Camponotus maculatus - Hormiga gigante Africana
La hormiga que amputa para salvar vidas. Cuando una obrera de Camponotus maculatus vuelve herida al nido, sus hermanas le cortan la pata de un mordisco antes de que la infección avance, y así más que duplican su supervivencia: la ciencia lo demostró en 2025. Gigante africana de las sabanas y señora de la noche, con obreras mayores de cabeza ancha y un ácido fórmico que, además de arma, desinfecta su propia despensa. Voraz, de crecimiento rápido y sin necesidad de diapausa, es una de las mejores Camponotus grandes para dar el salto a la mirmecología. Reinas fundadoras con prole. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 1/5 – Principiante
Gran Camponotus africana, polimórfica, crepuscular y nocturna, y famosa desde 2025 por un hallazgo científico: amputa la pata herida de sus compañeras para salvarles la vida. Se vende como reina fundadora con prole, con fundación claustral. Qbik Wild para fundar y Qbik Alpha a largo plazo, aunque se adapta a todo. Humedad en los módulos al principio y nido totalmente seco a partir de unas 50–100 obreras, 24–28 °C, azúcar siempre disponible y mucha proteína. No necesita diapausa, aunque admite una opcional y muy suave (3–4 meses a 15–20 °C) para frenar su crecimiento. Trepa por el acrílico: barrera de aceite mineral.
Camponotus maculatus (Fabricius, 1782) es una de las grandes hormigas carpinteras de África y una de las más antiguas para la ciencia: su nombre tiene casi dos siglos y medio. Es grande, con obreras menores ágiles y obreras mayores de cabeza ancha, vive en el suelo de sabanas y bosques claros, sale sobre todo al caer el sol y se alimenta de azúcares e insectos. Y desde octubre de 2025 tiene un lugar propio en los libros: es la hormiga en la que se ha demostrado que las obreras amputan de forma preventiva la pata herida de una compañera, antes de que la infección aparezca.
También es una especie con mucha historia detrás: durante más de un siglo, bajo el nombre de C. maculatus se describieron decenas de formas de medio mundo, y aún hoy hay quien sospecha que esconde varias especies. En esta ficha separamos siempre lo que está documentado, lo que cuentan otros criadores y lo que hemos aprendido criándola en Antomas. Y lo que hemos aprendido se resume en una idea: es una de las mejores Camponotus grandes para empezar.
Biología
La hormiga «manchada» de la colección de Banks
La describió el entomólogo danés Johan Christian Fabricius en 1782 como Formica maculata, con una sola obrera mayor de la colección del naturalista inglés Joseph Banks. La etiqueta solo decía «África ecuatorial». En 1915, el británico Horace Donisthorpe volvió a estudiar ese ejemplar, que se conserva en el Museo de Historia Natural de Londres, y propuso que procedía probablemente de Sierra Leona, en la costa de África occidental. Es una suposición razonable, no un dato de la etiqueta.
El nombre viene del latín macula, «mancha». No hemos podido leer la diagnosis original de Fabricius, pero el ejemplar tipo lo explica bien: en los tres primeros segmentos del gáster tiene manchas oscuras en el centro y franjas claras a los lados, y en las poblaciones típicas se ven a simple vista unas manchas claras a cada lado del gáster. Se pasó al género Camponotus en 1862 y hoy se incluye en el subgénero Tanaemyrmex.
Más de cien nombres para una sola hormiga
Durante el siglo XIX y buena parte del XX, «maculatus» fue un cajón de sastre. Cualquier Camponotus grande y de colores parecidos, de África, Asia, Europa, América o Australia, acababa descrita como subespecie o variedad de C. maculatus, y llegaron a acumularse más de cien. En 1972, el mirmecólogo Cesare Baroni Urbani convirtió de golpe 33 de esos nombres africanos en sinónimos de C. maculatus; otros muchos se han ido separando como especies propias.
Un ejemplo muy nuestro: Camponotus barbaricus, la carpintera de tórax rojo del sur de la península, se describió en 1905 como C. maculatus subsp. barbaricus, con ejemplares de Sevilla y Gibraltar. Por el mismo nombre pasaron la mediterránea C. aethiops, la norteamericana C. vicinus y especies de Sudáfrica, Madagascar y Australia.
