Myrmecocystus christineae - Hormiga Mielera Blanca
Un fantasma pálido de las sierras del Mojave. Myrmecocystus christineae es una de las hormigas mieleras más raras del planeta: apenas once registros científicos, un puñado de montañas de California y Nevada y una vida que la ciencia casi no conoce. Amarilla como la paja, casi blanca, con ojos grandes hechos para la noche, guarda su tesoro en repletas de un dorado claro. Y esconde un secreto: sus reinas no se pelean, sino que reinan juntas toda la vida. Una joya para coleccionistas y pioneros. Colonias con 2 reinas. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 4/5 – Avanzado
Una de las hormigas mieleras más raras del mundo y del hobby: un endemismo de unas pocas sierras del desierto de Mojave, con solo 11 registros en GBIF y una biología casi desconocida para la ciencia. Pálida, de un amarillo pajizo casi blanquecino, de ojos grandes y probablemente nocturna. Colonias con 2 reinas: en nuestra experiencia, sus reinas se toleran y conviven toda la vida. Nido Qbik Wild de techos rugosos, temperatura de casa sin calor fuerte, néctar con cuentagotas hasta que haya repletas y después siempre a mano, y presas diminutas a diario. Diapausa de unos 4 meses (noviembre–febrero) a 8–14 °C. Barrera de aceite mineral.
Myrmecocystus christineae Snelling, 1982 es, probablemente, la hormiga mielera más misteriosa que ha pasado por Antomas. Se describió hace algo más de cuarenta años a partir de ejemplares recogidos en las montañas Ivanpah, en el desierto de Mojave (California), y desde entonces casi nadie ha vuelto a estudiarla. En GBIF, la gran base de datos mundial de biodiversidad, tiene solo 11 registros. De su vida en libertad no se sabe casi nada: ni cómo son sus nidos, ni cuándo vuelan sus reinas, ni cuántas conviven en cada colonia.
Por eso esta ficha es diferente. Te contamos con honestidad lo poco que dice la ciencia sobre ella, que cabe en un par de páginas de su descripción original; lo que se puede deducir, con cautela, de sus parientes pálidas, como M. mexicanus y M. navajo; y lo que hemos aprendido criándola. Un aviso desde ya: en la tienda la llamamos «Hormiga Mielera Blanca», pero no es blanca del todo. Eso sí, es una de las mieleras más pálidas que se han medido nunca.
Biología
Once registros en todo el mundo
Para medir su rareza basta con comparar. GBIF, la plataforma que reúne los registros de museos, colecciones y ciencia ciudadana de todo el planeta, tiene casi 1.500 registros de M. mexicanus y unos 280 de M. navajo. De M. christineae tiene once, todos de Estados Unidos, y los que indican el estado son de California.
Su área conocida es diminuta: las sierras de Ivanpah y Granite, en el condado de San Bernardino (California), y el sur del condado de Clark (Nevada), todas en el este del desierto de Mojave. Al describirla en 1982, Snelling solo la conocía de las montañas Ivanpah, y ya sospechaba que viviría también en las sierras vecinas de California y Nevada. Los registros posteriores le han dado la razón.
¿Por qué es tan rara? Nadie lo ha estudiado, así que solo podemos proponer explicaciones, que son nuestras y no un dato:
- Vive en un puñado de montañas remotas del desierto, lejos de las zonas más muestreadas.
- Es pequeña, pálida y, con toda probabilidad, nocturna: sale cuando casi nadie la busca.
- Como el resto de las mieleras, guarda lo más valioso de la colonia bajo tierra.
Quizá sea más común de lo que dicen los registros, o quizá sea de verdad un endemismo muy reducido. Lo seguro es que en el hobby es una de las especies más raras que existen.
Una hormiga con nombre de mujer
La describió en 1982 Roy R. Snelling, el gran especialista en mieleras del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles, en el primer suplemento a su revisión del género de 1976. El ejemplar de referencia, el holotipo, es una obrera recogida el 14 de abril de 1977 junto a la carretera de la mina Morningstar, a unos 15 km al nor-noreste de Cima (condado de San Bernardino, California), a 1.280–1.300 m de altitud. La recogieron Christine D. George y el propio Snelling.
