Comprar Strongylognathus testaceus – Hormiga Usurpadora | Antomas
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Strongylognathus testaceus - Hormiga Usurpadora

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Una usurpadora con mandíbulas de sable que vive como una reina en casa ajena. Strongylognathus testaceus fue descrita como una hormiga legionaria, pero su arte es otro: se instala junto a la reina de Tetramorium, deja que sus obreras críen, alimenten y defiendan la colonia, y se queda con toda la nueva generación de reinas y machos. Sus obreras amarillas no saben ni comer solas, pero matan a las reinas de otros parásitos que intentan colarse, y su camuflaje químico engaña a toda la colonia. Un parásito social europeo que casi nunca se ve en un hormiguero. Colonias mixtas con dos reinas de S. testaceus y su hospedadora, T. immigrans. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.


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Dificultad: 3/5 – Avanzado

Parásita social permanente de las Tetramorium, con obreras amarillas de mandíbulas en sable que no saben ni comer solas. Colonias mixtas: dos reinas de S. testaceus con su reina hospedadora de Tetramorium immigrans y sus obreras, que hacen todo el trabajo. Nido Qbik Wild One P 1C con humedad localizada, 20–25 °C y la dieta de una Tetramorium: azúcar, mucha proteína pequeña y algunas semillas. Diapausa de 4–5 meses a unos 5–10 °C. Paciencia: las obreras del parásito pueden tardar hasta unos dos años en aparecer. Barrera de aceite mineral, bien vigilada, porque las obreras son diminutas.

Strongylognathus testaceus (Schenck, 1852), la Hormiga Usurpadora, es una de las hormigas más curiosas de Europa: una parásita social permanente que no puede vivir sin otra especie. Sus obreras, pequeñas y amarillas, tienen unas mandíbulas en forma de sable que no sirven para excavar, trocear comida ni cuidar de la cría. Ese trabajo lo hacen las obreras de su hospedadora, una Tetramorium, en cuyo nido la reina del parásito vive junto a la reina de la casa. La hospedadora sigue poniendo, pero solo obreras: las nuevas reinas y los machos de la colonia son del parásito.

En Antomas la vendemos como lo que es, una colonia mixta: dos reinas de S. testaceus, una reina hospedadora de Tetramorium immigrans y un pequeño grupo de sus obreras. En esta ficha separamos lo documentado en la bibliografía científica, lo que han visto los criadores y lo que recomendamos en Antomas. Y avisamos desde el principio de la virtud que más pide esta especie: paciencia.

Biología

Descrita como una hormiga legionaria

El entomólogo alemán Schenck la describió en 1852, en su obra sobre las hormigas de Nassau, con un nombre sorprendente: Eciton testaceum. La colocó en Eciton, el género de las hormigas legionarias americanas, las que recorren la selva en grandes columnas: una hormiga europea diminuta, que vive escondida bajo las piedras, junto a las legionarias. Sus mandíbulas largas y curvadas pudieron pesar en aquella decisión, en una época en la que la clasificación de las hormigas daba sus primeros pasos. Poco después, el austriaco Gustav Mayr creó para ella y sus parientes el género Strongylognathus.

El nombre lo dice casi todo: viene del griego gnáthos, «mandíbula», y strongýlos, «redondeado», por sus mandíbulas estrechas y casi cilíndricas, sin borde dentado. Y testaceus significa en latín «del color de la teja», el tono pardo amarillento de sus obreras.

Mandíbulas de sable que no sirven para trabajar

Las cerca de 25 especies de Strongylognathus comparten unas mandíbulas estrechas, curvadas y sin dientes, en forma de sable. Las de una hormiga normal son una herramienta para todo: cortar, excavar, transportar la cría y despiezar presas. Las de S. testaceus sirven para agarrar y perforar. Son un arma, no una herramienta.

El criador checo Pavel Amcha, que la ha mantenido y descrito en Živa, la revista de divulgación de la Academia de Ciencias checa, observó que en su formicario las obreras del parásito:

  • apenas tocaban con las antenas una drosófila recién muerta, o pasaban por encima como si fuera un obstáculo;
  • ignoraban el algodón con agua y miel;
  • lamían y palpaban los huevos de vez en cuando;
  • y pasaban mucho tiempo limpiándose a sí mismas y unas a otras.