¿Y qué queda en sentido estricto? Menos de lo que parece. Un estudio morfológico y genético de McArthur y Leys (2006) mostró que el «grupo maculatus» africano no es un grupo natural, es decir, que no desciende de un único antepasado común, y recordó un dato sorprendente: la obrera menor de C. maculatus nunca se ha descrito formalmente; la especie se apoya en el ejemplar tipo, una obrera mayor. No existe todavía una revisión moderna del complejo en África.
¿Una especie o varias? Lo delata su olor
Las hormigas se reconocen por el olor: una capa de hidrocarburos que recubre la cutícula y funciona como un documento de identidad químico. En una sabana de África occidental, un equipo alemán analizó esa capa en colonias de C. maculatus criadas a partir de reinas capturadas tras el vuelo nupcial y se llevó una sorpresa: había dos perfiles químicos muy distintos, que llamaron quimiotipos (Buellesbach et al. 2023).
En 2026, el mismo grupo dio un paso más (Pohl et al. 2026): las obreras atacan a las del otro quimiotipo y toleran a las del suyo, aunque sean de otra colonia, y el código de barras genético separa también los dos grupos. Los autores lo interpretan como probables especies crípticas, especies distintas que a simple vista parecen la misma. Para quien cría esta hormiga tiene una consecuencia práctica: no te extrañe que las colonias vendidas con este nombre varíen en color, tamaño o temperamento.
Del Sahel al bosque de galería
C. maculatus es una hormiga del África subsahariana. Hay poblaciones forestales en la costa del golfo de Guinea y poblaciones de sabana y del Sahel que llegan, según los registros que recopila el mirmecólogo Brian Taylor en su obra The Ants of Africa, desde Senegal hasta Sudán, Tanzania y Sudáfrica, aunque algunas pueden ser especies cercanas. Las citas de Egipto, Arabia, Madagascar o Asia corresponden casi siempre a otras especies del complejo.
Vive en sabanas, pastizales con árboles, bosques claros y bosques de galería, y anida en el suelo. Para su grupo de especies se describen nidos en suelos arcillosos, con entradas pequeñas y discretas, y en las sabanas del este de África se han encontrado bajo piedras. Un nido de cámaras amplias, seco y con el agua aparte se parece mucho a lo que elige en la naturaleza.
Turno de noche en la sabana
No hay un estudio del ritmo diario de C. maculatus en sentido estricto, pero todo apunta a la noche. De las hormigas de su grupo se ha escrito que son sobre todo nocturnas, que se dispersan en cuanto se las ilumina con una linterna y que de noche dominan los cebos de miel (McArthur y Leys 2006). Su pariente egipcia, C. aegyptiacus, descrita en su día como subespecie de C. maculatus, empieza a forrajear al ponerse el sol y lo deja al amanecer, con dos picos de actividad que dependen de la temperatura y la humedad (Kaschef y Sheata 1963). Y las reinas se capturan de noche con trampas de luz, lo que indica que los vuelos nupciales son nocturnos o crepusculares.
Ganadera bajo tierra y en las copas
Como tantas Camponotus, vive en buena parte del azúcar que le dan otros insectos. En una sabana de África occidental, el ecólogo francés Jean Lévieux comprobó en los años setenta que C. maculatus obtenía melaza de cochinillas fijadas en las raíces, bajo tierra, mientras que una especie vecina del mismo género, C. acvapimensis, la sacaba de moscas blancas en las gramíneas (Lévieux 1977): dos especies parientes que se reparten la despensa. El equipo que estudió sus amputaciones observó además que las obreras suben a los árboles a cuidar pulgones (Fujimoto et al. 2025).
El resto de la dieta es proteína: insectos que cazan o encuentran muertos. En el laboratorio, los investigadores las crían con agua con miel y cucarachas, y en la experiencia de Antomas aceptan incluso presas grandes y enteras (ver «Alimentación»).
Amputan una pata para salvar una vida
Es el gran titular de la especie. En octubre de 2025, un equipo de la Universidad de Würzburg (Alemania) dirigido por Erik Frank publicó en Proceedings of the Royal Society B que las obreras de C. maculatus amputan la pata herida de sus compañeras (Fujimoto et al. 2025). Cuando una obrera vuelve al nido con una herida en el fémur, el tramo largo de la pata, sus compañeras se la cortan a la altura de la articulación con el cuerpo, «a la altura del hombro», mordiéndola con sus mandíbulas, y lo hacen enseguida.
