Cataglyphis bombycina – Hormiga Plateada del Desierto
Vestida de plata y forjada en las dunas del Sáhara. La Hormiga Plateada del Desierto sale a cazar a la hora más mortal del día, con la arena a más de 60 °C, protegida por pelos que funcionan como espejos diminutos. Es la hormiga más rápida jamás medida: más de 100 veces la longitud de su cuerpo por segundo, con zancadas en las que vuela sobre la arena. Con los años, sus colonias crían soldados con mandíbulas en forma de sable, una casta casi única en el mundo de las hormigas. Una joya de Merzouga para criadores con experiencia. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 4/5 – Avanzado
La hormiga más rápida del mundo, con pelos plateados que reflejan el sol del Sáhara y soldados con mandíbulas en sable en las colonias maduras. Línea de Merzouga (Marruecos): forrajeo seco y con calor, nido con algo de humedad, sustrato dentro y fuera del nido y diapausa larga.
Cataglyphis bombycina (Roger, 1859) ha convertido el desierto más caluroso del planeta en su terreno de caza. Vive en las dunas del Sáhara, sale a buscar comida justo cuando la arena quema por encima de los 60 °C y lo hace protegida por una armadura de pelos plateados que reflejan la luz como espejos diminutos. Es, además, la hormiga más rápida que se ha medido nunca, y sus colonias maduras esconden una casta de soldados con mandíbulas en forma de sable que casi no existe en ningún otro lugar del mundo de las hormigas.
La línea de Antomas procede de Marruecos, del desierto de Merzouga (Erg Chebbi), uno de los lugares donde mejor se ha estudiado la especie: de esta zona y de sus alrededores salen buena parte de los datos científicos que contamos en esta ficha.
Biología
Vestida de seda: un nombre de 1859
La describió el entomólogo alemán Julius Roger en 1859 como Formica bombycina, con ejemplares de «Trípoli, Egipto, Nubia y el mar Rojo». El epíteto viene del latín bombycinus, «de seda», un nombre que encaja a la perfección con su brillo. En 1916, Auguste Forel creó para ella el subgénero Machaeromyrma, del griego machaira, «sable», y myrmex, «hormiga», que le va como anillo al dedo, como veremos con sus soldados; hoy ya no se usa.
Como Cataglyphis es un nombre femenino, hoy se escribe bombycina, aunque en el comercio alemán sigue apareciendo como «Cataglyphis bombycinus». Su especie hermana es C. sabulosa, de Israel y el norte del Sinaí, que no tiene soldados, y se reconocen dos subespecies: C. b. bruneipes, de Túnez, y C. b. sinaitica, del Sinaí, esta última de estatus discutido.
Reina de las dunas: distribución y hábitat
Vive en los desiertos del Sáhara, el Sinaí y la península arábiga. En los artículos científicos se ha estudiado sobre todo en Marruecos (Merzouga y sus alrededores, Amerzgane y Zagora) y en Túnez (Douz), y los catálogos la citan también en Argelia, Libia, Egipto, Israel, Malí y Arabia Saudí.
Es la hormiga dominante de las dunas del norte de África, pero no vive solo en la arena: en Merzouga ocupa dunas extremadamente secas, con colonias enormes que bajan varios metros, mientras que en Amerzgane, al pie del Atlas y más lluvioso, vive en un antiguo uadi, con colonias mucho más pequeñas.
El clima de su hogar: un desierto con invierno
Solemos imaginar el desierto como un horno permanente, pero en Merzouga hay invierno de verdad. Las dunas no tienen estación meteorológica oficial, así que su clima se estima a partir de la más cercana, la de Errachidia (normales de la OMM de 1991–2020), corrigiendo la diferencia de altitud. Por estaciones:
- Verano (junio–agosto): medias de 31–35 °C, máximas de 37–42 °C y noches de 22–28 °C. Al mediodía, la arena de la superficie alcanza 60–70 °C, aunque a 4 mm del suelo, la altura a la que se mueve una hormiga, el aire está 6–7 °C más fresco.
