Camponotus sp. titanicus | Comprar y cuidados | Antomas
Camponotus sp. titanicus | Comprar y cuidados | Antomas
Camponotus sp. titanicus | Comprar y cuidados | Antomas
Camponotus sp. titanicus | Comprar y cuidados | Antomas

Camponotus sp. "titanicus"

Últimas unidades en stock
189,99 €
Impuestos incluidos

Su nombre, «titanicus», es comercial, pero su tamaño es muy real: reinas de 23 a 26 mm y majors de más de dos centímetros, con una cabeza descomunal. Camponotus «titanicus» es una de las hormigas carpinteras más grandes que se conocen, una gigante oscura de las montañas africanas que la ciencia todavía no ha descrito. Caza termitas, huye del calor y pide un reposo invernal de verdad, y recompensa la paciencia con una colonia imponente. Una de esas hormigas titánicas que convierten un hormiguero en una expedición, solo para criadores expertos. Reinas fundadoras con prole. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

Paga en 3 plazos, sin intereses. 0%TAE. 

 

Dificultad: 5/5 – Experto

Una de las Camponotus más grandes que se conocen: en Antomas tenemos reinas de 23–26 mm y majors de más de 20 mm. Africana, de alta montaña, oscura y robusta, se vende con el nombre comercial «titanicus»: es una especie sin identificar, todavía no descrita por la ciencia. Reina con prole y fundación claustral. En la experiencia de Antomas, no le gusta el calor: nido a 21–25 °C, nunca por encima de 25 °C de forma sostenida, y una diapausa marcada de unos 3 meses a 12–15 °C. Humedad en los tubos al principio y gradiente después, Qbik Wild para la fundación y Qbik Alpha con galerías grandes cuando crezca. Néctar en bebedero, mucha proteína variada, mudanza por volcado y barrera de aceite mineral. Su mordedura corta la piel: siempre con herramientas.

Si has llegado hasta aquí buscando «Camponotus titanicus» u «hormigas titánicas», esta es la ficha de cría de la Camponotus que en Antomas vendemos como Camponotus sp. «titanicus»: una hormiga carpintera africana enorme, de zonas de alta montaña, de cuerpo oscuro y mate en nuestras colonias, con obreras mayores de cabeza descomunal. Y conviene empezar por lo más importante: «titanicus» no es un nombre científico. Es un nombre comercial, puesto por su tamaño, y la especie que hay detrás todavía no se ha identificado: para la ciencia, todavía no existe.

Por eso esta ficha es algo distinta de las demás. De la especie concreta no hay estudios publicados, así que separamos con cuidado tres cosas: lo que la ciencia sabe del género Camponotus y de sus parientes africanas, lo que se ha medido de verdad sobre las hormigas gigantes y lo que hemos aprendido en Antomas criando esta línea. Y lo que hemos medido en nuestras colonias impresiona: reinas de 23 a 26 mm y majors que pasan de los 20 mm, más que cualquier Camponotus con medidas publicadas que hemos encontrado. Además, hay mucho que contar: hormigas fósiles del tamaño de un colibrí, la otra «titánica» que caza termitas, obreras que cambian de oficio con una inyección y un líquido que las hormigas se pasan boca a boca y que influye en el tamaño de la siguiente generación.

Biología

«Camponotus titanicus»: un nombre comercial, no una especie

En el nombre del producto, Camponotus es el género, y eso sí está claro. «sp.» es la abreviatura de species, «especie»: se escribe cuando se sabe a qué género pertenece una hormiga, pero no a qué especie. Y las comillas de «titanicus» indican que es un nombre comercial, una etiqueta para distinguir esta línea de otras Camponotus africanas, no un nombre publicado. Se lo debe a su tamaño: «titanicus» viene de los titanes, los gigantes de la mitología griega, y en este caso el nombre no exagera. Para que un nombre sea científico, alguien tiene que describir la especie en una publicación, con ejemplares de referencia guardados en un museo y siguiendo las reglas del Código Internacional de Nomenclatura Zoológica. Con «titanicus» no ha pasado.

Lo hemos comprobado: en el catálogo mundial de hormigas (AntCat, consultado a través de GBIF) no existe ninguna Camponotus titanicus, ni titanus, ni titan. Ninguna fuente relaciona esta hormiga con una especie descrita ni con un subgénero concreto, y por eso no le atribuimos ninguno: preferimos decir que no lo sabemos a inventarlo. Es, por tanto, una especie sin identificar, que para la ciencia todavía no existe. Es la forma habitual de vender una hormiga que circula en el hobby antes de que nadie la haya estudiado, como ocurre en la tienda con Camponotus sp. «Devil Candy» o Camponotus sp. «guangxi».