Funciona. En los experimentos, las heridas se contaminaron con la bacteria Pseudomonas aeruginosa, y la amputación redujo de forma significativa la mortalidad: según la universidad, más que duplica la supervivencia de las obreras heridas. La clave es la rapidez: cuanto antes se corta, más eficaz es, y pasado un día ya no sirve.
No es la primera hormiga «médica». La africana Megaponera analis, cazadora de termitas, rescata a las heridas en combate y les aplica en la herida secreciones antimicrobianas de una glándula del tórax, la glándula metapleural (Frank et al. 2023). La norteamericana Camponotus floridanus fue la primera en la que se describió la amputación (Frank et al. 2024). Pero las Camponotus, como C. maculatus, casi nunca tienen glándula metapleural: sin «botiquín» químico, su solución es mecánica.
«La hormiga médica», un vídeo corto de Anthouse con C. maculatus.
Mejor prevenir que curar
Lo más llamativo es cuándo y a quién amputan. Las obreras de C. maculatus no distinguen una herida infectada de una limpia, ni una herida reciente de una antigua: amputan casi siempre, por si acaso. Y tiene una explicación química. El olor de una obrera con la herida infectada solo cambia unas 24 horas después de la lesión, cuando la amputación ya no sirve. Si esperaran a «oler» la infección, llegarían tarde.
Por eso los autores hablan de amputación profiláctica, es decir, preventiva, y titularon su trabajo «Mejor prevenir que curar». Es una estrategia distinta de la de Megaponera, que sí reconoce las heridas infectadas y las trata de forma selectiva. Si algún día ves en tu colonia una obrera con cinco patas que trabaja con normalidad, ya sabes lo que probablemente le ha pasado.
Se tragan su propio veneno
Como todas las formicinas, C. maculatus no tiene aguijón: su arma es el ácido fórmico, que produce en la glándula del veneno y expulsa por el acidoporo, una pequeña boquilla en la punta del gáster. Pero ese veneno tiene otro uso. En 2020, un equipo alemán demostró que las formicinas, C. maculatus entre ellas, se tragan su propio ácido: doblan el gáster, se llevan la punta a la boca y recogen unas gotas (Tragust et al. 2020).
Así mantienen muy ácido el buche, el «estómago social» donde guardan la comida que luego comparten boca a boca con el resto de la colonia. En C. floridanus, ese buche llega a un pH cercano a 2. El ácido filtra los microbios que entran con la comida y frena el contagio de enfermedades dentro del nido: un veneno que, además, desinfecta la despensa.
Policía de huevos: aquí solo pone la reina
Las obreras pueden poner huevos sin fecundar, de los que nacerían machos, pero en C. maculatus eso no prospera: el estudio de los quimiotipos comprobó que, en grupos de obreras separadas de la reina, las propias obreras destruyen los huevos puestos por sus hermanas y respetan los de la reina (Buellesbach et al. 2023). Es lo que los biólogos llaman vigilancia de los huevos, y mantiene la reproducción en manos de una sola madre. Lo curioso es que lo hacen incluso en el quimiotipo en el que los huevos de la reina y los de las obreras huelen casi igual.
Mayores de guardia y mayores de calle
No todas las obreras mayores hacen lo mismo. Un equipo polaco comparó en una colonia de laboratorio las mayores que se quedan dentro del nido con las que salen a forrajear, y vio que las de dentro descansan más y reaccionan menos a lo que pasa a su alrededor, aunque se mueven, se limpian y se relacionan con las demás igual que las de fuera (Mazurkiewicz et al. 2016). Las mayores de dentro son la guardia del nido; las de fuera, las que se ocupan de las presas grandes. En tu hormiguero verás las dos.
Una araña disfrazada y una oruga cuco
Tiene enemigos especializados. La araña Diores poweri, de la familia de los zodáridos, caza sobre todo obreras de C. maculatus y además se le parece en tamaño, forma, color y forma de moverse, un caso de mimetismo con el que probablemente engaña a sus propios depredadores. Las arañas de su género paralizan a sus presas unas 20 veces más deprisa que otras arañas cazadoras de hormigas (Pekár et al. 2026).
