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Comprar Crematogaster senegalensis – Acróbata | Antomas
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Crematogaster senegalensis – Hormiga Acróbata Gigante

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La acróbata que apunta con el corazón. La hormiga acróbata gigante, Crematogaster senegalensis, alza su gáster en forma de corazón por encima de la cabeza y encañona a sus enemigos: no pica ni rocía ácido, sino que los unta con un veneno de contacto que pone en fuga a otras hormigas. Negra, con destellos rojizos a la luz, y grande para su género, forma colonias de una sola reina que crecen a una velocidad asombrosa hasta convertirse en ejércitos masivos capaces de cazar en grupo casi cualquier presa. Una joya africana de las tierras secas, rara en el hobby, para criadores con algo de experiencia. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 3/5 – Avanzado

Hormiga acróbata africana de tierras secas, negra y grande para su género, que levanta su gáster en forma de corazón y unta a sus enemigos con un veneno de contacto. Colonias con reina. Una sola reina por colonia, crecimiento exageradamente rápido y colonias muy masivas. 24–28 °C todo el año, sin diapausa, nido Alpha seco y bien ventilado (algo de humedad solo al principio), azúcar siempre disponible y toda la proteína que puedan comer.

Crematogaster senegalensis Roger, 1863 es una hormiga acróbata africana: una mirmicina de cintura doble y gáster en forma de corazón que, cuando se siente amenazada, lo levanta por encima de la cabeza y apunta con él a su enemigo, como quien desenfunda un arma. Se describió a partir de ejemplares de Senegal hace más de siglo y medio y vive en las tierras secas de África, desde el Sahel y las sabanas de África occidental hasta Sudán y Angola, y cruza el mar Rojo hasta las montañas de Arabia.

En Antomas la llamamos «hormiga acróbata gigante», y no por capricho: son Crematogaster bastante grandes comparadas con las de nuestros campos y, sobre todo, forman colonias muy masivas, que crecen a una velocidad que sorprende incluso a criadores con experiencia. Además, tienen una de las defensas más ingeniosas del mundo de las hormigas: no inyectan veneno ni rocían ácido, sino que untan a sus rivales con un veneno de contacto. Es una especie poco estudiada, que la ciencia aún no ha terminado de ordenar, y casi sin documentar en el hobby. Aquí te contamos lo que se sabe de ella y de sus parientes, y lo que hemos aprendido criándola.

Biología

¿Por qué «gigante»? Una acróbata grande en colonias enormes

Empecemos por el nombre, porque conviene ser claros: «hormiga acróbata gigante» es nuestro nombre comercial, no un nombre científico. No hemos encontrado ningún nombre común propio de la especie en ningún idioma. «Acróbata», en cambio, es el nombre popular de todo el género (ver «La hormiga que apunta con el abdomen»).

¿Y lo de «gigante»? Tiene dos razones. La primera es el tamaño de la obrera. Según la clave de las Crematogaster africanas del mirmecólogo Brian Taylor, las obreras de C. senegalensis miden 3,5–5,5 mm de longitud total, una talla mediana-grande para un género en el que abundan las hormigas diminutas. En la experiencia de Antomas, si las comparas con las Crematogaster autóctonas de la península, se nota enseguida que son bastante más grandes.

La segunda razón es la colonia, y es la que de verdad le da el apellido. Las colonias de C. senegalensis tienen una sola reina, crecen exageradamente rápido y se vuelven muy masivas: en poco tiempo, un grupo de unas decenas de obreras se convierte en un río de hormigas que recorre todo el hormiguero. Es nuestra experiencia, y las tiendas que la venden también hablan de un desarrollo «extremadamente rápido». ¿Hasta dónde llegan? No hay ningún estudio publicado sobre el tamaño de sus colonias, y en cautividad tampoco se conoce el máximo. Por su crecimiento exponencial, en Antomas estimamos que muy probablemente superen con facilidad las 100.000 obreras. Es una estimación nuestra, no un dato medido.

Una curiosidad: en Angola vive una subespecie llamada C. senegalensis goliathula, algo así como «pequeño Goliat». Es una coincidencia simpática, pero no hay medidas que digan que sea más grande que la forma típica, así que no la usamos como argumento.

