Iridomyrmex purpureus: compra y cuidados | Antomas
Iridomyrmex purpureus: compra y cuidados | Antomas

Iridomyrmex purpureus - Hormiga de la carne

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Montículos de grava acribillados de entradas, caminos limpios entre nido y nido y miles de obreras que no se detienen bajo el sol. Iridomyrmex purpureus, la hormiga de la carne australiana, es la dueña del monte abierto: reparte cada colonia en varios nidos, resuelve sus fronteras con duelos ritualizados de «boxeo» y deja un cadáver en los huesos en pocas semanas. No pica: muerde y se defiende con una secreción olorosa cuya química dio nombre a toda una familia de moléculas, los iridoides. Diurna, voraz e incansable, un espectáculo de actividad para quien empieza con las hormigas australianas. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 2/5 – Principiante

La hormiga de la carne australiana: cabeza rojiza, reflejos púrpura y azulados y una actividad incansable de sol a sol. Resistente, diurna y voraz: come insectos, carne y mucho azúcar. Muerde, pero no pica: no tiene aguijón funcional. Una sola reina por colonia. QBIK ONE de la gama Alpha, nido más bien seco con una zona algo húmeda, 24–28 °C con una zona de 28–30 °C, Néctar Blue Sugar 4–5 veces por semana, proteína abundante y variada, y diapausa suave de unos 3 meses, de diciembre a febrero, a 12–15 °C. Mudanza por volcado. Trepa muy bien: barrera antifugas y tapa, siempre.

Iridomyrmex purpureus (F. Smith, 1858), la hormiga de la carne, es una de las hormigas más conocidas de Australia. En el sureste de ese continente basta con salir al campo para encontrar sus montículos de grava, limpios de hierba y acribillados de entradas, con miles de obreras rojizas que entran y salen sin parar bajo el sol. Su nombre lo dice todo: acuden a cualquier cadáver y lo dejan en los huesos, pero también cazan, recogen néctar y cuidan pequeños insectos chupadores en los árboles a cambio de su mielato.

Es una dolicoderina, de la misma subfamilia que la hormiga argentina, así que no pica ni lanza ácido fórmico: muerde y se defiende con una secreción olorosa. Detrás de ese aspecto de hormiga corriente hay una sociedad sorprendente: colonias repartidas en muchos nidos, fronteras defendidas con duelos ritualizados de «boxeo», reinas que no se soportan y una química que dio nombre a toda una familia de moléculas. En casa es una especie muy agradecida para empezar con las australianas: resistente, activa de día y siempre a la vista.

Biología

¿Por qué «hormiga de la carne»?

En inglés la llaman meat ant, y de ahí viene el nombre que usamos en Antomas. Se lo ha ganado. Según el Australian Museum, si se deja un animal muerto sobre uno de sus nidos, en pocas semanas queda reducido a los huesos, y los granjeros australianos las han usado para librarse de los cadáveres de sus terrenos. Las obreras localizan enseguida la carroña y la despiezan entre cientos de compañeras.

Pero la carne es solo una parte de su menú. Ya en 1971, el ecólogo australiano Ettershank describió a las forrajeras subiendo a los árboles para recoger el mielato de pequeños insectos chupadores, la melaza dulce que estos expulsan, además de néctar de flores y de los nectarios que tienen algunas plantas fuera de ellas, y de insectos muertos o moribundos. Es, en realidad, una omnívora oportunista con un gran apetito por el azúcar, algo importante para alimentarla bien en casa (ver «Alimentación»).

Otros nombres ingleses con los que aparece son gravel ant, «hormiga de la grava», por sus montículos, y southern meat ant, «hormiga de la carne del sur», para distinguirla de sus parientes del norte.

Ciudades cubiertas de grava

Su nido es inconfundible: un montículo bajo y despejado, de suelo desnudo, cubierto de piedrecillas de 2–4 mm, trocitos de ramas, frutos de eucalipto y tallos secos. Ettershank (1971) observó que las obreras arrancan las plántulas que intentan crecer encima y retiran los restos que trae el viento. Algunos datos de su estudio:

  • Muchas entradas. Las bocas siguen un patrón bastante regular y cada una da a su propio sistema de galerías. Según Greaves y Hughes (1974), el número de bocas es proporcional a la población del nido.
  • Galerías someras… y pozos profundos. Casi todas las galerías están en los 15–25 cm de arriba, pero algunos pozos bajan 2–3 m. En invierno, la mayor parte de la colonia se refugia por debajo de los 25 cm.
  • Un radiador de piedra. El interior profundo del nido está más caliente que el suelo de alrededor, el montículo se calienta antes por la mañana y su cara este permite empezar la actividad más temprano en invierno.

¿Para qué sirve la grava? Ettershank propuso varias funciones, como proteger el nido de la erosión de la lluvia o recoger el rocío, aunque él mismo advirtió que no estaban probadas. Lo que sí se ha comprobado es que el montículo amortigua la temperatura: en una población del borde frío de su área, Greenslade (1975) vio que los montículos dañados por el hombre sufrían más en invierno, la estación que más limitaba a la especie. Y la escala impresiona: según el Australian Museum, un solo nido puede albergar hasta unas 64.000 hormigas.