El otro enemigo entra por la puerta. En el sur de África, las orugas de varias mariposas del género Lepidochrysops se crían dentro de nidos de hormigas identificadas como C. maculatus: las propias obreras las llevan a las cámaras de cría, y allí la oruga se alimenta de las larvas de la colonia (Heath y Claassens 2003). Como el cuco con los pájaros, se hace criar por su víctima.
Una hormiga de laboratorio
Hay una prueba indirecta de lo bien que se cría. Cuando un equipo europeo buscó una hormiga con la que estudiar el efecto de los pesticidas en los insectos sociales, eligió C. maculatus por tres razones: vuelos nupciales todos los años, crecimiento rápido y que no necesita diapausa (Pohl et al. 2025). Sus colonias de laboratorio, fundadas por reinas solas, superaban las 2.000 obreras.
Las colonias del estudio de los quimiotipos vivían a 30 °C de día y 25 °C de noche, con 12 horas de luz, y comían dos veces por semana agua con miel y cucarachas (Buellesbach et al. 2023): cifras muy parecidas a las que recomendamos en Antomas.
Tamaño y morfología
Es una Camponotus grande, robusta y muy polimórfica, sin aguijón. Su grupo de especies tiende al dimorfismo: casi todas las obreras son claramente menores o claramente mayores, con pocas intermedias.
- Obrera mayor. Es la casta que mejor se conoce, porque el ejemplar tipo de la especie es una obrera mayor. Según la redescripción de Donisthorpe (1915), tiene la cabeza negra, más ancha por detrás, con mandíbulas de 7 dientes y un clípeo (la placa delantera de la cabeza) con una quilla central marcada. El tórax es amarillo por debajo y pardo negruzco por encima, las patas son amarillas con las tibias y los tarsos oscuros, y el gáster lleva en los tres primeros segmentos manchas triangulares oscuras en el centro y franjas claras a los lados. Bajo la cabeza no tiene pelos erguidos.
- Obrera menor. Mucho más esbelta: su cabeza es bastante más larga que ancha, de lados casi paralelos que se estrechan hacia atrás, con una carena occipital marcada que en las mayores no existe. Es un dato curioso: la obrera menor de C. maculatus en sentido estricto nunca se ha descrito formalmente (McArthur y Leys 2006).
- Color. En la forma considerada típica, de África occidental, las obreras van del naranja al pardo rojizo oscuro, con el gáster más oscuro y las manchas claras características a los lados de sus tres primeros segmentos, y la superficie brillante. Las mayores cambian poco de color de una población a otra; las menores, mucho, sobre todo en el tórax: en el Sahel y en las sabanas secas son casi enteramente pálidas. En Antomas tenemos dos líneas, una clara y otra oscura: por lo general se envía primero la clara, pero puedes preguntarnos por la oscura.
- Pilosidad. Pelos erguidos largos y gruesos, pero escasos, y muy poca pubescencia, lo que le da ese aspecto brillante.
- Gáster. Termina en el acidoporo, por el que expulsa ácido fórmico; no tiene aguijón.
- Reina. La describió Mayr en 1862, pero no hemos encontrado medidas publicadas. Es más grande y robusta que las obreras, con el tórax ancho de las hembras aladas.
Medidas aproximadas
- Obreras menores: unos 8–9,5 mm
- Obreras mayores: unos 12–14 mm en la forma típica, con la cabeza de unos 4 mm de ancho; en el conjunto del complejo, hasta unos 15,5 mm
- Reina: unos 14–16 mm en las colonias de Antomas (sin medidas publicadas)
- Machos: sin medidas publicadas
Las medidas de las obreras salen de la redescripción del ejemplar tipo, de las obreras de la forma típica medidas por B. Taylor y de las descripciones de las formas que hoy se consideran sinónimos. Son orientativas, porque proceden de autores y métodos distintos. La cifra de la reina es nuestra.