Y a ella está dedicado el nombre. Snelling dedicó la especie a Christine D. George, que le ayudó a recolectarla y estudiarla y que en aquellos años investigaba la ecología de las Myrmecocystus del desierto de Mojave. Juntos firmaron además, en 1979, un gran informe sobre la taxonomía, la distribución y la ecología de las hormigas de los desiertos de California.
Un apunte sobre la grafía: el nombre correcto es christineae, con «-ineae», tal como aparece en la descripción original y en los catálogos taxonómicos. La forma «christinae», que se ve en algunas webs, es una variante errónea.
La serie tipo fue generosa. Además del holotipo, Snelling dispuso de 724 obreras, 16 reinas y 68 machos del mismo lugar y la misma fecha, de modo que pudo describir las tres castas. Las reinas se describieron con alas, así que en pleno abril las colonias ya guardaban en el nido reinas y machos alados, probablemente a la espera de su vuelo nupcial.
Vecina de los árboles de Josué
¿Cómo es su casa? La localidad tipo está en un desierto alto, a unos 1.300 m, con veranos muy calurosos e inviernos fríos, de heladas nocturnas frecuentes. Ese mismo día y en la misma carretera, Snelling y George recogieron otras dos mieleras: M. romainei, cuyos nidos eran comunes en un bosque de árboles de Josué (Yucca brevifolia), muchos de ellos con machos y reinas aladas, y M. mendax, con un nido en una ladera pedregosa. Al día siguiente, algo más abajo, encontraron M. testaceus, otra mielera pálida, también entre árboles de Josué. Es todo un barrio de mieleras: cuatro especies en unos pocos kilómetros de carretera.
De M. christineae en concreto, los registros recopilados por la Universidad Estatal de Arizona indican que aparece a menudo en ramblas arenosas, los cauces secos que solo llevan agua tras las tormentas. No hay más datos publicados sobre su suelo, su vegetación ni su altitud. Pero el retrato encaja con lo que vemos en casa: una hormiga de terreno seco, que agradece un nido más bien seco con un punto de humedad (ver «Parámetros para una mielera del desierto alto»).
Blanca… o casi
Snelling describió así su color: obreras de un amarillo pardusco claro, con la parte trasera de la cabeza a veces algo parda y las patas y antenas todavía más pálidas; reinas amarillas, con una zona de color pardo claro en la frente y las alas transparentes; y machos uniformemente parduscos, con los apéndices amarillentos. Nada de blanco, en sentido estricto.
Pero su palidez es real, y se ha medido. En 2022, un estudio comparó con fotografías el brillo del cuerpo de varias mieleras: las especies con un valor medio por encima de 65 se consideraron pálidas y las de menos de 60, oscuras. M. christineae obtuvo un 75,2. De las nueve poblaciones de Myrmecocystus medidas, solo una de M. mexicanus dio un valor más alto, 78,4; M. navajo se quedó en 74,1, y las oscuras, como M. mendax, por debajo de 60.
En nuestras colonias, reinas y obreras son de un amarillo pajizo muy claro, casi blanquecino, y sus repletas se llenan de un líquido amarillo claro y translúcido. De ahí el nombre de la tienda: «Blanca» exagera un poco, pero señala justo lo que la hace especial. Junto a una mielera oscura como M. placodops, de cabeza roja y cuerpo negro, parece de otro mundo.
Ojos grandes para la noche
El mismo estudio de 2022 midió sus ojos, y el resultado es el típico de una hormiga nocturna. Las obreras de M. christineae tienen facetas, las pequeñas lentes del ojo compuesto, de unas 19,7 micras de diámetro medio (20,8 una vez corregidas por el tamaño del cuerpo), frente a unas 13–14 micras en M. yuma, una mielera oscura y pequeña. Unas facetas más anchas captan más luz, y eso es justo lo que necesita un animal que se mueve con poca luz.