Una colonia, muchos nidos

Una colonia de hormiga de la carne casi nunca vive en un solo montículo. Es polidómica: se reparte en varios nidos unidos por caminos despejados, por los que las obreras van y vienen. En un terreno de 1 × 1 km cerca de Hillston, en Nueva Gales del Sur, Ellen van Wilgenburg y sus colegas de la Universidad de Melbourne contaron más de 1.000 nidos pertenecientes a 140 colonias, con una media de unos 7 nidos por colonia y casos de hasta 16. El Australian Museum habla de conjuntos de nidos conectados que se extienden hasta 650 m.

¿Por qué tantos nidos? En 2007, van Wilgenburg y Mark Elgar siguieron esas 140 colonias durante dos años y encontraron la respuesta en los árboles:

  • Los nidos siguen a la comida. La distribución de los nidos de cada colonia sigue la de los árboles con insectos productores de mielato.
  • Los nuevos, más cerca. Los nidos que se construyen se sitúan más cerca de esos árboles que los que ya existían.
  • Un reparto en dos tiempos. La mayor parte del alimento se lleva al nido más cercano, y desde allí otras obreras lo redistribuyen al resto.

La polidomia, concluyen, es una forma de forrajear con más eficacia: en lugar de llevar todo a casa desde lejos, la colonia acerca la casa a la comida.

Hermanas, pero de otro nido

Cabría pensar que todos los nidos de una colonia funcionan como una gran familia unida. No es exactamente así. En 2006, el mismo equipo enfrentó obreras de distintos nidos y analizó los hidrocarburos de su cutícula, la «firma química» con la que las hormigas se reconocen:

  • Las obreras casi nunca agreden a sus compañeras de nido, pero a menudo atacan a las de otro nido de su propia colonia.
  • Cada colonia, y dentro de ella cada nido, tiene un perfil químico propio: el olor colonial solo se comparte en parte entre los nidos.
  • Las obreras de colonias con muchos nidos son menos agresivas con desconocidas de su especie que las de colonias con pocos nidos, quizá porque están acostumbradas a más variedad de olores.

Cada nido tiene, por así decirlo, su propio acento. Y, según el estudio genético de ese grupo, las obreras son fieles al nido donde nacieron.

Boxeo en la frontera

Lo más famoso de la hormiga de la carne es su forma de resolver los conflictos. Las colonias vecinas se reparten el terreno en territorios exclusivos (Greenslade 1975), y las fronteras no las marca ningún obstáculo físico, sino las propias obreras. En 1982, G. y J. A. Ettershank describieron cómo lo hacen: con combates ritualizados, muy estereotipados, en los que dos obreras se encaran, se tantean con las antenas, abren las mandíbulas y se golpean con las patas delanteras en una especie de «boxeo», a veces sujetándose por las mandíbulas. Lo más llamativo:

  • Casi sin muertos. Las lesiones son raras y leves, y en cualquier fase del duelo una de las dos puede retirarse y cortar el conflicto.
  • Guerras de desgaste. Los enfrentamientos en el mismo punto de la frontera pueden durar meses y repetirse durante años.
  • La gran mayoría, de teatro. En 2005, van Wilgenburg, van Lieshout y Elgar calcularon que en torno al 95 % de las interacciones entre colonias son ritualizadas. Las peleas a muerte se dan sobre todo cuando una obrera se mete en territorio ajeno y es la residente la que ataca.

Estudios más recientes del grupo de Elgar indican que estas exhibiciones colectivas informan a cada colonia del tamaño relativo de la vecina, aunque, como dice el título de uno de ellos, las hormigas de la carne son «económicas con la verdad»: no siempre muestran todo lo que tienen. Otro trabajo de 2020 propone que lo que defienden con ellas son, sobre todo, los recursos, como los árboles con mielato, más que el terreno en sí. En la práctica, la colonia que muestra más efectivos va ganando terreno sin necesidad de una masacre.

Varias reinas que no se soportan: la oligoginia

¿Cuántas reinas tiene una colonia? El trabajo de referencia es el de Bert Hölldobler y Norman Carlin, de la Universidad de Harvard, publicado en 1985. Estudiaron nidos cerca de Canberra y describieron una organización curiosa a la que llamaron oligoginia, «pocas reinas»:

  • En las colonias jóvenes con varias reinas, estas establecen un rango con duelos ritualizados a golpe de antena. La dominante inhibe la puesta de las demás, y las peleas físicas son raras.
  • Las obreras no toman partido. Tratan a todas las reinas por igual y las toleran incluso cuando el nido tiene ya varios miles de obreras.
  • Al crecer la colonia, las reinas se vuelven intolerantes entre sí y se separan para siempre en zonas distintas del nido. Una vez separadas, ponen más o menos lo mismo.

¿Es frecuente? Depende, sobre todo, de la edad de las colonias. Las colonias jóvenes tienen casi siempre una sola reina: en una población de colonias de menos de 14 años cerca de Hillston, las obreras de cada colonia descendían de una única reina fecundada por un solo macho (van Wilgenburg, Mulder y Elgar 2006). En cambio, en poblaciones más antiguas de Australia Meridional y de Victoria, los análisis genéticos apuntan a que una parte de los nidos maduros acumula varias reinas, a menudo sin parentesco entre ellas: reinas adoptadas o colonias que se han fusionado (Carew, Tay y Crozier 1997).

