Comprar Messor capitatus – Hormiga Recolectora Colosal | Antomas
Comprar Messor capitatus – Hormiga Recolectora Colosal | Antomas

Messor capitatus - Hormiga Recolectora Colosal

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Negra como el azabache y con majors de cabeza colosal, la Hormiga Recolectora Colosal digiere el grano antes de comérselo: su saliva convierte el almidón de las semillas en azúcar, una papilla predigerida que alimenta a todo el imperio. Exploradoras solitarias que peinan el terreno una a una, colonias que firman su territorio con heces y tapan las puertas de sus vecinas, y obreras capaces de tener hijas sin padre cuando pierden a su reina. Una recolectora mediterránea con dos siglos de historia científica, perfecta para empezar y para ver crecer, año tras año, un imperio de cabezas negras. Reinas de 2026 y colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 1/5 – Principiante

La recolectora negra y brillante del Mediterráneo, con majors de cabeza colosal y una saliva que convierte el almidón de las semillas en azúcar. Reinas de 2026 y colonias con reina. Qbik de galerías medianas con una zona húmeda pequeña y un granero muy seco, semillas variadas, mucha proteína, agua siempre en tubo y una diapausa invernal, de noviembre a marzo, a menos de unos 20 °C.

Messor capitatus (Latreille, 1798) es la otra gran recolectora de semillas del Mediterráneo occidental: una hormiga negra como el azabache, brillante de la cabeza al gáster, cuyas obreras más grandes cargan una cabeza tan desproporcionada que le dio nombre. Capitatus significa en latín «provisto de cabeza», es decir, «cabezudo», y basta ver a una de sus majors abriendo un grano de trigo para entenderlo. En nuestra tienda la llamamos Hormiga Recolectora Colosal, precisamente por esas majors.

Vive en terrenos secos y abiertos, como pastizales, matorral claro y laderas pedregosas, del Atlántico ibérico y las Baleares a los Balcanes, y se ha citado también del noroeste de África: un área de veranos calurosos y secos e inviernos de suaves a frescos. Allí comparte paisaje con Messor barbarus, con la que se ha confundido durante mucho tiempo, pero vive de otra manera: no traza las largas columnas de su prima, sino que busca semillas en solitario, y guarda en su saliva uno de los secretos mejor estudiados de las hormigas granívoras.

Es, además, una hormiga de laboratorio. Un grupo de mirmecólogos italianos la ha convertido en su modelo de estudio, y gracias a ellos sabemos que estas hormigas firman su territorio con heces, tapan las puertas de sus vecinas y, cuando se quedan sin reina, pueden tener hijas sin aparearse. Todo eso cabe en un hormiguero de casa.

Las recolectoras del género Messor en cautividad, de la cría a la guerra: «Guerras de Hormigas y cría: ¡Dentro del Poderoso Imperio Messor!», de Anthouse.

Biología

Cabezuda de nombre: majors de cabeza enorme y siempre negra

En una colonia madura de M. capitatus no hay dos obreras iguales. Las más pequeñas miden unos 5 mm; las mayores pasan de 12, y entre unas y otras están todas las tallas intermedias. Es un polimorfismo continuo, sin castas separadas. Con la talla no cambia solo el tamaño, sino la proporción: cuanto más grande es la obrera, más crece la cabeza respecto al resto del cuerpo, hasta llegar a las majors, que parecen hechas solo de cabeza y mandíbulas.

Esa cabeza es el motor de la colonia. Va llena de los músculos que cierran las mandíbulas, y por eso las obreras grandes son las que cargan las semillas más pesadas y las que abren los granos duros que las pequeñas ni siquiera pueden morder. Y tiene un rasgo que la separa de su vecina más famosa: en M. barbarus, las majors suelen lucir la cabeza rojiza; en M. capitatus, la cabeza de las majors es siempre negra, tan oscura y lustrosa como el resto del cuerpo (ver «¿capitatus o barbarus?»).

