Comprar Messor ibericus – Hormiga Recolectora Xenópara | Antomas
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Messor ibericus - Hormiga Recolectora Xenópara

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Una madre, dos especies. La Hormiga Recolectora Xenópara protagoniza uno de los descubrimientos más asombrosos de la biología reciente, publicado en Nature en 2025: todas sus obreras son híbridas con otra especie, Messor structor, y sus reinas dan a luz clones de machos de esa especie con el esperma que guardan, incluso en Sicilia, a más de 1.000 km del structor más cercano. Tras esa genética de ciencia ficción hay una recolectora parda y mate que llena su granero de semillas, cría majors que muelen el grano y se cuida como pocas: ideal para empezar. Muy poligínica y con reinas poco longevas, por eso la ofrecemos con varias. Colonias con una, dos o tres reinas. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 1/5 – Principiante

La recolectora que clona a otra especie: todas sus obreras son híbridas y sus reinas dan a luz machos de Messor structor, como reveló Nature en 2025. Colonias con una, dos o tres reinas, porque en nuestra experiencia es muy poligínica. Qbik de la gama Alpha (roe el yeso), granero seco separado de la zona húmeda, semillas variadas, mucha proteína y diapausa de noviembre a marzo por debajo de unos 20 °C.

Messor ibericus Santschi, 1925, la Hormiga Recolectora Xenópara, parece a primera vista una Messor más: obreras pardas y mates que vuelven al nido en fila con una semilla entre las mandíbulas, un granero bajo tierra y majors de cabeza robusta que parten el grano. Vive en el sur y el centro de Europa, de la península ibérica a los Balcanes, y durante casi un siglo se confundió con su pariente M. structor. En 2025 se convirtió en una de las hormigas más famosas del planeta.

Ese año, el equipo de Jonathan Romiguier, de la Universidad de Montpellier, publicó en Nature un hallazgo que la propia revista calificó de «casi inimaginable»: las reinas de M. ibericus dan a luz a individuos de otra especie. Todas sus obreras son híbridas con Messor structor y, para no quedarse nunca sin el esperma de esa especie, la reina fabrica clones de machos de M. structor con el esperma que guarda desde su vuelo nupcial. Los autores llamaron al fenómeno xenoparidad, del griego xénos, «extranjero», y del latín parere, «parir»: dar a luz a un extraño. Es el primer caso conocido de un animal que necesita, como parte normal de su vida, engendrar a otra especie.

Y detrás de esa rareza hay una hormiga agradecida y fácil, de las mejores para empezar. Un consejo de nuestra experiencia: es muy poligínica, y por eso en Antomas la ofrecemos con una, dos o tres reinas.

El vídeo general de Anthouse sobre el género Messor: graneros, cría y batallas de un gran imperio recolector.

Biología

«Una madre, dos especies»: la primera hormiga xenópara

El título del artículo de Nature lo resume en pocas palabras: «Una madre para dos especies». En un hormiguero de M. ibericus, la misma reina pone los huevos de cuatro clases de hijos, y dos de ellas no son de su especie:

  • Reinas ibericus: nacen de óvulos fecundados con esperma de machos ibericus.
  • Machos ibericus: nacen de óvulos sin fecundar, como en cualquier hormiga. Son peludos.
  • Obreras híbridas: nacen de óvulos fecundados con esperma de M. structor. Llevan media dotación genética de cada especie.
  • Machos structor: son clones que solo llevan el ADN nuclear de su padre, sin nada del genoma nuclear de la madre, aunque con las mitocondrias de ella. Son casi lampiños.

Es decir, una reina de M. ibericus es madre de su propia especie y, a la vez, de otra. De ella, los machos structor solo conservan las mitocondrias, las pequeñas centrales de energía de la célula, que siempre se heredan con el óvulo. Son hermanos de madre, pero de especies separadas por más de 5 millones de años de evolución, que ni siquiera son especies hermanas.

«La Xenoparidad», de Anthouse: la reina que clona machos de otra especie.