Mayores que crecen con la colonia. En la obrera mayor, la cabeza es casi tan ancha como larga; en la menor, apenas mide la mitad de ancho que de largo, aunque las dos tienen antenas de longitud parecida. La diferencia es la musculatura de las mandíbulas, que llena la cabeza de la mayor. En la experiencia de Antomas, las obreras mayores aparecen normalmente en el segundo año; las primeras son discretas, y las más grandes llegan cuando la colonia ya es populosa. Lo que no respalda la bibliografía es una tercera casta de «supermayores» ni obreras de 20 mm: en las colonias grandes, simplemente, nacen mayores más grandes.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 1/5 – Principiante
En Antomas la consideramos una de las mejores Camponotus grandes para empezar. Come prácticamente de todo, crece deprisa cuando se la alimenta bien, se conforma con un nido seco, no necesita diapausa y perdona los pequeños errores de todo principiante. Además, es grande y se maneja con pinzas sin dificultad.
Solo pide tres cosas, y conviene tenerlas claras desde el principio:
- Espacio. Una colonia bien alimentada crece mucho y, con los años, necesita galerías grandes y ampliaciones (ver «Hormigueros recomendados»).
- Comida abundante y limpieza. Es voraz y genera muchos restos: hay que retirarlos con regularidad.
- Barrera antifugas desde el primer día. Trepa por el cristal y el acrílico (ver «Fugas y barreras»).
Por qué merece la pena. Un polimorfismo muy marcado, un forrajeo vistoso al caer la tarde, una voracidad que convierte cada presa en trabajo de equipo y la primera hormiga en la que se ha demostrado la amputación preventiva. Pocas Camponotus enseñan tanto.
Parámetros recomendados
- Temperatura del nido: 24–28 °C en la temporada activa.
- Punto cálido: hasta unos 30 °C en un extremo de la zona de forrajeo, para que la colonia elija. Nunca calor fuerte dentro del nido.
- Humedad: sistemas de humedad bien llenos de agua mientras funda y la colonia es pequeña; a partir de unas 50–100 obreras, nido totalmente seco (ver «Humedad al principio, nido seco después»). La zona de forrajeo, seca.
- Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
- Luz: basta con dejarles una zona oscura en el nido y la zona de forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche.
- Diapausa: no la necesita, pero admite una opcional y muy suave, de 3–4 meses a 15–20 °C, nunca por debajo de 10 °C (ver «Diapausa: no la necesita, pero la admite»).
Evita el sol directo, los radiadores y las corrientes de aire frío: más que una cifra exacta, lo que agradecen es un nido templado y estable.
Humedad al principio, nido seco después
Como prácticamente todas las Camponotus, al principio necesita humedad. La reina y su primera prole viven en el tubo de ensayo, con su depósito de agua detrás del algodón, y cuando pasan al hormiguero hay que tener los tubos y los sistemas de humedad de los módulos bien llenos de agua mientras la colonia es pequeña. Cuando supera unas 50–100 obreras, ya se puede prescindir de ellos y tener el nido totalmente seco, con bebederos en la zona de forrajeo: uno de agua y otro de líquidos azucarados, que en su mayor parte también son agua. A partir de ahí, ellas mismas regulan la humedad que necesitan.
Seco no quiere decir sin agua: el tubo de agua de la zona de forrajeo no debe faltar nunca. Lo que hay que evitar es mojar todo el nido: el exceso de humedad trae condensación, moho y ácaros, sobre todo en una especie tan voraz, que acumula restos.
Hormigueros recomendados
En Antomas recomendamos los hormigueros de Anthouse, y con C. maculatus da un poco igual cuál elijas: se adapta a todo. Para la fundación, lo mejor es un Qbik Wild, que guarda bien la humedad que necesita una colonia pequeña:
También va muy bien en la gama Qbik Alpha, y a largo plazo es la mejor opción: hormigueros modulares, más bien secos y ligeros, algo importante con una especie que crece mucho y cuyos nidos acabarían pesando demasiado. Los módulos de la gama Qbik se pueden ir combinando e intercambiando sin problema: Wild, Alpha y también los Qbik Wood, de madera natural de roble, pensados para especies que necesitan poca humedad. Para seguir creciendo, un QBIK ONE con galerías medianas:
Cuando aparezcan las obreras mayores, pasa a galerías grandes y amplía con el QBIK DUO y, después, con los formatos más grandes de la misma gama:
Amplía cuando el nido se les quede pequeño: una señal clara es ver muchas obreras quietas en los rincones de la zona de forrajeo, sin sitio dentro. Pero no te adelantes: en un nido enorme para una colonia pequeña, las cámaras que sobran acaban convertidas en basureros. Completa el montaje con estos detalles:
- Barrera antifugas: una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo y una tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).
