Camponotus vestitus | Comprar y cuidados | Antomas
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Camponotus vestitus - Hormiga Dorada Bandeada

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Vestida de seda dorada bajo el sol africano. Camponotus vestitus lleva el gáster envuelto en un terciopelo de pelos dorados que se enciende y se apaga con la luz, y una cabeza rojiza que destaca sobre la arena. Del fynbos del Cabo a las sabanas del Sahel, levanta nidos con cráter en suelos desnudos, a pleno sol, y hasta su nombre guarda un misterio: el ejemplar con el que se describió en 1858 resultó ser de otro género. Prima africana de nuestras Camponotus de seda, veloz como pocas y sin necesidad de diapausa, es una Camponotus agradecida para empezar y espectacular en un hormiguero de exhibición. Reinas fundadoras con prole y colonias con obreras. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 2/5 – Principiante

Camponotus africana del subgénero Myrmosericus, cuyo nombre significa «hormiga de seda»: gáster cubierto de una pubescencia dorada que cambia con la luz, cabeza rojiza y obreras de varias tallas. Reinas fundadoras con prole y colonias con 5–10 obreras, de fundación claustral. QBIK ONE con galerías grandes o Qbik Wild, nido a 24–28 °C con un punto cálido de 28–30 °C, humedad moderada con gradiente, azúcar siempre disponible y mucha proteína. No necesita diapausa. Obreras muy rápidas y buenas trepadoras: barrera antifugas y tapa desde el primer día.

Camponotus vestitus (Smith, 1858), la hormiga dorada bandeada, es una hormiga carpintera africana con traje de gala. Su gáster está cubierto de una pubescencia dorada tan densa y sedosa que el color de la cutícula casi desaparece debajo, y que pasa del oro pálido al bronce según le dé la luz. Pertenece al subgénero Myrmosericus, cuyo nombre significa «hormiga de seda», y es una de las Camponotus más extendidas de África: se ha encontrado desde los matorrales del Cabo hasta las sabanas del Sahel.

Detrás de esa elegancia hay una historia enrevesada: un nombre que quizá no le pertenece, un puñado de subespecies sin revisar y muy pocos estudios sobre su vida en libertad. Por eso, a lo largo de la ficha distinguimos tres voces: la de los estudios, la de otros criadores y la nuestra, la de quien la cría en Antomas. Y nuestra conclusión cabe en una línea: es una Camponotus resistente y agradecida, con una sola exigencia, su velocidad.

Biología

Vestida de seda: un nombre de sastre

Vestitus significa en latín «vestido» o «revestido», y cuesta encontrar una palabra mejor. Al describirla en 1858, el entomólogo británico Frederick Smith se fijó en el fino vello sedoso, de un dorado pálido, que le cubre la cabeza, el tórax y el abdomen, y cuyo brillo cambia con la luz. El subgénero sigue la misma línea: Myrmosericus, creado por el suizo Auguste Forel en 1912, une el griego myrmex, «hormiga», y el latín sericus, «de seda». Según el italiano Carlo Emery (1925), lo que define a sus especies es un cuerpo alargado, una cabeza larga en las obreras menores y una cutícula mate cubierta de una pubescencia densa y sedosa, sobre todo en el gáster. Eso sí, la clasificación interna del género sigue en obras: en 2016, la última gran reclasificación de las formicinas mantuvo los subgéneros de Camponotus solo de forma provisional y advirtió que muchos son agrupaciones artificiales (Ward et al., 2016). Incluso el nombre del género habla de su silueta: Camponotus viene del griego kampé, «curva», y nōtos, «espalda», por el perfil arqueado del tórax.

El vocabulario de sastre continúa en sus subespecies, descritas entre 1909 y 1930, casi todas por el suizo Felix Santschi. Pectitus significa «peinado»; perpectitus, «muy peinado»; comptus, «acicalado»; bombycinus, «de seda», de la misma raíz que el nombre de la hormiga plateada del Sáhara, y strophiatus viene de strophium, la banda que las romanas se ceñían al pecho. Parece que los mirmecólogos no encontraban otra manera de describirla que hablando de ropa.

Una hormiga con el nombre prestado

La historia de su nombre tiene un giro final. Smith describió Formica vestita a partir de una sola reina, recogida en la costa del sureste de África y conservada en el Museo Británico. En 1863, el alemán Julius Roger la pasó al género Camponotus, con un signo de interrogación, y en los años noventa de aquel siglo Emery le asoció las obreras de una Camponotus dorada, sin que conste que llegara a ver aquella reina. Fue subespecie de C. rufoglaucus durante tres décadas, recuperó después el rango de especie y así ha seguido en los catálogos.