Un apunte importante para el criador: lo publicado habla de reinas que se evitan, no de reinas que se matan. Lo que no hay es ningún dato sobre qué pasa cuando varias reinas no tienen sitio para separarse, como en un tubo o un hormiguero pequeño. Por eso en Antomas criamos una sola reina por colonia (ver «Una reina por colonia»).

Cuatro maneras de fundar una colonia

La mayoría de las especies de hormigas tienen una sola forma de empezar. La hormiga de la carne tiene cuatro, según Hölldobler y Carlin (1985):

  • Una reina sola, que se encierra en su cámara y saca adelante a sus primeras obreras con sus propias reservas, sin salir a comer: es la fundación claustral, la más habitual.
  • Varias reinas juntas, lo que se llama pleometrosis. En sus excavaciones cerca de Canberra, la gran mayoría de los nidos recién fundados tenían una reina, y solo unos pocos, dos o tres.
  • Por gemación: un grupo de obreras de una colonia establecida funda un nido satélite que acaba independizándose.
  • Por adopción: reinas recién fecundadas que cavan su cámara junto a un nido maduro, probablemente el suyo, y acaban integradas en él.

Greaves y Hughes, que estudiaron una población cerca de Canberra entre 1949 y 1954, comprobaron que, donde es posible, crecer por gemación da mejor resultado que fundar con una reina sola, y que los territorios de las colonias que mueren los ocupan sus vecinas, sus nidos satélite o colonias nuevas. Los vuelos nupciales tienen lugar en primavera austral, sobre todo en octubre y después de llover: primero salen los machos y luego las hembras aladas.

La dueña de la roca

En Australia, las Iridomyrmex son el grupo de hormigas más abundante y ecológicamente influyente, y el ecólogo Alan Andersen las agrupa bajo el nombre de «dolicoderinas dominantes»: muy activas, agresivas y propias de zonas abiertas y cálidas. La hormiga de la carne es el ejemplo de manual. En 2004, Heloise Gibb y Dieter Hochuli midieron su dominio en afloramientos de arenisca cerca de Sídney:

  • Omnipresente. Aparecía en el 95–100 % de los recorridos a menos de 20 m de un nido, y suponía hasta el 82 % de las hormigas contadas y el 84 % de la biomasa de hormigas sobre la roca.
  • Imbatible en el cebo. Encontró todos los cebos de miel en menos de 5 minutos, nunca fue desplazada de ellos y retuvo el 80 % de los que descubrió.
  • Pero no lo controla todo. Al excluirla con jaulas durante un año, las demás hormigas aumentaron en primavera y verano, pero la composición de la comunidad no cambió. Su efecto, concluyeron, es más limitado de lo que se pensaba.

En el norte tropical, con una pariente del mismo grupo, I. sanguineus, Andersen y Patel (1994) vieron algo más drástico: al vallar a la hormiga de la carne, el número de hormigas y de especies en los cebos casi se duplicó.

Pastoras de mielato y un turno de noche

Buena parte de la energía de una colonia sale de los árboles, donde las obreras atienden a pequeños hemípteros chupadores y recogen su mielato. Como hemos visto, la colonia llega a organizar sus nidos en función de esos árboles. Pero no está sola en ellos: la hormiga bandeada gigante, Camponotus consobrinus, explota los mismos recursos de noche, cuando la hormiga de la carne, diurna, ya se ha retirado. Es un auténtico reparto de turnos.

Un reparto no exento de trampas: según recogen Hölldobler y Wilson, las hormigas de la carne llegan a taponar con piedrecillas y tierra las bocas del nido de C. consobrinus para retrasar su salida. También se relacionan con mariposas licénidas: según el Australian Museum, atienden a las orugas de Jalmenus ictinus, que les dan secreciones azucaradas, y en cambio depredan las de algunas especies de Ogyris.

La hormiga que dio nombre a los iridoides

Si molestas a una hormiga de la carne, lo notarás por el olor. Como todas las dolicoderinas, no tiene ácido fórmico, que es cosa de las formicinas, sino una glándula anal que suelta por la punta del abdomen una secreción volátil de olor intenso. En 1956, el químico australiano George Cavill y sus colegas analizaron esas secreciones en varias Iridomyrmex, entre ellas la hormiga de la carne, que entonces se llamaba I. detectus, y encontraron dos componentes principales:

  • La metilheptenona (6-metil-5-hepten-2-ona), una cetona volátil de olor penetrante.
  • El iridodial, un compuesto nuevo para la ciencia.

Según Cavill (1970), en la hormiga de la carne suponen en torno al 4 % y al 1 % del peso del cuerpo, respectivamente, y la metilheptenona hace a la vez de defensa y de feromona de alarma. El iridodial dio nombre, junto a la iridomirmecina de otras dolicoderinas, a toda una familia de moléculas: los iridoides, que se llaman así por Iridomyrmex. A esa familia pertenece, por ejemplo, la nepetalactona de la hierba gatera.

