Comprar Camponotus micans – Colonia de hormigas | Antomas
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Camponotus micans

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Terciopelo negro que se enciende al sol. Camponotus micans, «la que centellea», guarda un secreto: su piel es mate, y el destello plateado y dorado que recorre su gáster nace de miles de pelillos. Prima ibérica de la gran C. cruentatus y una de las dos únicas Myrmosericus de la península, reina en los prados secos y los pedregales del sur, a caballo entre Europa y el Magreb. Monogínica, resistente y sin peligro alguno, vive al compás del Mediterráneo: veranos de calor, inviernos de reposo. Una de las Camponotus autóctonas más agradecidas para quien se inicia. Reinas fundadoras con prole. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 1/5 – Principiante

Hormiga carpintera ibérica, negra y mate, con el gáster recorrido por un pelillo que centellea en plata y oro. Comparte con C. cruentatus el subgénero Myrmosericus, que en la península no tiene más especies. Llega en forma de reina fundadora con prole, con una única reina por nido, que saca adelante sin ayuda a sus primeras hijas. Se funda en un Qbik Wild y se pasa después a la gama Alpha. Le gustan los 24–28 °C con un rincón más templado, el nido seco, un bebedero de néctar que nunca se vacíe e insectos en abundancia. Reposo invernal (diapausa): unos tres meses a 12–15 °C. Sube por las paredes: frénala con aceite mineral o talco.

Camponotus micans (Nylander, 1856) es una carpintera de gran tamaño, con obreras de varias tallas, propia del sur de la península ibérica y del norte de África. A primera vista parece una hormiga negra sin más, pero basta un rayo de sol para que el gáster se encienda con bandas de pelillo plateado y dorado. De ahí su nombre: en latín, micans quiere decir «la que centellea».

Es autóctona, amante del calor y habitante de prados secos y pedregales soleados. Para quien se estrena con las Camponotus es una gran elección: serena, nada caprichosa con la comida y con un calendario anual marcado por el clima mediterráneo. Como su biología apenas se ha estudiado, en cada apartado indicamos si un dato procede de la literatura científica, de la experiencia de otros aficionados o de nuestras propias colonias.

Biología

«La que centellea»: un nombre puesto a un destello

La describió en 1856 el naturalista finlandés William Nylander, como Formica micans, a partir de obreras recogidas en Argelia. Nylander es más recordado hoy como uno de los grandes especialistas en líquenes del siglo XIX, pero antes dedicó buena parte de su trabajo a las hormigas.

Micans es el participio presente del verbo latino micō, «centellear» o «titilar», el que usaban los autores latinos para el parpadeo de las estrellas. No sabemos si Nylander explicó su elección, pero basta ver una obrera caminando a pleno sol para entenderla.

Hoy su nombre completo es Camponotus (Myrmosericus) micans, y así la mantiene la revisión de los subgéneros de Camponotus de Ward y Boudinot (2021). En 1939 se describió además una subespecie, C. micans asniensis Santschi, con ejemplares de las montañas del Atlas marroquí.

Brilla sin ser brillante

Aquí está su gran curiosidad. Vista con lupa, su piel, la cutícula, no brilla: es mate, porque la cubre una microescultura reticulada, una red finísima de relieves que dispersa la luz en lugar de reflejarla. El destello sale de la pubescencia: una capa densa de pelillos cortos y tumbados, de tono amarillento, que en conjunto se ven plateados.

En el gáster, en las uniones entre los segmentos, esos pelos son más largos y van de través, así que el abdomen aparece rayado por franjas que se encienden y se apagan según el ángulo de la luz. En nuestras colonias, el destello va del plata al dorado según el ejemplar y la iluminación.

Sus vecinas del subgénero Tanaemyrmex, como C. barbaricus o C. sylvaticus, hacen justo lo contrario: tienen la cutícula lisa y brillante, como lacada, y casi no tienen pelo en el gáster. C. micans tiene la piel apagada y el brillo «prestado».

¿Para qué sirve ese pelo? Es tentador compararlo con el de la Cataglyphis bombycina del Sáhara: en 2015, un estudio publicado en Science demostró que sus pelos, de sección triangular, reflejan la luz del sol y ayudan a irradiar calor. En C. micans nadie lo ha estudiado, y su pelillo fino y tumbado no tiene la misma estructura, así que su función sigue siendo un misterio bonito.