No son capaces de alimentarse solas: las alimentan las obreras hospedadoras. Casi no salen del nido, y la defensa la asumen las Tetramorium. Si algún día ves una obrera amarilla en la zona de forrajeo, disfrútalo: es un privilegio poco habitual.

Una esclavista que olvidó esclavizar

Muchas Strongylognathus son esclavistas: asaltan nidos de Tetramorium, se llevan sus pupas y las crían como obreras propias, igual que las esclavistas más conocidas, las del género Polyergus, cuya biología revisaron D'Ettorre y Heinze. Las especies del grupo de S. huberi todavía pueden hacer incursiones, aunque, según Buschinger, el gran especialista en parasitismo social, solo se han visto de verdad en dos o tres especies del género.

S. testaceus ha ido más allá: no hace incursiones organizadas, vive de forma permanente en el nido de su hospedadora y tolera a su reina. Las fuentes clásicas hablan de algún saqueo ocasional de pupas, pero los trabajos modernos y los criadores no lo han observado. Para Sanetra y Buschinger, que estudiaron con marcadores genéticos el parentesco de los parásitos de la tribu Tetramoriini, esta inquilinia surgió muy probablemente de una esclavitud que se fue degradando: si la reina hospedadora no muere, la colonia sigue produciendo obreras y robarlas deja de hacer falta. Su estudio mostró, además, que el parasitismo social apareció al menos dos veces en la tribu.

Al final de ese camino está Anergates atratulus, otro parásito de las Tetramorium que ya ni siquiera tiene obreras. S. testaceus estaría a medio camino, con una casta obrera pequeña y cada vez menos útil: la evolución en marcha dentro de un hormiguero.

Dos reinas, un solo trono: el parásito que «dirige» la producción de sexuados

En un nido parasitado conviven en paz dos reinas, la de Tetramorium y la de S. testaceus. La parásita no mata a la hospedadora: la necesita viva. La reina de Tetramorium sigue poniendo, pero de sus huevos salen solo obreras, y las reinas y los machos que se crían son del parásito (Collingwood; Lapeva-Gjonova y Radchenko). La usurpadora se queda con la «fábrica» de sexuados y deja a la reina legítima el trabajo de producir mano de obra.

¿Cómo lo consigue? Se habla de una inhibición por feromonas, pero nadie ha identificado todavía la sustancia. Lo que sí se sabe es que a la colonia le sale a cuenta: ya en 1891, Erich Wasmann observó que las colonias parasitadas no producían alados propios y tenían más obreras de lo normal. Lo que no se gasta en sexuados se invierte en obreras, y las colonias mixtas llegan a unos 20.000 individuos (Collingwood).

En esa multitud, las obreras del parásito son alrededor del 1 %, unas 100 hospedadoras por cada una de S. testaceus, y como mucho un 5 %, según Seifert. En una colonia pequeña, eso significa que durante mucho tiempo verás casi solo Tetramorium.

Camuflaje químico: oler como la familia

Las hormigas se reconocen por el olor, gracias a una capa de hidrocarburos cuticulares que funciona como el carné de identidad químico de la colonia. Guillem, Drijfhout y Martin compararon en 2014 cuatro sistemas de parásito y hospedadora, y en el de S. testaceus los perfiles químicos del parásito no se distinguían de los de su hospedadora, ni siquiera cuando vivía con especies hospedadoras distintas, y reproducían incluso las pequeñas diferencias entre colonias. Cada S. testaceus huele como la familia concreta con la que vive.

No es una llave maestra: una reina parásita que entra en un nido adulto desconocido suele ser atacada, y lo mismo les pasa a las obreras del parásito que cambian de nido (Kratochvíl, citado por Amcha). En cautividad, la regla es sencilla: no se mezclan colonias.

Anthouse lo cuenta en un vídeo corto: la biología básica de la hormiga usurpadora y su sumisión química.

«La hormiga usurpadora», de Anthouse: biología básica y sumisión química de S. testaceus.

Inútiles en casa, letales con las intrusas

Que no sepan comer solas no quiere decir que no sirvan para nada. Purkart, Wagner, Goffová, Selnekovič y Holecová introdujeron en el laboratorio reinas de Anergates atratulus (hoy también Tetramorium atratulum), el parásito sin obreras, en fragmentos de colonias mixtas de T. caespitum y S. testaceus. Las obreras de Tetramorium toleraron a las intrusas. Las de S. testaceus, en cambio, las atacaron con sus mandíbulas de sable y las mataron.

