Myrmecocystus placodops | Compra, cría y cuidados
Myrmecocystus placodops | Compra, cría y cuidados

Myrmecocystus placodops - Hormiga mielera de Cabeza Roja

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La cazadora del mediodía lleva corona roja. Myrmecocystus placodops sale a cazar cuando el sol abrasa los desiertos de Texas, Arizona y el norte de México, y guarda el néctar en repletas, obreras convertidas en tinajas vivas que cuelgan del techo de nidos de más de 3,7 metros de profundidad. Su reina luce una cabeza rojo anaranjada sobre un cuerpo negro, y sus majors, una cabeza casi redonda que confundió a los científicos durante décadas. Una mielera diurna, para verla en acción a plena luz, y una joya para criadores con paciencia. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 4/5 – Avanzado

Hormiga mielera oscura y diurna del suroeste de Estados Unidos y el norte de México: reina de cabeza rojo anaranjada y cuerpo negro, majors de cabeza casi redonda y nidos de más de 3,7 m de profundidad. Una cazadora muy activa a pleno sol. Colonias con reina, de una sola reina. Nido Qbik Wild de techos rugosos, temperatura de casa, azúcar con cuentagotas al principio y ad libitum desde las primeras repletas, y proteína diminuta casi a diario. Diapausa de unos 4 meses (noviembre–febrero) a 14–18 °C. No son muy escapistas: basta con aceite mineral.

Myrmecocystus placodops Forel, 1908 es una de las grandes hormigas mieleras de Norteamérica y, para nosotros, la más vistosa de las oscuras. La reina lleva la cabeza de un rojo anaranjado intenso sobre un cuerpo negro, y las obreras repiten el contraste con una cabeza naranja rojiza: de ahí su nombre en la tienda, «Hormiga Mielera de Cabeza Roja». Como todas las Myrmecocystus, guarda la comida de la colonia en repletas, obreras convertidas en despensas vivas que cuelgan del techo de las cámaras con el gáster hinchado como una uva.

Pero no es una mielera cualquiera. Sale a cazar con el sol alto, cuando las mieleras pálidas esperan bajo tierra a que caiga la noche; sus obreras más grandes tienen la cabeza casi circular, un rasgo que durante décadas enredó a los taxónomos; y excava nidos más hondos que dos personas puestas una encima de otra. En esta ficha separamos lo publicado sobre ella, que es poco, lo que se sabe de su género, que es mucho, y lo que hemos aprendido criándola. Y las larvas de nuestro vídeo, en el apartado de alimentación, son precisamente de M. placodops.

Biología

Del río Bravo al desierto de Sonora

M. placodops vive en el suroeste de Estados Unidos y en el norte de México. Según la revisión del género que publicó Roy R. Snelling en 1976, su área va desde el valle del río Bravo y las tierras bajas vecinas de Texas y México hacia el oeste, hasta Sonora y Arizona, y es especialmente abundante en el propio valle del río Bravo y en las llanuras del oeste de Texas. Los registros de las bases de datos de biodiversidad la sitúan sobre todo en Arizona, Texas y Nuevo México, con unos pocos en California, y en México en Chihuahua, Sonora, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Hay también registros en Utah, fuera del área que da Snelling, que probablemente son errores de identificación.

Su paisaje es abierto, seco y soleado, y cambia de un estado a otro:

  • Texas: desde las praderas de Spartina del sur hasta la sabana de mezquite; la mayoría de los registros son de pastizales con matorral de cenizo (Leucophyllum) y de sabanas de mezquite y acacia. En el Panhandle, el norte del estado, vive en pastizales de grama y zacate búfalo.
  • Nuevo México: matorral de gobernadora y hojasén (Flourensia).
  • Arizona: matorral de gobernadora y Ambrosia.

Anida en zonas abiertas, en suelos minerales, a menudo pedregosos o cubiertos de grava. Y tiene una pequeña rareza dentro de su grupo de especies, el de M. melliger: sus parientes suelen vivir en las cotas bajas y medias de las sierras desérticas, pero en Texas M. placodops es la excepción y vive en terreno llano, lejos de las montañas.

Endiodioctes: la cazadora del mediodía

En su revisión de 1976, Snelling repartió las mieleras en tres grupos, o subgéneros. A las especies grandes, oscuras o bicolores y diurnas las agrupó bajo el nombre de Endiodioctes, que en griego significa «cazador del mediodía», y allí colocó a M. placodops, junto a parientes como M. melliger, M. mendax o M. mimicus. El nombre le va como un guante. Mientras las mieleras pálidas, como M. mexicanus, salen a forrajear de noche, las Endiodioctes lo hacen con luz y calor, y Snelling las describió como grandes depredadoras de pequeños artrópodos.

