Crematogaster aurita | Compra y cuidados | Antomas
Crematogaster aurita | Compra y cuidados | Antomas

Crematogaster aurita

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Un arsenal químico en el tórax. Crematogaster aurita es una hormiga acróbata de los bosques secos de Indochina: bicolor, oscura y de cintura rojiza, con obreras de todas las tallas y un gáster en forma de corazón que alza sobre la cabeza ante cualquier amenaza. Pertenece al grupo de las Crematogaster de glándulas metapleurales gigantes, y se nota: si la molestas, responde con un olor pestilente. Unta su veneno con un aguijón en forma de espátula, trepa como pocas y crece a una velocidad exagerada. Una joya rarísima en Europa para criadores con algo de experiencia. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 3/5 – Avanzado

Hormiga acróbata de Indochina, bicolor y con obreras de todas las tallas, del grupo de las Crematogaster de glándulas metapleurales gigantes: al molestarla desprende un olor pestilente. Colonias con reina, monogínicas y de crecimiento explosivo. 24–28 °C todo el año, sin diapausa, nido Qbik Alpha bien ventilado, con algo de humedad al principio y seco cuando la colonia crece, azúcar siempre disponible y mucha proteína. Clave: todo bien cerrado, con vaselina como refuerzo, porque trepan muy bien y se saltan las barreras antifugas.

Crematogaster aurita Karavaiev, 1935 es una hormiga acróbata de Indochina: una mirmicina bicolor, de cuerpo pardo oscuro y «cintura» rojiza, que vive en los bosques abiertos y secos de las tierras bajas del sudeste asiático y que, cuando se siente amenazada, alza su gáster en forma de corazón por encima del cuerpo. Pertenece a un grupo de especies asiáticas muy especial, el de las Crematogaster de tórax hinchado, que esconden en el tórax una de las armas químicas más llamativas del mundo de las hormigas: unas glándulas metapleurales enormes, cargadas de una secreción defensiva.

No tiene nombre común, ni en español ni en ningún otro idioma, y casi no se ha estudiado fuera de los museos: de ella se conocen las obreras, su distribución y su lugar en el árbol genealógico del género, y poco más. Por eso, en esta ficha separamos siempre tres cosas: lo que está documentado de C. aurita, lo que se sabe de sus parientes más cercanos, como C. inflata y C. difformis, y lo que hemos aprendido criándola en Antomas. Y lo que hemos aprendido se resume en tres ideas: crece a una velocidad exagerada, es muy pestilente y es una escapista de primera. Vamos por partes.

Biología

Una hormiga de nombre antiguo y familia nueva

El mirmecólogo Vladímir Karavaiev la describió en 1935 en la revista Treubia, a partir de obreras recogidas en 1930 en las tierras bajas de Indochina. La situó en el subgénero Physocrema, que Auguste Forel había creado para las Crematogaster asiáticas de propodeo hinchado y cuya especie tipo es C. inflata. En 2008, los japoneses Shingo Hosoishi y Kazuo Ogata designaron una de aquellas obreras como lectotipo, el ejemplar de referencia del nombre, y al año siguiente revisaron todo el subgénero, endémico de Asia, con 12 especies.

En 2012, la entomóloga Bonnie Blaimer reorganizó el género entero, un género presente en todo el mundo y con cientos de especies, y dejó solo dos subgéneros: Crematogaster y Orthocrema. Physocrema dejó de ser un subgénero y pasó a sinónimo del subgénero Crematogaster, de modo que hoy su nombre completo es Crematogaster (Crematogaster) aurita. Las antiguas Physocrema no desaparecieron, eso sí: hoy forman el grupo inflata, uno de los grupos de especies del género.

La pieza que faltaba llegó en 2023. El equipo de Hosoishi analizó unas 4.000 bases de ADN de seis genes nucleares y dos mitocondriales y confirmó que el grupo inflata es un grupo natural, con tres subgrupos: difformis, vacca e inflata. C. aurita está en el subgrupo inflata, y su especie hermana, la más cercana, es C. onusta. Según ese estudio, el grupo nació en Sondalandia, la gran plataforma continental de la península malaya, Sumatra, Java y Borneo, hace unos 12 millones de años, a mediados del Mioceno, y lo hizo a partir de un antepasado que ya tenía el propodeo hinchado y la abertura de la glándula metapleural redonda. El «tórax hinchado» y su química no son un capricho de una especie, sino la seña de identidad de toda la familia.

¿Y el nombre? Aurita significa en latín «con orejas» u «orejuda», pero no hemos podido consultar la descripción original, así que no sabemos a qué rasgo aludía Karavaiev. Nombre común no tiene, y no vamos a inventarle uno.