Amcha lo interpreta así: Anergates tendría una feromona «calmante» que funciona con la hospedadora, pero no con el parásito, y las obreras de S. testaceus harían de guardia frente a un competidor por las mismas obreras de Tetramorium. No pasa siempre: en su formicario, un Anergates llegado como pupa convivió con S. testaceus sin hostilidad. Pero esas obreras «inútiles» convertidas en verdugas son una de las imágenes más sorprendentes de la mirmecología europea.

Wasmann contra Wheeler: un debate de más de un siglo

¿Cómo empieza una colonia mixta? Según recogió Donisthorpe en 1927, Erich Wasmann defendía que la fundaban a la vez dos reinas jóvenes, una de cada especie, tras el vuelo nupcial, y William M. Wheeler creía que la reina de Strongylognathus se colaba en una colonia de Tetramorium ya establecida. Donisthorpe apoyaba a Wheeler, porque se encontraban reinas del parásito solas.

Un siglo después, la cría en cautividad le da bastante la razón a Wasmann. La entrada en un nido adulto suele acabar mal (Kratochvíl). En cambio, Amcha juntó una reina de S. testaceus recién fecundada con una reina de Tetramorium también recién fecundada, unas pupas y una obrera, y no hubo ninguna agresión. También se ha recogido que Alfred Buschinger obtuvo asociaciones de reinas recién fecundadas de las dos especies que convivieron desde el principio y criaron obreras. Puede que en la naturaleza existan las dos vías, pero la fundación conjunta es la que mejor funciona en un hormiguero, y es la que siguen nuestras colonias.

¿Dos reinas del parásito en el mismo nido?

En la naturaleza se describe la pareja típica, una reina de cada especie por nido (Collingwood; BWARS). En cautividad se ha visto más. En 2018, Amcha recogió más de cien alados de S. testaceus en dos nidos de Tetramorium, los apareó en un frasco con musgo y obtuvo tres reinas fecundadas: una la juntó con la reina hospedadora que acabamos de contar, y las otras dos, con obreras hospedadoras. Las reinas del parásito convivieron sin rivalidad visible y todas pusieron: a finales de aquel verano ya había obreras de S. testaceus en los tres formicarios.

Es la base de nuestro formato de dos reinas de S. testaceus junto a la reina hospedadora, que da a la colonia más posibilidades de salir adelante con su usurpadora. Buschinger y Amcha recordaban una precaución: una reina sin alas no siempre está fecundada. Por eso, la prueba definitiva de que todo va bien no es ver a las reinas, sino ver nacer, con el tiempo, las primeras obreras amarillas.

Tetramorium immigrans, la hospedadora de nuestras colonias

Las hospedadoras de S. testaceus son hormigas del complejo de Tetramorium caespitum, especies tan parecidas que durante más de un siglo se confundieron bajo un mismo nombre. En 2006, Schlick-Steiner y su equipo demostraron con datos genéticos y morfológicos que allí se escondían varias especies crípticas, y en 2017 Wagner y colaboradores delimitaron diez especies europeas. La que en 2006 se llamaba solo «Tetramorium sp. E» recuperó su antiguo nombre: Tetramorium immigrans.

Esa revisión de 2017 recoge también los parásitos de cada especie: S. testaceus aparece con T. caespitum, T. alpestre y T. impurum, y los registros posteriores de Bulgaria y Polonia son con T. caespitum o formas próximas. T. immigrans es del mismo complejo, comparte buena parte de su área europea con el parásito y es hospedadora natural de su pariente Anergates atratulus. Las colonias de Antomas se forman con T. immigrans, que en cautividad hace de hospedadora: su reina sigue poniendo obreras y la colonia funciona. Para el parásito, lo esencial es tener obreras de Tetramorium que lo alimenten y lo cuiden.

T. immigrans es la más grande del complejo y una de las más amantes del calor: en las localidades estudiadas por Wagner y colaboradores, la temperatura media del aire de mayo a agosto rondaba los 19,9 °C, frente a 16,1 °C en las de T. caespitum. Vive en el Mediterráneo, en buena parte de Europa, en los Balcanes, en Anatolia y en el Cáucaso, probablemente su cuna, y ha viajado con el ser humano hasta América. En Francia y en parte de Europa central es muy urbana, de aceras, parques y cunetas; en el Mediterráneo y el Cáucaso ocupa también pastizales secos, playas, riberas y roquedos.