De M. placodops en concreto se ha destacado la enorme cantidad de insectos y de trozos de insecto que las forrajeras acarrean al nido. Es una cazadora y carroñera muy activa: captura pequeños artrópodos, recoge insectos muertos y aprovecha cualquier fuente de proteína que encuentre alrededor del hormiguero, y esa proteína va sobre todo a las larvas. Pero no vive solo de carne: las obreras buscan néctar en las flores, melaza de insectos chupadores y jugos dulces de las plantas del desierto, y con ellos llenan a las repletas.

Un apunte de prudencia: los subgéneros de Snelling ya no se usan como categorías formales, porque la filogenia molecular de 2021 mostró que no coinciden con el árbol genealógico real de las mieleras. La vida diurna ha aparecido más de una vez, y los grupos de Snelling quedan como una forma práctica de reunir especies por su aspecto y su horario.

Un motor que se apaga a 12 °C

¿Por qué unas mieleras salen de día y otras de noche? Parte de la respuesta está en la temperatura. En un estudio clásico con mieleras del desierto de Nuevo México, Kay y Whitford midieron los límites térmicos de especies diurnas y nocturnas, y la diferencia fue enorme:

  • Frío: las diurnas perdían la capacidad de moverse por debajo de 11,2–12 °C; la nocturna seguía moviéndose hasta −0,4 °C.
  • Calor: aquí todas se parecían, con un límite de 43–48 °C.
  • En el campo: las diurnas estaban activas con el aire entre 13 y 46 °C y con la superficie del suelo hasta a 60 °C, una temperatura a la que se podría freír un huevo; la nocturna, solo entre 2 y 30 °C.

De M. placodops no se ha medido nada parecido, pero comparte grupo, color y horario con las diurnas del estudio. Para la cría, el dato vale oro: explica por qué su diapausa debe ser templada, ya que por debajo de unos 12 °C una mielera diurna se queda casi inmóvil (ver «Diapausa: cuatro meses templados»), y por qué agradece un punto caliente en el nido. Es una hormiga hecha para el calor.

Cabeza roja, cuerpo negro: un traje para el sol

A grandes rasgos, las mieleras se dividen en pálidas y oscuras, y el color no es un capricho. Un estudio de 2022 midió el brillo del cuerpo y los ojos de varias especies de Myrmecocystus y de otros tres géneros de hormigas del desierto, y la conclusión cabe en una frase: las especies pálidas y nocturnas tienen ojos más grandes y facetas más anchas que sus parientes oscuras y diurnas de tamaño parecido. En las mieleras oscuras estudiadas, como M. mendax o M. kennedyi, las facetas medían de media unas 14–16 micras, frente a unas 20–22 en las pálidas. Con luz de sobra, una hormiga diurna no necesita ojos tan sensibles.

M. placodops no entró en ese estudio, pero viste el traje de las oscuras. En nuestras colonias, la reina tiene la cabeza de un rojo anaranjado intenso y el resto del cuerpo, el mesosoma (el tórax) y el gáster, negro o pardo muy oscuro; las obreras tienen la cabeza naranja rojiza y el cuerpo negro. Snelling describía a las Endiodioctes como bicolores, con la parte delantera rojiza y el gáster negruzco, y la descripción detallada de la especie no la hemos podido consultar. Por qué la cabeza es roja y el resto negro, nadie lo ha estudiado; pero, en un hormiguero con luz, ese contraste es todo un espectáculo.

Majors de cabeza redonda

El rasgo más característico de M. placodops está en sus obreras más grandes. La especie es polimórfica, con una serie continua de tallas, de las pequeñas a las grandes, pero sin una casta de soldados separada. Y en las mayores la cabeza se ensancha hasta volverse claramente orbicular, casi circular vista de frente. Es uno de los caracteres que usa la clave de Snelling para reconocerla, y permite distinguir a sus majors de las de otras mieleras próximas. La anchura de la cabeza de las obreras va de 0,8 a 2,3 mm: la mayor tiene la cabeza casi tres veces más ancha que la menor.

Esas majors de cabeza redonda recuerdan a un soldado, pero no lo son: forman parte de la misma serie gradual y hacen de todo. Participan en la defensa, en la captura de presas y en el transporte de comida, y tienen además un papel especial en la despensa. En las mieleras, las repletas salen sobre todo de las obreras más grandes, y si se retiran las repletas de una colonia, las siguientes obreras en tamaño ocupan su lugar (ver «Despensas vivas colgadas del techo»). En una colonia de M. placodops, por tanto, las majors de cabeza redonda son las mejores candidatas a convertirse en repletas.

