Camponotus barbaricus
Lacada en rojo y negro. Camponotus barbaricus lleva el nombre de Berbería, pero Carlo Emery la describió en 1905 con hormigas del sur de la península ibérica, y fue subespecie de C. sylvaticus hasta ganarse un nombre propio que los especialistas aún discuten. Su tórax rojo brillante reluce como un esmalte entre la cabeza y el gáster negros, y sus majors, de cabeza descomunal, pueden pasar del centímetro. Pastora de pulgones que sale a cazar cuando cae el sol y vuela en masa las noches cálidas de junio y julio, es fácil, agradecida y capaz de levantar una gran colonia si la cuidas bien: una de las mejores carpinteras ibéricas para empezar. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 1/5 – Principiante
Camponotus ibérica del subgénero Tanaemyrmex: tórax rojo brillante entre la cabeza y el gáster negros, cutícula lustrosa y majors de cabeza enorme. Hormiga de suelo, crepuscular y nocturna en verano, que vive de la melaza y caza insectos. Se vende como colonia con reina, obreras y prole: una sola reina por nido y fundación claustral. Para empezar, Qbik Wild; cuando crezca, gama Alpha. Nido a 24–28 °C con gradiente, líquidos azucarados a diario en bebedero e insectos en abundancia, y diapausa suave de 8–12 semanas a 14–16 °C. Sube por el cristal: necesita una franja de aceite mineral o de talco. Inofensiva para quien la cuida.
Camponotus barbaricus Emery, 1905 es una de las hormigas carpinteras grandes del Mediterráneo occidental y, para muchos aficionados, una de las más bonitas de la península ibérica. Su obrera parece pintada a mano: cabeza y gáster negros y, entre ambos, un tórax rojo anaranjado que reluce como si lo hubieran barnizado. Cuando la colonia madura aparecen unas majors de cabeza descomunal, el gran espectáculo de la especie.
Además, tiene historia: se describió con ejemplares de Sevilla y Gibraltar, pasó décadas como subespecie de C. sylvaticus y su posición exacta sigue siendo un problema abierto. En las líneas que siguen distinguimos los datos publicados, la experiencia de otros aficionados y las pautas de Antomas. Adelantamos la conclusión: es de las Camponotus más agradecidas para empezar.
Biología
«La de Berbería», descrita en Sevilla
El nombre despista. En latín, barbaricus significa «extranjero, bárbaro», y en zoología suele aludir a Berbería, el antiguo nombre europeo de la costa del Magreb. Sin embargo, cuando el mirmecólogo italiano Carlo Emery la describió en 1905, los ejemplares que tenía delante, los sintipos o ejemplares de referencia de la descripción, procedían de Gibraltar y de Sevilla, «Siviglia» en el italiano de Emery. Hoy se guardan en el Museo Cívico de Historia Natural de Génova. La hormiga «de Berbería» nació, por tanto, para la ciencia a este lado del Estrecho.
Emery no la describió como especie, sino como Camponotus maculatus subsp. barbaricus: una forma de C. maculatus, hormiga africana bajo cuyo nombre se agrupaban entonces muchas Camponotus parecidas. Ese año describió también la forma xanthomelas, de Argelia y Túnez, hoy una de sus subespecies junto a eubarbaricus, que el francés Henri Cagniant describió de Argelia en 1970.
Tiene hasta una errata famosa: en 1921, el suizo Felix Santschi la escribió «barbarus», como la hormiga granívora Messor barbarus, de otra subfamilia y sin ningún parecido.
Hija de C. sylvaticus: un nudo taxonómico sin deshacer
En 1920, Emery la trasladó como subespecie a C. sylvaticus, y Santschi hizo lo mismo al año siguiente. Durante buena parte del siglo XX fue, por tanto, una forma de la Camponotus sylvaticus, la carpintera brillante de tórax rojizo de gran parte de la Península y el sur de Francia. Después recuperó el rango de especie y, en el catálogo mundial de Barry Bolton de 1995, quedó en el subgénero Tanaemyrmex Ashmead, 1905, donde sigue.
La historia no está cerrada. K. Gómez y X. Espadaler, autores de Hormigas Ibéricas, señalan C. barbaricus como un problema taxonómico todavía sin resolver. No es raro: Camponotus tiene más de mil especies y su clasificación se está rehaciendo con ADN. Desde 2016 se ha reorganizado la subfamilia de las formicinas, y una revisión de 2021 mostró que muchos rasgos usados para definir los subgéneros de Camponotus han aparecido varias veces por separado en la evolución, lo que se llama homoplasia.