Obreras que solo existen gracias a otra especie

Todo empieza por las obreras. Una reina de M. ibericus no puede producir obreras con el esperma de su propia especie: los huevos ibericus × ibericus se convierten en reinas, y las obreras solo salen de los fecundados con esperma de M. structor. El equipo de Romiguier analizó 164 obreras con un método para detectar híbridos de primera generación a partir de un solo genoma, desarrollado en su propio laboratorio, y todas eran híbridas. Su heterocigosidad, una medida de cuánto difieren las dos copias de cada gen, era de 0,797 de media, frente a 0,047 en las reinas, y su genoma era un 49 % ibericus y un 51 % structor.

Este reparto, en el que la casta depende del padre, se llama hibridogénesis social. Según los autores, empezó como un parasitismo de esperma que se volvió obligatorio: la reina perdió la capacidad de producir obreras por sí sola, quizá por incompatibilidades entre genes o por genotipos «egoístas» que empujan a las larvas puras a convertirse en reinas. Sin esperma de structor no hay obreras, y sin obreras no hay colonia. Por eso cada reina joven se aparea con machos de las dos especies: en la espermateca de dos reinas, el órgano donde guardan el esperma toda su vida, había esperma de ibericus y de structor.

Sicilia, a más de 1.000 km del padre más cercano

Hasta aquí, la historia era rara pero tenía lógica. El misterio estaba en el mapa: M. ibericus y M. structor apenas comparten área de distribución. Structor es más continental, de Europa central y oriental, e ibericus ocupa sobre todo el arco mediterráneo. Aun así, había obreras híbridas en 69 poblaciones mediterráneas sin una sola colonia de structor, y en Sicilia aparecieron a más de 1.000 km del M. structor más cercano.

¿Cómo se tienen hijas de un padre cuya especie no vive en cientos de kilómetros a la redonda? Porque ese padre había nacido en un nido de ibericus:

  • La reina guarda en su espermateca esperma de structor desde su vuelo nupcial.
  • Con parte de ese esperma fecunda los huevos de las obreras híbridas.
  • De vez en cuando pone huevos cuyo núcleo solo lleva el ADN de ese esperma, sin su propio genoma nuclear. Es una forma de androgénesis, y de esos huevos nacen machos structor clónicos.
  • Esos machos se aparean con reinas jóvenes de ibericus y les dejan el esperma de structor que necesitarán para tener obreras.

Así, generación tras generación, M. ibericus lleva consigo su propio linaje de structor y puede vivir lejos de cualquier colonia de esa especie. El mecanismo celular por el que el núcleo materno desaparece del huevo todavía no se conoce: es una de las grandes preguntas que deja abiertas el estudio.

Clones con mitocondrias prestadas: así se demostró

Una afirmación tan extraordinaria necesitaba pruebas a la altura, y los 18 autores del trabajo las acumularon durante años:

  • Un muestreo enorme. Casi 400 muestras de 125 poblaciones europeas de las cinco especies del antiguo «M. structor», 65 colonias de ibericus en el laboratorio y un genoma de referencia de alta calidad de la especie.
  • Dos clases de machos. De 132 machos de 26 colonias, el 44 % eran peludos y el 56 %, casi lampiños, y en el árbol genético los lampiños se agrupaban con M. structor.
  • La firma de la madre. Los 24 machos lampiños analizados llevaban mitocondrias de ibericus, una combinación que no apareció en ninguno de los 53 structor de colonias de su propia especie.
  • Pillados en el huevo. El 11,5 % de 286 huevos y larvas de cinco colonias solo tenía ADN nuclear de structor, y en los huevos puestos en 24 horas por 16 reinas aisladas, un 9 %. En las puestas de las obreras no apareció ninguno: los clones los pone la reina.
  • Observación directa. En una colonia de laboratorio con una sola reina, ibericus pura, nacieron en 18 meses machos de las dos especies.
  • ¿Quién es el padre? De 164 obreras, 144 eran hijas de machos clónicos y solo 20 de structor silvestres, algo que solo ocurre donde las dos especies conviven, como en el este de Francia: es el estado ancestral del sistema.
  • La huella de la clonación. Los machos clónicos tienen unas cinco veces menos diversidad genética que los structor silvestres y acumulan mutaciones ligeramente perjudiciales, lo típico de un linaje que se copia sin recombinarse.