La prima ibérica de C. cruentatus

En la península solo hay dos Camponotus del subgénero Myrmosericus: C. micans y la Hormiga Gigante Cruenta, C. cruentatus, como recoge García (2025) en su trabajo sobre las Camponotus del noroeste peninsular. Los mirmecólogos Gómez y Espadaler lo llaman «grupo cruentatus», y lo reconocen por unos rasgos que comparten las dos:

  • Clípeo, la placa que hay sobre las mandíbulas, con una arista central y el borde delantero en forma de lóbulo rectangular.
  • Mandíbulas armadas con 7 u 8 dientes.
  • Cuerpo mate y gáster muy pubescente, de aspecto aterciopelado.

Son primas, pero se distinguen bien. C. cruentatus tiene la parte trasera del tórax y la mitad delantera del gáster anaranjadas o rojo sangre. C. micans es negra de la cabeza al gáster, y lo que la delata es el destello, no el color.

En un género de más de mil especies como este, fiarse del parecido es arriesgado. El propio título del trabajo de Ward y Boudinot habla de «lidiar con la homoplasia», es decir, con rasgos que se parecen porque evolucionaron varias veces por separado, no por parentesco. Por eso el subgénero se decide con lupa.

Entre las dos orillas del Mediterráneo

C. micans vive a ambos lados del estrecho. En Europa ocupa sobre todo la mitad sur de la península ibérica: Andalucía, el sur de Portugal, Extremadura, La Mancha, Madrid y el Levante. En el portal internacional de registros de biodiversidad GBIF, muchos de los datos portugueses se concentran en el Algarve. Fuera de la península vive en Sicilia y Calabria y en el Magreb: Marruecos, Argelia y Túnez. García (2025) la describe como mucho más meridional que C. cruentatus, y no hay registros en Galicia ni en las Baleares.

Se lee a veces que es «originaria de África». Nada lo respalda: es nativa de las dos orillas, y que se describiera con obreras argelinas es una casualidad de la historia de la ciencia, no una pista sobre su origen.

Su clima. Es una hormiga de clima mediterráneo cálido, con veranos largos y secos, en los que las máximas medias de julio pasan de 32–36 °C en las zonas bajas del sur, e inviernos suaves, con medias de unos 10–13 °C entre diciembre y febrero. Ese invierno corto y templado explica el reposo que recomendamos: unos tres meses a 12–15 °C, sin frío extremo (ver «Diapausa: un invierno del sur»).

Una hormiga que pide sol

Nadie ha estudiado todavía su ritmo diario en la naturaleza, pero todo apunta a una especie termófila, que necesita calor para estar activa. Las fuentes divulgativas sitúan su actividad óptima por encima de unos 25 °C, y con el frío desaparece bajo tierra. Quienes la crían la ven más diurna que muchas otras carpinteras. Su prima C. cruentatus, en cambio, sí está estudiada: en Cataluña se la vio activa de día en primavera y en otoño.

Ser de sol tiene ventajas. Xim Cerdá y Javier Retana comprobaron que, entre las hormigas que pueblan el suelo mediterráneo, el termómetro decide quién come: con calor moderado mandan unas pocas especies dominantes, pero en las horas más tórridas se retiran, y las tolerantes al calor aprovechan el hueco. Lo llamaron la «disrupción térmica» de las jerarquías. C. micans no aparece en esos estudios, pero ayudan a entender cómo se abre paso una hormiga de sol en un prado lleno de competidoras.

Una casa bajo la piedra

Vive en lugares secos, cálidos y abiertos: prados, pastizales, claros de matorral y pedregales. Según las fuentes naturalistas, suele instalarse debajo de una piedra; la madera la usa poco, y algunos criadores hablan de nidos excavados directamente en la tierra.

La piedra no es casualidad. Una losa plana al sol se calienta deprisa y guarda el calor durante horas, y debajo la tierra se conserva más húmeda que al aire libre. Muchas hormigas mediterráneas aprovechan ese «radiador» natural para la cría. Lo verás en el hormiguero: la colonia lleva sus larvas al rincón más cálido.