Hormigas acróbatas: el gáster en forma de corazón, siempre a punto

A las Crematogaster se las llama en inglés acrobat ants, hormigas acróbatas, y también cocktail ants. El motivo salta a la vista en cuanto se las molesta: levantan el gáster, la parte final del abdomen, y lo llevan hacia delante, por encima del tórax e incluso de la cabeza, apuntando con la punta en casi cualquier dirección. Visto desde arriba, el gáster tiene forma de corazón, y por eso en inglés también se las conoce como «hormigas de San Valentín».

No es una postura de adorno. En C. scutellaris, la acróbata del Mediterráneo, un equipo de la Universidad Libre de Bruselas comprobó que, en los encuentros con otras especies, las obreras flexionan el gáster con frecuencia y tratan de untar su secreción abdominal sobre el rival. El gáster alzado es, a la vez, un aviso y un arma cargada.

Lo verás en casa en cuanto abras la zona de forrajeo o acerques una presa: decenas de obreras con el gáster en alto, girando hacia la amenaza.

Un pincel envenenado: el aguijón que unta en vez de clavar

Las Crematogaster son mirmicinas y tienen aguijón, pero no lo usan como una avispa. Su punta tiene forma de espátula y no sirve para perforar, sino para aplicar el veneno por contacto, untándolo sobre el enemigo. Con un pincel así no se pincha a nadie: con las personas, lo que notarás de esta hormiga no es una picadura, sino sus mordiscos y su olor (ver «Manejo y seguridad»).

La química de ese veneno se conoce bien en C. scutellaris, y es digna de un laboratorio. La gota se forma al mezclarse dos secreciones en la punta del aguijón: la glándula de Dufour aporta unos ésteres, acetatos de cadena larga, y la glándula del veneno aporta las enzimas que los transforman. El resultado son aldehídos reactivos, venenos de contacto más tóxicos que la secreción de partida. Es una química de dos componentes, como la de un pegamento epoxi, que solo se «activa» al salir. Y la reacción libera de paso ácido acético, el ácido del vinagre, que funciona como feromona de alarma para las compañeras.

¿Para qué sirve? En los experimentos de Bruselas, todas las especies de hormigas probadas huían en el acto al tocar el veneno con las antenas o la boca. Su toxicidad variaba muchísimo: a algunas especies las mataban tres gotitas, y otras aguantaban noventa. Las obreras nunca lo usaban contra sus compañeras, eran resistentes a su propio veneno y, curiosamente, no se las vio usarlo para cazar: su función principal es repeler a otras hormigas. En el campo, gracias a él, apartaban a Pheidole pallidula de los cebos y se quedaban con casi todas las presas.

Todo esto se ha estudiado en C. scutellaris, no en C. aurita. Pero el aguijón espatulado es común a todo el género, y en nuestra especie se suma a otra arma química, todavía más llamativa, que está en el tórax.

La hormiga pestilente: una glándula gigante en el tórax

Casi todas las hormigas obreras tienen un par de glándulas metapleurales: dos pequeños depósitos a los lados de la parte trasera del tórax. Son exclusivas de las hormigas, y su función original sería la de un antiséptico: su secreción frena hongos y bacterias, algo vital para animales que viven apiñados en nidos cálidos y húmedos. Con el tiempo, en muchas especies ha pasado a servir también como defensa química. Tienen un diseño curioso: la secreción se almacena en una cámara rígida y sale poco a poco por una abertura que no se puede cerrar, o las propias hormigas la recogen con las patas.

En el grupo inflata, esa glándula se ha disparado. Las antiguas Physocrema tienen el propodeo, la parte final del tórax, hinchado como un globo y una abertura metapleural grande y redonda, y en ellas la glándula ha dejado de ser solo un antiséptico para convertirse en un arma:

  • C. inflata tiene las glándulas metapleurales más grandes que se conocen en las hormigas en relación con el tamaño del cuerpo, con más de 1.400 células secretoras entre las dos. Cuando se las ataca, las obreras sueltan una secreción blanca y muy pegajosa que inmoviliza a los artrópodos enemigos, y esa misma secreción da la alarma a sus compañeras: la glándula antiséptica se ha convertido en una glándula de defensa y alarma. Como la glándula no tiene músculos propios, la secreción sale por la presión de los músculos del tórax o cuando algo aprieta a la hormiga.
  • C. difformis, del mismo grupo, suelta continuamente pequeñas cantidades de una secreción antiséptica, que no es pegajosa, y cuando pelea con otros animales aumenta la descarga. En palabras de Ulrich Maschwitz, que la estudió en 1974, los enemigos son repelidos por su «irritante olor a alquitrán». Su química es fenólica: 3-propilfenol, 3-pentilfenol, meleína y dos resorcinoles, que la hormiga libera como repelente cuando otras hormigas atacan su cintura, la zona más vulnerable de su cuerpo, y que tienen además cierta actividad insecticida.
  • En otras dos especies del grupo, estudiadas en Borneo, se han encontrado además ácidos salicílicos y resorcílicos de cadena larga, algunos de ellos presentes también en líquenes. Los autores lo resumen así: al molestarlas, estas hormigas sueltan una secreción blanca de sus glándulas metapleurales hipertrofiadas.

