Camponotus sylvaticus
Cuando el sol se pone sobre los prados del Mediterráneo, empieza su turno. Camponotus sylvaticus, descrita en 1792 a partir de una sola reina, es la gran hormiga carpintera ibérica de la noche: cabeza y gáster oscuros y relucientes, tórax rojizo y obreras de varias tallas que suben a los pinos a ordeñar pulgones y defienden sus rebaños hasta el último mordisco. «Madre» de C. barbaricus, que fue subespecie suya, une una cría sencilla, una diapausa invernal y un espectáculo nocturno que casi nadie ha visto en la naturaleza. Perfecta para empezar. Reinas fundadoras con prole. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 1/5 – Principiante
La gran Camponotus ibérica del turno de noche: cabeza y gáster oscuros y brillantes, tórax pardo rojizo y obreras de varias tallas, que salen a atender a sus pulgones cuando se apaga la luz. Reinas fundadoras con prole; una reina por colonia y fundación claustral. Funda en Qbik Wild y pásala después a la gama Alpha; 24–28 °C, nido más bien seco, agua en tubo, azúcar siempre en bebedero y mucha proteína. Diapausa de 3–4 meses a 8–13 °C, nunca bajo cero. Corre y trepa: una franja de aceite mineral o talco la mantiene a raya. Sin aguijón, así que no pica.
Camponotus sylvaticus (Olivier, 1792) es una hormiga carpintera grande y polimórfica del oeste del Mediterráneo, con obreras de varias tallas y una vida casi por completo nocturna. Mientras el sol castiga las piedras de prados y matorrales, la colonia espera bajo tierra; cuando se apaga la luz, las obreras suben a la vegetación en busca de pulgones, néctar e insectos. Es una de las Camponotus más comunes de la península ibérica y, sin embargo, poca gente la ha visto trabajar: lo hace mientras dormimos.
En Antomas la consideramos excelente para empezar: resistente, tranquila, fácil de alimentar y con un ciclo anual que encaja con una casa de nuestro clima. En esta ficha separamos lo que dice la ciencia, lo que cuentan otros criadores y lo que recomendamos en Antomas.
Biología
Descrita en plena Revolución francesa, a partir de una sola reina
Su historia científica empieza en 1792, el año en que Francia proclamó la República. El naturalista Guillaume-Antoine Olivier la describió como Formica sylvatica en la Encyclopédie méthodique, y con muy poco material: según el catálogo mundial de hormigas, AntCat, la descripción se basó en una única reina, recogida en los bosques del sur de Francia. Ese ejemplar tipo se conserva en el Museo Nacional de Historia Natural de París.
Más tarde pasó a Camponotus, el género de las hormigas carpinteras, y en 1925 el mirmecólogo italiano Carlo Emery la colocó en el subgénero Tanaemyrmex, donde sigue hoy: Camponotus (Tanaemyrmex) sylvaticus.
La «del bosque» que prefiere el prado
Sylvaticus significa en latín «del bosque» o «silvestre», por los bosques donde apareció la reina de Olivier. Pero la hormiga es menos forestal de lo que sugiere su nombre. En la península vive sobre todo en prados, matorrales, claros y bordes de bosque, en lugares soleados y más bien secos, y anida casi siempre bajo piedras, en el suelo o en madera muerta. Se ha citado hasta unos 1.250 m de altitud. Quien levante una losa en un ribazo soleado puede encontrar debajo una cámara de obreras grandes y relucientes, de tórax rojizo; lo que casi nunca verá es a esas obreras paseando a pleno sol.
La hormiga del turno de noche
El estudio de referencia sobre su vida en libertad lo publicaron en 1988 los ecólogos Javier Retana, Xim Cerdá y sus colegas, que la siguieron en un prado del litoral catalán. Su conclusión fue clara: C. sylvaticus es crepuscular y nocturna. Las obreras salen a última hora de la tarde, trabajan toda la noche y se retiran a primera hora de la mañana; de día es rarísimo verlas forrajear por el suelo.
