Comprar Camponotus ocreatus – Hormiga Ocre | Antomas
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Camponotus ocreatus - Hormiga Ocre

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Una hormiga con nombre de legionario. Camponotus ocreatus, la Hormiga Ocre, lleva en su nombre latino las grebas de los soldados romanos: tibias negras sobre un cuerpo amarillo ocre, rematado por una cabeza negra como un yelmo. Descrita en 1893 a las puertas del Valle de la Muerte, vive bajo las piedras de las sierras que rodean los desiertos de Norteamérica, sale a trabajar cuando cae la noche y celebra sus bodas con las tormentas del monzón. Sus obreras mayores, de hasta 15 mm, están entre las carpinteras más grandes de Estados Unidos, y en Europa casi nunca se ven. Reinas fundadoras con prole. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 3/5 – Avanzado

Gran Camponotus nocturna de los desiertos y piedemontes del suroeste de Norteamérica, con la cabeza negra, el cuerpo de amarillo arcilla a ámbar y unas majors que están entre las más grandes de su género en Estados Unidos. Reinas fundadoras con prole, de fundación claustral. Qbik Wild One P 1C para empezar y, después, QBIK ONE y DUO con galerías grandes; nido a 26–30 °C con un punto cálido de 30–32 °C, humedad en los tubos al principio y nido seco después, azúcar siempre en bebedero y mucha proteína, mejor en presas abiertas. Diapausa templada de unos 3 meses a 10–15 °C. Las reinas jóvenes suelen dejar de poner en otoño: es normal. Trepan: barrera de aceite mineral. Sin aguijón.

Camponotus ocreatus Emery, 1893 es una de las grandes hormigas carpinteras del suroeste de Norteamérica: una Camponotus robusta y polimórfica, de cabeza negra y cuerpo amarillo ocre, que vive en las sierras, los piedemontes y los encinares que rodean los desiertos. Anida bajo las piedras, sale a trabajar de noche y sus obreras mayores, que pasan del centímetro, están entre las más grandes de su género en Estados Unidos.

En Antomas la llamamos Hormiga Ocre, por el color de su cuerpo. Su nombre científico, en cambio, cuenta otra historia, mucho más guerrera. Es una especie rara en Europa y con muy poca literatura propia, así que, como siempre, separamos lo publicado sobre ella, lo que se sabe de sus parientes, lo que cuentan los criadores y lo que recomendamos en Antomas.

Biología

Grebas y centuriones: una hormiga con nombre de legionario

Aunque lo parezca, ocreatus no significa «ocre». En latín, la ocrea era la greba, la pieza de armadura que protegía la espinilla de soldados y cazadores, y ocreatus quiere decir «el que lleva grebas». El ocre es otra palabra, que viene del griego ōchrós, «amarillo pálido». La confusión es tan fácil que el propio William M. Wheeler, uno de los grandes mirmecólogos del siglo XX, llegó a escribirla «ochreatus» en 1910.

¿Por qué «con grebas»? Emery no lo explicó, pero basta con leer su descripción: un cuerpo de color amarillo arcilla con la cabeza negra y, en las patas, las rodillas, las tibias y el primer artejo del tarso negros. Es decir, una hormiga clara con las espinillas oscuras, como un soldado con sus grebas puestas. Es una lectura nuestra, pero encaja de maravilla.

El latín militar no acaba ahí. En 1910, Wheeler describió unas hormigas de Arizona como Camponotus acutirostris primipilaris, y en Roma el primipilaris era quien había sido primus pilus, el centurión de mayor rango de una legión. Años después se vio que aquellas hormigas eran C. ocreatus: el centurión y el soldado con grebas eran la misma especie. Y nuestro nombre comercial tampoco va desencaminado: en su gran revisión de 1950, el mirmecólogo William S. Creighton describió el tórax y el gáster como «amarillo ocre».