Un nombre de 1863 para un rompecabezas sin resolver

El entomólogo alemán Julius Roger describió la especie en 1863 a partir de obreras y de una reina con una etiqueta escueta: «Senegal», sin más datos. Los ejemplares originales, los sintipos, se guardan en el Museo de Historia Natural de Berlín. Desde entonces, la especie ha dado bastantes vueltas:

  • Subgéneros. En 1922, el italiano Carlo Emery la colocó en el subgénero Acrocoelia. Hoy pertenece a Crematogaster en sentido estricto, uno de los dos únicos subgéneros que quedaron cuando la mirmecóloga Bonnie Blaimer reorganizó el género en 2012 y redujo los trece subgéneros antiguos a dos: Orthocrema y Crematogaster.
  • ¿Especie o subespecie? A principios del siglo XX, varios autores la trataron como una simple subespecie de C. aegyptiaca, hasta que recuperó el rango de especie.
  • Sinónimos. Se le han unido otros tres nombres que hoy se consideran la misma especie: robusta Emery, descrita del Cuerno de África a partir de una reina y un macho; devincta Santschi, 1914, descrita de África occidental, y targuia Santschi, 1929, del Sáhara argelino.
  • Una subespecie y una especie hija. La subespecie C. senegalensis goliathula Forel, 1922, de Angola, sigue siendo válida. Y C. censor, que Forel describió como subespecie de senegalensis, hoy se trata como especie aparte.

Y lo más interesante: probablemente esconde más de una especie. Taylor señala que hay mucha variación entre poblaciones, sobre todo de color, y que un estudio detallado podría separarla en dos o más especies. Nuestras propias colonias son un buen ejemplo: son negras, con algún reflejo rojizo cuando les da la luz, mientras que la bibliografía describe la especie como parda o roja (ver «Tamaño y morfología»). En 2019, Mostafa Sharaf, Abdulrahman Aldawood y Francisco Hita Garcia revisaron las Crematogaster de Arabia y mantuvieron allí el nombre de C. senegalensis precisamente porque nadie ha revisado todavía las Crematogaster del África subsahariana, y admitieron que puede contener especies crípticas, es decir, especies distintas que a simple vista no se distinguen.

Así que la hormiga que tendrás en casa encaja con C. senegalensis tal como se entiende hoy. Si algún día un taxónomo ordena el grupo, quizá cambie de nombre, pero no de carácter.

Del Sahel a las montañas de Arabia: una hormiga de tierras secas

Su mapa es de los más curiosos del género. Se conoce del oeste de África y del Sahel, de Sudán y el Cuerno de África, del Sáhara argelino, de Angola, a través de su subespecie, y, al otro lado del mar Rojo, del sur y el suroeste de la península arábiga. Pero entre esos puntos hay grandes huecos sin registros. Sharaf y sus colegas lo explican de dos maneras: o falta muestrear, o la especie prefiere los hábitats áridos, que escasean en el centro de África, dominado por la selva. Todo apunta a una hormiga de sabana y de tierras secas, más que de selva.

Y llega alto. En las montañas del suroeste de Arabia se ha recogido entre 2.600 y 2.982 m de altitud, casi a 3.000 m.

De sus nidos se sabe muy poco. Los escasos datos de campo la sitúan forrajeando sobre suelo húmedo y en la hojarasca bajo una palmera datilera y bajo una zarza grande, con una serie de nido recogida bajo una piedra, en el sur de Arabia, y sobre mangos y en la hierba junto a un río, en África occidental. No hay ningún estudio que describa sus nidos con detalle, ni el tamaño de sus colonias en la naturaleza.

¿Cartón, piedras o ramas? Un nido por descubrir

Muchas Crematogaster tropicales son grandes arquitectas. En los trópicos, el género anida sobre todo en los árboles: en ramas muertas, bajo la corteza o entre el musgo. Muchas especies fabrican cartón, una pasta de fibras vegetales masticadas, para sellar o dividir sus nidos o para construir refugios a su «ganado» de cochinillas, y algunas levantan nidos de cartón independientes, colgados de las ramas. Anidar en el suelo y en la hojarasca es menos común en los trópicos y más frecuente en las zonas templadas.

C. senegalensis no encaja del todo en ese retrato. Los registros que hay, bajo una piedra, en la hojarasca, en la hierba y sobre mangos, en zonas más bien secas, apuntan a una especie que anida en el suelo o que combina suelo y vegetación, más que a una gran constructora de cartón de la selva. Es una deducción, porque nadie ha estudiado sus nidos.

En cautividad, los criadores solo citan una Crematogaster asiática como constructora de nidos de cartón colgantes. De C. senegalensis no hay ningún dato de cartón ni de tabiques, ni en la naturaleza ni en cautividad, así que no te lo prometemos.

La hormiga que apunta con el abdomen

Si hay un gesto que define a las Crematogaster, es este. Ante una amenaza, la obrera levanta el gáster por encima del tórax y de la cabeza, con la punta hacia delante, y en esa postura se puede ver una gotita en el extremo del aguijón. Puede orientarlo casi en cualquier dirección, como un pequeño cañón giratorio.