Digestión fuera del cuerpo: la saliva que convierte el grano en azúcar

Las semillas son un alimento extraño para una hormiga. Una adulta no puede tragar trozos sólidos: por su estrecha «cintura» solo pasan líquidos. ¿Cómo se alimenta entonces una colonia que vive de granos secos y duros? Esa fue la pregunta que se hizo el investigador B. Delage en 1962, y la respondió estudiando a M. capitatus.

Primero descartó las dos ideas de su época: que las hormigas esperaban a que la semilla germinara, o que cultivaban sobre ella un hongo, el moho negro Aspergillus niger. Sus hormigas comían semillas sanas, sin hongo, y las germinadas las tiraban (ver el apartado siguiente).

Lo que hacen en realidad es mucho más elegante. Varias obreras trituran la semilla entre todas y la lamen durante largo rato, hasta convertirla en una pasta plástica, brillante y empapada de saliva, que seguía húmeda incluso en nidos que Delage había secado a propósito. Y entonces llegó el experimento clave:

  • En los granos triturados por las hormigas, de cebada y de trigo, aparecieron azúcares reductores, la huella química del almidón digerido, en 8 de 10 pruebas.
  • En los granos intactos, los 11 controles, no apareció ninguno.
  • El origen estaba en las glándulas labiales, las salivares del tórax, que producen una amilasa y una maltasa muy activas: dos enzimas que rompen el almidón y lo convierten en azúcar.

La conclusión es asombrosa: M. capitatus empieza a digerir la semilla fuera de su cuerpo. La saliva transforma el almidón en azúcar sobre el propio grano, y por eso, en unas cincuenta disecciones, Delage no encontró ni un solo grano de almidón en su tubo digestivo. El famoso «pan de hormiga» de las Messor es, en esta especie, una papilla predigerida con enzimas salivares. Y tiene una lectura práctica: si la saliva es el ingrediente principal de su comida, una colonia de recolectoras no puede quedarse nunca sin agua.

Las semillas que brotan, al basurero

Delage resolvió de paso otro misterio. Junto a la entrada de los nidos se forma un pequeño cono de cascarillas y restos, el basurero de la colonia, y en él aparecían plántulas cortadas y semillas germinadas. Cuando un grano del granero empezaba a brotar, las obreras lo sacaban del nido y lo tiraban. Tiene lógica: una semilla que germina gasta sus reservas en crecer y deja de ser buena comida, y una raíz dentro de una galería es un estorbo.

En casa lo comprobarás con tus propios ojos: la semilla que se humedece y brota acaba poco después en el basurero del forrajeo. Si salen muchas, es un aviso de que el granero está demasiado húmedo (ver «Parámetros recomendados»).

Hijas sin padre: las obreras huérfanas que se convierten en madres

En muchas hormigas, las obreras que se quedan sin reina pueden poner huevos, pero, como no se aparean, solo dan machos. Es la regla de los himenópteros: de los huevos sin fecundar nacen machos, y de los fecundados, hembras. M. capitatus es una de las pocas excepciones conocidas. En el año 2000, un equipo italiano y belga estudió colonias huérfanas en el laboratorio y vio que las obreras desarrollaban los ovarios y producían hembras por partenogénesis telitoca, es decir, hijas sin padre, nacidas de huevos sin fecundar. Más adelante, esas mismas colonias produjeron también machos.

Los investigadores sospecharon primero de Wolbachia, una bacteria famosa por manipular la reproducción de muchos insectos y provocar este tipo de partenogénesis en otros grupos. Pero las obreras no estaban infectadas: la capacidad de tener hijas sin aparearse es de la propia hormiga.

¿Puede entonces una colonia huérfana salir adelante sin reina? Mejor no contar con ello: se ha estudiado en el laboratorio, y no se sabe con qué frecuencia ocurre en el campo ni cuánto tiempo sostiene a una colonia. Pero, si la tuya pierde a su reina y sigue apareciendo cría, ya sabes que no es magia.