Melaza, pulgones y una bacteria de confianza

No hay estudios sobre su dieta en la naturaleza, pero las Camponotus sacan gran parte de su energía de la melaza, el líquido azucarado que excretan los pulgones, las cochinillas y otros insectos que chupan savia, y su prima C. cruentatus es una cuidadora de pulgones bien documentada. A este intercambio se le llama trofobiosis: la hormiga «ordeña» a esos insectos y, a cambio, los protege de depredadores y parásitos. Una revisión clásica de 2005 recuerda que el trato no es fijo, sino que depende de cuánta melaza haya y de qué otras comidas encuentren.

Una dieta tan azucarada tiene truco. El secreto está en una bacteria, Blochmannia, que todas las Camponotus alojan en unas células del intestino y que la reina transmite a su descendencia a través del huevo. En 2007 se demostró en C. floridanus que fabrica aminoácidos esenciales, los que la hormiga no puede producir, y recicla el nitrógeno: con la bacteria reducida por antibióticos, las colonias criaban mucho menos con una dieta pobre. Eso sí, no es excusa para escatimar insectos: las larvas necesitan proteína para crecer (ver «Alimentación»).

Un arma de ácido en lugar de aguijón

Pertenece a las formicinas, una subfamilia que perdió el aguijón. En la punta del gáster está el acidoporo, una pequeña boquilla por la que sale el veneno, que es sobre todo ácido fórmico. Si se siente atacada, muerde y dobla el gáster hacia delante para rociarlo.

El ácido sirve para algo más. En 2020, un equipo publicó en eLife que estas hormigas ingieren parte de su propio ácido: durante el aseo se llevan el acidoporo a la boca y mantienen muy ácido el buche, ese depósito compartido en el que guardan el alimento que luego reparten, y así filtran los microbios. Los ensayos se hicieron con C. floridanus y otras especies de la subfamilia. Si ves a una obrera encorvada, mordisqueándose la punta del abdomen, no está enferma: se está desinfectando.

Una reina para cada colonia

Ni en la naturaleza ni en cautividad se ha descrito un nido de C. micans con más de una reina: todos los criadores la tratan como monogínica. Es lo esperable. Boulay y sus colegas revisaron en 2014 casi 150 especies de la región paleártica y concluyeron que la monoginia es la condición original, y que tener varias reinas suele ir unido a sociedades enormes.

La fundación es claustral. Tras el vuelo nupcial, la reina pierde las alas y se sella en una cámara bajo una piedra. Allí alimenta a sus primeras larvas consumiendo sus propias reservas: grasa y la musculatura del vuelo, ya inútil. Keller y Passera midieron en 1989 reinas de numerosas especies y vieron que las de fundación claustral pesan más y acumulan más lípidos que las que dependen de obreras.

¿Hasta dónde crece una colonia? No hay datos científicos. Los criadores hablan de unos cientos de obreras, y alguna tienda, del millar. En Antomas vemos que, bien cuidadas y con mucha proteína, pueden llegar a crecer bastante.

Vuelos nupciales: un calendario por descifrar

Las observaciones publicadas se contradicen: unas sitúan los vuelos a finales de la primavera o principios del verano, en noches cálidas y húmedas; otras, a finales del verano, a menudo tras una tormenta. No hay un estudio que fije los meses. Si algún día encuentras una reina alada de C. micans, anota la fecha, la hora y el tiempo que hacía: es un dato que todavía falta.

¿Una reina de dos o tres años? Un mito

En algún foro se ha escrito que la reina de C. micans vive solo dos o tres años. No hay ninguna fuente detrás, y no encaja con el género. Las reinas de hormiga están entre los insectos más longevos, y viven muchísimo más que sus obreras: en las Camponotus, una reina australiana criada por Caryl y Edna Haskins vivió 23,2 años. Nadie ha medido la longevidad de C. micans, pero una reina bien cuidada es una compañera para muchos años, no para dos inviernos.

Tamaño y morfología

Hormiga carpintera grande, polimórfica y sin aguijón. No hemos encontrado una descripción moderna accesible, así que reunimos aquí los caracteres de las claves ibéricas y norteafricanas y lo que vemos en nuestras colonias.