Espalda curvada y más de mil especies

El género lo creó el entomólogo austriaco Gustav Mayr en 1861, y su nombre describe a estas hormigas de perfil: viene del griego kampé, «curva», y nôton, «espalda», por el dorso arqueado del tórax. En español se las conoce como hormigas carpinteras, porque muchas especies excavan sus nidos en madera muerta. La especie que fija el nombre del género es europea: Camponotus ligniperda.

Es un género gigantesco. La revisión de Ward y Boudinot (2021) habla de más de mil especies descritas y de varios centenares de subespecies, y solo Pheidole le disputa el título de género de hormigas más diverso del planeta. Hasta hace poco era incluso mayor: en 2016, Ward, Blaimer y Fisher separaron en géneros propios a Colobopsis, las hormigas de cabeza en forma de tapón, y a Dinomyrmex, la gigante del sudeste asiático. Muchas de las Camponotus africanas se describieron entre finales del siglo XIX y los años veinte, a menudo como subespecies o «formas», y solo alrededor de C. maculatus se han acumulado más de cien nombres. En ese panorama, que una Camponotus africana grande llegue al hobby sin nombre no es una rareza.

Una de las Camponotus más grandes que se conocen

En nuestras colonias, las reinas miden 23–26 mm y algunos majors superan los 20 mm. Para saber qué significa eso, hay que compararlo con lo que se ha medido de verdad en las Camponotus gigantes:

  • Dinomyrmex gigas, la hormiga gigante de los bosques del sudeste asiático, se llamaba antes Camponotus gigas. Pfeiffer y Linsenmair estudiaron sus colonias en Malasia: sus obreras mayores pueden llegar a unos 3 cm y 400 mg, con una cabeza de casi 7 mm de ancho de media. Pero desde 2016 ya no es una Camponotus.
  • Camponotus singularis, también asiática, es la Camponotus más grande con medidas publicadas que hemos encontrado: majors de 16,8–19,6 mm y reinas aladas de 18,4–20,5 mm (Laciny y colaboradores, 2016).
  • Camponotus angusticollis, que se cita a menudo como referencia de tamaño, no es africana: vive de la India y Sri Lanka a Indonesia. Y no hemos encontrado medidas científicas de ella; las que circulan son de tiendas.
  • Las Camponotus africanas. Entre las que tienen medidas publicadas, los majors más grandes rondan los 15–17 mm: en C. brutus, por ejemplo, se midió un major de 15,4 mm en ejemplares de Nigeria. La reina africana más grande que hemos encontrado descrita es la de C. langi, del Congo, con 21 mm (Wheeler, 1922).

Con esas medidas, las reinas de «titanicus» superan a las de todas las Camponotus con medidas publicadas que hemos encontrado, y sus majors más grandes pasan de los mayores de C. singularis. ¿Es la más grande del género? Con más de mil especies, muchas sin medir, no se puede asegurar, y preferimos no proclamarlo. Lo que sí podemos decir es que es una de las Camponotus más grandes que se conocen. Para ponerlo en perspectiva, la hormiga viva más larga es la reina de una hormiga legionaria africana, Dorylus wilverthi: llega a unos 52 mm, y cerca del 80 % de su cuerpo es gáster, una fábrica de huevos para colonias de millones de obreras.

Una gigante de las montañas africanas

Nuestras colonias proceden de zonas de alta montaña de África, y se nota en cómo vive en casa. En la experiencia de Antomas, no le gusta el calor, rinde mejor en un nido templado y agradece un reposo invernal marcado: justo al revés que muchas exóticas tropicales, que piden calor todo el año.

Las montañas de África tropical tienen un clima muy distinto al de las selvas y sabanas que las rodean. En las tierras altas de las que proceden, la temperatura media ronda los 16 °C casi todo el año, varios grados menos que en las zonas bajas cercanas, y las lluvias se reparten en estaciones húmedas separadas por una estación seca larga. No hay un invierno como el nuestro, pero sí un clima fresco y estable, que explica por qué esta hormiga lleva mal los veranos calurosos (ver «Parámetros recomendados»).

Hubo hormigas del tamaño de un colibrí: Titanomyrma

Si buscamos una hormiga que se haya ganado de verdad el nombre de titán, hay que viajar unos 50 millones de años atrás. En 2011, Archibald y sus colaboradores describieron Titanomyrma, del griego titan, el gigante de la mitología, y myrmex, «hormiga». La especie grande, Titanomyrma gigantea, se había descrito en 1986 a partir de fósiles del yacimiento de Messel, en Alemania. Sus reinas llegaban a unos 7 cm de longitud y unos 16 cm de envergadura; la nueva especie de Wyoming, T. lubei, medía unos 5 cm, y sus autores la compararon con un colibrí.

