Carebara bengalensis - Hormiga Mini-Tanque
Un ejército en miniatura. La Hormiga Mini-Tanque es una Carebara del sudeste asiático, hermana pequeña de la célebre hormiga tanque: obreras de un rojo anaranjado intenso y de poco más de un milímetro, y soldados oscuros de cabeza enorme, tan grandes como su única reina. Forma columnas, lanza incursiones y guarda reservas en soldados despensa. Pertenece a un género de récords, con reinas gigantes, okupas de termiteros y soldados con la cabeza en forma de tapón. Come de todo, entierra sus tesoros y trepa como pocas. Muy resistente, pero exige humedad alta y un montaje sin una sola rendija. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 3/5 – Avanzado
La hermana pequeña de la hormiga tanque: una Carebara dimórfica del sudeste asiático, con obreras diminutas de color rojo anaranjado y soldados oscuros de cabeza grande, que en el hobby se vende como «bengalensis» (aquí te contamos por qué no lo es). Colonias con reina, de una sola reina y muy resistentes. 24–27 °C todo el año, sin diapausa, humedad alta (que nunca se sequen), nido de tierra, terrario o nido de yeso, y comen de todo. Clave: un montaje con cierre perfecto, porque las obreras se cuelan por cualquier rendija, y una barrera de polvo de talco.
La Hormiga Mini-Tanque es la hermana pequeña de la hormiga tanque, Carebara diversa. Es una Carebara del sudeste asiático con dos tipos de obreras muy distintos: unas obreras diminutas, de un rojo anaranjado intenso y de las más pequeñas que se pueden ver en un hormiguero, y unos soldados de cabeza grande, más oscuros, que miden prácticamente lo mismo que su única reina. Es, en cierto modo, una hormiga tanque a escala reducida: donde su hermana mayor tiene soldados de más de un centímetro, la minitanque los tiene de unos pocos milímetros. Y comparte con ella el apetito: come de todo y entierra la comida.
En el hobby se vende como Carebara bengalensis y, a veces, como «qianliyan». En Antomas mantenemos el nombre comercial, porque es como la conoce todo el mundo, pero queremos ser claros desde el principio: no es una bengalensis de verdad, y te contamos por qué en el primer apartado. Como de casi todas las Carebara pequeñas, de ella se sabe muy poco, así que en esta ficha separamos siempre tres cosas: lo que está documentado del género y de sus especies asiáticas, lo que se sabe de parientes como la hormiga tanque y lo que hemos aprendido criándola en Antomas.
Biología
¿Bengalensis? ¿Qianliyan? La verdad sobre su nombre
Empecemos por el nombre, porque preferimos contártelo nosotros.
La auténtica bengalensis. El nombre se remonta a 1902, cuando el mirmecólogo suizo Auguste Forel describió Oligomyrmex bengalensis a partir de solo dos ejemplares: una reina y un macho, recogidos en Barrackpore, en Bengala Occidental, junto al delta del Ganges. En 2004, cuando se reorganizó el género, pasó a llamarse Carebara bengalensis. Más de un siglo después, su obrera y su soldado siguen sin describirse: en la clave de identificación de las Carebara de la India figura entre las especies conocidas solo por reinas, o por reinas y machos, y su distribución conocida se limita al subcontinente indio: India, Bangladés y Nepal.
La consecuencia es sencilla: no hay forma de comparar una colonia con la bengalensis de Forel. Para identificar una Carebara, los taxónomos se fijan sobre todo en las obreras y en los soldados (el número de artejos de las antenas, los dientes de las mandíbulas, las espinas del tórax, la escultura del gáster…), y de bengalensis no se conoce ni lo uno ni lo otro. Y hay más: en 2024, el equipo de Zhi-yu Liu revisó las Carebara de China y rechazó expresamente la presencia de C. bengalensis en ese país, tras consultarlo con otro especialista.
¿Y «qianliyan»? El otro nombre con el que circula sí corresponde a una especie real: Carebara qianliyan Terayama, 2009, descrita a partir de soldados y obreras de Taiwán. Su descripción original la separa de las demás Carebara asiáticas por su gran tamaño para el género (el soldado del ejemplar tipo mide unos 3,8 mm), y por las finas estrías longitudinales del primer segmento del gáster del soldado. En 2025, Kohei Matsuura, Shingo Hosoishi y Hong Thai Pham volvieron a examinar ese ejemplar y comprobaron que sus antenas tienen 11 artejos, y no 9, como decía la descripción original, de modo que probablemente pertenece al grupo de especies C. pygmaea, un grupo de Carebara dimórficas del sudeste asiático. Con soldados de unos 3,8 mm, encaja bastante bien con los nuestros. Pero solo se conoce de Taiwán, y nadie ha comparado las colonias del hobby con el ejemplar tipo, así que tampoco podemos decir que sea ella.