- Una zona de forrajeo amplia y seca, con algo de arena, piedras planas y una rama o un trozo de corteza para trepar, sin nada que haga de puente hasta la barrera.
- Agua siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón.
- Un bebedero para los líquidos azucarados, nunca en algodón (ver «Alimentación»).
- Calor suave, solo si hace falta, en un lado del nido y lejos del bebedero, con termostato.
Fundación: reina con prole, paso a paso
En Antomas vendemos reinas fundadoras con prole: reinas que ya han empezado su colonia en un tubo de ensayo, con huevos, larvas o pupas. La fundación de C. maculatus es claustral: la reina cría a sus primeras obreras sin salir a comer, con las reservas de su propio cuerpo.
- Tubo y oscuridad. Mantén el tubo tal como llega, con su depósito de agua detrás del algodón, en un lugar oscuro, tranquilo y sin vibraciones, a 25–27 °C. Puedes taparlo con un paño o un trozo de cartulina.
- Humedad en el tubo. Es la etapa en la que más importa: comprueba de vez en cuando que el algodón sigue húmedo y que al depósito le queda agua. Si se acaba el agua o el tubo se ensucia mucho, pásala a un tubo nuevo por volcado, con cuidado.
- No molestar. Echa un vistazo breve una vez por semana, no cada día, y no le cambies el tubo sin necesidad. Las molestias continuas estresan a la reina, y una reina estresada puede llegar a comerse sus huevos.
- Comida. Aunque la fundación es claustral, en Antomas siempre recomendamos ofrecer a la reina un tentempié de vez en cuando, sobre todo después del viaje: una gotita de líquido azucarado sobre algo que no empape el algodón, como un trocito de papel de aluminio. Nunca sobre el algodón del tubo: se enmohece y estropea el depósito. Si sobra, retírala al día siguiente. En cuanto haya obreras, añade un trocito de insecto una o dos veces por semana y retira también los restos al día siguiente.
¿Cuándo pasarla al nido? En Antomas las pasamos con 5–10 obreras, siempre a un nido acorde a su tamaño, y antes si el tubo se queda pequeño, se ensucia o se queda sin agua. Un nido demasiado grande complica la humedad y la defensa de una colonia joven.
Llegada y mudanza
Cuando recibas tu reina, déjala reposar en un lugar tranquilo y oscuro, a 25–27 °C, sin cambiarle el tubo, y comprueba que tiene agua. Para pasarla al hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado: abrimos el tubo dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y volcamos con suavidad la reina, las obreras y la prole, ayudando a las rezagadas con un pincel suave. Tres consejos:
- Prepáralo todo antes: el hormiguero montado, con la barrera antifugas puesta y el tubo de agua conectado.
- Trabaja sobre una bandeja, por si alguna obrera trepa por el tubo o por tus herramientas.
- Con calma: tras el volcado, las obreras recogen la prole y la llevan al nido. Mantén la zona del nido a oscuras para que lo ocupen enseguida.
Si algún día tienes que cambiar la colonia de hormiguero, usa el mismo método: se vuelca la colonia en el hormiguero nuevo, y si hace falta, a la fuerza.
Alimentación
Dieta variada, siempre. En la naturaleza combina azúcares (melaza y néctar) con mucha proteína animal, y en casa hay que darle las dos cosas.
Líquidos azucarados, siempre disponibles. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana. También se puede añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero y nunca en algodón, porque el algodón se enmohece y estropea el líquido enseguida. Usa un bebedero tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible, y renuévalo antes de que fermente.
Proteína: cuanta más, mejor. Es el motor de su crecimiento y es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más rápido y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo:
- Para colonias pequeñas, el pececillo de plata, Thermobia domestica: una presa pequeña y blanda, perfecta para fundaciones, y también Drosophila.
- Para colonias medianas y grandes, grillos, cucarachas runner, cucaracha argentina y gusano de la harina, además de moscas.
