Myrmecia cf. exigua
Cabe sobre la uña de un dedo y, aun así, es una bulldog de los pies a la cabeza. Myrmecia exigua es la que John Clark describió en 1943 como la especie más pequeña del género: una cazadora del grupo urens, de los matorrales arenosos del sur de Australia, con ojos que no pierden detalle, mandíbulas tan largas como su cabeza y un aguijón de verdad. Durante décadas fue la bulldog de un solo lago, y hoy sigue siendo una rareza que casi nadie ha visto en un hormiguero. Nuestra línea, negra como el carbón y con mandíbulas naranjas, es una joya para criadores expertos: pequeña no significa fácil. Reinas fundadoras. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 5/5 – Experto
La que su descriptor llamó «la especie más pequeña del género»: una bulldog del grupo urens de los matorrales y brezales arenosos del sur de Australia, con obreras de apenas 4–4,5 mm en la especie tipo y casi inédita en el hobby. Nuestra línea es negra entera, con mandíbulas naranjas, y por eso la llamamos M. cf. exigua. Se vende como reina fundadora, de fundación semiclaustral: oscuridad total, cámara pequeña con miniarena húmeda que se deja secar, capullos en seco y presas diminutas recién matadas. Nido a 22–26 °C, larvas maduras nunca por encima de unos 28 °C, azúcar a diario y diapausa de unos 3 meses a 12–16 °C. Pequeña no significa fácil: tiene aguijón y se escapa por cualquier rendija.
Myrmecia exigua (Clark, 1943) es una hormiga bulldog en miniatura. Cuando el entomólogo australiano John Clark la describió, la presentó como la especie más pequeña del género, con obreras de 4–4,5 mm: una fracción de lo que mide una M. gulosa o una M. pyriformis. Pertenece al grupo urens, el de las bulldog pequeñas, y vive en matorrales y brezales sobre suelos arenosos del sur de Australia. Y conserva todo lo que hace respetable a una Myrmecia: ojos grandes, mandíbulas largas y dentadas, caza en solitario y un aguijón que funciona.
La línea que criamos en Antomas lleva un «cf.» en el nombre, y en esta ficha te contamos por qué: es negra entera, con las mandíbulas naranjas, mientras que la exigua que describió Clark tiene el propodeo y el nodo rojos. Es una Myrmecia pequeña del grupo urens, rarísima en los hormigueros de Europa y sin ninguna publicación sobre su cría. Por eso separamos lo documentado de M. exigua, lo que se sabe de la cría de las demás Myrmecia, muy parecida en todo el género, y lo que hemos aprendido en Antomas. La conclusión, adelantada, cabe en una frase: pequeña no significa fácil.
Biología
La bulldog más pequeña del género
En su revisión de 1943, Clark no se anduvo con rodeos: de todas las especies que estudió, exigua era la más pequeña. Una obrera mide 4–4,5 mm de largo, de modo que cabría de punta a punta sobre la uña del dedo meñique. Las gigantes del género, en cambio, superan con holgura los dos centímetros.
Porque M. exigua no es una bulldog «a medias». La descripción original detalla una cabeza con una escultura reticulada y rugosa muy fina y unas mandíbulas tan largas como la cabeza, armadas con seis dientes grandes y afilados; cada uno de los tres primeros va precedido por dos dentículos. El nodo del pecíolo tiene forma de pera y es casi tan largo como ancho, y todo el cuerpo lleva pelos erectos de color blanco amarillento sobre una pubescencia gris muy fina. Es una Myrmecia completa, solo que a escala.
Un ejemplar de la costa sur de Australia Occidental, recogido en 1985 por el mirmecólogo Philip S. Ward, da otra medida útil: una cabeza de 1,47 mm de ancho, con la mandíbula de color amarillo claro y «relativamente larga». En el otro extremo de nuestro catálogo está M. nigriscapa, una de las grandes del grupo gulosa.