Un detalle curioso: el ejemplar que fija su nombre, el lectotipo, procede de Valparaíso, en Chile, de una población introducida. Y en 1748, el naturalista Pehr Kalm, discípulo de Linneo, describió en Filadelfia una hormiga pequeña «negra o rojo oscura» que podría ser T. immigrans (Moss y colaboradores). Su pariente Tetramorium caespitum, que también tenemos en la tienda, es la gran hospedadora del parásito en la naturaleza.

Las «guerras del pavimento»

Las Tetramorium del complejo son famosas por sus batallas: dos colonias vecinas pueden enfrentarse en una acera con miles de obreras que se agarran por parejas con las mandíbulas, se empujan y se arrastran… y casi nunca se matan. En los estudios de estas «guerras del pavimento», hechos sobre todo con T. immigrans en Norteamérica, las batallas provocadas duraron de media unos 44 minutos (de 25 a 88) y los muertos fueron pocos, de decenas a un centenar, para miles de participantes (Plowes; Schultz; recogidos por Moss y colaboradores). Son torneos rituales más que guerras de exterminio.

La enseñanza para el criador: las Tetramorium son territoriales, y dos grupos de obreras de nidos distintos se tratan como rivales. Por eso no se juntan colonias.

Del valle del Rin a Sierra Nevada

S. testaceus es la especie más común y extendida de su género. Vive en Europa central y meridional, en el sur de Europa oriental, en el Cáucaso y en Anatolia, y llega hasta el sur de Siberia occidental y el norte de Kazajistán (Lapeva-Gjonova y Radchenko). Por el norte alcanza Suecia, donde es muy rara, y el sur de Inglaterra, donde está catalogada como rara (BWARS). Vive donde hay grandes poblaciones de sus hospedadoras, en zonas abiertas y soleadas: pastizales secos, brezales, praderas pedregosas y claros de bosque, desde los 100 m del valle del Rin hasta los 2.000–2.100 m de Sierra Nevada.

En España, Sanetra y Buschinger la estudiaron en Sierra Nevada y en las sierras de Cuenca y Teruel, entre 1.200 y 2.100 m. En el Pirineo, el trabajo de Guillem y colaboradores partió de colonias mixtas con hospedadoras próximas a T. impurum y, según se ha recogido, de una con T. semilaeve, que ni siquiera es del complejo de T. caespitum: un registro excepcional, si se confirma.

Su rareza tiene truco: entre miles de Tetramorium, unas pocas obreras amarillas pasan desapercibidas, y solo una pequeña parte de los nidos está parasitada. En 2026, Rutkowski y Wendzonka añadieron 15 localidades nuevas en Polonia y propusieron un truco de campo: fijarse en los alados, porque los del parásito son mucho más pequeños que los de la hospedadora, que en un nido parasitado suelen faltar. Así la reconoció Amcha.

Vuelos nupciales en pleno verano

Los alados de S. testaceus vuelan en julio y agosto (Collingwood); en el sur de Inglaterra, de julio a principios de agosto (BWARS), y los criadores alemanes los ven de finales de junio a finales de agosto. Son fechas que pueden coincidir con las de sus hospedadoras, cuyos sexuados aparecen de media a finales de junio, y que encajan con la idea de Wasmann. En las montañas de la península, el calendario puede ser otro.

En las Tetramorium, las larvas que darán reinas y machos se desarrollan durante el invierno, y en otra especie del complejo se ha visto que las hembras aladas podrían necesitar frío (Poldi, citado por Moss y colaboradores): una buena razón para hacer una diapausa de verdad. De la fecundidad o la longevidad de S. testaceus no hay datos fiables; las longevidades de más de diez años que circulan por algunas webs no tienen base publicada.

Tamaño y morfología

Una mirmicina diminuta, con obreras monomorfas, sin soldados, y un rasgo inconfundible: las mandíbulas en sable.