Una firma hecha con heces

Alrededor de la entrada de un nido de M. capitatus hay una señal que nosotros no vemos, pero que las hormigas leen al instante: la firma química de la colonia. En 2005, el equipo del mirmecólogo italiano Donato A. Grasso demostró que las obreras marcan la zona del nido con heces, unas «manchas anales» que salen del saco rectal, el tramo final del intestino.

Esas manchas no son un simple desecho. Están cargadas de hidrocarburos muy parecidos a los de la cutícula de las propias hormigas, la capa química que cada colonia lleva encima y que funciona como su olor de familia. Gracias a ellas, las obreras reconocen su propio territorio y distinguen a las compañeras de las extrañas. Es como si cada colonia pintara la puerta de su casa con su apellido.

En el hormiguero no hace falta dejar la zona de forrajeo impecable: retira los restos de comida y el basurero cuando toque, y deja que conserven su olor de casa.

Guerra sucia: taponan las puertas de sus vecinas

M. capitatus no es una hormiga pendenciera en el sentido clásico, pero sabe quitarse de en medio a la competencia. En 2004, el mismo equipo describió una conducta poco común: un grupo de obreras se planta ante el nido de otra especie y tapona sus entradas, dejando a las vecinas encerradas. Y no se quedan ahí: también interfieren en sus sendas y les roban la comida en la misma puerta del nido, justo cuando las rivales vuelven cargadas.

Es una táctica eficaz: una colonia encerrada no forrajea, y el terreno y las semillas quedan para quien ha puesto el tapón. Según la bibliografía, M. capitatus practica además la cleptobiosis, una palabra técnica para algo muy sencillo: robar semillas a otras colonias, incluso de su propia especie.

Exploradoras solitarias: la recolectora que no hace columnas

Quien conoce las autopistas de M. barbarus se lleva una sorpresa con M. capitatus. Un estudio que comparó tres Messor ibéricas comprobó que M. capitatus casi nunca formaba columnas bien definidas: mientras M. barbarus mantiene sendas permanentes y M. bouvieri las abre por temporadas, nuestra protagonista forrajea sobre todo en solitario. La gran mayoría de sus obreras busca semillas por su cuenta, y las pocas sendas que usa se ramifican enseguida en caminos cortos e inestables.

Eso no quiere decir que no sepa trabajar en equipo. Cuando una exploradora encuentra una buena mancha de semillas, marca el camino de vuelta con una feromona de la glándula de Dufour, un rastro químico que se desvanece en unos 30 minutos si nadie lo refuerza. Para reclutar a sus compañeras combina ese rastro con carreras por el nido, vibraciones del cuerpo, toques de antenas y pequeñas muestras de comida. Es un sistema flexible: cada una a lo suyo cuando las semillas están dispersas, y reclutamiento cuando aparece una mina.

Consume bastantes menos semillas que las recolectoras que salen en grupo, y los fisiólogos la han usado como modelo para medir cuánta energía gasta una obrera cargada. En casa verás obreras sueltas por todo el forrajeo, y una caravana improvisada cuando dan con el montón de semillas.

Jardinera de los claros

A toda recolectora se le cae alguna semilla por el camino, y en M. capitatus ese despiste tiene consecuencias ecológicas. El mismo estudio comprobó que las semillas que pierde quedan sobre todo en suelo desnudo y vegetación baja y rala, casi nunca en el herbazal denso, de modo que la hormiga funciona como una pequeña sembradora de claros: deja semillas justo donde una planta tiene más espacio para salir adelante.

Su apetito también se ha estudiado desde el lado de las plantas. En un trabajo sobre Erodium paularense, un endemismo amenazado de las montañas del centro peninsular, las hormigas granívoras se llevaban una parte importante de sus semillas, y M. capitatus figura en la bibliografía entre ellas. Otro estudio comparó cómo explotan la comida M. capitatus y M. bouvieri cuando comparten terreno en España. Y, con semillas artificiales, no mostró preferencia por el tamaño: es una generalista.

