Manica rubida
La gigante roja de las montañas de Europa. Manica rubida es la mirmicina más grande del continente: vive desde casi el nivel del mar hasta más de 3.000 metros, levanta cráteres de tierra en las orillas de los ríos alpinos y defiende su nido con un aguijón cargado de un veneno de dos caras, con péptidos que paralizan insectos y una toxina que enciende los canales del dolor. Su reina funda a la antigua usanza: sale a cazar para criar a sus primeras obreras. Roja como el óxido, de patas largas y alma montañesa, con una diapausa de verdad y hambre de proteína. Reinas fundadoras con prole. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 3/5 – Avanzado
La mirmicina más grande de Europa: una hormiga roja de montaña, con aguijón, que vive desde casi el nivel del mar hasta más de 3.000 m en los Alpes y en otras cordilleras de Europa central y meridional. Reinas fundadoras con prole, de fundación semiclaustral: la reina necesita comer, así que empieza en un tubo con miniarena y con mucha proteína pequeña, como Thermobia. Después, nido de yeso Qbik Wild con una zona húmeda. Temperatura moderada (20–25 °C) y diapausa marcada de 4–5 meses a 5–10 °C. Pica: se maneja con pinzas, y no la recomendamos a personas alérgicas a las picaduras de insectos. Barrera de aceite mineral.
Manica rubida (Latreille, 1802) es una hormiga roja de montaña en el sentido más literal: grande, de un rojo óxido brillante, de patas largas y con un aguijón que sabe usar. Vive en los Alpes y en otras cordilleras de Europa central y meridional, soporta inviernos largos y fríos y anida en orillas de ríos, graveras y prados húmedos. Y tiene un récord: es la mirmicina más grande de Europa.
Es, además, una de las hormigas europeas más interesantes para la ciencia. Su veneno combina péptidos que paralizan insectos con una toxina que activa los canales del dolor de los vertebrados; su reina funda «a la antigua», saliendo a cazar, y en algunos valles alpinos sus colonias tienen reinas pequeñas que trabajan como obreras. En esta ficha separamos lo documentado, lo que cuentan los criadores y lo que recomendamos en Antomas para sacar adelante una fundación que, bien alimentada, va mucho más rápido de lo que dicen los libros.
Biología
La mirmicina más grande de Europa
Las mirmicinas son la subfamilia de hormigas más diversa del mundo y, de todas las europeas, la más grande es M. rubida: así lo recoge Bernhard Seifert en su obra de referencia sobre las hormigas de Europa central y del norte, y así lo repite el estudio de distribución que Patrick Krapf publicó en 2023. Sus obreras miden unos 6–8 mm, y las reinas grandes, 10–13 mm.
Parece una Myrmica gigante, y de hecho estuvo en ese género durante un tiempo. Pero la delata un detalle: el propodeo, la parte trasera del tórax, no tiene espinas, mientras que las Myrmica llevan ahí dos bien visibles. Con su tamaño y su color rojizo uniforme, es una de las hormigas más fáciles de reconocer de las montañas europeas. Los machos, en cambio, son completamente negros.
De casi el nivel del mar a más de 3.000 metros
Seifert la describe como frecuente en las montañas europeas entre 500 y 2.000 m de altitud. Pero en 2023 Krapf reunió 611 registros fiables de 19 países y encontró algo llamativo: los extremos van desde 6 m, casi al nivel del mar, en el norte de Alemania, hasta 3.098 m, en los Alpes franceses. Son más de 3.000 m de desnivel para una sola especie. La franja con más registros es la de 1.000–1.500 m, y hay 74 por encima de los 2.000 m.
Vive sobre todo en los Alpes (Francia, Suiza, Austria e Italia), el Macizo Central y los Cárpatos, y llega a los Balcanes, el Pindo, el Cáucaso, los montes Pónticos de Turquía, Georgia y Rusia. Y su mapa tiene un detalle muy moderno: el 81 % de los registros que usó Krapf procedía de plataformas de ciencia ciudadana, como iNaturalist y GBIF. Buena parte de lo que sabemos sobre dónde vive se lo debemos a aficionados con una cámara.
