Comprar Polyergus rufescens – Hormiga Amazona Esclavista | Antomas
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Polyergus rufescens - Hormiga Amazona Esclavista

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Las guerreras que asombraron a Darwin. Polyergus rufescens, la hormiga amazona, no excava, no cuida a sus crías y ni siquiera come sola: sus obreras, armadas con mandíbulas en hoz, salen a las cinco de la tarde en columnas de más de mil para asaltar hormigueros de Formica y llevarse sus capullos. Las que nacen de ese botín se convierten en sus esclavas y lo hacen todo por ellas. Una reina que mata a otra reina para quedarse con su colonia, un perfume químico para infiltrarse y un ejército que lee el cielo antes de atacar: la parásita social más famosa de Europa, solo para criadores expertos. Colonias con reina y obreras auxiliares de Formica gerardi. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.


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Dificultad: 5/5 – Experto

La amazona europea, la esclavista que asombró a Huber y a Darwin: una parásita social obligada cuyas obreras, armadas con mandíbulas en hoz, no cuidan la cría ni comen solas y salen en columnas de cientos a robar capullos de Formica. Colonias con reina y obreras auxiliares de Formica gerardi, su esclava en la península ibérica. Nido de yeso dimensionado para las Formica, 21–26 °C, azúcar en bebedero y mucha proteína. La clave: renovar las esclavas con capullos de Serviformica (F. rufibarbis, F. fusca, F. gerardi…) de una colonia «granja» propia. Diapausa de 4–5 meses a 5–10 °C. Barrera de aceite mineral.

Polyergus rufescens (Latreille, 1798), la hormiga amazona, es una de las hormigas más célebres de la historia de la ciencia. Con ella descubrió Pierre Huber, en 1810, que existen hormigas esclavistas, y Darwin le dedicó unas páginas del Origen de las especies. Es una parásita social obligada: sus obreras son guerreras que asaltan hormigueros de Formica para llevarse sus capullos. Las Formica que nacen de ellos en el nido de las amazonas se convierten en sus obreras auxiliares, sus «esclavas», y son las que excavan, buscan comida y alimentan a la reina, a las larvas y a las propias amazonas.

Criarla es criar dos hormigas a la vez, y por eso es una de las especies más exigentes que se pueden tener en casa. Las colonias de Antomas llegan con su reina, sus amazonas y un grupo de obreras auxiliares de Formica gerardi, una Formica casi exclusiva de la península ibérica y del sur de Francia registrada como esclava de las amazonas en la península. En esta ficha separamos lo documentado por la ciencia, la práctica de los criadores y la experiencia de Antomas.

Biología

Huber, Darwin y las 30 amazonas que no sabían comer

Para comprobar hasta dónde llegaba la dependencia de las amazonas, Huber hizo un experimento tan sencillo como brutal. Encerró a 30 amazonas sin sus esclavas, pero con larvas y pupas de su especie y con la comida que más les gustaba. No hicieron nada: no cuidaron la cría, no arreglaron el nido y ni siquiera se alimentaron. Muchas murieron de hambre.

Entonces introdujo una sola obrera de Formica fusca, una de sus esclavas habituales. Se puso a trabajar enseguida: alimentó a las supervivientes, se ocupó de la cría, excavó unas cámaras y devolvió el orden al nido. Medio siglo después, Darwin contó la escena en el capítulo sobre el instinto del Origen de las especies. La lección sigue vigente para cualquier criador: una amazona sin esclavas no es una colonia, y todo lo que hagas por esta especie lo harás, en realidad, por sus Formica.

¿Qué es la dulosis? La «muy trabajadora» que no trabaja

La «esclavitud» de las hormigas se llama dulosis, del griego doulos, «esclavo». Una especie dulótica consigue a sus obreras auxiliares robando prole de otra especie, casi siempre pupas, y criándola en su nido. Las que nacen se integran en la colonia como si fuera la suya, porque es la única que conocen. P. rufescens es una dulótica obligada: no puede vivir sin sus hospedadoras.

El nombre tiene su ironía. Latreille la describió en 1798 como Formica rufescens, «la rojiza», y en 1804 creó para ella el género Polyergus, que suele traducirse del griego como «muy trabajador». Pocas hormigas hacen menos tareas domésticas. El de «amazona», en cambio, le sienta de maravilla, porque sus obreras forman un ejército de guerreras que sale de expedición.