Descrita a las puertas del Valle de la Muerte

El entomólogo italiano Carlo Emery la describió en 1893 a partir de solo tres obreras, una grande y dos medianas, procedentes de las montañas Panamint, la sierra de California que cierra por el oeste el Valle de la Muerte. Se las había hecho llegar el entomólogo Theodore Pergande. No la describió como especie, sino como una subespecie de Camponotus maculatus, el mismo nombre que lleva nuestra hormiga gigante africana, C. maculatus. En el siglo XIX, maculatus era un gran cajón de sastre en el que se metían carpinteras de medio mundo.

Para ser especie tuvo que esperar a 1917. Wheeler estudió una buena serie de ejemplares de la colección de Pergande y concluyó que era una especie propia. En 1950, Creighton la colocó en el subgénero Tanaemyrmex, donde sigue, y convirtió primipilaris en un sinónimo: según él, las dos formas eran tan parecidas que no había justificación para separarlas. Hoy, el catálogo mundial de hormigas la da como especie válida con el nombre de Camponotus ocreatus Emery, 1893. Eso sí, los subgéneros de Camponotus se consideran una clasificación provisional: la revisión de las formicinas de 2016 reconoce que muchos son agrupaciones artificiales a la espera de una revisión del género.

Una carpintera de montaña en tierra de desiertos

Su área ocupa el suroeste de Estados Unidos y el noroeste de México. Está confirmada en California, Nevada, Arizona y Nuevo México, con citas probables en Utah y Texas, y en México en Baja California, Baja California Sur, Sonora y Chihuahua. Arizona concentra la mayor parte de los registros. Creighton ya la describía como una hormiga de distribución discontinua, ligada a las montañas.

No es una hormiga de dunas ni de llanuras abrasadas, sino de las tierras altas que rodean los desiertos. En Nevada se ha encontrado entre unos 1.280 y 2.130 m de altitud, en el desierto cálido y en el bosque de pino piñonero y enebro; en Arizona, hacia los 1.700–1.800 m. En Nuevo México vive en el piedemonte del desierto, el matorral semidesértico, el bosque de encina y enebro, el pinar de piñonero y los cañones con arroyo, entre sicomoros, álamos y gramíneas.

Bajo una piedra, en la ladera fresca

Que sea una «carpintera» no quiere decir que viva en la madera. C. ocreatus anida en el suelo, a menudo bajo piedras, en suelos francos y pedregosos, y con frecuencia en laderas orientadas al norte, las más frescas, y en semisombra, en el borde del bosque. En Nevada se describieron cinco nidos: uno bajo una piedra y cuatro al descubierto, con la entrada rodeada de tierra excavada que a veces formaba un pequeño cráter.

En Nuevo México se encontró una colonia que compartía el nido con una vecina muy distinta, la hormiga cultivadora de hongos Trachymyrmex arizonensis. No hemos encontrado ninguna medida de la profundidad de sus nidos, pero en una Camponotus de suelo bien estudiada, C. socius, las cámaras están entre 15 y 66 cm, justo la capa en la que el suelo del desierto amortigua el calor del verano y el frío del invierno.

Trabaja de noche

Según la fauna de hormigas de Nuevo México de William y Emma Mackay, forrajea de noche. Tiene sentido en su tierra: en verano, a 10 cm de profundidad el suelo está a 30–35 °C de media, con picos de 37–39 °C, y la superficie, todavía más caliente; a 20–50 cm, en cambio, se queda en 26–31 °C. Con el sol, la superficie es un horno; con la noche, el aire se refresca y la humedad sube. Otras carpinteras del desierto de la región, como C. fragilis, se describen también como nocturnas.

El reloj del año también está bien marcado: en Nuevo México se ha encontrado prole en los nidos de marzo a julio. La colonia cría con el calor de la primavera y del verano y se detiene con el frío.