Lo que pone en marcha el turno no es el calor, sino la luz: según el estudio, la intensidad luminosa es el principal factor que marca el principio y el final de la actividad. La temperatura solo pone el marco, porque las obreras se vieron forrajear entre 14 y 29 °C.
Y no todas siguen el mismo horario. Las que cuidan pulgones pueden pasar el día entero en la vegetación, junto a sus «rebaños», mientras el grueso de las forrajeadoras regresa al nido por la mañana. Para los pulgones, es un servicio de guardia sin descanso.
Cuando el calor reparte los turnos
¿Por qué una hormiga tan grande elige la noche? En julio, las máximas medias del aire rondan los 32–36 °C en buena parte de su área, y el suelo al sol se calienta mucho más. El mismo equipo de ecólogos ha mostrado que, en las comunidades de hormigas mediterráneas, la temperatura reparte el tiempo y el espacio: unas especies aprovechan el calor del mediodía, otras las horas frescas, y el calor llega a desordenar las jerarquías de dominancia entre especies. Son estudios de comunidades enteras, no de C. sylvaticus en concreto, pero nuestra lectura es que, en vez de disputar el pleno sol a las especies amantes del calor, como la hormiga del desierto Cataglyphis velox, ocupa el turno que estas dejan libre. Su pariente ibérica C. pilicornis, del mismo subgénero, también es crepuscular y nocturna.
Ganadera de pulgones
Retana y sus colegas describieron también su dieta, y es muy dulce: se basa sobre todo en la melaza de los pulgones, el líquido azucarado que expulsan al chupar la savia, completada con néctar. Es la trofobiosis: los pulgones entregan azúcar y las hormigas los protegen de depredadores y parasitoides. El trato es tan antiguo que muchos pulgones asociados a hormigas ya no lanzan la gota lejos, sino que la retienen en la punta del abdomen para que la obrera la recoja (Stadler y Dixon 2005).
Esa despensa la defiende a mordiscos. En el mismo prado, el equipo estudió también a C. cruentatus (Alsina et al. 1988) y retrató a C. sylvaticus como una hormiga muy agresiva con sus fuentes de melaza: dos pinos piñoneros cercanos estaban ocupados todo el año por obreras de dos colonias de sylvaticus, y allí nunca se vio otra especie. Trabajar de noche y empezar tarde la temporada le ahorra roces con su vecina, pero en julio y agosto cada encuentro acababa en pelea, y era frecuente ver obreras de cruentatus con cabezas de sylvaticus todavía prendidas de patas y antenas. A mediados de agosto, el pino que antes explotaba cruentatus era casi todo de sylvaticus, aunque los autores no pudieron asegurar que lo hubiera conquistado.
La melaza, eso sí, es muy pobre en nitrógeno. Las Camponotus lo compensan con una aliada interna, la bacteria Blochmannia, que vive en células especiales del intestino y pasa de la reina a sus hijas a través de los huevos. En la norteamericana C. floridanus se demostró que mejora la nutrición de la hormiga, sobre todo cuando a su dieta le faltan aminoácidos esenciales (Feldhaar et al. 2007). Pero no sustituye a los insectos: las larvas los siguen necesitando para crecer.
La «madre» de C. barbaricus
C. sylvaticus pertenece al subgénero Tanaemyrmex, el «grupo maculatus» de Gómez y Espadaler en Hormigas ibéricas: cutícula brillante, como recién barnizada, gáster con muy poco pelillo y un clípeo, la placa delantera de la cabeza, con un lóbulo rectangular. En la península lo forman también C. pilicornis, C. aethiops y su pariente más cercana, C. barbaricus.
En 1905, Emery describió barbaricus como subespecie de otra hormiga, C. maculatus, con ejemplares del sur peninsular. Pocos años después, él mismo (1920) y el entomólogo suizo Felix Santschi (1921) la trataron como subespecie de C. sylvaticus: durante un tiempo, fue solo una forma meridional de nuestra especie. Hoy es una especie válida, con subespecies propias en el norte de África, aunque Gómez y Espadaler señalan que la frontera entre ambas no está del todo resuelta. Puedes conocer a la «hija» en nuestra ficha de Camponotus barbaricus.