Lo más interesante no es el tamaño, sino el viaje. Las hormigas de este grupo solo aparecían en yacimientos de clima muy cálido, con medias anuales de unos 20 °C o más. ¿Cómo llegaron entonces de Europa a Norteamérica? La propuesta de 2011 fue que cruzaron por el Ártico durante los picos de calentamiento del Eoceno temprano, cuando el polo se templó lo bastante para abrirles una «puerta». En 2023 apareció un ejemplar en unas tierras altas frías de la Columbia Británica, en Canadá, con una media anual de 13 °C o menos. Está deformado y su tamaño en vida queda entre unos 3,3 y unos 5 cm: si era una gigante, la idea de que estas hormigas necesitaban calor se tambalea. Sus autores lo dejan abierto. Una advertencia: Titanomyrma pertenece a una subfamilia extinguida y no es pariente cercana de las Camponotus.

Las otras «hormigas titánicas»

Quien busca «hormigas titánicas» también se encuentra con dos Pheidole americanas. Una es Pheidole rhea, a la que en Antomas llamamos Hormiga Titánica. La otra lleva el título en el nombre científico: Pheidole titanis Wheeler, 1903, del suroeste de Estados Unidos y el oeste de México. Su nombre alude a los titanes, aunque sus soldados no llegan al centímetro.

Esta sí es una cazadora especializada de termitas. Sus exploradoras localizan las columnas de forrajeo de termitas Nasutitermes y reclutan a un ejército de 200 a 2.000 obreras, que rodean a las termitas y se las llevan una a una al nido. En 1988, Donald Feener descubrió que una mosca fórida parasitoide, que solo vuela de día e intenta poner sus huevos en las hormigas, le cambia el horario: en la estación húmeda, la mayoría de los asaltos pasan a ser nocturnos, y cuando una mosca aparece, la colonia deja de cazar para defenderse. Y eso que, en las disecciones, menos del 2 % de las hormigas estaban parasitadas: un enemigo raro con un efecto enorme.

Cazadora de termitas, pero no especialista

No es una especialista en termitas, pero sí las caza: en Antomas hemos visto vídeos grabados en su zona de origen en los que asaltan termitas, y en casa las aceptan muy bien. Encaja con lo que se sabe del género:

  • Cazadoras de ocasión. Camponotus y Pheidole son los dos grandes géneros que cazan termitas de forma oportunista, cuando se cruzan con ellas, como recogen Yusuf, Crewe y Pirk (2014). En la sabana de Lamto, en Costa de Marfil, Lévieux (1982) encontró termitas entre las presas de las Camponotus, mezcladas con escarabajos, moscas, ciempiés, cigarras o mántidos, en una dieta en la que también pesa la melaza: C. maculatus, por ejemplo, explota cochinillas de las raíces.
  • La especialista africana es otra. La gran cazadora de termitas de África es Megaponera analis (antes Pachycondyla analis), una ponerina que se alimenta casi solo de termitas y las asalta en columnas.
  • Inquilinas de termiteros. Lo que sí hacen algunas Camponotus es aprovechar los nidos de las termitas. En el Congo, la expedición del Museo Americano de Historia Natural encontró una colonia de C. vividus instalada en el gran nido de cartón que había construido una termita arborícola (Wheeler, 1922). Y en Nueva Guinea, una Camponotus fue la inquilina más frecuente de los nidos de termitas de una plantación de cocoteros: criaba dentro, las termitas tapiaban las galerías ocupadas y en algún caso convivieron hasta casi tres años, sin que la mortalidad de las termitas aumentase de forma apreciable (Leponce y colaboradores, 1999).

Así que, si puedes conseguirlas, las termitas son una presa estupenda para ella, aunque no imprescindible: dentro de una dieta variada, acepta casi cualquier insecto (ver «Alimentación»).

Grandes y pequeñas: el tamaño no lo decide todo

Como casi todas las Camponotus, esta hormiga tiene obreras de tallas muy distintas: menores ágiles y de patas largas, y majors de cabeza desproporcionada. En 1953, Edward O. Wilson explicó que este polimorfismo es, ante todo, un asunto de crecimiento: al aumentar el tamaño de la obrera, la cabeza crece más deprisa que el resto del cuerpo. Por eso los majors tienen esas cabezas desproporcionadas. En nuestras colonias la diferencia es enorme: hay majors de varios tamaños, y los más grandes pasan de los 20 mm y tienen un cabezón capaz de cortar la piel (ver «Manejo y seguridad»).