El nombre, por cierto, tiene su historia. Terayama bautizó varias hormigas de Taiwán con nombres de deidades y personajes del folclore chino, entre ellos la propia Mazu, la diosa del mar. Lo más probable es que qianliyan sea la transcripción de 千里眼, «el ojo que ve a mil li» (el li es una antigua medida china de distancia, de unos 500 m). Qianliyan es uno de los dos generales que custodian a Mazu en sus templos; el otro es Shunfeng'er, «el oído que oye con el viento». No hemos podido leer la etimología en la descripción original, así que la damos como probable. Pero tiene su gracia que a una hormiga de pocos milímetros le tocara el nombre de un guardián de vista prodigiosa.
Entonces, ¿qué es? Con lo que se sabe hoy, la Hormiga Mini-Tanque es una Carebara dimórfica del sudeste asiático cuya identidad exacta está sin resolver. Las candidatas son varias especies de obreras dimórficas descritas en los últimos años en la región, sobre todo del grupo pygmaea y de su vecino, el grupo oni, y no se puede descartar que sea una especie todavía sin nombre. No es nada raro: la taxonomía de las Carebara asiáticas está en plena revisión, con especies nuevas casi cada año y grupos redefinidos. Y el hobby, por inercia, arrastra nombres antiguos: la propia hormiga tanque se sigue vendiendo a veces como Pheidologeton, un género que desapareció en 2014.
Hablando con propiedad, deberíamos llamarla Carebara sp., es decir, una especie sin identificar. Ni siquiera le cabe un «cf.» (de confer, «compárese con»), la abreviatura que se usa cuando un ejemplar se parece mucho a una especie descrita pero no se puede confirmar: de la bengalensis de Forel no hay obreras con las que compararla. Mantenemos «bengalensis» en el nombre del producto porque es como se la conoce y se la busca en el hobby, pero ahora ya sabes lo que hay detrás. Si algún día un especialista le pone nombre, actualizaremos esta ficha.
Dos castas y nada en medio: obreras diminutas y soldados cabezones
Lo primero que llama la atención al mirar una colonia es que sus obreras no son todas iguales, pero tampoco forman una gradación de tallas: hay dos tipos, y casi nada entre ellos. Por un lado, las obreras menores, diminutas, que son la inmensa mayoría y hacen casi todo el trabajo; por otro, los soldados u obreras mayores, mucho más grandes, con una cabeza enorme en proporción al cuerpo. Es lo que los biólogos llaman dimorfismo de las obreras, y es la seña de identidad de muchas Carebara: las antiguas Oligomyrmex, que hoy forman parte del género, eran precisamente las especies dimórficas.
¿Para qué sirven dos castas tan distintas? En el género, el reparto general es claro: las obreras pequeñas cuidan la cría y las grandes defienden el nido. En algunas especies, la cabeza del soldado se ha convertido en una herramienta muy especializada, como verás más abajo. Lo que no se ha estudiado en ninguna especie asiática dimórfica es qué proporción de soldados tiene una colonia ni cómo se reparten el trabajo en el día a día. Como referencia, en un grupo de especies africanas los soldados llegan a ser casi el 10 % de las obreras en algunos nidos.
Su hermana mayor, la hormiga tanque, juega en otra liga: tiene un polimorfismo continuo, con obreras de todos los tamaños, de la más pequeña al «supersoldado», y pertenece a otro linaje dentro del género. La minitanque es más sencilla y, a su manera, más elegante: dos diseños, cada uno perfecto para lo suyo.
El imperio minitanque: una colonia de Hormiga Mini-Tanque, en un vídeo de Anthouse.
Reinas gigantes y obreras de bolsillo: una diferencia de récord
Si hay un rasgo que define al género Carebara, es este: las reinas son, en general, muchísimo más grandes que las obreras. En las Carebara en sentido estricto, el grupo original del género, las obreras miden unos 2 mm y las reinas, «enormemente agrandadas», suelen pasar de los 15 mm: más de siete veces la longitud de sus hijas. Es una de las mayores diferencias de tamaño entre reina y obrera que se conocen en las hormigas, una diferencia de récord, aunque nadie la ha convertido en una cifra oficial.
Ese tamaño tiene una ventaja evidente: una reina enorme lleva dentro muchísimas reservas para sacar adelante a sus primeras hijas. En la africana C. vidua, reinas recién fecundadas criaron en el laboratorio camadas de unas 1.000 obreras en 39 días.
No todas las Carebara son así. En las especies dimórficas del tipo de las antiguas Oligomyrmex, que es a lo que se parece nuestra minitanque, la diferencia es mucho menor: los soldados miden unos 2–2,5 mm y la reina, como mucho, el doble, unos 5–6 mm o menos. En nuestra experiencia, en la Hormiga Mini-Tanque la reina y los soldados miden prácticamente lo mismo, unos 3,5–5 mm, mientras que las obreras, de 1–1,5 mm, son diminutas. La reina sigue siendo varias veces más larga que una obrera menor, pero no es la giganta de sus primas africanas.