El secreto está en su anatomía. En casi todas las hormigas, la cintura se une al gáster por su base. En Crematogaster, en cambio, el postpecíolo, el segundo nudo de la cintura, se articula en la parte superior delantera del gáster, y el pecíolo, el primero, es aplanado por arriba. Así, el gáster puede bascular hacia arriba y hacia delante sin tropezar con la cintura. Visto desde arriba, además, tiene forma de corazón.

Ese repertorio les ha dado varios nombres populares. En inglés se las conoce como acrobat ants, «hormigas acróbatas», por la postura; como cocktail ants, por esa «cola» levantada, y como Saint Valentine ants, «hormigas de San Valentín», por el gáster en forma de corazón.

La postura no es solo de amenaza: también es de caza. En la africana C. striatula, las obreras detectan a la presa a 3–6 mm y le apuntan con el gáster en alto y el aguijón fuera (ver «Paralizar sin tocar»).

No pica: unta

Las Crematogaster son mirmicinas, parientes de las Messor y de las Pheidole, y conservan el aguijón. Pero el suyo es muy especial: termina en una punta en forma de espátula o cuchara, que no sirve para inyectar veneno, sino para aplicar una gota de secreción sobre el cuerpo del enemigo, normalmente otra hormiga. Es un veneno de contacto: actúa sobre la cutícula del rival, sin necesidad de perforarla.

¿Y qué hay en esa gota? En las especies estudiadas, sobre todo en la europea C. scutellaris, es una mezcla de dos glándulas del abdomen: la glándula de Dufour, que en el género está muy desarrollada, y la glándula del veneno. Al mezclarse en el aguijón, unas enzimas de la glándula del veneno transforman los compuestos de la glándula de Dufour en aldehídos muy reactivos, más tóxicos que la secreción original. Es química de alta precisión: el arma se «carga» en el último momento, justo en la punta del aguijón.

El efecto es rotundo. La secreción es insecticida y repelente frente a otras hormigas, y las de otras especies que la tocan con las antenas o con la boca se retiran de inmediato. Y tiene una ventaja extra: la gota del aguijón de C. scutellaris frenó el crecimiento de bacterias como Staphylococcus aureus y Pseudomonas aeruginosa en todas las muestras analizadas y, en parte, el de un hongo que mata insectos, Beauveria bassiana, con un efecto que duró al menos 24 horas. Algo parecido se ha visto en especies sudamericanas. Todo apunta a que la misma química que mantiene a raya a los rivales sirve también para la higiene de la colonia.

Cada especie tiene su propio cóctel: la glándula de Dufour de C. nigriceps, de las acacias de África oriental, produce compuestos cíclicos distintos, y en la asiática C. deformis es otra glándula, la metapleural, en el tórax, la que segrega fenoles repelentes y antisépticos.

La química de C. senegalensis no se ha estudiado, pero el aguijón espatulado y la postura son los del género. Y en casa se nota: en la experiencia de Antomas, las colonias grandes combinan su número, unas mandíbulas que muerden fuerte y su defensa química para aniquilar a sus presas y a cualquier intruso que entre en su territorio.

¿Ácido fórmico? No: eso es cosa de las formicinas

Es un error muy extendido, incluso entre criadores y tiendas: decir que las Crematogaster «lanzan ácido fórmico». No es así. El ácido fórmico como componente principal del veneno es propio de otra subfamilia, las formicinas, como Camponotus, Formica u Oecophylla. Estas hormigas no tienen un aguijón funcional, sino un acidoporo, un orificio en la punta del gáster por el que rocían el ácido. Y hacen algo más sorprendente todavía: se lo tragan. Un estudio de 2020 demostró que lo usan para acidificar el buche y controlar los microbios que entran con la comida.

Las Crematogaster, en cambio, son mirmicinas, con aguijón, y su arma es el veneno de contacto que acabamos de ver. No hemos encontrado ninguna fuente científica que cite ácido fórmico en el género.

La diferencia se ve a simple vista: una Camponotus dobla el gáster por debajo del cuerpo y dispara ácido; una Crematogaster lo levanta por encima de la cabeza y se acerca a untar al rival.

Para avisar a sus compañeras usan otra química distinta: en las Crematogaster de las acacias de África oriental, las glándulas mandibulares liberan sustancias volátiles que, en algunas especies, sirven de alarma.

Paralizar sin tocar: la proeza de una prima africana

Si el veneno de contacto ya es ingenioso, lo que hace C. striatula roza la ciencia ficción. Esta Crematogaster de los bosques de Camerún anida en el suelo, en ramas podridas caídas y en termiteros, y caza sobre todo termitas. En 2011, un equipo de investigadores estudió cómo lo hace y descubrió algo sorprendente: paraliza a sus presas a distancia.