¿Una especie domesticada? El superorganismo de dos especies

¿Qué es, entonces, ese structor que vive en las colonias de ibericus? Los autores no lo consideran una especie nueva, porque apenas se diferencia genéticamente de los structor silvestres. Hablan de una relación «de tipo domesticación»: M. ibericus mantiene y multiplica en su beneficio un linaje clonal de otra especie. Lo comparan con las mitocondrias y los cloroplastos, bacterias libres que acabaron integradas en las células, y con los líquenes, en los que un hongo y un alga forman un solo organismo. Una colonia de M. ibericus sería, en sus palabras, un superorganismo de dos especies.

Hasta ahora solo se conocían clonaciones de otra especie ocasionales y prescindibles, en el ciprés del Sáhara, Cupressus dupreziana, y en almejas de agua dulce del género Corbicula. En hormigas había androgénesis dentro de una misma especie, en Wasmannia auropunctata, Vollenhovia emeryi y Cardiocondyla kagutsuchi. Lo nuevo de M. ibericus es que clona a otra especie y no puede vivir sin hacerlo.

Lo que la prensa contó mal

El hallazgo dio la vuelta al mundo, y buena parte de la prensa española la presentó como la «hormiga española» que estaba conquistando Europa. Un experto estadounidense ajeno al estudio confesó que le parecía casi imposible de creer. Con tanto titular se colaron algunos errores:

  • No es una subespecie. Es una especie de pleno derecho desde 2018 (ver «El "structor" ibérico»).
  • Las reinas sí se aparean. Los clones no salen de una reproducción «sin pareja», sino del esperma que la reina guarda tras aparearse con machos de las dos especies.
  • No está «domesticando Europa». Lo que domestica es un linaje clonal de structor dentro de sus propios nidos.

Una familia de genéticas raras

La hibridogénesis social ha aparecido al menos tres veces de forma independiente en Messor, según un estudio de 2017 con nueve especies. El caso más cercano es el de Messor barbarus, con una diferencia clave: sus obreras son híbridas entre dos linajes ocultos de su propia especie, mientras que las de ibericus lo son con otra especie, cuyos machos fabrica la propia reina.

Fuera del género, el ejemplo clásico son las cosechadoras norteamericanas Pogonomyrmex, en las que en 2003 se describió una determinación genética de la casta de origen híbrido. Si te atraen estas hormigas de genética mestiza, en Antomas tenemos la Pogonomyrmex rugosus híbrida. La teoría del parasitismo de esperma, formulada en 2006, explica por qué a una reina le puede compensar aparearse con machos de otra especie: así consigue obreras. Y en Anoplolepis gracilipes se descubrió en 2023 que los machos son quimeras, con células de dos linajes genéticos en un mismo cuerpo.

El «structor» ibérico: casi un siglo con nombre prestado

Si la xenoparidad tardó tanto en descubrirse fue, en parte, porque la propia especie estaba escondida. Durante décadas se llamó Messor structor a una recolectora parda de media Europa, hasta que en 2018 un equipo de la Universidad de Innsbruck, combinando morfología, genética y nicho ecológico, demostró que eran cinco especies crípticas. El título del artículo lo decía todo: «Convertir una en cinco».

Una de ellas ya tenía nombre. El suizo Félix Santschi la había descrito en 1925 como Messor structor var. ibericus, con obreras del noreste peninsular. Por eso su autor y año son Santschi, 1925; el «1931» que aparece a veces sale de la etiqueta de un ejemplar tipo. Las cinco especies del complejo son estas:

  • M. ibericus: la del sur de Europa (ver «Dónde vive»).
  • M. structor: la «auténtica», más continental: Francia, Austria, Chequia, Hungría, Eslovenia, Rumanía y Bulgaria.
  • M. muticus: de Rumanía y Ucrania a Rusia, Armenia, Kazajistán y Kirguistán. Es la del Cáucaso: si lees que ibericus llega hasta allí, es una confusión heredada del antiguo «structor».
  • M. ponticus: alrededor del mar Negro, en Bulgaria, Rumanía, Turquía y Ucrania.
  • M. mcarthuri: de Grecia y Turquía.

Para el aficionado, la consecuencia es práctica: buena parte de lo escrito antes de 2018 sobre «Messor structor» en España, Italia, el sur de Francia o Alemania, incluidos muchos diarios de cría, se refiere con toda probabilidad a M. ibericus.

Dónde vive: del Mediterráneo a los valles del Rin

Vive en España, Portugal, Francia, Suiza, Alemania, Italia (Sicilia incluida), Eslovenia, Croacia, Rumanía, Bulgaria y Grecia. Según el modelo de nicho de Steiner y sus colegas, sus zonas más favorables están en el arco norte del Mediterráneo, del noreste ibérico a los Balcanes, y en los valles cálidos de Europa central, como los del Rin y el Danubio. En el norte de su área, como en Renania, se refugia en enclaves cálidos y secos.

Es una hormiga de terreno abierto y seco: pastizales, matorral, cunetas, bordes de caminos y zonas alteradas cerca de los pueblos. Anida en el suelo, con graneros, y según los criadores sus nidos son profundos y extensos, con pocas salidas. Su clima es estacional: mediterráneo, de veranos calurosos y secos e inviernos suaves, o centroeuropeo, con inviernos fríos y heladas. En los dos casos trabaja de primavera a otoño y para en invierno: la diapausa forma parte de su vida.

Muchas reinas y vidas cortas: la poliginia que vemos en Antomas

Aquí la ciencia aún no ha llegado: ningún estudio ha contado cuántas reinas tienen las colonias de M. ibericus. En Montpellier trabajaron con colonias de una sola reina, y en el hobby hay de todo: tiendas que la venden como monógina y otras que ofrecen colonias de varias reinas.

Nuestra experiencia es clara: M. ibericus es muy poligínica, y en sus colonias conviven varias reinas. Por eso la ofrecemos con una, dos o tres, y te recomendamos las colonias con varias reinas, porque, en nuestra experiencia, las reinas de esta especie no son muy longevas. Con varias, la puesta no depende de una sola y la colonia tiene muchas más opciones de durar.

Ojo con la bibliografía: un estudio de 1971 describió como «multicoloniales» las poblaciones alemanas de Renania, hoy identificadas como M. ibericus. No quiere decir que tengan muchas reinas, sino que cada colonia es una unidad separada de sus vecinas, lo contrario de las poblaciones unicoloniales, cuyos nidos no marcan fronteras entre sí. La multicolonialidad habla de cómo se relacionan las colonias; la poliginia, de cuántas reinas hay en cada una.

Vuelos, fundación y reinas de combate

Cada reina joven necesita aparearse con machos de las dos especies: los ibericus le darán princesas, y los structor, clónicos o silvestres, las obreras. Los vuelos nupciales están documentados en Renania, aunque sin fechas publicadas, y según los criadores la fundación es claustral: la reina cría a sus primeras obreras encerrada, con sus reservas.

Como en otras Messor, en las colonias maduras en cautividad pueden aparecer reinas de combate: princesas que no han podido volar y se quedan trabajando como obreras, con una agresividad llamativa. Te lo contamos a fondo en la ficha de Messor barbarus.

Tamaño y morfología

Es una Messor de tamaño medio, de la subfamilia Myrmicinae, con obreras polimórficas: minors, medias y majors, en una gradación continua.

  • Mate y parda. Es su seña de identidad frente a las Messor negras y brillantes. Según la redescripción de 2018, las obreras tienen la cabeza y el tórax de marrón claro a marrón rojizo y el gáster más oscuro, y las majors y la reina son de marrón oscuro. En nuestras colonias se ven de un pardo negruzco mate, con patas y mandíbulas rojizas y majors de cabeza pardo rojiza.
  • Peluda y esculpida. Finas costillas recorren casi toda la cabeza, con muchos pelos erectos en los lados: esa escultura le quita el brillo.
  • Majors. Cabeza robusta y mandíbulas potentes, aunque suelen ser más pequeñas que en M. ponticus o M. mcarthuri.
  • Reina. Es la más pequeña de las cinco especies del antiguo «M. structor», más o menos del tamaño de una major, con los lados del tórax microrreticulados y mates.
  • Desarrollo. Como en todas las mirmicinas, las pupas van desnudas, sin capullo.

Machos peludos y machos lampiños

En casi todas las hormigas, los machos de una colonia se parecen. En M. ibericus conviven dos tipos: los peludos, que son ibericus, y los casi lampiños, los structor clónicos, que se distinguen también por la forma del tórax. En los nidos estudiados había más o menos la mitad de cada uno. Si tu colonia llega a producir alados, fíjate bien: estarás viendo la xenoparidad con tus propios ojos.

Cómo distinguirla de otras Messor

De M. structor no se distingue a simple vista. Con lupa, ibericus tiene corto el primer segmento del funículo, la parte de la antena que sigue al escapo, y la base del escapo sin lóbulo, con una pequeña apófisis en forma de diente; structor tiene ese segmento largo y un lóbulo redondeado. La reina de structor, además, tiene los lados del tórax lisos y brillantes en el centro. Para los casos dudosos, la revisión de 2018 propuso una fórmula con dos medidas de la antena que acierta en el 96,8 % de los casos.

De M. barbarus es más fácil: barbarus es negra y brillante, con majors que suelen tener la cabeza roja, e ibericus es parda, mate y peluda, sin ese contraste. Y de Messor capitatus la separa también el brillo: capitatus es de un negro intenso y lustroso, con majors de cabeza enorme.

Medidas aproximadas

La literatura científica no da longitudes en milímetros: la revisión de 2018 midió la cabeza y las antenas, pero no publicó tallas. Lo que sí describe son las proporciones:

  • Obreras: de tamaño medio dentro del complejo, parecidas a M. structor y M. muticus, con mucha variación entre minors y majors.
  • Majors: por lo general, más pequeñas que las de M. ponticus y M. mcarthuri.
  • Reina: la más pequeña de las cinco especies, de un tamaño parecido al de una major.

Las cifras en milímetros que circulan por internet no tienen respaldo científico, así que no las damos.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 1/5 – Principiante

Detrás de su genética de ciencia ficción hay una hormiga muy agradecida: come semillas de cualquier despensa y las guarda en su granero, no pica, no es escapista y perdona los pequeños despistes. Sus claves son un hormiguero que no pueda roer, el granero seco separado de la zona húmeda, agua siempre, mucha proteína con limpieza de restos y la diapausa en invierno.

Y ofrece algo que ninguna otra especie puede darte: cada obrera de tu hormiguero es híbrida de dos especies, hija de una reina que guarda dentro el esperma de otra especie y lo usa, de vez en cuando, para fabricar sus machos.

Parámetros recomendados

  • Temperatura, de primavera a otoño: 22–28 °C en la zona más cálida del nido. Como referencia, el laboratorio de Montpellier mantenía sus colonias a 25 °C. Si das calor, que sea suave y en un extremo, y que el nido no pase de 30 °C.
  • Humedad: en ese laboratorio, un 40 % de humedad relativa ambiental. En el nido, una zona húmeda, sin encharcar, para la cría, y un granero seco; el forrajeo, seco.
  • Agua: siempre, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo, también en la diapausa.
  • Luz: nido oscuro y forrajeo con la luz normal de la habitación, sin sol directo.
  • Diapausa: de noviembre a marzo, por debajo de unos 20 °C.

Hormigueros recomendados

En Antomas recomendamos los Qbik de la gama Alpha de Anthouse, modulares y de materiales que una Messor no puede roer. Para empezar, un QBIK ONE con galerías medianas, a la medida de una colonia de 50–200 obreras.

Cuando la colonia crezca, amplía con un QBIK DUO, siempre con galerías más grandes en cuanto salgan los majors, que necesitan pasillos amplios para moverse con su carga.

Ni yeso, ni ytong, ni materiales blandos. Como M. barbarus, esta especie roe: los criadores cuentan que excava el yeso y el hormigón celular, sobre todo el yeso húmedo, que es justo el de la zona de cría. Por eso, la gama Alpha y no los modelos de yeso.

Granero seco y zona húmeda

Es el detalle clave en cualquier Messor: el exceso de humedad hace germinar las semillas almacenadas o las enmohece.

  • Zona húmeda para la cría, sin agua estancada.
  • Granero seco, lejos de esa humedad, donde ellas apilarán las semillas.
  • Cámaras amplias y de fondo plano, donde los criadores las ven moler el grano y preparar el «pan de hormiga», la pasta de semillas masticadas que dan a las larvas.
  • Nada de pulverizar agua en el nido: humedece solo la zona prevista.
  • Bebedero para el azúcar, nunca un algodón empapado, que fermenta y enmohece en pocos días.

Colonias con varias reinas

Una colonia con dos o tres reinas llega ya formada y no necesita cuidados especiales. Solo ten en cuenta esto:

  • Más reinas, más espacio. Según los criadores, estas colonias crecen más deprisa y piden ampliaciones antes.
  • Más proteína. Cada reina la necesita para poner.
  • No juntes reinas ni colonias de distinto origen. Que una colonia conviva con sus reinas no significa que acepte otras desconocidas: hay riesgo de peleas.
  • Si una reina muere, no te alarmes. Es la ventaja de la poliginia: las demás siguen poniendo. Retira el cuerpo si las obreras no lo han llevado al basurero.

Llegada y mudanza

Al recibir la colonia, déjala en un sitio tranquilo, a temperatura ambiente y con agua. En Antomas la instalamos por volcado: se abre el recipiente y se vuelca todo (obreras, reinas, cría y semillas) en el hormiguero nuevo, con unos golpecitos y un pincel suave para las rezagadas. Hazlo sin miedo: en pocas horas se habrán instalado. Con varias reinas, comprueba que han entrado todas. En cada ampliación se repite la operación.

Alimentación

Semillas de todo tipo. En nuestra experiencia, a las Messor les gusta prácticamente todo. Combina alpiste, mijo, amaranto, chía, semillas de césped y de diente de león, avena y otros cereales, cáñamo triturado o frutos secos pequeños, sin sal y sin tostar; en Montpellier les daban semillas de gramíneas. Mientras no haya majors, semillas pequeñas y blandas; con majors, también duras. Déjalas en el forrajeo para que las lleven al granero y retira las que germinen o enmohezcan.

Proteína, mucha. Es la clave del crecimiento, y más con varias reinas poniendo. Insectos y, como complemento, carne o pescado mejor cocinados: pollo, atún o jamón cocido sin aditivos. Por su tamaño, la Thermobia domestica es perfecta para colonias pequeñas, y para las grandes van muy bien el grillo, Acheta domesticus, la cucaracha argentina, Blaptica dubia, o la cucaracha runner, Shelfordella lateralis, troceados si hace falta. Lo que no coman en 24–48 horas, fuera.

Alimentar mucho, limpiar a menudo. Con mantenimiento diario y retirada de restos, conviene sobrealimentar: una colonia que percibe abundancia cría más y más deprisa. Si no puedes limpiar a menudo, ajusta la cantidad, porque la proteína olvidada atrae moho y ácaros.

Variedad. Cambia de insecto cada semana y alterna las semillas. El azúcar es secundario en una granívora, y según los criadores la miel les atrae menos que a otras hormigas. Como complemento, el Néctar Blue Sugar de Anthouse, en bebedero y nunca en algodón: en Antomas lo ofrecemos una o dos veces al mes. Y agua, siempre, en su tubo.

Crecimiento de la colonia

En Antomas vendemos esta especie en colonias ya formadas, con una, dos o tres reinas y 50–200 obreras, así que te ahorras la fundación. El ritmo depende de la temperatura y, sobre todo, de la proteína. Según los criadores, de huevo a obrera pasan unas 4–7 semanas:

  • De huevo a larva: unos 9–15 días.
  • De larva a pupa: unos 12–15 días.
  • De pupa a obrera: unos 10–20 días.

Las majors tardan algo más. Su llegada abre una nueva fase, con semillas más duras y un crecimiento más rápido: es el momento de ampliar. Y si un día aparecen alados, recuerda que en el laboratorio una colonia de una sola reina tardó unos 18–19 meses en dar sus primeros machos, de las dos especies.

Diapausa

Como hormiga de clima estacional, necesita su reposo invernal. En Antomas lo hacemos de noviembre a marzo, por debajo de unos 20 °C; muchos criadores bajan a 10–15 °C, y las dos opciones funcionan.

  • En otoño pedirán menos proteína: ofrécela según la acepten y deja que llenen el granero.
  • Sin calor: una habitación fresca, sin calefacción, o un lugar donde la temperatura baje sola.
  • El tubo de agua, lleno todo el invierno.
  • Cambios graduales al entrar y al salir, en noviembre y en marzo.
  • Un vistazo cada semana o dos, por si hay moho o falta agua.

Según los criadores, sin diapausa la reina puede dejar de poner y la colonia, decaer. En primavera, la puesta se reanuda y la colonia despega.

Comportamiento en cautividad

Una casa ordenada. En pocos días llevan la cría a la zona húmeda, las semillas al granero y los desperdicios a un basurero en el forrajeo. Vacíalo de vez en cuando.

Molineras. Según los criadores, las majors trituran las semillas que las pequeñas no pueden abrir.

Territoriales. No conectes su hormiguero con el de otra colonia de Messor, ni siquiera de su especie.

Observar sin miedo. Las hormigas están para disfrutarlas y aprender de ellas: zona oscura en el nido, luz en el forrajeo, delicadeza y la mínima intervención. Se acostumbran pronto a ti.

Señales de alerta: reinas fuera del nido (agua o espacio), moho en el granero (humedad donde no debe) o muchas bajas seguidas (agua, temperatura y restos).

Fugas y manejo

En nuestra experiencia no son escapistas, salvo si les falta comida, agua o espacio. Con una barrera de aceite mineral o PTFE en el forrajeo y un hormiguero a su medida, no darán problemas; vigila, eso sí, tapones y piezas blandas, porque roen.

En la práctica no pican, como mirmicinas no tienen ácido fórmico y la mordida de las majors es de simple presión. Aun así, para volcarlas o limpiar, usa pincel o pinzas blandas, por las reinas. Y no las sueltes nunca en la naturaleza.

Qué no hacer

  • Instalarlas en yeso, ytong u otros materiales blandos: los roen, sobre todo húmedos.
  • Mezclar el granero con la zona húmeda o dejar semillas junto al algodón.
  • Pulverizar agua dentro del nido.
  • Escatimar la proteína, sobre todo con varias reinas.
  • Olvidar la proteína animal más de 24–48 horas o dejar crecer el basurero.
  • Darles azúcar a menudo: una o dos veces al mes basta.
  • Poner los líquidos azucarados en algodón en lugar de en un bebedero.
  • Quedarse corto de espacio: las colonias con varias reinas crecen deprisa.
  • Forzar la unión de reinas o colonias de distinto origen.
  • Prescindir de la diapausa o pasar de golpe del frío al calor.
  • Dejar vacío el tubo de agua, en verano o en invierno.
  • Esconderlas: obsérvalas con calma y disfrútalas.

Fuentes científicas

Esta ficha se basa en la bibliografía científica sobre Messor ibericus, la xenoparidad y la hibridogénesis en hormigas, y en la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

  1. Helms Cahan, S. & Keller, L. (2003). Complex hybrid origin of genetic caste determination in harvester ants. Nature 424: 306–309. doi:10.1038/nature01744
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  3. Schlick-Steiner, B. C., Steiner, F. M., Konrad, H., Markó, B., Csősz, S., Heller, G., Ferencz, B., Sipos, B., Christian, E. & Stauffer, C. (2006). More than one species of Messor harvester ants (Hymenoptera: Formicidae) in Central Europe. European Journal of Entomology 103: 469–476. doi:10.14411/eje.2006.060
  4. Romiguier, J., Fournier, A., Yek, S. H. & Keller, L. (2017). Convergent evolution of social hybridogenesis in Messor harvester ants. Molecular Ecology 26: 1108–1117. doi:10.1111/mec.13899
  5. Steiner, F. M., Csősz, S., Markó, B., Gamisch, A., Rinnhofer, L., Folterbauer, C., Hammerle, S., Stauffer, C., Arthofer, W. & Schlick-Steiner, B. C. (2018). Turning one into five: integrative taxonomy uncovers complex evolution of cryptic species in the harvester ant Messor "structor". Molecular Phylogenetics and Evolution 127: 387–404. doi:10.1016/j.ympev.2018.04.005
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Principiante
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