Descrita como Promyrmecia, junto a un lago del mallee
Clark no la describió como Myrmecia, sino como Promyrmecia exigua. En su época, muchas bulldog pequeñas y medianas se agrupaban en Promyrmecia, y su trabajo de 1943 fue precisamente una revisión de ese grupo. Hoy Promyrmecia ya no se reconoce como género aparte: todas sus especies se incluyen en Myrmecia, y la referencia moderna para identificarlas es la revisión y clave de Ogata y Taylor (1991).
El material tipo son obreras recogidas por J. E. Dixon en Lake Hattah, un sistema de lagos rodeado de mallee en el noroeste semiárido de Victoria. Los ejemplares se reparten hoy entre Museums Victoria, la Colección Nacional de Insectos de Australia (ANIC) y el Museo de Zoología Comparada de Harvard. Y el nombre le va como un guante: exiguus, en latín, significa «pequeño, escaso, menudo».
La descripción se basó solo en obreras: en 1943, la reina y el macho eran desconocidos. Durante décadas fue, a efectos prácticos, «la bulldog de un solo lago». Los registros públicos posteriores se cuentan con los dedos de una mano: la costa suroeste de Victoria, la costa sur de Australia Occidental y alguna observación fotográfica en el suroeste de ese estado. La última síntesis de las hormigas de Australia Occidental, la de Heterick (2022), la amplía a buena parte del suroeste del estado, de modo que hoy se la considera bastante más extendida de lo que sugería su localidad tipo.
El grupo urens: bulldog de bolsillo
Las Myrmecia son un género de algo más de noventa especies, todas australianas salvo una que vive en Nueva Caledonia. Junto a Nothomyrmecia macrops, forman la subfamilia Myrmeciinae, un linaje antiguo que conserva muchos rasgos que se consideran ancestrales entre las hormigas (Ward y Brady 2003). Para ordenar esa diversidad, los taxónomos reparten las especies en grupos (Ogata 1991), y M. exigua pertenece al grupo urens, que toma su nombre de M. urens y reúne a algunas de las bulldog más pequeñas del continente.
Tienen un detalle anatómico en común que te conviene conocer: la carina occipital, un fino reborde que recorre la parte de atrás de la cabeza. Es un carácter de cuatro grupos del género (gulosa, nigrocincta, picta y urens) y falta en otros cinco, entre ellos el de las jack jumpers, el grupo pilosula (Hasegawa y Crozier 2006). Ese reborde casi invisible será la pieza clave de una pequeña historia detectivesca que te contamos más abajo.
El grupo urens es, además, uno de los más difíciles del género. En su guía de las hormigas del suroeste de Australia, Heterick (2009) advierte que la mayoría de sus nombres no se pueden asignar con seguridad solo por la morfología. Y el propio Clark ya había notado que, en algunas especies del grupo, el color del tórax y del nodo varía dentro de un mismo nido, de casi todo negro a casi todo rojo: un rompecabezas para cualquier taxónomo.
Matorrales arenosos y vegetación baja
Su localidad tipo está en pleno mallee, el paisaje de eucaliptos de porte arbustivo y varios troncos que cubre los suelos arenosos del sureste semiárido de Australia. Es un clima duro: veranos muy calurosos, apenas unos 270 mm de lluvia al año e inviernos fríos, con heladas frecuentes y una media diaria de unos 10 °C en julio, el corazón del invierno austral.
En el extremo opuesto del continente, el ejemplar de Ward se recogió en un matorral de brezal con eucaliptos de tipo mallee de la costa sur de Australia Occidental, y su etiqueta añade un detalle precioso: forrajeaba sobre vegetación baja. La síntesis de Heterick dibuja el mismo tipo de paisaje para las poblaciones del suroeste: matorral costero y brezal sobre arena, lejos de los bosques altos y cerrados, con obreras recogidas entre la hojarasca y las ramillas de casuarinas (Allocasuarina) sobre arena blanca. En esa franja costera el clima es mediterráneo y más suave, con inviernos lluviosos y una media diaria de unos 14–15 °C en julio.