En casa hay que tener paciencia para verlas: las primeras generaciones son de obreras pequeñas, y las grandes van llegando a medida que la colonia crece.

Orbiceps: la cabeza que enredó a los taxónomos

La historia científica de M. placodops es casi una novela. El suizo Auguste Forel la describió en 1908 a partir de una sola obrera cuya etiqueta decía, sin más, «México». Ese mismo año, el estadounidense William M. Wheeler describió una forma llamada orbiceps, de Bull Creek, cerca de Austin (Texas), por sus obreras de cabeza orbicular y porque no le encontró repletas. Y ahí empezó el baile de nombres:

  • En 1954, orbiceps pasó a considerarse sinónimo de M. melliger.
  • En 1969, Snelling la trasladó a M. placodops.
  • Y en su revisión de 1976 la pasó a M. mendax, donde sigue hoy.

El enredo tiene explicación. Las obreras de estas especies se parecen mucho, y según Snelling las reinas y los machos de M. mendax, M. melliger y M. placodops son, al parecer, imposibles de separar. Además, se confunde con M. intonsus, otra mielera de majors con la cabeza muy orbicular, y con M. koso. Hasta hay registros de California publicados como M. placodops que hoy se atribuyen a otra especie, M. semirufus.

Y la historia no ha terminado. En 2026, un estudio genético del complejo de M. mendax, con 140 ejemplares y más de 2.500 regiones del genoma, detectó un linaje críptico con la morfología de M. placodops: es posible que bajo ese nombre se escondan más especies de las que creemos. Es un preprint, todavía sin revisar por otros científicos, pero deja una lección clara: los datos antiguos sobre «orbiceps» o sobre «melliger de cabeza redonda» no se pueden atribuir sin más a M. placodops. Lo vas a ver enseguida con el nido de Tucson.

Despensas vivas colgadas del techo

Como todas las mieleras, M. placodops produce repletas: obreras que almacenan grandes cantidades de líquido en el buche social, la parte ensanchada del tubo digestivo donde las hormigas guardan la comida que comparten, hasta que su gáster se transforma en una esfera translúcida.

Las repletas pasan la vida colgadas del techo y de las paredes de las cámaras profundas. Cuando abundan el néctar y otros líquidos nutritivos, las forrajeras las llenan por trofalaxia, el intercambio de alimento boca a boca. En épocas de escasez, el proceso se invierte y las repletas devuelven poco a poco sus reservas al resto de la colonia. Son una despensa comunitaria formada por individuos vivos: no solo almacenan alimento, sino que lo reparten justo cuando otra obrera, una larva o la reina lo necesitan. Y no mueren al vaciarse: una repleta vacía queda flácida, con el buche todavía dilatado, y puede volver a llenarse.

Las repletas no nacen destinadas a esa función. Determinadas obreras, normalmente grandes y a menudo jóvenes, aunque no es imprescindible que lo sean, empiezan a recibir comida de sus compañeras hasta que su gáster se distiende. Una vez llenas del todo, apenas pueden moverse y ya no salen a trabajar fuera.

¿Y qué guardan? Sobre todo néctar y melaza, por eso el líquido puede ser transparente, amarillo, anaranjado, rojizo o pardo según la fuente de alimento, y en una misma colonia pueden convivir repletas de colores muy distintos. Pero en las mieleras estudiadas hay sorpresas: unas pocas repletas claras, ricas en agua, que funcionan como cantimploras, y otras lechosas, con proteínas y grasas de las presas. En una cazadora como M. placodops sería lógico, aunque nadie lo ha analizado.

Repletas de M. mimicus, una pariente diurna de M. placodops, colgadas del techo de su nido (vídeo de Anthouse).

Prima de las Lasius, vecina del desierto

Las Myrmecocystus son hormigas exclusivamente norteamericanas: viven en los desiertos y semidesiertos del suroeste de Estados Unidos y del norte de México. Pertenecen a la subfamilia de las formicinas y su pariente más cercano es Lasius, el género de la hormiga negra de los jardines europeos. La filogenia molecular de 2021 situó la separación de ambos linajes a principios del Mioceno y la diversificación de las mieleras actuales hace unos 14 millones de años, a la vez que se formaban los desiertos norteamericanos. De las 29 especies descritas, se conocen repletas en 20, y M. placodops es una de ellas.

Lo curioso es que la despensa viva se ha inventado varias veces. En Australia, Camponotus inflatus y Melophorus bagoti también tienen repletas sin ser parientes cercanas de las Myrmecocystus: es una convergencia evolutiva, la misma solución para guardar la abundancia de unas semanas y sobrevivir a meses de sequía. La miel de C. inflatus, que los aborígenes australianos recolectan como golosina, tiene incluso una actividad antimicrobiana propia, distinta de la de la miel de abeja. La de M. placodops no la ha analizado nadie.