Dos siglos a la sombra de M. barbarus

El naturalista francés Pierre André Latreille la describió en 1798 como Formica capitata, a partir de obreras recogidas en Francia. Durante buena parte del siglo XIX se la trató como sinónimo y después como subespecie de M. barbarus, hasta que, a finales de ese siglo, la mayoría de los autores la reconoció como especie válida. La clave ibérica actual la agrupa con M. barbarus, M. ibericus y M. erwini.

La historia no ha terminado. En 2023 se describió M. erwini, una especie nueva de Cataluña separada de M. capitatus con genética y morfometría, tan parecida que hacen falta medidas y fórmulas para distinguirlas. Y algunos especialistas sospechan que las poblaciones del Mediterráneo occidental y las del oriental podrían ser en realidad un complejo de especies. La Recolectora Colosal aún puede dar alguna sorpresa taxonómica.

Vuelos de tormenta y una sola reina

Las colonias de M. capitatus son monogínicas: una sola reina por nido, que, según los criadores, puede llegar a reunir varios miles de obreras; no hay censos científicos de sus colonias. Los nidos se excavan en el suelo, a menudo bajo piedras, con cámaras para la cría y graneros donde se acumulan las semillas.

Como M. barbarus, vuela en otoño. En la experiencia de Antomas, los vuelos nupciales de M. capitatus se dan normalmente de septiembre a noviembre, en tardes templadas y húmedas, a menudo después de las primeras lluvias o de una tormenta. La bibliografía clásica sobre las hormigas de Europa occidental habla de vuelos desde junio, pero en la península lo habitual es el otoño. Tras el vuelo, la reina fecundada se desprende de las alas, excava una cámara y empieza su colonia en solitario: es una fundadora claustral, que saca adelante a sus primeras obreras gracias a las reservas de su cuerpo, sin salir a comer.

Tamaño y morfología

Mirmicina robusta, de cuerpo compacto y aspecto pulido, con una gama de tallas que va de la obrera menuda a la major cabezuda.

  • Color. Negro uniforme y muy brillante en todas las tallas, como azabache pulido. Las mandíbulas y la parte final de las antenas tiran a pardo rojizo. A diferencia de M. barbarus, las majors no se vuelven rojizas: su cabeza es siempre negra.
  • Cabeza de las majors. Enorme y lustrosa, mucho más ancha en proporción que la de las obreras pequeñas, con unas mandíbulas anchas hechas para triturar.
  • Propodeo. La parte trasera del tórax forma, de perfil, un ángulo marcado en las majors; en las minors es redondeado o apenas anguloso.
  • Escultura. Escasa, con zonas lisas y brillantes. Las minors tienen finas estrías transversales en el dorso del propodeo, y las majors, el pronoto más rugoso.
  • Pilosidad. Pelos cortos por todo el cuerpo, más abundantes en el gáster. Le falta el psamóforo, la «cesta» de pelos largos que otras Messor llevan bajo la cabeza para acarrear arena.
  • Reina. Más grande que cualquier obrera y del mismo negro brillante. Tras el vuelo pierde las alas, y en su tórax, mucho más abultado que el de las obreras, quedan las cicatrices.
  • Macho. Alado, más menudo y estilizado que la reina, y de vida corta: solo vive para el vuelo de otoño.
  • Desarrollo. Pupas desnudas, sin capullo, como en todas las mirmicinas. Los criadores calculan unas 7–8 semanas de huevo a obrera a buena temperatura.

¿capitatus o barbarus? La prueba de la cabeza y la esquina

En el campo, y a veces en casa, las dos grandes recolectoras negras de la península se confunden. La clave de obreras de las Messor ibéricas de Arcos y Fede (2023) da una regla clara, siempre que se miren obreras de todas las tallas, sobre todo majors, porque las minors de M. barbarus también suelen tener la cabeza negra.