¿Y en la península ibérica?
La respuesta es clara: no hay ninguna cita. La base de datos GBIF, con más de 3.500 registros de la especie, no tiene ninguno de España, Portugal ni Andorra, y la lista de hormigas de Andorra publicada en 2013, con 75 especies, tampoco la incluye. El modelo de Krapf sí señala los Pirineos como una cordillera con un clima potencialmente adecuado para ella, pero un clima adecuado no es una población: hoy por hoy, M. rubida no forma parte de la fauna ibérica. Si algún día apareciera en los Pirineos, sería toda una noticia.
Orillas de ríos, graveras y prados húmedos
Seifert la define como una especie «moderadamente termófila y algo higrófila»: le gusta el sol, pero también un suelo que no se seque del todo. Anida en prados húmedos y turberas, en orillas de ríos, zonas arenosas abiertas, vegas fluviales y graveras, e incluso en antiguas minas a cielo abierto, bajo piedras o directamente en el suelo. Alrededor de la entrada levanta llamativos cráteres de tierra.
En el valle del Giffre, en los Alpes franceses, donde Alain Lenoir y su equipo la estudiaron durante años, ocupaba las orillas llanas del río, con poca vegetación y algunos alisos, sobre arena y grava. Sus nidos eran amplios, pero superficiales, y compartía el terreno con Formica selysi y F. lemani. Es el clima de la montaña templada: inviernos fríos, con nieve durante meses en las zonas altas, y veranos templados. Bajo una piedra al sol, eso sí, las cámaras se calientan bastante más que el aire.
Esa dependencia de los suelos frescos la hace vulnerable. En Alemania se considera casi amenazada, y Krapf señala dos riesgos: las sequías que trae el cambio climático y la expansión de Formica fuscocinerea, que la desplaza de las orillas de los ríos de baja altitud.
Un veneno con dos caras
Pocas hormigas europeas tienen un veneno tan estudiado, y lo que han encontrado los investigadores es un arsenal con dos funciones: péptidos para cazar insectos y toxinas para defenderse de los vertebrados.
En 2019, Heep y colaboradores aislaron un péptido de solo diez aminoácidos, el U-MYRTX-MANr1, y lo probaron en el pulgón del guisante. El veneno completo, a 1 mg/ml, mató a todos los pulgones en 24 horas. El péptido aislado los paralizaba de forma reversible, reducía su supervivencia y su descendencia, que bajó un 26 %, y les hacía perder líquido por la herida. Los autores lo proponen como punto de partida para nuevos bioinsecticidas.
En 2020, Touchard y colaboradores describieron el repertorio completo: 13 «mirmicitoxinas». Probadas en la mosca Lucilia caesar, varias resultaron insecticidas eficaces: la U20-MYRTX-Mri1a y tres toxinas de la familia U10 paralizaban a las moscas de forma irreversible, y la U13-MYRTX-Mri1a era la más rápida, aunque su efecto se pasaba en 24 horas.
Δ-MYRTX-Mri1a: la toxina que activa los canales del dolor
Entre las mirmicitoxinas de Touchard había un péptido de 20 aminoácidos, entonces llamado U3-MYRTX-Mri1a, que no hacía nada a las moscas. En 2023, un estudio publicado en Nature Communications descubrió por qué: es una toxina selectiva de vertebrados.
- Activa los canales de sodio NaV1.6 de las neuronas sensoriales y, en menor medida, los NaV1.7, piezas clave en la transmisión del dolor.
- En cultivos de neuronas sensoriales de ratón activó el 52 % de las células; con los canales de sodio bloqueados por tetrodotoxina, solo el 2,9 %.
- Inyectada en la pata de ratones, provocó conductas de dolor proporcionales a la dosis.
Hoy se llama Δ-MYRTX-Mri1a, delta-mirmicitoxina-Mri1a. Según el estudio, muchas hormigas tienen toxinas pensadas para causar dolor a los vertebrados y proteger así el nido. En M. rubida conviven las dos estrategias en el mismo aguijón: péptidos para cazar y una toxina para que quien meta el hocico en el nido se lo piense dos veces.