Un nido más hondo que dos personas

Para proteger sus repletas, M. placodops excava hacia abajo, y mucho. El dato más sólido es antiguo: en 1929, el naturalista Parks encontró cerca de San Antonio (Texas), en una gravera, un nido que bajaba a más de 12 pies, unos 3,7 m, con las repletas guardadas en una capa de arena blanda. Es la altura de dos personas adultas, una encima de otra.

Como en otras mieleras excavadas, las primeras galerías atraviesan la grava o el suelo compacto de la superficie; más abajo, donde la tierra es más blanda y estable, las obreras construyen cámaras bajas y anchas, de techo rugoso, de las que cuelgan las repletas. Es una ciudad construida hacia abajo: las obreras trabajan cerca de la superficie, mientras las reservas más valiosas quedan en almacenes profundos, con una temperatura y una humedad mucho más estables que las de fuera. En un desierto donde la superficie del suelo puede pasar de 60 °C en verano y enfriarse mucho en las noches de invierno, esos metros de tierra son el mejor aislante posible. Snelling, de hecho, nunca encontró repletas por encima del nivel en el que el suelo conserva una humedad permanente.

Esta profundidad no se puede reproducir en un hormiguero, pero su lógica sí: cámaras amplias y bajas, techos rugosos donde agarrarse y una zona estable, sin calor directo ni condensación, para las repletas (ver «Montaje: techos rugosos y un gradiente»).

El nido de Tucson: ¿placodops o melliger?

Hay un nido todavía más famoso. Creighton y Crandall publicaron en 1954 la excavación de un nido de mielera cerca de Tucson (Arizona) que bajaba a más de 16 pies, unos 4,9 m, con más de 1.500 repletas y varios cientos de obreras. Fue una excavación tan dura que, según cuenta el mirmecólogo John Conway, hubo que contratar a sepultureros profesionales. Nuestra antigua ficha lo atribuía a M. placodops, igual que algunas fuentes actuales.

Pero hay un problema. El artículo original se titula «Nuevos datos sobre las costumbres de Myrmecocystus melliger», y Conway, en su revisión de 1986, lo cita como un nido de M. melliger. La atribución a M. placodops es una reinterpretación posterior, basada en que aquella colonia tenía obreras de cabeza orbicular, el rasgo de la antigua orbiceps, y muchas repletas. Con lo que ya sabes del enredo taxonómico, entenderás por qué preferimos decirlo con cautela: es el nido de una mielera del grupo de M. melliger que quizá fuera M. placodops. Lo que sí está bien documentado para la especie es el nido de Texas de más de 3,7 m.

Una sola reina, y mucho por descubrir

No hay ningún estudio publicado sobre la fundación ni sobre el número de reinas de M. placodops. Lo que sí sabemos es lo que vemos en Antomas: sus colonias tienen una sola reina, y así las tratamos. En el género hay especies que fundan en grupo y otras con colonias de varias reinas en algunas poblaciones, pero M. placodops es, en nuestra experiencia, monogínica. Por eso no deben juntarse nunca reinas procedentes de vuelos, lugares o colonias diferentes.

Tampoco hay estudios sobre cómo se relacionan sus colonias entre sí. Su pariente M. mimicus es famosa por sus torneos ritualizados, pero de M. placodops no se ha publicado nada parecido: ni robos de cría ni datos sobre su agresividad, así que no vamos a atribuírselos. De ella se sabe dónde vive, cómo es y que excava nidos profundísimos; casi todo lo demás está por estudiar, y por eso las observaciones de quienes la crían tienen tanto valor.

Tamaño y morfología

M. placodops es una de las hormigas mieleras grandes de Norteamérica: robusta, polimórfica, con obreras de todas las tallas en una serie continua, sin casta de soldados, y con majors de cabeza orbicular. Como formicina, no tiene aguijón.

  • Color de nuestras colonias. Reina con la cabeza rojo anaranjada y el mesosoma y el gáster negros o pardo muy oscuro. Obreras con la cabeza naranja rojiza y el cuerpo negro. Las patas y las antenas pueden variar entre el pardo, el rojo oscuro y el casi negro.
  • Color según la bibliografía. Snelling describe a las Endiodioctes como bicolores, con la parte delantera rojiza y el gáster negruzco. No hemos podido consultar su descripción detallada de la especie.
  • Cabeza. En las majors, muy ancha y redondeada, casi circular vista de frente. Anchura de la cabeza de las obreras: 0,8–2,3 mm.
  • Pilosidad. Corta: los pelos largos del pronoto, la parte delantera del tórax, miden aproximadamente la mitad del diámetro del ojo.
  • Ojos. Las mieleras oscuras y diurnas tienen ojos y facetas más pequeños que las pálidas y nocturnas; en M. placodops no se han medido.
  • Repletas. El cuerpo conserva el tamaño de una obrera grande, pero el gáster lleno supera con mucho la anchura del resto del cuerpo.
  • Reina y macho. Según Snelling, prácticamente imposibles de distinguir de los de M. mendax y M. melliger.
  • Defensa. Sin aguijón: muerde y libera ácido fórmico por el extremo del gáster.