  • M. capitatus: negra uniforme y brillante; majors de cabeza siempre negra y propodeo anguloso; forrajea con obreras sueltas.
  • M. barbarus: cuerpo negro y majors de cabeza rojiza o granate oscuro; propodeo redondeado en todas las tallas; forma columnas y sendas permanentes.
  • M. ibericus: de pardo claro a castaño oscuro, mate y muy esculpida, con abundantes pelos erectos en el borde trasero de la cabeza. En la península representa al grupo de M. structor, que en 2018 se dividió en cinco especies.
  • M. erwini: solo conocida de Cataluña. Sus majors tienen a veces la cabeza rojiza y más escultura en la frente, pero separarla de M. capitatus exige medir varias partes del cuerpo.

Resumido en una frase: si la major tiene la cabeza roja, es M. barbarus; si es negra como el carbón y el propodeo hace esquina, es M. capitatus. Para las reinas no hay caracteres publicados que las separen con seguridad, así que la confirmación definitiva llega con las primeras majors de la colonia.

Medidas aproximadas

  • Obreras: de unos 5 mm a algo más de 12 mm, de las minors a las majors
  • Reina: sin medidas científicas publicadas
  • Macho: sin medidas científicas publicadas

La medida de las obreras procede de la bibliografía taxonómica. Para la reina y el macho solo circulan cifras de tiendas, que no recogemos.

Cuidados en cautividad

Dificultad: 1/5 – Principiante

Para Antomas, M. capitatus es una especie de iniciación excelente: resistente, poco escapista, inofensiva para las personas y con una dieta que cualquiera puede tener en la despensa. Algún criador la considera algo más exigente que M. barbarus; en nuestra experiencia, lo único que pide es constancia: semillas variadas siempre disponibles y un granero que se mantenga seco.

A cambio, ofrece mucho espectáculo: majors cabezudas abriendo granos, exploradoras por todo el forrajeo y un granero que se llena a ojos vista. Y si te atrapan las recolectoras, en Antomas tienes también la peninsular M. ibericus y M. dentatus, del Mediterráneo oriental.

Parámetros recomendados

  • Temperatura en la temporada activa: 22–28 °C en el nido, la horquilla en la que coinciden los criadores, y el forrajeo algo más cálido, hasta unos 30 °C. Si pones una fuente de calor, suave y en un extremo del forrajeo, nunca bajo el nido.
  • Humedad, en dos mundos separados: una zona húmeda pequeña para la cría y un granero muy seco que ocupe buena parte del nido; algunos criadores piden que al menos la mitad esté completamente seca. El forrajeo, seco.
  • Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con algodón colocado en el forrajeo; en los meses de calor, mejor dos.
  • Luz: forrajeo iluminado con el ciclo normal de la casa y nido en penumbra, sin sol directo.
  • Diapausa: obligatoria, de noviembre a marzo y con la colonia a menos de unos 20 °C; los detalles, más abajo.

El error clásico con esta especie es humedecer el nido entero: las semillas germinan, se enmohecen y acaban atascando las galerías. Si ves pelusa blanca en el granero, deja secar esa zona.

Hormigueros recomendados

En Antomas apostamos por la gama Alpha de los Qbik de Anthouse, modular y más bien seca, perfecta para una granívora que necesita un granero sin humedad. Como primer nido, un QBIK ONE con galerías medianas: la reina y sus primeras obreras se instalan con comodidad y el granero queda bien visible.

Cuando salgan las primeras majors, sus cabezas necesitarán pasillos anchos. Amplía entonces con el QBIK DUO, y a partir de ahí sigue creciendo siempre con galerías más grandes:

Ni yeso ni ytong, ni nada que ceda. Como M. barbarus, estas recolectoras roen: sus mandíbulas, hechas para abrir semillas, desmenuzan el yeso, el hormigón celular y cualquier material blando. En un diario de cría publicado en un foro, una colonia empezó a excavar el sustrato de su nido a los dos días de instalarse. Elige un hormiguero profesional, de un material que no puedan atravesar.