Todo apunta a una hormiga de suelos sueltos, hojarasca fina y plantas bajas, con veranos cálidos y secos e inviernos frescos. De su nido no hay ninguna descripción publicada, pero el retrato basta para orientar la cría: sustrato fino, cámaras pequeñas, algo de vegetación seca en el forrajeo y un invierno de verdad.
¿Qué significa «cf.»? Por qué nuestra línea lo lleva
«cf.» es la abreviatura del latín confer, «compárese con». En taxonomía se escribe entre el género y la especie cuando unos ejemplares se parecen mucho a una especie conocida y se le asignan de forma provisional, pero algo impide cerrar la identificación. No es una etiqueta de segunda: es la forma honesta de decir «creemos que es esta, y aún no lo podemos firmar».
En nuestro caso, lo que impide firmarla es el color. Así describió Clark la obrera de M. exigua:
- Cabeza y gáster de color pardo negruzco.
- Mandíbulas amarillas.
- Antenas, pronoto, mesonoto y patas, pardos o pardo rojizos, con los tarsos de las patas delanteras y medias de color amarillo rojizo.
- Propodeo y nodo, rojos.
La línea de Antomas es negra entera, con las mandíbulas naranjas y los tarsos rojizos. Coinciden las mandíbulas claras y los tarsos claros, pero faltan el propodeo y el nodo rojos, y no se ha publicado ninguna forma negra de la especie. Por eso, en Antomas mantenemos el «cf.». Con lo que ya sabemos del grupo, el color por sí solo no basta ni para descartarla ni para confirmarla.
¿Qué haría falta para quitarlo? Medir obreras adultas, comprobar la carina occipital y la dentición de las mandíbulas, mirar con lupa el color del propodeo y del nodo y conseguir fotos macro de una obrera y de la reina, que en 1943 ni siquiera estaba descrita. Para quien la cría, el «cf.» no cambia nada de lo importante: es una Myrmecia pequeña del grupo urens, con todo el carácter de su género, que casi nadie ha tenido nunca en un hormiguero.
Una secuencia de ADN que salió donde no debía
En 2023, un equipo internacional publicó la filogenia más completa de las bulldog hasta la fecha: secuenciaron un gran número de regiones del genoma (los llamados elementos ultraconservados, o UCE) de 66 de las 93 especies del género. El resultado reordenó el árbol familiar y mostró que cinco de los nueve grupos clásicos no forman ramas naturales (Mera-Rodríguez et al. 2023).
El único ejemplar de M. exigua incluido era precisamente el de Ward. Y apareció donde nadie lo esperaba: dentro del complejo pilosula, entre las jack jumpers, un grupo con el que no comparte ni el aspecto ni la anatomía. La base de datos AntWeb lo anota como una probable contaminación o error bioinformático, y el motivo es aquel reborde de la nuca: el ejemplar tiene carina occipital, y las jack jumpers no.
Es una buena lección de ciencia: el ADN es una herramienta potentísima, pero una sola muestra puede equivocarse, y cuando contradice a la anatomía hay que revisarla. Mientras no se secuencien más ejemplares, la posición molecular de M. exigua sigue sin resolver. Tampoco ayuda que el propio grupo urens sea un caso abierto: con dos genes nucleares, Hasegawa y Crozier (2006) no pudieron confirmar que formara un grupo natural.
Una cazadora visual a ras de suelo
Como todas las Myrmecia, caza sola: cada obrera localiza, persigue y reduce a su presa sin reclutar compañeras. Y lo hace sobre todo con la vista. Los ojos de las bulldog son grandes para una hormiga, y su estructura cambia según el horario de caza de cada especie: el tamaño del ojo y de sus facetas se ajusta a si salen de día, al atardecer o de noche (Greiner et al. 2007). Incluso dentro de una misma especie, las obreras, las reinas aladas y los machos tienen ojos distintos, adaptados a sus propios horarios (Narendra et al. 2011).