Una araña que sigue su alarma

La metilheptenona tiene un inconveniente: también la huelen otros. En 1996, Allan, Elgar y Capon demostraron que la araña Habronestes bradleyi, una cazadora especializada en hormigas de la carne, localiza a sus presas siguiendo su feromona de alarma, que las obreras liberan cuando están heridas o alarmadas. ¿Y dónde hay más hormigas alarmadas? En las fronteras entre colonias, donde se pelean. La araña acude allí y caza a las combatientes. Fue el primer caso descrito de un depredador que «espía» la señal de alarma de una hormiga.

No es su único enemigo: en la literatura aparecen aves que excavan las reinas, el equidna, que ataca los nidos, y orugas de polilla que se alimentan de su cría dentro del propio nido. Y la hormiga de la carne también es cazadora de presas inesperadas: Clerke y Williamson (1992) documentaron que depreda a los jóvenes del sapo de caña, un anfibio invasor y venenoso que está causando estragos en la fauna australiana.

Hecha para el calor

Es una hormiga de sol. Anida en lugares abiertos y soleados, y la sombra de la vegetación es, según Greaves y Hughes (1974), una de las principales causas de muerte de las colonias jóvenes. En 2013, Nigel Andrew y sus colegas midieron su resistencia en Armidale, en las mesetas de Nueva Gales del Sur:

  • Temperatura crítica máxima: 46,1 °C, y una temperatura letal de 45,8 °C.
  • Salidas relámpago: forrajean unos minutos sobre suelos más calientes que esos límites. Con superficies de 18,6–57 °C, la temperatura de su cuerpo iba de 24,5 a 43,1 °C.
  • Activas todo el año en esa zona, aunque ajustan parte de su biología al frío según la estación.
  • Un límite que no se mueve: no pueden aumentar su tolerancia al calor por aclimatación, algo que preocupa a los autores ante el cambio climático.

En una especie hermana del interior árido, I. viridiaeneus, Greenaway (1981) vio que las obreras solo forrajean de día, con el aire a entre 14 y 43,5 °C: en pleno verano salen a primera hora y al final de la tarde, y en invierno, a mediodía.

Señora del sureste australiano

Vive en buena parte del sureste de Australia: Nueva Gales del Sur, el Territorio de la Capital Australiana, Victoria, el sureste de Australia Meridional y el este de Queensland, con poblaciones más dispersas hacia el norte y el oeste; no está en Tasmania. Ocupa bosques abiertos de eucalipto, sabanas arboladas, brezales, cunetas, parques y jardines, siempre en suelos bien drenados y soleados, a menudo arenosos o de grava. Fuera de Australia no se ha establecido, aunque en Nueva Zelanda se han interceptado ejemplares del grupo en mercancías y equipajes llegados de Australia.

En buena parte de su área el clima es templado o semiárido, con veranos calurosos e inviernos frescos en los que, en las zonas del interior, hiela a menudo. Ese invierno es el factor que más limita a la especie en el borde frío de su área (Greenslade 1975), y es la base de la diapausa que recomendamos en casa (ver «Diapausa»).

De Formica purpurea a la hormiga de la carne

El entomólogo británico Frederick Smith la describió en 1858 como Formica purpurea, a partir de una obrera de Melbourne. En la misma obra describió, con el nombre de Formica detecta, una reina del río Hunter que resultó ser de la misma especie. Su descripción ya explica el nombre: cabeza, tórax y patas «de un rojo vivo con un ligero tinte púrpura o azul» y un abdomen «violeta brillante, a veces con un reflejo cobrizo». Purpureus significa en latín «purpúreo», y el género Iridomyrmex, creado por Gustav Mayr en 1862, une el griego iris, «arco iris», y myrmex, «hormiga», por esos brillos iridiscentes.

Durante buena parte del siglo XX se la llamó Iridomyrmex detectus, hasta que los taxónomos recuperaron purpureus como nombre válido. En 1993, Steve Shattuck revisó el grupo y demostró que «la hormiga de la carne» era en realidad un conjunto de especies parecidas, con 11 especies repartidas en cuatro complejos, entre ellas I. viridiaeneus o I. sanguineus, que antes se consideraban formas de purpureus. Por eso conviene leer con cuidado los estudios antiguos: algunos se hicieron con otras especies del grupo. En Antomas la llamamos Hormiga de la carne.

Tamaño y morfología

Hormiga mediana y robusta, de patas largas y movimientos rápidos, con una sola casta de obreras: no tiene soldados ni obreras mayores bien diferenciadas, aunque el tamaño varía bastante de unas obreras a otras.