Medidas aproximadas

  • Obreras: anchura de la cabeza, 0,8–2,3 mm (clave de Snelling)
  • Longitud total de obreras y reina: sin medidas científicas accesibles
  • Como orientación, sin fuente científica: unos 6–11 mm las obreras y 14–16 mm la reina
  • Repletas: cuerpo de obrera grande, con el gáster mucho más ancho cuando está lleno

Las medidas completas de la especie están en la revisión de Snelling de 1976, a la que no hemos podido acceder. Las longitudes que circulan, y que recogía nuestra antigua ficha, no tienen respaldo científico y se contradicen entre sí, así que las damos solo como orientación.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 4/5 – Avanzado

En Antomas la consideramos una especie para criadores con experiencia. No porque sea caprichosa con la temperatura o la humedad, sino por cuatro motivos:

  • Un arranque lento y frágil. En nuestra experiencia, una colonia de M. placodops no se puede dar por estabilizada hasta que supera el centenar de obreras, y eso suele llevar unos dos años.
  • El azúcar se dosifica. Al principio, con cuentagotas, para que la reina no se convierta en repleta; después, siempre disponible (ver «La muerte dulce»).
  • Proteína diminuta y casi diaria. Las colonias pequeñas necesitan presas exageradamente pequeñas, a ser posible todos los días.
  • Las repletas son delicadas. Una caída o una mudanza brusca pueden causarles lesiones irreversibles.

¿Merece la pena? Muchísimo. Es una mielera diurna: la verás cazar a plena luz. Su reina de cabeza roja es preciosa, sus majors de cabeza redonda llaman la atención, y el día en que aparece la primera repleta colgada del techo no se olvida.

Parámetros recomendados

  • Temperatura: en Antomas las tenemos prácticamente a temperatura ambiente de una casa. Como referencia, los criadores con éxito con Myrmecocystus las mantienen a 24–31 °C, mejor hacia los 29 °C.
  • Punto caliente: como buena «cazadora del mediodía», agradece una zona más cálida, de unos 28–30 °C, en un extremo del nido durante la temporada activa. Nunca debajo de las repletas.
  • Noche: la temperatura puede bajar algunos grados, como en su desierto.
  • Humedad: moderada y localizada en la zona de cría; el resto del nido, más seco.
  • Cámaras de repletas: estables, ventiladas y sin condensación; ni empapadas ni resecas.
  • Zona de forrajeo: seca, bien ventilada y con luz.
  • Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Diapausa: unos 4 meses, de noviembre a febrero, a 14–18 °C (ver «Diapausa: cuatro meses templados»).

Montaje: techos rugosos y un gradiente

La colonia necesita un gradiente claro dentro del nido. Los huevos y las larvas deben tener una zona hidratada, mientras que las repletas necesitan superficies estables y sin condensación. No calientes todo el hormiguero por igual: la colonia tiene que poder alejar la cría del punto caliente cuando lo necesite, y las repletas, que toleran mal el calor, deben quedar en la parte estable y templada.

  • Cámaras horizontales o casi horizontales, bajas y anchas, de al menos 2–3 cm de alto para que una repleta pueda colgar con espacio debajo.
  • Techos y paredes rugosos. Las repletas se pasan la vida colgadas de las patas: en una superficie lisa, mojada o con condensación pueden soltarse y caer.
  • Sustrato suelto y terroso en las zonas de tierra, que además favorece que las larvas hilen bien sus capullos.
  • Un truco de laboratorio: el mirmecólogo Bert Hölldobler pegaba palitos de madera al techo de los tubos de sus mieleras para que las primeras repletas tuvieran de dónde colgarse.

Revisa de vez en cuando las superficies de agarre: si ves condensación en el techo de una cámara con repletas, ventila o reduce la humedad de esa zona.