¿Y C. aurita? De su secreción no hay ningún análisis publicado. Lo que sí podemos contarte es nuestra experiencia: es una hormiga muy pestilente. Cuando se la molesta, libera su secreción por la glándula metapleural. El líquido no se llega a ver y, en nuestra experiencia, no mancha ni irrita: lo que se nota, y mucho, es el olor, en cuanto se abre el hormiguero o se manipula la colonia. Encaja a la perfección con lo que se sabe de su grupo: una glándula hipertrofiada, una secreción defensiva y, en su pariente C. difformis, un olor irritante «a alquitrán». Pero no sabemos qué compuestos lleva la de C. aurita, y por eso no te diremos que es fenólica ni pegajosa: es lo más probable, pero nadie lo ha medido.

En la naturaleza, esta química tiene todo el sentido: una secreción que apesta, repele y avisa a las compañeras a la vez es una defensa muy eficaz para una hormiga de tamaño medio que se cruza a diario con otras hormigas y depredadores. En C. inflata, va dirigida sobre todo contra artrópodos grandes y vertebrados. En casa, se traduce en un consejo práctico: maneja la colonia con calma y no te sorprendas si, al hacer una mudanza, el olor se queda un rato en el ambiente.

La hormiga pestilente de los árboles, en un vídeo de Anthouse.

Tan temida que tiene imitadores

¿Hasta qué punto funciona esta química? Un estudio publicado en 2004 lo demostró de la forma más curiosa. En Malasia, en los caminos de forrajeo de C. inflata, un equipo internacional de mirmecólogos encontró una Camponotus que la imitaba: el mismo patrón amarillo brillante y negro, la misma forma de caminar y siempre por los caminos de su modelo. Ofrecieron ambas hormigas a pollitos. C. inflata les resultaba desagradable; la Camponotus, en cambio, era comestible. Y, después de probar C. inflata, los pollitos dejaron de atacar también a la imitadora.

Es un caso de mimetismo batesiano: una especie inofensiva que se aprovecha de su parecido con otra que los depredadores evitan. Entre insectos sociales que se imitan entre sí es algo muy raro, y la Camponotus lleva el truco hasta el final: aprovecha también las presas de su modelo, aunque C. inflata la ataque. Todo esto se ha estudiado en C. inflata, no en C. aurita, pero ilustra muy bien lo que significa pertenecer a este grupo: llevar en el tórax una defensa tan eficaz que a otras hormigas les compensa parecerse a ti.

No, no es ácido fórmico

Mucha gente, incluidos criadores con experiencia, asocia cualquier olor de hormiga al ácido fórmico. Es comprensible: el ácido fórmico debe su nombre a las hormigas (formica, en latín), y el olor agrio de un hormiguero de Formica removido es inconfundible. Pero lo de C. aurita no es eso.

El ácido fórmico como veneno es una especialidad de una sola subfamilia, las formicinas: Formica, Camponotus, Lasius, Polyrhachis, Oecophylla y compañía. Lo fabrican en la glándula del veneno y lo expulsan por el acidoporo, una boquilla en la punta del gáster que solo tienen ellas. Incluso se tragan ese veneno tan ácido para desinfectar la comida que llevan en el buche. Las Crematogaster, en cambio, son mirmicinas: no tienen acidoporo, tienen un aguijón espatulado y su veneno es otra química. En C. scutellaris, el ácido que interviene es el acético, como feromona de alarma. No conocemos ningún estudio científico que atribuya ácido fórmico a las Crematogaster.

Lo que huele en una colonia de C. aurita procede, con toda probabilidad, de dos fuentes: la secreción de sus enormes glándulas metapleurales, que en sus parientes es fenólica y huele a alquitrán, y las gotas de veneno de su aguijón. Dos armas químicas, y ninguna de ellas «fórmica».