¿Cuánto duele su picadura?
Duele, y los científicos que la han estudiado coinciden: Lenoir la describe como «muy dolorosa», y Heep y colaboradores hablan de una «picadura dolorosa». No figura en el índice de dolor de Schmidt, y la toxina del dolor identificada produce en los ratones un dolor moderado, menos intenso que el de las toxinas de otras hormigas del mismo estudio.
En 2025 se publicaron además los dos primeros casos conocidos de anafilaxia por su picadura: una madre y una hija que viven en Suiza sufrieron urticaria, malestar y opresión en el pecho tras ser picadas. Un entomólogo identificó la hormiga, y las dos tenían anticuerpos frente a un alérgeno del veneno de avispa. Las dos se recuperaron. Son casos excepcionales, pero dejan dos ideas claras: esta hormiga se maneja siempre con pinzas, y no la recomendamos a personas alérgicas a las picaduras de insectos.
Una fundación «arcaica» en una subfamilia moderna
La mayoría de las reinas de mirmicinas y formicinas fundan de forma claustral: se encierran y crían a sus primeras obreras sin comer, con sus reservas. La de M. rubida, no. Su fundación es semiclaustral: mientras cría a su primera camada, sale a buscar comida.
En 1969, Le Masne y Bonavita lo describieron con un título elocuente: la fundación de las sociedades «según un tipo arcaico» por una hormiga de una subfamilia evolucionada. Arcaico, porque es lo que hacen muchas ponerinas y otros linajes antiguos de hormigas. Para la cría, es la clave: una reina de M. rubida necesita comer proteína para sacar adelante a sus primeras obreras (ver «Fundación: primero, tubo con miniarena»).
Medio millón de espermatozoides y una colonia que crece despacio
¿Cómo de lenta es esa fundación? Lenoir y colaboradores recogieron un centenar de reinas durante un vuelo nupcial en los Alpes franceses, en mayo de 1996, y siguieron sus fundaciones durante dos temporadas, a 24–25 °C y con cinco meses de reposo a 10 °C entre una y otra. Estos fueron los resultados:
- En los primeros 15 días, cada reina puso una media de 28,2 huevos; a finales de agosto, la puesta casi se había detenido.
- Al final del tercer mes, cada colonia tenía de media 1,06 obreras.
- Al final del segundo verano, 5,14 obreras.
- Sobrevivió el 82 % de las fundaciones durante los tres primeros meses y el 33 % hasta el final del segundo periodo.
¿Les faltaba esperma a las reinas? No: guardaban una media de 524.000 espermatozoides, entre un 20 % y un 50 % de lo que lleva un macho, y esa reserva no bajaba durante la fundación. Los autores atribuyeron la lentitud a la fundación semiclaustral o a una adaptación al clima de montaña, aunque reconocieron que parte de la mortalidad podía deberse a las condiciones de cría. Y hubo una sorpresa: en cuatro casos, una hembra fecundada que aún conservaba las alas fundó una colonia. Los criadores que la alimentan mucho cuentan otra historia, bastante más rápida (ver «Crecimiento: del laboratorio a los criadores»).
Las microginas: reinas pequeñas que trabajan como obreras
En 1998, en una colonia del valle del Giffre, Lenoir y su equipo encontraron, además de las reinas grandes o macroginas, muchas hembras aladas claramente más pequeñas que ellas: las microginas. Años después había colonias con microginas a lo largo de unos 6 km del valle y en otras localidades alpinas. El estudio, publicado en 2010, es uno de los más curiosos sobre la especie:
- Dos tamaños bien separados. La anchura de la cabeza es de 2,02 mm de media en las macroginas y de 1,61 mm en las microginas.
- No vuelan. Pasan el invierno en el nido, con las alas puestas.
- Trabajan como obreras. Recogen la cría tan rápido como las obreras y salen a forrajear: en un nido llegaron a contarse 53 microginas distintas forrajeando en una sola hora.
- Casi nunca se reproducen. Tienen espermateca, pero los ovarios sin desarrollar, y de 38 microginas disecadas solo una estaba fecundada.