En 2014, el mirmecólogo Brian Taylor, autor de la gran obra en línea sobre las hormigas del África subsahariana, revisó la reina tipo a raíz de un aviso de C. Ludwig, y llegó a una conclusión sorprendente: aquella reina no parece una Camponotus, sino una Anoplolepis, otro género de formicinas, y es casi idéntica a la de A. custodiens. Smith había descrito esta última en la misma obra y con material del mismo lugar, así que lo más probable es que los ejemplares se mezclaran. Si se confirma, el nombre vestitus pertenecería en rigor a esa otra hormiga, y nuestra Camponotus necesitaría un nombre nuevo.

Pero la propuesta solo está publicada en la web de Taylor, no en una revista científica, y el nombre de recambio que sugería tampoco está resuelto. Por eso AntCat, el catálogo de referencia de las hormigas del mundo, sigue considerando válida Camponotus vestitus, y así la llamamos nosotros. Si algún día cambia de nombre, la hormiga seguirá siendo la misma.

No una, sino muchas

El nombre es lo de menos comparado con lo que esconde. Además de la forma típica, se han descrito ocho subespecies, casi todas a partir de ejemplares de Angola, el Congo, África occidental o el Cabo, y nadie ha revisado el grupo con métodos modernos. Taylor, al reunir todo el material de los museos, distingue al menos cuatro tipos:

  • una forma roja y mate, del sur de África, Namibia, África occidental y Uganda;
  • unas formas oscuras, de cabeza pardo rojiza a negra, sobre todo de Angola;
  • bombycinus, que probablemente no está emparentada con las demás;
  • y una forma de las sabanas secas del Sahel, que considera claramente distinta.

Según él, el color de la cabeza podría ser la clave para separarlas. Un caso real muestra lo difícil que es: unas obreras de Gambia pasaron por dos nombres distintos antes de que, cotejadas con los ejemplares de los museos, se asignaran a la subespecie intuens. Para quien la cría, la consecuencia es práctica: con el nombre C. vestitus se venden colonias que pueden diferir en color, tamaño y carácter, y por eso las fichas de las tiendas se contradicen tan a menudo. En esta ficha, cuando hablamos de nuestras colonias, lo decimos.

Prima africana de dos hormigas ibéricas

Myrmosericus no es solo africano. Su especie tipo, C. rufoglaucus, se describió de la India, y el subgénero llega hasta Mauricio, Canarias y el sur de Europa. En la península ibérica viven dos especies: la gran Camponotus cruentatus, con la base del gáster roja, y Camponotus micans, «la que centellea», con el gáster bandeado de pelillo plateado o dorado. Si las conoces, enseguida verás el aire de familia: la misma cutícula mate, las patas largas y ese gáster de terciopelo que cambia con la luz. C. vestitus es su prima de las sabanas africanas.

Del fynbos del Cabo al Sahel

Pocas Camponotus africanas ocupan un área tan grande. El material identificado como C. vestitus se ha recogido desde el extremo sur del continente, en la región del Cabo, hasta las sabanas secas del Sahel, en Sudán, Malí y Senegal, pasando por Namibia, Botsuana, Zimbabue, Mozambique, Tanzania, Angola, el Congo, Uganda, Nigeria, Ghana y Costa de Marfil, entre otros países. En GBIF, la gran base de datos mundial de biodiversidad, suma unos 600 registros, la mayoría del sur de África, aunque en parte porque allí se ha muestreado y fotografiado mucho más.

Lo sorprendente es la variedad de paisajes. Las etiquetas de los museos la sitúan en el fynbos y el renosterveld, los matorrales mediterráneos del Cabo; en el semidesierto del Karoo; en pastizales húmedos de montaña; en el bushveld, los bosques abiertos y el miombo; en matorrales de acacias y en las sabanas de África occidental. Incluso se ha fotografiado en jardines y sobre las paredes de las casas. Y tiene un récord: en el macizo del Brandberg, la montaña más alta de Namibia, se capturaron obreras a 2.470 m de altitud, en el collado que hay bajo su cumbre.

Una hormiga capaz de vivir en climas tan distintos es, casi por definición, adaptable, y esa es una de las razones por las que se cría con tanta facilidad.