Obreras de todas las tallas

Si miras de cerca una colonia de C. aurita, verás enseguida que no todas las obreras son iguales. Hay obreras pequeñas, medianas y grandes, con todos los tamaños intermedios: un polimorfismo continuo. La revisión de Hosoishi y Ogata la describe como «fuertemente polimórfica en tamaño»: la anchura de la cabeza va de 0,95 a 1,84 mm, casi el doble de la obrera más pequeña a la más grande, y la longitud del tórax, de 1,07 a 2,13 mm.

Y no solo cambia la talla. Las obreras grandes tienen el propodeo y los lados del tórax claramente rugosos y punteados, y el mesonoto más marcado; las pequeñas tienen esas zonas casi lisas y brillantes. El escapo de la antena, además, es proporcionalmente más corto en las grandes. Todas comparten, eso sí, unas finas estrías longitudinales en el dorso de la cabeza y en el clípeo, la placa que hay justo encima de las mandíbulas. Lo que no se ha estudiado es si las obreras grandes y las pequeñas se reparten el trabajo.

En la experiencia de Antomas, es un polimorfismo pequeño y continuado: no hay soldados de cabeza enorme, como en Pheidole o en Carebara, sino una gradación suave de tallas que se aprecia muy bien en una colonia grande. Y, sobre todo, son bastante grandes para ser Crematogaster: al lado de las acróbatas autóctonas de la península ibérica, sus obreras grandes llaman la atención.

Bicolor y sin espinas: cómo reconocerla

Su coloración está bien descrita: la cabeza, el promesonoto (la parte delantera del tórax), el pecíolo, el pospecíolo, el gáster y las patas son de color pardo oscuro, casi negro a simple vista, y la parte trasera del tórax, el metanoto y el propodeo, es pardo rojiza. Es el «bicolor» de nuestro catálogo: una hormiga oscura con la «cintura» del tórax encendida.

Otros rasgos para reconocerla, todos de la revisión de Hosoishi y Ogata:

  • Sin espinas. La mayoría de las Crematogaster llevan dos espinas en el propodeo; C. aurita no tiene ninguna. En su subgrupo, las espinas no llegan a desarrollarse.
  • Propodeo algo elevado sobre el promesonoto, con la abertura de la glándula metapleural redonda y el espiráculo, el orificio respiratorio, muy cerca de ella.
  • Cintura robusta: el pospecíolo es más ancho que largo.
  • Pelos erectos abundantes en la cabeza y en el tórax.

¿Con quién se puede confundir? Con su pariente C. inflata, de coloración parecida, que vive más al sur, en la península malaya y en Sondalandia, y que es negra y amarilla brillante. Se distinguen por las estrías longitudinales del clípeo y por el cuerpo más esculpido de C. aurita; C. inflata es lisa y brillante, y tiene el propodeo mucho más hinchado.

Huellas químicas con las patas traseras

La mayoría de las hormigas marcan sus caminos con feromonas que salen del gáster, rozándolo contra el suelo. Las Crematogaster lo hacen de otra manera: marcan con las patas traseras. En 1968, el entomólogo R. H. Leuthold describió en C. ashmeadi una glándula en la tibia de la pata trasera: un depósito con forma de huso, lleno de una sustancia oleosa, que un conducto finísimo lleva hasta el tarso, el «pie» de la hormiga. Las obreras van tamborileando con los tarsos traseros y dejan una pista de «huellas» olorosas; el gáster no toca el suelo ni siquiera cuando trazan un camino nuevo. Ese mismo año, D. J. C. Fletcher y J. M. Brand llegaron a la misma conclusión en una especie sudafricana, C. peringueyi.

No se ha estudiado en C. aurita, pero es un rasgo del género, y en cautividad se nota: los criadores de otras Crematogaster coinciden en que reclutan muy rápido, y en cuanto aparece comida, el camino hasta ella se llena de obreras.

Ganaderas de pulgones y cochinillas

Muchas Crematogaster viven en buena parte del mielato, el líquido azucarado que excretan pulgones, cochinillas y otros hemípteros. Las hormigas los protegen y los «ordeñan», en una relación que los biólogos llaman trofobiosis. En su grupo de especies, C. inflata se ha encontrado con nidos asociados a cochinillas en las grietas de la corteza o bajo la corteza suelta de los árboles. Además del mielato, las Crematogaster cazan pequeños insectos y aprovechan el néctar y otros recursos de las plantas.

El género ha llevado su relación con las plantas muy lejos. En los bosques del sudeste asiático, algunas Crematogaster viven dentro de árboles del género Macaranga, que les dan casa y comida a cambio de protección, y llegan a podar las plantas vecinas que tocan a su árbol, para que no entren hormigas enemigas por esos «puentes». Las que viven en Macaranga de tallo cubierto de cera resbaladiza, una barrera natural que frena a las hormigas competidoras, podan menos que las demás. Ya ves que este género sabe mucho de barreras… y de cómo saltárselas.