El mito de las reinas con polizones
Durante buena parte del siglo XX, los libros contaron una historia preciosa sobre las Carebara. Como sus obreras son minúsculas y sus reinas, gigantescas, se decía que las reinas de la africana C. vidua salían al vuelo nupcial con varias obreras diminutas agarradas a las patas, como polizones, para que las ayudaran a fundar el nuevo nido. El entomólogo George Arnold la recogió en 1915, el gran mirmecólogo William Morton Wheeler la repitió en 1923, y la historia pasó de libro en libro.
Era demasiado bonita para ser verdad. Ya en 1948, Lowe había visto que las reinas fundadoras de otra especie, C. lignata, no llevaban ninguna ayuda, y en 1989 los sudafricanos Hamish Robertson y Martin Villet estudiaron la fundación de C. vidua y no encontraron ni rastro de obreras acompañantes: las reinas fundan solas. Publicaron su trabajo con un título que no deja lugar a dudas: la fundación de colonias en Carebara vidua, o «la disipación de un mito».
Hoy se sabe que las reinas que viajan con «equipaje» existen, pero en otros géneros: las de Acropyga, por ejemplo, salen al vuelo nupcial con una cochinilla en las mandíbulas, la semilla de su futuro rebaño. Las Carebara no lo necesitan: su truco es el tamaño de la reina, que lleva dentro todo lo necesario para empezar.
¿De dónde pudo salir el mito? Es solo una suposición nuestra, pero quizá de una escena que se ve en otras Carebara: en algunas especies asiáticas, los criadores describen obreras menores subidas a la reina o a los soldados, y en la hormiga tanque las menores viajan a lomos de los soldados. En la minitanque, en cambio, las obreras no se suben ni a los soldados ni a la reina.
Okupas de termiteros
Las Carebara anidan en el suelo, en la madera podrida y, muchas de ellas, dentro de termiteros. La mejor estudiada vuelve a ser la africana C. vidua. Los ecólogos Lepage y Darlington, especialistas en termitas, encontraron sus nidos en el 2–10 % de los grandes montículos de las termitas Macrotermes, aunque también lejos de ellos, y comprobaron algo asombroso: sus obreras, diminutas, eran capaces de reducir, matar y comerse a obreras de termita mucho más grandes que ellas. Las reinas, en cambio, podían estar entre las termitas sin provocar ningún ataque.
El entomólogo Joseph Bequaert vio salir del interior de unos termiteros, en pleno vuelo nupcial, a las hembras aladas de C. junodi, con las paredes del termitero cubiertas de obreras diminutas de la misma especie. La interpretación clásica es que, por su tamaño, pasan desapercibidas y cazan termitas impunemente dentro de la fortaleza de sus vecinas. Algunas Carebara se consideran además lestobióticas, una palabra que viene del griego y significa «vivir robando»: anidan pegadas a los nidos de otras hormigas o de termitas y les roban la comida o la cría.
De la minitanque no se sabe si vive con termitas, pero al ver a sus obreras, casi invisibles, entenderás por qué el género triunfa como ladrón de guante blanco: son hormigas del tamaño de una coma.
Soldados con la cabeza en forma de tapón
Algunas hormigas cierran la entrada de su nido con la cabeza. Se llama fragmosis: un soldado con la cabeza aplanada o truncada se coloca en el agujero y lo tapa como un corcho; cuando llega una compañera, se aparta, y cuando llega un enemigo, ahí se queda. El ejemplo más famoso son las Colobopsis, las hormigas «portero» que anidan en las ramas.
En 2022, Hosoishi y sus colegas describieron una Carebara del sudeste asiático con un soldado que parece hecho a imagen de las Colobopsis: la parte delantera de la cabeza está truncada y forma un escudo en el que participan el clípeo e incluso las mandíbulas, y cada esquina trasera de la cabeza lleva un diente agudo, como un cuerno. La llamaron Carebara colobopsis, y es el primer caso conocido de cabeza fragmótica truncada en el género. Se recogió en la hojarasca de un bosque seco de tierras bajas, y su soldado es diminuto: la cabeza mide algo más de 0,8 mm de largo, poco más del doble que la de sus obreras menores.
Ojo con un matiz: que use la cabeza como tapón se deduce de su forma, porque nadie ha encontrado todavía su nido. Pero ilustra muy bien hasta dónde puede llegar la cabeza de un soldado de Carebara: de herramienta para morder y triturar a puerta blindada.