Hormigueros recomendados

Los hormigueros verticales no se recomiendan para colonias pequeñas: son más apropiados cuando la colonia ya tiene muchas repletas y población suficiente para ocuparlos bien. Para empezar, en Antomas recomendamos el Qbik Wild One P 1C de Anthouse. Sus cámaras tienen altura suficiente para que las primeras repletas se cuelguen del techo y de las paredes sin necesidad de mudar antes de tiempo la colonia, y su superficie horizontal es cómoda para la reina, la cría y las obreras, además de permitirte ver la aparición de las primeras repletas:

Para colonias grandes, el Qbik Wild NoNa Diáfano. Sin cámaras prediseñadas, deja que la colonia excave y organice su propia red de galerías. Salvando la enorme diferencia de profundidad, reproduce bastante bien el principio de los nidos naturales de M. placodops: una masa de tierra en la que las hormigas eligen dónde construir sus cámaras bajas y anchas. Usa un sustrato compacto, que mantenga los techos estables, y humedécelo de forma localizada, sin empapar las zonas donde cuelgan las repletas. Es un montaje para colonias maduras: en una colonia pequeña complicaría controlar a la reina, la comida y la formación de las primeras repletas.

Recomendamos también los híbridos de la gama, como el Qbik Wild Duo P 2C Híbrido, una buena opción para que la colonia siga creciendo:

Amplía de forma progresiva: no conectes un hormiguero mucho mayor hasta que la colonia haya ocupado de verdad el módulo inicial.

Tu colonia: reina y obreras con prole

En Antomas vendemos M. placodops como «Reina y 5/15 obreras con prole»: una reina que ya ha superado la fundación, con entre 5 y 15 obreras y cría. Es la forma más segura de empezar con una mielera, porque la fase más delicada ya ha pasado.

¿Cómo se llega hasta ahí en la naturaleza? De M. placodops no se ha publicado nada, pero en las mieleras estudiadas la fundación es claustral: tras el vuelo nupcial, la reina se quita las alas, se encierra en una pequeña cámara y cría a sus primeras obreras sin salir a comer, con sus reservas corporales. Las primeras obreras tardan unos dos meses en nacer, son pocas y pequeñas, y ninguna de esa primera hornada se convierte en repleta. Tu colonia llega, por tanto, con ese primer paso dado.

Lo que viene después pide paciencia:

  • Los primeros meses, la colonia crece despacio y a impulsos. Es normal ver semanas de mucha cría seguidas de parones.
  • Las primeras repletas suelen aparecer con la segunda o la tercera generación de obreras, cuando hay unas pocas decenas y ya nacen obreras grandes. Es el momento de cambiar la pauta del azúcar (ver «La muerte dulce»).
  • La estabilidad llega, en nuestra experiencia, al superar el centenar de obreras, normalmente hacia los dos años.

Al recibirla, deja la colonia reposar unas horas en un lugar tranquilo y con la zona de la cría a oscuras, comprueba que tiene agua y no la cambies de recipiente nada más llegar.

La muerte dulce

Este es el error más típico con las mieleras, y en Antomas lo hemos visto con nuestros propios ojos. Si una colonia pequeña, todavía sin repletas, recibe azúcar en abundancia, la propia reina puede llenarse el buche hasta que su gáster se distiende y queda convertida en una especie de repleta. Una reina así reduce o detiene la puesta, la colonia deja de crecer y, en el peor de los casos, la fundación fracasa. No hemos encontrado ningún estudio sobre este fenómeno: es experiencia de cría, nuestra y de otros criadores. Nuestra interpretación es sencilla: en una colonia diminuta no hay todavía repletas que guarden el sobrante, y la reina acaba haciendo de despensa.

Cuando el azúcar sobra: reinas mieleras que acaban hinchadas como repletas durante la fundación (vídeo de Anthouse).

Por eso, en M. placodops el azúcar va en dos fases:

  • Hasta las primeras repletas: líquidos azucarados con cuentagotas. Unas pocas gotas que las obreras se acaben enseguida, sin dejar reservas a la vista de la reina.
  • Desde que nacen las primeras repletas: azúcar ad libitum, siempre disponible. A partir de ese momento no les puede faltar nunca: sin azúcar abundante no hay repletas que llenar, y la colonia pierde su despensa.

Alimentación

Azúcar: en bebedero y variado. Además de respetar las dos fases que acabamos de ver, varía los azúcares. En Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana; también puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero y nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido enseguida. Sirve un bebedero tradicional o casero, en el que la gota quede «tendida» y accesible, y renuévalo antes de que fermente. En la fase del cuentagotas, deja la gota en una superficie limpia y retira lo que sobre.