No hay que confundir este parentesco con otro. Camponotus cruentatus y Camponotus micans, las otras dos grandes Camponotus ibéricas de nuestro catálogo, son del subgénero Myrmosericus, mate y de gáster aterciopelado. Una sylvaticus reluce como un mueble encerado; ellas parecen vestidas de terciopelo.
Cuando sylvaticus llegaba hasta el mar Rojo
En el siglo XIX, el nombre abarcaba mucho más que hoy. En 1877, Emery citaba como sylvaticus hormigas de Adén, de Eritrea, del istmo de Suez y del norte de África, y le atribuía una distribución por «el sur de Europa, el norte de África y parte de Asia»: un nombre amplio para un conjunto de hormigas grandes, brillantes y de tórax rojizo muy parecidas entre sí. Con el tiempo, esas poblaciones se separaron en otras especies, y la historia de barbaricus encaja en ese mismo proceso de desgranar un nombre demasiado grande. La clasificación interna de Camponotus, un género con más de mil especies, se ha revisado a fondo en la última década con datos genéticos, y este grupo puede deparar aún sorpresas.
Una hormiga del Mediterráneo occidental
Hoy es una hormiga del oeste del Mediterráneo, con su núcleo en la península ibérica y el sur de Francia. En GBIF, la gran base de datos mundial de biodiversidad, suma más de 1.400 registros, la mayoría de España, seguida de Francia y Portugal. En la península abunda sobre todo en la mitad oriental y en el sur, del litoral mediterráneo y el valle del Ebro al centro y Andalucía, además del sur de Portugal, y hay citas antiguas en el litoral gallego. En Francia ocupa la franja mediterránea. En el norte de África su presencia no está clara, porque los registros sueltos podrían ser de C. barbaricus, y tampoco está confirmada en Baleares.
Un invierno mediterráneo, a la sombra de una piedra
Su clima es mediterráneo: veranos calurosos y secos, e inviernos suaves en la costa y el sur y más fríos en el interior. Entre diciembre y febrero, la media del aire se queda por debajo de 14 °C incluso en las zonas bajas más cálidas, donde ronda los 11–12 °C, y en el interior baja a 6–8 °C, con heladas. Si se compara con su intervalo de actividad, 14–29 °C, las cuentas salen solas: en la naturaleza pasa unos tres meses al año, o cuatro en el interior, casi sin actividad, refugiada bajo la piedra, donde el suelo amortigua las heladas. Es el invierno que imitamos en cautividad con la diapausa.
Vuelos nupciales al anochecer de verano
Fiel a sus costumbres, también vuela de noche. Según los registros de criadores, los vuelos nupciales tienen lugar entre junio y agosto, según la zona y la altitud. Empiezan al anochecer y se repiten varios días seguidos: en el interior peninsular, un criador vio salir reinas y machos entre las 20:30 y las 21:30 durante tres o cuatro tardes. En las zonas más calurosas se han visto también vuelos al amanecer. A la mañana siguiente, las reinas, ya sin alas, aparecen bajo piedras pequeñas, recién instaladas en la cámara donde fundarán su colonia.
Una sola reina por colonia
Todas las fuentes de criadores coinciden en que es monogínica, con una sola reina por colonia, y no hemos encontrado ningún caso de colonias con varias. Encaja con lo que se sabe de las hormigas paleárticas: en un análisis de 149 especies, Boulay y sus colegas (2014) concluyeron que tener una sola reina es el estado ancestral, y que las colonias con varias reinas se asocian a colonias muy grandes y a la fundación dependiente.