Soldados despensa
La otra gran especialidad de los soldados de Carebara es guardar comida. En 2024, al describir una especie nueva, C. laeviceps, el equipo de Liu observó que algunos soldados tenían el gáster hinchado, y que ese gáster funciona como un órgano de almacenamiento de reservas: una despensa con patas.
En la hormiga tanque, esta especialización está todavía más desarrollada. El mirmecólogo Mark Moffett describió en ella las «repletas»: obreras medianas y grandes con el buche lleno de una reserva oleosa, que viven fijas en el nido y regurgitan comida a sus compañeras. Y los criadores de C. diversa y de C. affinis cuentan que sus soldados más grandes se quedan agrupados en las cámaras y funcionan como recipientes de comida.
Y la minitanque también las tiene: en nuestras colonias hay repletas, soldados con el gáster abultado y brillante que hacen de despensa de la colonia. Si los ves, ya sabes lo que son.
La hermana pequeña de la hormiga tanque
El nombre de Hormiga Mini-Tanque no es casual. Su pariente famosa, la hormiga tanque (Carebara diversa), se llamó durante más de 150 años Pheidologeton diversus, hasta que en 2014 Georg Fischer, Frank Azorsa y Brian Fisher demostraron que Pheidologeton no tenía caracteres propios que justificaran separarlo de Carebara. Desde entonces, la hormiga tanque y la minitanque están en el mismo género, aunque en linajes distintos: la primera es polimórfica, con obreras de todas las tallas, y la segunda, dimórfica.
La hormiga tanque es famosa por sus incursiones: sale a cazar en masa, en columnas y en enjambres en abanico de decenas de miles de obreras, que le permiten recoger botín muy deprisa, robar comida a otras especies y capturar presas grandes. Su pariente de las selvas malayas, C. silenus, va todavía más rápido: sus enjambres avanzan hasta 4,5 m por hora, y sus soldados medianos y grandes se dedican a despejar el camino y a rematar a las presas.
¿Hace lo mismo la minitanque? A su escala, sí. Nadie ha estudiado cómo forrajean en la naturaleza las Carebara dimórficas asiáticas, pero en nuestras colonias la minitanque forma columnas y hace incursiones: las obreras salen en grupo, encuentran la comida, la trocean y se la llevan, o la entierran allí mismo. Un ejército de bolsillo.
Si quieres conocer a la hermana mayor, tienes su ficha completa en nuestra tienda: Carebara diversa, la hormiga tanque.
Comen de todo… y lo entierran
La mayoría de las Carebara son diminutas y subterráneas y se alimentan sobre todo de insectos muertos y otros invertebrados. Entre las presas citadas para el género hay ácaros, colémbolos y huevos de artrópodos, y el análisis de isótopos estables de seis especies africanas, una técnica que revela en qué escalón de la cadena alimentaria come un animal, las sitúa como depredadoras, algunas muy especializadas.
Su hermana mayor es el extremo opuesto: una omnívora total, que caza todo lo que puede, aprovecha la carroña y la fruta y recoge semillas directamente de las plantas.
En Antomas, nuestra experiencia con la minitanque es clara: come de todo, de insectos a líquidos azucarados. Y, como su hermana mayor, entierra la comida, algo que también describen los criadores de C. affinis. En la naturaleza, esconder el botín bajo tierra probablemente lo protege de otras hormigas; en un hormiguero, los restos enterrados se pudren y atraen ácaros (ver «Alimentación»).
Diminutas, subterráneas y casi desconocidas
El género Carebara es enorme: tiene 234 especies válidas, nueve de ellas fósiles, repartidas por las regiones tropicales y subtropicales de todo el mundo. Y, sin embargo, es de los grandes desconocidos de la mirmecología, por su tamaño y su forma de vida: obreras de uno o dos milímetros que viven bajo tierra, en la madera podrida o dentro de los termiteros, y que casi nunca se dejan ver. Muchas especies se conocen por una sola casta, y algunas, como la bengalensis de Forel, solo por la reina y el macho.
En el sudeste asiático, el ritmo de descubrimientos es frenético. Desde 2021 se han descrito especies nuevas casi cada año: una que vive en la penumbra de una cueva; otra, del grupo pygmaea, con una reina sin alas, tan parecida a una obrera que se llama ergatoide, que anida en madera podrida; varias del grupo oni, que viven en madera descompuesta o bajo piedras, desde los 370 hasta los 2.200 m de altitud, y la de los soldados con cabeza de tapón. Y en la revisión del grupo pygmaea de 2024 se describió por primera vez la reina de C. pygmaea, una especie conocida desde 1887. Ciento treinta y siete años para conocer a la reina de una hormiga: así de esquivas son.
Los propios taxónomos reconocen que se sabe muy poco de su comportamiento y de su ciclo de vida, así que cada observación en casa cuenta.