De M. exigua no hay ningún estudio de actividad, así que no la etiquetamos como diurna ni como nocturna. Tampoco hay una lista publicada de sus presas. Lo que sí sabemos es dónde caza: en la hojarasca y sobre la vegetación baja, el territorio de los artrópodos de pocos milímetros. Una cazadora de 4 mm necesita presas a su medida, y eso marca su alimentación en cautividad.
En casa, la vista se nota enseguida: una obrera sigue con la cabeza el movimiento de unas pinzas aunque mida medio centímetro. Por eso recomendamos oscuridad total durante la fundación y, ya con colonia, una zona oscura en el nido para que las referencias visuales no las agobien.
Un aguijón a escala
Diminuta, sí; desarmada, no. M. exigua conserva el aguijón funcional de su género. El veneno de las bulldog es de doble uso: en M. gulosa se ha descrito una gran familia de péptidos, las aculeatoxinas, con toxinas que paralizan a los insectos y otras que activan los nervios del dolor de los mamíferos (Robinson et al. 2018).
Las picaduras de Myrmecia tienen fama, con razón, de doler bastante más que las de una abeja o una avispa, y en Australia son la primera causa de reacciones alérgicas graves por hormigas: en un estudio nacional, 265 de los 299 casos de anafilaxia con la hormiga identificada (el 89 %) se debieron a especies de este género (Brown et al. 2011). De la picadura de exigua no hay datos, y una obrera tan pequeña probablemente inyecta menos veneno, pero no es inofensiva: se maneja siempre con herramientas, nunca con la mano (ver «Manejo, mudanza y seguridad»).
Tamaño y morfología
Una Myrmecia diminuta y esbelta, de mandíbulas largas, ojos grandes y aguijón funcional, sin casta de soldados: todas las obreras tienen la misma forma y solo varían algo de talla.
- Coloración de M. exigua en sentido estricto (Clark 1943). Cabeza y gáster pardo negruzcos; mandíbulas amarillas; antenas, pronoto, mesonoto y patas, pardos o pardo rojizos; tarsos delanteros y medios, amarillo rojizos; propodeo y nodo, rojos.
- Coloración de nuestra línea. Negra entera, con las mandíbulas naranjas y los tarsos rojizos. Es la razón del «cf.» (ver «¿Qué significa «cf.»? Por qué nuestra línea lo lleva»).
- Cabeza. Con escultura reticulada y rugosa muy fina y una carina occipital, el reborde de la nuca propio del grupo urens y de otros tres grupos del género.
- Mandíbulas. Tan largas como la cabeza, con seis dientes grandes y afilados; cada uno de los tres primeros, precedido por dos dentículos.
- Pecíolo. Nodo piriforme, casi tan largo como ancho.
- Pilosidad. Pelos erectos de color blanco amarillento por todo el cuerpo y una pubescencia gris muy fina.
- Gáster. Termina en un aguijón funcional.
- Reina y macho. Desconocidos cuando se describió la especie, y sin descripciones publicadas que hayamos podido comprobar.
- Larvas. Como en todo el género, tejen un capullo de seda antes de convertirse en pupa: es uno de los momentos críticos de la cría (ver «28 °C: el techo de las larvas que hilan»).
Medidas aproximadas
- Obrera de M. exigua en sentido estricto: 4–4,5 mm de longitud (Clark 1943)
- Anchura de la cabeza de una obrera de Australia Occidental: 1,47 mm (ejemplar de Ward)
- Reina: sin medidas publicadas
- Macho: sin medidas publicadas
Son medidas de la especie descrita, no de nuestra línea: antes de publicar un número, preferimos medir nuestras propias obreras y reinas.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 5/5 – Experto
Es tentador pensar que una bulldog de pocos milímetros es más fácil que una gigante. No lo es. En Antomas le damos un 5/5 – Experto, como a todas las Myrmecia delicadas, y por varios motivos:
- Fundación semiclaustral. La reina tiene que salir a cazar y comer mientras cría a sus primeras obreras, y las fundaciones de Myrmecia son delicadas: con las primeras obreras, todo va mucho más rodado.