- Otoño (septiembre–noviembre): la media baja deprisa, de unos 28 a 16 °C.
- Invierno (diciembre–febrero): medias de 11–13 °C, máximas de unos 18–20 °C y noches de 2–5 °C, con heladas ocasionales.
- Primavera (marzo–mayo): la media sube de unos 18 a 26 °C.
- Lluvia y luz: unos 53 mm de lluvia al año, y días de unas 10 horas en invierno y 14 en verano.
La clave está bajo la arena, que amortigua los extremos. En Béni Ounif, en el Sáhara argelino, el suelo a 75 cm de profundidad oscila a lo largo del año entre unos 14 °C en invierno y 32 °C en verano, y a partir de unos 20 cm la diferencia entre el día y la noche casi desaparece. Las heladas y las noches de 0–5 °C solo afectan a la superficie y a los primeros centímetros. Délye, que estudió las hormigas de esta parte del Sáhara, ya describía a C. bombycina como una especie muy amante del calor, con los nidos casi siempre al abrigo de arbustos y una actividad que el «gran frío» del invierno interrumpe. Es la explicación natural de la diapausa que verás en casa.
Espejos vivientes: pelos con forma de prisma
El brillo plateado que le da nombre no es un pigmento. La parte superior y los costados del cuerpo están cubiertos por una capa densa de pelos de 200–300 µm de largo con una sección triangular: dos caras superiores onduladas y una base plana, de apenas 3,5 µm de ancho.
En 2016, Willot y sus colegas demostraron que el brillo se debe a la reflexión total interna, el mismo fenómeno que hace funcionar la fibra óptica: la luz entra en el pelo, choca con la base plana y, si llega con suficiente inclinación, no puede salir y rebota entera. Por encima de unos 35° de incidencia, los pelos reflejan más del 90 % de la luz. A 50°, una hormiga con sus pelos reflejó el 61 % de la luz y una afeitada, el 7 %: unas diez veces menos.
Esos espejos sirven para no cocerse. Shi y su equipo, con Rüdiger Wehner, el gran estudioso de las Cataglyphis, mostraron en Science que los pelos reflejan la luz visible y el infrarrojo cercano del sol y, a la vez, emiten con mucha eficacia calor en el infrarrojo medio, de modo que la hormiga pierde calor por radiación incluso a pleno sol. En el experimento de Willot, una hormiga con sus pelos se calentaba casi 2 °C menos al cabo de minuto y medio que una afeitada; el comunicado de la Universidad de Columbia sobre el estudio de Shi habla de una temperatura corporal 5–10 °C más baja. Que la cara inferior, sin pelos, ayude a devolver el calor de la arena es un dato divulgativo que no hemos podido comprobar en el artículo original.
El truco ha llegado a la ingeniería: hay láminas flexibles y películas biodegradables de refrigeración radiativa pasiva, diseñadas imitando estos pelos, que enfrían sin gastar energía.
La hormiga más rápida del mundo
En 2019, Sarah Pfeffer y su equipo filmaron a alta velocidad a obreras de Douz (Túnez) y midieron 855 mm/s, unos 3,1 km/h: el récord de velocidad conocido en hormigas. Para su tamaño, equivale a más de 100 longitudes de su cuerpo por segundo. Un cálculo de pura curiosidad: una persona de 1,80 m que corriera a 100 cuerpos por segundo iría a unos 650 km/h. Entre los animales de su escala, en cuerpos por segundo solo la superan un ácaro, Paratarsotomus macropalpis, y un escarabajo tigre australiano.
Lo sorprendente es que no lo consigue con unas patas extraordinarias. Tiene las patas un 18–19 % más cortas que su pariente C. fortis, la hormiga de las salinas, y el tórax un 12 % más corto. Su secreto está en la frecuencia: hasta 47 pasos por segundo, frente a 36 en C. fortis.