Un clima sin invierno
Su región va del clima ecuatorial al monzónico, con el subtropical solo en el extremo norte. Así lo muestran las normales climáticas de 1991–2020 de tres estaciones que cubren ese gradiente:
- Ecuatorial. Sin estaciones térmicas: medias mensuales de 27–28,5 °C todo el año, noches de unos 24 °C, lluvia todos los meses, humedad del aire del 79–84 % y días de unas 12 horas.
- Monzónico. Una estación fresca y seca (noviembre–febrero), con medias de 22–25 °C y noches de 16–20 °C; una cálida (marzo–abril), con máximas de 35–37 °C, y una de lluvias (mayo–octubre), con medias de 26–29 °C y una humedad del aire del 71–82 %.
- Subtropical, en el borde norte. Solo aquí hay invierno de verdad, con medias de 14–15,5 °C de diciembre a febrero.
¿Qué significa para la cría? Que en la mayor parte de su región no existe el invierno, ni hace falta imitarlo. Y como viven bajo tierra o en madera podrida, lo que les llega es la temperatura amortiguada y la humedad constante del suelo de un bosque tropical. Por eso en Antomas las mantenemos a 24–27 °C todo el año, sin diapausa y en un ambiente de humedad alta.
Tamaño y morfología
Una mirmicina diminuta y dimórfica: obreras menores minúsculas y de color rojo anaranjado, soldados de cabeza grande, más oscuros, y una reina que mide prácticamente lo mismo que ellos. Como no sabemos con seguridad de qué especie se trata, describimos lo que vemos en nuestras colonias y lo que se sabe de las Carebara dimórficas asiáticas.
- Obreras menores. Especialmente pequeñas: miden 1–1,5 mm, y algunas ni llegan al milímetro. Son de un color muy rojo, muy anaranjado. Son las que se escapan: pasan por rendijas que a simple vista parecen cerradas.
- Soldados. Mucho más grandes, con una cabeza grande y maciza, desproporcionada respecto al cuerpo, y de color más pardo y oscuro que las obreras. En nuestra experiencia miden 3,5–5 mm y no se escapan. En las especies asiáticas parecidas, la cabeza del soldado puede llevar cuernos, ocelos o un escudo.
- Reina. Mide prácticamente lo mismo que los soldados, unos 3,5–5 mm, y es también parda y oscura. Tampoco se escapa. Una por colonia.
- Antenas. En las Carebara dimórficas asiáticas tienen 9 u 11 artejos, según el grupo de especies: 9 en el grupo oni y 11 en el grupo pygmaea.
- Mandíbulas. Con 5 o 6 dientes, también según el grupo.
- Macho. Sin datos publicados ni medidas propias.
Si tienes un buen microscopio, tu colonia puede aportar algo a la ciencia: con fotos a gran aumento de un soldado y de una obrera menor (antenas, mandíbulas, propodeo y primer segmento del gáster del soldado) o, mejor aún, con ejemplares muertos conservados en alcohol, un especialista podría decir si es una especie conocida o una nueva. Si lo intentas, cuéntanoslo.
Medidas aproximadas
- Obreras menores: 1–1,5 mm, y algunas ni llegan al milímetro (experiencia de Antomas). En las Carebara dimórficas asiáticas medidas, la obrera menor mide 1,0–1,9 mm de longitud total, con una cabeza de 0,3–0,5 mm de ancho
- Soldados: 3,5–5 mm (experiencia de Antomas). El soldado del ejemplar tipo de C. qianliyan mide unos 3,8 mm, y los del grupo oni, 2,8–3,4 mm
- Reina: 3,5–5 mm, prácticamente igual que los soldados (experiencia de Antomas; no hay medidas científicas de la reina de ninguna Carebara dimórfica asiática)
- Macho: sin datos
Las medidas de obreras, soldados y reinas son nuestras; las de las especies parecidas sirven para comparar. Encajan con el patrón de las Carebara dimórficas: soldados de pocos milímetros y reinas que no pasan de unos 5–6 mm.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 3/5 – Avanzado
La Hormiga Mini-Tanque no es una hormiga frágil. En nuestra experiencia es muy resistente. Es lo que vemos en nuestras colonias, aunque los criadores de sus parientes grandes, C. diversa y C. affinis, las describen como sensibles a la sequedad, al frío y a los ácaros. Puede que la diferencia esté en la especie; en cualquier caso, ser resistente no es excusa para descuidar lo básico. Lo que la aparta de los principiantes son tres cosas:
- Las fugas. Sus obreras son tan pequeñas que se cuelan por cualquier rendija, y además trepan bien. El montaje tiene que tener un cierre perfecto, y por eso, de momento, no recomendamos ninguna marca de nido para esta especie.
- La humedad. Necesita un ambiente de humedad alta, constante y sin descuidos. Dejar que se deshidrate es un error grave.