- A las colonias jóvenes, mejor troceados o recién sacrificados; a las grandes, también presas vivas.
En la experiencia de Antomas, C. maculatus es especialmente voraz y acepta incluso presas grandes, como larvas de Zophobas o de Tenebrio, algo poco habitual en un género que suele preferir presas pequeñas o troceadas. Verlas trabajar entre varias sobre una presa grande es uno de los mejores momentos para observarlas. Compra los insectos a un proveedor de confianza: los insectos tratados con insecticidas pueden matar la colonia.
Un consejo: pon la proteína a última hora de la tarde, cuando empiezan a moverse, y retira los restos a la mañana siguiente. Es una especie que deja muchos restos (patas, alas, cutículas vacías) en un rincón de la zona de forrajeo: el basurero es normal y ayuda a mantener limpio el nido, pero conviene vaciarlo de vez en cuando.
Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón de la zona de forrajeo. Aunque su nido sea seco, nunca debe faltarles agua para beber. Revisa el agua y el bebedero cada 2–3 días: en un foro de criadores se cuenta el caso de una colonia que pasó de unas 30 obreras a 5 cuando solo se revisaba cada dos semanas.
Diapausa: no la necesita, pero la admite
En las sabanas y los bosques secos tropicales donde vive no hay un invierno frío. La señal de las estaciones es otra: la estación seca, con noches algo más frescas, tardes calurosas, menos humedad y menos comida. Cerca del ecuador, además, la duración del día apenas cambia en todo el año. Por eso C. maculatus no necesita diapausa, y desde luego no una diapausa fría como la de las hormigas europeas.
La línea de Antomas no hace diapausa: si quieres que crezca al máximo, se mantiene todo el año con el nido a 24–28 °C y comida como en el resto de la temporada. En invierno basta con que el nido no se enfríe: si la habitación baja de unos 20 °C, pon un calor suave con termostato en un lado del nido.
Pero admite sin problema una diapausa suave. Aunque en la naturaleza no la haría, en cautividad, a 15–20 °C, la colonia se pausa bastante: come menos, la reina pone menos y la prole avanza despacio. Es una buena opción para frenar un poco su crecimiento, que llega a ser desmedido, y descansar de ella durante 3–4 meses. En Antomas estamos viendo que no supone ningún problema para las colonias: prácticamente ni se inmutan, aunque la pausa dure 4–5 meses.
- Baja la temperatura poco a poco, a lo largo de una o dos semanas, y súbela igual al terminar.
- No bajes de 15 °C: es una diapausa muy suave, y por debajo de unos 10 °C puedes matar la colonia.
- Durante la pausa, agua y azúcar siempre disponibles y poca proteína; vuelve a darla en cuanto veas actividad y prole.
Crecimiento: paciencia el primer año
Como tantas Camponotus grandes, la fundación va despacio. Según los criadores, de huevo a obrera pasan unas 6–11 semanas, según la temperatura, y el primer año la colonia se queda en unas pocas decenas de obreras, casi todas menores; las obreras mayores suelen llegar en el segundo año. Después el crecimiento se acelera, y mucho, si la colonia está bien alimentada: en la experiencia de Antomas, una colonia con proteína abundante y limpieza diaria crece más deprisa que la mayoría de las Camponotus. Los laboratorios lo confirman: las colonias que se usaron en los estudios de los quimiotipos y de los pesticidas, fundadas por reinas solas, tenían ya más de 1.000 y más de 2.000 obreras (Buellesbach et al. 2023; Pohl et al. 2025). Las fichas de criadores hablan de colonias maduras de hasta unas 10.000.
El error típico es impacientarse y empezar a cambiar cosas: mudanzas, nidos más grandes, más calor. Si la reina pone y la prole avanza, todo va bien.
Comportamiento en cautividad
Crepuscular y nocturna. Lo coinciden en señalar los criadores (ver «Turno de noche en la sabana»). Si quieres verlas en plena actividad, obsérvalas al anochecer; a mediodía es normal ver poco movimiento.
Voraz y rápida en la mesa. En cuanto una exploradora encuentra comida, el resto llega enseguida, y una presa grande se convierte en un trabajo de equipo: unas la sujetan, otras la despiezan y otras transportan los trozos al nido.