El cactus barril que no le interesa

En el desierto de Sonora, el cactus barril Ferocactus wislizeni ofrece néctar en unas glándulas junto a las espinas, y a cambio cuatro especies de hormigas lo defienden de los insectos que se lo comen. En 2009, Joshua Ness, William Morris y Judith Bronstein estudiaron qué hormigas acudían. C. ocreatus aparecía entre las especies abundantes en la zona que rara vez o nunca visitaban el cactus, junto a Camponotus laevigatus, la recolectora Novomessor cockerelli (entonces llamada Aphaenogaster cockerelli) y otras dos. Las cuatro guardianas eran hormigas mucho más pequeñas: Crematogaster opuntiae, Solenopsis aurea, S. xyloni y Forelius pruinosus.

Los autores analizaron además los isótopos de nitrógeno de una muestra de C. ocreatus, que indican en qué escalón de la cadena alimentaria come un animal, y su valor salió parecido al del propio cactus. Ellos mismos avisan de que no la convierte en «vegetariana», y es una sola muestra. Pero apunta a una hormiga que vive en buena parte de líquidos azucarados de origen vegetal, como el néctar y la melaza: lo que verás en casa en cuanto le pongas un bebedero.

Bodas con las tormentas del monzón

En su área, el verano trae el monzón norteamericano: tras un junio seco y abrasador, la humedad sube y llegan las tormentas de tarde, que en muchas zonas aportan más de la mitad de la lluvia del año. Las hormigas aprovechan el suelo húmedo y blando para sus vuelos nupciales. En Nuevo México se encontró una reina recién fecundada, ya sin alas, en julio, y los naturalistas y criadores de la región describen los vuelos de C. ocreatus entre finales de junio y agosto, tras una lluvia fuerte, al anochecer y de noche. En los años de monzón intenso cuentan vuelos masivos, con miles de reinas corriendo por el suelo.

No hay estudios que lo midan en esta especie, así que son observaciones de campo. Pero encajan con todo lo demás: una hormiga nocturna, de verano y de suelos que se ablandan con la lluvia.

Una reina con la despensa dentro

Tras la boda, la reina se arranca las alas, se encierra en una cámara y cría a sus primeras obreras sin salir a comer: es la fundación claustral, la de casi todas las Camponotus. ¿De dónde saca la energía? En una pariente del mismo desierto, C. festinatus, se ha estudiado al detalle. Las reinas vírgenes acumulan dos proteínas de reserva, las hexamerinas, y una de ellas llega a ser cerca del 70 % de la proteína soluble de su cuerpo graso. Durante la fundación, la reina las gasta para alimentar a sus larvas, y desaparecen más o menos un mes después de que nazcan las primeras obreras.

En C. ocreatus no se ha medido, pero los criadores ven algo que encaja con una especie de inviernos reales: las reinas jóvenes suelen dejar de poner en otoño y no vuelven hasta la primavera, aunque las tengan en calor. Un criador cuenta que sus reinas, cogidas en agosto, sacaron las primeras obreras en otoño, pasaron el invierno sin poner y en mayo volvieron a hacerlo todas.

Hijas de una sola madre y de un solo padre

Solo hay un estudio dedicado de lleno a esta especie, y es genético. En 2004, Michael Goodisman y Daniel Hahn analizaron la estructura de sus colonias. Según las recopilaciones posteriores, el parentesco medio entre las obreras de una misma colonia era de 0,74, medido en 16 colonias. Es casi exactamente el 0,75 que se espera de hermanas hijas de una sola reina apareada con un solo macho. Los trabajos que citan el estudio añaden que la reina se aparea normalmente una sola vez y que se detectaron casos de apareamiento entre hermanos, algo raro en el género.

Para el criador, la lección es sencilla: una colonia, una reina. En Antomas no juntamos reinas ni colonias.

Blochmannia, la socia que lleva dentro

Todas las Camponotus llevan dentro una bacteria, Blochmannia, que vive en células especiales de su intestino y en los ovarios de la reina, y pasa de madre a hijas a través de los huevos. Fabrica aminoácidos esenciales que la hormiga no puede producir, y por eso estas hormigas prosperan con dietas tan azucaradas.