Snelling ya había señalado que sus ojos son grandes y están muy retrasados: su borde superior casi coincide con la esquina trasera de la cabeza. Es un rasgo que comparte con las mieleras del grupo de M. pyramicus y con M. navajo. En la tabla del estudio de 2022, M. christineae figura como especie nocturna, según la bibliografía y las observaciones de los autores. Nadie ha publicado todavía un estudio de su actividad, pero todo apunta en la misma dirección: color pálido, ojos grandes y parientes nocturnas.
Pequeña, lampiña y a medio camino
Es una mielera pequeña. Según las medidas de Snelling, la cabeza de las obreras mide de 0,77 a 1,13 mm de largo y de 0,63 a 1,03 mm de ancho, y el mesosoma, de 1,03 a 1,63 mm. Para comparar: las majors de M. placodops tienen la cabeza más del doble de ancha que las obreras más grandes de M. christineae. Las obreras varían de tamaño, pero sin grandes extremos: en las pequeñas, los lados de la cabeza son casi paralelos, y en las mayores, algo convexos.
Y es casi lampiña. No tiene pelos erectos en el tórax, ni en las mejillas, ni en los escapos de las antenas, ni en las tibias, y los dos primeros segmentos del gáster tampoco los tienen en el centro. Su pubescencia, el vello corto y pegado al cuerpo, es fina y escasa, y las obreras tienen un aspecto liso y moderadamente brillante.
Snelling la situó en el grupo de las mieleras pálidas y nocturnas, el subgénero Myrmecocystus en sentido estricto, junto a M. mexicanus, M. navajo, M. testaceus o M. pyramicus. Y la vio como un eslabón entre dos grupos de especies: por el perfil del tórax y el número de dientes de las mandíbulas, siete u ocho en las obreras, se parece al grupo de M. mexicanus; por sus ojos retrasados y la escasez de pelos, al de M. pyramicus. Las filogenias moleculares del género, de 2004 y 2021, han demostrado que esos grupos clásicos no siempre reflejan el parentesco real. No hemos podido comprobar si M. christineae se incluyó en ellas, así que su lugar exacto en el árbol de las mieleras sigue abierto.
Las pálidas no temen al frío
Ser nocturna en el desierto tiene una consecuencia directa: hay que moverse con frío. En un estudio clásico con mieleras de Nuevo México, Kay y Whitford compararon especies diurnas y nocturnas. La nocturna seguía moviéndose hasta los −0,4 °C y salía a forrajear con el aire y el suelo entre 2 y 30 °C. Las diurnas, en cambio, se quedaban paradas por debajo de unos 11–12 °C, pero salían con el suelo hasta a 60 °C.
La estrategia de las pálidas es evitar el horno del mediodía y trabajar en las horas frescas. M. christineae no participó en ese estudio, pero comparte color, ojos y, con toda probabilidad, horario con las nocturnas. Para la cría, esto tiene dos consecuencias prácticas:
- No necesita calor fuerte. Le basta una temperatura templada de casa, sin puntos de calor intensos.
- Tolera una diapausa más fresca que las mieleras oscuras, como M. placodops, que a 12 °C ya se quedan casi inmóviles (ver «Diapausa fresca de mielera pálida»).
Repletas color paja
Como casi todas las Myrmecocystus, M. christineae guarda la comida de la colonia en repletas: obreras cuyo buche, el «estómago social» donde las hormigas almacenan el alimento que comparten, se dilata hasta ocupar todo el gáster. Cuelgan inmóviles del techo de las cámaras, las demás obreras las llenan de néctar cuando sobra y ellas lo devuelven, boca a boca, cuando escasea. Una repleta vaciada no muere: queda arrugada y puede volver a llenarse.
Se conocen repletas en 20 de las 29 especies del género, pero no hemos encontrado ninguna publicación que las describa en M. christineae. En nuestras colonias, sí las forman: la de la foto de la tienda está llena de un líquido amarillo claro y translúcido, a juego con el color de sus hermanas. El color de una repleta depende de lo que bebe la colonia, así que el tuyo puede variar con el néctar que les des.
En las mieleras estudiadas, la despensa guarda además algunas sorpresas que tienen mucho sentido en un desierto. Una pequeña parte de las repletas son claras, mucho más aguadas que las demás: auténticos depósitos de agua para los meses secos. Y algunas acumulan también grasas, que forman una segunda capa dentro del buche. En M. christineae nadie lo ha comprobado, pero en una hormiga de ramblas arenosas, donde el agua es un lujo, una cantimplora viva sería una gran ventaja.
Así cuelgan las repletas en un nido de M. mimicus, una mielera oscura; las de M. christineae son de color paja (vídeo de Anthouse).
Dos reinas bajo el mismo techo
Aquí la ciencia no dice nada: no se ha publicado cómo fundan las reinas de M. christineae ni cuántas viven en cada colonia. Las 16 reinas de la serie tipo no resuelven la duda, porque se describieron con alas: eran, con toda probabilidad, reinas jóvenes todavía sin colonia propia.
Lo que sí podemos contarte es lo que vemos en Antomas: M. christineae no es monogínica. Sus reinas se toleran y conviven toda la vida en la misma colonia, sin peleas. Por eso la vendemos como colonia con dos reinas, algo poco habitual entre las mieleras que criamos, que en su mayoría tienen una sola.
No es un caso aislado en el género. En M. mimicus, varias reinas, de 2 a 9, aunque sobre todo de 2 a 4, se asocian a menudo para fundar, pero después las obreras eliminan a las sobrantes hasta dejar una. En algunas poblaciones de M. mendax, en cambio, todas las colonias maduras estudiadas tenían varias reinas, que en el laboratorio no se eliminaron tras nacer las primeras obreras, y esas colonias produjeron más obreras y más repletas que las de una sola reina. Por lo que vemos en casa, M. christineae juega en el equipo de las tolerantes. Es una observación de cría, no un estudio publicado.
Ojo: que las reinas de una misma colonia convivan no significa que se puedan juntar reinas de colonias distintas. Eso, nunca.
Lo que la ciencia todavía no sabe
Esto es lo que todavía no se ha publicado sobre M. christineae:
- Cómo son sus nidos y a qué profundidad guarda sus repletas.
- Cuándo hace su vuelo nupcial. Solo sabemos que a mediados de abril ya había sexuados alados en los nidos.
- Cómo funda: sola, en grupo o de las dos formas.
- Cuántas obreras tiene una colonia madura.
- Qué come en libertad y a qué horas sale exactamente.
Casi todo lo que se sabe de su vida diaria procede, por ahora, de quienes la crían. Si tienes una colonia, tus observaciones valen oro, y nos encantará que nos las cuentes.
Tamaño y morfología
Mielera pequeña, pálida y casi sin pelos erectos, de ojos grandes y retrasados, con obreras de tamaño variable y sin aguijón. Las medidas proceden de la descripción original de Snelling (1982).
- Color según Snelling. Obreras de un amarillo pardusco claro, con la parte trasera de la cabeza a veces parduzca y los apéndices más pálidos. Reina amarilla, con la zona frontal de la cabeza pardo clara y los apéndices amarillo pálido. Macho uniformemente parduzco.
- Color de nuestras colonias. Reinas y obreras de un amarillo pajizo muy claro, casi blanquecino; repletas con un líquido amarillo claro translúcido.
- Cabeza. En las obreras, más larga que ancha, de lados casi paralelos en las pequeñas y algo convexos en las mayores. En la reina, tan ancha como larga.
- Ojos. Grandes, con el borde superior casi en la esquina trasera de la cabeza.
- Mandíbulas. Con siete u ocho dientes en las obreras.
- Pilosidad. Sin pelos erectos en el tórax, las mejillas, los escapos ni las tibias; pubescencia fina, escasa y pegada al cuerpo.
- Tegumento. Moderadamente brillante.
- Defensa. Como formicina, no tiene aguijón; puede morder y liberar ácido fórmico.
Medidas aproximadas
- Obreras: cabeza de 0,77–1,13 mm de largo y 0,63–1,03 mm de ancho; escapo de 0,97–1,33 mm; mesosoma de 1,03–1,63 mm
- Reina: cabeza de 1,67–1,73 mm de largo y 1,67–1,77 mm de ancho; mesosoma de 3,5–3,7 mm
- Macho: cabeza de 0,62–0,70 mm de largo; mesosoma de 1,23–1,40 mm
- Longitud total: no publicada
Snelling no dio la longitud total de ninguna casta, y preferimos no inventarla. Lo que sí dicen sus medidas es que se trata de una mielera pequeña, con una reina claramente mayor que cualquier obrera: su cabeza es más ancha que la de la obrera más grande, y su mesosoma, más del doble de largo.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 4/5 – Avanzado
No es una especie para empezar. Las razones son las de todas las mieleras, más una propia:
- Nadie tiene mucha experiencia con ella. Apenas hay experiencias de cría publicadas, y casi todo lo que sabemos lo hemos aprendido en casa. Si te animas, serás de los pocos criadores del mundo que la tienen.
- El néctar hay que dosificarlo. Poco y con cuentagotas mientras no haya repletas; abundante y constante en cuanto aparecen (ver «La muerte dulce, por partida doble»).
- Obreras pequeñas, presas diminutas. Es una mielera menuda, y sus presas tienen que serlo todavía más.
- Repletas frágiles, que pueden caerse o reventar con un mal manejo.
A cambio, la colonia llega con ventaja: dos reinas y entre 20 y 30 obreras, con la fundación superada. Y merece la pena: es una rareza viva, de un color que no se parece al de ninguna otra mielera de la tienda, con dos reinas que comparten el nido toda la vida y una biología por descubrir. Pocas especies te permiten aprender algo que la ciencia aún no sabe.
Parámetros para una mielera del desierto alto
- Temperatura: en Antomas las mantenemos prácticamente a la temperatura ambiente de una casa. Como dato de criadores, quienes tienen éxito con el género las crían a 24–31 °C, mejor hacia los 29 °C; a una mielera pálida y nocturna como esta le basta con la parte templada de ese rango.
- Calor extra: no hace falta. Si lo usas, que sea suave, en un extremo del nido y siempre lejos de las repletas.
- Noches más frescas: sin problema; es lo que encuentran en su desierto.
- Humedad: nido más bien seco, con un punto húmedo cerca de la cría.
- Zona de las repletas: estable, sin condensación; ni mojada ni reseca.
- Zona de forrajeo: seca y ventilada, con algo de arena si quieres recordar sus ramblas.
- Agua: un tubo de ensayo con agua y algodón en el forrajeo, siempre.
- Luz: zona del nido a oscuras y forrajeo con luz, con el ciclo normal de día y noche.
- Diapausa: unos 4 meses, de noviembre a febrero, a 8–14 °C (ver «Diapausa fresca de mielera pálida»).
Hormigueros recomendados
Para una colonia de dos reinas y unas decenas de obreras, en Antomas recomendamos empezar con el Qbik Wild One P 1C de Anthouse. Tiene cámaras horizontales con altura suficiente para que las repletas cuelguen sin tocar el suelo, y te deja ver a las dos reinas y la cría sin molestarlas:
Cuando la colonia haya crecido, el Qbik Wild NoNa Diáfano le permite excavar sus propias galerías en un bloque de sustrato. Es la opción más parecida a sus ramblas: usa una mezcla de arena y tierra lo bastante compacta para que los techos no se derrumben, y humedécela solo por zonas, lejos de donde cuelgan las repletas. Resérvalo para colonias grandes, porque en una pequeña perderías de vista a las reinas y a la cría.
También recomendamos los híbridos de la gama Qbik Wild, como el Qbik Wild Duo P 2C Híbrido, para acompañar el crecimiento de la colonia:
Tres detalles para cualquier nido de mieleras: techos rugosos, a los que las repletas puedan agarrarse; cámaras de al menos 2–3 cm de alto, y nada de nidos verticales mientras la colonia sea pequeña. Y no amplíes antes de tiempo: un módulo nuevo se conecta cuando el anterior está realmente ocupado.
Llegada y mudanza por volcado
Cuando hay disponibilidad, enviamos M. christineae como «2 Reinas y 20/30 obreras con prole»: dos reinas que ya conviven, entre 20 y 30 obreras y cría. La fundación está superada, que es la fase más arriesgada para cualquier mielera.