- Una cría exigente. Las larvas maduras necesitan temperatura contenida, un sustrato en el que puedan tejer el capullo y un gradiente de humedad que pasa de húmedo a seco.
- Presas a su escala. Hacen falta insectos diminutos, a menudo, y bien escogidos.
- Vista y estrés. Son muy visuales y se estresan con facilidad, sobre todo en la fundación.
- Fugas por huecos pequeños. Una obrera de 4 mm pasa por rendijas que una bulldog grande ni siquiera intentaría.
- Sin manual. No hay ni un solo dato publicado de su cría: trabajamos con lo que funciona en el resto del género.
Es una especie que perdona pocos fallos, así que pide revisión diaria. Si buscas una primera bulldog, empieza mejor por una Myrmecia de colonias más agradecidas, como M. pavida o M. nigriceps, cuando las tengamos disponibles. A cambio, M. cf. exigua ocupa muy poco espacio y se alimenta con presas pequeñas, y es una Myrmecia que casi nadie ha criado nunca.
Parámetros recomendados
- Temperatura del nido: 22–26 °C en la temporada activa, con un gradiente para que elijan. Viene de matorrales templados, no del trópico: nada de tenerla constante a 28–30 °C.
- Larvas maduras: nunca por encima de unos 28 °C de forma sostenida (ver el apartado siguiente).
- Humedad: en gradiente; huevos y larvas pequeñas en zona húmeda, capullos en zona seca y ventilada.
- Agua: que nunca falte; lo más práctico es un tubito de ensayo lleno y tapado con algodón, colocado en la miniarena.
- Luz: oscuridad total durante la fundación; después, nido oscuro y zona de forrajeo con un ciclo normal de día y noche.
- Diapausa: unos 3 meses a 12–16 °C en nuestro invierno.
28 °C: el techo de las larvas que hilan
Si hay una cifra que debes recordar de esta ficha, es esta. En Antomas, con todas las Myrmecia, hemos comprobado que las larvas maduras no deben pasar de unos 28 °C de forma sostenida. Por encima, aparecen problemas de hilado: larvas que no consiguen tejer el capullo, capullos incompletos o pupas que se forman sin protección y acaban muriendo. Es una observación práctica de cría, compartida por otros criadores del género, más que un mecanismo demostrado en un laboratorio.
El capullo es la última gran obra de la larva: lo teje con seda, apoyándose en las partículas de su alrededor. Si falla, se pierden semanas de trabajo, y en una fundación con media docena de larvas cada capullo cuenta.
En la práctica:
- Si quieres acelerar el desarrollo, trabaja en la franja de 24–26 °C, no más arriba.
- Si usas calor, que sea suave, en un solo lateral y con termostato, para que la colonia pueda alejar la cría.
- Cuidado con el verano. Es la época en que más problemas vemos. En olas de calor, busca la habitación más fresca de la casa, lejos de ventanas al sol, y apaga cualquier fuente de calor.
- Recuerda que en un montaje pequeño la temperatura cambia muy rápido: unos minutos al sol bastan para recalentar una cámara diminuta.
Humedad: de húmedo a seco, al ritmo de las larvas
Las Myrmecia necesitan humedad en un extremo de su vida y sequedad en el otro. Los huevos y las larvas pequeñas agradecen un ambiente húmedo. Los capullos, justo lo contrario: un capullo mojado muere asfixiado, y las obreras acaban descartándolo. En Antomas lo resolvemos con un método sencillo:
- La reina empieza en una cámara o un tubo de iniciación bastante húmedo.
- A medida que crecen las larvas, se deja secar poco a poco, sin añadir más agua.
- Cuando las larvas están listas para hilar, queda la humedad justa, y los capullos se forman en un ambiente seco.