Formica gerardi: la esclava ibérica de las amazonas

Las amazonas no esclavizan a cualquiera. Sus hospedadoras son Formica del subgénero Serviformica, un nombre que viene del latín servus, «siervo». En la península ibérica hay una protagonista: Formica gerardi, la esclava que acompaña a nuestras colonias.

F. gerardi Bondroit, 1917 es una Serviformica del grupo fusca, casi exclusiva de la península y del sur de Francia, y es la Formica más xerotérmica de Europa: la que mejor soporta el calor y la sequía. Aun así, llega hasta la meseta norte, y en el sur busca los bosques con sombra. Sus obreras son pardas y tienen el cuerpo totalmente mate, el rasgo que la separa del resto de Serviformica ibéricas. Su taxonomía ha dado muchas vueltas: se confundió con Iberoformica subrufa, se pasó al género Iberoformica y en 2018 un equipo internacional la devolvió a Formica con datos genéticos y morfológicos, y describió por primera vez su reina y su macho.

Y, sobre todo, es esclava de las amazonas. James Trager, autor de la revisión mundial del género en 2013, tenía series de amazonas de los Pirineos con F. gerardi, que allí es la hospedadora potencial más abundante. En 2018 se publicó un caso de dulosis entre ambas especies en un pinar mediterráneo de montaña del este peninsular. Curiosamente, I. subrufa, abundante en la península, nunca aparece esclavizada. En la tienda tienes también la ficha de Formica gerardi, una de las Serviformica que, como verás, son la clave para mantener viva una colonia de amazonas durante años.

De la Europa atlántica a las montañas de Asia central

P. rufescens vive desde la Europa atlántica hasta las montañas de Kirguistán, Kazajistán y el oeste de China, y en Europa occidental y central es la única especie de su género. Es una hormiga de espacios abiertos y soleados: pastizales secos, claros, bordes de bosque y laderas al sol, y en la península también pinares mediterráneos. Lo que necesita de verdad es una población abundante de Formica que saquear. Su clima es templado, con inviernos fríos y veranos en los que, a ras de suelo, las tardes superan a menudo los 30 °C.

En cada región esclaviza a las Serviformica que tiene a mano. Las hospedadoras clásicas en Italia, Francia y Europa central son F. cunicularia, F. fusca y F. rufibarbis, y también se han registrado F. gagates, F. cinerea y F. clara. En la península, la única bien documentada es F. gerardi. Y en la naturaleza cada colonia suele trabajar con una sola especie: las colonias con esclavas de varias especies son raras. En cautividad, en cambio, la mezcla funciona: en Antomas, nuestras colonias viven con una mezcla de F. rufibarbis, F. fusca y F. gerardi.

El reloj de las cinco de la tarde: anatomía de una incursión

El estudio clásico lo firmaron Alessandra Mori, Donato Grasso y Francesco Le Moli, de la Universidad de Parma. Siguieron una colonia del norte de Italia durante 53 días seguidos, diez horas al día, y registraron 38 incursiones en 32 jornadas: 27 terminaron con el saqueo de diez nidos de F. cunicularia y 11 fracasaron. Una incursión típica sigue este guion:

  • Exploradoras. Desde primera hora de la tarde, algunas obreras salen solas a buscar hormigueros de Formica, hasta a unos 30 m.
  • Reclutamiento. Hacia las 16:30, varios cientos de amazonas giran en remolino alrededor de la entrada durante unos 20 minutos.
  • Salida. La columna arranca de media a las 17:00, entre las 16:00 y las 18:00, y cada vez antes a medida que avanza el verano.
  • La columna. Una media de 1.061 obreras, en una formación de más de 10 m de largo, guiada por una o dos exploradoras.
  • Ida y vuelta. A unos 1,5 m por minuto a la ida y 2 m por minuto a la vuelta, por el mismo camino: unos 70 m en total y unos 50 minutos. Hacia las 18:30 todo ha terminado.