C. ocreatus tiene un pequeño papel en esta historia. En 2004, el equipo de Jennifer Wernegreen la incluyó, con otras ocho carpinteras recogidas en el sureste de Arizona, en un estudio clásico sobre cómo evolucionan juntas la hormiga y su bacteria. Encontraron que ambas han evolucionado a la par durante millones de años, y que el ADN ribosómico de Blochmannia cambia unas 14 veces más deprisa que el de la bacteria de los pulgones. ¿Y de dónde salió la socia? Un trabajo de 2009 propone que las antepasadas de estas hormigas la adquirieron al cuidar insectos chupadores de savia. Una historia que empezó con la melaza y sigue en cada bebedero.

Eso sí, la bacteria no sustituye a la proteína: las larvas necesitan insectos para crecer (ver «Alimentación»).

Ácido fórmico contra las hormigas de fuego

Como todas las formicinas, no tiene aguijón. Su arma química es el ácido fórmico, que produce en la glándula del veneno y expulsa por el acidoporo, una pequeña boquilla en la punta del gáster. Con él se defiende y ataca a sus rivales, y las obreras grandes rematan con un buen mordisco.

Y tiene otro uso sorprendente. En 2015, un equipo de la Universidad de Texas comprobó que las formicinas usan su propio ácido como antídoto: cuando una hormiga de fuego (Solenopsis) les aplica su veneno, se untan con el ácido del acidoporo, que neutraliza los alcaloides del veneno y mejora su supervivencia. Lo vieron en especies de todos los grandes grupos de formicinas. No se ha probado en C. ocreatus, pero en su desierto convive con dos hormigas de fuego nativas, Solenopsis xyloni y S. aurea, y no le vendría mal.

Tamaño y morfología

Una Camponotus grande, robusta y polimórfica, sin aguijón, con obreras menores, medias y mayores que forman una serie continua. No hay una casta de soldados aparte: las llamadas «soldados» son obreras mayores, con la cabeza mucho más grande.

  • Coloración. En la descripción original, cuerpo amarillo arcilla con la cabeza, los escapos de las antenas, las rodillas, las tibias y el primer artejo del tarso negros. En las obreras mayores, el tórax es más oscuro y la punta del gáster, negruzca. Creighton la describe con la cabeza negra y el tórax y el gáster amarillo ocre, a menudo velados de pardo, y los Mackay, con la cabeza negra y el resto pardo, pero avisando de que el color varía.
  • Variación entre poblaciones. Los criadores distinguen colonias de cuerpo amarillo liso y otras de cabeza negra y gáster tricolor, según la población. En la clave de su propio trabajo, Emery la caracterizaba ya con el gáster y casi siempre el tórax rojo claro y las tibias pardas: la variación de color se ve desde el principio.
  • Cabeza. Negra o pardo negruzca. En la obrera mayor es grande y se estrecha por delante de los ojos. Las mejillas son brillantes, con puntos diminutos y sin pelos erectos.
  • Antenas. Escapos largos y finos, que sobrepasan claramente las esquinas posteriores de la cabeza y no están aplanados en la base. Es la mejor forma de distinguirla de especies parecidas como C. vicinus o C. sansabeanus, cuyas obreras mayores tienen la base del escapo aplanada.
  • Gáster. Brillante, con una pubescencia fina y escasa. Termina en el acidoporo, por el que expulsa ácido fórmico.
  • Reina. Con una fila larga de cerdas en la cara interna de las tibias medias y posteriores y las mejillas sin pelos. En la forma de Arizona, las alas tienen un tinte amarillo claro, con las venas y el estigma pardos.
  • Macho. No se ha descrito.

¿Hormigas casi blancas? Se ha llegado a decir que esta especie tiene ejemplares «casi blanquecinos». No hemos encontrado ninguna descripción científica que lo diga: el tono más claro que aparece en la literatura es el amarillo arcilla u ocre. Lo que sí ocurre en cualquier hormiga es que las obreras recién nacidas salen muy pálidas y se oscurecen en pocos días. Una colonia joven, con muchas obreras recién nacidas, puede parecer mucho más clara de lo que es.