  • Obrera. Pardo amarillenta, más clara que su hospedadora. Cabeza rectangular, con la parte trasera muy escotada y los ángulos posteriores agudos y salientes. Mandíbulas estrechas, curvadas y sin dientes. Al menos la frente y las mejillas tienen estrías longitudinales, más o menos marcadas según la obrera; en su pariente S. karawajewi, la cabeza suele ser lisa (Collingwood; Lapeva-Gjonova y Radchenko).
  • Reina. Más oscura: parda, con las patas y las antenas más claras, y solo algo más grande que una obrera de Tetramorium. La nuca, muy cóncava, se prolonga a los lados en unos pequeños «cuernos» (Amcha).
  • Macho. Pardo oscuro, con los apéndices más claros y la cabeza pequeña, con la nuca escotada en ángulo agudo (Collingwood).
  • Aguijón. Tiene aparato del aguijón, como buena mirmicina, pero, con su tamaño, no tiene importancia para el criador: su arma son las mandíbulas.
  • Colores de nuestras colonias. Obreras del parásito de color amarillo anaranjado, con las mandíbulas en sable bien visibles; obreras de T. immigrans pardo oscuras, y una reina hospedadora grande y casi negra.

¿Cómo distinguirlas en tu hormiguero? La reina de T. immigrans es la más grande y casi negra; las reinas de S. testaceus, mucho más pequeñas, pardas y con sus «cuernos»; y las obreras del parásito son las amarillas, a las que, con una lupa, sus mandíbulas en sable delatan enseguida.

Medidas aproximadas

  • Obreras de S. testaceus: 2,0–3,6 mm
  • Reina de S. testaceus: 3,5–3,8 mm
  • Macho de S. testaceus: 3,2–4 mm
  • Obreras de T. immigrans: índice de tamaño de la cabeza de 713–943 µm (media de 834 µm, frente a 761 µm en T. caespitum), el mayor del complejo
  • Reina de T. immigrans: sin medidas publicadas

Las medidas de S. testaceus son longitudes totales de Collingwood (1979); no hay medidas morfométricas finas publicadas. La de T. immigrans es de Wagner y colaboradores (2017), un índice que combina la longitud y la anchura de la cabeza. De la reina hospedadora no hay medidas publicadas, y preferimos no dar cifras sin base.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 3/5 – Avanzado

Un parásito social suena a especie para expertos, pero en Antomas la consideramos avanzada, no extrema, por el formato: la colonia llega ya formada, con su reina hospedadora, que sigue poniendo obreras. Las Tetramorium hacen todo el trabajo y la colonia es autosuficiente. Cuidarla es, en la práctica, cuidar de una Tetramorium, y en nuestra experiencia son hormigas resistentes y agradecidas.

¿Por qué no es un 1/5 o un 2/5? Por cuatro motivos:

  • Una colonia pequeña, más delicada con la humedad, la limpieza y la comida.
  • Obreras diminutas, que obligan a vigilar la barrera antifugas (ver «Fugas y barreras»).
  • La paciencia: las obreras del parásito pueden tardar hasta unos dos años en aparecer (ver «Fundación y crecimiento: paciencia con el parásito»).
  • Todo depende de la reina hospedadora: las obreras del parásito no cuidan ni de la cría ni de sus propias reinas.

Y merece mucho la pena. Es un parásito social europeo que casi nunca se ve en un hormiguero, con unas obreras que parecen salidas de un libro de evolución. Ver aparecer la primera obrera amarilla entre las Tetramorium es una recompensa que solo dan las especies raras.

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 20–25 °C en la temporada activa.
  • Punto cálido: opcional, de hasta unos 27 °C en un extremo, para que la colonia elija.
  • Humedad: localizada, con una parte del nido húmeda y otra más seca; la zona de forrajeo, seca.
  • Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche.
  • Diapausa: 4–5 meses, de noviembre a marzo, a unos 5–10 °C (ver «Diapausa»).
  • Barrera antifugas: aceite mineral, revisado a menudo.

Evita el sol directo, los radiadores y las corrientes: buscan un nido templado y estable, con un pequeño gradiente de temperatura y de humedad.

Nido y hormiguero recomendado

En Antomas recomendamos empezar con un Qbik Wild One P 1C de Anthouse: un hormiguero compacto de yeso, que guarda bien la humedad y basta con humedecer de forma localizada. Es lo que necesita una colonia pequeña de Tetramorium: cámaras pequeñas, oscuridad para la cría y una zona húmeda sin encharcar el resto.