Unos años después, el mismo grupo siguió una a una a 47 exploradoras: el camino de ida era sinuoso, de búsqueda; el de vuelta, mucho más directo. En el nido reclutaban a sus compañeras y las guiaban hasta el objetivo, y la columna volvía siguiendo un rastro químico. Otro trabajo del equipo estudió las glándulas de las que salen las señales de reclutamiento, de rastro y de «propaganda», las sustancias que siembran el desconcierto entre las defensoras.

En el bosque de Białowieża, en Polonia, Wojciech Czechowski estimó columnas de hasta unas 2.000 obreras. Así se ve un ejército de amazonas, en dos vídeos cortos de Anthouse:

Las amazonas en acción: «El ejército de las hormigas esclavistas», un vídeo de Anthouse.

Otra mirada a las esclavistas: «El ejército de las hormigas esclavistas 3», de Anthouse.

Meteorólogas de seis patas

No salen de incursión cualquier día. En el estudio italiano, el 94 % de los días con incursión tenían el cielo despejado, frente al 9 % de los días sin ella, y a las 17:00 hacía de media 32,5 °C los días de incursión y 29,7 °C los demás. Los autores proponen que se orientan también por el sol y la luz polarizada del cielo, lo que explicaría su preferencia por las tardes claras.

Tampoco son infalibles. En 1979, el mirmecólogo Cedric Collingwood escribió que sus incursiones tenían un «éxito invariable», pero los datos de campo dicen otra cosa: el 29 % fracasó, muchas por algo tan prosaico como un charco que cortaba la ruta.

Zapadoras y ladronas de adultas: la eudulosis

Si las Formica han tapado la entrada con piedrecitas, varias amazonas se ponen a excavar para abrir paso a la columna, algo que nunca hacen en su propio nido. El saqueo dura solo unos minutos. El botín son sobre todo pupas de obrera, pero también larvas grandes y alguna obrera recién nacida. Y en tres incursiones los investigadores vieron algo que nunca se había observado en el campo: las amazonas se llevaban obreras adultas de Formica. Es la eudulosis, el robo de adultas además de prole. No se supo si esas obreras acabaron integradas o devoradas.

Solo atacan a sus parientes

En la zona de estudio había nidos de Myrmica sabuleti, Lasius alienus, L. niger y Tetramorium caespitum, y las amazonas nunca los atacaron: solo asaltaban Formica, sus parientes cercanas. Es lo que predice la regla de Emery, según la cual los parásitos sociales suelen estar emparentados con sus hospedadores. Eso sí, también hay incursiones entre colonias de amazonas, en disputas por el territorio.

Amazonas contra hormigas rojas de la madera

En Białowieża, Czechowski siguió dos colonias de amazonas que vivían dentro de los territorios de Formica polyctena, una de las agresivas hormigas rojas de la madera. Las columnas cruzaban sus pistas sin apenas bajas, y en una ocasión las F. polyctena se apartaron a su paso como el mar Rojo. Las amazonas llegaron a asaltar ocho veces nidos pequeños de F. polyctena, de los que se llevaron 200–300 pupas y larvas, pero nunca empezaban las peleas: solo respondían si las atacaban.

Muchas pupas acaban en la despensa

No todas las pupas robadas llegan a ser esclavas: muchas se las comen las propias esclavas, sobre todo si son de otra especie. Czechowski dejó unas 3.000 pupas de F. exsecta y F. sanguinea, dos Formica que no son Serviformica, junto al nido de una colonia de amazonas. Las esclavas las recogieron, pero al año siguiente solo había esclavas de F. fusca, las de siempre. En la amazona norteamericana Polyergus lucidus, las esclavas también destruyen más pupas de otra especie que de la suya. La lección para el criador es clara: las esclavas se renuevan con capullos de Serviformica, las esclavas naturales de las amazonas, y conviene vigilar cómo acoge la colonia las primeras tandas.

Hienas en la retaguardia: el «hienismo»

Una incursión deja obreras de Formica muertas alrededor del nido saqueado, y hay quien se aprovecha. El mirmecólogo checo Pavel Pech vio cómo Myrmica sabuleti, y probablemente Lasius alienus, recogían los cadáveres de F. fusca que había dejado una incursión de amazonas. Lo llamó hienismo, por las hienas que aprovechan la caza de otros. Y no fue un picoteo: la biomasa seca que se llevó M. sabuleti equivalía a la mitad del peso seco de todas sus obreras.