De la dieta de C. aurita en la naturaleza no hay datos. En cautividad no necesita trofobiontes: los sustituimos por líquidos azucarados siempre disponibles y mucha proteína (ver «Alimentación»).

Del bosque seco a las plantaciones de teca

C. aurita es endémica de la península indochina y vive en las tierras bajas: los registros con altitud rondan los 150–200 m, y no hay indicios de que sea una especie de montaña. No llega al sur del istmo de Kra, el estrecho cuello de tierra que separa Indochina de la península malaya. Hosoishi y su equipo creen que la frena su escasa capacidad de dispersión y su preferencia por los hábitats abiertos y secos, y proponen que su linaje llegó a Indochina aprovechando los «corredores de sabana» que se abrían en Sondalandia durante los periodos glaciares, cuando bajaba el nivel del mar.

Los lugares donde se ha recogido lo confirman: bosque mixto caducifolio, plantaciones de teca, un jardín botánico y estaciones forestales. Son bosques que pierden buena parte de sus hojas en la estación seca y dejan pasar el sol hasta el suelo: nada que ver con la selva siempre húmeda y oscura. En las observaciones de naturalistas aparece también en parques y campus universitarios, y alguna vez en el tronco de un árbol, lo que apunta a que forrajea por los árboles, como tantas especies de su género.

¿Y el nido? Es uno de los grandes huecos: no se ha publicado ninguna descripción del nido de C. aurita. En el género los hay de todo tipo: en madera muerta, en ramas y tallos huecos, en el suelo o construidos con cartón, una pasta de fibras vegetales masticadas, y su pariente C. inflata hace nidos de tierra o de cartón en ramas altas. En el caso de C. aurita, no lo sabemos, y preferimos decirlo antes que inventarlo. Tampoco sabemos si en cautividad construye cartón o tabiques, así que no te lo vamos a prometer.

Monzón, estación seca y nada de invierno

El clima de su área es tropical monzónico, con tres estaciones bien marcadas:

  • Estación fresca y seca (noviembre–febrero). Casi sin lluvia y con mucho sol. En las tierras bajas del sur de su área, medias de 26–28 °C; en el extremo norte, medias de 22–25 °C, con mínimas medias de unos 15–17 °C y alguna noche fría ocasional.
  • Estación cálida y seca (marzo–abril). Es el pico de calor del año, con máximas medias de 35–38 °C y la humedad del aire en su punto más bajo.
  • Estación de lluvias (mayo–octubre). El monzón del suroeste trae el 80–90 % de la lluvia del año, con medias de 27–30 °C, mínimas estables de 23–25 °C y una humedad del aire del 77–84 %.

La duración del día cambia poco: de unas 11 horas en diciembre a algo más de 13 en junio. Las medias mensuales van de unos 22 a 30 °C, y las mínimas medias no bajan de unos 15 °C ni en el mes más fresco. No hay un invierno de verdad.

¿Qué significa para la cría? Que lo que marca su año no es el frío, sino el agua: meses de sequía seguidos de meses de lluvia. Por eso la mantenemos a 24–28 °C todo el año, en nidos bien ventilados que, en cuanto la colonia crece, se mantienen secos. La estación fresca de su región es solo contexto: no hace falta imitarla.

Una sola reina y un crecimiento explosivo

En las Crematogaster hay especies con una sola reina y especies con muchas. De C. aurita no se ha publicado nada sobre sus colonias: ni cuántas reinas tienen, ni cómo es la reina, ni cómo fundan.

Lo que sí podemos contarte es nuestra experiencia: sus colonias son monogínicas, con una sola reina, que mide unos 9–12 mm, y crecen exageradamente rápido. Con buena comida y la temperatura adecuada, una colonia de unas decenas de obreras se convierte en poco tiempo en una población numerosa, que necesita más espacio, más comida y más vigilancia de las fugas.

En otra Crematogaster asiática, C. rogenhoferi, las tiendas y los criadores hablan de colonias de miles e incluso de decenas de miles de obreras en la naturaleza. Hasta dónde llega C. aurita no se ha medido nunca, ni en la naturaleza ni en cautividad. Por el ritmo exponencial al que crecen nuestras colonias, en Antomas estimamos que muy probablemente superen con facilidad las 100.000 obreras; es una estimación nuestra, no un dato medido. En Antomas vendemos colonias con reina, ya en marcha, así que te ahorras la fase más delicada, la fundación, y empiezas directamente por la parte divertida: verla crecer.