Para un criador, la consecuencia es sencilla: C. barbaricus es una hormiga bien reconocible en la práctica, pero su frontera con C. sylvaticus todavía se discute, y separarlas exige lupa y clave.
Lacada, no aterciopelada
Junto a una C. cruentatus, grande y en negro y rojo como ella, cualquiera diría que son primas. No lo son: pertenecen a linajes distintos, y con buena luz se nota. C. cruentatus y C. micans son del subgénero Myrmosericus: mates, con el gáster aterciopelado de pelillo. C. barbaricus pertenece, por el contrario, a Tanaemyrmex: cutícula brillante y gáster casi sin pubescencia, liso como la laca.
Los dos subgéneros comparten mandíbulas de 7–8 dientes y un clípeo, la placa que cubre la boca por delante, con quilla central y lóbulo rectangular, así que las claves miran sobre todo el brillo y el pelo. Para las cuatro grandes ibéricas de Antomas, la regla rápida es esta:
- Gáster mate, con pelillo y la base rojiza: C. cruentatus.
- Toda negra, con el gáster bandeado de pelillo plateado o dorado: C. micans.
- Cabeza y gáster negros y lustrosos, tórax rojo: una Tanaemyrmex, que puede ser C. barbaricus, C. sylvaticus o C. pilicornis.
Dentro del subgénero ya hace falta lupa. Gómez y Espadaler, en su clave, la separan por el mesosoma de tono rojizo a naranja y por una profunda acanaladura a lo largo de la tibia posterior; C. pilicornis lleva setas en las mejillas, y para separar barbaricus de sylvaticus se comparan los pelos erectos de las mejillas y del escapo de la antena.
Majors de cabeza enorme
La gran atracción de C. barbaricus son sus castas. Tiene un polimorfismo marcado: de la misma reina salen minors esbeltas, obreras medias y majors de cabeza enorme y negra, con mandíbulas anchas y fuertes. No son castas separadas, sino los extremos de una escala continua, y el secreto está en la alometría: cuanto más grande es la obrera, más le crece la cabeza en proporción al cuerpo. Por eso la minor tiene la cabeza estrecha y la major parece toda cabeza.
En el subgénero Tanaemyrmex, las majors pueden pasar del centímetro, según el trabajo de García (2025) sobre las Camponotus de Galicia, que repasa los subgéneros ibéricos. En una colonia muy bien atendida que documentó una criadora, las primeras aparecieron más o menos al año de la fundación, con unas 80–100 obreras.
Las minors se encargan de casi todo el forrajeo y de la cría; las majors, de defender el nido y de despiezar las presas grandes. Cuando cae un insecto voluminoso en el forrajeo, suelen ser ellas las que lo abren.
Sur peninsular, Malta y el Magreb
Es una hormiga del Mediterráneo occidental más cálido. Los mapas de distribución la recogen en España, Portugal, Gibraltar, Italia, Malta y Argelia, y la subespecie xanthomelas, en Argelia y Túnez. En la Península es sobre todo meridional: sus tipos son andaluces, los vuelos anotados por aficionados se concentran en el sur y no se ha citado en Galicia. En Malta la confirmó también un criador que capturó allí una reina en 2019. No está en Canarias, y en Marruecos y Baleares está por confirmar.
Vive en terrenos abiertos, soleados y de suelo seco, con nidos bajo piedras y, con menos frecuencia, en madera muerta. Forrajea por el suelo y la vegetación baja, y se la ha fotografiado de día en flores de alcachofa silvestre (Cynara).
Su clima es el mediterráneo del sur: veranos largos, calurosos y secos, e inviernos cortos y templados, con pocas heladas en las tierras bajas. La colonia pasa unos meses frescos sin criar, pero sin helarse, y por eso su diapausa en casa es corta y suave (ver «Diapausa suave»).
Bodas en las noches de junio
C. barbaricus se reproduce en un vuelo nupcial: reinas y machos alados salen a la vez de muchos nidos, se aparean y los machos mueren poco después. Los registros de los aficionados en la web antflights sitúan sus vuelos entre la segunda quincena de junio y la segunda de julio, casi siempre de las nueve de la noche a la medianoche, en noches cálidas y despejadas. Algunas noches el vuelo es masivo, y entre las anotaciones no faltan los alados que acaban ahogados en las piscinas.