Pequeño, porque la colonia lo es: en un nido grande, pocas obreras no pueden controlar la humedad ni defender todas las cámaras, y las que sobran acaban de basureros. Las Tetramorium crecen deprisa cuando cogen ritmo, así que amplía más adelante, con un formato mayor de la gama Qbik Wild, cuando veas muchas obreras en el forrajeo sin sitio dentro o la cría amontonada en todas las cámaras. Completa el montaje con estos detalles:

  • Humedad localizada: humedece solo una parte del nido, para que siempre quede otra zona más seca.
  • Zona de forrajeo seca, con un poco de arena fina o tierra en un rincón y alguna piedra plana.
  • Agua siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón.
  • Un bebedero pequeño para los líquidos azucarados, nunca en algodón (ver «Alimentación»).
  • Barrera de aceite mineral y tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).

Temperatura y humedad

No hay un óptimo publicado para S. testaceus, ni hace falta: el parásito vive al ritmo de su hospedadora. En la naturaleza, las Tetramorium del complejo empiezan a forrajear cuando el suelo pasa de unos 10 °C, tienen su máxima actividad entre 20 y 25 °C y se retiran hacia los 36 °C (Schultz, citado por Moss y colaboradores). De ahí nuestros 20–25 °C en el nido. Si usas calor, que sea suave, en un lateral y con termostato.

Anidan en suelos bien drenados, con un gradiente de humedad, y la mayor parte del nido queda a 30–50 cm de profundidad (Bruder y Gupta, citados por Moss y colaboradores). Los criadores de T. immigrans recogidos en esa revisión cuentan que la colonia prospera con huevos y larvas en la zona húmeda, y pupas y semillas en la seca: justo lo que permite un nido de yeso humedecido de forma localizada.

La zona seca importa: las semillas se guardan en cámaras secas, y en suelos mal drenados se ha visto que las colonias de T. caespitum salían debilitadas del invierno (Elmes, citado por Moss y colaboradores). Así que nunca mojes todo el nido, porque trae condensación, moho y ácaros, pero tampoco dejes que se seque del todo: en una colonia tan pequeña, la cría se deshidrata enseguida.

Alimentación

La comida es la de una Tetramorium. Las obreras del parásito no comen solas: las alimentan las hospedadoras, igual que a las reinas y a la cría. Alimenta bien a la colonia de T. immigrans y ella se encargará del resto.

Líquidos azucarados. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero y nunca en algodón, porque el algodón se enmohece y estropea el líquido enseguida. Usa un bebedero tradicional o casero, pequeño, donde la gota quede «tendida» y accesible.

Proteína: mucha y pequeña. Es el motor del crecimiento, y es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar, porque la comida que sobra trae moho y ácaros. Para obreras tan pequeñas, presas pequeñas:

Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo, y compra los insectos a un proveedor fiable: los tratados con insecticidas pueden matar a la colonia.

Semillas, como complemento. En la naturaleza, las Tetramorium del complejo recogen semillas a finales del verano y en otoño, y en primavera las mastican para las larvas (Moss y colaboradores). Pero en el formicario de Amcha, una colonia de T. caespitum mostró poquísimo interés por ellas, enteras, trituradas o germinadas. Ofrece de vez en cuando unas pocas semillas pequeñas, sobre todo en otoño, nunca como base de la dieta, y retíralas si se enmohecen.

Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón de la zona de forrajeo.

Fundación y crecimiento: paciencia con el parásito

Tu colonia es una fundación conjunta como la que defendía Wasmann: una reina hospedadora joven, sus primeras obreras y dos reinas del parásito. Así suele crecer:

  • Primero, las Tetramorium. La colonia crece con obreras hospedadoras. Los criadores de T. immigrans hablan de algo más de un mes de huevo a obrera con calor, y cuando la colonia coge ritmo, crece deprisa.
  • Las reinas del parásito, junto a la hospedadora. Amcha vio que la reina de S. testaceus se quedaba a su lado y la tocaba a menudo con las antenas. Es la convivencia normal de una colonia mixta.
  • Las obreras del parásito, con paciencia. En los formicarios de Amcha, con colonias recién fundadas, nacieron el mismo verano. Pero en otra colonia joven no aparecieron hasta dos años después, cuando la colonia hospedadora ya era madura. Si la colonia crece y las reinas siguen vivas, todo va bien.
  • Los sexuados del parásito, más adelante. No hay datos de cuándo produce alados una colonia mixta en cautividad; en la naturaleza, los alados del parásito están en el nido de junio a agosto.