- La higiene. Entierra la comida, y los restos enterrados atraen ácaros. Hay que limpiar con constancia y mantener el forrajeo algo más seco que el nido.
Y merece mucho la pena. Es una Carebara dimórfica en un hormiguero, una rareza en el comercio europeo: dos castas que no se parecen en nada, obreras casi invisibles que trabajan sin parar y la vida de las hormigas diminutas del suelo tropical, que casi nadie ha observado de cerca. Y, de propina, una pequeña incógnita taxonómica en tu estantería.
Parámetros recomendados
- Temperatura: 24–27 °C todo el año. Una bajada nocturna moderada no les hace daño: en especies parecidas, los criadores la bajan sin problemas hasta unos 22 °C. Si hace falta calor, aplícalo desde fuera, en un lateral del nido y con termostato, nunca con cables que entren en el montaje.
- Humedad del nido: alta, con una zona siempre húmeda; en buena parte de su región, la humedad del aire ronda el 75–85 % muchos meses del año.
- Humedad del forrajeo: algo más seca que la del nido, para evitar ácaros y moho.
- Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
- Ventilación: la justa para que no haya condensación ni aire viciado, y siempre a través de una malla muy fina.
- Luz: basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, con un ciclo de día y noche de unas 12 horas, como en su región.
- Diapausa: no hace (ver «Diapausa»).
Humedad alta, siempre: el error que no se perdona
Es la mitad de la clave. La minitanque necesita un ambiente de humedad alta en el nido, todos los días del año. Y tiene una ventaja que te lo pone fácil: buscan enseguida la humedad. En cuanto una parte del nido se seca, la colonia se desplaza hacia la zona húmeda, con la reina y la cría: si se amontonan en el rincón más húmedo, el resto del nido se ha secado.
Dejar que se deshidraten es un error grave. Con obreras tan pequeñas, el margen es mínimo: cuanto más pequeño es un cuerpo, más superficie tiene en proporción a su volumen y más deprisa pierde agua (es física, no un dato medido en esta especie). En la hormiga tanque, un criador perdió una colonia entera en un solo día por deshidratación. Revisa la humedad del nido cada vez que alimentes y rellena el depósito antes de que se vacíe.
Humedad alta no quiere decir encharcado: el agua estancada, el sustrato empapado y la condensación que chorrea son el paraíso del moho y los ácaros. Por eso, en Antomas preferimos un forrajeo algo más seco: el nido, húmedo; la zona donde comen, más seca y ventilada, y con los restos de comida a la vista. Los criadores de la hormiga tanque llegan a la misma conclusión.
El hormiguero: qué debe tener cualquier montaje
De momento, en Antomas no recomendamos ninguna marca de hormiguero para esta especie. No es una crítica a ningún fabricante: sus obreras son tan pequeñas que encuentran holguras donde otras especies no ven nada, y preferimos no recomendar un modelo hasta estar seguros de que es estanco para ellas. Lo que sí podemos decirte es qué debe tener cualquier montaje, comprado o casero:
- Cierre perfecto. Las tapas tienen que encajar sin juego. Si una tapa baila, por ahí saldrán.
- Holguras y tapas revisadas. Juntas, tapones, conexiones de tubos y uniones entre módulos: todo. Un truco sencillo: antes de meter la colonia, mira el montaje a contraluz; si ves luz por una junta, por ahí pasará una obrera.
- Malla muy fina en las ventilaciones. En las especies parecidas, la cabeza de una obrera menor mide 0,3–0,5 mm de ancho, así que la luz de la malla tiene que ser claramente menor (deducción nuestra a partir de esas medidas). Los criadores de C. affinis cuentan que sus obreras menores pasan por la malla de un formicario corriente.
- Nada de pasos de cable. Ni cables de calefacción, ni sondas de termómetro o de higrómetro que entren por un agujero: cada paso de cable es una puerta. El calor y las mediciones, siempre desde fuera.
En cuanto al tipo de nido, en nuestra experiencia funcionan bastante bien los nidos de tierra, los terrarios y los nidos de yeso: los tres permiten mantener una zona húmeda estable que puedes vigilar. Los requisitos de cierre son los mismos para todos; en un terrario, tapa ajustada y ventilación solo a través de malla muy fina. Si usas tierra, que no sea del jardín sin esterilizar: trae ácaros y moho. Elijas lo que elijas: primero el cierre, después todo lo demás.
Fugas y barreras
Una buena noticia y una mala. La buena: la reina y los soldados no se escapan; son demasiado grandes para las rendijas por las que se cuelan sus hermanas, así que el corazón de la colonia está a salvo. La mala: las obreras, sí. Son diminutas y trepan bien, también por superficies lisas, como cuentan los criadores de C. affinis, y si las fugas son constantes, la colonia se desangra poco a poco.