La fundación es claustral: la reina se encierra y cría sola a sus primeras obreras, sin salir a comer, gastando sus reservas de grasa y los músculos de vuelo que ya no necesita. Por eso las reinas de las especies claustrales son grandes y llegan al vuelo muy cargadas de grasa (Keller y Passera 1989). Las primeras obreras, las nanitas, salen pequeñas. De aquí sale una regla práctica: nunca juntes reinas. Las reinas estresadas sueltan mucho ácido fórmico, y en los foros se cuenta que varias encerradas en un mismo tubo pueden acabar asfixiadas.
Sin aguijón, pero con química
Como todas las formicinas, la subfamilia de las Camponotus, no tiene aguijón. Tiene el acidoporo, una boquilla en la punta del gáster por la que rocía ácido fórmico: si se siente amenazada, muerde, dobla el gáster hacia delante y dispara. A una araña le escuece de verdad; a una persona, casi nada. Y el ácido no es solo un arma. En 2020 se demostró en C. floridanus y otras formicinas que estas hormigas se tragan su propio ácido al asearse, para mantener muy ácido el buche, el depósito donde guardan la comida que reparten boca a boca, y frenar así a los microbios (Tragust et al. 2020). Si ves a una obrera enroscada, con la boca en la punta del gáster, se está tomando su dosis de desinfectante.
Tamaño y morfología
Es una Camponotus grande y claramente polimórfica: en una colonia madura conviven obreras menores, medias y mayores, las majors, de cabeza mucho más ancha. Los caracteres de su subgénero los resumen García (2025), siguiendo a Cagniant (1996), y Gómez y Espadaler.
- Color. Cabeza y gáster oscuros, casi negros; mesosoma, el tórax de las hormigas, de rojo a pardo rojizo oscuro, y patas rojizas. Es el patrón que vemos en nuestras colonias.
- Brillo. Cutícula lisa y brillante, sin el aspecto mate de las Myrmosericus, y un gáster casi sin pubescencia, el pelillo tumbado que en otras especies lo cubre como un fieltro.
- Cabeza. Clípeo con un lóbulo rectangular y mandíbulas de 7–8 dientes. Las majors tienen la cabeza grande y ancha, con mandíbulas robustas.
- Pelos de la cara. Pocos pelos erectos o ninguno en los márgenes de las genas, las «mejillas», y del pronoto.
- Reina y macho. La reina es bastante más grande que las obreras, con el tórax voluminoso de las fundadoras. El macho, alado y más pequeño, solo aparece en las colonias maduras.
Medidas
Toca ser sinceros: ninguna fuente accesible publica medidas por casta de C. sylvaticus, y las cifras de tiendas y foros varían tanto que preferimos no repetirlas. Lo que sí podemos afirmar es que, en su subgénero, Tanaemyrmex, las obreras mayores pueden superar el centímetro (García 2025). Las primeras obreras de una colonia son las más pequeñas, y la talla media crece con cada generación.
¿Cómo distinguirla de sus parecidas?
En la península hay varias Camponotus grandes de tórax rojizo, y se confunden a menudo, también en los foros. Según la clave de Gómez y Espadaler:
- C. barbaricus. Mesosoma de rojizo a anaranjado y un surco longitudinal muy marcado en la tibia de la pata trasera. Como fueron el mismo taxón durante años, separarlas exige lupa.
- C. pilicornis. Pelos erectos en las genas, y cabeza, mesosoma y a veces la base del gáster anaranjados. La clave aconseja comprobarlo en obreras pequeñas.
- C. cruentatus y C. micans. Mates y con el gáster cubierto de pelillo: cruentatus, con la base del gáster rojiza; micans, negra con destellos plateados o dorados.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 1/5 – Principiante
En Antomas la clasificamos como 1/5 – Principiante. Perdona pequeños errores y enseña mucho:
- Se conforma con la temperatura de una casa y un nido seco, sin equipos especiales.
- Come de todo: líquidos azucarados e insectos muy variados.
- Es tranquila en el nido, no tiene aguijón y su mordisco es flojo.
- Sigue un ciclo anual sencillo: activa de primavera a otoño y en diapausa en invierno.