  • La emboscada. Cuando una obrera detecta una termita, adopta la postura de alarma, con el gáster en alto y el aguijón fuera, y recluta a las compañeras que tiene a unos 15 cm.
  • El cerco. Hasta 6 obreras rodean a una termita obrera, y de 8 a 15 a un soldado, y se colocan a 5–10 mm de ella, con el aguijón apuntándola, sin tocarla.
  • La parálisis. Hacia los 10 minutos, la termita empieza a temblar y cae de espaldas, moviendo las patas, y las hormigas se la llevan al nido.

El arma vuelve a ser la glándula de Dufour, con unos 50 compuestos de cadena larga, y el extracto de solo tres glándulas mató a todas las termitas del ensayo en 24 horas. Curiosamente, en esta especie no se forma la espuma en la punta del aguijón que se ve en otras Crematogaster: los compuestos actúan sin que el aguijón llegue a tocar al rival.

Y no solo sirve para cazar. En los ensayos con cebos de miel, las hormigas rivales, entre ellas las tejedoras Oecophylla longinoda, las grandes Camponotus brutus y las Tetramorium aculeatum, abandonaron el cebo sin pelear y sin llegar a tocar a las Crematogaster.

Ojo: todo esto se ha estudiado en C. striatula, no en nuestra especie. Muestra hasta dónde llega la química de las Crematogaster africanas, pero no sabemos si C. senegalensis hace lo mismo.

Huellas químicas que salen de las patas

Casi todas las hormigas marcan sus caminos con glándulas del abdomen, rozando el suelo con la punta del gáster. Las Crematogaster lo hacen con las patas. Su feromona de rastro sale de una glándula de la tibia de las patas traseras, y las obreras la van dejando en el suelo al caminar. Lo describió R. H. Leuthold en 1968 en una especie americana, C. ashmeadi, y ese mismo año se estudió también el origen del rastro en la sudafricana C. peringueyi.

La química se ha identificado en dos especies. En la africana C. castanea, el componente principal del rastro es el (R)-2-dodecanol, y en la europea C. scutellaris, un alcohol casi idéntico, el 2-tridecanol: su forma activa funciona a concentraciones de una milésima de nanogramo por microlitro. Y las obreras de C. scutellaris siguen también el rastro de C. castanea: estas pistas químicas son, en parte, un idioma compartido dentro del género.

Gracias a estas huellas, el reclutamiento es rápido y se ajusta al reto. En C. striatula, contra un soldado de termita acuden casi 12 obreras de media, y contra una obrera de termita, unas 5. En casa lo verás cada vez que les pongas comida: primero llega una exploradora y, al poco, una fila de compañeras siguiendo el mismo camino.

Ganaderas de cochinillas

Como muchas hormigas, las Crematogaster son grandes aficionadas al azúcar, y muchas especies lo consiguen de una forma muy eficiente: cuidando «ganado». Atienden a cochinillas, pulgones y otros hemípteros, que chupan la savia de las plantas y expulsan un líquido azucarado, la melaza, que las hormigas recogen a cambio de protegerlos. Algunas especies llegan a construirles refugios de cartón.

En las plantaciones de cacao de África occidental, por ejemplo, C. clariventris atiende sobre todo a una cochinilla, Stictococcus sjostedti, y los árboles dominados por esta hormiga tienen más cochinillas atendidas que los demás. No siempre es buena noticia para el agricultor: algunas Crematogaster africanas cuidan cochinillas que transmiten un virus del cacao.

De C. senegalensis no se ha publicado nada sobre esta relación, pero el gusto del género por el azúcar es evidente, y en casa sustituimos la melaza por líquidos azucarados siempre disponibles (ver «Alimentación»).

Rivales de las tejedoras: el mosaico de hormigas

En las copas de los árboles de África occidental se libra una guerra silenciosa. En los años setenta, los entomólogos que estudiaban las plantaciones de cacao descubrieron que unas pocas hormigas dominantes, entre ellas las Crematogaster, las tejedoras Oecophylla y algunas Tetramorium, se reparten los árboles en territorios más o menos excluyentes: donde manda una, no hay sitio para las otras. Sobre el mapa de la plantación, el reparto forma un mosaico, y así lo llamaron: el «mosaico de hormigas».

No es una curiosidad académica. Como cada especie dominante caza o tolera a unos insectos distintos, el mosaico decide qué plagas prosperan en cada árbol, y se llegó a proponer gestionarlo a favor de las tejedoras para proteger el cacao. Hoy, en las plantaciones de mango de África occidental se estudia el uso de las tejedoras como control biológico, y justamente sobre los mangos se ha recogido C. senegalensis.