Tamaño y morfología

Mirmicina de tamaño medio para su género, bicolor, con obreras de tallas muy variadas, gáster en forma de corazón y tórax sin espinas.

  • Coloración. Pardo oscuro, casi negro, con el metanoto y el propodeo pardo rojizos.
  • Polimorfismo. Continuo: de obreras pequeñas, casi lisas y brillantes, a obreras grandes, más rugosas en el tórax.
  • Cabeza. Algo más ancha que larga, con estrías longitudinales en el dorso y en el clípeo y abundantes pelos erectos.
  • Tórax. Sin espinas propodeales; propodeo algo elevado, con la abertura de la glándula metapleural redonda.
  • Cintura y gáster. Pecíolo y pospecíolo, este más ancho que largo; gáster en forma de corazón, que pueden alzar por encima del tórax.
  • Aguijón. Espatulado: unta el veneno en vez de clavarlo.
  • Reina. No hay ninguna descripción publicada. En la experiencia de Antomas mide unos 9–12 mm, y cada colonia tiene una sola.
  • Macho. No hay ninguna descripción publicada.

Medidas aproximadas

  • Obreras: anchura de la cabeza, 0,95–1,84 mm; longitud de la cabeza, 0,89–1,80 mm; longitud del tórax, 1,07–2,13 mm
  • Longitud total de la obrera: no publicada; la cabeza y el tórax suman ya unos 2,0–3,9 mm, sin contar el gáster (cálculo nuestro a partir de esas medidas)
  • Reina: 9–12 mm (experiencia de Antomas; no hay medidas publicadas)
  • Macho: sin medidas publicadas

Las medidas de las obreras son de tres ejemplares, del más pequeño al más grande, publicadas en la revisión de Hosoishi y Ogata (2009). La de la reina es nuestra: no hay morfometría publicada de la reina ni del macho.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 3/5 – Avanzado

C. aurita no es difícil de mantener: come de todo, no necesita diapausa y se conforma con un nido bien ventilado, seco en cuanto la colonia crece, a la temperatura de una casa templada. Lo que la aparta de los principiantes es su manejo, por cuatro motivos:

  • Crece muy rápido. La colonia se multiplica en poco tiempo y pide ampliaciones, más comida y más limpieza antes de lo que espera alguien que empieza.
  • Son muchas. Una colonia madura es una marea de obreras rápidas, de tallas muy distintas, y abrir el hormiguero exige orden y calma.
  • Su defensa química es pestilente. Al molestarlas liberan su secreción por la glándula metapleural. No mancha ni irrita, pero el olor se nota, y hay que manejarlas con calma para no llenar la habitación de él.
  • Trepan como pocas. Se saltan las barreras antifugas, así que el montaje tiene que estar bien cerrado desde el primer día.

Y merece mucho la pena. Pocas hormigas ofrecen tanto en un solo hormiguero: obreras de todas las tallas, gásteres en forma de corazón alzados en cuanto algo se mueve, una química defensiva de manual y una colonia que, bien alimentada, crece a ojos vista. Es, además, una especie muy rara en el comercio europeo y casi sin documentar en el hobby.

Parámetros recomendados

  • Temperatura: 24–28 °C todo el año. No necesita calor excesivo: en una casa templada suele bastar, y, si hace falta, una fuente de calor suave en un lateral del nido, con termostato. Es el rango de las medias de su área de distribución (ver «Monzón, estación seca y nada de invierno»).
  • Humedad: algo de humedad al principio y secas después. Con la colonia pequeña, humedece un poco una parte del nido; cuando la colonia es grande, deja de humedecerlo, como se hace con las Camponotus. La zona de forrajeo, siempre seca, y el agua para beber, siempre disponible en un tubo de ensayo con algodón.
  • Ventilación: buena, siempre. Es tan importante como la humedad baja.
  • Luz: basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche; en su área, el día dura entre unas 11 y 13 horas.
  • Diapausa: no hace (ver «Diapausa»).

Algo de humedad al principio; secas y ventiladas después

Es la clave del montaje. En Antomas lo hacemos como con las Camponotus: al principio, algo de humedad en una parte del nido, para que la colonia joven y su cría estén cómodas; cuando la colonia es grande, se quita, y a partir de ahí deben estar secas. Y siempre con buena ventilación. Por eso recomendamos nidos de la gama Alpha. Encaja con todo lo que se sabe de ella: vive en bosques caducifolios abiertos y secos y en plantaciones de teca, en una región con meses enteros sin lluvia, y su linaje se asocia a los hábitats abiertos y secos.