Para completar el montaje:

  • El granero, lejos del agua. Coloca el hormiguero de modo que la zona seca quede en el lado opuesto a la humedad; ellas mismas llevarán allí las semillas.
  • Bebedero para el néctar, si se lo das: nunca en algodón, que se enmohece y echa a perder el líquido, sino en un bebedero que deje la gota al alcance.
  • Un rincón para el basurero: una esquina despejada del forrajeo, con un poco de arena seca si quieres, para las cascarillas y las semillas germinadas.

Fundación con reina de 2026

Las reinas de 2026 que vendemos son de esta temporada, fecundadas en los vuelos de otoño. Como fundan de forma claustral, no necesitan comer: solo un tubo de ensayo con su reserva de agua tras el algodón, oscuridad y calma.

  • Su primera diapausa, sin calentarla. Tu reina llega a las puertas del invierno: en Antomas recomendamos dejarla pasar la diapausa de forma natural, en un sitio fresco, a menos de unos 20 °C, hasta marzo. Tenga ya huevos o no, no la calientes para adelantar la cría.
  • Un vistazo de vez en cuando para comprobar que al tubo le queda agua; si se agota o el algodón se ensucia, pásala a un tubo nuevo con un volcado suave.
  • Las primeras semillas. Cuando nazcan las primeras obreras, ofrece semillas pequeñas y tiernas, como amapola, chía o alpiste partido, en el extremo seco del tubo, y una pizca de proteína. Retira lo que no coman.
  • Paciencia con las nanitas. Las primeras obreras son pequeñas; las majors de verdad llegan el segundo año (ver «Crecimiento y colonia madura»).
  • Al nido, con unas decenas de obreras, por volcado (ver «Llegada y mudanza»).

Una reina por tubo. Es una especie monogínica: no juntes reinas para fundar.

Llegada y mudanza

Cuando llegue tu colonia, déjala unas horas en un lugar tranquilo, a temperatura de casa, y comprueba que tiene agua. Para instalarla, en Antomas lo hacemos por volcado: se abre el tubo junto a la entrada del nido y se vuelca la colonia entera, con su reina, su cría y sus semillas, ayudándose de unos golpecitos y de un pincel fino para las rezagadas. Hazlo con decisión: en pocas horas habrán elegido su rincón de cría. Cada ampliación se hace del mismo modo.

Alimentación

Semillas, siempre variadas. En Antomas lo vemos a diario: les gusta prácticamente todo. Ofrece mezclas con alpiste, mijo, linaza, trigo, cebada, avena, amapola, chía, quinoa o diente de león, y de vez en cuando un poco de nuez o almendra machacadas, sin sal y sin tostar. Mientras no haya majors, mejor semillas pequeñas o partidas.

  • Siempre en seco. Pon las semillas en la zona de forrajeo, lejos del tubo de agua, y deja que ellas las lleven al granero.
  • Variedad antes que cantidad. Dar un solo tipo de semilla es uno de los errores típicos: mezcla y cambia.
  • Las germinadas, fuera. Ellas mismas las tiran al basurero; tú retira el basurero de vez en cuando, y cualquier semilla con moho.

Proteína, mucha. El grano sostiene a la colonia, pero lo que la hace crecer es la proteína. Sin ella no hay puesta ni larvas que se conviertan en obreras, y menos aún en majors. En Antomas recomendamos insectos como Thermobia domestica, perfecta para fundaciones y colonias pequeñas, grillos, cucarachas argentinas o cucarachas runner, y también pollo, atún o pinkies. La carne y el pescado, mejor cocinados, y la proteína animal que no hayan tocado en 24–48 horas, fuera. Alterna el tipo de insecto cada semana, para que no coman siempre lo mismo.

Alimentar mucho, limpiar mucho. Con un mantenimiento diario y la retirada de los restos, una colonia bien alimentada entiende que tiene recursos de sobra y crece más rápido y con más obreras. Si no puedes limpiar con frecuencia, ajusta la cantidad: la proteína olvidada atrae moho y ácaros.