Durante décadas se dio por hecho que el tamaño fijaba el oficio: las menores salen a buscar comida y cuidan la cría, y los majors defienden. En 2016, Daniel Simola y sus colaboradores demostraron con Camponotus floridanus que no es tan rígido. Los majors de esta especie casi nunca salen a forrajear, pero cuando inyectaron en el cerebro de majors jóvenes un inhibidor de las desacetilasas de histonas, unas enzimas que regulan qué genes se leen, empezaron a forrajear como menores, y siguieron haciéndolo. El oficio de cada obrera está escrito en su tamaño, pero también en unas marcas químicas del cerebro que se pueden reescribir.

Más que comida: lo que se pasan boca a boca

Las hormigas se pasan el alimento líquido de boca a boca, la trofalaxia, y durante mucho tiempo se pensó que era solo eso, comida compartida. En 2016, Adria LeBoeuf y sus colaboradores analizaron ese líquido en Camponotus floridanus y encontraron mucho más: decenas de proteínas, muchas de ellas secretadas al propio fluido, 64 microARN, hidrocarburos parecidos a los que forman el olor de la colonia y hormona juvenil, una de las hormonas que gobiernan el desarrollo de los insectos.

Luego lo pusieron a prueba. A grupos de obreras que cuidaban larvas les añadieron hormona juvenil a la comida, y las larvas criadas por ellas tuvieron el doble de probabilidades de completar la metamorfosis y se convirtieron en obreras más grandes. Es decir, lo que las obreras se pasan boca a boca ayuda a decidir el tamaño de la siguiente generación. Cuando veas a dos obreras con las bocas juntas y las antenas en marcha, no solo se están alimentando: se están comunicando.

Turnos de noche y reinas sin reloj

Muchas Camponotus grandes son sobre todo crepusculares y nocturnas, pero su reloj interno es más flexible de lo que parece. En 2017, Mildner y Roces estudiaron Camponotus rufipes: aisladas, la mayoría de las obreras seguían un ritmo diario, sobre todo nocturno; dentro de la colonia, las nodrizas que tenían cría a su cargo estaban activas de día y de noche, sin ritmo de 24 horas, y lo recuperaban en cuanto se las separaba. Las forrajeadoras, en cambio, pasaban hasta la mitad del tiempo quietas y ajustaban su horario a cuándo había comida.

Con las reinas pasa algo parecido. En la india Camponotus compressus, Sharma y sus colaboradores vieron en 2004 que las reinas vírgenes y los machos tienen un ritmo circadiano claro, pero que las reinas fecundadas se vuelven arrítmicas mientras están poniendo, y lo recuperan cuando termina la puesta. Una reina en plena fundación no vive por horas: vive para su cría.

Color y tamaño contra el frío

¿Dice algo el color de una hormiga sobre su clima? En 2016, Bishop y sus colaboradores estudiaron comunidades de hormigas a lo largo de 14 transectos de altitud en África, Australia y Sudamérica, y encontraron un patrón claro: donde hace más frío, las hormigas son, de media, más grandes y más oscuras, y al subir la temperatura el color se aclara. Los autores lo interpretan como apoyo a la hipótesis del melanismo térmico: una cutícula oscura absorbe más radiación y un cuerpo grande conserva mejor el calor. En los lugares más cálidos, las comunidades se volvían a oscurecer donde la radiación ultravioleta era intensa, porque la melanina también protege de ella.

Es tentador aplicarlo a esta hormiga, enorme, oscura y de alta montaña, y encaja con el patrón. Pero el estudio describe comunidades enteras, no especies sueltas, así que lo tomamos como una pista curiosa, no como una explicación demostrada.

Tamaño y morfología

Una Camponotus enorme, robusta y muy polimórfica, con obreras menores y majors que se distinguen a simple vista, y sin aguijón.

  • Coloración de nuestras colonias. Cuerpo oscuro y mate, sin los brillos ni las pubescencias doradas de otras Camponotus africanas, que le dan un aspecto macizo y sobrio.
  • Majors. En nuestras colonias hay majors de varios tamaños, y los más grandes son los últimos en aparecer. Algunos pasan de los 20 mm, con una cabeza enorme respecto al cuerpo y unas mandíbulas anchas y fuertes, capaces de cortar la piel. Con ellas defienden el nido.
  • Menores. Cabeza proporcionalmente más pequeña y patas largas: son las que salen a forrajear y las que verás moverse por la zona de forrajeo.
  • Reina. Enorme, de 23–26 mm en nuestras colonias, con un tórax ancho, donde estaban los músculos del vuelo nupcial, y un gáster amplio, que guarda las reservas con las que funda.
  • Perfil. El dorso del tórax, visto de lado, dibuja el arco que da nombre al género.
  • Gáster. Termina en el acidoporo, la pequeña boquilla por la que las formicinas expulsan ácido fórmico. No tiene aguijón.
  • Desarrollo. Las larvas tejen un capullo de seda para hacer la pupa, como en todas las Camponotus; las pupas desnudas son propias de Colobopsis, que hasta 2016 se incluía en Camponotus.