Solo pide paciencia durante los dos primeros años, que son lentos, y una buena barrera antifugas, porque sus obreras son rápidas. A cambio, tendrás una de las Camponotus más vistosas de Europa y un espectáculo nocturno que poca gente ha visto en la naturaleza.
La reina llega: los primeros meses en el tubo
En Antomas la vendemos como reina fundadora con prole: una reina fecundada en su tubo de ensayo, con agua tras el algodón y su primera cría, que puede ser de huevos, larvas o pupas según el momento.
- Oscuridad y calma. Pon el tubo en un lugar oscuro, tranquilo y sin vibraciones, a 24–28 °C. Según los criadores, la reina de esta especie necesita mucha calma en la fundación: si se estresa, puede comerse los huevos. Si la ves mordisqueando el algodón, tapa el tubo de la luz y déjala unos días en paz.
- Agua. Comprueba de vez en cuando que al depósito le queda agua. Si se agota o el tubo se ensucia mucho, pasa la reina a un tubo nuevo por volcado.
- Comida. La reina sola no necesita comer, aunque puedes ofrecerle alguna gotita de agua con miel muy diluida sobre un trocito de papel de aluminio, nunca en el algodón. Con las primeras obreras, empieza con líquidos azucarados y trocitos de insecto una o dos veces por semana, retirando los restos al día siguiente.
- Paciencia. Del huevo a la obrera pasan 6–12 semanas, según la temperatura. Hay fichas que hablan de un mes, pero en Camponotus suele tardar más.
Puedes mirarla con delicadeza; lo que conviene evitar en estas semanas es moverla a menudo o dejarla junto a un altavoz o una lavadora.
Temperatura: calor de verano, noches frescas
De primavera a otoño, recomendamos 24–28 °C en el nido. Los criadores la crían a 25–30 °C y coinciden en que el calor acelera el desarrollo, aunque se las arregla bien a la temperatura de una casa en verano; con menos calor, simplemente crece más despacio.
- Calor por un lado: si hace falta, un cable o una manta calefactora con termostato en un lateral del nido, para que la colonia elija dónde poner la cría.
- Sin sol directo ni radiadores: un nido al sol se recalienta en minutos.
- Noches más frescas, sin problema: en la naturaleza trabaja entre 14 y 29 °C.
Humedad: un nido más bien seco
Según los criadores, tolera muy bien la sequedad y el exceso de humedad la perjudica. En Antomas recomendamos un nido más bien seco, con un solo punto algo húmedo donde la colonia pueda llevar la cría, y la zona de forrajeo seca.
- Agua para beber, siempre: un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
- Si hay condensación, moho o ácaros, sobra humedad.
- Si la cría se amontona junto al punto húmedo, falta un poco.
Luz: basta con la zona del nido a oscuras y el forrajeo con luz, con su ciclo normal de día y noche. En una especie cuyo horario lo marca la luz, es justo lo que necesita.
Del tubo al Qbik Wild, y después a la gama Alpha
Con esta especie seguimos un camino en dos etapas.
Primero, fundar en yeso. Cuando la reina tenga sus primeras 5–10 obreras, pásala a un Qbik Wild One P 1C de Anthouse, con galerías medianas. El yeso retiene algo de humedad y amortigua los cambios, ideal para una colonia pequeña; como C. sylvaticus prefiere lo seco, humedécelo con moderación.
Si se le queda corto antes de dar el salto, el Qbik Wild Duo P 2C le ofrece una segunda cámara del mismo material:
Después, a la gama Alpha. Con varias decenas de obreras o más, pásala al QBIK ONE y, más adelante, al QBIK DUO. Son modulares y más bien secos, con la humedad en los tubos, algo que a esta especie le sienta muy bien. Y como una colonia bien cuidada puede hacerse bastante grande, los módulos salen más económicos y pesan menos que un gran bloque de yeso.
Amplía cuando se les quede pequeño, y no antes: en un nido enorme para una colonia pequeña, las cámaras vacías acaban convertidas en basureros. Completa el montaje con:
- Zona de forrajeo seca, con arena, alguna piedra plana y una ramita para trepar, lejos de la barrera.