  • Color. Negra de arriba abajo: cabeza, tórax, gáster y patas. En nuestras colonias, todo negro salvo las franjas de pelo plata u oro del abdomen.
  • Superficie. Mate, por la microescultura reticulada.
  • Pubescencia. Densa en el gáster, de pelillos amarillentos que se ven plateados, más largos y transversales en las uniones de los segmentos.
  • Cabeza. Clípeo con arista y lóbulo rectangular, y siete u ocho dientes en cada mandíbula. En las majors, la cabeza es mucho más voluminosa y ancha que en las minors.
  • Castas. Polimorfismo marcado, con minors, medias y majors. Las majors son robustas y se acercan al tamaño de la reina.
  • Reina. Negra y mate, con abundante pelillo amarillento en la cabeza y el gáster.
  • Macho. No hemos encontrado ninguna descripción accesible.

Cómo reconocerla

  • Frente a C. barbaricus, C. sylvaticus y otras Tanaemyrmex: esas relucen, apenas tienen pelo en el abdomen y a menudo llevan el tórax rojizo.
  • Frente a C. vagus: la otra carpintera negra y grande es de otro subgénero, está cubierta de pelos largos y erectos y anida en madera.
  • Frente al grupo de C. lateralis: son especies medianas, cuyas obreras mayores no pasan de unos 7 mm, y sin parentesco cercano.
  • Frente a C. haroi: en la clave ibérica, las minors de C. micans no tienen una depresión marcada entre el tórax y el propodeo, y su gáster es mucho más pubescente.

Medidas

No hemos encontrado en ninguna fuente científica accesible las tallas de cada casta de C. micans. Las cifras que circulan en tiendas y fichas de cría varían tanto, con reinas de 11 a casi 20 mm según quién las dé, que preferimos no reproducirlas. La referencia científica más cercana es la de su prima: las obreras de C. cruentatus llegan a 13 mm, según García (2025). Lo que sí verás en casa: las primeras hijas de la reina salen diminutas, y cada nueva tanda es un poco más grande que la previa.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 1/5 – Principiante

Es de las Camponotus más sencillas, la puerta de entrada ideal a las autóctonas:

  • Aguanta mucho: viene de veranos abrasadores e inviernos templados.
  • Su diapausa no complica nada: le basta un rincón fresco de la casa o una vinoteca, sin nevera.
  • No es exigente con la dieta: néctar y cualquier insecto de tamaño adecuado.
  • Es tranquila y no es peligrosa para las personas.

Lo que pide es calor en la temporada activa, paciencia el primer año, porque las Camponotus arrancan despacio, y una buena barrera. A cambio, ofrece algo que pocas hormigas tienen: una colonia que centellea a la luz del forrajeo.

Temperatura, humedad y luz

  • Nido: de primavera a otoño, 24–28 °C, con un extremo más cálido, de 26–30 °C. Los criadores recomiendan para el nido 21–28 °C, y alguno cuenta que su reina no se animó a poner hasta rondar los 30 °C: ese rincón templado ayuda mucho en la fundación.
  • Zona de forrajeo: a temperatura ambiente o algo más cálida, y siempre seca.
  • Humedad: poca en el nido. Basta una esquina algo húmeda a la que la colonia pueda llevar la cría si la necesita.
  • Agua: un tubo de ensayo lleno, taponado con algodón, siempre a mano en la zona de caza.
  • Luz: oscuridad en las cámaras, claridad en la zona de caza y el ritmo natural de días y noches.
  • Diapausa: unos 3 meses a 12–15 °C; empieza en noviembre o diciembre y termina en febrero.

Para calentar, coloca en un costado del nido una manta o un cable térmico regulado por termostato. Así hay gradiente, la colonia escoge y tú imitas la piedra caliente de su nido natural. Evita el sol directo y los radiadores. Si ves condensación o moho, sobra humedad; si la cría se apiña en la zona húmeda, falta.

Hormigueros recomendados

En Antomas recomendamos fundar en un Qbik Wild de Anthouse. Son de yeso, un material que conserva la humedad, y su tamaño es ideal para una reina con sus primeras obreras. Para empezar, el Qbik Wild One P 1C, de galerías de tamaño medio:

¿Hace falta más espacio antes de cambiar de gama? Entonces, su hermano mayor de doble cámara:

Cuando la colonia esté asentada, pásala a la gama Alpha: el QBIK ONE y, más adelante, el QBIK DUO, también de galerías medias. Son modulares; la humedad llega por los tubos y las cámaras se mantienen secas, justo lo que esta especie prefiere. Además, cuestan menos y son más ligeros, una ventaja real porque, bien cuidadas, estas colonias pueden llegar a crecer bastante:

Ve ampliando según lo pida la colonia, nunca por adelantado: las cámaras vacías de un nido sobredimensionado terminan llenas de desperdicios. El resto del montaje:

  • Una franja antifugas en lo alto del forrajeo, de aceite mineral o talco.
  • Suelo de forrajeo seco, con algo de arena y una o dos piedras planas que recuerden su hábitat, lejos de la barrera.
  • Agua en tubo, con su tapón de algodón, y un bebedero aparte para el néctar.
  • Calor por un lado del nido, con termostato y alejado del bebedero.