Nidos con cráter en la arena

C. vestitus anida en el suelo, a menudo en suelos arenosos. El entomólogo George Arnold, que estudió las hormigas del sur de África a principios del siglo XX, describió que en la forma pectitus la entrada del nido está rodeada por un cráter circular, alto y de borde afilado, tan característico que lo consideraba distintivo de esta hormiga (Arnold, 1924). En las sabanas de Gambia se han descrito nidos en forma de pequeña torre, con cráteres de arena empinados de hasta unos 2,5 cm.

No es su única forma de anidar. Se han registrado nidos bajo rocas, nidos subterráneos grandes con una sola entrada redonda, nidos poco profundos en bosque abierto y, en el delta del Okavango, una colonia bajo un tronco caído. Excava en tierra blanda y aprovecha cualquier cavidad protegida. En casa, eso se traduce en una hormiga que se adapta a casi cualquier hormiguero, siempre que tenga cámaras amplias y una zona con algo de humedad.

Un abrigo de oro a pleno sol

Uno de los pocos estudios de campo que se han fijado en ella se hizo en las sabanas costeras de Ghana. Allí, Ofei (1978) comprobó que C. vestitus anidaba en suelo casi desnudo y sin sombra: en la estación seca, todos los nidos que encontró estaban a pleno sol, mientras que la Camponotus más común de aquellas sabanas, C. acvapimensis, prefería la sombra de las matas. A pocos centímetros bajo tierra, el suelo de una sabana abierta puede superar los 30 °C en la época cálida, mientras la superficie arde a mediodía.

¿Para qué sirve, entonces, ese abrigo dorado? Nadie lo ha estudiado en las Camponotus. En otra hormiga del desierto, la hormiga plateada del Sáhara, Cataglyphis bombycina, se ha demostrado que sus pelos plateados reflejan la luz del sol y ayudan a disipar el calor, lo que la mantiene unos grados más fresca (Shi et al., 2015; Willot et al., 2016). Es tentador pensar que el terciopelo dorado de una hormiga que anida a pleno sol cumple una función parecida, pero, por ahora, es solo una hipótesis. Lo que sí es seguro es la lección para la cría: le sientan bien el calor, un punto cálido donde la colonia pueda llevar la prole y una zona de forrajeo seca y ventilada (ver «Parámetros recomendados»).

Discreta en la sabana, veloz en el hormiguero

En aquellas sabanas de Ghana, C. vestitus no era una especie dominante: forrajeaba con pocas obreras, no se mostraba agresiva y no competía ni por el espacio ni por la comida con su vecina C. acvapimensis (Ofei, 1978). Es una hormiga que no busca pelea. Las etiquetas de los museos y las fotos de los naturalistas la sitúan sobre todo de día, forrajeando a media mañana o recorriendo jardines y paredes, aunque algunas tiendas describen sus colonias como más activas al atardecer.

¿Y la velocidad, su rasgo más llamativo en cautividad? No hemos encontrado ninguna observación publicada sobre la rapidez de C. vestitus en el campo. Sí la hay de la especie tipo de su subgénero, C. rufoglaucus: a principios del siglo XX, el naturalista Joseph Bequaert anotó en el Congo que sus obreras «corren muy deprisa» (Wheeler, 1922). Lo que sí podemos contarte es nuestra experiencia: las obreras de nuestras colonias son extraordinariamente rápidas. Pasan en un instante de caminar a correr, reaccionan en cuanto se abre la zona de forrajeo y, ante la comida o una molestia, se mueven más como una Formica que como las Camponotus pesadas y pausadas que mucha gente tiene en mente. Otras tiendas describen formas de C. vestitus más tranquilas; con un complejo tan variable, no nos extraña (ver «No una, sino muchas»).

Carroñera, cazadora… y bocado de sapos

Combina azúcares y proteína animal, y de su dieta en libertad se sabe poco, pero hay detalles curiosos. En la franja de Caprivi, en Namibia, una trampa cebada con un milpiés muerto atrajo a la vez a 2 obreras mayores y 13 menores: no le hace ascos a la carroña. Y su pariente C. cinctellus, del mismo subgénero, se ha visto atendiendo pulgones en naranjos jóvenes para recoger su melaza, el líquido azucarado que excretan (Wheeler, 1922), y también se ha citado en frutos y flores con néctar.

También tiene quien se la coma, y un dato histórico lo dice todo. En la gran expedición del Museo Americano de Historia Natural al Congo, a principios del siglo XX, todos los ejemplares de C. vestitus que se recogieron salieron del estómago de sapos (Wheeler, 1922). En aquella expedición, los sapos hicieron de recolectores de hormigas sin saberlo.