Las Crematogaster no son rivales menores para las temibles Oecophylla: ya hemos visto que C. striatula las ahuyenta de un cebo sin llegar a tocarlas.

Una sola reina y un crecimiento explosivo

En el género Crematogaster hay de todo: muchas especies tienen una sola reina y otras aceptan varias, como algunas de las acacias de África oriental, aunque un estudio de 2018 mostró que eso no explica su éxito frente a sus rivales, o algunas asiáticas que admiten reinas nuevas en colonias ya formadas.

De C. senegalensis no hay datos publicados sobre el número de reinas ni sobre el tamaño de las colonias. En la experiencia de Antomas, sus colonias son monoginas, con una sola reina, y lo que las distingue es el ritmo: crecen exageradamente rápido y se vuelven muy masivas. Con calor y comida abundante, la colonia multiplica su tamaño en poco tiempo, y eso marca todo su mantenimiento: más espacio, más comida y más limpieza, siempre un paso por delante.

La reina se describió ya en 1863, junto a las primeras obreras, pero no hemos encontrado ninguna medida publicada. En la experiencia de Antomas, mide 12–15 mm. Una sola reina sostiene toda la colonia, así que es la pieza que más hay que cuidar en cualquier manejo.

El clima de su hogar: costa tropical y sabana

Nuestras colonias proceden de África occidental, una región con dos grandes tipos de clima que ayudan a entender lo que necesitan en casa:

  • La costa tropical. Calor todo el año, con medias mensuales de unos 26–29 °C, máximas de 28–33 °C y mínimas de 22–27 °C. La diferencia entre el mes más cálido y el más fresco es de apenas 3 °C. La humedad del aire es alta, del 75–85 %, y las lluvias se reparten en dos estaciones.
  • La sabana del interior. Mucho más extrema. En la estación seca y calurosa, de marzo a mayo, las máximas llegan a 40–41 °C; en la estación seca y fresca, de diciembre a febrero, cuando sopla el harmatán, las noches bajan a 18–20 °C, y entre junio y octubre llegan las lluvias. Durante seis o siete meses al año apenas llueve.

¿Qué nos dice todo esto? Primero, que no hay invierno: ni en la costa ni en la sabana bajan las mínimas medias de unos 18 °C, así que no hay motivo para una diapausa. Segundo, que es una hormiga de calor, que vive con medias anuales de unos 25–29 °C. Y tercero, que buena parte de su área pasa muchos meses en seco. Los extremos de la sabana, con tardes de más de 40 °C, no llegan al nido: bajo las piedras y en el suelo, la temperatura es mucho más suave. Por eso, en Antomas la mantenemos a 24–28 °C todo el año, en un nido seco y bien ventilado, con agua siempre disponible.

Tamaño y morfología

Mirmicina de tamaño mediano-grande para su género, oscura, de cabeza brillante, con espinas largas y el gáster en forma de corazón típico de las acróbatas.

  • Coloración. En la experiencia de Antomas, nuestras colonias son negras, con algún tono rojizo o ligeramente rojizo cuando les da la luz. La bibliografía describe otra cosa: según Taylor, la C. senegalensis «verdadera» es parda, no roja, la clave de Sharaf et al. (2019) la define como unicolor parda y en Arabia se han descrito ejemplares rojizos. Taylor señala, además, mucha variación de color entre poblaciones. La diferencia puede deberse a esa variación o a que bajo este nombre se escondan varias especies (ver «Un nombre de 1863 para un rompecabezas sin resolver»).
  • Cabeza. El clípeo, la placa que hay sobre las mandíbulas, es liso. La mitad delantera de la cabeza tiene estrías longitudinales, con espacios lisos entre ellas, y la mitad trasera es lisa y brillante.
  • Espinas. Las espinas del propodeo, al final del tórax, son relativamente largas, más que en las formas parecidas.
  • Cintura y gáster. Pecíolo aplanado por arriba y postpecíolo articulado en la cara superior del gáster, que tiene forma de corazón y se puede levantar por encima de la cabeza.
  • Aguijón. Con la punta en espátula: no inyecta, unta (ver «No pica: unta»).
  • Patas. Con almohadillas, los arolios, que ayudan a trepar, y con la glándula de la tibia trasera que deja el rastro.
  • Obreras de distintos tamaños. No se ha estudiado si hay castas de obreras en esta especie. En el género, la variación de tamaño suele ser moderada, sin una casta de soldados diferenciada.
  • Reina. Descrita por Roger en 1863, pero sin medidas publicadas. En la experiencia de Antomas, mide 12–15 mm, mucho más que las obreras.
  • Macho. Solo se conoce por la descripción de robusta, uno de sus sinónimos, y no hay medidas publicadas.
  • Desarrollo. No hay datos publicados del tiempo que tarda la cría en desarrollarse en esta especie.