Medidas aproximadas

  • Reina: 23–26 mm (reinas de Antomas; sin medidas publicadas)
  • Majors: algunos superan los 20 mm (colonias de Antomas; sin medidas publicadas)
  • Obreras menores: sin medidas publicadas
  • Como referencia, en otras Camponotus africanas grandes: majors de unos 15–17 mm (un major de C. brutus de Nigeria midió 15,4 mm) y reina de 21 mm en C. langi (Wheeler, 1922)
  • Como referencia fuera de África: majors de 16,8–19,6 mm y reinas aladas de 18,4–20,5 mm en C. singularis (Laciny y colaboradores, 2016)

Al no estar descrita, no hay medidas científicas de las castas de «titanicus»: las de la reina y los majors son nuestras, tomadas en las colonias de Antomas. Comparadas con las publicadas, la sitúan entre las Camponotus más grandes que se conocen, y por encima de todas las africanas con medidas que hemos encontrado.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 5/5 – Experto

Una Camponotus rara vez es una hormiga difícil, y esta come de todo y su reina funda sola. Pero en Antomas la consideramos una especie para expertos, por cuatro motivos que conviene tener claros antes de comprarla:

  • No le gusta el calor. En la experiencia de Antomas, rinde mejor en un nido templado, sin pasar de unos 25 °C, justo al revés que muchas exóticas tropicales. Un cable calefactor puesto «por si acaso» le hace más daño que bien, y el verano de buena parte de España obliga a buscarle un sitio fresco.
  • Una diapausa de verdad. Necesita un reposo invernal marcado, con una bajada clara de temperatura, y hay que hacerlo bien cada año (ver «Diapausa»).
  • Su tamaño y su mordedura. Los majors pasan de los 20 mm y su mordedura corta la piel. Hay que trabajar siempre con herramientas y con un montaje pensado para no meter las manos (ver «Manejo y seguridad»).
  • Paciencia. En nuestra experiencia, crece a un ritmo moderado, las primeras obreras son pequeñas y los majors tardan mucho en llegar: como mínimo dos años, y más los más grandes. Cuando llegan, piden galerías grandes y mucha proteína.

Y merece mucho la pena. Es una de las Camponotus más grandes que se conocen, oscura y robusta, muy poco vista en el hobby, y una colonia que crece despacio pero se convierte en un hormiguero imponente. Si ya has criado varias Camponotus grandes y buscas la siguiente, es una gran elección. Y si todavía no has tenido ninguna africana grande, Camponotus maculatus es un buen primer paso: más sencilla, de crecimiento más rápido y menos delicada con el calor.

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 21–25 °C en la temporada activa. Nunca por encima de 25 °C de forma sostenida.
  • Por qué así: nuestras colonias proceden de zonas de alta montaña, de clima fresco y estable todo el año (ver «Una gigante de las montañas africanas»).
  • Zona de forrajeo: a temperatura ambiente. Si la habitación es fría, como mucho un calor suave en un lateral, con termostato y sin pasar de 25 °C, para que la colonia pueda elegir.
  • Humedad: tubos y sistemas de humedad bien llenos de agua al principio; después, gradiente, con una zona húmeda en el nido y el resto más seco (ver «Humedad: mucha al principio, gradiente después»).
  • Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: nido a oscuras, forrajeo con luz y un ciclo normal de día y noche.
  • Diapausa: marcada, de unos 3 meses a 12–15 °C (ver «Diapausa»).

El verano es el momento delicado. En muchas casas españolas el termómetro pasa de 25 °C durante buena parte del verano. Busca la habitación más fresca, sin sol directo, lejos de ventanas, electrodomésticos y radiadores, y mejor en una balda baja que en lo alto de un mueble, donde se acumula el aire caliente. Vigila la temperatura con un termómetro junto al nido, no a ojo. Y nunca intentes enfriar con hielo o con el aire acondicionado soplando directamente sobre el hormiguero: los cambios bruscos y la condensación son peores que unos grados de más.

Humedad: mucha al principio, gradiente después

Como casi todas las Camponotus, la reina y sus primeras obreras necesitan humedad: el tubo de fundación con su reserva de agua detrás del algodón y, cuando pasen al nido, los sistemas de humedad del hormiguero bien llenos. Una fundación que se seca es una fundación que se pierde.

Con la colonia ya crecida, en Antomas recomendamos un gradiente: una parte del nido algo húmeda, donde la colonia suele llevar la cría más pequeña, y el resto más seco, donde se acumulan las obreras y los capullos. La colonia elige y se mueve según lo que necesita. Lo que hay que evitar son los extremos: un nido empapado, con condensación en las paredes, trae moho y ácaros; uno seco del todo deshidrata la cría.