Ácido en el buche y una bacteria dentro

Dos rasgos de todo su grupo merecen un apunte. Las formicinas no tienen aguijón: se defienden con ácido fórmico, que expulsan por el acidoporo, una pequeña boquilla en la punta del gáster. Y además se lo tragan: durante el aseo recogen con la boca unas gotas de su propio veneno para mantener muy ácido el buche, el «estómago social» donde guardan el alimento que reparten, y así filtran los microbios que llegan con la comida (Tragust et al., 2020). Dentro de sus células, todas las Camponotus estudiadas llevan además una bacteria, Blochmannia, que pasa de la reina a sus hijas por los huevos y les fabrica aminoácidos esenciales (Feldhaar et al., 2007). Ninguno de los dos estudios se hizo con C. vestitus, y la bacteria no sustituye a los insectos: las larvas los necesitan para crecer (ver «Alimentación»).

Tamaño y morfología

Es una Camponotus de tamaño medio, esbelta y de patas largas, con obreras de varias tallas, de las menores a las mayores, y sin aguijón. La descripción clásica de la forma típica es la de Arnold (1924), y nuestras colonias tienen algunos matices propios:

  • Color en la forma típica. Cabeza, tórax, patas, antenas y mandíbulas de color rojo ladrillo, del amarillento al oscuro. El gáster es pardo oscuro, pero apenas se ve: lo tapa una pubescencia de un dorado grisáceo pálido.
  • Un gáster peinado. Esa pubescencia no va toda en la misma dirección. En cada mitad del gáster, los pelillos se peinan de forma distinta, y el resultado, según Arnold, son seis bandas longitudinales que alternan claro y oscuro. Como el dorado lo dan los pelos y no la cutícula, cambia mucho con la luz: del oro pálido al bronce o casi negro, según el ángulo.
  • Formas oscuras. En pectitus, intuens y sus parientes, la cabeza va del pardo rojizo oscuro al negro y el cuerpo es negruzco.
  • Nuestras colonias. Cabeza rojiza, de rojo teja a castaño oscuro, con los ojos negros muy visibles; tórax de castaño rojizo a casi negro, a menudo con zonas rojizas en el pronoto; patas largas y oscuras, y gáster cubierto de pubescencia dorada muy densa, con franjas oscuras en el borde de los segmentos. La reina, de gáster ancho y voluminoso, luce todavía más ese contraste entre la cabeza roja y el abdomen dorado.
  • Cabeza. En las obreras menores es ovalada y bastante más larga que ancha; en las mayores, casi cuadrada y mucho más robusta (Arnold, 1924).
  • Pilosidad. Pocos pelos erectos, y cortos, sobre una pubescencia densa que le da un aspecto aterciopelado y mate.
  • Gáster. Termina en el acidoporo, por el que expulsa el ácido fórmico. No tiene aguijón.

¿vestitus, cinctellus o rufoglaucus?

En el hobby circulan varias Camponotus doradas africanas del mismo subgénero, y no siempre es fácil saber cuál es cuál. Las claves clásicas se fijan en detalles que se aprecian con una buena lupa:

  • C. vestitus: cuerpo esbelto; la pubescencia de los segmentos segundo y tercero del gáster se abre hacia los lados a partir de una línea lateral; el propodeo, la parte trasera del tórax, es algo cóncavo en su base, y hay pocos pelos erectos. La cabeza de las mayores es casi cuadrada.
  • C. cinctellus: casi negra, con la parte delantera de la cabeza y los apéndices de color rojo oscuro; el propodeo forma un ángulo obtuso, tiene más pelos erectos y más largos, y la cabeza de las mayores es más triangular (Arnold, 1924).
  • C. rufoglaucus y C. flavomarginatus: toda la pubescencia de esos segmentos converge hacia el centro del gáster. C. rufoglaucus tiene además las tibias muy comprimidas, y C. flavomarginatus es casi enteramente negra.

En un grupo tan poco revisado ningún rasgo es infalible, pero la dirección de los pelos del gáster es el mejor punto de partida.