¿Son formas de dispersión o parásitas sociales? El título del artículo plantea las dos hipótesis, y la pregunta sigue abierta. Lo que sí queda claro es que una hembra alada pequeña cuidando larvas no tiene por qué ser una segunda reina.
Rastros de pirazina y la «manicona»
En 1986, Attygalle y colaboradores encontraron en su glándula del veneno cuatro alquilpirazinas y demostraron que una de ellas, la 3-etil-2,5-dimetilpirazina, desencadena un seguimiento de rastro muy marcado: la glándula del veneno no solo carga el aguijón, también marca los caminos. Curiosamente, sus obreras siguen también los rastros de otras mirmicinas, como Myrmica rubra y Tetramorium caespitum.
De la glándula mandibular sale otra estrella química. En 1988, Bestmann y colaboradores identificaron sus componentes volátiles y resolvieron la estructura de una molécula bautizada con el nombre del género: la manicona. Ese mismo año, Cammaerts y colaboradores estudiaron el efecto de esa secreción en el comportamiento de las obreras. Y en 1996, Hefetz y colaboradores mostraron que la secreción de la glándula postfaríngea, la que acumula el «olor de colonia», modula su agresividad.
Criadas junto a Formica selysi: las colonias mixtas del laboratorio
En el valle del Giffre, M. rubida y Formica selysi comparten las orillas del río. En el laboratorio, la investigadora francesa Christine Errard fue más allá: crió juntas a las dos especies, de subfamilias distintas, para estudiar cómo aprende una hormiga a reconocer a sus compañeras. En 1994 siguió el desarrollo de ese reconocimiento entre especies, y en 1991, con Corbara, se preguntó cómo se organizan esas colonias artificiales: ¿forman una verdadera colonia mixta o dos colonias paralelas que comparten el nido?
Son experimentos muy controlados que muestran algo fascinante: el reconocimiento de las compañeras se aprende. Pero no son una receta: en casa, M. rubida va sola (ver «Qué no hacer»).
Pocas reinas, miles de obreras y vecinas que se pelean
Las colonias suelen tener una sola reina, y a veces unas pocas reinas grandes reproductoras: casi siempre son monoginas y raramente oligoginas, resume Lenoir. Una colonia madura puede tener varios miles de obreras, monomórficas y sin casta de soldados.
Entre compañeras no hay agresión, pero con las vecinas es otra cosa: Lenoir describe colonias cerradas y agresivas entre sí, con auténticos combates entre nidos próximos, y según Cammaerts y Cammaerts la agresividad aumenta con la distancia entre los nidos. Hacia el exterior, en cambio, es tranquila: Heep y colaboradores la describen como poco agresiva, pero con obreras que responden enseguida a cualquier molestia y defienden la colonia con picaduras potentes.
Vuelos de primavera y sexuados que pasan el invierno en casa
Según Seifert, los vuelos nupciales van de finales de abril a mediados de junio, por la mañana y con sol; en el valle del Giffre se concentran a finales de mayo y principios de junio. Lo curioso es el calendario de los sexuados: nacen a finales de junio, pasan el invierno dentro del nido y no vuelan hasta la primavera siguiente. Tiene lógica en la montaña: las reinas jóvenes salen al principio de la temporada y tienen todo el verano por delante para fundar.
La única Manica de Europa
El género Manica es pequeño: sus demás especies viven en Norteamérica y en Japón, y M. rubida es su especie tipo y su única representante europea. Entre sus parientes norteamericanas hay incluso una parásita social sin obreras, M. parasitica.
Latreille la describió en 1802 como Formica rubida, a partir de una reina de los alrededores de Lyon; después pasó por Myrmica y acabó en Manica, el género que creó Jurine en 1807. Rubida viene del latín rubidus, «rojizo», y le va que ni pintado. Manica significa en latín «manga» o «manopla», y también «esposas»; por qué eligió Jurine ese nombre no lo hemos podido averiguar.
Tamaño y morfología
Mirmicina grande y estilizada, de patas largas, con aguijón funcional y una cintura de dos nudos.
- Coloración según la bibliografía. Obreras de color amarillo ámbar a pardo rojizo, con la parte posterior del primer segmento del gáster oscura.