Las primeras semanas con tu reina

Te enviamos una reina fundadora con prole, ya fecundada y con huevos, larvas o pupas, dentro de un tubo con su reserva de agua detrás del algodón. Como funda de forma claustral, no tiene que salir a buscar comida para sacar adelante a sus primeras hijas. De momento, tu papel es sencillo:

  • Calor suave y estable. Deja el tubo como llega, en un sitio tranquilo y oscuro, a 24–28 °C, con un extremo cerca de la zona templada y sin superar los 30 °C.
  • Pocas molestias. Es la única etapa en la que conviene tocar poco: una reina acosada puede comerse algunos huevos. Echarle un vistazo de vez en cuando no le hace daño; moverla a cada rato, sí.
  • Reserva de agua. Cuando se agote o el tubo esté muy sucio, vuelca la colonia en otro limpio.
  • Una gotita dulce. De vez en cuando, una microgota de néctar diluido en un pedacito de aluminio, jamás sobre el algodón: criaría moho y echaría a perder el agua.

¿Cuánto tarda la primera obrera? Depende de la temperatura: en las Camponotus europeas, el desarrollo completo, de huevo a obrera, lleva normalmente entre 6 y 12 semanas. Y si la reina llega en otoño, es posible que la cría se quede parada hasta la primavera: es lo normal en una especie con diapausa.

Las primeras obreras son pequeñas, tímidas y más frágiles que las siguientes. En cuanto nazcan, pon un bebedero pequeño con néctar y un pedazo de presa un par de veces por semana; lo que no coman, fuera al día siguiente.

Mudanza por volcado

En Antomas pasamos la colonia al hormiguero cuando tiene al menos 5 obreras, y lo ideal es hacerlo con 5–10, al Wild One P 1C. La mudamos por volcado: no esperamos a que decidan irse ellas.

  1. Ten listo el hormiguero: barrera aplicada, agua conectada y cámaras en penumbra.
  2. Hazlo encima de una bandeja: si alguna obrera se escapa por el tubo o las herramientas, no irá lejos.
  3. Destapa el tubo dentro del forrajeo, junto a la entrada del nido, y deja caer con cuidado todo su contenido: reina, obreras y cría.
  4. Las que se queden dentro, empújalas con un pincel.
  5. Cierra y no las molestes: en poco rato habrán metido toda la cría en el nido.

El salto posterior a la gama Alpha se hace igual.

Alimentación

Néctar a todas horas. Una hormiga que en el campo vive de la melaza que segregan pulgones y cochinillas no puede quedarse nunca sin azúcar. Sírvelo en un bebedero, no en algodón: el algodón empapado de néctar fermenta y se cubre de moho en pocos días. Vale uno comercial o uno hecho en casa, siempre que la gota quede extendida, sin empapar nada, y las obreras lleguen bien. Alterna sabores: el Blue Sugar, el néctar de Anthouse, la mayoría de los días (4–5 a la semana), y otro néctar o agua con azúcar los 1–2 restantes. Al néctar se le puede añadir un poco de proteína.

Insectos sin miedo. Las larvas crecen con proteína, y nuestra regla es generosa: quien limpia cada día los restos puede, y debe, dar de más, porque una colonia que nota abundancia pone más huevos y crece antes. Si no puedes revisar el forrajeo a menudo, ajusta la ración, porque los restos que se pudren atraen ácaros y hongos. Algunas ideas:

Con pocas obreras, basta con proteína dos o tres veces por semana; con muchas, a diario o en días alternos. Compra los insectos a un proveedor de confianza, porque los que han tocado insecticidas pueden acabar con la colonia. Y el agua, que no falte en el tubo del forrajeo.