Hormigueros recomendados

Para la fundación y los primeros meses, en Antomas recomendamos un Qbik Wild de Anthouse. Son de yeso, guardan bien la humedad y tienen un aspecto natural, con cámaras de tamaño razonable para una colonia joven. Para empezar, el Qbik Wild One P 1C:

Cuando la colonia crezca y aparezcan los majors, el paso natural es la gama Qbik Alpha: hormigueros modulares, más bien secos y mucho más ligeros, que se amplían con la colonia. Siempre con galerías grandes, porque una obrera mayor de esta hormiga necesita sitio para moverse y para mover la cría. Primero un QBIK ONE con galerías grandes:

Y para seguir ampliando, el QBIK DUO, también con galerías grandes. El tamaño del nido, siempre proporcionado a la colonia: en un hormiguero enorme para una reina con unas pocas obreras, las cámaras que sobran acaban de basurero y el nido cuesta de mantener húmedo y limpio. Amplía cuando veas muchas obreras paradas en la zona de forrajeo porque dentro no caben. Completa el montaje así:

  • Zona de forrajeo amplia, con algo de arena, piedras planas y alguna rama o corteza para trepar, sin nada que llegue hasta la barrera.
  • Agua en tubo de ensayo con algodón y un bebedero para los líquidos azucarados, nunca en algodón (ver «Alimentación»).
  • Barrera de aceite mineral y tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).
  • Termómetro junto al nido: en esta especie importa más medir el calor que darlo.

Fundación: reina con prole

En Antomas la vendemos como «Reina con prole»: una reina fecundada que ya ha empezado su colonia en un tubo de ensayo, con huevos, larvas o capullos. Como en la gran mayoría de Camponotus, la fundación es claustral: la reina se encierra y saca adelante a sus primeras obreras con las reservas de su propio cuerpo, sin salir a comer. Una reina grande tiene mucho combustible, pero no es infinito.

  • Tubo, oscuridad y calma. Deja el tubo tal como llega, con su reserva de agua, en un sitio oscuro, tranquilo y sin vibraciones, a 21–24 °C. Puedes taparlo con un trapo o una cartulina.
  • Agua en el tubo. Revisa de vez en cuando que el algodón sigue húmedo y que queda agua. Si se acaba o el tubo se ensucia mucho, pásala a uno nuevo por volcado, con cuidado.
  • Un tentempié de vez en cuando. Aunque la fundación sea claustral, en Antomas recomendamos ofrecer a la reina algo de comer de forma esporádica, sobre todo después del viaje: una gotita de líquido azucarado sobre un trocito de papel de aluminio o un pedacito de insecto recién muerto. Nunca en el algodón del tubo, que se enmohece. Lo que sobre, fuera al día siguiente.
  • Sin molestar. Un vistazo rápido una vez por semana es suficiente. Una reina estresada puede comerse los huevos.
  • Paciencia. Las primeras obreras, las nanitas, son pequeñas: el tamaño sube con cada generación, y los majors no llegarán hasta pasados al menos dos años.

¿Cuándo pasarla al hormiguero? En Antomas lo hacemos con unas 5–10 obreras, a un Qbik Wild One P 1C, y antes si el tubo se queda pequeño, se ensucia o se queda sin agua.

Llegada y mudanza por volcado

Al recibir la reina, déjala reposar en un sitio oscuro y tranquilo, comprueba que el tubo tiene agua y no la cambies de tubo ni la pases al nido nada más llegar. Cuando toque mudarla, en Antomas lo hacemos por volcado:

  • Monta antes el hormiguero, con los sistemas de humedad llenos, la barrera de aceite puesta y el agua en su sitio.
  • Trabaja sobre una bandeja, con un pincel suave o unas pinzas blandas, nunca con las manos.
  • Abre el tubo en la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y vuelca con suavidad a la reina, las obreras y la prole, ayudando a las rezagadas con el pincel.
  • Cierra la tapa y deja el nido a oscuras. En unas horas habrán llevado la cría dentro.

Para cambiar después a un módulo mayor, el mismo método.

Alimentación

Azúcar en bebedero, siempre disponible. Como todas las Camponotus, vive en buena parte de líquidos azucarados: en la naturaleza, néctar y melaza de pulgones y cochinillas. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro néctar o líquido azucarado 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelo siempre en un bebedero, donde la gota quede tendida y accesible, y nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido en pocos días. Renuévalo antes de que fermente.