También puedes conectar más adelante una cámara más seca, pero no cuentes con que la reina traslade sola los capullos: no siempre lo hace. Y, con una especie tan pequeña, mucho cuidado al añadir agua: en una cámara diminuta, unas pocas gotas de más llegan enseguida a la cría y la ahogan.
Sustrato dentro del nido. Una cámara lisa y desnuda es mala idea para una hormiga que teje capullos. Pon dentro del nido una mezcla de arena fina, algo de tierra mineral y fibra vegetal muy fina, como hojarasca seca desmenuzada, para que las obreras puedan colocarla alrededor de las larvas cuando empiezan a hilar. Ajusta el grano a su tamaño: lo que para una gigante es arena fina, para una obrera de 4 mm es grava. No hace falta llenar la cámara; basta con un poco que puedan transportar.
Hormiguero recomendado
Durante la fundación, la reina vive en un tubo o una cámara pequeña conectada a una miniarena: un espacio de forrajeo muy reducido, donde puedas dejarle comida sin abrir su cámara. Cuanto más pequeño sea el conjunto, más fácil es controlar la humedad, encontrar los restos y vigilarla sin molestarla.
Con las primeras obreras, en Antomas recomendamos el Qbik Wild One P 1C de Anthouse, con galerías acordes a su tamaño. Es de yeso, guarda bien la humedad y permite crear el gradiente de húmedo a seco que piden sus larvas, además de admitir sustrato dentro de las cámaras:
No la pases a un nido grande antes de tiempo: en cámaras sobredimensionadas, una colonia de pocas obreras no controla la humedad y los rincones vacíos se llenan de restos. Completa el montaje así:
- Zona de forrajeo pequeña, con arena fina, alguna piedra plana, un trozo de corteza y unas ramitas o plantas secas bajas: en la naturaleza forrajea sobre vegetación baja, y le gusta tener por dónde subir.
- Referencias estables. Para una hormiga tan visual, mover la decoración cada semana no aporta nada.
- Un tubito de agua con su tapón de algodón, para que beban cuando quieran.
- Un bebedero diminuto para los líquidos azucarados, nunca en algodón (ver «Alimentación»).
- Barrera antifugas y cierres sin holguras: es lo primero que hay que revisar con una especie de este tamaño (ver «Fugas: el peligro de ser diminuta»).
Fundación paso a paso
Vendemos esta especie como reina fundadora. Su fundación es semiclaustral, como en todo el género: la reina sale de su cámara a beber, a tomar azúcar y a cazar para alimentar a sus primeras larvas, algo que ya describieron Caryl y Edna Haskins en sus estudios clásicos de las bulldog (1950). Estos son los puntos que marcan la diferencia:
- Oscuridad total. Tapa la cámara con una cartulina o papel de aluminio y coloca el montaje en un lugar tranquilo y sin vibraciones. Con su vista, cualquier movimiento cercano la estresa, y en esta fase es cuando más daño hace.
- Humedad decreciente. Cámara bastante húmeda al principio, que se deja secar según crecen las larvas (ver «Humedad: de húmedo a seco, al ritmo de las larvas»).
- Presas muertas o recién matadas. Las reinas de Myrmecia son muy cazadoras: detectan las vibraciones y se lanzan a por lo que se mueve. Precisamente por eso, al principio recomendamos darles la presa muerta o recién matada, para que la reina no se lesione en la pelea. Para una reina tan pequeña, presas diminutas: Drosophila, ninfas recién nacidas de Thermobia o microgrillos.
- Atención a la eclosión. Es el momento más delicado. Si nacen las primeras larvas y no hay comida, la reina puede comérselas; a un criador de otra Myrmecia le bastaron unas 12 horas sin presa para perder una larva así. Desde que veas larvas, comida a diario.
- Revisión diaria. Mira cada día desde fuera, con una luz tenue y sin mover el montaje: comida, restos, humedad y estado de la cría. Es la forma de detectar a tiempo los fallos que esta especie perdona tan mal.