Medidas aproximadas

  • Obreras menores: unos 7 mm en la forma típica y 6,5 mm en la forma pectitus (Arnold, 1924); 4,3–6 mm en la forma intuens (Forel, 1909)
  • Obreras mayores: 7,7–10 mm en la forma típica y 8,5–9,5 mm en pectitus (Arnold, 1924)
  • Reina: 12 mm en la forma típica y 10–11 mm en pectitus (Arnold, 1924); unos 11–12 mm en nuestras colonias
  • Macho: sin medidas publicadas

Son longitudes totales de las descripciones clásicas, tomadas con los métodos de su época, y varían bastante de una forma a otra: no hay ninguna medición moderna de la especie. La de la reina de nuestras colonias es nuestra. Como en todas las Camponotus, las primeras obreras de una colonia joven son las más pequeñas, y la talla media sube con cada generación.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 2/5 – Principiante

En Antomas la consideramos una Camponotus africana muy agradecida para empezar. Come de todo, acepta bien distintos hormigueros, no necesita diapausa y, con calor y proteína, crece a buen ritmo. Es resistente y perdona los pequeños errores de quien empieza.

Entonces, ¿por qué un 2 y no un 1? Por una sola razón, y conviene tenerla clara desde el primer día: su velocidad. Las obreras de C. vestitus pasan en un segundo de caminar a correr, trepan casi por cualquier superficie y reaccionan al instante cuando se abre la zona de forrajeo. No es una hormiga difícil, pero sí exige tener preparadas la barrera, la comida y las herramientas antes de abrir el recinto (ver «Fugas y barreras»).

Algunas tiendas la clasifican como de dificultad intermedia, y se entiende: quien no esté avisado puede llevarse un susto la primera vez que abra el hormiguero. Si buscas una Camponotus africana todavía más tranquila para empezar, la Camponotus maculatus es nuestro 1/5.

Y merece mucho la pena: un gáster de terciopelo dorado, una cabeza rojiza, majors cada vez más robustas y un forrajeo vivo y rápido. Pocas hormigas lucen tanto en un hormiguero de exhibición.

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 24–28 °C durante todo el año. Encaja con la media anual de las sabanas tropicales donde vive y con lo que recomiendan otros criadores, que hablan de 21–28 °C.
  • Punto cálido: 28–30 °C en un extremo del nido o de la zona de forrajeo, para que la colonia elija dónde poner la cría. En nuestra experiencia, crece especialmente rápido cuando dispone de 27–29 °C.
  • Humedad: moderada, en torno al 50–70 %, y con gradiente: nunca todo el nido mojado (ver «Humedad: una zona húmeda y el resto seco»).
  • Zona de forrajeo: seca o apenas húmeda, y bien ventilada.
  • Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: zona oscura en el nido y forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche.
  • Diapausa: no la necesita (ver «Diapausa: no la necesita»).

Para el calor, mejor un cable o una manta calefactora en un lateral, con termostato, que una fuente que caliente todo el hormiguero por igual. Evita el sol directo, los radiadores y las corrientes de aire frío.

Humedad: una zona húmeda y el resto seco

C. vestitus no necesita una humedad tropical: recuerda que anida en suelos arenosos y soleados. Lo que mejor funciona es un gradiente: hidrata solo una parte del nido y deja el resto seco. Así la colonia reparte la cría a su gusto: los huevos y las larvas, en la zona más húmeda; las pupas, en la más seca. Al principio, mientras la colonia es pequeña, la humedad la aportan sobre todo los tubos: el de la fundación y, cuando pasen al hormiguero, un tubo con agua conectado o el sistema de humedad del módulo, bien lleno. Las tiendas que la venden coinciden: una sola zona húmeda y el forrajeo más seco.

  • En los Qbik Wild, de yeso, que guarda la humedad, añade agua con moderación y solo por un lado.
  • En los Qbik Alpha, más bien secos, la humedad la dan los tubos y los depósitos de los módulos.
  • Si sobra humedad: condensación en las paredes, moho o ácaros. Con el calor alto que le gusta a esta especie, un nido empapado se estropea enseguida.
  • Si falta: la cría amontonada junto al agua.

Hormigueros recomendados

En Antomas recomendamos los hormigueros de Anthouse, y con esta especie funcionan bien tanto los de la gama Qbik Wild como los de la gama Qbik Alpha. Para una colonia que empieza, lo más cómodo es un QBIK ONE con galerías grandes: aloja a la reina y a las primeras majors sin darles un volumen excesivo, y permite controlar de un vistazo la cría y la humedad:

Si prefieres un montaje de aspecto natural, los Qbik Wild, de yeso, le van muy bien: guardan la humedad y reproducen una cavidad entre tierra y madera, como las que elige en la naturaleza. Por ejemplo, un Qbik Wild One P 1C:

Cuando la colonia crezca, amplía con un QBIK DUO de galerías grandes y, más adelante, con módulos Alpha de galerías grandes o con módulos Wild de mayor tamaño:

Lo cómodo es ampliar poco a poco, cuando la cría ya ocupa todas las cámaras: un hormiguero enorme no hace crecer antes a una colonia joven, solo deja cámaras vacías que acaban de basurero. Completa el montaje así:

  • Barrera antifugas y tapa desde el primer día (ver «Fugas y barreras»).
  • Una zona de forrajeo amplia, seca y ventilada, con algo de arena, piedras planas y alguna corteza, lejos de los bordes para que nada haga de puente.
  • Un tubo de agua con algodón, siempre lleno.
  • Un bebedero para los líquidos azucarados, nunca algodón (ver «Alimentación»).
  • Calor lateral con termostato, si tu casa no llega a 24 °C.