Proteína: cuanta más, mejor. Es lo que hace crecer a la colonia: la reina la necesita para poner y las larvas, para convertirse en obreras, y en una hormiga de este tamaño hace falta mucha. Si haces mantenimiento a menudo y retiras los restos, mejor pasarse que quedarse corto: en nuestra experiencia, la colonia entiende que tiene recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar con frecuencia, mejor no sobrealimentar, porque la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo:

Retira los restos en un día como mucho y compra los insectos a un proveedor fiable: los tratados con insecticidas pueden acabar con la colonia.

Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón de la zona de forrajeo.

Diapausa

En la experiencia de Antomas, esta línea necesita un reposo invernal marcado, con una bajada clara de temperatura, y lo agradece: llega a la primavera con más fuerza y vuelve a poner con ganas. Encaja con su origen: en sus montañas no hay un invierno como el nuestro, pero el clima es fresco todo el año, y en casa el reposo le sienta muy bien. No hemos encontrado estudios sobre la diapausa de esta hormiga ni de las Camponotus africanas en general, así que lo que sigue es nuestra pauta:

  • Cuándo y cuánto: unos 3 meses, más o menos de diciembre a febrero.
  • Temperatura: 12–15 °C, y nunca por debajo de 10 °C.
  • Entrada gradual: en noviembre, baja la temperatura poco a poco, a lo largo de una o dos semanas.
  • Durante la diapausa: agua siempre, algo de líquido azucarado, poca o ninguna proteína y las mínimas molestias.
  • Salida gradual en marzo, hasta volver a 21–25 °C, y la proteína en cuanto veas actividad y cría.
  • Dónde: una habitación sin calefacción, un garaje, una bodega o una vinoteca, comprobando la temperatura con un termómetro.

Es normal que durante esas semanas la reina deje de poner, que la cría se quede casi quieta y que las obreras apenas salgan. Es justo lo que tiene que pasar.

Comportamiento y observación

Ritmo. Muchas Camponotus grandes se animan sobre todo al atardecer y de noche. Si la tuya está tranquila a mediodía, es normal: obsérvala al anochecer, cuando las menores salen a forrajear.

Crecimiento. En nuestra experiencia, moderado. Las primeras obreras son pequeñas y el tamaño sube con cada generación. Los majors salen bastante tarde: como mínimo a los dos años, y hay varios tamaños de major, de modo que los más grandes son los que más se hacen esperar. Con calor moderado, mucha proteína y una buena diapausa, la colonia gana ritmo a partir del segundo año.

Defensa. Como otras Camponotus grandes, en el día a día es una hormiga tranquila, que no busca pelea. Si se golpea o se abre el nido, las obreras salen a defenderlo con las mandíbulas abiertas y pueden rociar ácido fórmico, y los majors se colocan en primera línea, con unas mandíbulas que imponen respeto.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo lo menos posible. Se acostumbran a tu presencia.

Señales de alarma:

  • Obreras apáticas o cría que se estanca en pleno verano: casi siempre, demasiado calor. Busca un sitio más fresco.
  • Larvas que no crecen fuera de la diapausa: falta proteína.
  • Condensación en las paredes o moho: sobra humedad o hay restos olvidados.
  • Una reina que se come los huevos: demasiadas molestias.
  • Muchas obreras paradas en el forrajeo: toca ampliar.

Fugas y barreras

Las Camponotus trepan bien por el cristal y el plástico, y en una hormiga de este tamaño una fuga no pasa desapercibida. En Antomas usamos aceite mineral:

  • Una franja fina y continua de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo. Renuévala cuando acumule polvo o restos.
  • Tapa bien ajustada, como segunda línea.
  • Sin rendijas en conexiones, tapones y tubos.
  • Nada que sirva de puente: ni ramas ni piedras apoyadas cerca de la barrera.

Manejo y seguridad

No pica: no tiene aguijón. Pero muerde, y mucho: en la experiencia de Antomas, un major de más de 20 mm que engancha bien la piel, con ese cabezón, la corta y la hace sangrar, y además puede rociar ácido fórmico, que escuece sobre la herida. No es nada grave, pero conviene evitarlo:

  • Siempre con herramientas: un pincel suave, unas pinzas blandas y, para los traslados, tubos y adaptadores. Nunca con las manos.
  • Abre el hormiguero lo justo, trabaja despacio sobre una bandeja y ciérralo al terminar.
  • No juntes reinas ni colonias distintas, ni la mantengas con otras especies.
  • Con niños pequeños en casa, que la disfruten mirando, con el hormiguero cerrado, pero que nunca la manipulen.

Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.