Los diarios de cría de otra Crematogaster asiática, C. rogenhoferi, lo confirman por la vía difícil. En uno, la humedad era demasiado alta al principio y las obreras intentaban escaparse en masa; al cerrar bien la tapa y dejar secar el terrario, dejaron de intentarlo. En otro, con humus húmedo, el higrómetro marcaba siempre un 90 %, y el problema se arregló al cambiar a arena. Además, la condensación estropea las barreras de PTFE, que ya de por sí funcionan mal con este género.

Seco no quiere decir sin agua: el tubo de agua para beber no debe faltar nunca. Y la humedad del principio es poca y en una sola parte del nido: lo que hay que evitar siempre es el nido mojado, el sustrato empapado y el aire quieto y cargado. Una buena ventilación evita la condensación y el moho y, de paso, que el olor de la colonia se acumule.

Hormigueros recomendados

En Antomas recomendamos la gama Qbik Alpha de Anthouse: hormigueros modulares, indicados para especies de nido seco, que crecen con la colonia. Para empezar, un QBIK ONE con galerías pequeñas: en una colonia joven, las galerías estrechas les dan seguridad y te permiten seguir de cerca a la reina y a la cría.

Esta especie crece exageradamente rápido, así que no tardarás en ampliar. Para continuar, pasa a galerías medianas, con más sitio para las obreras grandes y para una población cada vez más numerosa: el QBIK DUO y, después, los formatos mayores de la misma gama.

Amplía cuando el nido se les quede pequeño: una señal clara es ver muchas obreras quietas en las esquinas de la zona de forrajeo, sin sitio dentro. Pero no te adelantes demasiado: en un nido enorme para una colonia pequeña, las esquinas sobrantes acaban convertidas en basureros. Completa el montaje con estos detalles:

  • Todo bien cerrado: tapa ajustada o con malla fina, conexiones revisadas y vaselina como refuerzo (ver «Fugas y barreras»).
  • Zona de forrajeo seca y limpia, sin restos de comida que se pudran ni elementos que sirvan de puente hacia la tapa.
  • Agua siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón.
  • Un bebedero para los líquidos azucarados, que deben estar siempre a su alcance; nunca en algodón (ver «Alimentación»).

Llegada y mudanza

En Antomas vendemos colonias con reina, obreras y cría. Al recibir la tuya, déjala reposar en un lugar tranquilo, a 24–28 °C, y comprueba que tiene agua. Para pasarla a su hormiguero lo hacemos por volcado: abrimos el tubo dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y volcamos la colonia (obreras, reina y cría) con unos golpecitos suaves, ayudando a las rezagadas con un pincel. Con esta especie, tres consejos:

  • Prepáralo todo antes: el montaje, cerrado y revisado, para que la tapa esté abierta el menor tiempo posible.
  • Trabaja sobre una bandeja o dentro de un recipiente amplio: si alguna obrera trepa por tus herramientas, no acabará en la mesa.
  • Cuenta con el olor: al volcarlas se alarman y sueltan su secreción. Es normal, y con una buena ventilación se va enseguida.

Hazlo con calma y sin miedo: en poco tiempo habrán ocupado el nido. Si algún día tienes que cambiar la colonia de hormiguero, usa el mismo método.

Alimentación

Líquidos azucarados, ad libitum. Deben estar siempre disponibles: en la naturaleza, su género vive en buena parte del mielato de los hemípteros. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero y nunca en algodón, porque el algodón se enmohece y estropea el líquido enseguida. Usa un bebedero tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible, y renuévalo antes de que fermente.

Proteína: cuanta más, mejor. Es el motor de su crecimiento, y es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo: moscas, Drosophila, grillos y cucarachas pequeños o troceados, gusanos de la harina troceados… Los criadores de C. rogenhoferi cuentan que sus colonias «prefieren la proteína». Y compra los insectos a un proveedor fiable: los que están tratados con insecticidas pueden matar a la colonia.

¿Cazan? En nuestra experiencia, de momento no cazan bien las presas grandes; los pequeños artrópodos, sí. En una colonia joven, ofrece presas pequeñas, troceadas o recién muertas. Cuando la colonia es grande, todo cambia: se les puede echar casi de todo. Son muchas, muerden fuerte y usan su defensa química para aniquilar a las presas y a quien entre en sus dominios. Ver a una colonia madura rodear un grillo, con decenas de gásteres alzados, es todo un espectáculo.

Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón. Aunque su nido sea seco, el agua para beber no les puede faltar.