Crecimiento: un arranque tranquilo

Como casi todas las Camponotus, empieza despacio. El primer año es el de la paciencia: pocas obreras, mucha cría y una reina que va cogiendo ritmo. A partir del segundo, con calor en la temporada activa, su descanso invernal bien hecho y proteína a diario, el crecimiento se nota de verdad. Nadie ha publicado en qué momento aparecen las majors de esta especie; en las Camponotus suelen tardar, porque antes la colonia necesita un buen número de obreras. Amplía cuando veas muchas hormigas paradas en el forrajeo porque dentro ya no caben.

Diapausa: un invierno del sur

C. micans necesita un descanso invernal, la diapausa. Incluso en el sur más cálido, de diciembre a febrero la media del aire no llega a unos 13 °C, y la colonia se refugia bajo su piedra. Además, quienes la crían hablan de un reloj interno de la reina que reclama ese parón, aunque la tengas a 25 °C todo el año.

Sobre los detalles no hay consenso: hay quien propone un reposo suave a 15–18 °C, de finales de noviembre a principios de febrero, y quien alarga el frío hasta cinco meses a 12–15 °C. Nosotros nos quedamos en el término medio: unos 3 meses a 12–15 °C, arrancando en noviembre o diciembre y acabando en febrero.

  • Entrada suave. En noviembre, apaga la calefacción del nido y deja que los grados bajen poco a poco durante 2–3 semanas.
  • Tres meses tranquilos entre 12 y 15 °C: una habitación sin calefacción, una despensa o una vinoteca. La nevera, nunca.
  • El tubo de agua sigue en su sitio todo el invierno.
  • Comida mínima: algo de néctar en el bebedero por si alguna obrera lo quiere, y ningún insecto. Que la cría se detenga es lo esperable.
  • Salida igual de suave. Desde mediados o finales de febrero, vuelve a subir los grados a lo largo de 2–3 semanas.

Los criadores veteranos insisten en una cosa: nada de calor antes de tiempo. Sacar a la reina de su letargo en pleno enero no adelanta la temporada y puede restarle vida. Cuando reaparezcan la actividad y los huevos, vuelve a dar insectos.

Comportamiento y observación

Prudentes al principio, seguras después. Las obreras pequeñas de una colonia joven son asustadizas y se esconden ante un movimiento brusco. A medida que la colonia crece y aparecen obreras más grandes, gana confianza y ocupa el forrajeo con soltura.

Gestos que merece la pena ver. La cría viaja por el nido según la temperatura, buscando su «piedra caliente». Fíjate también en la trofalaxia, cuando dos obreras se pasan comida boca a boca, y en el aseo del acidoporo. Y mira el forrajeo con la luz de lado: es cuando las bandas del gáster centellean.

Mírala todo lo que quieras. Una colonia de hormigas es para disfrutarla y aprender de ella, no para esconderla en un armario: así lo vemos en Antomas. Con las cámaras a oscuras y la zona de caza iluminada, puedes observarla cada día; solo procura no zarandear el nido ni intervenir más de lo necesario.

Señales de alarma:

  • La cría no avanza en plena temporada activa: casi siempre falta calor o proteína.
  • Gotas en las paredes, moho o ácaros: exceso de agua o comida olvidada.
  • Larvas y pupas apiladas junto a la esquina húmeda: el nido se ha quedado demasiado seco.

Que no se escapen

Como todas las carpinteras, sube sin problema por plástico y cristal, y C. micans no es la excepción. Bien protegida, no se escapa:

  • Aceite mineral o talco en el borde superior del forrajeo, sin cortes. Cambia el aceite cuando coja polvo y el talco cuando se apelmace por la humedad.
  • Una tapa que cierre bien, por si alguna supera la barrera.
  • Conexiones y tapones revisados, sobre todo al pasar a la gama Alpha y añadir módulos.
  • Nada que haga de puente cerca de la barrera, y calma al abrir.

¿Muerde? Manejo y seguridad

No supone ningún riesgo. No tiene aguijón. Una obrera que se siente atacada puede morder, pero el mordisco de C. micans es flojo, más aún que el de las obreras grandes de C. cruentatus, y como mucho se queda en un pellizco. También puede soltar algo de ácido fórmico: solo manipulando muchísimas con los dedos podría salir algún callo, y eso sería exagerar, porque casi nunca pasa.

Por su bien, muévelas con un pincel o con pinzas de punta blanda, no con la mano. No mezcles colonias ni metas reinas nuevas en una colonia. Y aunque sea autóctona, una colonia criada en casa no debe liberarse en la naturaleza.