Tras el vuelo, la joven reina se desprende de las alas y se encierra en una pequeña cámara, casi siempre bajo una piedra. Empieza la fundación claustral: saca adelante su primera camada de obreras en ayunas, tirando de sus reservas de grasa y de unos músculos de vuelo que nunca volverá a necesitar. Un trabajo clásico de 1989 lo confirmó midiendo reinas de distintas especies: las de fundación claustral son de mayor tamaño y guardan más reservas grasas que las que deben forrajear mientras fundan. Aun así, de las muchísimas reinas que vuelan cada verano, muy pocas llegan a ver crecer su colonia.
Turno de noche en verano
No hay estudios de su ritmo diario, pero los criadores coinciden en que, en pleno verano, C. barbaricus es crepuscular y nocturna: sale cuando cae el sol y se recoge con el calor. Una criadora con años de experiencia la llamaba «definitivamente nocturna». En primavera y otoño también se la ve de día, como en esas flores de alcachofa silvestre.
Encaja con sus parientes ibéricas: C. pilicornis es crepuscular y nocturna, y en C. sylvaticus se ha medido que la luz marca su jornada. Entre las hormigas del Mediterráneo, además, el termómetro organiza el horario: el equipo de Xavier Cerdá y Javier Retana demostró que el calor de mediodía llega a trastocar las jerarquías entre especies dominantes y subordinadas. Salir de noche permite esquivar a la vez el calor y a las competidoras, una explicación razonable que en esta especie nadie ha medido.
No traza grandes caminos de forrajeo: sus obreras salen solas o en grupos pequeños. Según los criadores, a 25–30 °C se vuelve bastante decidida frente a cualquier intruso.
Pastora de pulgones con bacteria a bordo
Como el resto de su género, C. barbaricus vive en buena parte de la melaza que excretan pulgones y cochinillas, y del néctar. Esa alianza se llama trofobiosis: la hormiga defiende a estos chupadores de savia de sus enemigos y, a cambio, los «ordeña», tocándolos con las antenas para que suelten su gota dulce. Una revisión de 2005 mostró que, según las especies y la situación, la relación va del beneficio mutuo a algo parecido a una granja. No hay estudios propios de C. barbaricus, pero en cautividad su pasión por el azúcar no deja dudas.
¿Cómo se mantiene una hormiga tan grande con una dieta tan dulce? Con un socio. En el intestino de las hormigas carpinteras viaja Blochmannia, una bacteria que habita en unas células especializadas, los bacteriocitos, y que cada reina transmite a su descendencia dentro del huevo. Se describió como género en 2000, y un experimento de 2007 con C. floridanus probó que mejora la nutrición de su anfitriona con compuestos nitrogenados. Según un estudio de 2009, la tribu adoptó este socio al empezar a atender insectos chupadores de savia. Eso sí, la bacteria no sustituye a los insectos (ver «Alimentación»).
Química sin aguijón
C. barbaricus no tiene aguijón. Como todas las formicinas, su arma es el ácido fórmico de la glándula del veneno, cuya fabricación estudió un trabajo de 1978. Lo expulsa por el acidoporo, una boquilla rodeada de pelillos en la punta del gáster, y suele combinarlo con un mordisco: primero muerde y después dobla el gáster para rociar la zona.
El ácido tiene un segundo uso, más sorprendente. En 2020, un equipo alemán demostró que las formicinas se tragan su propio veneno: tras comer, la obrera se curva, recoge con la boca unas gotas del acidoporo y las ingiere. Así mantiene muy ácido el buche, donde guarda la comida que luego reparte, y filtra buena parte de sus microbios. Se estudió en C. floridanus, pero es propio de toda la subfamilia. Esa postura de contorsionista que verás en el forrajeo, con la cabeza pegada a la punta del gáster, es higiene interna.
Para las personas no supone ningún problema (ver «¿Muerde? Manejo y seguridad»).
Una reina por colonia
C. barbaricus es monogínica: cada colonia tiene una sola reina, madre de todas las obreras. No conocemos ningún estudio ni caso de cría con varias reinas. Es lo esperable: un análisis de 2014 sobre 149 hormigas paleárticas concluyó que la reina única es el estado ancestral y que la poliginia aparece sobre todo en especies de colonias enormes y fundación dependiente, lejos de la fundación solitaria y claustral de esta especie.