Medidas aproximadas

  • Obreras: 3,5–5,5 mm
  • Reina: 12–15 mm (experiencia de Antomas)
  • Macho: sin medidas publicadas

La medida de la obrera es la longitud total que da la clave de las Crematogaster africanas de Taylor; la de la reina es de nuestra experiencia, porque no hay medidas publicadas. No hay morfometría moderna de la especie: la revisión de Sharaf et al. (2019) la incluye en su clave, pero no da medidas.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 3/5 – Avanzado

C. senegalensis no es una especie delicada: aguanta bien, come de todo, no necesita diapausa y vive en seco. Entonces, ¿por qué no la recomendamos para empezar? Por tres motivos:

  • Crece muy rápido. Una colonia pequeña se convierte en poco tiempo en una colonia numerosa, y hay que ir por delante: ampliar el hormiguero a tiempo, aumentar la comida y limpiar más a menudo.
  • Las colonias se vuelven masivas. Muchas obreras significan mucha comida, muchos restos y muchas oportunidades de encontrar una rendija.
  • Tiene defensa química. Cuando se siente amenazada, la colonia levanta el gáster y sale a untar al intruso, y las obreras muerden fuerte. No es peligrosa, pero manejar una colonia grande y alterada requiere calma, herramientas y algo de experiencia.

En Antomas la situamos en el nivel avanzado, aunque en su primer escalón: es una buena segunda especie para quien ya ha criado alguna colonia y quiere dar el salto a una hormiga más numerosa y con más carácter.

Y merece mucho la pena. Pocas hormigas dan tanta vida a un hormiguero en tan poco tiempo. Verás crecer la colonia casi de semana en semana, caminos llenos de obreras, cacerías en grupo en las que una presa mucho más grande que ellas desaparece entre decenas de mandíbulas y ese gesto inconfundible de las acróbatas: el gáster en alto, apuntando al enemigo.

Parámetros recomendados

  • Temperatura: 24–28 °C todo el año. Es el rango en el que coinciden las tiendas que la crían, y encaja con el clima de su origen (ver «El clima de su hogar»).
  • Zona cálida (opcional): si quieres, un lateral algo más cálido, de hasta unos 30 °C, con una fuente de calor suave y con termostato, para que la colonia elija dónde colocar la cría.
  • Humedad del nido: algo de humedad al principio, con la colonia pequeña, y seco cuando la colonia es grande, como hacemos con las Camponotus. Como referencia, las tiendas que la venden dan un 30–50 % y avisan de que no le gusta la humedad.
  • Ventilación: buena, siempre. Es tan importante como la sequedad.
  • Zona de forrajeo: seca y limpia, con la tapa ajustada, una barrera de aceite en el borde y agua siempre disponible en un tubo de ensayo con algodón.
  • Luz: basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche; en su origen, el día dura entre unas 11 y 13 horas todo el año.
  • Diapausa: no hace (ver «Diapausa»).

Secas, pero nunca sedientas

En Antomas lo tenemos claro: C. senegalensis debe estar en seco. Es una hormiga de tierras secas, y las tiendas que la venden coinciden en que no le gusta la humedad. En otras Crematogaster, los criadores han visto que el exceso de humedad provoca intentos de fuga, inutiliza las barreras de PTFE y favorece el moho.

Con un matiz: al principio, cuando la colonia es pequeña, ponemos algo de humedad en el nido, y cuando la colonia es grande, la quitamos y la dejamos en seco, como hacemos con las Camponotus. Así la colonia joven arranca con comodidad y, cuando ya es numerosa, el nido seco y bien ventilado evita el moho.

Pero seco no quiere decir sediento. La colonia necesita agua siempre disponible, y la forma más sencilla de dársela es un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo: beben del algodón cuando lo necesitan y el nido sigue seco. Los criadores de otras Crematogaster cuentan lo mismo: con agua para beber, prosperan en condiciones muy secas.

La otra mitad del secreto es la ventilación: el aire que se renueva se lleva la humedad que generan las hormigas, sus restos y la comida, y evita condensaciones y moho.