El gran riesgo es perder a la reina hospedadora. A Amcha se le murió una por causas desconocidas, y sin ella la colonia vive lo que vivan sus obreras, unos pocos años como mucho. Todo lo que hagas por la reina de T. immigrans lo haces por toda la colonia. Si notas algo raro, escríbenos.

Y una regla de oro: no añadas obreras, cría ni reinas de otros nidos. Las atacarían, y podrías introducir ácaros o enfermedades.

Llegada y mudanza

Al recibir tu colonia, déjala reposar en un lugar tranquilo y oscuro, a 20–25 °C, y comprueba que tiene agua. Para pasarla al hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado: abrimos el recipiente en la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y volcamos con suavidad reinas, obreras y cría, ayudando a las rezagadas con un pincel suave. Cuatro consejos:

  • Prepáralo todo antes: el hormiguero montado, con la barrera de aceite y el tubo de agua.
  • Trabaja sobre una bandeja: son tan pequeñas que se pierden de vista enseguida.
  • Cuenta las reinas: las del parásito son poco mayores que una obrera hospedadora, así que comprueba que no queda ninguna en el recipiente.
  • Con calma: tras el volcado, las obreras llevan la cría al nido. Deja el nido a oscuras para que lo ocupen enseguida.

Si algún día cambias la colonia de hormiguero, usa el mismo método.

Diapausa

S. testaceus vive en regiones con un invierno frío de verdad, y sus hospedadoras tienen un ciclo anual muy marcado. En Antomas recomendamos la diapausa de una Tetramorium europea: 4–5 meses, de noviembre a marzo, a unos 5–10 °C.

  • Baja la temperatura poco a poco, a lo largo de una o dos semanas, y súbela igual al final.
  • No bajes de unos 5 °C: no hay ninguna necesidad de acercarse a las heladas.
  • Durante la diapausa: agua siempre, una zona del nido seca, poco o nada de líquido azucarado y nada de proteína. Molesta a la colonia lo menos posible.
  • Al terminar, vuelve a la proteína en cuanto veas actividad y cría.

¿Por qué? Da descanso a la reina hospedadora y mantiene el ritmo natural de la colonia. Y, como las larvas de los sexuados se desarrollan en invierno y las hembras aladas podrían necesitar frío, sin diapausa la producción de sexuados del parásito, el gran premio de esta especie, podría resentirse. No está demostrado en S. testaceus, pero es su ciclo natural.

Comportamiento en cautividad

Las Tetramorium lo hacen todo. Forrajean, cuidan de la cría, alimentan a las reinas y a las obreras del parásito y defienden el nido. Casi todo lo que verás en la zona de forrajeo son obreras pardas de T. immigrans, rápidas, organizadas y muy activas con calor.

Así se ve una colonia mixta de S. testaceus y sus Tetramorium en cautividad, en dos vídeos cortos de Anthouse:

El ejército parásito en cautividad: «El ejército parásito», primera parte, de Anthouse.

Y la continuación: «El ejército parásito», segunda parte, de Anthouse.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Con una lupa, buscar a las reinas del parásito junto a la hospedadora, o la primera obrera amarilla entre las pardas, es parte de la diversión.

Señales de alarma:

  • Cada vez menos obreras hospedadoras: es lo más preocupante, mucho más que no ver al parásito.
  • Cría que se estanca o desaparece fuera de la diapausa: casi siempre falta proteína.
  • Condensación o moho: sobra humedad o hay restos olvidados.
  • Una reina hospedadora que deja de poner en plena temporada: revisa la temperatura, la comida y la humedad.
  • Muchas obreras quietas en el forrajeo, sin sitio dentro: toca ampliar.

Fugas y barreras

Es la parte delicada del montaje: las obreras son diminutas, tanto las del parásito como las de la hospedadora, y se cuelan por cualquier rendija. En Antomas usamos una barrera de aceite mineral, pero con estas hormigas hay que vigilarla más que con otras:

  • Una franja fina y continua de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo. Renuévala en cuanto acumule polvo o restos: una barrera sucia es un puente.
  • Revísala a menudo, sobre todo las primeras semanas, y comprueba que ninguna obrera consigue cruzarla.
  • Tapa bien ajustada, como segunda línea.
  • Sin rendijas: revisa las conexiones, los tapones y los tubos. Por donde no pasa una hormiga grande, pasa una Tetramorium.
  • Nada que sirva de puente cerca de la barrera.
  • Cuidado al abrir: abre lo justo, trabaja con calma y cierra al terminar.

Manejo y seguridad

Para el criador son inofensivas: tanto el parásito como la hospedadora tienen aguijón, como buenas mirmicinas, pero son tan pequeñas que no suponen ningún problema. Manipúlalas con herramientas entomológicas, como un pincel suave, y no con las manos: es muy fácil aplastarlas o perderlas. No juntes colonias distintas ni separes a las reinas del parásito de su colonia. Y, aunque sean especies europeas, no las liberes ni las traslades a otro lugar: mover hormigas de una población a otra puede alterar las poblaciones locales.

Qué no hacer

  • Separar a las reinas del parásito de la colonia o intentar criarlas solas: sin Tetramorium, no sobreviven.
  • Añadir reinas, obreras o cría de otros nidos, o juntar dos colonias.
  • Impacientarse si no aparecen obreras del parásito el primer año: pueden tardar hasta unos dos años.
  • Pasar la colonia a un nido demasiado grande para su tamaño.
  • Mojar todo el nido, o dejar que se seque del todo.
  • Poner los líquidos azucarados en algodón o dejar que se acaben.
  • Darles siempre el mismo insecto, presas demasiado grandes o dejar restos sin limpiar.
  • Basar la dieta en semillas.
  • Saltarse la diapausa, o hacerla de golpe.
  • Descuidar la barrera de aceite: con obreras tan pequeñas, una barrera sucia o con huecos es una fuga segura.
  • Manipularlas con las manos o liberarlas.

Fuentes científicas

Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Strongylognathus testaceus, su género y sus hospedadoras del complejo de Tetramorium caespitum, y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Además de la lista, hemos usado obras sin DOI: la revisión del complejo de Wagner y colaboradores (2017, Myrmecological News 25), la del parasitismo social de Buschinger (2009, Myrmecological News 12), la fauna de Collingwood (1979, Fauna Entomologica Scandinavica 8), la ficha de BWARS y los artículos de Pavel Amcha en Živa (2019 y 2023). Referencias principales:

  1. Sanetra, M. & Buschinger, A. (2000). Phylogenetic relationships among social parasites and their hosts in the ant tribe Tetramoriini (Hymenoptera: Formicidae). European Journal of Entomology 97: 95–117. doi:10.14411/eje.2000.017
  2. D'Ettorre, P. & Heinze, J. (2001). Sociobiology of slave-making ants. Acta Ethologica 3: 67–82. doi:10.1007/s102110100038
  3. Schlick-Steiner, B. C., Steiner, F. M., Moder, K., Seifert, B., Sanetra, M., Dyreson, E., Stauffer, C. & Christian, E. (2006). A multidisciplinary approach reveals cryptic diversity in Western Palearctic Tetramorium ants (Hymenoptera: Formicidae). Molecular Phylogenetics and Evolution 40: 259–273. doi:10.1016/j.ympev.2006.03.005
  4. Guillem, R. M., Drijfhout, F. & Martin, S. J. (2014). Chemical deception among ant social parasites. Current Zoology 60: 62–75. doi:10.1093/czoolo/60.1.62
  5. Lapeva-Gjonova, A. & Radchenko, A. (2021). Ant genus Strongylognathus (Hymenoptera, Formicidae) in Bulgaria: a preliminary review. Biodiversity Data Journal 9: e65742. doi:10.3897/BDJ.9.e65742
  6. Purkart, A., Wagner, H. C., Goffová, K., Selnekovič, D. & Holecová, M. (2022). Laboratory observations on Anergates atratulus (Schenck, 1852): mating behaviour, incorporation into host colonies, and competition with Strongylognathus testaceus (Schenck, 1852). Biologia 77: 125–135. doi:10.1007/s11756-021-00901-y
  7. Moss, A. D., Swallow, J. G. & Greene, M. J. (2022). Always under foot: Tetramorium immigrans (Hymenoptera: Formicidae), a review. Myrmecological News 32: 75–92. doi:10.25849/myrmecol.news_032:075
  8. Rutkowski, T. & Wendzonka, J. (2026). New data on the distribution of Tetramorium atratulum (Schenck, 1852) and Strongylognathus testaceus (Schenck, 1852) in Poland. Fragmenta Faunistica 69: 28–32. doi:10.3161/00159301ff2026.69.1.06
Dificultad
Intermedio
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