Medidas aproximadas

  • Obreras mayores: 12 mm en la descripción original y hasta 15 mm en una población de Arizona
  • Obrera mayor de la descripción original: cabeza de 3,5 mm de largo y 3,2 mm de ancho; escapo de 3,4 mm; fémur posterior de 4 mm
  • Obreras menores: 10–11 mm en esa misma población de Arizona; sin medidas publicadas de la forma típica
  • Reina: 14–16 mm, y 16–17 mm en la población de Arizona
  • Macho: sin medidas publicadas

Las medidas de la obrera mayor de la descripción original son de Emery (1893). Las de la población de Arizona son de Wheeler (1910), que la describió como primipilaris y que, según él mismo, era algo más grande que la forma típica, y las de la reina, también de Wheeler, a partir de cinco reinas que atribuyó a esta especie. Las cifras más pequeñas que circulan por internet, como obreras de 5–8 mm o reinas de unos 13 mm, no proceden de mediciones publicadas, así que preferimos no darlas.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 3/5 – Avanzado

En Antomas la situamos en el nivel avanzado, en su tramo más asequible. Es una Camponotus agradecida: come de todo, no tiene aguijón, se conforma con un nido seco y, día a día, es tranquila. Lo que la separa de una especie de principiante son cuatro cosas:

  • El calor. Necesita un nido cálido. Los criadores que la mantienen a temperatura de casa coinciden en que apenas crece.
  • La diapausa. Pide un invierno templado y bien hecho. Sin él, las colonias de las poblaciones de altura se estancan.
  • La paciencia. Las reinas jóvenes suelen dejar de poner en otoño y no vuelven hasta la primavera, aunque estén en calor. Es normal, pero hay que saberlo.
  • Las majors. Están entre las Camponotus más grandes de Estados Unidos y, cuando llegan, piden galerías grandes y mucha comida.

Y merece mucho la pena. Es una carpintera rara en Europa, nocturna, con una cabeza negra que contrasta con un cuerpo amarillo o ámbar y unas majors imponentes. Si te atraen las hormigas de esos desiertos, en Antomas tienes también a Camponotus fragilis, otra carpintera del suroeste, y a dos vecinas de su hábitat: la cosechadora Pogonomyrmex maricopa y la mielera Myrmecocystus mimicus.

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 26–30 °C en la temporada activa, con un punto cálido de 30–32 °C en un lateral, siempre con termostato, para que la colonia elija. No la tengas de forma continua por encima de unos 32 °C.
  • Por qué así: en su área, el suelo a 20–50 cm, donde están las cámaras, se queda en verano entre 26 y 31 °C de media. Cerca de la superficie, a 10 cm, llega a 35–39 °C en los días de más calor, y la colonia baja para evitarlo. Los criadores de Estados Unidos la mantienen a unos 28–32 °C y coinciden en que, a temperatura ambiente, apenas crece.
  • Zona de forrajeo: a temperatura de casa, unos 20–25 °C. Así tienen dónde refrescarse.
  • Humedad: humedad en los tubos mientras la colonia es pequeña; después, nido seco (ver «Humedad: tubos al principio, seco después»).
  • Agua: siempre, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: nido a oscuras y forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche.
  • Diapausa: unos 3 meses, de diciembre a febrero, a 10–15 °C (ver «Diapausa: un invierno templado»).

Humedad: tubos al principio, seco después

Es una hormiga de suelos pedregosos y bien drenados, en una tierra donde llueve poco y casi todo de golpe, con las tormentas del verano. Pero, como prácticamente todas las Camponotus, mientras la colonia es pequeña necesita humedad en el nido:

  • Al principio: los tubos de ensayo y los sistemas de humedad del hormiguero, bien llenos de agua. La reina y la primera cría la necesitan.
  • Con unas 50–100 obreras: puedes dejar de humedecer el nido y tenerlo seco, con el agua y los líquidos azucarados en bebederos en la zona de forrajeo. La propia colonia regula la humedad que necesita.
  • Nunca mojado: el exceso de agua trae condensación, moho y ácaros. Un criador que fundó reinas sobre arena húmeda perdió casi todas por un hongo blanco.