Hormigueros recomendados

Como deben estar secas, en Antomas recomendamos la gama Qbik Alpha de Anthouse, los Qbik normales: hormigueros modulares que crecen con la colonia. Tienen un único punto de humedad central, que se puede regular o tapar cuando se necesita menos humedad, y unas puertas giratorias, las norias, para abrir o cerrar el paso entre módulos. Para esta especie, úsalo como con las Camponotus: con algo de humedad al principio, mientras la colonia es pequeña, y cerrado cuando la colonia ya es grande. El agua para beber la tendrán siempre en el tubo de la zona de forrajeo.

Para empezar, un QBIK ONE con galerías pequeñas. Las obreras son pequeñas, y unas galerías a su medida les dan seguridad y te permiten seguir bien a la reina y a la cría mientras la colonia es joven.

Y para continuar, galerías medianas. Esta especie crece tan deprisa que la ampliación llega antes de lo que esperas. El siguiente paso es el QBIK DUO, con galerías medianas:

Para las colonias grandes, la misma gama sigue con los formatos QuaDra, HeXa y NoNa, también con galerías medianas. Amplía cuando el nido se les quede pequeño: una señal clara es ver muchas obreras quietas en las esquinas de la zona de forrajeo, sin sitio dentro. Al revés, un nido demasiado grande para una colonia pequeña acaba con esquinas usadas como basurero, con moho y ácaros.

Completa el montaje con estos detalles:

  • Tapa ajustada en la zona de forrajeo y una barrera de aceite en el borde (ver «Fugas y barreras»).
  • Uniones sin holgura: norias, tapones y conexiones bien ajustados, porque las obreras pequeñas se cuelan por cualquier hueco.
  • Agua en un tubo de ensayo con algodón, en el forrajeo.
  • Bebederos para el azúcar, nunca algodón (ver «Alimentación»).
  • Forrajeo limpio, sin restos que críen moho ni decoración que toque la barrera.

Llegada y mudanza

En Antomas vendemos colonias con reina, obreras y cría. Al recibir la tuya, déjala reposar unas horas en un lugar tranquilo, a 24–28 °C, y comprueba que tiene agua. Para pasarla a su hormiguero, lo hacemos por volcado: abrimos el tubo dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y volcamos la colonia, con obreras, reina y cría, con unos golpecitos suaves, ayudando a las rezagadas con un pincel. Cuatro consejos para esta especie:

  • La barrera, antes que las hormigas. Pon el aceite en el borde del forrajeo y comprueba la tapa antes de abrir el tubo.
  • Siempre dentro del forrajeo. Vuelca dentro, nunca por encima del borde, y ten la tapa a mano.
  • Calma ante los gásteres en alto. Es normal que, al moverlas, levanten el gáster: es su forma de defenderse. Trabaja despacio y sin soplar sobre ellas.
  • Localiza a la reina. Comprueba que ha entrado en el nido antes de retirar el tubo.

Como compras una colonia ya en marcha, te ahorras la fase más delicada, la fundación, y empiezas directamente con lo mejor: verla crecer.

Alimentación

Es la clave de esta especie: si la alimentas bien, crecerá a un ritmo espectacular.

Azúcares, siempre disponibles. Los líquidos azucarados, ad libitum: que nunca les falten. Para que la dieta sea variada, en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana. También puedes añadir proteína al néctar.

Ponlo siempre en un bebedero y nunca en algodón: el algodón se enmohece y el líquido se estropea enseguida. Usa un bebedero tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible, y renuévalo antes de que fermente. Con una colonia grande, pon varios puntos de azúcar para que no se formen atascos.

Proteína: cuanta más, mejor. Aquí está el motor del crecimiento. En Antomas lo decimos claro: cuanta más proteína, mejor y más rápido crecen. Si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros. Retira siempre los restos.

El tipo de presa depende del tamaño de la colonia:

  • Colonias pequeñas: de momento, solo cazan pequeños artrópodos. Ofréceles Drosophila, minigrillos, pececillos de plata (Thermobia) o trozos de insectos más grandes.
  • Colonias grandes: casi de todo: grillos, cucarachas, moscas y moscones, tenebrios… Son muchas, muerden fuerte y usan su defensa química para aniquilar a sus presas. Una presa que a una colonia pequeña la asustaría, una colonia grande la cubre de obreras en poco tiempo.

Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo, y cómpralos a un proveedor de confianza: los insectos tratados con insecticidas o acaricidas pueden matar a la colonia. Y no las dejes con hambre: los criadores de otras Crematogaster cuentan que, cuando les falta algo, lo salen a buscar fuera, y una colonia hambrienta pone a prueba cualquier barrera.

Agua. Siempre, en el tubo de ensayo con algodón de la zona de forrajeo. Aunque vivan en seco, el agua no les puede faltar nunca.