Pérdidas normales. En Myrmecia es normal perder algún capullo, del orden de 1 o 2 de cada diez, y la reina no es una buena niñera: su cuidado de la cría es primitivo, y a veces la deja tirada o la maltrata. No te alarmes por una baja aislada; si se pierden muchos capullos, revisa la humedad y la temperatura.
¿Cuánto tarda? De M. exigua no hay datos. En otras Myrmecia, con calor, los criadores cuentan de 6 a 10 semanas del huevo a la obrera, y las especies pequeñas suelen ser de las más rápidas del género. Pero las reinas de bulldog ponen por tandas y hacen parones largos: piensa en meses, no en semanas. Con las primeras obreras, que se encargan de la cría y de la caza, todo será más fácil.
Alimentación
Azúcares, todos los días y variados. En Antomas recomendamos alternar el Néctar Blue Sugar de Anthouse con agua con azúcar o con miel la mayoría de los días, y ofrecer algún día un trocito muy pequeño de fruta madura, como plátano, manzana o uva. Retira la fruta antes de que fermente. Los líquidos, siempre en un bebedero y nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido enseguida: con una colonia diminuta basta con una gota «tendida» sobre una superficie lisa, como un trocito de papel de aluminio o la tapa de un bebedero pequeño.
Proteína, según las larvas. La cantidad de proteína depende de la cría: cuando hay larvas, piden mucha; cuando no las hay, el interés baja. Y el tamaño de la presa crece con el de las larvas. Para una Myrmecia de este tamaño, estas son las presas que mejor funcionan:
- Thermobia domestica: sus ninfas pequeñas son una presa perfecta para fundaciones y colonias pequeñas.
- Drosophila, la mosca de la fruta, entera y recién matada.
- Microgrillos de Acheta domesticus, recién nacidos.
- Ninfas muy pequeñas de cucaracha runner o de cucaracha argentina, para cuando la colonia crece.
Cambia de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo. Y, si haces el mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar: la colonia entiende que tiene recursos de sobra y cría más y más deprisa. Si no vas a poder limpiar cada día, no te pases: en un montaje tan pequeño, la comida que sobra trae moho y ácaros enseguida. Con colonia establecida, alguna presa viva pequeña te permitirá disfrutar de su caza.
Agua: el tubito con algodón de la miniarena, siempre con reserva.
Diapausa
Vive en climas con un invierno de verdad: en su localidad tipo, la media diaria de julio ronda los 10 °C, con heladas, y en la costa suroeste de Australia ronda los 14–15 °C. Dentro del nido, bajo tierra, la temperatura está algo amortiguada. Con esos datos, en Antomas recomendamos una diapausa de unos 3 meses a 12–16 °C, en nuestro invierno:
- Baja la temperatura poco a poco, a lo largo de una o dos semanas, y súbela igual al terminar.
- No la lleves a temperaturas de diapausa europea, de 5–8 °C: es un invierno fresco, no helado.
- Durante la diapausa, agua siempre disponible, un poco de líquido azucarado y proteína solo si la aceptan o si todavía hay larvas.
No sabemos con qué prole pasa el invierno esta especie: en otras Myrmecia, unas lo hacen con larvas grandes y otras sin cría. En varias especies del género, los criadores cuentan reinas que dejaron de poner durante meses y que volvieron a hacerlo tras una parada fresca: el invierno no es un capricho, sino parte de su ciclo. Al terminar la diapausa, vuelve a la proteína en cuanto veas actividad.
Fugas: el peligro de ser diminuta
Con una bulldog grande, lo que preocupa es la tapa. Con una de 4 mm, preocupa todo lo demás: las rejillas de ventilación, las juntas entre módulos, los tapones de los tubos, el hueco que deja un algodón mal apretado o la holgura de una conexión. Antes de meter a la reina:
- Revisa cada unión del montaje. Si cabe la punta de un alfiler, puede caber una obrera.
- Malla fina en todas las ventilaciones, de una luz claramente menor que el ancho de su cabeza.