En la práctica, no hay que juntar reinas, ni para fundar ni para «reforzar» una colonia. Todo depende de su única reina, así que trátala con calma los primeros meses.
Tamaño y morfología
Hormiga grande y robusta, polimórfica y de aspecto brillante. No hemos podido consultar una descripción moderna de todas sus castas; esto combina la diagnosis del subgénero, las claves ibéricas y lo que se ve en nuestras colonias.
- Color de las obreras. Cabeza y gáster negros u oscuros; el mesosoma, la parte media del cuerpo de la que salen las patas, va del rojo oscuro al pardo anaranjado, y las patas también tiran a rojizas. En nuestras colonias, el mesosoma pardo anaranjado contrasta mucho con el resto.
- Superficie. Cutícula lisa y lustrosa, con el gáster casi sin pubescencia: el sello de las Tanaemyrmex.
- Majors. Cabeza enorme y negra, desproporcionada respecto al cuerpo, con mandíbulas anchas de 7–8 dientes.
- Minors. Más pequeñas y esbeltas, con la cabeza estrecha. Son las que más verás forrajear.
- Clípeo. Con una quilla central y un lóbulo rectangular en el borde delantero.
- Patas traseras. La tibia lleva a lo largo una acanaladura bien visible, un buen rasgo para reconocerla con lupa.
- Reina. Mayor que las obreras, con la cabeza y el gáster negros y el mesosoma negro con más o menos rojo, según los criadores.
- Macho. Negro, según los criadores.
Medidas
- Majors: pueden superar 1 cm, según la diagnosis del subgénero Tanaemyrmex (García, 2025).
- Minors y obreras medias: no hemos encontrado medidas publicadas.
- Reina: tampoco hay cifras publicadas a nuestro alcance.
- Macho: ningún dato publicado que hayamos podido consultar.
Seremos claros: no hay medidas publicadas accesibles por casta para C. barbaricus, y las tallas que dan tiendas y foros se contradicen tanto que no las reproducimos. Las nanitas, la primera camada, son diminutas, y cada generación sale un poco más grande.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 1/5 – Principiante
La clasificamos como hormiga de iniciación: europea, robusta y nada caprichosa. Sus puntos fuertes:
- Come con ganas: azúcar a diario y presas frescas, sobre las que se lanza sin pensárselo.
- Diapausa corta y templada: le basta una habitación fresca, sin frío de nevera.
- Una sola reina: la colonia es estable y no hay conflictos entre reinas.
- Inofensiva: no pica y su mordisco es flojo.
- Crece bastante si se alimenta bien, y las majors llegan en el primer o el segundo año.
Lo que de verdad pide es paciencia al principio, porque las colonias pequeñas son tímidas y lentas, y una buena barrera, porque trepa. A cambio, tendrás una de las hormigas más fotogénicas de Europa.
Lo que llega a casa y los primeros días
En Antomas, C. barbaricus se vende como colonia con reina, obreras y prole, ya en marcha en su tubo de ensayo: la fase más delicada, la de la reina sola, ya ha pasado. Al recibirla:
- Dale 48 horas de calma: un rincón oscuro y sin vibraciones, a 24–27 °C.
- Mira el agua: el algodón debe seguir húmedo. Si el depósito se acaba, pasa la colonia por volcado a un tubo nuevo.
- Primera comida: una gota de azúcar en un bebedero diminuto o en una tapita, y un pedacito de insecto fresco; lo que no toquen, fuera al día siguiente.
- Sin prisas: no la pases al hormiguero el primer día. Es normal que las obreras apenas asomen.
Temperatura y humedad
Es una hormiga del sur: con calor cría y con frío se para. Un criador alemán contaba que, a 17–19 °C, su colonia apenas se movía y la cría no avanzaba, hasta que subió la temperatura y le dio presas frescas. La criadora cuya colonia creció de forma espectacular la tenía a 25–30 °C, con las pupas en la zona más caliente.
- Nido: 24–28 °C en la temporada activa, de marzo a octubre, con un rincón algo más cálido, de hasta 28–30 °C, donde la colonia pueda llevar las pupas.
- Zona de forrajeo: a temperatura ambiente, entre 20 y 28 °C.
- Humedad del nido: moderada, en torno al 50–60 %, con una parte más húmeda y otra más seca.