Diapausa

No hace diapausa. En su región de origen no hay invierno: las mínimas medias no bajan de unos 18 °C ni en la costa ni en la sabana del interior (ver «El clima de su hogar»). Las tiendas que la venden coinciden en que se mantiene activa todo el año. En Antomas la mantenemos a 24–28 °C, sin bajada invernal. Si en invierno tu casa baja de 24 °C, usa una fuente de calor suave, con termostato, en un lateral del nido, nunca debajo de todo el nido, para que la colonia pueda elegir. Evita los cambios bruscos.

Comportamiento en cautividad

Acróbatas a la vista. Al abrir el forrajeo o al acercar una presa, verás muchos gásteres levantados: uno de los grandes espectáculos de la especie.

Cacerías en grupo. Con presas grandes, verás cómo la rodean, la sujetan entre muchas y la despiezan o la arrastran al nido.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Se acostumbran a tu presencia.

Señales de alarma:

  • Muchas obreras merodeando por la barrera o por la tapa: revisa la humedad del nido y que no les falte comida ni agua.
  • Moho en el nido o en el forrajeo: exceso de humedad, poca ventilación o restos olvidados.
  • Cría que se estanca o desaparece: casi siempre falta proteína.
  • Obreras amontonadas en el forrajeo, sin sitio dentro: toca ampliar.

Fugas y barreras

Las Crematogaster tienen fama de escapistas, y los foros de criadores coinciden en que las fugas son el mayor reto del género. Con C. senegalensis, en la experiencia de Antomas, la cosa es más sencilla: con una barrera de aceite va bastante bien y, como refuerzo extra, puedes añadir vaselina. Además, es bastante menos escapista que su prima asiática, la Crematogaster aurita.

Aun así, no te confíes. El punto débil no son las paredes, sino los huecos: sus obreras son pequeñas y se cuelan por cualquier rendija. En una colonia numerosa basta con que una encuentre un hueco para que la siga un camino entero. Un criador de otra Crematogaster contaba que su colonia cruzó en una sola noche por un punto minúsculo sin barrera y se instaló en un escritorio. Por eso:

  • Tapa ajustada y sin rendijas: comprueba que cierra bien en todo el contorno.
  • Revisa uniones, norias, tapones y conexiones: cualquier holgura es una salida.
  • Barrera de aceite continua en el borde del forrajeo, sin interrupciones, y renuévala cuando se ensucie.
  • Nada que haga de puente: ni restos, ni decoración, ni el bebedero tocando la barrera.
  • Forrajeo seco y colonia bien alimentada: en otras Crematogaster, el exceso de humedad y la falta de comida empujan a buscar la salida.

Manejo y seguridad

Su aguijón no inyecta: está hecho para untar a otros insectos, no para picar a las personas. Lo que sí pueden hacer es morder, y para su tamaño muerden fuerte, y dejar en la piel algo de su secreción defensiva. No hemos encontrado datos sobre el efecto de la secreción de esta especie en las personas, así que, por prudencia, en Antomas recomendamos manipularlas siempre con herramientas entomológicas, como un pincel suave o unas pinzas blandas, nunca con las manos, lavarte las manos después de trabajar con la colonia y tener precaución si eres alérgico a las picaduras de himenópteros. Trabaja despacio, sobre todo con colonias grandes, para no alterarlas más de la cuenta y no perder ni dañar a la reina. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.

Qué no hacer

  • Mojar el nido o mantener húmeda una colonia grande: deben estar secas.
  • Olvidar la ventilación: el aire quieto trae condensación y moho.
  • Dejar rendijas en la tapa, en las uniones o en las conexiones: las obreras pequeñas se cuelan por cualquier hueco.
  • Dejar que la barrera de aceite se interrumpa o que algo le haga de puente.
  • Quedarse sin agua: secas, pero nunca sedientas.
  • Poner el azúcar en algodón: siempre en bebedero.
  • Quedarse corto con la proteína, darles siempre el mismo insecto o dejar restos sin retirar.
  • Hacerles diapausa o bajarles la temperatura en invierno.
  • Esperar a que el nido esté abarrotado para ampliar: crecen muy deprisa.
  • Manipularlas con las manos.
  • Tenerlas escondidas: están para observarlas y disfrutarlas; hazlo con delicadeza, interviniendo lo menos posible.

Fuentes científicas

Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Crematogaster senegalensis y su género, de los datos climáticos de su región de origen y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

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  2. Blaimer, B. B. (2012). A subgeneric revision of Crematogaster and discussion of regional species-groups (Hymenoptera: Formicidae). Zootaxa 3482: 47–67. doi:10.11646/zootaxa.3482.1.3
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Dificultad
Intermedio
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