- Barrera antifugas en banda ancha en la parte alta de las paredes del forrajeo: PTFE líquido o aceite de parafina. El PTFE pierde eficacia con mucha humedad, así que revísalo a menudo y renuévalo cuando acumule polvo o restos.
- Tapa bien ajustada, como segunda línea.
- Nada que haga de puente: ni ramitas ni hojas apoyadas cerca de la barrera.
El momento de más riesgo es justo al dar de comer: es cuando más abierto está el montaje y más activas están las obreras. Trabaja sobre una bandeja de color claro, para ver enseguida a cualquier fugada, abre lo justo y cierra al terminar. No hay ningún dato de que esta especie salte; aun así, muévete despacio, porque es rápida.
Comportamiento en cautividad
Observar sin miedo, con colonia establecida. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. La oscuridad total es para la fundación; cuando ya hay obreras, basta con dejarles su zona oscura en el nido y la zona de forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Con el tiempo se acostumbran a tu presencia.
Señales de alarma:
- Larvas que desaparecen poco después de nacer: falta comida.
- Larvas que pupan sin capullo: calor excesivo o falta de sustrato en la cámara.
- Capullos oscurecidos o abandonados: exceso de humedad.
- Moho o ácaros en la miniarena: restos olvidados o humedad de más.
Manejo, mudanza y seguridad
Mudanza por volcado. Cuando toque pasar la colonia al Qbik Wild, en Antomas lo hacemos por volcado: abrimos el tubo o la cámara de fundación dentro de la zona de forrajeo del nido nuevo, junto a la entrada, y volcamos con suavidad a la reina, las obreras y la cría, ayudando a las rezagadas con un pincel muy fino. Prepara antes el hormiguero, con la barrera puesta, el tubo de agua conectado y la zona del nido a oscuras para que la ocupen enseguida, y trabaja sobre una bandeja.
Nunca con la mano. Tiene aguijón funcional, y las picaduras de Myrmecia duelen bastante más que las de una abeja o una avispa y pueden causar reacciones alérgicas graves. Usa siempre pinzas largas y finas para retirar restos, colocar comida o mover cualquier cosa del montaje. No la recomendamos a personas alérgicas a las picaduras de himenópteros, ni en casas donde haya niños pequeños o mascotas que puedan acceder al montaje.
No juntes reinas ni colonias distintas, ni las mantengas con otras especies. Y, como cualquier especie exótica, en ningún caso debe liberarse.
Qué no hacer
- Pensar que, por ser pequeña, es una Myrmecia fácil.
- Dejar que las larvas maduras pasen de unos 28 °C de forma sostenida, sobre todo en verano.
- Mantener húmedos los capullos o seguir echando agua en una cámara diminuta.
- Ponerla en una cámara lisa y desnuda, sin sustrato fino para hilar.
- Darle a la reina fundadora una presa viva grande.
- Dejarla sin comida cuando eclosionan los huevos.
- Montar la fundación con luz o en una zona de paso.
- Dejar rendijas, juntas flojas, rejillas sin malla fina o la barrera sin renovar.
- Pasarla a un nido demasiado grande para su tamaño.
- Poner los líquidos azucarados en algodón o dejar restos de comida en la miniarena.
- Saltarse la diapausa o hacerla fría, como la de una hormiga europea.
- Manipularla con las manos.
Fuentes científicas
Ficha elaborada a partir de la descripción original de la especie, la bibliografía sobre el género Myrmecia, los registros de museo, el clima de su área y la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
- Clark, J. (1943). A revision of the genus Promyrmecia Emery (Formicidae). Memoirs of the National Museum of Victoria 13: 83–149. doi:10.24199/j.mmv.1943.13.05
- Ogata, K. & Taylor, R. W. (1991). Ants of the genus Myrmecia Fabricius: a preliminary review and key to the named species (Hymenoptera: Formicidae: Myrmeciinae). Journal of Natural History 25: 1623–1673. doi:10.1080/00222939100771021
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