Bodas en la pista de batalla

Los vuelos nupciales se concentran en julio y agosto, normalmente en las primeras horas de la tarde, soleadas y calurosas. Lo curioso es lo que pasa después. Las hembras pueden aparearse junto a su nido, volver a una colonia de amazonas y esperar a que salga una incursión, o aparearse en plena incursión. Se quitan las alas a los pocos minutos, y en varias incursiones se han visto reinas aladas y recién desaladas dentro de la columna. No es casualidad: seguir una columna es su forma de encontrar un nido que invadir, justo cuando el ataque lo ha desorganizado.

Una reina que mata a la reina

La reina de las amazonas no puede fundar sola, ni de forma claustral ni semiclaustral. Su camino es la usurpación: entra en un nido de Formica, a menudo aprovechando una incursión, busca a la reina hospedadora y la mata a mordiscos. Las obreras residentes la atacan al principio, pero las agresiones bajan y se alternan con acicalamientos, y en pocas horas la usurpadora está aceptada, rodeada de obreras que la limpian y la alimentan.

¿Y si llegan dos? Patrizia D'Ettorre y sus colegas metieron a la vez dos reinas de amazona en nidos de F. cunicularia. Nunca cooperaron: las obreras adoptaron a una y mataron a la otra. La aceptada empezó a poner en la primavera siguiente. Es la fundación haplometrótica, con una sola reina. El mismo grupo vio, además, que la aceptación depende de la especie de Formica y de su procedencia.

¿Apaciguar o repeler? El misterio del butanoato de decilo

¿Cómo consigue una reina sola que un hormiguero entero deje de atacarla? La clave está en su glándula de Dufour, que está hipertrofiada antes de la usurpación y se reduce después. Cómo actúa su secreción es objeto de un bonito debate científico:

  • Apaciguamiento. El equipo de Mori propuso en 2000 que la secreción actúa como un alomón apaciguador, que calma la agresividad de las obreras hospedadoras.
  • Estrategia doble. Ese mismo año, el equipo de D'Ettorre propuso otra idea. La reina tiene un perfil químico discreto, y su secreción de Dufour es en más del 90 % butanoato de decilo. La mezcla sintética de la reina redujo la agresividad de F. cunicularia, y el butanoato de decilo por sí solo resultó repelente: obreras hambrientas ni se acercaban a una gota de miel tratada con él, algo que no logró el limoneno, un repelente conocido.

El título de ese artículo lo resume con gracia: «Cuélate o repele a tu enemigo». Pasar desapercibida y, a la vez, mantener a raya a las defensoras: una infiltración química digna de una novela de espías.

Camaleones químicos

En un hormiguero, el «carné de identidad» es químico: los hidrocarburos cuticulares, las ceras que recubren el cuerpo. En 2002, D'Ettorre y su equipo demostraron que las obreras jóvenes de amazona ajustan su perfil químico para parecerse a la Formica que las cría. Las que se criaron aisladas acabaron con un perfil casi igual al de la hospedadora principal de su población: una adaptación local a su esclava habitual.

Las recién nacidas tienen otro recurso: ofrecen a sus esclavas una gotita por el extremo del abdomen, muy atractiva para las Formica. Fue la primera trofalaxia proctodeal, o anal, descrita en las formicinas, y podría ayudar a que las acepten.

Tamaño y morfología

Hormiga esbelta, de color pardo rojizo más o menos uniforme, con variaciones según la región. Las obreras son monomórficas: no hay soldados, porque todas son ya guerreras.

  • Mandíbulas en hoz. Largas, estrechas, curvadas y puntiagudas, como pequeños sables. Perfectas para perforar la cabeza de una defensora y para transportar pupas, y muy poco útiles para cuidar larvas o trocear alimento.
  • Coloración de nuestras colonias. Pardo rojizo uniforme en la reina y en las obreras.
  • Reina. Más robusta, con el gáster grande. Lo normal es una reina alada que se quita las alas tras el apareamiento, pero existen también reinas ergatoides, sin alas y con aspecto de obrera, que Collingwood describía «como la obrera, pero con el alitronco más voluminoso». Las dos pueden fundar sustituyendo a la reina hospedadora.
  • Sin aguijón. Como todas las formicinas, tiene acidoporo, la boquilla del extremo del gáster por la que expulsa sus secreciones defensivas.
  • Una glándula exclusiva. En 1984, Bert Hölldobler descubrió en las amazonas la glándula pigidial: dentro de las formicinas, Polyergus es el único género que la tiene. No hay que confundirla con la de Dufour, que tienen todas las formicinas.