Diapausa

No hace diapausa: en su área no hay un invierno de verdad (ver «Monzón, estación seca y nada de invierno»). Los criadores coinciden en que las Crematogaster del sudeste asiático no la necesitan. En Antomas la mantenemos activa todo el año, a 24–28 °C, sin bajadas invernales. Ojo con las habitaciones frías en invierno: en un diario de C. rogenhoferi, la colonia creció más despacio en los meses fríos, aunque tenía cable calefactor.

Comportamiento en cautividad

Rápidas y numerosas. Reclutan en masa: en cuanto una exploradora encuentra comida, el camino se llena de obreras.

Acróbatas en guardia. Al abrir la tapa o acercar una presa, verás los gásteres en alto.

Pestilentes. Si las molestas, lo notarás por el olor. Cuanto más grande es la colonia, más se nota.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Se acostumbran a tu presencia.

Señales de alarma:

  • Obreras que se agolpan en la tapa o buscan salidas sin parar: revisa la humedad y la ventilación, porque el exceso de humedad provoca intentos de fuga en masa.
  • Condensación en las paredes o moho: sobra humedad o hay restos olvidados.
  • Cría que se estanca o desaparece: casi siempre falta proteína.
  • Muchas obreras quietas en el forrajeo, sin sitio dentro: toca ampliar.

Fugas y barreras

Es el punto más importante de esta ficha. C. aurita trepa muy bien y se salta las barreras antifugas. En Antomas lo tenemos claro: lo más recomendable es tenerlo todo bien cerrado.

  • Tapa ajustada o malla fina. La zona de forrajeo debe ir cerrada con una tapa que encaje bien o con una malla de luz muy fina. Las obreras pequeñas tienen la cabeza de menos de 1 mm de ancho, así que cualquier hueco de ese tamaño puede ser una puerta (esto último es una deducción nuestra a partir de sus medidas).
  • Revisa las rendijas. Juntas, tapas, conexiones, tapones y tubos: todo bien ajustado. Los criadores de otras Crematogaster insisten en sellar cualquier rendija y en no dejar holguras en los conectores.
  • Vaselina, como refuerzo. En Antomas, además de tenerlo todo bien cerrado, ponemos una franja de vaselina como barrera de refuerzo. El PTFE, en cambio, funciona a medias en las especies parecidas: en los foros cuentan que las Crematogaster lo cruzan «como si no estuviera», sobre todo en las paredes verticales, y que el polvo y la condensación lo estropean. Sea cual sea la barrera, es una segunda línea: nunca sustituye a la tapa.
  • Cuidado al abrir. Es el momento en que más se escapan. Abre lo justo, trabaja con calma y cierra al terminar.
  • Secas y ventiladas. El exceso de humedad dispara los intentos de fuga.

Con todo bien cerrado, una colonia de C. aurita no da problemas.

Manejo y seguridad

Su arma no es el aguijón, que es espatulado y unta el veneno en vez de clavarlo, sino los mordiscos y la química. En nuestra experiencia, muerden fuerte para su tamaño y, al molestarlas, liberan su secreción por la glándula metapleural. Tranquilo: el líquido no se llega a ver, no mancha ni irrita, y lo único que notarás es el olor, que se va ventilando. Como con cualquier especie, manipúlalas con herramientas entomológicas (un pincel suave o unas pinzas blandas), no con las manos, y trabaja despacio para no perder ni dañar a ninguna obrera, y menos a la reina. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.

Qué no hacer

  • Dejar rendijas, juntas flojas o tapas mal ajustadas: trepan muy bien y se cuelan por huecos diminutos.
  • Fiarlo todo a una barrera antifugas, aunque sea la vaselina: lo primero es tenerlo todo bien cerrado.
  • Encharcar el nido, o seguir humedeciéndolo cuando la colonia ya es grande: a partir de ahí, deben estar secas.
  • Olvidar ventilar: el aire cargado trae condensación, moho e intentos de fuga.
  • Quedarse corto con la comida en una colonia que crece tan rápido, darles siempre el mismo insecto o dejar restos sin limpiar.
  • Poner los líquidos azucarados en algodón o dejar que se acaben: siempre en bebedero y siempre disponibles.
  • Hacerles diapausa o bajarles la temperatura en invierno.
  • Abrir la tapa sin haber preparado antes lo que vas a hacer.
  • Manipularlas con las manos.
  • Esperar a que el nido reviente para ampliar: con esta especie, hay que ir un paso por delante.

Fuentes científicas

Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Crematogaster aurita, su grupo de especies y su género, de los datos climáticos de su área de distribución y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

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Dificultad
Intermedio
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