- Humedad del forrajeo: baja, del 30–50 %, con el suelo seco.
- Agua: siempre disponible; un tubo de ensayo lleno y tapado con algodón, en el forrajeo.
- Luz: cámaras en penumbra y forrajeo iluminado por la luz de la habitación.
Si hay que calentar, pega el cable térmico, siempre con termostato, a un solo costado del nido; jamás bajo el hormiguero entero ni donde le dé el sol. Lo importante es el gradiente: que la colonia elija dónde pone cada cosa.
Hormiguero: yeso para fundar, Alpha para crecer
Nuestra receta para esta hormiga tiene dos tiempos. Fase uno, el yeso. Los Qbik Wild de Anthouse están hechos de yeso, guardan bien la humedad y dan a una colonia pequeña un nido estable y del tamaño justo. Para empezar, un Qbik Wild One P 1C:
Si la colonia lo llena antes de lo previsto, el paso siguiente es el Qbik Wild Duo P 2C, con dos cámaras:
Fase dos, la gama Alpha. Cuando la colonia tiene decenas de obreras y se queda sin sitio, la llevamos a los QBIK ONE y QBIK DUO: piezas modulares de ambiente seco que reciben la humedad de sus tubos de agua. Así economizas y el nido pesa menos, porque una colonia bien cuidada llega a crecer bastante: los Alpha se amplían por módulos, sin cargar con un bloque de yeso cada vez mayor.
¿Qué galerías? Medianas al principio y grandes para los módulos nuevos cuando salgan las primeras majors, que con su cabezón necesitan pasillos amplios. Completa el montaje con:
- una zona de forrajeo de suelo seco, con algo de arena, una piedra plana y algún palito por el que subir, que nunca toque la barrera;
- un tubo de agua con algodón;
- un bebedero para el azúcar;
- la barrera antifugas en el borde superior del forrajeo (ver «Fugas: aceite o talco»).
No te adelantes con el tamaño: en un nido enorme, una colonia pequeña se dispersa y usa las cámaras vacías de basurero. Una criadora contaba que mudar su C. barbaricus demasiado pronto a un nido grande solo sirvió para alborotarla.
Mudanzas por volcado
En Antomas, las mudanzas se hacen por volcado, sin esperar a que la colonia decida irse sola. Sirve para pasar del tubo al Qbik Wild y, más adelante, del Qbik Wild a los módulos Alpha.
- Ten listo el destino: hormiguero montado, barrera aplicada y agua conectada.
- Trabaja sobre una bandeja amplia, que recoja a cualquier obrera despistada.
- Vuelca la colonia en la zona de forrajeo del nido nuevo, junto a la entrada: destapa el tubo o abre el nido viejo y sacúdelo con delicadeza hasta que caiga toda la colonia, reina y cría incluidas; a las más remolonas, empújalas con un pincel.
- Oscuridad en el destino: tapa la zona del nido para que la ocupen enseguida. En pocas horas, las obreras habrán metido dentro toda la cría.
Es un rato de estrés, pero dura poco: en cuanto la reina entra en el nido nuevo, el resto de la colonia la sigue.
Alimentación
Azúcar, siempre a mano. Su combustible natural es la melaza, de modo que el azúcar líquido tiene que estar puesto los siete días de la semana. Ofrécelo en un bebedero, nunca en algodón, que se enmohece enseguida y estropea el líquido: mejor un bebedero clásico o hecho en casa, con la gota «tendida» y fácil de alcanzar. Para que la dieta no sea monótona, combina el Néctar Blue Sugar de Anthouse, que puede ocupar 4–5 días de la semana, con un néctar distinto u otro líquido dulce el resto (1–2 días). Al néctar puedes sumarle algo de proteína.
Proteína, mucha. El azúcar mueve a las obreras, pero son los insectos los que hacen crecer a las larvas. La regla de Antomas: con limpieza diaria de restos, sobrealimentar compensa, porque la colonia interpreta la abundancia como una señal para criar más y antes. Sin esa limpieza, raciones ajustadas: lo que se queda pudriéndose es una invitación al moho y a los ácaros.
- Rota la presa semana a semana, para que la dieta sea variada: grillos (Acheta domesticus), cucarachas argentinas (Blaptica dubia) o cucarachas runner (Shelfordella lateralis), gusanos de la harina (Tenebrio molitor) y moscas.