Proteína: diminuta al principio, y casi todos los días. M. placodops es una gran cazadora, pero una colonia joven tiene obreras pequeñas y larvas que comer, y las presas deben ser exageradamente pequeñas: moscas de la fruta (Drosophila), pececillos de horno (Thermobia), termitas y microgrillos, a ser posible todos los días, sacrificados o troceados. Cuando la colonia crece, acepta presas más grandes y se le puede dar más cantidad, pero de forma más espaciada, no a diario. Una colonia consolidada puede recibir también presas vivas de tamaño adecuado: verla cazar a plena luz es uno de los placeres de criar una mielera diurna.

Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo. Y no tengas miedo de dar proteína: en Antomas pensamos que, con mantenimiento diario y retirando los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no pasarse: la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros. Ten presente además que las repletas almacenan líquidos, pero no sustituyen la proteína que necesitan las larvas para crecer.

Las larvas que ves en este vídeo de nuestro canal son de M. placodops, criadas en Antomas:

Larvas de M. placodops comiendo en una de nuestras colonias (canal de Antomas).

Un truco para una especie diurna: pon la proteína por la mañana, cuando la colonia está en plena actividad, y retira los restos al final del día.

Agua: siempre, en el tubo de ensayo con agua y algodón de la zona de forrajeo, aunque tengan néctar a su disposición.

Mudanza por volcado

En Antomas las mudanzas se hacen por volcado: abrimos el tubo o el recipiente dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido nuevo, y volcamos con suavidad a la reina, las obreras y la cría, ayudando a las rezagadas con un pincel suave. Las obreras recogen la cría y se meten en el nido en poco tiempo, sobre todo si la zona del nido queda a oscuras.

Con M. placodops conviene hacer la mudanza importante antes de que haya repletas, porque la aparición de las primeras repletas marca el momento en que la colonia necesita ya una instalación definitiva. Si tienes que mudar una colonia con repletas, hazlo con más mimo todavía:

  • Prepáralo todo antes: el nido montado, la barrera de aceite puesta y el tubo de agua conectado.
  • Trabaja sobre una bandeja, por si alguna obrera trepa por el tubo o por las herramientas.
  • Vuelca desde muy poca altura y sobre una superficie blanda, sin sacudir: una repleta que cae de golpe puede reventar. A las que no se muevan, acércalas a la entrada con un pincel suave.

Diapausa: cuatro meses templados

M. placodops vive en regiones de inviernos relativamente suaves, y sus nidos profundos amortiguan los cambios de la superficie. En Antomas les damos una diapausa algo más corta que la de nuestras especies autóctonas: unos 4 meses, de noviembre a febrero.

¿A qué temperatura? Recomendamos 14–18 °C, y aquí entra en juego su fisiología. Las mieleras diurnas se quedan prácticamente inmóviles por debajo de unos 12 °C, mientras que las pálidas y nocturnas, como M. mexicanus o M. christineae, siguen moviéndose cerca de 0 °C y toleran un invierno más frío (ver «Un motor que se apaga a 12 °C»). Para una mielera oscura, una diapausa fría no es un descanso, es una parálisis.

  • Baja y sube la temperatura poco a poco, a lo largo de una o dos semanas.
  • Agua siempre disponible.
  • Un poco de azúcar si las obreras siguen activas, pero sin rellenar constantemente a las repletas.
  • Poca o ninguna proteína mientras no haya larvas en desarrollo.
  • Colonias muy jóvenes y sin repletas: mejor en la parte alta del rango, hacia los 18 °C.

Durante la diapausa disminuirán la puesta, el desarrollo de la cría y la actividad fuera del nido. Al terminar, vuelve a la proteína en cuanto veas movimiento y cría nueva.

Comportamiento en cautividad

Discreta de joven, muy activa de mayor. Las colonias jóvenes pueden pasar largas temporadas casi escondidas, pero M. placodops se vuelve muy activa a medida que aumenta la población.

De día, a la vista. A diferencia de muchas mieleras nocturnas, la verás forrajear durante el día. Las obreras recorren la zona de forrajeo con rapidez y responden al instante ante un insecto pequeño. Es una especie agradecida para observar: no hace falta esperar a la noche.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Se acostumbran a tu presencia.

Señales de alarma:

  • Una reina con el gáster hinchado y sin puesta en una colonia sin repletas: sobra azúcar.
  • Cría que se estanca fuera de la diapausa: falta proteína o la presa es demasiado grande para las obreras.
  • Repletas en el suelo de las cámaras: techo demasiado liso o con condensación.
  • Moho o restos acumulados: hay que limpiar más y alimentar menos de golpe.

Fugas y barreras

No son hormigas muy escapistas, y en nuestra experiencia basta con aceite mineral:

  • Una franja fina y continua de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo. Renuévala cuando acumule polvo o restos.
  • Tapa bien ajustada y conexiones sin rendijas.
  • Nada que haga de puente hasta la barrera, como ramas o piedras apoyadas en las paredes.

Manejo y seguridad

M. placodops no tiene aguijón. Las obreras pueden morder y liberar ácido fórmico cuando quedan atrapadas o se altera directamente el nido, pero no supone ningún problema si trabajas con calma. Planifica cualquier intervención y hazla con tubos, recipientes auxiliares y herramientas entomológicas, nunca con las manos. No juntes reinas ni colonias distintas, ni las mantengas con otras especies. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.

Qué no hacer

  • Llenar de azúcar una colonia pequeña sin repletas: la reina puede convertirse en repleta.
  • Dejar que falte el azúcar una vez que hay repletas.
  • Poner los líquidos azucarados en algodón.
  • Dar presas grandes a una colonia joven o saltarse días de proteína al principio.
  • Calentar todo el nido por igual o poner la fuente de calor junto a las repletas.
  • Hacerle una diapausa fría, por debajo de unos 12 °C.
  • Dejar paredes lisas, mojadas o con condensación donde cuelgan las repletas.
  • Pasar una colonia pequeña a un nido vertical o demasiado grande.
  • Sacudir el tubo al volcar una colonia con repletas.
  • Juntar reinas o colonias distintas.

Fuentes científicas

Esta ficha se basa en la bibliografía científica sobre Myrmecocystus placodops y su género (incluidos Snelling 1976, Parks 1929 y Creighton y Crandall 1954, sin DOI), en los registros de distribución y en la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

  1. Kronauer, D. J. C., Hölldobler, B. & Gadau, J. (2004). Phylogenetics of the New World honey ants (genus Myrmecocystus) estimated from mitochondrial DNA sequences. Molecular Phylogenetics and Evolution 32: 416–421. doi:10.1016/j.ympev.2004.03.011
  2. van Elst, T., Eriksson, T. H., Gadau, J., Johnson, R. A., Rabeling, C., Taylor, J. E. & Borowiec, M. L. (2021). Comprehensive phylogeny of Myrmecocystus honey ants highlights cryptic diversity and infers evolution during aridification of the American Southwest. Molecular Phylogenetics and Evolution 155: 107036. doi:10.1016/j.ympev.2020.107036
  3. Wolf, M. et al. (2026). Understanding cryptic diversity within the honeypot ant species complex of Myrmecocystus mendax. bioRxiv (preprint). doi:10.64898/2026.04.20.719579
  4. Kay, C. A. R. & Whitford, W. G. (1978). Critical thermal limits of desert honey ants: possible ecological implications. Physiological Zoology 51: 206–213. doi:10.1086/physzool.51.2.30157867
  5. Johnson, R. A. & Rutowski, R. L. (2022). Color, activity period, and eye structure in four lineages of ants: Pale, nocturnal species have evolved larger eyes and larger facets than their dark, diurnal congeners. PLOS ONE 17: e0257779. doi:10.1371/journal.pone.0257779
  6. Conway, J. R. (1986). The biology of honey ants. The American Biology Teacher 48: 335–343. doi:10.2307/4448321
  7. Conway, J. R. (1994). Honey ants. American Entomologist 40: 229–234. doi:10.1093/ae/40.4.229
  8. Conway, J. R. (1977). Analysis of clear and dark amber repletes of the honey ant, Myrmecocystus mexicanus hortideorum. Annals of the Entomological Society of America 70: 367–369. doi:10.1093/aesa/70.3.367
  9. Burgett, D. M. & Young, R. G. (1974). Lipid storage by honey ant repletes. Annals of the Entomological Society of America 67: 743–744. doi:10.1093/aesa/67.5.743
  10. Dong, A. Z., Cokcetin, N., Carter, D. A. & Fernandes, K. E. (2023). Unique antimicrobial activity in honey from the Australian honeypot ant (Camponotus inflatus). PeerJ 11: e15645. doi:10.7717/peerj.15645
Dificultad
Experimentado
2 Reseñas

mrowki przyjechaly do mnie w 24 godziny od zlozenia zamowienia. Gdy dotarly mialy bardzo duzo larw, troche kokonow i 9 robotnic. teraz jest 15 robotnic, nowe kokony, troche larw i jaja. bardzo fajne mrowki, ladne ubarwienie. polecam.
Por Raf en 19/10/2026

Ich habe diese Kolonie bestellt und sie kam noch besser an, als angegeben. Reichlich Brut, viele Arbeiterinnen und ein bomben Wachstum der Kolonie! Bei Fragen ist der Geschäftsführer auch immer sehr hilfsbereit gewesen. 10/10 Empfehlung !
Por Nick en 20/09/2026

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