Correr volando: las seis patas en el aire
Las hormigas caminan en trípode: tres patas en el suelo (la delantera y la trasera de un lado y la media del otro) mientras las otras tres avanzan. C. bombycina lleva ese esquema al límite: cada pata toca el suelo solo 7 milisegundos, la que avanza se mueve hasta a 1.400 mm/s y la zancada pasa de 4,7 a 20,8 mm según la velocidad.
A partir de unos 150 mm/s aparecen fases aéreas, momentos en los que las seis patas están en el aire; a velocidad máxima, la hormiga pasa en torno al 30 % de cada ciclo sin tocar el suelo. C. fortis solo «vuela» a partir de unos 350 mm/s. Según los autores, esta coordinación tan sincronizada la ayudaría a correr sobre arena blanda, que cede bajo las patas.
Diez minutos entre el lagarto y el golpe de calor
En 1992, Rüdiger Wehner y sus colegas publicaron en Nature un artículo con un título perfecto: «Hormigas del desierto en la cuerda floja térmica». Descubrieron que C. bombycina concentra su actividad en un estallido de pocos minutos al mediodía, en las horas más calurosas. ¿Por qué arriesgarse justo entonces? Por un lagarto. Acanthodactylus dumerili, un lacértido de las dunas, caza hormigas plateadas, pero tolera el calor peor que ellas: cuando la arena quema, se retira a su madriguera. Las hormigas salen en ese hueco: por debajo, el lagarto; por encima, su propio límite térmico.
Ese límite está muy cerca. Su temperatura crítica máxima es de 53,6 °C, y la ventana de forrajeo, de unos 48–51 °C según las mediciones citadas por Willot y colaboradores, deja un margen de muy pocos grados. Cada obrera pasa fuera unos 3–4 minutos, y toda la fuerza forrajera de la colonia está activa menos de 20 minutos al día. Mientras corre, aprovecha cualquier piedrecita o brizna para subirse y refrescarse lejos de la arena ardiente, y solo salen las obreras de más edad. Se ha escrito que unas exploradoras salen antes para comprobar si los lagartos se han retirado, pero no lo hemos podido verificar en las fuentes originales.
Vacunada contra el calor antes de salir
Casi todos los seres vivos fabrican proteínas de choque térmico cuando se calientan: son «chaperonas» que protegen a las demás proteínas para que no se deformen. C. bombycina las fabrica por adelantado. Gehring y Wehner demostraron en 1995 que las Cataglyphis acumulan estas proteínas antes de exponerse al calor y siguen sintetizando proteínas hasta los 45 °C, cuando en la mosca del vinagre o en las Formica la síntesis se detiene a 39 °C. En C. bombycina y C. bicolor se producen ya a 25 °C.
El equipo de Serge Aron, en la Universidad Libre de Bruselas, ha ido más allá: C. bombycina mantiene más chaperonas de forma constante que otras Cataglyphis y sus proteínas son más estables; protege las mitocondrias de sus músculos con chaperonas propias, no descritas antes en hormigas; y ante el calor solo cambia la expresión del 0,6 % de sus transcritos, frente al 8–12,7 % de las hormigas de clima templado. No necesita reaccionar al calor: vive preparada para él.
Carroñera del mediodía
¿Qué busca en esos minutos? Sobre todo cadáveres: insectos y otros artrópodos que han muerto por el calor. Es un recurso imprevisible, y por eso las obreras se alejan mucho: se han visto recogiendo cadáveres hasta a unos 100 m del nido. Como el resto del género, forrajea en solitario y sin rastros de feromonas: cada obrera busca por su cuenta y vuelve directa al nido en cuanto encuentra algo. En el laboratorio, los investigadores las alimentan con trozos de tenebrio y agua azucarada.
Soldados con sables: una tercera casta
Es su rasgo más misterioso. Además de reinas y obreras, las colonias maduras tienen soldados: individuos grandes, de cabeza ancha y musculosa, con mandíbulas en forma de sable, largas y con pocos dientes. Sus mandíbulas son 3,2 veces más largas que las de las obreras y 2,4 veces más que las de las reinas grandes, y su cabeza es, de media, un 200 % mayor que la de las obreras.