- Presas a su medida. Una colonia recién llegada arranca de maravilla con pececillos de plata (Thermobia domestica): pequeños y blandos para unas obreras que aún no pueden con un grillo.
- Fresca, mejor que seca. En un diario de cría, la colonia rechazó los tenebrios secos y se lanzó sobre una mosca recién ofrecida; otra criadora le daba gusanos grandes hervidos y aplastados, que desaparecían enseguida.
- Ábreles las presas grandes: parte un poco los grillos y las cucarachas para que las minors lleguen al interior, hasta que haya majors.
Comida al caer la tarde. Sirve la proteína a última hora del día y recoge los restos por la mañana: la verás cazar en su mejor momento.
Agua aparte. Aunque beban néctar, el tubo de agua con algodón tiene que estar siempre lleno.
Crecimiento: de las nanitas a las majors
Las Camponotus no tienen prisa al principio, y C. barbaricus no es una excepción. Del huevo a la obrera pasan, según la temperatura, de unas 5 semanas a unos 3 meses:
- Con mucho calor, hacia 30 °C, las guías de criadores hablan de 4–6 semanas. En un diario de cría de Malta, en pleno verano, la primera obrera nació unos 36 días después de que aparecieran los huevos.
- A unos 25 °C, de 8 a 12 semanas.
- Por fases, según una ficha de cría alemana: de huevo a larva, 3–5 semanas; de larva a pupa, 2–3; y de pupa a adulto, 3–5.
¿Cuánto crece? Una referencia prudente de los criadores es de 10–20 obreras al cerrar el primer año y un centenar al cerrar el segundo. Con calor y comida abundante va más rápido: la criadora de la que hablábamos pasó de 4–5 obreras en noviembre a 80–100 al verano siguiente, y cuenta que llegó a unas 4.000 en dos años. Es un caso excepcional, pero enseña de lo que es capaz. Ningún estudio ha contado sus colonias silvestres; las fuentes de cría hablan de varios miles de obreras.
El arranque es lo más lento. Cuando la colonia pasa de unas decenas de obreras y recibe proteína en abundancia, cada camada supera a la anterior: es el momento de pensar en la gama Alpha.
Diapausa suave
En su área, el invierno es corto y templado. En casa lo imitamos con una diapausa suave, más corta y menos fría que la de las hormigas del centro de Europa. Es la pauta de Antomas, basada en lo que hacen los criadores de esta especie:
- Fechas: de noviembre o diciembre a febrero.
- Duración: 8–12 semanas.
- Temperatura: 14–16 °C. Sirven una habitación sin calefacción, un trastero templado o una vinoteca.
- Transiciones lentas: 2–3 semanas para enfriar al principio y otras tantas para recuperar el calor al final.
- Durante la diapausa: agua siempre, algo de azúcar y la proteína casi retirada. Verás larvas detenidas todo el invierno y una reina que apenas pone, y es lo esperable.
- Al terminar: en cuanto vuelva la actividad, vuelve la proteína. En Malta, una colonia salió de la diapausa a mediados de marzo y sus obreras volvían a forrajear un par de semanas después.
No hace falta más frío: una diapausa de nevera no aporta nada a una hormiga del sur. Hay criadores que algún invierno la han dejado a unos 18 °C y la reina siguió poniendo; aun así, recomendamos hacerla, porque reproduce el ritmo natural de la especie.
Comportamiento y observación
Tímida de pequeña, segura de mayor. En las colonias jóvenes, las pocas obreras se quedan con la reina y salen lo justo. Cuando aparecen las majors, la colonia cambia de carácter: ocupa el forrajeo, patrulla y se lanza sobre la comida.
Su mejor hora, el anochecer. Siéntate a mirarla después de cenar: minors buscando comida, obreras medias en el bebedero y, si hay una presa grande, majors troceándola.
Mírala todo lo que quieras. Las hormigas están para disfrutarlas y aprender de ellas, y esta lleva bien tener público: basta con el nido a oscuras, el forrajeo con luz y calma cuando limpies o alimentes.
Señales que conviene leer:
- Larvas que no crecen en plena temporada: falta calor o proteína.
- Obreras apiñadas junto al tubo de agua: el nido está demasiado seco.
- Condensación o moho en las paredes: sobra humedad o hay restos olvidados.
- Obreras paradas en el forrajeo y cámaras llenas de cría: toca ampliar.