La barrera. En nuestra experiencia, con esta especie sirve casi cualquier barrera. El aceite mineral funciona bien, pero algunas obreras pueden quedar atrapadas en él, y con hormigas tan pequeñas eso significa perderlas. Por eso, en Antomas preferimos el polvo de talco. Una forma habitual de aplicarlo es mezclarlo con un poco de alcohol y pintar con un pincel una franja ancha en la parte alta de las paredes del forrajeo; al evaporarse el alcohol, queda una capa de polvo fino en la que no se pueden agarrar. Mantenla seca y renuévala cuando la veas apelmazada, sucia o con huecos.
La barrera es la segunda línea, nunca la primera. Lo que de verdad detiene a esta especie es un montaje bien cerrado; la barrera está para las que encuentren un camino que se te haya escapado. Y cuidado al abrir: abre lo justo, trabaja con calma, mejor sobre una bandeja, y cierra al terminar.
Llegada y mudanza
En Antomas vendemos colonias con reina, obreras y cría, ya en marcha. Al recibir la tuya, déjala reposar en un lugar tranquilo, a 24–27 °C, y comprueba que el tubo conserva la humedad.
Para pasarla a su hormiguero lo hacemos por volcado, y con esta especie es especialmente fácil, porque buscan enseguida la humedad: en cuanto la encuentran, se instalan.
- Prepáralo todo antes: el montaje cerrado y revisado y la zona húmeda del nido ya hidratada, para que tengan adónde ir desde el primer minuto.
- Trabaja sobre una bandeja o dentro de un recipiente amplio, para que ninguna obrera acabe en la mesa.
- Vuelca la colonia en la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido: abre el tubo y, con unos golpecitos suaves, haz caer a las obreras, los soldados, la reina y la cría. Ayuda a las rezagadas con un pincel muy fino.
- Cierra enseguida y déjalas tranquilas. En poco tiempo irán hacia la humedad del nido y meterán la cría dentro.
Si algún día tienes que cambiar la colonia de hormiguero, usa el mismo método.
Una colonia, una reina
Las colonias de la minitanque tienen una sola reina. En el género hay de todo: especies con una sola reina, como C. lignata, y otras con varias, como la hormiga tanque o C. affinis, con hasta 16 reinas según una tienda alemana.
En el género, la fundación es claustral: la reina se encierra y cría sola a sus primeras obreras con sus reservas. Nosotros vendemos colonias con reina, así que te ahorras esa fase y empiezas por la parte divertida: verla crecer. ¿Hasta dónde? No hay ningún dato publicado sobre el tamaño de las colonias de las Carebara dimórficas asiáticas. En el género hay de todo, desde grupos de especies con colonias de hasta unos mil individuos hasta las enormes colonias de su hermana mayor.
Una colonia vive de su cría. En la hormiga tanque, los criadores cuentan que las obreras menores viven uno o dos meses y que una colonia que deja de criar se queda sin obreras en pocas semanas. No sabemos si en la minitanque es igual, pero el consejo sirve: proteína abundante, humedad estable y temperatura constante, para que siempre haya cría en camino.
Alimentación
En nuestra experiencia, la minitanque come de todo, pero lo que mejor le va son los insectos y los líquidos azucarados. Hay que tener en cuenta su tamaño y su costumbre de enterrar la comida.
Proteína: abundante y variada. Es el motor de la colonia, y es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo: moscas de la fruta, grillos pequeños, ninfas de cucaracha, gusanos de la harina o de la cera troceados… Con obreras tan pequeñas, trocea o abre las presas grandes; los insectos recién muertos les sirven perfectamente, como en la naturaleza. Y compra los insectos a un proveedor fiable: los tratados con insecticidas pueden matar a la colonia.
Cuidado con la comida enterrada. Es su punto débil: entierran lo que no se comen en el momento, y esos restos, fuera de tu vista, se pudren y atraen ácaros. Ofrece la proteína en la zona seca del forrajeo, sobre una superficie lisa (un trocito de papel de aluminio o una tapa pequeña), retira lo que sobre en 24 horas como mucho, como recomiendan los criadores de sus parientes, y revisa el nido con regularidad: un punto de moho o unos puntitos blancos o pardos que se mueven junto a un resto enterrado son la señal de que hay que limpiar.
Azúcares: variados y en bebedero. En Antomas recomendamos variar los azúcares: el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero y nunca en algodón, porque el algodón se enmohece y estropea el líquido enseguida. Usa un bebedero tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible; con obreras tan pequeñas, mejor gotas pequeñas que charcos, y renuévalo antes de que fermente.