Qué no hacer

  • Meter dos reinas juntas o sumar una reina a una colonia que ya funciona.
  • Servir el néctar en algodón o dejar seco el bebedero.
  • Dar una sola clase de presa o permitir que los restos se acumulen.
  • Saltarse el reposo invernal, enfriar por debajo de cero o despertar a la colonia en enero.
  • Pasar de golpe del calor al frío, o del frío al calor.
  • Encharcar el nido o meter una colonia diminuta en un hormiguero enorme.
  • Olvidarse de renovar el aceite o el talco, o dejar conexiones flojas.
  • Liberar la colonia en la naturaleza.

Fuentes científicas

Para esta ficha hemos partido de la bibliografía científica sobre Camponotus micans, su subgénero y su género, de los registros de distribución y del clima de su área, y de lo que hemos aprendido en Antomas y han contado otros criadores. En la taxonomía ibérica nos hemos apoyado también en las claves de Gómez y Espadaler (Hormigas ibéricas) y en García (2025), Arquivos Entomolóxicos 32: 73–79. Referencias principales:

  1. Cagniant, H. (1996). Les Camponotus du Maroc (Hymenoptera: Formicidae): clé et catalogue des espèces. Annales de la Société entomologique de France (N.S.) 32: 87–100. doi:10.1080/21686351.1996.12278857
  2. Ward, P. S. & Boudinot, B. E. (2021). Grappling with homoplasy: taxonomic refinements and reassignments in the ant genera Camponotus and Colobopsis (Hymenoptera: Formicidae). Arthropod Systematics & Phylogeny 79: 37–56. doi:10.3897/asp.79.e66978
  3. Ward, P. S., Blaimer, B. B. & Fisher, B. L. (2016). A revised phylogenetic classification of the ant subfamily Formicinae (Hymenoptera: Formicidae), with resurrection of the genera Colobopsis and Dinomyrmex. Zootaxa 4072: 343–357. doi:10.11646/zootaxa.4072.3.4
  4. Janicki, J., Narula, N., Ziegler, M., Guénard, B. & Economo, E. P. (2016). Visualizing and interacting with large-volume biodiversity data using client–server web-mapping applications: the design and implementation of antmaps.org. Ecological Informatics 32: 185–193. doi:10.1016/j.ecoinf.2016.02.006
  5. Shi, N. N., Tsai, C.-C., Camino, F., Bernard, G. D., Yu, N. & Wehner, R. (2015). Keeping cool: enhanced optical reflection and radiative heat dissipation in Saharan silver ants. Science 349: 298–301. doi:10.1126/science.aab3564
  6. Cerdá, X., Retana, J. & Cros, S. (1997). Thermal disruption of transitive hierarchies in Mediterranean ant communities. Journal of Animal Ecology 66: 363–374. doi:10.2307/5982
  7. Retana, J. & Cerdá, X. (2000). Patterns of diversity and composition of Mediterranean ground ant communities tracking spatial and temporal variability in the thermal environment. Oecologia 123: 436–444. doi:10.1007/s004420051031
  8. Stadler, B. & Dixon, A. F. G. (2005). Ecology and evolution of aphid-ant interactions. Annual Review of Ecology, Evolution, and Systematics 36: 345–372. doi:10.1146/annurev.ecolsys.36.091704.175531
  9. Feldhaar, H., Straka, J., Krischke, M., Berthold, K., Stoll, S., Mueller, M. J. & Gross, R. (2007). Nutritional upgrading for omnivorous carpenter ants by the endosymbiont Blochmannia. BMC Biology 5: 48. doi:10.1186/1741-7007-5-48
  10. Tragust, S. et al. (2020). Formicine ants swallow their highly acidic poison for gut microbial selection and control. eLife 9: e60287. doi:10.7554/eLife.60287
  11. Boulay, R., Arnan, X., Cerdá, X. & Retana, J. (2014). The ecological benefits of larger colony size may promote polygyny in ants. Journal of Evolutionary Biology 27: 2856–2863. doi:10.1111/jeb.12515
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  14. Keller, L. & Genoud, M. (1997). Extraordinary lifespans in ants: a test of evolutionary theories of ageing. Nature 389: 958–960. doi:10.1038/40130
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