Seco no quiere decir sin agua: el tubo de agua del forrajeo no puede faltar nunca, y en los diarios de cría se ve que estas colonias beben mucho.

Hormigueros recomendados

En Antomas recomendamos empezar con un hormiguero de la gama Qbik Wild de Anthouse, de yeso, que guarda bien la humedad que necesita la fundación. Para una reina con su primera cría, el Qbik Wild One P 1C:

Cuando la colonia crezca, lo mejor es pasarla a la gama Qbik Alpha, modular y más bien seca, que encaja con el nido seco de una colonia ya establecida y pesa menos, algo que se agradece porque puede crecer mucho. Con esta especie, galerías grandes: sus majors las necesitan para moverse y mover la cría. Primero, un QBIK ONE con galerías grandes:

Para ampliar, el QBIK DUO, también con galerías grandes. Amplía cuando veas obreras paradas en los rincones del forrajeo, sin sitio dentro, pero no te adelantes: en un nido enorme para una colonia pequeña, las cámaras que sobran acaban convertidas en basurero. Completa el montaje así:

  • Barrera de aceite mineral en la parte alta de las paredes del forrajeo y tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).
  • Forrajeo seco, con algo de arena, alguna piedra plana y una ramita, sin nada que haga de puente hasta la barrera.
  • Agua en tubo de ensayo con algodón, y bebedero para el azúcar, nunca en algodón.
  • Calor suave en un lateral del nido, con termostato, lejos del bebedero.

Fundación: reina con prole, paso a paso

En Antomas vendemos reinas fundadoras con prole: reinas que ya han empezado su colonia en un tubo de ensayo, con huevos, larvas o pupas. La fundación es claustral: la reina cría a sus primeras obreras sin salir a comer, con las reservas de su propio cuerpo (ver «Una reina con la despensa dentro»).

  • Tubo, oscuridad y calor. Deja el tubo tal como llega, con su depósito de agua tras el algodón, en un sitio oscuro, tranquilo y sin vibraciones, a 26–28 °C. Puedes taparlo con un trapo o una cartulina.
  • Humedad en el tubo. Comprueba de vez en cuando que el algodón sigue húmedo y que queda agua. Si se acaba o el tubo se ensucia mucho, pásala a uno nuevo por volcado, con cuidado.
  • Sin molestar. Echa un vistazo breve una vez por semana, no cada día. Una reina estresada puede comerse la cría; en un diario de cría, una reina se comió casi toda la suya tras un traslado.
  • Un tentempié de vez en cuando. Aunque sea claustral, en Antomas recomendamos ofrecer a la reina, de vez en cuando, una gotita de líquido azucarado sobre un trocito de papel de aluminio, nunca en el algodón del tubo, que se enmohece. Retira lo que sobre al día siguiente. Cuando haya obreras, añade un trocito de insecto una o dos veces por semana.
  • Paciencia. Los criadores hablan de unas 7–10 semanas de huevo a obrera, menos con calor. Las primeras obreras, las nanitas, son pequeñas para la especie, aunque ya son hormigas grandes.

El aviso más importante: si recibes la reina a finales de verano u otoño, es normal que deje de poner hasta la primavera siguiente, aunque la tengas en calor. Varios criadores lo cuentan en sus diarios (ver «Una reina con la despensa dentro»). No la cambies de tubo ni la molestes por eso; sigue cuidándola y respeta su invierno (ver «Diapausa: un invierno templado»).

¿Cuándo pasarla al hormiguero? Con unas 5–10 obreras, o antes si el tubo se queda pequeño, se ensucia o se queda sin agua, siempre a un nido proporcionado a la colonia.