Fundación: de la reina sola a las primeras obreras

En Antomas vendemos C. vestitus en dos versiones: reina con prole, es decir, una reina fundadora que ya ha empezado su colonia en un tubo de ensayo, con huevos, larvas o pupas, y reina con 5–10 obreras y prole, una colonia ya arrancada. La fundación de la especie es claustral: la reina cría a sus primeras obreras encerrada, sin salir a comer, gracias a las reservas de su cuerpo.

  • Oscuridad y calma. No toques el tubo: déjalo en un sitio oscuro, sin vibraciones y a 25–28 °C estables, tapado con un paño o una cartulina. El agua que lleva al fondo, tras el algodón, es su reserva.
  • Agua. Es lo único que la reina necesita de verdad en esta etapa: revisa de vez en cuando que el algodón siga húmedo y que quede agua detrás. Si el agua se agota o hay mucha suciedad, cámbiala a otro tubo, también por volcado.
  • Un vistazo a la semana. No hace falta más. Abrir y mover el tubo a menudo estresa a la reina, y una reina estresada puede comerse los huevos.
  • Comida. No necesita comer antes de que nazcan sus primeras obreras, pero en Antomas recomendamos ofrecerle de vez en cuando un pequeño tentempié, sobre todo después del viaje: una gotita de líquido azucarado sobre un trocito de papel de aluminio, nunca sobre el algodón, que se enmohece. Retírala al día siguiente si sobra. En cuanto haya obreras, añade un trocito de insecto una o dos veces por semana.
  • Paciencia. Según otros criadores, del huevo a la primera obrera pasan unas 5–7 semanas, según la temperatura. Las primeras obreras, las llamadas nanitics, son pequeñas.

¿Cuándo pasarla al hormiguero? En Antomas lo hacemos cuando la colonia tiene 5–10 obreras, o antes si el tubo se le queda corto o empieza a secarse. Si has elegido la versión con obreras, puedes pasarla en cuanto se haya recuperado del viaje, siempre a un nido acorde a su tamaño.

Llegada y mudanza

Al recibir tu colonia, déjala reposar un par de días en un sitio oscuro y templado, sin abrir el tubo. Para pasarla al hormiguero, en Antomas la mudamos por volcado: con el tubo abierto dentro de la zona de forrajeo y la boca apuntando a la entrada del nido, se deja caer con suavidad todo su contenido, y las rezagadas se empujan con un pincel. Con una especie tan rápida, estos detalles marcan la diferencia:

  • Todo listo antes de abrir: el hormiguero montado, la barrera puesta y comprobada, el tubo de agua conectado y la tapa a mano.
  • Sobre una bandeja amplia y de bordes altos, por si alguna obrera sale disparada por el tubo o por el pincel.
  • El nido a oscuras y el forrajeo con luz: en pocos minutos, las obreras habrán metido la prole dentro.
  • Si se resisten, se vuelve a volcar: en Antomas, si hace falta, las mudamos a la fuerza.

Cualquier mudanza posterior, a un hormiguero más grande o distinto, se hace igual.

Alimentación

Azúcar para las obreras, proteína para las larvas. Las adultas viven sobre todo de líquidos azucarados, y una colonia tan activa consume mucho: no dejes que se acaben nunca. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado 1–2 veces por semana, como agua con miel o con azúcar, o algún trocito de fruta madura. También puedes añadir un poco de proteína al néctar. Ofrécelos en un bebedero, nunca en algodón: el algodón se enmohece y estropea el líquido en poco tiempo. Sirve cualquier bebedero, tradicional o casero, en el que la gota quede «tendida» y al alcance de las obreras.