Medidas aproximadas

  • Obreras: 4,7–7 mm (Trager, 2013); 5–7 mm según Collingwood (1979)
  • Reina normal: 8–9,5 mm
  • Reina ergatoide: 7–9 mm
  • Macho: 6–7 mm

Las medidas de las reinas y del macho son de Collingwood (1979). Algunas fichas comerciales dan obreras de 7–8 mm o reinas de 10 mm o más, cifras que no aparecen en la bibliografía científica.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 5/5 – Experto

No es difícil por la temperatura ni por la comida, sino porque criarla es mantener en equilibrio dos especies. Las amazonas dependen por completo de sus Formica, y esas Formica no se reproducen en la colonia mixta: no tienen reina propia, envejecen y van muriendo. Sin relevo, la colonia se apaga aunque todo lo demás esté perfecto. Por eso es un 5/5:

  • Dependencia total. Una reina o unas amazonas sin esclavas no son viables: en un caso descrito en un foro español, una reina que se dejó sola en un tubo murió en menos de 24 horas.
  • Hay que renovar las esclavas, con capullos de Serviformica de una colonia propia (ver «Renovar las esclavas: la “granja” de Serviformica»).
  • Esclavas del subgénero Serviformica: vale la que tengas a mano o puedas conseguir, pero no las Formica de otros grupos, cuyas pupas suelen perderse. Y nunca obreras adultas extrañas, que atacan a la reina.
  • Reinas frágiles: son pequeñas, y los criadores coinciden en que se lesionan con facilidad en cualquier pelea, sobre todo las antenas.

¿Merece la pena? Para un criador con experiencia, sin duda. Es la especie de Huber y de Darwin, una de las hormigas con el comportamiento más extraordinario de Europa, y ver a las Formica alimentar boca a boca a sus guerreras no lo ofrece ninguna otra. Si ya has criado Formica con éxito, estás listo para el siguiente nivel.

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 21–26 °C en la temporada activa.
  • Zona de forrajeo: algo más cálida en un extremo, hasta unos 28 °C, para que la colonia elija.
  • Humedad: gradiente en el nido de yeso, con una zona algo húmeda para la cría y cámaras más secas; forrajeo seco.
  • Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: zona oscura en el nido y forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche.
  • Diapausa: 4–5 meses, de noviembre a marzo, a unos 5–10 °C (ver «Diapausa»).

Hormigueros recomendados: pensados para las Formica

El nido se dimensiona para las Formica, que son las que lo mantienen y crían la prole; las amazonas pasan casi todo el tiempo dentro, esperando a que las alimenten. En Antomas recomendamos los Qbik Wild de Anthouse, de yeso, que guardan bien la humedad, permiten tener un gradiente y tienen cámaras y galerías a la medida de las Formica. Para la colonia tal como llega, el Qbik Wild One P 1C:

Para que crezca, a medida que incorpores esclavas nuevas, el Qbik Wild Duo P 2C:

No te adelantes con la ampliación: en un nido enorme para una colonia pequeña, las cámaras sobrantes acaban convertidas en basureros. Completa el montaje con estos detalles:

  • Una zona de forrajeo amplia, con algo de arena y piedras planas: las Formica son forrajeadoras activas y las amazonas, exploradoras.
  • Barrera de aceite mineral y tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).
  • Agua en un tubo con algodón y un bebedero para los líquidos azucarados.
  • Calor suave, solo si hace falta, en un lateral y con termostato.

Temperatura y humedad

Nadie ha medido el óptimo térmico de la especie, así que la temperatura se ajusta a lo que necesitan las dos hormigas a la vez. En Antomas recomendamos 21–26 °C en el nido y un extremo del forrajeo algo más cálido. Esclavas como F. gerardi llevan bien el calor, pero eso no significa que la cría deba vivir a la temperatura de una tarde de incursión: un criador español contó que, con una zona demasiado caliente, sus hormigas sacaron de ella todos los capullos. Mejor un gradiente que un nido recalentado.