- Barrera antifugas de aceite mineral o talco en la parte alta de las paredes.
- Tubo de agua con algodón, siempre con agua.
- Un bebedero para los líquidos azucarados, nunca en algodón.
Mudanza por volcado
En Antomas cambiamos las colonias de casa por volcado, sin esperar a que decidan mudarse solas:
- Prepara antes el nido nuevo, con la barrera puesta y el tubo de agua.
- Trabaja sobre una bandeja de color claro: con lo que corren, más vale prevenir.
- Abre el tubo o el nido viejo dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nuevo, y vuelca con suavidad a la reina, las obreras y la cría, ayudando a las rezagadas con un pincel suave.
- Deja la zona del nido a oscuras: en pocas horas habrán metido dentro toda la cría.
Si puedes, hazlo de día, cuando la colonia está menos activa y más recogida.
Alimentación: menú para una ganadera de pulgones
Azúcar siempre disponible. En la naturaleza vive sobre todo de la melaza de pulgones y otros insectos chupadores de savia y del néctar, así que en casa el azúcar no le debe faltar nunca. Ofrécelo siempre en un bebedero, tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible, y nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido enseguida. Varía los azúcares: lo que hacemos en Antomas es dar el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 días a la semana y otro néctar o líquido azucarado 1–2 días. Si quieres, añade al néctar un poco de proteína.
Proteína: cuanta más, mejor. Es lo que hace crecer la colonia: según la ficha de criadores más completa de la especie, pasados los dos primeros años devora «cantidades ingentes de insectos». Ofrécela al menos 2–3 veces por semana, y más a medida que crezca. Si revisas a diario y retiras los restos, es mejor pecar de generoso: con comida de sobra, la colonia percibe que hay recursos y responde criando más obreras y más deprisa. Si no vas a poder limpiar a menudo, no te pases, porque lo que sobra se pudre y trae moho y ácaros.
- Cambia de presa cada semana, para que no coman siempre lo mismo. Para las colonias pequeñas, el pececillo de plata, Thermobia domestica, es una presa perfecta por tamaño. Para las grandes, el grillo, Acheta domesticus, la cucaracha argentina, Blaptica dubia, la cucaracha runner o las moscas.
- Muertos y abiertos al principio: las obreras de una colonia joven son prudentes. Las colonias grandes cazan sin problema presas vivas pequeñas.
- Al atardecer: deja la proteína cuando empiezan a salir y retira los restos a la mañana siguiente. Es, además, la mejor manera de verlas cazar.
- Insectos de confianza, nunca recogidos donde se usen insecticidas.
Agua: siempre disponible, en el tubo de ensayo con algodón de la zona de forrajeo.
Crecimiento: dos años de paciencia y luego un acelerón
Como muchas Camponotus europeas, arranca despacio. Los criadores coinciden en que los dos primeros años son lentos, con pocas obreras y una puesta discreta. Después, con la colonia asentada, la reina pone mucho más y el crecimiento se nota de un mes a otro. No hay datos científicos del tamaño de sus colonias, y lo que circula en tiendas y foros va de unos cientos a varios miles de obreras. En nuestra experiencia, una colonia bien alimentada y con su diapausa cada invierno puede llegar a ser muy numerosa. Las majors no salen desde el principio: no hay datos publicados de cuándo aparecen en esta especie, pero en otras Camponotus los criadores suelen verlas cuando la colonia ya suma bastantes decenas de obreras.
Diapausa: un invierno fresco y largo
Es una hormiga de clima mediterráneo, con inviernos de verdad, y en Antomas recomendamos respetar su diapausa, el reposo invernal de las hormigas. Durante esos meses la reina deja de poner, las larvas se paran y la colonia apenas sale. Es completamente normal.
- Cuándo: de noviembre o diciembre a febrero, durante 3–4 meses.