Una división del trabajo que se ve. Las obreras menores hacen casi todo el forrajeo. Las mayores pasan más tiempo en el nido y aparecen sobre todo cuando hay una molestia o una presa grande que trocear (ver «Mayores de guardia y mayores de calle»).
«El hormiguero gigante africano», un vídeo corto de Anthouse.
Dominante, pero sin peligro para ti. En la experiencia de Antomas es una hormiga decidida, que defiende su nido y su comida con mordiscos y ácido fórmico. Las opiniones de los criadores sobre su carácter van de «muy agresiva» a «tímida», y es probable que se deba, en parte, a que con este nombre se venden hormigas de poblaciones distintas (ver «¿Una especie o varias? Lo delata su olor»).
Observar sin miedo. En Antomas creemos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y la zona de forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Se acostumbran a tu presencia.
Señales de alarma:
- Prole que se estanca o desaparece: casi siempre, falta de proteína o de calor.
- Obreras que dejan de bajar al bebedero cuando la habitación se enfría: el nido puede estar templado, pero la zona de forrajeo demasiado fría. Calienta un extremo.
- Condensación en las paredes o moho: exceso de humedad o restos olvidados.
- Una reina en fundación que se come sus huevos: demasiadas molestias.
- Muchas obreras quietas en la zona de forrajeo, sin sitio dentro: toca ampliar.
Fugas y barreras
C. maculatus trepa por el cristal y el acrílico, y eso vale ya para las primeras obreras. Como casi todas las Camponotus, es una buena trepadora, y con una colonia numerosa y activa de noche no conviene confiarse:
- Una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo, fina y continua. Sirve casi cualquier barrera, pero es la que más usamos con ella en Antomas. Renuévala cuando veas que acumula polvo o restos.
- Una tapa bien ajustada, como segunda línea.
- Ninguna rendija: revisa las conexiones, los tapones y los tubos.
- Nada que haga de puente: ni ramas ni piedras apoyadas cerca de la barrera.
- Cuidado al abrir: ten la comida y las pinzas preparadas antes de abrir, abre solo lo justo, trabaja con calma y cierra al terminar.
Con la barrera en buen estado y todo bien ajustado, no da problemas.
Manejo y seguridad
No pica: no tiene aguijón. Para las personas no es peligrosa, y conviene decirlo con naturalidad. Si se siente atacada, muerde y puede rociar ácido fórmico, que escuece en la piel sensible o en un pequeño corte. Una obrera mayor que engancha bien un dedo puede llegar a hacer un pequeño corte, y poco más. Nada que deba preocupar si se trabaja con calma.
Como con cualquier especie, manéjala con material entomológico (un pincel suave o unas pinzas blandas), no con las manos, y trabaja despacio para no perder ni dañar a ninguna obrera, y mucho menos a la reina. No juntes reinas ni colonias distintas, ni la mantengas con otras especies. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.
Qué no hacer
- Mojar todo el nido, o seguir con los sistemas de humedad cuando la colonia ya pasa de 50–100 obreras: a partir de ahí, nido seco.
- Hacerle una diapausa fría como a las hormigas europeas: si se la das, a 15–20 °C, y nunca por debajo de unos 10 °C.
- Impacientarse el primer año y cambiar de nido, de temperatura o de rutina mientras la reina siga poniendo.
- Revisar el agua y el bebedero solo de vez en cuando: cada 2–3 días.
- Dejar rendijas, conexiones flojas o tapas mal ajustadas, o no renovar la barrera: trepa por el acrílico.
- Abrir a menudo el tubo de fundación o pasarla a un nido demasiado grande para su tamaño.
- Usar galerías pequeñas cuando ya hay obreras mayores: pasa a galerías grandes.
- Poner los líquidos azucarados en algodón o dejar que se acaben.
- Darle siempre el mismo insecto o dejar restos sin limpiar.
- Juntar reinas o colonias distintas.
- Manipularla con las manos.
Fuentes científicas
Esta ficha se basa en la bibliografía científica sobre Camponotus maculatus, su complejo de especies y su género, en las páginas de B. Taylor (The Ants of Africa) y en la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
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- Dificultad
- Principiante