Proteína: cuanta más, mejor. Es lo que convierte una colonia pequeña en una grande, y en Antomas lo tenemos claro: con mantenimiento diario y retirando los restos, conviene darles más de lo que comen, porque una colonia que nota abundancia cría más y más deprisa. Si no puedes limpiar a menudo, ajusta la cantidad, porque los restos se pudren y atraen moho y ácaros. La medida la dan las larvas: con mucha prole, insectos varias veces por semana. Y cambia de insecto cada semana, para que no coman siempre lo mismo:

Compra los insectos a un proveedor de confianza: los que han estado en contacto con insecticidas pueden acabar con la colonia.

Diapausa: no la necesita

En la mayor parte de su área no hay invierno tal como lo entendemos. En las sabanas tropicales, el mes más fresco tiene medias de 20–26 °C y nunca hiela; lo que marca el año es la estación seca, de cinco a ocho meses casi sin lluvia, con menos comida y noches algo más frescas. Solo en el sur del continente hay un invierno corto, de junio a agosto, con medias de 14–16 °C y días templados, y allí los registros de la especie se concentran entre septiembre y mayo. Además, a diez o veinte centímetros bajo tierra, donde está el nido, el frío llega muy amortiguado.

La línea de C. vestitus que criamos en Antomas no necesita diapausa ni frío. Se mantiene activa todo el año a 23–28 °C, con un punto cálido en las épocas de más crecimiento. En invierno puedes dejar que la habitación baje un poco, hacia 21–24 °C: la colonia frena algo la actividad y el crecimiento, pero no hace falta una parada completa, y en cuanto vuelve el calor recupera el ritmo.

  • Si la temperatura baja, hazlo poco a poco, nunca de golpe.
  • Mantén siempre el agua y el azúcar; la proteína, según la prole que veas.
  • No la dejes por debajo de unos 20 °C: no le hace falta, y en una casa sin calefacción, a 15–18 °C, estaría más fría que en cualquier sabana tropical de su área.
  • No la metas en una diapausa fría como la de las hormigas europeas: no la necesita y no le aporta nada.

Puede que, aun con calor, la colonia frene la puesta unas semanas en algún momento del año. Es normal: muchas Camponotus tienen su propio ritmo interno. Basta con seguir ofreciendo comida y esperar.

Crecimiento: de tubo a colonia de exhibición

Como en todas las Camponotus, el arranque es lo más lento: la reina cría sola una primera tanda de obreras pequeñas y, durante los primeros meses, la colonia apenas cambia. Algunas tiendas hablan de un primer año modesto, con unas decenas de obreras. En nuestra experiencia, en cuanto la colonia tiene obreras suficientes para traer comida, el ritmo cambia: con 27–29 °C y proteína frecuente mantiene varias tandas de prole a la vez, cada generación trae obreras algo mayores y aparecen las primeras majors de cabeza robusta. A partir de ahí crece bastante más deprisa que la mayoría de las Camponotus europeas, y la zona de forrajeo se llena de obreras en poco tiempo.

Las claves: calor estable, proteína abundante con limpieza diaria, azúcar siempre disponible y no tocar lo que funciona. Lo que más frena a una colonia joven son las mudanzas innecesarias, los cambios bruscos de temperatura y los nidos demasiado grandes.

Comportamiento en cautividad

Una Camponotus con prisa. Las colonias pequeñas son tranquilas, pero en cuanto superan las primeras generaciones la zona de forrajeo se llena de obreras que patrullan sin parar y reaccionan al instante a la comida, a las vibraciones y a cualquier apertura.

Trabajo en equipo. Cuando una exploradora encuentra una presa o una gota de néctar, enseguida llegan más. Las minors hacen casi todo el forrajeo; las majors se dejan ver sobre todo cuando hay una presa grande que despiezar o algo que defender.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Con una zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, la colonia se acostumbra a tu presencia; obsérvala con delicadeza e interviene lo justo. Su velocidad, el contraste de colores y las majors cada vez mayores la convierten en una colonia de exhibición estupenda.

Señales de alarma:

  • Larvas que no avanzan o desaparecen: casi siempre falta proteína.
  • Condensación, moho o ácaros: sobra humedad o hay restos olvidados.
  • Cría amontonada junto al agua: el nido se está quedando seco.
  • Muchas obreras paradas en la zona de forrajeo: el nido se ha quedado pequeño.

