que pueda beber, algo de ventilación, 27–29 °C, oscuridad y reposo absoluto los primeros días. Ofrecer una gota de miel a partir de la primera semana y presas pequeñas recién muertas (Drosophila, microgrillos) cuando aparezcan las larvas. Las primeras obreras son pequeñas, nodrizas menores; las mayores llegan con las siguientes generaciones. En la naturaleza las reinas fundan en grupo y las colonias con varias reinas producen tres veces más obreras; en cautividad pueden mantenerse juntas las reinas que llegaron juntas, pero nunca se deben juntar reinas de colonias distintas.
Orientación de tiempos: desde el vuelo nupcial hasta la primera obrera pasan unas 7–8 semanas; a 28–30 °C el desarrollo de huevo a adulto se completa en aproximadamente 4–5 semanas (datos de criadores; no hay una medición científica para la especie). La reina pone de forma irregular, con pausas largas; mientras no hay larvas, la colonia no puede tejer.
Colonias huérfanas: adopción de reinas
Si la reina muere, la colonia no está perdida. En la experiencia de Antomas, las colonias huérfanas de O. smaragdina aceptan bastante bien una reina nueva, e incluso pueden integrarse en otra colonia ya establecida. Encaja con lo que se sabe de la especie: en la naturaleza las reinas fundan en grupo y en el norte de Australia conviven varias reinas en una misma colonia madura, así que la tolerancia a más de una reina forma parte de su repertorio. Por eso, tras la pérdida de la reina, recomendamos adquirir otra colonia (o una reina con obreras) e intentar la adopción, que suele salir bien. Es lo contrario de lo que ocurre entre dos colonias sanas con reina, que se atacan a muerte: la clave es que la colonia receptora esté huérfana. La adopción se hace por observación: se deja a la reina nueva (o a la colonia nueva) en su propio tubo junto al montaje de la colonia huérfana y se vigila el comportamiento. Puede haber cierta belicosidad entre obreras, que suele frenarse sola; pero una colonia que lleva un tiempo sin reina casi nunca mata a la reina nueva. No hay un porcentaje exacto, pero en nuestra experiencia la tasa de éxito es alta.
Alimentación
Carbohidratos. Agua con miel o néctar para hormigas siempre disponible, renovado cada 2–3 días; fruta madura (uva, mango) de forma ocasional. Importante: ofrecerlo en altura, sobre una plataforma, una rama o una hoja. Muchas colonias ignoran un bebedero en el suelo de la arena y acuden al instante a una gota puesta en una hoja.
Proteínas. Es una depredadora voraz que necesita proteína casi a diario mientras tiene larvas: Drosophila, microgrillos, moscas, cucarachas pequeñas (Blatta lateralis), tenebrios troceados y otros insectos de cría seguros. Aceptan mucho mejor la presa viva o recién muerta que la escaldada: necesitan movimiento. Las obreras mayores despiezan en equipo las presas grandes. Una colonia de 20–50 obreras consume una presa pequeña al día; una de 2.000, varios grillos diarios. Retirar los restos en 24–48 h y, si se usa presa viva, cultivarla uno mismo para evitar ácaros y parásitos.
Agua limpia siempre disponible (tubo con algodón o bebedero), aparte del agua con miel.
Comportamiento en cautividad
Es una de las especies más activas y visibles del hobby: patrullan la arena y la planta todo el día, cazan a la vista, abren nidos satélite y se mudan de nido con frecuencia, moviendo a la reina de un sitio a otro. Reaccionan al movimiento a 20–30 cm del cristal, adoptan una postura de amenaza con las mandíbulas abiertas y acuden en grupo a la entrada cuando notan vibraciones. El crecimiento es rápido pero irregular, con pausas de puesta de semanas. Una colonia bien llevada se queda a menudo en algunos cientos de obreras; las que superan las 2.000 necesitan un espacio y un suministro de presas difíciles de mantener en casa, y regular el crecimiento con la comida es una práctica aceptada entre criadores.
Fugas y barreras
Aquí manda la biología: el arolio y los pelos de fricción que les permiten sostener decenas de veces su peso hacen que las barreras clásicas fallen. Varios criadores con experiencia cuentan que cruzaron el PTFE (Fluon) «rápidamente» y que caminaron sobre el aceite de parafina, y una tienda especializada en tejedoras desaconseja directamente PTFE y aceite.
En Antomas recomendamos el talco: una banda ancha de polvos de talco en la parte alta de las paredes y en el borde de la tapa, renovada con frecuencia, porque sobre una película de polvo apelmazado o de suciedad acaban cruzando. Para los montajes abiertos (una planta sobre una bandeja, sin tapa), la barrera es un foso de agua de al menos 5 cm de ancho alrededor del montaje, al que se puede añadir una película de aceite de parafina; conviene vigilarlo, porque algunas obreras caen y se ahogan. En terrarios cerrados, además, tapa de malla bien ajustada, y recuerda que un hueco de menos de 9 cm entre la planta y el cristal o la tapa es un puente en potencia.
Manejo y seguridad
No tienen aguijón, pero muerden con fuerza, se agarran a la piel y doblan el gáster para rociar la herida con sus secreciones (undecano y ácido fórmico): el resultado es un escozor desagradable y duradero que puede irritar la piel sensible. En colonias grandes, meter la mano supone recibir decenas de mordiscos a la vez. No manipular con las manos; usar pinzas largas y trabajar despacio, porque detectan el movimiento a distancia. Nunca mantener con otras especies ni cerca de ellas: se ha documentado la pérdida de colonias por intrusión de otras hormigas. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.
Qué no hacer
- Mantenerla por debajo de 22–24 °C o sin calor en invierno.
- Un montaje cerrado y sin ventilación (tubo tapado, acuario sin malla): condensación, moho y acumulación de ácido fórmico.
- Mojar el nido o el tubo; la humedad va en el ambiente.
- Plantas con pesticidas o abono; posos de café como fertilizante.
- Dejar restos de presas más de 48 h.
- Confiar solo en el PTFE o en el aceite como barrera.
- Mirar o mover a la reina a menudo durante la fundación; transportar en bolsas.
- Juntar reinas de colonias distintas o convivir con otras especies.
- Recintos pequeños tipo faunario: se escapan al instante y no tienen altura para tejer.
Qué recibes
Colonias iniciadas con reina fecundada, obreras y cría, según la opción disponible en cada momento. Enviamos a España y a toda Europa, con embalaje térmico cuando hace falta; llegada viva garantizada.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre la especie y de la experiencia de Antomas y de criadores europeos. Referencias principales:
- Crozier, R.H., Newey, P.S., Schlüns, E.A. & Robson, S.K.A. (2010). A masterpiece of evolution – Oecophylla weaver ants. Myrmecological News 13: 57–71.
- Hölldobler, B. & Wilson, E.O. (1977). Weaver ants. Scientific American 237(6): 146–154. doi:10.1038/scientificamerican1277-146
- Hölldobler, B. & Wilson, E.O. (1983). The evolution of communal nest-weaving in ants. American Scientist 71: 490–499.
- Hölldobler, B. (1983). Territorial behavior in the green tree ant (Oecophylla smaragdina). Biotropica 15: 241–250. doi:10.2307/2387648
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- Dificultad
- Avanzado