Fugas: aceite o talco
C. barbaricus sube por vidrio y acrílico sin esfuerzo, hasta por el techo, y una criadora vio a una obrera cruzar sin problemas una franja de PTFE, el recubrimiento deslizante de muchos aficionados. Mejor no fiarlo todo a una sola defensa:
- Aceite mineral o talco en una franja continua por la zona alta del forrajeo. Renueva el aceite cuando acumule polvo, y el talco cuando se desgaste.
- Una tapa que cierre de verdad, de reserva.
- Malla fina en las rejillas de ventilación: las nanitas caben por agujeros sorprendentemente pequeños.
- Nada que haga de puente: ni ramas, ni piedras, ni tubos apoyados cerca de la barrera.
- Conexiones firmes: revisa tapones y tubos cada vez que amplíes.
¿Muerde? Manejo y seguridad
Peligro para las personas: ninguno. C. barbaricus carece de aguijón, y su mordisco se queda en un pellizco: ni siquiera una major, con todo su cabezón, llega a hacer daño de verdad. Quien manipulara muchas a mano podría, como mucho, acabar con algún callo por el ácido fórmico, y eso ya sería exagerar: es rarísimo.
Lo que sí conviene es cuidarlas a ellas: para moverlas, pincel de pelo fino o pinzas entomológicas blandas, y mimo extra con la reina. No mezcles colonias distintas, porque pelean. Y, aunque sea ibérica, nunca liberes una colonia de cría en el campo.
Qué no hacer
- Juntar reinas o añadir una reina a una colonia ya formada.
- Dejarla por debajo de unos 20 °C en primavera o verano: la cría se estanca.
- Darle a una colonia de pocas obreras un nido enorme.
- Empapar algodón con azúcar u olvidarse de rellenar el agua.
- Darle siempre el mismo insecto, o solo presas secas.
- Dejar restos de comida en el nido o en el forrajeo.
- Hacerle una diapausa de nevera, demasiado fría o demasiado larga.
- Confiarlo todo a una sola barrera, o dejar rejillas sin malla.
- Cogerlas con la mano o con pinzas duras.
Fuentes científicas
Para redactar esta ficha hemos usado la bibliografía científica sobre Camponotus barbaricus, su subgénero y su tribu; Hormigas Ibéricas, de K. Gómez y X. Espadaler, y el trabajo de F. García sobre las Camponotus de Galicia (Arquivos Entomolóxicos 32, 2025), que no tienen DOI; registros de distribución y de vuelos nupciales, y lo aprendido por Antomas y por otros aficionados. Bibliografía principal:
- Cagniant, H. (1996). Les Camponotus du Maroc (Hymenoptera: Formicidae): clé et catalogue des espèces. Annales de la Société entomologique de France (N.S.) 32: 87–100. doi:10.1080/21686351.1996.12278857
- Ward, P. S. & Boudinot, B. E. (2021). Grappling with homoplasy: taxonomic refinements and reassignments in the ant genera Camponotus and Colobopsis (Hymenoptera: Formicidae). Arthropod Systematics & Phylogeny 79: 37–56. doi:10.3897/asp.79.e66978
- Ward, P. S., Blaimer, B. B. & Fisher, B. L. (2016). A revised phylogenetic classification of the ant subfamily Formicinae (Hymenoptera: Formicidae), with resurrection of the genera Colobopsis and Dinomyrmex. Zootaxa 4072: 343–357. doi:10.11646/zootaxa.4072.3.4
- Janicki, J., Narula, N., Ziegler, M., Guénard, B. & Economo, E. P. (2016). Visualizing and interacting with large-volume biodiversity data using client–server web-mapping applications: the design and implementation of antmaps.org. Ecological Informatics 32: 185–193. doi:10.1016/j.ecoinf.2016.02.006
- Keller, L. & Passera, L. (1989). Size and fat content of gynes in relation to the mode of colony founding in ants (Hymenoptera; Formicidae). Oecologia 80: 236–240. doi:10.1007/BF00380157
- Boulay, R., Arnan, X., Cerdá, X. & Retana, J. (2014). The ecological benefits of larger colony size may promote polygyny in ants. Journal of Evolutionary Biology 27: 2856–2863. doi:10.1111/jeb.12515
- Cerdá, X., Retana, J. & Cros, S. (1997). Thermal disruption of transitive hierarchies in Mediterranean ant communities. Journal of Animal Ecology 66: 363–374. doi:10.2307/5982
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- Dificultad
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