Llegada y mudanza por volcado

Al recibir la reina, déjala reposar en un sitio tranquilo y oscuro, a 26–28 °C, y comprueba que el tubo tiene agua. No la cambies de tubo ni la pases al nido nada más llegar. Cuando toque mudarla, en Antomas lo hacemos por volcado:

  • Monta antes el hormiguero, con la barrera de aceite puesta y el agua en su sitio.
  • Trabaja sobre una bandeja, con un pincel suave, por si alguna obrera trepa por el tubo o por tus herramientas.
  • Abre el tubo en la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y vuelca con suavidad a la reina, las obreras y la prole, ayudando a las rezagadas con el pincel.
  • Deja el nido a oscuras y tapa el forrajeo. En pocas horas habrán metido la prole dentro.

Para pasar más adelante a un módulo mayor, el mismo método.

Alimentación

Líquidos azucarados, siempre disponibles. Es una gran consumidora de azúcar: los criadores cuentan que vacían los bebederos, y uno vio cómo sus larvas se volvían rosadas con el néctar teñido para colibríes que les daba. En Antomas recomendamos variar: el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro néctar o líquido azucarado 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero, tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible, y nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido enseguida. Cámbialo antes de que fermente.

Proteína: cuanta más, mejor. Es el motor del crecimiento, y es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo:

Un truco de los criadores: esta especie aprovecha mucho mejor las presas abiertas. Varios cuentan que dejaban intactos los gusanos de la harina enteros y las moscas de la fruta, y que en cuanto les ofrecieron cucarachas abiertas las obreras empezaron a beberse los jugos y a repartirlos boca a boca. Ábrele siempre la presa, sobre todo mientras la colonia es pequeña. Y como es nocturna, pon la proteína al atardecer y retira los restos a la mañana siguiente. Compra los insectos a un proveedor de confianza: los tratados con insecticidas pueden matar a la colonia.

Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón del forrajeo. Aunque el nido sea seco, el agua de beber no puede faltar nunca.

Diapausa: un invierno templado

Su diapausa se puede calcular con bastante precisión, porque hay datos de la temperatura del suelo en su área. Allí, el suelo a 50 cm, donde está el nido, baja de diciembre a febrero a unos 10–14 °C en el desierto bajo y a 9–13 °C en el piedemonte y el pastizal de altura media, donde vive buena parte de las poblaciones, y pasa unos tres meses por debajo de 15 °C. En las zonas más altas baja todavía más. Es un invierno real, aunque suave: a 1 m de profundidad el suelo no llega a helar. Y la propia hormiga lo marca: en Nuevo México se ha encontrado prole en los nidos de marzo a julio, y en cautividad las reinas paran la puesta en otoño.

Por eso, en Antomas recomendamos una diapausa templada, no fría, como la que recomendamos para su vecina P. maricopa: unos 3 meses, de diciembre a febrero, a 10–15 °C, mejor hacia 12–14 °C.

  • Entrada gradual. En noviembre, quita el calor y deja la colonia 2–3 semanas a 15–18 °C antes de bajar. Esos 15–18 °C son el escalón de paso, no la diapausa.
  • Durante la diapausa: agua siempre, un poco de líquido azucarado y casi nada de proteína. Molesta lo menos posible.
  • Salida progresiva en marzo, pasando otra vez por 15–18 °C, hasta volver al nido cálido. Retoma la proteína en cuanto veas actividad y prole.
  • Colonias muy pequeñas: en su primer invierno, una diapausa más corta, de 6–8 semanas, hacia los 15 °C.
  • Dónde: una habitación sin calefacción a menudo no baja lo suficiente; un garaje, una bodega o una vinoteca suelen servir. No hace falta bajar de unos 10 °C, y nunca la pongas en una nevera a 4–8 °C, como a una especie del norte de Europa.

Hay criadores que la mantienen todo el año en calor. Pero los que crían colonias de las poblaciones de altura cuentan que, sin invierno, se estancan y pierden el apetito al año siguiente. La diapausa es la apuesta segura.