Con la humedad pasa igual. Basta con hidratar una parte del nido de yeso y dejar el resto más seco: la colonia moverá la cría según lo necesite. Las esclavas habituales, como F. gerardi o F. rufibarbis, son de ambientes secos, así que no hace falta empapar el nido; lo que hay que evitar es la condensación permanente, que trae moho y ácaros.

Llegada y mudanza

Al recibir la colonia, déjala reposar en un lugar tranquilo y templado y comprueba que tiene agua. Para pasarla al hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado: abrimos el recipiente de envío dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y volcamos con suavidad a la reina, las amazonas, las Formica y la cría, ayudando a las rezagadas con un pincel suave. Con la zona del nido a oscuras, las Formica recogen la cría y la llevan dentro enseguida.

  • Prepáralo todo antes: el hormiguero montado, con la barrera puesta, el tubo de agua y la comida.
  • Trabaja sobre una bandeja, por si alguna obrera trepa por el recipiente.
  • Vigila a la reina: es la pieza más valiosa y más frágil. Si se queda atrás, acércala a la entrada con el pincel.

Alimentación: se alimenta a las esclavas

En una colonia de amazonas, las que comen de verdad son las Formica: recogen la comida y la reparten boca a boca, por trofalaxia, a la reina, a las larvas y a las amazonas. Todo lo que ofrezcas está pensado para ellas. Y es todo un espectáculo ver a una amazona pedir comida a una esclava con las antenas y recibir la gota de su boca.

Líquidos azucarados. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero y nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido enseguida: un bebedero tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible.

Proteína: cuanta más, mejor. Es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no hacerlo, porque la comida que sobra trae moho y ácaros. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra:

Ofrécelos troceados o recién sacrificados y compra los insectos a un proveedor fiable: los tratados con insecticidas pueden matar a la colonia. Un criador español que perdió más de 20 larvas en un mes lo atribuyó a la falta de proteína: en una colonia mixta, quedarse corto se paga caro. Y el agua, siempre, en el tubo con algodón del forrajeo.

Fundación y crecimiento: una colonia que nace robada

En la naturaleza, una colonia de amazonas nace por usurpación (ver «Una reina que mata a la reina»). En casa no hace falta repetir ese momento tan delicado, porque las colonias de Antomas ya llegan formadas. A partir de ahí, la colonia crece a dos ritmos:

  • Las amazonas salen de los huevos de la reina, y las Formica crían esa prole. Según los criadores, de huevo a obrera pasan unas 6–7 semanas con calor. Las pupas van en capullo.
  • Las Formica no se reproducen, porque no tienen reina: solo aumentan si tú las renuevas.

En la naturaleza, las esclavas pueden ser el 80–90 % de una colonia madura. Los criadores recomiendan mantener al menos 4–8 Formica por cada amazona: si las amazonas empiezan a ser casi tantas como las esclavas, o ves la cría desatendida, toca renovar. Y si algún día tienes que formar una colonia alrededor de una reina, el método que mejor les ha funcionado es darle unas pocas esclavas recién nacidas y varias docenas de pupas, nunca obreras adultas extrañas, que suelen pelearse con ella y herirla.

Renovar las esclavas: la «granja» de Serviformica

Es la clave de la cría. En la naturaleza, la colonia renueva sus esclavas con las incursiones del verano; en casa, en Antomas recomendamos hacerlo con capullos de Serviformica de una colonia propia que haga de «granja», de la especie que tengas a mano o puedas conseguir:

  • Mantén aparte una colonia sana de Serviformica, con su reina y en su propio hormiguero, y aliméntala muy bien para que produzca muchas pupas. Sirven F. rufibarbis, F. fusca, F. gerardi o F. cunicularia, entre otras, pero no las Formica de otros grupos, como F. sanguinea, las del grupo rufa o F. exsecta. Puedes empezarla con una de nuestras colonias de Formica gerardi o de Formica rufibarbis.
  • En verano, cuando la granja tenga capullos de obrera, toma un lote con un pincel o unas pinzas blandas y déjalo en el forrajeo de las amazonas, junto a la entrada del nido: lo recogerán y lo llevarán dentro. Los criadores han usado tandas de varias docenas de capullos.
  • No vacíes la granja: llévate solo una parte de los capullos, para que siga creciendo y te dé pupas año tras año.
  • No tiene por qué ser una sola especie. En Antomas, nuestras colonias viven con una mezcla de F. rufibarbis, F. fusca y F. gerardi, y funciona. Un criador alemán contó lo contrario: al cambiar de Formica, sus esclavas establecidas echaron del nido a las recién nacidas de la otra especie, que murieron. Es una experiencia aislada, pero conviene vigilar cómo acoge la colonia las primeras tandas de una especie nueva.
  • Nunca obreras adultas extrañas: se pelean con las residentes y pueden herir a la reina.
  • Nunca nidos silvestres. No saques nidos de Formica del campo: la granja propia es la forma responsable y la que mejor funciona.

Para las obreras que nazcan de esos capullos, la colonia de amazonas será la suya. Un criador español mantuvo así una colonia más de tres años, con F. fusca, y vio nacer nuevas amazonas. ¿Y recrear incursiones en casa? En 2001, el equipo de Parma consiguió provocarlas en el laboratorio, pero no es nuestro método: la colonia atacada pierde la cría y sufre bajas. Los capullos de la granja son más sencillos y más respetuosos con tus Serviformica.

Anthouse grabó un experimento que lo muestra muy bien: juntó un nido de amazonas con uno de Formica. En la continuación se ve el ataque, letal, y el sometimiento de las Formica:

«El experimento de las hormigas esclavistas», de Anthouse: amazonas y Formica en nidos que se juntan.

La continuación, «El experimento del hormiguero esclavista», de Anthouse: ataque letal y sometimiento.

Diapausa

Es una hormiga de clima templado, y en Antomas recomendamos una diapausa de 4–5 meses, más o menos de noviembre a marzo, a unos 5–10 °C. Encaja con lo que se sabe: las reinas aceptadas en los experimentos de usurpación empezaban a poner en la primavera siguiente. Lo que nadie ha estudiado es en qué fase pasa el invierno la prole.

  • Ajústala a las Formica: tiene que sentarles bien a las amazonas y a sus esclavas. Con Serviformica mediterráneas como F. gerardi, no hace falta apurar hasta el extremo frío del rango.
  • Baja la temperatura poco a poco en otoño, a lo largo de una o dos semanas, y súbela igual en primavera.
  • Durante la diapausa: agua siempre disponible, un poco de líquido azucarado y nada de proteína.
  • Al terminar, vuelve a la proteína en cuanto veas actividad, y prepara la granja: los capullos de Formica llegan con el calor.

Comportamiento en cautividad

Un nido de dos especies. Las Formica lo hacen todo, y las amazonas pasan la mayor parte del tiempo esperando dentro del nido. Es normal verlas quietas, pidiendo comida a las esclavas con las antenas, mientras las Formica recorren el forrajeo. Con calor, es posible que las veas más inquietas por la tarde: es su reloj de las incursiones.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible.

Señales de alarma:

  • Pocas Formica para muchas amazonas, o cría desatendida: toca renovar las esclavas.
  • Larvas que desaparecen: casi siempre falta proteína.
  • Amazonas que no consiguen salir del capullo: los criadores lo atribuyen a que las esclavas no las ayudan, otra razón para mantener una buena proporción.
  • Obreras de Formica que ponen huevos: suele pasar cuando la colonia ha perdido a su reina.

Fugas y barreras

No hay datos publicados sobre si las amazonas o sus Serviformica trepan el vidrio o el acrílico, así que en Antomas recomendamos tratarlas como a cualquier Formica: hormigas rápidas, ágiles y buenas exploradoras.

  • Una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes del forrajeo, fina y continua. Renuévala cuando acumule polvo.
  • Tapa bien ajustada, como segunda línea.
  • Conexiones cerrables y sin rendijas.
  • Nada que sirva de puente hasta la barrera.