- A qué temperatura: 8–13 °C, y nunca bajo cero. Es la pauta de Antomas, coherente con los criadores, que aconsejan bajar de unos 13 °C sin llegar a helar, y con el invierno de su área.
- Poco a poco: baja la temperatura a lo largo de 2–3 semanas a finales de otoño y súbela igual al final del invierno. Nada de pasar de golpe de 26 °C a la nevera.
- Dónde: una habitación fresca, un garaje que no se hiele o una vinoteca regulada a esa temperatura.
- Mientras dura: agua siempre disponible y algo de azúcar en el bebedero; la proteína, poca o ninguna.
- No adelantes la primavera: dar calor en pleno invierno, o acortar la diapausa porque «parece que no hacen nada», es uno de los errores que más se repiten en los foros.
Al terminar, vuelve a ofrecer proteína en cuanto veas actividad: la reina retoma la puesta y las larvas que pasaron el invierno reanudan su desarrollo.
Rápidas y trepadoras: fugas
Si algo sorprende de C. sylvaticus es la velocidad de sus obreras. Los criadores avisan de que es muy rápida y de que hay que tener cuidado al alimentarla, y, como todas las Camponotus, trepa sin problemas por el cristal y el plástico. Con una buena barrera, no da guerra:
- Una banda estrecha y sin cortes de aceite mineral o talco en lo alto de las paredes del forrajeo, renovada en cuanto acumule polvo o restos.
- Tapa bien ajustada como segunda línea, y conexiones y tapones revisados.
- Nada que haga de puente hasta la barrera, ni ramitas ni piedras.
- Cada cosa a su hora: limpia de día, cuando la colonia está recogida; al dejar la comida al atardecer, abre lo justo y cierra enseguida.
¿Muerde? Manejo sin miedo
C. sylvaticus no supone ningún peligro para las personas. No tiene aguijón, así que no pica. Si la molestas puede morder, pero su mordisco es flojo, y el ácido fórmico, como mucho, da un ligero picor si cae en una heridita. Si alguien cogiera muchas con la mano, el ácido podría dejarle algún callo, pero sería exagerar: muy rara vez pasa. Aun así, manipúlalas con herramientas entomológicas, como un pincel suave o unas pinzas blandas, y no con los dedos: no por ti, sino por ellas. No juntes colonias distintas, porque pelean, y no liberes nunca en la naturaleza una colonia criada en casa.
Observarlas de noche
En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Con esta especie, el mejor momento es al anochecer: es cuando las obreras salen al forrajeo, patrullan los bordes y se pasan gotas de azúcar boca a boca. Una luz tenue en la habitación basta para verlas, y se acostumbran enseguida a tu presencia. Si en plena temporada la cría no avanza, suele faltar proteína o calor; en diapausa, en cambio, una colonia quieta es lo normal.
Qué no hacer
- Juntar varias reinas, en un tubo o en un nido.
- Mojar todo el nido o el sustrato del forrajeo: le gusta lo seco.
- Poner el azúcar en algodón, o dejar que el bebedero se seque.
- Darle siempre el mismo insecto, o dejar restos sin limpiar.
- Saltarse la diapausa, adelantarla con calor o empezarla de golpe; y nunca bajar de 0 °C.
- Mudar una colonia pequeña a un hormiguero enorme.
- Descuidar la barrera: con lo rápidas que son, basta una rendija.
- Poner el nido al sol, manipularlas con las manos o juntar colonias distintas.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Camponotus sylvaticus, su subgénero y las hormigas mediterráneas, de los registros de distribución y los datos climáticos de su área, y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Los datos de actividad y dieta proceden del estudio de campo de Retana, Cerdá, Alsina y Bosch (1988), en Acta Oecologica, y los de su rivalidad con C. cruentatus, del de Alsina, Cerdá, Retana y Bosch (1988), en Miscel·lània Zoològica; los caracteres del subgénero, de García (2025), en Arquivos Entomolóxicos, y de Hormigas ibéricas, de Gómez y Espadaler. Referencias principales:
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- Principiante