  • Coloración. Según la revisión del género de Heterick y Shattuck (2011), la cabeza, y a menudo la parte delantera del tórax, va del naranja al rojo ladrillo, y el gáster, del pardo al negro. Sobre la parte delantera del cuerpo tiene reflejos iridiscentes azulados, rosados, verde amarillento o púrpura, que cambian con la luz y de unas poblaciones a otras.
  • Tamaño variable, sin castas. En las 84 obreras que midieron Heterick y Shattuck, la anchura de la cabeza iba de 1,51 a 2,29 mm. Es una variación continua, en parte entre poblaciones, sin grupos de tamaño definidos.
  • Cabeza y ojos. Ojos bien desarrollados, propios de una hormiga que forrajea de día, y sin ocelos en las obreras. El escapo de la antena sobrepasa el borde posterior de la cabeza.
  • Mandíbulas. Fuertes, con las que muerden una y otra vez cuando defienden el nido (Australian Museum).
  • Tórax y pecíolo. Tórax con pelos erectos cortos y rígidos y con los espiráculos del mesotórax marcados como pequeños bultos. Pecíolo de un solo segmento, con una escama fina y vertical.
  • Sin aguijón funcional. En las dolicoderinas el aguijón es vestigial o no existe, y la punta del gáster no tiene el acidóporo de las formicinas. Su defensa química sale de la glándula anal (ver «La hormiga que dio nombre a los iridoides»).
  • Reina. Alada antes del vuelo nupcial y bastante mayor que la obrera. Smith describió su reina tipo de color pardo negruzco, con las antenas y las patas ferruginosas y las alas casi transparentes, amarillentas en el borde anterior.
  • Desarrollo. Como en todas las dolicoderinas, las larvas no tejen capullo: las pupas están desnudas.
  • Cromosomas. n = 9, según los estudios de Crozier (1968) e Imai y colaboradores (1977).

Medidas aproximadas

  • Obreras: hasta 1 cm de longitud (Museums Victoria; Australian Museum)
  • Obrera tipo: unos 8,5 mm («4 líneas» inglesas; Smith 1858)
  • Obreras: cabeza de 1,69–2,31 mm de largo y 1,51–2,29 mm de ancho; escapo de 1,57–2,05 mm (Heterick y Shattuck 2011, 84 obreras)
  • Reina: unos 12,7 mm («6 líneas» inglesas; Smith 1858, un solo ejemplar descrito como Formica detecta)

No hemos encontrado una medida moderna de la reina ni del macho. Las cifras de 6–8 mm para las obreras y de hasta 15 mm para la reina que circulan por internet no proceden de mediciones publicadas, así que preferimos no darlas.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 2/5 – Principiante

Es una de las mejores puertas de entrada a las hormigas australianas: resistente, poco exigente con la comida, activa de día y siempre a la vista. Come prácticamente de todo, tolera bien un nido seco y no tiene aguijón.

¿Por qué no un 1/5? Por cuatro detalles:

  • Trepa y se escapa. Es rápida, curiosa y aprovecha cualquier rendija: la barrera y la tapa no son opcionales (ver «Fugas y barreras»).
  • Un arranque delicado. Las colonias pequeñas crecen despacio al principio y no conviene precipitarse con el hormiguero (ver «Fundación y crecimiento»).
  • Calor y espacio. Es una hormiga de sol: necesita calor con gradiente y, cuando despega, una colonia que crece muy deprisa y pide sitio.
  • Carácter. Es agresiva y muerde; nada grave, pero conviene trabajar siempre con herramientas (ver «Manejo y seguridad»).

Y merece mucho la pena. Pocas hormigas ofrecen tanta actividad: caminos llenos de obreras, comida que desaparece en minutos y una colonia que se organiza a la vista. En Antomas tienes a la venta Iridomyrmex purpureus y, si te atraen las australianas, también a la hormiga metálica, Rhytidoponera metallica, a su pariente R. chalybaea y a C. consobrinus, su vecina del turno de noche. Y si quieres empezar con una colonia ya grande, tenemos el Imperio de la Carne, una colonia de esta especie ya establecida.

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 24–28 °C en la temporada activa, con una zona algo más caliente, de 28–30 °C, en un lateral y siempre con termostato. La colonia tiene que poder elegir.
  • Por qué así: en los meses cálidos de su área, el suelo donde están sus cámaras, entre 20 y 50 cm, ronda los 22–28 °C según nuestras estimaciones a partir del clima, y los criadores coinciden en un nido de 22–28 °C con calor por un lado.
  • Zona de forrajeo: con luz y algo de calor. Un punto más cálido en una esquina, de unos 30–32 °C, les permite calentarse como hacen sobre el montículo, pero nunca toda la instalación.
  • Por la noche puede bajar unos grados, hasta unos 20–22 °C, sin ningún problema.
  • Humedad: nido más bien seco, en torno al 40–60 %, con una zona algo húmeda para la cría y la zona de forrajeo seca (ver «Seca por fuera, algo húmeda por dentro»).
  • Agua: siempre, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: nido a oscuras y forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche. Es diurna: con luz y calor la verás en plena actividad.
  • Diapausa: suave, de unos 3 meses, de mediados de diciembre a finales de febrero, a 12–15 °C (ver «Diapausa»).

Seca por fuera, algo húmeda por dentro

Es una hormiga de suelos bien drenados y climas secos, y tolera la sequedad mucho mejor que la mayoría de las especies tropicales. Los criadores coinciden en la fórmula: nido más bien seco, con un solo rincón o cámara algo húmeda, y zona de forrajeo seca y ventilada. Así la colonia elige dónde poner a la cría.

  • Humedece solo una parte del nido, nunca todo, y sin encharcar.
  • Sin gotas en las paredes: si ves condensación, deja de humedecer unos días y ventila.
  • Si se amontonan en una esquina, los criadores lo interpretan como señal de que el resto del nido está demasiado seco o frío.
  • Restos fuera en 24 horas: con tanta carne y tanto azúcar, la comida olvidada se enmohece enseguida.