Al recibirla, déjala tranquila unas horas en un sitio fresco y en penumbra y comprueba que tiene agua. Para pasarla al hormiguero, en Antomas lo hacemos siempre por volcado:
- Monta antes el nido completo, con la barrera de aceite mineral y el tubo de agua.
- Abre el tubo dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, trabajando sobre una bandeja.
- Vuelca con suavidad y desde muy poca altura a las reinas, las obreras y la cría. Las rezagadas, con un pincel suave.
- Deja la zona del nido a oscuras: las obreras meterán la cría y a las reinas en poco tiempo.
Las dos reinas se mudan juntas: no hace falta separarlas ni vigilarlas por separado. Si la colonia ya tiene repletas, vuelca todavía con más cuidado y sin sacudir, porque una repleta que cae de golpe puede reventar. Lo ideal es hacer la mudanza principal antes de que aparezcan, y dejar a la colonia en un nido definitivo en cuanto tenga sus primeras despensas.
La muerte dulce, por partida doble
Hay un error que puede arruinar una colonia de mieleras, y en Antomas lo conocemos bien. Si una colonia pequeña, sin repletas todavía, tiene azúcar de sobra, puede ser la propia reina la que se llene: su gáster se hincha como el de una repleta, la puesta se frena o se detiene y la colonia deja de crecer. No hay estudios publicados sobre ello; es experiencia de cría. Con M. christineae el riesgo es doble, porque hay dos reinas que pueden acabar convertidas en despensa.
El peligro de dar demasiado azúcar al principio, explicado por Anthouse: reinas que acaban convertidas en repletas.
La solución es sencilla:
- Sin repletas en la colonia: el líquido azucarado se da con cuentagotas, unas gotas que las obreras se terminen en poco tiempo. Nada de bebederos llenos todavía.
- Con las primeras repletas: el azúcar pasa a estar disponible ad libitum, y desde ese día no puede faltar nunca. Las repletas necesitan néctar abundante para llenarse y mantenerse.
Del cuentagotas al bebedero: la alimentación
Néctar variado y bien servido. Respetando las dos fases anteriores, alterna los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro néctar o líquido azucarado 1–2 veces por semana, y puedes enriquecer el néctar con un poco de proteína. Cuando llegue la fase del bebedero, que sea un bebedero de verdad, nunca algodón: el algodón se enmohece y echa a perder el líquido en pocos días. Vale uno tradicional o casero en el que la gota quede «tendida» y al alcance de las obreras. Cámbialo antes de que fermente.
Presas diminutas, casi a diario. Las obreras de M. christineae son pequeñas, así que la proteína tiene que ser exageradamente pequeña, sobre todo al principio: Drosophila, pececillos de horno (Thermobia), termitas y microgrillos, recién sacrificados o troceados y, si puede ser, todos los días. A medida que la colonia crece acepta piezas algo mayores y más cantidad, pero entonces conviene espaciar las tomas en lugar de darlas a diario. Alterna el tipo de insecto de una semana a otra, para que la dieta no sea siempre la misma.
En Antomas no tenemos miedo a la proteína: con limpieza diaria de los restos, preferimos pasarnos que quedarnos cortos, porque una colonia bien alimentada entiende que hay recursos y crece más deprisa y con más obreras. Si no puedes revisar el nido a menudo, mejor no sobrealimentar: los restos olvidados se pudren y atraen moho y ácaros. Y recuerda que las repletas guardan líquidos, pero las larvas solo crecen con proteína.
No tenemos todavía vídeo de las larvas de M. christineae, pero estas de su prima oscura, criadas en Antomas, muestran muy bien cómo comen las larvas de mielera:
Larvas de mielera alimentándose; en este caso, de M. placodops (canal de Antomas).
Para una especie de hábitos nocturnos: ofrece la proteína al atardecer, que es cuando la colonia se anima, y retira lo que sobre a la mañana siguiente.
Agua: siempre a su alcance en el tubo con algodón del forrajeo, también cuando el bebedero de néctar esté lleno.
Diapausa fresca de mielera pálida
En la localidad tipo de M. christineae, a unos 1.300 m en el Mojave, los inviernos son fríos, y sus parientes nocturnas siguen moviéndose cerca de los 0 °C. En Antomas le damos una diapausa algo más corta que la de las hormigas autóctonas: unos 4 meses, de noviembre a febrero.