En 2014, Molet, Maicher y Peeters demostraron que no son simples obreras grandes, sino una casta nueva: combinan un tórax sencillo, de obrera, con una cabeza, unas mandíbulas, unos palpos y un gáster propios. Este tipo de soldado solo se conoce en C. bombycina y en C. kurdistanicus.
¿Para qué sirven? No salen a forrajear: viven en las cámaras profundas, cerca de la cría, y si se altera el nido corren con las mandíbulas abiertas y muerden. Hay tres hipótesis, que no se excluyen: defensa frente a los lagartos que excavan en busca de larvas; despensa viviente, porque su gáster dilatado y lleno de tejido graso podría almacenar comida; y ayuda para sacar bolas de arena más grandes al excavar.
Son pocos: un 1–2 % de la población en colonias maduras, y de 1 a 4 por colonia en Amerzgane. Que una larva acabe siendo soldado depende sobre todo del ambiente, con una influencia genética moderada. Y, sobre todo, solo aparecen en colonias grandes y viejas.
Un soldado de la Hormiga Plateada del Desierto: cabeza grande y mandíbulas en forma de sable (Anthouse).
Faros vivientes a la puerta del nido
Encontrar la entrada de un nido diminuto en un mar de arena es todo un reto. Las Cataglyphis son las grandes navegantes del mundo de las hormigas: calculan su posición con una brújula solar y de luz polarizada, cuentan los pasos como un podómetro y memorizan referencias visuales. C. bombycina busca su nido con la misma exactitud que C. fortis, pero de forma más dispersa: tras una vuelta de 10 m, su búsqueda se extiende unas 2,8 veces más.
Y tiene una ayuda extra. Pfeffer y sus colegas observaron que alrededor de la entrada se reparten, inmóviles, varias compañeras, típicamente soldados, que ocupan unos pocos metros cuadrados y señalan el nido con las antenas: auténticos faros vivientes para las forrajeras que vuelven cargadas.
Una reina y hasta 14 machos
Las colonias son monóginas: tienen una sola reina. Vive en lo más profundo del nido y nunca se ha encontrado en las excavaciones; los investigadores han reconstruido su genotipo a partir del ADN de sus hijas, y siempre es compatible con una sola madre. Lo extraordinario es con cuántos machos se aparea: en Amerzgane, una media de 5,7 (de 3 a 8), y en Merzouga, de donde procede nuestra línea, una media de 11 y hasta 14 machos. Con tantos padres, las obreras de una colonia están poco emparentadas entre sí (r = 0,31), y los análisis no muestran endogamia.
Las reinas, además, existen en dos tallas, macroginas y microginas, cuya función se desconoce. No se ha detectado partenogénesis en las reinas, a diferencia de otras Cataglyphis como C. cursor.
Ciudades bajo la duna
Los nidos de Merzouga son enormes y profundos: bajan varios metros, con una amplia red de galerías, y tienen varias entradas separadas varios metros entre sí. Nadie ha contado una colonia entera: en una excavación, solo de las cámaras de menos de 1 m de profundidad salieron unos 1.000 adultos antes de que la arena seca se derrumbara. Leniaud y colaboradores las describen como excepcionalmente populosas para el género; la reina, los soldados y la cría ocupan las partes más profundas.
Vuelos nupciales y ritmo del año
Los vuelos nupciales se han observado en abril (reinas aladas en Amerzgane, en abril de 2011), y los criadores los sitúan entre abril y principios de junio. ¿Cómo funda una reina? No se sabe: la literatura no ha documentado la fundación de esta especie. En cautividad, los criadores observaron una parada en otoño-invierno, la diapausa que explicamos en el apartado de mantenimiento, y quizá también pausas de cría en pleno verano, con el calor más extremo.
Tamaño y morfología
Es una formicina esbelta, de patas finas, cubierta por la pubescencia plateada densa que la caracteriza. Rasgos principales:
- Obreras. Muy polimórficas (entre la más pequeña y la más grande, la anchura de la cabeza varía en torno a un 194 %) y delgadas, con brillo metálico plateado sobre un fondo pardo amarillento a pardo claro y el gáster pardo. Tienen psamóforo, una «cesta» de pelos largos para transportar arena, formada en parte por los pelos de los palpos maxilares; mandíbulas con más de 5 dientes y pecíolo en forma de escama.
- Soldados. Cabeza grande, mandíbulas falciformes con pocos dientes y una hendidura tras el diente apical, y tórax sencillo, como el de una obrera.
- Reina. Alada hasta el vuelo nupcial y de dos tallas. No hay una descripción científica de su color, pero en la línea de Antomas la reina es plateada, como las obreras.
- Sin aguijón. Como todas las formicinas, no tiene aguijón funcional.
- Capullo. Las larvas hilan un capullo para pupar. En la experiencia de Antomas necesitan sustrato para hacerlo bien (lo explicamos en «Montaje»).
Medidas aproximadas
- Obreras pequeñas: 5,5–8 mm, según la web taxonómica Ants of Africa; las obreras grandes son claramente mayores, con un alitronco de más de 5 mm.
- Obreras forrajeras (Douz, Túnez): alitronco de 2,5 mm de media; patas delantera, media y trasera de 4,3, 5,2 y 6,8 mm.
- Soldados: unos 15 mm.
- Reina: no hay medidas científicas publicadas; como orientación, unos 11–12 mm según una tienda europea.
- Macho: sin medidas científicas publicadas.
Molet y colaboradores solo publicaron las medidas de reinas y soldados como proporciones, no en milímetros.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 4/5 – Avanzado
No es una hormiga para empezar. Necesita un montaje que reproduzca su desierto: forrajeo seco y con calor, nido con algo de humedad, pero sin condensación, y sustrato dentro y fuera del nido. La humedad mal gestionada y el moho fueron la principal causa de bajas en los pocos diarios de cría publicados; hace una diapausa larga que desconcierta a quien no la espera; y se ha criado tan poco en Europa que apenas hay experiencia compartida. La buena noticia: en la experiencia de Antomas se adapta bien a un clima mediterráneo y, con calor en el forrajeo, es una especie agradecida de mantener.
Y merece la pena como pocas. Es probablemente la hormiga más espectacular de ver en movimiento: obreras plateadas que brillan bajo la luz y cruzan el forrajeo a una velocidad que el ojo casi no puede seguir. Detrás hay una de las biologías mejor estudiadas del mundo de las hormigas, y una especie muy rara en las colecciones europeas.
Parámetros recomendados
- Temperatura del nido (temporada activa): templada a cálida; como referencia, 28–32 °C, sin pasarse. Es lo que tiene en verano el suelo de su origen bajo la arena (unos 32 °C a 75 cm); en laboratorio se han mantenido a 25–28 °C. En la experiencia de Antomas se adapta bien a un clima mediterráneo, con calor añadido en el forrajeo.
- Punto caliente en el forrajeo: unos 35 °C, en una sola parte del forrajeo, con cualquier fuente de calor. Los criadores que la han mantenido usaban 30–40 °C. Deja siempre una zona más fresca.
- Humedad del nido: algo de humedad, en una zona del nido; nunca mojado ni con condensación.
- Humedad de la zona de forrajeo: puede estar totalmente seca.
- Tipo de nido: yeso (Qbik Wild de Anthouse, versión normal), con sustrato dentro.
- Sustrato: arena fina, dentro del nido y en la zona de forrajeo.
- Diapausa: sí, y larga: unos 5–6 meses de reposo y semirreposo, como las especies ibéricas, con un núcleo de unos 3 meses (diciembre–febrero) a 14–18 °C. El primer año se puede evitar por encima de 30 °C y con un fotoperiodo largo (lo explicamos más abajo).
- Luz: el nido, a oscuras o tapado; la zona de forrajeo, con luz de día. Es una hormiga diurna que se activa con el calor y la luz.
- Ventilación: buena, para que no se forme condensación.
Piensa en el montaje como un trozo de desierto: el forrajeo, seco y caliente; el nido, más templado y con la humedad justa en una zona, para que la colonia elija dónde colocar la cría. Sin calor la colonia se apaga; con demasiada humedad aparecen el moho y las bajas.
Montaje: hormigueros recomendados
En Antomas recomendamos un nido de yeso de la gama Qbik Wild de Anthouse, en su versión normal, la que se humedece con un tubo de agua rellenable: es la que destacamos para esta especie, con humedad suave en el nido y el forrajeo seco. Para empezar con nuestras minicolonias, elige el Qbik Wild One P 1C o el Qbik Wild Duo P 2C:
Sustrato dentro y fuera del nido. Es imprescindible: en la experiencia de Antomas, sin sustrato las larvas no hilan correctamente el capullo. Pon una capa fina de arena fina en las cámaras del nido y en la zona de forrajeo; las obreras la moverán a su gusto. Es, además, una excavadora nata.
Calor en el forrajeo. Vale cualquier fuente de calor: cable o manta calefactora, lámpara… Colócala sobre una parte del forrajeo, nunca sobre todo el montaje ni encima del nido, y contrólala con un termostato para que el punto caliente se quede en unos 35 °C. Así se forma un gradiente: un punto caliente donde las obreras se activan y un nido más templado. Unas piedrecitas o ramitas en el forrajeo les sirven de miradores, como en la naturaleza.
Espacio. Es una forrajeadora rápida que en la naturaleza recorre grandes distancias: cuanto más amplia sea la zona de forrajeo, mejor.
Llegada de la colonia y fundación
Las colonias que vendemos en Antomas son minicolonias, con su reina y sus obreras. Es una especie monógina, con una sola reina por colonia. La fundación de una reina sola no está documentada en la literatura, y los pocos criadores que lo han intentado coinciden en que funda mal; por eso es mejor empezar con una colonia que ya tenga obreras. Tampoco intentes adopciones ni reforzar la colonia con obreras de otra: en esta especie casi nunca funcionan, y en un intento documentado una obrera mordió a la reina.
Al recibirla, instálala en su nido, con su zona oscura, y déjala unos días tranquila para que se asiente. El viaje es estresante (en un caso documentado, la reina se comió un huevo y murió una obrera durante el envío): es normal que los primeros días estén nerviosas.
Para cambiarla de hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado: volcamos la colonia en el nuevo hormiguero. Las mudanzas son un momento delicado en esta especie (en un diario de cría coincidieron con pérdidas importantes), así que hazlas solo cuando sea necesario y con el nido nuevo ya preparado, con su sustrato y su humedad.
Sobre el crecimiento solo hay un dato publicado, de un criador francés: de una reina con 2 obreras en mayo a unas 30 obreras a principios de octubre. No hay datos científicos del tiempo de desarrollo.
Alimentación
En la naturaleza es carroñera: recoge artrópodos muertos por el calor. En casa, la base es una dieta variada de proteína y azúcares.
Proteínas. En la experiencia de Antomas, comen principalmente insectos muertos pequeños, aunque también cazan bien pequeños artrópodos. Al principio, como con todas las hormigas, ofrece presas pequeñas y muertas: moscas, Drosophila, grillos pequeños o trozos de tenebrio o de cucaracha. A medida que la colonia crece, puedes ir ampliando el tamaño de la presa y su estado: medio muerta, muerta o totalmente viva y sana. Verlas cazar a toda velocidad es todo un espectáculo.
Cambia el tipo de insecto de una semana a otra para que no coman siempre lo mismo. Los criadores que la han mantenido usaban moscas, grillos pequeños, cucarachas, orugas y gusanos de la harina, y su presa favorita resultó ser la larva de la polilla de la cera. Retira los restos al día siguiente: esta especie tiende a guardar la basura dentro del nido y a enterrarla en la arena, y ahí es donde aparece el moho.
¿Cuánta proteína? En Antomas les damos insectos 4–5 veces por semana, o incluso más: cuanto más coman, mejor y más rápido crecerán. Nuestra filosofía es sencilla: si haces un mantenimiento diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque las hormigas entienden que tienen más recursos y hacen lo posible por crecer más rápido y en mayor número. Si no puedes limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la comida que sobra acaba en moho.
Azúcares. Sí toman azúcar: en Antomas las tenemos con bebederos de azúcar ad libitum, siempre disponibles. Varía el azúcar: usa el Néctar Blue Sugar de Anthouse como base, 4–5 veces por semana, y otro néctar o líquido azucarado 1–2 veces por semana. También se puede añadir proteína al néctar.
Ofrece los líquidos azucarados en bebederos tradicionales o caseros: recipientes donde la gota queda «tendida» y accesible para que beban libremente. Nunca en algodón: el algodón se enmohece y el líquido se echa a perder demasiado rápido.
Agua. Un tubo de ensayo con agua y un tapón de algodón en el forrajeo es una buena fuente de agua, siempre disponible, y deja seco el resto del forrajeo. Mantén también con agua el tubo del nido, que le da su humedad. Nada de agua libre ni de pulverizar el forrajeo. Parte del agua, además, la sacan de las presas.
Diapausa: una pausa larga, como las especies de aquí
Sí, hace diapausa, y larga. Muchas tiendas dicen que no la hace, pero no es lo que vemos. En la naturaleza, las Cataglyphis reducen su actividad en invierno a un solo pico de forrajeo al día, o a ninguno: también en el desierto hay invierno. En la experiencia de Antomas, C. bombycina tolera más frío de lo que suele decirse y pasa fácilmente unos 5–6 meses en diapausa, como las especies ibéricas.
Las señales de entrada. Los dos criadores europeos que han publicado su experiencia las describen muy bien: en otoño, la colonia se come la cría que le queda, deja de aceptar insectos (aunque sigue tomando azúcar) y las obreras grandes aparecen con el gáster hinchado de reservas. No es una enfermedad: es la colonia preparándose para el invierno. Ellos hicieron reposos mucho más cortos, de unas 4 semanas a 15–18 °C; en nuestra experiencia, la diapausa natural de la especie dura bastante más.
En Antomas recomendamos esta pauta, basada en nuestra experiencia y en el clima de su origen (lo explicamos en «El clima de su hogar»):
- Otoño (octubre–noviembre): cuando veas esas señales, baja poco a poco la temperatura, de los 28–30 °C de la temporada activa a 14–18 °C, y acorta las horas de luz.
- Núcleo de la diapausa (unos 3 meses, diciembre–febrero): 14–18 °C. Entre 10 y 20 °C también va bien, pero 14–18 °C es lo más seguro.
- Primavera (marzo–abril): sube poco a poco la temperatura hasta los 28–30 °C y alarga las horas de luz.
- En total: unos 5–6 meses de reposo y semirreposo, como una especie ibérica.
- Durante la diapausa: apaga el calor del forrajeo y la luz artificial y no ofrezcas insectos. Puedes dejarles agua con azúcar, como hacían también los criadores que la han mantenido. Mantén la humedad del nido como siempre, sin encharcar.
- Al terminar: vuelve a encender el calor del forrajeo y reanuda los insectos cuando empiecen a aceptarlos.
No hace falta tenerlas muy frías: en la naturaleza, solo la superficie de la arena baja a 0–5 °C, y solo de noche. Bajo la arena, donde está el nido, el frío es mucho más suave: a 75 cm de profundidad, el suelo no baja de unos 14 °C.
Saltarse la diapausa el primer año. En la experiencia de Antomas, el primer año se le puede evitar la diapausa sin que pase nada. Se consigue manteniéndola por encima de 30 °C y con un fotoperiodo bastante largo, principalmente con luz artificial. Es útil si la colonia llega en otoño y quieres que siga creciendo. A partir de ahí, recomendamos respetar su diapausa.
Comportamiento en cautividad
Es una hormiga muy activa con calor y con luz. Con el forrajeo caliente verás obreras que salen una a una, recorren la arena en carreras rápidas con paradas bruscas para orientarse y vuelven en línea recta al nido con la presa. No hay columnas ni rastros: cada obrera caza por su cuenta. Con temperaturas bajas, en cambio, se refugia en el nido.
Vigila tres cosas: la basura, que tienden a guardar dentro del nido y a enterrar, con riesgo de moho y ácaros; la parada de otoño, que es el comienzo de su diapausa; y las posibles pausas de cría en pleno verano, que un criador observó a finales de un verano muy caluroso. Con otras hormigas es agresiva: no la mantengas en montajes mixtos ni junto a otras colonias.
Cómo observarlas sin molestarlas. En Antomas creemos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz. Como buena Cataglyphis, se orienta con la vista y se acostumbra pronto a la luz y a nuestra presencia. Obsérvalas con delicadeza, sin golpes ni movimientos bruscos, e interviene lo menos posible: cuanto menos las estreses, más natural será lo que veas.
Fugas y barreras
Una buena noticia: no trepa bien por superficies lisas. En la experiencia de Antomas, si el forrajeo está limpio y las paredes de metacrilato están limpias, no hace falta barrera antifugas. Mantén las paredes sin restos de comida, azúcar seco ni polvo, que podrían darles agarre, y revisa tapas y conexiones. Alguna guía dice que trepa bien por el cristal; en nuestra experiencia no es así.
Lo que sí exige cuidado es abrir el hormiguero: es la hormiga más rápida del mundo y, con calor, una obrera puede salir antes de que la veas. Abre siempre con calma y, si tienes que manipular, apaga antes el calor unos minutos para que bajen el ritmo.
Manejo y seguridad
Para las personas es inofensiva: como todas las formicinas, no tiene aguijón funcional, y sus obreras son pequeñas. En las colonias grandes, los soldados muerden a lo que altera el nido. Manipúlala con pinzas blandas o un pincel, nunca con las manos, y con calma: si escapa, es muy difícil de recuperar. Usa un termostato con la fuente de calor y comprueba que el nido nunca se recalienta. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.
Qué no hacer
- Mantener el nido mojado o con condensación: el moho es la principal causa de bajas.
- Mojar o pulverizar la zona de forrajeo, o dejar agua libre.
- Poner los líquidos azucarados en algodón: se enmohece y el líquido se echa a perder enseguida.
- Montarla sin sustrato: sin arena, las larvas no hilan bien el capullo.
- Prescindir del calor en el forrajeo o, al contrario, calentar todo el montaje sin dejar una zona más fresca.
- Dar presas grandes y vivas a una minicolonia recién llegada.
- Alimentarla siempre con el mismo insecto o el mismo azúcar.
- Dejar restos de comida: acaban enterrados en el nido.
- Alarmarse con la parada de otoño: es el comienzo de su diapausa.
- Acortar la diapausa a unas pocas semanas: en nuestra experiencia, dura unos 5–6 meses.
- Tenerla muy fría durante la diapausa: ni en su desierto hace tanto frío bajo la arena.
- Intentar adopciones, reforzarla con obreras de otra colonia o mantenerla con otras especies.
- Dejar que las paredes se ensucien: la limpieza es su barrera antifugas.
- Abrir el hormiguero con prisas y con el calor encendido.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre la especie y el género Cataglyphis, de los pocos diarios de cría publicados y de la experiencia de Antomas. Referencias principales:
- Shi, N.N., Tsai, C.-C., Camino, F., Bernard, G.D., Yu, N. & Wehner, R. (2015). Keeping cool: Enhanced optical reflection and radiative heat dissipation in Saharan silver ants. Science 349: 298–301. doi:10.1126/science.aab3564
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- Wehner, R., Marsh, A.C. & Wehner, S. (1992). Desert ants on a thermal tightrope. Nature 357: 586–587. doi:10.1038/357586a0
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- Boulay, R., Aron, S., Cerdá, X., Doums, C., Graham, P., Hefetz, A. & Monnin, T. (2017). Social life in arid environments: the case study of Cataglyphis ants. Annual Review of Entomology 62: 305–321. doi:10.1146/annurev-ento-031616-034941
- Dificultad
- Experimentado