Hormigueros recomendados

En Antomas recomendamos la gama Qbik Alpha de Anthouse: hormigueros modulares, más bien secos, que encajan con una especie que prefiere un nido seco con una zona algo húmeda y que permiten ir añadiendo módulos a medida que la colonia crece. Para empezar, un QBIK ONE:

Cuando la colonia lo llene, el siguiente paso es el QBIK DUO:

El módulo, siempre proporcionado a la colonia: es el error más citado por los criadores de esta especie. En un hormiguero demasiado grande, las cámaras vacías acaban convertidas en basurero, con moho y ácaros, y la colonia se dispersa y se estresa. Amplía cuando veas obreras quietas en la zona de forrajeo, sin sitio dentro. Como en la naturaleza reparten la colonia en varios nidos, en una colonia grande puedes ir conectando módulos y zonas de forrajeo. Completa el montaje así:

  • Una zona de forrajeo amplia. Son muy activas y recorren mucho terreno; si quieres, pon una capa fina de arena con algo de grava fina, como la de sus montículos.
  • Calor en un lateral, con termostato, y un punto de luz y calor en una esquina del forrajeo, lejos del bebedero.
  • Agua en tubo de ensayo con algodón, y bebedero para el néctar, nunca en algodón.
  • Barrera antifugas en todo el perímetro del forrajeo y tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).

Una reina por colonia

Nuestras colonias llegan con una sola reina y su prole, y así recomendamos mantenerlas.

  • En la naturaleza, las colonias jóvenes tienen casi siempre una sola reina. Algunas colonias maduras llegan a tener varias, pero viven separadas en zonas distintas del nido y no se toleran entre ellas (ver «Varias reinas que no se soportan: la oligoginia»).
  • En un hormiguero no tienen dónde separarse, y no hay ningún dato publicado ni ninguna experiencia de criadores que demuestre que varias reinas convivan bien en cautividad. Por eso en Antomas no recomendamos juntar reinas.
  • Tampoco se juntan colonias ni se mezclan obreras de distintos hormigueros: en la naturaleza atacan a las obreras de otras colonias, e incluso a las de otro nido de la suya.

Fundación y crecimiento

En la naturaleza, la reina funda de forma claustral: se encierra y cría a sus primeras obreras sin salir a comer. Nuestras colonias ya han pasado esa fase, pero siguen siendo pequeñas, y el primer tramo pide paciencia:

  • De huevo a obrera pasan unas 6–9 semanas a 24–28 °C, según coinciden los criadores; con menos calor, bastante más.
  • Un arranque tímido. Los criadores australianos cuentan que las primeras obreras pasan temporadas escondidas e inactivas. No te preocupes: es normal.
  • Un despegue explosivo. Superada esa fase, y con calor y comida abundante, la cría crece a un ritmo que sorprende. Un criador australiano describe una colonia que, en pleno verano, pasó en un mes de sus primeras obreras a unas 16, con más de una veintena de huevos, además de larvas y pupas.
  • En tubo, al principio. Los criadores mantienen la colonia en su tubo hasta las 15–30 obreras, o la pasan antes si el tubo se ensucia o se queda sin agua. Después, a un QBIK ONE.
  • Comida desde el primer día: una gota de néctar en el bebedero y presas pequeñas, como una Thermobia o una mosca de la fruta. Retira lo que sobre al día siguiente.

Llegada y mudanza por volcado

Al recibir la colonia, déjala reposar en un sitio tranquilo y oscuro, a 24–26 °C, comprueba que tiene agua y ofrécele una gota de néctar y una presa pequeña. Para pasarla al hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado:

  • Monta antes el hormiguero, con la zona húmeda lista, el agua en su sitio y, sobre todo, la barrera antifugas ya puesta: son muy rápidas.
  • Trabaja sobre una bandeja, con pinzas largas y un pincel suave, nunca con las manos.
  • Abre el tubo en la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y vuelca con suavidad a la reina, las obreras y la prole, ayudando a las rezagadas con el pincel.
  • Cierra la tapa y deja el nido a oscuras. En poco tiempo habrán llevado la prole al interior.

Para pasarla después a un módulo mayor, el mismo método.

Alimentación

Azúcar, casi a diario. En la naturaleza buena parte de su energía sale del mielato y del néctar, y en casa lo agradecen. En Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro néctar o líquido azucarado, como miel diluida, 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelo siempre en un bebedero, donde la gota quede «tendida» y accesible, y nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido enseguida. Algunos criadores cuentan que sus colonias pequeñas ignoraban la miel y aceptaban otros azúcares, como un trocito de uva: si no lo toman, prueba otra forma.

Proteína: abundante y variada. La reina la necesita para poner y las larvas, para crecer, y esta especie tiene un apetito voraz. En la experiencia de Antomas, cuanta más proteína reciben, más rápido y en mayor número crecen las colonias. Si haces mantenimiento a menudo y retiras los restos en 24 horas, es mejor pasarse que quedarse corto; si no vas a poder limpiar, mejor no sobrealimentar. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra:

Compra los insectos a un proveedor fiable: los tratados con insecticidas pueden matar a la colonia. No hace falta darle semillas.

Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón, separada del azúcar.

Diapausa

Ningún estudio ha demostrado que necesite una diapausa obligatoria, y en algunas zonas de su área se la ve activa todo el año (Andrew et al. 2013). Pero su invierno es real:

  • Un invierno fresco. En el núcleo de su área, la media del aire de junio a agosto ronda los 7–12 °C, con heladas frecuentes en el interior. Calculamos que en las cámaras profundas, donde pasa el invierno la colonia, la temperatura se queda en unos 8–13 °C.
  • Menos actividad. En invierno la colonia se retira por debajo de los 25 cm (Ettershank 1971) y, según la zona, sale solo en las horas templadas o casi deja de forrajear. En una especie hermana, las obreras no salen con el aire por debajo de unos 14 °C (Greenaway 1981).
  • El frío como límite. En el borde frío de su área, el invierno es el principal factor que limita sus poblaciones (Greenslade 1975).

Por eso en Antomas recomendamos una diapausa suave de unos 3 meses, de mediados de diciembre a finales de febrero, a 12–15 °C, que corresponde al invierno de su área:

  • Entrada gradual en noviembre. Quita la zona caliente y baja la temperatura poco a poco durante 2–3 semanas, reduciendo la proteína.
  • Durante la diapausa: agua siempre, un poco de néctar y casi nada de proteína. Molesta a la colonia lo menos posible. Sin pasar de 15 °C, porque a partir de ahí empiezan a forrajear, ni bajar de unos 10 °C.
  • Qué verás. En la experiencia de Antomas, en esta época es normal ver muchas larvas que no crecen y ningún huevo ni pupa. Cuando vuelva el calor, la cría se reanuda.
  • Salida progresiva en marzo, hasta volver a 24–28 °C con la zona caliente, y proteína en cuanto veas cría.
  • Colonias pequeñas: mejor una diapausa más corta y templada, de 6–8 semanas a 15–18 °C.
  • Dónde: una habitación sin calefacción a menudo no baja lo suficiente; un garaje, una bodega o una vinoteca suelen servir.

Recuerda que en su área las estaciones van al revés que aquí. Si recibes la colonia en otoño y viene con el reloj del hemisferio sur, acaba de salir de su invierno: puedes mantenerla activa este primer invierno y hacer la diapausa normal a partir del año siguiente. Si se frena sola, basta con un reposo corto a 15–18 °C.

En vídeo: el imperio de la carne

Dos vídeos cortos de Anthouse con colonias de hormiga de la carne en plena actividad:

El imperio de las hormigas devoradoras de carne (Anthouse)

El imperio de las hormigas devoradoras de carne: Iridomyrmex purpureus en el canal de Anthouse.

El imperio de la sangre quiere carne (Anthouse)

El imperio de la sangre quiere carne: una colonia en plena actividad, en el canal de Anthouse.

Comportamiento y observación

Activa de sol a sol. Con luz y calor, las obreras recorren la zona de forrajeo sin descanso, forman caminos entre el nido y la comida y se lanzan en grupo sobre cualquier presa. Es una de esas especies que nunca parecen estar quietas.

Voraz. Los criadores coinciden en que «nunca dejan de comer». Verás cómo una presa desaparece en poco tiempo, despiezada entre muchas obreras, y cómo el bebedero se llena de hormigas.

Defensa. Son agresivas con cualquier intruso. Si golpeas el hormiguero o lo abres de golpe, saldrán en masa a defenderlo con las mandíbulas abiertas y notarás el olor de su secreción de alarma.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles el nido a oscuras y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo lo menos posible.

Señales de alarma:

  • La colonia no crece en plena temporada: revisa la temperatura y la proteína.
  • Obreras amontonadas en un rincón: puede que el resto del nido esté demasiado seco o frío.
  • Moho o restos en las cámaras: sobra humedad o queda comida sin retirar.
  • Muchas obreras quietas en el forrajeo, sin sitio dentro: toca ampliar.

Fugas y barreras

Es aquí donde hay que poner más cuidado. Las Iridomyrmex trepan por superficies lisas, incluso boca abajo, y los criadores coinciden en que la hormiga de la carne es rápida, curiosa y capaz de aprovechar cualquier hueco. Según ellos, las fugas se producen sobre todo al dar de comer.

  • Una barrera antifugas en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo: aceite mineral o PTFE (Fluon). Renuévala en cuanto acumule polvo, arena o restos, que le hacen perder eficacia.
  • Tapa bien ajustada, sin rendijas en conexiones ni tapones.
  • Nada que sirva de puente hasta la barrera: ni ramitas largas, ni pinzas olvidadas, ni tubos apoyados.
  • Al alimentar, abre lo justo y deja la comida lejos de las paredes.

Manejo y seguridad

No pica: muerde. Como el resto de las dolicoderinas, no tiene aguijón funcional. Se defiende mordiendo, a menudo varias veces seguidas, y soltando por la punta del abdomen su secreción olorosa. La mordedura molesta, pero no es peligrosa; por eso hay quien se atreve a meter la mano en un cuenco lleno de ellas. Aun así, en el día a día conviene trabajar con calma y con herramientas: por su velocidad y su número, una mano dentro del forrajeo se llena de obreras en segundos.