Semillas y frutos secos: solo machacados y como opción secundaria. Su hermana mayor recoge semillas, y los criadores de otras Carebara asiáticas las ofrecen, pero la minitanque es tan pequeña que difícilmente puede partirlas. Si quieres darle alguna, que sea siempre machacada (sésamo, mijo o cacahuete sin sal), en pequeña cantidad y de vez en cuando, y retira lo que no se lleven, porque también lo pueden enterrar. La base de la dieta, siempre, insectos y líquidos azucarados.
Agua: siempre disponible, en el tubo de ensayo con algodón.
Diapausa
No hace diapausa: en la mayor parte de su región no hay invierno (ver «Un clima sin invierno»). Las tiendas y los criadores coinciden en que las Carebara asiáticas no la necesitan. En Antomas la mantenemos activa todo el año, a 24–27 °C, sin bajadas invernales. Ojo, eso sí, con las habitaciones frías en invierno: en un diario de cría de la hormiga tanque, el frío de una casa mal aislada mató casi toda la cría de machos y parte de la de obreras.
Comportamiento en cautividad
Buscadoras de humedad. Van siempre hacia lo húmedo, y eso te sirve para guiarlas en la mudanza y como indicador de la humedad del nido.
Trepadoras. Las obreras suben por las paredes del forrajeo sin esfuerzo: el cierre y la barrera no se negocian.
En columna y al asalto. Forman columnas y hacen incursiones: cuando encuentran comida, salen en grupo a por ella, como una hormiga tanque en miniatura.
Enterradoras. La comida desaparece bajo tierra o dentro del nido antes de lo que esperas. No se la han terminado: está guardada.
Con despensa propia. Tienen repletas, soldados con el gáster abultado que guardan reservas (ver «Soldados despensa»).
Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Con esta especie, una lupa de mano es tu mejor aliada.
Una colonia de Hormiga Mini-Tanque en cautividad, en un vídeo de Anthouse.
Señales de alarma:
- Obreras paseando por fuera del montaje: hay una holgura, o la barrera necesita renovarse.
- Puntos de moho, condensación que chorrea o puntitos blancos o pardos que se mueven junto a la comida: sobra agua estancada o hay restos enterrados.
- Cría que se estanca o desaparece: casi siempre falta proteína, o hace frío.
Manejo y seguridad
Son inofensivas para las personas: no pueden molestarte ni hacerte nada, y su mordedura es residual. Con obreras tan pequeñas, el reto es otro: no perderlas. Como con cualquier especie, manipúlalas con herramientas entomológicas: un pincel muy fino o un aspirador entomológico, nunca con las manos. Trabaja despacio y sobre una bandeja, para no perder ni dañar a ninguna obrera, y menos a la reina. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.
Qué no hacer
- Dejar rendijas: tapas con juego, juntas flojas, conexiones mal ajustadas, mallas de luz gruesa o pasos de cable. Sus obreras encuentran cualquier hueco.
- Fiarlo todo a la barrera: lo primero es un montaje bien cerrado. Y, si usas aceite y ves obreras atrapadas, cámbialo por polvo de talco.
- Dejar que el nido se seque, aunque sea un día: deshidratarlas es un error grave.
- Encharcar el forrajeo o tolerar agua estancada y condensación: nido húmedo, forrajeo algo más seco.
- Acumular restos enterrados: retira la comida sobrante en 24 horas y revisa el nido.
- Poner los líquidos azucarados en algodón: siempre en bebedero.
- Darles siempre el mismo insecto, quedarse corto con la proteína u ofrecerles semillas enteras: si les das alguna, machacada.
- Hacerles diapausa o dejarlas en una habitación fría en invierno.
- Manipularlas con las manos.
Fuentes científicas
Ficha elaborada a partir de la bibliografía científica sobre el género Carebara, del clima de su región y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
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- Fischer, G., Azorsa, F. & Fisher, B. L. (2014). The ant genus Carebara Westwood (Hymenoptera, Formicidae): synonymisation of Pheidologeton Mayr under Carebara, establishment and revision of the C. polita species group. ZooKeys 438: 57–112. doi:10.3897/zookeys.438.7922
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- Matsuura, K., Hosoishi, S. & Sokh, H. (2024). A remarkable new species from the pygmaea species group of the genus Carebara Westwood, 1840 (Hymenoptera: Formicidae: Myrmicinae) from Cambodia. Far Eastern Entomologist 496: 1–9. doi:10.25221/fee.496.1
- Hosoishi, S., Yamane, S. & Sokh, H. (2022). Discovery of a new phragmotic species of the ant genus Carebara Westwood, 1840 (Hymenoptera, Formicidae) from Cambodia. Journal of Hymenoptera Research 91: 357–374. doi:10.3897/jhr.91.82490
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- Moffett, M. W. (2019). Marauder ants (Carebara in part). En: Starr, C. (ed.), Encyclopedia of Social Insects. Springer. doi:10.1007/978-3-319-90306-4_75-1
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