La temperatura orientativa es de 8–14 °C, más fresca que la que recomendamos para las mieleras oscuras y diurnas. La razón es fisiológica: las diurnas, como M. placodops, se quedan casi paralizadas por debajo de unos 12 °C y necesitan un invierno templado, de 14–18 °C, mientras que las pálidas y nocturnas aguantan el frío sin problema (ver «Las pálidas no temen al frío»). Para M. christineae, un invierno de 8–14 °C es un reposo natural, no un castigo.
- Cambios graduales: baja la temperatura a lo largo de una o dos semanas, y súbela igual al terminar.
- Agua, siempre.
- Algo de néctar si las obreras siguen moviéndose, sin rellenar a las repletas una y otra vez.
- Proteína mínima o ninguna mientras no haya larvas creciendo.
- Colonias pequeñas o sin repletas: mejor en la parte alta del rango, hacia los 12–14 °C.
En marzo, cuando vuelva el movimiento y aparezca cría nueva, recupera poco a poco la proteína.
Comportamiento en cautividad
Una colonia de atardecer. Lo más probable es que la veas más activa al caer la tarde y por la noche, como corresponde a una mielera pálida. Durante el día, es normal que buena parte de las obreras se quede dentro del nido.
Dos reinas en paz. Las reinas comparten cámara y cría sin conflictos. No te preocupes si las ves juntas o separadas: ambas cosas son normales.
Observar sin miedo. En Antomas creemos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para esconderlas. Déjales su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y míralas con calma, interviniendo lo justo. Con una especie tan poco conocida, cada observación cuenta.
Señales de alarma:
- Una reina con el gáster muy hinchado y la puesta detenida antes de que haya repletas: sobra azúcar.
- Larvas que no crecen fuera de la diapausa: falta proteína o la presa es demasiado grande.
- Repletas caídas: techo demasiado liso o con condensación.
- Moho en las cámaras: exceso de humedad o restos sin retirar.
Fugas y barreras
No son hormigas especialmente escapistas, y en nuestra experiencia con aceite mineral basta. Aplica una franja fina y continua en la parte alta de las paredes del forrajeo y renuévala cuando se ensucie. Ajusta bien la tapa, revisa tubos y conexiones y no dejes nada apoyado que pueda servirles de puente. Como las obreras son pequeñas, presta especial atención a las rendijas.
Manejo y seguridad
No pican: no tienen aguijón. Pueden morder y liberar ácido fórmico si se sienten atrapadas, pero son tan pequeñas que apenas lo notarás. El cuidado es para ellas: manipúlalas siempre con un pincel suave u otra herramienta entomológica, nunca con los dedos. No juntes reinas ni colonias de distinta procedencia, ni las mantengas con otras especies. Es una especie exótica: no debe liberarse jamás.
Qué no hacer
- Poner un bebedero lleno a una colonia sin repletas: cualquiera de las dos reinas puede acabar convertida en repleta.
- Dejar que se acabe el néctar cuando ya hay repletas.
- Servir los líquidos azucarados en algodón.
- Dar presas grandes a unas obreras tan pequeñas o dejar pasar días sin proteína al principio.
- Someterla a calor fuerte o poner la fuente de calor junto a las repletas.
- Saltarse la diapausa de invierno: es una mielera de inviernos fríos.
- Mojar todo el nido o dejar condensación donde cuelgan las repletas.
- Separar a las dos reinas de su colonia.
- Juntar reinas o colonias de distinta procedencia.
- Manipularlas con los dedos.
Fuentes científicas
Esta ficha se basa en la descripción original de la especie (Snelling, R. R., 1982, Bulletin of the Southern California Academy of Sciences 81: 69–86, sin DOI), en los registros de distribución de GBIF y de la Universidad Estatal de Arizona, en la bibliografía científica sobre el género y en la experiencia de Antomas. Referencias principales:
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- Conway, J. R. (1994). Honey ants. American Entomologist 40: 229–234. doi:10.1093/ae/40.4.229
- Dificultad
- Experimentado