  • Siempre con herramientas: pinzas largas, un pincel suave y, para los traslados, tubos y adaptadores.
  • Abre el hormiguero lo justo, trabaja sobre una bandeja y ciérralo al terminar.
  • Con niños pequeños o mascotas en casa, el hormiguero siempre cerrado y fuera de su alcance.
  • Si te muerden, retira las hormigas con suavidad y lava la zona.

Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.

Qué no hacer

  • Abrir el hormiguero sin barrera ni herramientas, o descuidar la barrera.
  • Juntar reinas o colonias, o mezclar obreras de distintos hormigueros.
  • Pasar una colonia pequeña a un hormiguero enorme.
  • Mojar todo el nido o dejar que se forme condensación en las paredes.
  • Tenerla fría y a la sombra en plena temporada: necesita calor con gradiente y luz.
  • Poner el néctar en algodón o dejar restos de carne o de presas más de un día.
  • Darle siempre el mismo insecto o quedarse corto de proteína cuando hay larvas.
  • Hacerle una diapausa demasiado cálida, por encima de 15 °C, o cambiar la temperatura de golpe al entrar o salir de ella.

Fuentes científicas

Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Iridomyrmex purpureus y su grupo de especies, de datos climáticos de su área de distribución y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

  1. Cavill, G. W. K., Ford, D. L. & Locksley, H. D. (1956). The chemistry of ants. I. Terpenoid constituents of some Australian Iridomyrmex species. Australian Journal of Chemistry 9: 288–293. doi:10.1071/CH9560288
  2. Greaves, T. & Hughes, R. D. (1974). The population biology of the meat ant. Journal of the Australian Entomological Society 13: 329–351. doi:10.1111/j.1440-6055.1974.tb02212.x
  3. Ettershank, G. & Ettershank, J. A. (1982). Ritualised fighting in the meat ant Iridomyrmex purpureus (Smith) (Hymenoptera: Formicidae). Journal of the Australian Entomological Society 21: 97–102. doi:10.1111/j.1440-6055.1982.tb01772.x
  4. Hölldobler, B. & Carlin, N. F. (1985). Colony founding, queen dominance and oligogyny in the Australian meat ant Iridomyrmex purpureus. Behavioral Ecology and Sociobiology 18: 45–58. doi:10.1007/BF00299237
  5. Shattuck, S. O. (1993). Revision of the Iridomyrmex purpureus species-group (Hymenoptera: Formicidae). Invertebrate Taxonomy 7: 113–149. doi:10.1071/IT9930113
  6. Allan, R. A., Elgar, M. A. & Capon, R. J. (1996). Exploitation of an ant chemical alarm signal by the zodariid spider Habronestes bradleyi Walckenaer. Proceedings of the Royal Society of London B 263: 69–73. doi:10.1098/rspb.1996.0012
  7. Carew, M. E., Tay, W. T. & Crozier, R. H. (1997). Polygyny via unrelated queens indicated by mitochondrial DNA variation in the Australian meat ant Iridomyrmex purpureus. Insectes Sociaux 44: 7–14. doi:10.1007/s000400050018
  8. Gibb, H. & Hochuli, D. F. (2004). Removal experiment reveals limited effects of a behaviorally dominant species on ant assemblages. Ecology 85: 648–657. doi:10.1890/03-0007
  9. van Wilgenburg, E., van Lieshout, E. & Elgar, M. A. (2005). Conflict resolution strategies in meat ants (Iridomyrmex purpureus): ritualised displays versus lethal fighting. Behaviour 142: 701–716. doi:10.1163/1568539054729150
  10. van Wilgenburg, E., Mulder, R. A. & Elgar, M. A. (2006). Intracolony relatedness and polydomy in the Australian meat ant, Iridomyrmex purpureus. Australian Journal of Zoology 54: 117–122. doi:10.1071/ZO05075
  11. van Wilgenburg, E., Ryan, D., Morrison, P., Marriott, P. J. & Elgar, M. A. (2006). Nest- and colony-mate recognition in polydomous colonies of meat ants (Iridomyrmex purpureus). Naturwissenschaften 93: 309–314. doi:10.1007/s00114-006-0109-y
  12. van Wilgenburg, E. & Elgar, M. A. (2007). Colony structure and spatial distribution of food resources in the polydomous meat ant Iridomyrmex purpureus. Insectes Sociaux 54: 5–10. doi:10.1007/s00040-007-0903-3
  13. Heterick, B. E. & Shattuck, S. (2011). Revision of the ant genus Iridomyrmex (Hymenoptera: Formicidae). Zootaxa 2845: 1–174. doi:10.11646/zootaxa.2845.1.1
  14. Andrew, N. R., Hart, R. A., Jung, M.-P., Hemmings, Z. & Terblanche, J. S. (2013). Can temperate insects take the heat? A case study of the physiological and behavioural responses in a common ant, Iridomyrmex purpureus (Formicidae), with potential climate change. Journal of Insect Physiology 59: 870–880. doi:10.1016/j.jinsphys.2013.06.003
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