Azúcar, solo de tarde en tarde. No es lo suyo: buena parte del azúcar que necesitan ya lo sacan del almidón de las semillas. Como complemento, puedes ponerles en un bebedero, nunca en algodón, el Néctar Blue Sugar de Anthouse; en Antomas lo ofrecemos solo una o dos veces al mes. La miel espesa, mejor no: se quedan pegadas.

Agua, sin excepción. En su tubo, todo el año, también durante la diapausa.

Diapausa

En toda su área, el invierno obliga a M. capitatus a parar: deja de criar y vive de lo que guardó en el granero. En casa hay que respetar ese reposo, la diapausa. En Antomas la recomendamos de noviembre a marzo, con la colonia a menos de unos 20 °C. Muchos criadores la hacen más fría, a 10–15 °C, y también funciona. No hace falta nevera: un cuarto sin calefacción, un trastero o un garaje fresco suelen bastar.

  • Bajada y subida suaves, a lo largo de noviembre y de marzo.
  • Agua siempre; comida, apenas, porque tirarán de su granero. Deja unas pocas semillas por si salen.
  • Nada de calor artificial durante el reposo.
  • Reinas de 2026 y colonias jóvenes, también: las reinas de la temporada pasan su primera diapausa sin calentarlas.

Sabrás que la colonia está en diapausa porque la actividad cae, la proteína deja de interesarles y la cría se detiene. En primavera, al subir la temperatura, la reina retoma la puesta y el granero se pone de nuevo en marcha.

Crecimiento y colonia madura

El primer año, paciencia: una colonia de M. capitatus crece despacio, con obreras pequeñas y medianas. Según los criadores, el cambio llega en el segundo año, cuando nacen las primeras majors grandes: a partir de entonces la colonia abre cualquier semilla, el granero se llena y el crecimiento se dispara. Con proteína abundante, espacio y diapausas bien hechas, en pocos años tendrás un imperio colosal de cabezas negras.

Un imperio de M. capitatus en cautividad: “Las hormigas recolectoras colosales”, de Anthouse.

Reinas de combate. En temporada de vuelos, una colonia madura de Messor puede criar princesas aladas que, al no poder volar, pierden las alas y se integran en el nido como obreras y guerreras. Son las famosas reinas de combate, de una agresividad desmedida, y las propias obreras acaban eliminándolas si no les son útiles. Te lo contamos con detalle en la ficha de Messor barbarus; si aparecen en tu colonia, no tienes que hacer nada.

Una colonia, un hormiguero. No conectes nunca dos colonias: en la naturaleza bloquean las puertas de sus vecinas y defienden su terreno (ver «Guerra sucia»).

Para mirarlas. Una colonia de recolectoras es para verla trabajar, no para esconderla en un armario: con la cría en penumbra y el forrajeo iluminado, se acostumbran enseguida a tu presencia.

Señales a vigilar: si la reina sale del nido, revisa el agua; si hay moho en el granero, sobra humedad; si el basurero se llena de germinadas, seca el nido; y si ves obreras apiñadas en el forrajeo, toca ampliar.

Fugas y manejo

Por lo que vemos en Antomas, no se escapan mientras tengan comida, agua y espacio; cuando les falta algo de eso, sí intentan salir. Según los criadores, además, les cuesta trepar por superficies lisas como el cristal, así que una barrera de PTFE o de aceite mineral en el borde del forrajeo es más que suficiente. Lo que sí hay que vigilar es su afición a roer: tapones, juntas y piezas blandas.

Son inofensivas para las personas: no rocían ácido fórmico ni pican de forma apreciable, y el pellizco de una major se nota, pero no hace daño. Manipúlalas con un pincel suave, más por la reina que por ti, y jamás las liberes en la naturaleza, aunque sea autóctona en buena parte del sur de Europa.