- Coloración de nuestras colonias. Rojo óxido brillante en todo el cuerpo y en las patas, que son largas. La reina tiene el gáster algo más oscuro.
- Propodeo. Sin espinas, a diferencia de las Myrmica.
- Cintura. Dos nudos, el pecíolo y el pospecíolo.
- Obreras. Monomórficas, sin casta de soldados.
- Reinas. Macroginas de 10–13 mm y, en algunas poblaciones alpinas, microginas claramente más pequeñas.
- Machos. Negros y brillantes.
- Pupas. Desnudas, sin capullo.
Medidas aproximadas
- Obreras: 6–8 mm (Bernard, 1968, según Lenoir et al., 2010); otras fuentes científicas dan 5–8 mm y unos 6–9 mm.
- Macroginas: 10–13 mm; anchura de la cabeza, 2,02 mm de media; anchura del tórax, 1,45 mm.
- Microginas: anchura de la cabeza, 1,61 mm de media; anchura del tórax, 1,08 mm.
- Machos: anchura de la cabeza con los ojos, 1,04–1,06 mm de media; no hay una longitud total publicada.
Son medidas de artículos científicos. No damos las longitudes de reinas y machos que circulan en tiendas y webs divulgativas, porque no proceden de estudios.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 3/5 – Avanzado
Una vez establecida, no es una especie complicada: come de todo, no necesita calor, se adapta bien a un nido de yeso y sigue el ritmo de estaciones de una hormiga europea. Entonces, ¿por qué un 3/5?
- Una fundación semiclaustral. La reina necesita comer, y mucho: hay que alimentarla a menudo, con presas pequeñas y sin dejar que se acumulen los restos.
- Colonias pequeñas sensibles. Se resienten si el nido se seca o si les falta proteína.
- Una diapausa de verdad. 4–5 meses de reposo frío cada invierno.
- El aguijón. Pica, y se maneja siempre con pinzas.
Y merece mucho la pena. Es la mirmicina más grande de Europa, de un rojo precioso, fácil de observar en la zona de forrajeo y con una biología llena de historias. Ver a una reina salir de su cámara a por su presa es un espectáculo que no ofrecen las especies claustrales.
Parámetros recomendados
- Temperatura del nido: 20–25 °C en la temporada activa; durante la fundación, 24–25 °C, la temperatura a la que se criaron las fundaciones del estudio de Lenoir.
- Sin calor fuerte: si usas calor, que sea suave, en un lateral del nido y con termostato. Algunos criadores calientan la cámara de la reina a 25–28 °C durante las dos primeras semanas; en Antomas preferimos no pasar de 24–25 °C.
- Zona de forrajeo: a temperatura ambiente.
- Humedad: una parte del nido húmeda y otra más seca, nunca encharcado (ver «Humedad: suelo fresco, nunca encharcado»).
- Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
- Luz: basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche.
- Diapausa: 4–5 meses, de noviembre a marzo, a unos 5–10 °C (ver «Diapausa»).
Fundación: primero, tubo con miniarena
En Antomas vendemos reinas fundadoras con prole: reinas que ya han empezado su colonia en un tubo de ensayo, con huevos, larvas o pupas. Como su fundación es semiclaustral, la reina no puede quedarse encerrada en el tubo viviendo de sus reservas. Por eso, el primer montaje que recomendamos es este:
- Tubo con miniarena. Conecta el tubo a una miniarena, una zona de forrajeo pequeña y con tapa, donde le pondrás la comida. Así sale a cazar sin exponerse, y tú puedes alimentarla sin abrir el tubo.
- Agua en el tubo. Comprueba de vez en cuando que el algodón sigue húmedo y que al depósito le queda agua: las colonias pequeñas se resienten si se secan.
- Calor suave y estable. A 24–25 °C, con la zona de la cría a oscuras. Algunos criadores cuentan que sus reinas no ponían a 21–22 °C hasta que subieron la temperatura.
- Comida pequeña y frecuente. Presas que la reina pueda cargar y llevar a la cría: Thermobia, trocitos de cucaracha o de gusano de la harina y patas de grillo (ver «Alimentación»).
- Limpieza. Retira los restos de la miniarena antes de que se estropeen.
Si la reina deshilacha el algodón, los criadores lo interpretan como una señal de hambre: dale más proteína. ¿Cuándo pasarla al nido? Cuando el tubo se le quede pequeño, se ensucie o se quede sin agua. La pasamos por volcado (ver «Llegada y mudanza») a un nido de yeso pequeño, el Qbik Wild One P 1C.
Hormigueros recomendados
En Antomas recomendamos los hormigueros Qbik Wild de Anthouse, que son de yeso: guardan la humedad que necesita una especie de suelos frescos y permiten tener una parte más húmeda y otra más seca. Para empezar, después del tubo con miniarena, el Qbik Wild One P 1C:
Para crecer, cuando la colonia llene el primero, el Qbik Wild Duo P 2C:
Amplía cuando veas la cría amontonada o muchas obreras quietas en la zona de forrajeo, sin sitio dentro. Pero no te adelantes: en un nido demasiado grande para la colonia, la humedad es más difícil de controlar y las cámaras sobrantes acaban convertidas en basureros. Completa el montaje con estos detalles:
- Barrera de aceite mineral y tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).
- Zona de forrajeo con algo de arena, o de arena con arcilla, y alguna piedra plana: les gusta mover partículas.
- Agua siempre disponible, en un tubo de ensayo con algodón, y un bebedero para los líquidos azucarados, nunca en algodón.
Humedad: suelo fresco, nunca encharcado
Es una especie «algo higrófila»: anida en suelos que conservan la humedad, y las colonias pequeñas son sensibles a la desecación. Pero no vive en el barro: sus nidos están en terrenos bien drenados, de arena y grava. La regla es sencilla: una parte del nido húmeda y otra más seca, para que la colonia elija dónde poner la cría.
- Hidrata el yeso poco a poco, siguiendo las instrucciones del hormiguero, sin inundar las cámaras.
- No mojes directamente la cámara de la reina.
- Si ves condensación en las paredes o moho, sobra humedad o hay restos olvidados.
Alimentación
Proteína: cuanta más, mejor. Es la clave de esta especie, sobre todo en la fundación, y es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros.
Para la reina y las colonias pequeñas, la presa ideal es pequeña y blanda, de un tamaño que la reina pueda cargar. Nuestra favorita es Thermobia domestica: tiene el tamaño justo y la reina puede llevarla ella sola hasta la cría. También sirven los trozos de ninfa de cucaracha, los trocitos de gusano de la harina de medio centímetro y las patas de grillo, pero nunca grillos enteros ni presas grandes junto a una reina sola.
Cuando la colonia crezca, cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo:
- Grillos, Acheta domesticus, troceados al principio y enteros cuando la colonia ya es grande.
- Cucarachas runner, Shelfordella lateralis, sobre todo ninfas pequeñas.
- Cucarachas argentinas, Blaptica dubia, en trozos o como ninfas, para colonias medianas y grandes.
- Gusanos de la harina, Tenebrio molitor, troceados.
- Moscas y Drosophila, que también aceptan bien.
Según los criadores, matan con el aguijón insectos más grandes que ellas, así que una colonia establecida también acepta presas pequeñas vivas. Y compra los insectos a un proveedor fiable: los tratados con insecticidas pueden matar a la colonia.
Líquidos azucarados. En la naturaleza toman el mielato de los pulgones. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero y nunca en algodón, porque el algodón se enmohece y estropea el líquido enseguida. Usa un bebedero tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible, y renuévalo antes de que fermente. Para la reina en su miniarena, basta una gotita sobre un trocito de papel de aluminio.
Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón de la zona de forrajeo.
Crecimiento: del laboratorio a los criadores
Con el experimento de Lenoir, M. rubida parece desesperadamente lenta: una obrera por colonia a los tres meses y cinco tras dos temporadas. Pero los propios autores sospechaban de las condiciones de cría, y los criadores han demostrado después que puede ir mucho más rápido.
El caso mejor documentado está en una guía de criadores polacos traducida en el foro Formiculture en 2026. Uno de ellos instaló cinco reinas recién capturadas a principios de mayo y anotó su cronología:
- Primeras larvas: unos 24 días después de la captura.
- Primeras pupas: a las cinco semanas.
- Primeras obreras: a los 58 días.
- Las cinco reinas sacaron obreras, y su colonia llegó a unas 100 obreras antes de la primera diapausa.
¿El secreto? Calor estable y mucha proteína: cada pocos días antes de que hubiera larvas y, en cuanto aparecieron, dos veces al día, en trozos que la reina pudiera llevar a la cría. Es experiencia de criadores, no un experimento controlado, pero encaja con la regla que aplicamos en Antomas a todas las especies: cuanta más proteína, mejor y más rápido crecen. Las primeras obreras son pequeñas, y el tamaño aumenta con cada generación.
Llegada y mudanza
Al recibir tu reina, déjala reposar en un lugar tranquilo y a oscuras, comprueba que el tubo tiene agua y conéctalo a su miniarena. Cuando toque pasarla al hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado: abrimos el tubo dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y volcamos con suavidad a la reina, las obreras y la cría, ayudando a las rezagadas con un pincel suave.
- Prepáralo todo antes: el hormiguero hidratado, la barrera de aceite puesta y el tubo de agua en la zona de forrajeo.
- Trabaja sobre una bandeja y con las pinzas a mano: recuerda que pican.
- Deja la zona del nido a oscuras, para que las obreras lleven allí la cría enseguida.
Usa el mismo método cuando pases la colonia al Qbik Wild Duo P 2C.
Diapausa
Es una hormiga de montaña, con una diapausa marcada: en la naturaleza reposa aproximadamente de octubre a marzo. En el estudio de Lenoir, las fundaciones pasaron cinco meses a 10 °C entre una temporada y otra, y después siguieron desarrollándose. En Antomas recomendamos una diapausa de 4–5 meses, de noviembre a marzo, a unos 5–10 °C:
- Baja la temperatura poco a poco, a lo largo de dos o tres semanas, y súbela igual al final.
- Unos días antes de empezar, deja de darles proteína.
- Durante la diapausa, agua siempre disponible y, como mucho, un poco de líquido azucarado. Nunca dejes que se congele.
- Al terminar, vuelve a la proteína en cuanto veas actividad.
¿Es obligatoria? Hay criadores que sostienen que una colonia bien cuidada puede saltarse el primer invierno y otros que dicen que la reina necesita el frío. Nosotros lo tenemos claro: es una especie de montaña, y la diapausa forma parte de su vida. Además, forzarla no sirve: los criadores cuentan que, al calentar sus colonias en noviembre, las larvas grandes no pupaban. Esas larvas pasan el invierno sin problema y pupan en primavera.
Comportamiento en cautividad
Tranquila, pero con aguijón. En el día a día es una hormiga calmada, incluso algo reservada, pero, si se abre o se golpea el nido, las obreras salen enseguida a defenderlo. Poco agresiva y muy defensiva, tal como la describen los científicos.
Rastros y caza. Cuando una forrajera encuentra comida, marca el camino y enseguida llegan más. Y ver a una obrera inmovilizar con el aguijón a un grillo más grande que ella es uno de los momentos más vistosos de esta especie.
Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible.
Señales de alarma:
- Una reina que no pone o una cría que no avanza en plena temporada: casi siempre falta calor o proteína.
- Una reina que deshilacha el algodón: tiene hambre.
- Condensación en las paredes o moho: sobra humedad o hay restos olvidados.
- Muchas obreras quietas en el forrajeo, sin sitio dentro: toca ampliar.
Fugas y barreras
Según los criadores, trepan bien, y con una hormiga que pica conviene que no se escape ni una. En Antomas recomendamos una barrera de aceite mineral:
- Una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo, fina y continua. Renuévala cuando acumule polvo o restos.
- Tapa bien ajustada, también en la miniarena de la fundación.
- Sin rendijas en conexiones, tapones y tubos, y nada que sirva de puente hasta la barrera.
Manejo y seguridad
Obreras y reinas pican, y la picadura duele. Nada que deba preocuparte si trabajas con calma y sigues tres normas:
- Siempre con pinzas entomológicas blandas, o con un pincel suave; nunca con las manos.
- Abre solo lo necesario y trabaja despacio.
- No la recomendamos a personas alérgicas a las picaduras de insectos (ver «¿Cuánto duele su picadura?»).
Y nunca la liberes en la naturaleza: en la península ibérica no vive, y en ningún caso deben soltarse hormigas criadas en casa.
Qué no hacer
- Dejar a la reina encerrada en un tubo sin salida: necesita su miniarena para comer.
- Escatimar proteína en la fundación o dejar restos sin limpiar.
- Poner presas grandes enteras junto a una reina sola.
- Darles calor fuerte o calentar todo el nido.
- Dejar que el nido se seque o encharcar la cámara de la reina.
- Saltarse la diapausa o calentar la colonia en otoño para «acelerarla».
- Poner los líquidos azucarados en algodón o dejar que se acaben.
- Darles siempre el mismo insecto.
- Manipularlas con las manos.
- Juntar reinas o colonias, o mezclarla con otras especies, aunque en el laboratorio se haya criado con Formica selysi.
- Dejar rendijas, tapas mal ajustadas o la barrera sin renovar.
- Liberarla en la naturaleza.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Manica rubida, de los registros de distribución de la especie y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
- Lenoir, A., Devers, S., Marchand, P., Bressac, C. & Savolainen, R. (2010). Microgynous queens in the Paleartic ant, Manica rubida: dispersal morphs or social parasites? Journal of Insect Science 10: 17. doi:10.1673/031.010.1701
- Lenoir, A., Bressac, C., Le Guisquet, A.-M. & Chevrier, C. (1999). Étude sur les fondations des colonies chez Manica rubida: production d’ouvrières et stock de spermatozoïdes des reines. Actes des Colloques Insectes Sociaux 12: 131–134. PDF (sin DOI)
- Krapf, P. (2023). Contribution of the public to the modelling of the distributions of species: occurrence and current and potential distribution of the ant Manica rubida. European Journal of Entomology 120: 137–148. doi:10.14411/eje.2023.017
- Heep, J. et al. (2019). Identification and functional characterization of a novel insecticidal decapeptide from the myrmicine ant Manica rubida. Toxins 11: 562. doi:10.3390/toxins11100562
- Touchard, A. et al. (2020). Venom peptide repertoire of the European myrmicine ant Manica rubida: identification of insecticidal toxins. Journal of Proteome Research 19: 1800–1811. doi:10.1021/acs.jproteome.0c00048
- Robinson, S. D. et al. (2023). Ant venoms contain vertebrate-selective pain-causing sodium channel toxins. Nature Communications 14: 2977. doi:10.1038/s41467-023-38839-1
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- Bestmann, H. J. et al. (1988). Pheromones, 65. Identification of the volatile components of the mandibular gland secretion of the ant Manica rubida: structure elucidation, synthesis, and absolute configuration of manicone. Liebigs Annalen der Chemie 1988: 55–60. doi:10.1002/jlac.198819880111
- Cammaerts, M.-C., Attygalle, A. B., Vostrowsky, O. & Bestmann, H. J. (1988). Ethological studies of the mandibular gland secretion of the ant Manica rubida. Journal of Insect Physiology 34: 347–350. doi:10.1016/0022-1910(88)90146-1
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- Corbara, B. & Errard, C. (1991). The organization of artificial heterospecific ant colonies. The case of the Manica rubida/Formica selysi association: mixed colony or parallel colonies? Behavioural Processes 23: 75–87. doi:10.1016/0376-6357(91)90107-B
- Errard, C. (1994). Development of interspecific recognition behavior in the ants Manica rubida and Formica selysi reared in mixed-species groups. Journal of Insect Behavior 7: 83–99. doi:10.1007/BF01989829
- Bernadou, A., Fourcassié, V. & Espadaler, X. (2013). A preliminary checklist of the ants (Hymenoptera, Formicidae) of Andorra. ZooKeys 277: 13–23. doi:10.3897/zookeys.277.4684
- Dificultad
- Intermedio