Manejo y seguridad

No pican: no tienen aguijón. Las amazonas y las Formica pueden morder y rociar sus secreciones defensivas, pero nada que deba preocuparte si trabajas con calma. Manipúlalas con herramientas entomológicas (un pincel suave o unas pinzas blandas), no con las manos, y con especial cuidado cerca de la reina. No juntes colonias distintas, y nunca liberes en el campo una colonia mixta ni sus Formica.

Qué no hacer

  • Tener a la reina o a las amazonas sin esclavas, aunque sea unas horas.
  • Dejar que se agoten las esclavas: hay que renovarlas antes de que falten.
  • Renovarlas con pupas de Formica que no sean Serviformica (F. sanguinea, grupo rufa, F. exsecta…), o con obreras adultas extrañas.
  • Sacar nidos de Formica del campo, o vaciar la granja de capullos de una vez.
  • Quedarse corto con la proteína o dejar restos sin limpiar.
  • Poner los líquidos azucarados en algodón.
  • Recalentar o empapar el nido: mejor un gradiente.
  • Saltarse la diapausa, o empezarla y terminarla de golpe.
  • Manipularlas con las manos.

Fuentes científicas

Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Polyergus rufescens y sus hospedadoras del subgénero Serviformica, de los textos clásicos de Huber y Darwin, y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

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  2. Hölldobler, B. (1984). A new exocrine gland in the slave raiding ant genus Polyergus. Psyche 91: 225–235. doi:10.1155/1984/27318
  3. Mori, A., Grasso, D. A. & Le Moli, F. (1991). Eco-ethological study on raiding behaviour of the European amazon ant, Polyergus rufescens Latr. Ethology 88: 46–62. doi:10.1111/j.1439-0310.1991.tb00262.x
  4. Le Moli, F., Grasso, D. A., Mori, A. & Ugolini, A. (1994). Eco-ethological factors affecting the scouting and raiding behaviour of the slave-making ant, Polyergus rufescens Latr. Ethology 96: 289–302. doi:10.1111/j.1439-0310.1994.tb01017.x
  5. Mori, A., D'Ettorre, P. & Le Moli, F. (1994). Mating and post-mating behaviour of the European amazon ant, Polyergus rufescens. Bollettino di Zoologia 61: 203–206. doi:10.1080/11250009409355886
  6. Mori, A., D'Ettorre, P. & Le Moli, F. (1995). Host nest usurpation and colony foundation in the European amazon ant, Polyergus rufescens Latr. Insectes Sociaux 42: 279–286. doi:10.1007/BF01240422
  7. D'Ettorre, P., Mori, A. & Le Moli, F. (1997). Haplometrotic colony founding by the slave-making ant Polyergus rufescens. Italian Journal of Zoology 64: 49–53. doi:10.1080/11250009709356171
  8. Mori, A., Visicchio, R., Sledge, M. F., Grasso, D. A., Le Moli, F., Turillazzi, S., Spencer, S. & Jones, G. R. (2000). Behavioural assays testing the appeasement allomone of Polyergus rufescens queens during host-colony usurpation. Ethology Ecology & Evolution 12: 315–322. doi:10.1080/08927014.2000.9522804
  9. D'Ettorre, P., Errard, C., Ibarra, F., Francke, W. & Hefetz, A. (2000). Sneak in or repel your enemy: Dufour's gland repellent as a strategy for successful usurpation in the slave-maker Polyergus rufescens. Chemoecology 10: 135–142. doi:10.1007/PL00001815
  10. Le Moli, F., Visicchio, R., Mori, A., Grasso, D. A. & Castracani, C. (2001). Laboratory observations on raiding behaviour of the slave-making ant, Polyergus rufescens. Italian Journal of Zoology 68: 323–326. doi:10.1080/11250000109356426
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  13. Pech, P. (2012). Hyenism in ants: non-target ants profit from Polyergus rufescens raids (Hymenoptera: Formicidae). Sociobiology 59: 67–69. doi:10.13102/sociobiology.v59i1.667
  14. Gómez, K., Lorite, P., García, F., Tinaut, A., Espadaler, X., Palomeque, T., Sanllorente, O. & Trager, J. (2018). Differentiating Iberoformica and Formica (Serviformica) with description of the sexual castes of Formica (Serviformica) gerardi Bondroit, 1917 stat. rev. Sociobiology 65: 463–470. doi:10.13102/sociobiology.v65i3.3315
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