Fugas y barreras

Aquí está el único punto delicado de la especie. En nuestra experiencia, las obreras trepan por plástico, cristal, madera y silicona, y su velocidad hace que una obrera que llega al borde del recinto pueda estar fuera antes de que te dé tiempo a reaccionar. Con una buena barrera y una rutina preparada, no dan ningún problema:

  • Barrera antifugas siempre en buen estado: en Antomas usamos una franja de aceite mineral, fina y continua, en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo. Renuévala en cuanto acumule polvo o restos.
  • Tapa bien ajustada, como segunda línea de defensa.
  • Prepara todo antes de abrir: la comida, las pinzas y el pincel, a mano. Abre lo justo y cierra en cuanto termines.
  • Nada que haga de puente: ni cortezas ni piedras apoyadas cerca de la barrera.
  • Sin rendijas: revisa conexiones, tapones y tubos, sobre todo cuando la colonia crece.

Manejo y seguridad

No tienen aguijón, así que no pican. Si quedan atrapadas o se sienten atacadas, las majors pueden dar un mordisco y las obreras pueden rociar ácido fórmico, que escuece un poco en la piel sensible. No hacen falta medidas especiales, pero no las manipules con las manos: usa un pincel suave o unas pinzas blandas, trabaja despacio y cuida de no dañar a ninguna obrera, y menos a la reina. Recomendamos una sola reina por colonia: no juntes reinas de fundaciones distintas ni colonias diferentes, ni las mantengas con otras especies. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.

Qué no hacer

  • Abrir la zona de forrajeo sin tener preparados la comida, las pinzas y la tapa.
  • Descuidar la barrera antifugas o prescindir de la tapa.
  • Mojar todo el nido: la humedad, solo en una zona.
  • Pasar una colonia joven a un hormiguero demasiado grande.
  • Hacerle una diapausa fría: no la necesita.
  • Dejar que se acaben el azúcar o el agua, o poner los líquidos azucarados en algodón.
  • Darle siempre el mismo insecto o dejar restos sin limpiar.
  • Juntar reinas de fundaciones distintas o colonias diferentes.
  • Manipular las obreras con las manos.

Fuentes científicas

Esta ficha se basa en las descripciones clásicas de la especie, en los registros de museo y de distribución, en los datos climáticos de su área, en la bibliografía sobre su género y en la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

  1. Smith, F. (1858). Catalogue of hymenopterous insects in the collection of the British Museum. Part VI. Formicidae. Londres: British Museum. Descripción original de Formica vestita, p. 32. Texto completo
  2. Arnold, G. (1924). A monograph of the Formicidae of South Africa. Part VI. Camponotinae. Annals of the South African Museum 14: 675–766. Texto completo
  3. Wheeler, W. M. (1922). Ants of the American Museum Congo Expedition. A contribution to the myrmecology of Africa. Bulletin of the American Museum of Natural History 45: 1–1139. Texto completo
  4. Ofei, K. O. (1978). The distribution, nesting habits and activity pattern of Camponotus acvapimensis Mayr (Hymenoptera: Formicidae) in savanna areas of southern Ghana. Tesis de máster, Universidad de Ghana. Texto completo
  5. Taylor, B. (2007–2018). Camponotus (Myrmosericus) vestitus (Smith) y Anoplolepis vestita (Smith). The Ants of (Sub-Saharan) Africa. antsofafrica.org
  6. Ward, P. S., Blaimer, B. B. & Fisher, B. L. (2016). A revised phylogenetic classification of the ant subfamily Formicinae (Hymenoptera: Formicidae), with resurrection of the genera Colobopsis and Dinomyrmex. Zootaxa 4072: 343–357. doi:10.11646/zootaxa.4072.3.4
  7. Jimoh, B. et al. (2024). A checklist of Nigerian ants (Hymenoptera, Formicidae): a review, new records and exotic species. Biodiversity Data Journal 12: e99555. doi:10.3897/BDJ.12.e99555
  8. Tragust, S. et al. (2020). Formicine ants swallow their highly acidic poison for gut microbial selection and control. eLife 9: e60287. doi:10.7554/eLife.60287
  9. Feldhaar, H. et al. (2007). Nutritional upgrading for omnivorous carpenter ants by the endosymbiont Blochmannia. BMC Biology 5: 48. doi:10.1186/1741-7007-5-48
  10. Shi, N. N., Tsai, C.-C., Camino, F., Bernard, G. D., Yu, N. & Wehner, R. (2015). Keeping cool: Enhanced optical reflection and radiative heat dissipation in Saharan silver ants. Science 349: 298–301. doi:10.1126/science.aab3564
  11. Willot, Q., Simonis, P., Vigneron, J.-P. & Aron, S. (2016). Total internal reflection accounts for the bright color of the Saharan silver ant. PLoS ONE 11: e0152325. doi:10.1371/journal.pone.0152325
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Very interesting and aggressive campo, arrived fast and without problems
Por Zen en 06/10/2026

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