Qué no hacer

  • Meterlas en un nido de yeso, de ytong o de cualquier material blando.
  • Humedecer todo el nido: el granero tiene que estar seco.
  • Darles siempre la misma semilla.
  • Olvidarse de retirar a las 24–48 horas la proteína animal que no coman, o dejar semillas con moho.
  • Escatimar la proteína: sin ella, la colonia no crece.
  • Darles néctar a diario: en una granívora es un extra ocasional.
  • Poner el néctar en algodón o el agua al descubierto.
  • Dejarlas sin agua, ni siquiera en la diapausa.
  • Calentar en invierno a una reina de 2026 para que críe antes.
  • Prescindir de la diapausa o pasar del calor al frío de un día para otro.
  • Juntar reinas o conectar colonias.
  • Esconder el hormiguero: está para observarlo.

Fuentes científicas

Esta ficha combina la bibliografía científica sobre Messor capitatus y su género con lo que hemos aprendido en Antomas y lo que cuentan otros criadores. Referencias principales:

  1. Delage, B. (1962). Recherches sur l'alimentation des fourmis granivores Messor capitatus Latr. Insectes Sociaux 9: 137–143. doi:10.1007/BF02224260
  2. Baroni-Urbani, C. & Nielsen, M. G. (1990). Energetics and foraging behaviour of the European seed harvesting ant Messor capitatus. II. Do ants optimize their harvesting? Physiological Entomology 15: 449–461. doi:10.1111/j.1365-3032.1990.tb00534.x
  3. Cerdá, X. & Retana, J. (1994). Food exploitation patterns of two sympatric seed-harvesting ants Messor bouvieri (Bond.) and Messor capitatus (Latr.) from Spain. Journal of Applied Entomology 117: 268–277. doi:10.1111/j.1439-0418.1994.tb00735.x
  4. Grasso, D. A., Mori, A. & Le Moli, F. (1998). Chemical communication during foraging in the harvesting ant Messor capitatus. Insectes Sociaux 45: 85–96. doi:10.1007/s000400050071
  5. Grasso, D. A., Wenseleers, T., Mori, A., Le Moli, F. & Billen, J. (2000). Thelytokous worker reproduction and lack of Wolbachia infection in the harvesting ant Messor capitatus. Ethology Ecology & Evolution 12: 309–314. doi:10.1080/08927014.2000.9522803
  6. Grasso, D. A., Mori, A., Giovannotti, M. & Le Moli, F. (2004). Interspecific interference behaviours by workers of the harvesting ant Messor capitatus. Ethology Ecology & Evolution 16: 197–207. doi:10.1080/08927014.2004.9522631
  7. Grasso, D. A., Sledge, M. F., Le Moli, F., Mori, A. & Turillazzi, S. (2005). Nest-area marking with faeces: a chemical signature that allows colony-level recognition in seed harvesting ants. Insectes Sociaux 52: 36–44. doi:10.1007/s00040-004-0762-0
  8. Albert, M. J., Escudero, A. & Iriondo, J. M. (2005). Assessing ant seed predation in threatened plants: a case study. Acta Oecologica 28: 213–220. doi:10.1016/j.actao.2005.04.005
  9. Arnan, X., Retana, J., Rodrigo, A. & Cerdá, X. (2010). Foraging behaviour of harvesting ants determines seed removal and dispersal. Insectes Sociaux 57: 421–430. doi:10.1007/s00040-010-0100-7
  10. Plowes, N. J. R., Johnson, R. A. & Hölldobler, B. (2013). Foraging behavior in the ant genus Messor (Hymenoptera: Formicidae: Myrmicinae). Myrmecological News 18: 33–49. Texto completo en Myrmecological News
  11. Steiner, F. M., Csősz, S., Markó, B., Gamisch, A. et al. (2018). Turning one into five: integrative taxonomy uncovers complex evolution of cryptic species in the harvester ant Messor «structor». Molecular Phylogenetics and Evolution 127: 387–404. doi:10.1016/j.ympev.2018.04.005
  12. Arcos, J. & Fede, G. (2023). Hormigas de la Península Ibérica y Baleares: clave de obreras del género Messor, con ilustraciones de P. Alarcón.
Dificultad
Principiante
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