Comportamiento y observación

Una hormiga de noche. En la naturaleza forrajea de noche, y es lo esperable también en casa: el movimiento se concentra al atardecer y durante la noche, y a mediodía es normal ver poca actividad. Si quieres verlas en plena faena, obsérvalas al caer la tarde.

Tranquila, pero con carácter. Día a día, las obreras son calmadas y no buscan pelea. Si abres o golpeas el nido, salen a defenderlo, y las majors son las primeras en asomarse. Las reinas fundadoras pueden ser muy protectoras con su prole.

Crecimiento. No hay recuentos publicados de colonias de esta especie. En el diario de cría más completo que hemos encontrado, una reina de un vuelo de verano tenía unas 30 obreras al año y medio y unas 100 a los dos años, cuando ya habían aparecido las primeras majors; otro criador, con menos calor, tardó cuatro años en llegar a unas 40. Las cifras de miles de obreras que circulan por internet son estimaciones, no recuentos.

Mucha trofalaxia. Fíjate en cómo se pasan el alimento boca a boca: las forrajeras vuelven con el buche lleno de néctar o de jugo de presa y lo reparten entre las compañeras y las larvas.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles el nido a oscuras y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Se acostumbran a tu presencia.

Señales de alarma:

  • Colonia que no crece en plena temporada: casi siempre falta calor o proteína.
  • Reina que no pone en otoño o en invierno: es normal (ver «Fundación: reina con prole, paso a paso»).
  • Condensación en las paredes, moho o ácaros: sobra humedad o hay restos olvidados.
  • Colonia apagada y sin apetito tras un año entero en calor: le ha faltado el invierno.

Fugas y barreras

Como casi todas las Camponotus, es buena trepadora, y una hormiga de este tamaño fuera del hormiguero no pasa desapercibida. En Antomas usamos con ellas aceite mineral:

  • Una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo, fina y continua. Renuévala cuando acumule polvo o restos.
  • Tapa bien ajustada, como segunda línea de defensa.
  • Sin rendijas: revisa conexiones, tapones y tubos.
  • Nada que haga de puente hasta la barrera: ni ramitas ni piedras apoyadas cerca.

Con la barrera y todo bien cerrado, no dan problemas.

Manejo y seguridad

No pican: no tienen aguijón. Si se sienten atacadas, muerden, y una major de su tamaño se hace notar, y pueden rociar ácido fórmico, que escuece sobre la piel sensible o en un pequeño corte. Nada de qué preocuparse si trabajas con calma. Como con cualquier especie, manéjalas con herramientas entomológicas (un pincel suave o unas pinzas blandas), no con las manos, y trabaja despacio para no perder ni dañar a ninguna obrera, y menos aún a la reina. No juntes reinas ni colonias distintas, ni las mezcles con otras especies. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.

Qué no hacer

  • Mantenerla todo el año a temperatura de casa, sin un nido cálido: apenas crecerá.
  • Pasar de forma continua de unos 32 °C, o calentar todo el nido desde abajo sin dejarle una zona más fresca.
  • Mojar el nido entero o seguir humedeciéndolo cuando la colonia ya regula su propia humedad.
  • Saltarse la diapausa, o hacerla fría, en una nevera, como a una especie del norte de Europa.
  • Alarmarse y cambiar de tubo a una reina que deja de poner en otoño.
  • Darle siempre el mismo insecto, o presas enteras y duras a una colonia pequeña; mejor abiertas.
  • Poner el azúcar en algodón o dejar que se acabe.
  • Dejar restos de comida más de 24 horas.
  • Usar galerías pequeñas cuando lleguen las majors.
  • Juntar reinas o colonias.
  • Manipularla con las manos.

Fuentes científicas

Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Camponotus ocreatus y sus parientes, incluidas las faunas regionales de Nuevo México (Mackay y Mackay, 2002) y Nevada (Wheeler y Wheeler, 1986), de los datos climáticos y de temperatura del suelo de su área y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

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Dificultad
Intermedio
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