Qué no hacer

  • Tenerla por encima de 25 °C de forma sostenida, o ponerle un cable calefactor sin termostato.
  • Dejarla en una habitación que se recalienta en verano, al sol o junto a un radiador.
  • Saltarse la diapausa o hacerla con cambios bruscos de temperatura.
  • Dejar que se seque el tubo de fundación, o empapar todo el nido.
  • Meter una colonia pequeña en un hormiguero enorme, o usar galerías pequeñas cuando lleguen los majors.
  • Poner los líquidos azucarados en algodón o dejar que se acaben.
  • Darle siempre el mismo insecto o dejar restos sin limpiar.
  • Juntar reinas o colonias distintas.
  • Manipularla con las manos (un major puede cortarte la piel) o descuidar la barrera.

Fuentes científicas

«titanicus» no está descrita, así que no hay bibliografía de la especie. Esta ficha se basa en la literatura científica sobre el género Camponotus, sus parientes y las hormigas gigantes, en las medidas de Camponotus africanas de Wheeler (1922, Bulletin of the American Museum of Natural History 45) y de la recopilación The Ants of Africa de B. Taylor, en el estudio de Lévieux (1982) sobre la dieta de las hormigas de las sabanas de África occidental y en la experiencia de Antomas. Referencias principales:

  1. Wilson, E. O. (1953). The origin and evolution of polymorphism in ants. The Quarterly Review of Biology 28: 136–156. doi:10.1086/399512
  2. Feener, D. H. Jr. (1988). Effects of parasites on foraging and defense behavior of a termitophagous ant, Pheidole titanis Wheeler (Hymenoptera: Formicidae). Behavioral Ecology and Sociobiology 22: 421–427. doi:10.1007/BF00294980
  3. Leponce, M., Roisin, Y. & Pasteels, J. M. (1999). Community interactions between ants and arboreal-nesting termites in New Guinea coconut plantations. Insectes Sociaux 46: 126–130. doi:10.1007/s000400050122
  4. Pfeiffer, M. & Linsenmair, K. E. (2000). Contributions to the life history of the Malaysian giant ant Camponotus gigas (Hymenoptera, Formicidae). Insectes Sociaux 47: 123–132. doi:10.1007/PL00001690
  5. Sharma, V. K., Lone, S. R. & Goel, A. (2004). Clocks for sex: loss of circadian rhythms in ants after mating? Naturwissenschaften 91: 334–337. doi:10.1007/s00114-004-0526-8
  6. Archibald, S. B., Johnson, K. R., Mathewes, R. W. & Greenwood, D. R. (2011). Intercontinental dispersal of giant thermophilic ants across the Arctic during early Eocene hyperthermals. Proceedings of the Royal Society B 278: 3679–3686. doi:10.1098/rspb.2011.0729
  7. Yusuf, A. A., Crewe, R. M. & Pirk, C. W. W. (2014). Olfactory detection of prey by the termite-raiding ant Pachycondyla analis. Journal of Insect Science 14: 53. doi:10.1673/031.014.53
  8. Laciny, A., Zettel, H. & Druzhinina, I. (2016). Workers, soldiers, and gynes: morphometric characterization and description of the female castes of Camponotus singularis (Smith, 1858) (Hymenoptera, Formicidae). Deutsche Entomologische Zeitschrift 63: 183–193. doi:10.3897/dez.63.9435
  9. LeBoeuf, A. C. et al. (2016). Oral transfer of chemical cues, growth proteins and hormones in social insects. eLife 5: e20375. doi:10.7554/eLife.20375
  10. Simola, D. F. et al. (2016). Epigenetic (re)programming of caste-specific behavior in the ant Camponotus floridanus. Science 351: aac6633. doi:10.1126/science.aac6633
  11. Ward, P. S., Blaimer, B. B. & Fisher, B. L. (2016). A revised phylogenetic classification of the ant subfamily Formicinae (Hymenoptera: Formicidae), with resurrection of the genera Colobopsis and Dinomyrmex. Zootaxa 4072: 343–357. doi:10.11646/zootaxa.4072.3.4
  12. Bishop, T. R. et al. (2016). Ant assemblages have darker and larger members in cold environments. Global Ecology and Biogeography 25: 1489–1499. doi:10.1111/geb.12516
  13. Mildner, S. & Roces, F. (2017). Plasticity of daily behavioral rhythms in foragers and nurses of the ant Camponotus rufipes: influence of social context and feeding times. PLoS ONE 12: e0169244. doi:10.1371/journal.pone.0169244
  14. Archibald, S. B., Mathewes, R. W. & Aase, A. (2023). Eocene giant ants, Arctic intercontinental dispersal, and hyperthermals revisited: discovery of fossil Titanomyrma (Hymenoptera: Formicidae: Formiciinae) in the cool uplands of British Columbia, Canada. The Canadian Entomologist 155: e6. doi:10.4039/tce.2022.49
Dificultad
Avanzado
Sin reseñas

13 otros productos en la misma categoría: