Myrmecia nigriscapa
Hay hormigas que se crían y hormigas que se ganan. Myrmecia nigriscapa es de las segundas: una gigante del sur de Australia, de hasta 25 mm, con escapos negros, mandíbulas de cazadora y un aguijón temible, que sin embargo prefiere esconderse antes que pelear. Vive al ritmo de las estaciones australes: pone en primavera, pasa el invierno sin cría y despierta con el frío. Para Tomás, «un poco nivel legendario»; para quien la saca adelante, un trofeo que pocos criadores pueden enseñar. Solo para expertos con paciencia y buen pulso. Reinas fundadoras con prole. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 5/5 – Experto
Una de las gigantes del grupo gulosa, del sur templado de Australia: obreras de hasta unos 25 mm y escapos negros. Para Tomás, «un poco nivel legendario». Reinas fundadoras con prole, de fundación semiclaustral: tubo o módulo de iniciación con miniarena, a oscuras y húmedo al principio; después, QBIK DUO con galerías grandes y, para colonias grandes, Qbik Wild NoNa Diáfano. 22–26 °C y larvas maduras nunca por encima de unos 28 °C de forma sostenida. Azúcar a diario, proteína según las larvas y presa muerta al principio. Diapausa de 3–4 meses a 10–15 °C, sin cría: la reina puede pasar meses sin poner. Picadura muy dolorosa: no apta para personas alérgicas ni para casas con niños pequeños o mascotas cerca.
Myrmecia nigriscapa Roger, 1861 es una hormiga bulldog del sur de Australia y una de las gigantes de su género: obreras de hasta unos 25 mm, mandíbulas largas y dentadas, ojos enormes y un aguijón que conviene tomarse en serio. Pertenece al grupo gulosa, el de las grandes bulldog rojas. Tomás lo resume en tres palabras: es «un poco nivel legendario».
Grande y espectacular, pero también escurridiza: el mirmecólogo Brian Heterick la describió como sorprendentemente tímida. Su ciclo es de los más marcados del género, con inviernos sin cría y una reina que solo pone en la estación buena, y en el hobby casi nadie la ha criado: solo hemos encontrado un diario de cría publicado. Aquí separamos lo documentado de la especie, lo que se sabe del género y lo que aplicamos en Antomas. Si buscas un reto de verdad y te sobra paciencia, esta es tu hormiga.
Biología
Escapos negros: el nombre que le puso Roger
La describió el entomólogo alemán Julius Roger en 1861, y el nombre lo dice casi todo: nigriscapa significa «de escapo negro». El escapo es el primer segmento de la antena, el largo «mango» que sale de la cabeza antes del codo, y en una hormiga de cabeza rojiza unos escapos más oscuros saltan a la vista: siguen siendo uno de los caracteres que la identifican. En algunos registros en inglés aparece como black-scaped bull ant.
A la reina y al macho los describió John Clark en 1925, y en 1951 volvió sobre la especie en su obra sobre los formícidos de Australia, de donde salen las medidas que repiten las recopilaciones. La revisión de Ogata y Taylor (1991) la sitúa en el grupo gulosa.
Una gigante del grupo gulosa
El grupo gulosa es el de las gigantes del género, las que en Australia se conocen como inch ants, «hormigas de una pulgada». Toma su nombre de M. gulosa, la gran bulldog roja del este, y solo en el suroeste de Australia Occidental reúne 16 especies (Heterick 2009). En la clave se reconoce por un diente suplementario en la cara inferior de la mandíbula, cerca de la punta.
La genética lo respalda: Hasegawa y Crozier (2006) lo recuperaron como un linaje natural, una de las cuatro líneas del género con carina occipital, un reborde en la parte trasera de la cabeza. Mera-Rodríguez y colaboradores (2023), con marcadores de todo el genoma de 66 de las 93 especies, fecharon el linaje troncal del género en unos 58 millones de años. Es una estirpe antigua que hoy solo vive en Australia, con una especie en Nueva Caledonia (Ward y Brady 2003).
La gigante tímida de Heterick
Si hay un grupo de Myrmecia con fama de mal genio, es este. Brian Heterick describe a sus parientes M. desertorum y M. vindex saliendo en tromba del montículo en cuanto se las molesta. En cambio, cuando perturbó un nido de M. nigriscapa, las obreras se negaron por completo a plantarle cara, y concluyó que, a diferencia de las bulldog más agresivas, esta parece tímida.
Es una sola observación de un solo nido, y tímida no quiere decir inofensiva: conserva mandíbulas, vista y aguijón, y una reina fundadora es una cazadora decidida (ver «Paciencia de reina: lo que cuenta un diario de cría»). Pero, si tu colonia sale a su especie, preferirá esconderse antes que defenderse, y eso juega a favor del criador.
Del Darling Range a Wilsons Promontory
Su distribución está partida en dos. El núcleo está en el sureste: Victoria y Australia Meridional reúnen la inmensa mayoría de los más de 2.600 registros del Atlas of Living Australia, hasta Wilsons Promontory, el punto más meridional del continente. En el suroeste de Australia Occidental vive una población aislada, de las colinas del Darling Range a la llanura costera. Entre un extremo y otro hay casi 3.000 km. Los registros sueltos de otros estados son tan pocos que conviene revisarlos: casi nueve de cada diez registros son fotos de naturalistas, y las bulldog rojas se confunden con facilidad.
Su clima es templado o mediterráneo: veranos cálidos y secos, con máximas medias de 27–30 °C, e inviernos frescos y húmedos, con máximas de 12–17 °C, mínimas de 4–8 °C y medias diarias de unos 10–12 °C en julio. No es una hormiga tropical: necesita un invierno de verdad, y sus estaciones van al revés que las nuestras.
Cinco bulldog en el mismo monte: el estudio de Barnett
Casi todo lo que se sabe de su vida en la naturaleza sale de la tesis doctoral de J. M. Barnett (Universidad Monash, 1974), que siguió a cinco especies de Myrmecia vecinas en una zona de mallee, el monte bajo de eucalipto, del interior de Victoria. Con el mismo clima y el mismo suelo, M. nigriscapa resultó la más original:
- Un nido más complejo. Cada especie tenía un nido de aspecto exterior propio, pero solo el suyo mostraba una estructura interna más compleja que la de sus vecinas.
- Una hormiga que se muda. Fue una de las dos especies que trasladaron el nido; la otra, M. forceps.
- Un horario a merced del termómetro (ver «Ni de día ni de noche: cuando acompaña la temperatura»).
- Un invierno en blanco (ver «Un invierno sin cría»).
Solo hemos podido leer el resumen, así que no conocemos la profundidad ni las cámaras del nido. Pero queda claro que organiza su casa con esmero y que mudarse forma parte de su repertorio.
Ni de día ni de noche: cuando acompaña la temperatura
En el estudio de Barnett, cuatro de las cinco especies forrajeaban sobre todo de noche, y M. pyriformis, solo de noche. M. nigriscapa rompía el molde: salía a cazar siempre que la temperatura era favorable, fuera la hora que fuera. Llamarla nocturna, como hacen algunas fichas comerciales, es un error: es una cazadora de ventana térmica, algo lógico en un clima en el que lo que limita la actividad es el frío y no la luz.
En las cinco especies, además, el número de forrajeras seguía a la cantidad de cría: más larvas, más cazadoras fuera. Lo verás también en casa (ver «Alimentación»).
Un invierno sin cría
Es el dato que más importa para criarla. Mientras sus vecinas tenían puesta todo el año, M. nigriscapa no tenía cría en invierno y paraba toda su actividad. La reina solo ponía de mediados de julio a principios de diciembre: del final del invierno austral al comienzo del verano.
Los naturalistas cuentan lo mismo: en el Atlas of Living Australia hay entre 360 y 470 registros al mes de octubre a diciembre y apenas unos 40 en junio y en julio, aunque en invierno también sale menos gente al campo. Una reina de M. nigriscapa trae de serie un reloj muy marcado: pone en tandas en la estación buena y pasa el frío sin cría (ver «Diapausa: el frío que despierta a la reina»).
Ojos de cazadora
Dos ojos grandes y convexos ocupan buena parte de los lados de su cabeza. Las Myrmecia cazan solas y con la vista, sin rastros de feromona: cada obrera localiza la presa, se acerca y la sujeta con las mandíbulas antes de usar el aguijón.
Greiner y colaboradores (2007) mostraron que la estructura del ojo de las Myrmecia cambia con la hora a la que sale cada especie, y Narendra y colaboradores (2011), que obreras, reinas y machos tienen ojos adaptados a su propio horario. En M. croslandi, las obreras dan incluso «paseos de aprendizaje» alrededor del nido para memorizar el paisaje antes de salir (Jayatilaka y colaboradores, 2018). Los ojos de M. nigriscapa no se han medido todavía.
En casa te seguirán con la mirada y girarán la cabeza hacia las pinzas. No es agresividad, es su forma de leer el mundo, y la razón por la que la fundación se hace a oscuras (ver «Observar sin miedo, pero con tacto»).
Larvas que comen de la presa
Las bulldog crían a la antigua: las larvas comen solas, directamente de los trozos de insecto que les dejan al lado, en lugar de recibir la comida boca a boca. En su pariente M. gulosa, muchas obreras ponen además huevos tróficos, blandos y estériles, que sirven de alimento a las larvas y a la reina (Dietemann y colaboradores, 2002).
Para tejer el capullo, las larvas necesitan partículas alrededor, y, según las recopilaciones sobre el género, las obreras las cubren de tierra. En una cámara desnuda, muchas no lo consiguen (ver «Sustrato para hilar: lo que no puede faltar»).
Y la reina es, en palabras de Tomás, «un poco inútil» con la cría: a veces la descuida, y si las larvas recién nacidas no tienen comida, puede comérselas. Por eso la comida no puede faltar cuando eclosionan los huevos (ver «Fundación: la reina con prole»).
Un veneno con dos filos
El veneno mejor estudiado del género es el de una pariente de su mismo grupo, M. gulosa. Robinson y colaboradores (2018) mostraron que casi todos sus péptidos salen de una sola familia de genes, las aculeatoxinas: uno incapacita a los insectos, el veneno de caza, y otros activan las neuronas del dolor de los mamíferos, el de defensa.
Eagles y colaboradores (2022) encontraron en él una toxina que imita a las hormonas EGF de los vertebrados y, en ratones, causa una hipersensibilidad al dolor duradera. El veneno de M. nigriscapa no se ha analizado, pero comparte grupo, tamaño y aguijón con M. gulosa (ver «Manejo y seguridad»).
Lo que todavía no sabemos
No hay censos de sus colonias: la cifra de «hasta 1.000 obreras» de algunas tiendas no tiene ningún estudio detrás. Tampoco se conocen sus vuelos nupciales ni si una colonia puede tener varias reinas; en Antomas la tratamos como una especie de una sola reina, con la fundación semiclaustral del género. Para un criador, eso tiene su encanto: cada colonia que crece aporta algo que todavía no está escrito.
Tamaño y morfología
Una Myrmecia grande y estilizada, de patas largas y mandíbulas largas y dentadas. No hay soldados: las obreras varían de tamaño de forma continua, y la reina parece una obrera grande con el tórax más voluminoso.
- Coloración según la literatura. Cabeza, mesosoma (el tórax) y nodo rojos; patas de un rojo amarillento; mandíbulas y clípeo claramente más claros que la cabeza.
- Escapos. Más oscuros que la cabeza: el rasgo que le da nombre.
- Gáster. Base pardo rojiza y punta amarillenta. Su «gemela» del suroeste, M. analis, también tiene la punta amarilla, pero la base negra (Heterick 2009).
- Coloración de nuestras colonias. Cabeza y mesosoma pardo rojizos, patas largas y mandíbulas anaranjadas, y gáster oscuro con la punta más clara.
- Mandíbulas. Largas, con muchos dientes y, como en todo el grupo, un diente suplementario inferior cerca de la punta.
- Cabeza y ojos. Ojos grandes y convexos, ocelos también en las obreras y carina occipital.
- Aguijón. Funcional.
- Cría. Las larvas tejen capullo; en una colonia sana no se ven pupas desnudas.
En nuestras colonias, la base del gáster se ve oscura. Para reconocer a la especie, lo fiable es la combinación de escapos oscuros, mandíbulas claras y punta del gáster amarillenta.
Medidas aproximadas
- Obreras: 17–25 mm
- Reina: 23–26 mm
- Macho: 16–20 mm
Son las medidas de las recopilaciones, a partir de Clark (1951); no hemos podido consultar el original. La sitúan en la liga de M. gulosa y M. pyriformis. Una reina de unos 25 mm necesita darse la vuelta con una larva grande entre las mandíbulas: galerías grandes desde el primer día.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 5/5 – Experto
La ponemos en lo más alto de la escala porque perdona pocos fallos y sus tiempos son largos:
- Una fundación lenta y delicada. La reina es semiclaustral y cuida mal la cría; es normal perder algún capullo.
- Un techo de temperatura. Larvas maduras, nunca por encima de unos 28 °C sostenidos: el verano europeo es un riesgo real.
- Humedad con método y sustrato en el nido para que puedan hilar.
- Un reloj propio. Tras la primera tanda, la reina puede pasar meses sin poner hasta después de una diapausa fresca.
- Vista, estrés y aguijón. Fundación a oscuras y un manejo serio.
Para entrar en el género, en nuestra experiencia son más indulgentes M. pavida y M. nigriceps, y M. nigrocincta es más sencilla, aunque más pequeña; en el extremo opuesto de tamaño está la diminuta M. cf. exigua. Si ya has criado alguna Myrmecia, M. nigriscapa es la gigante tímida que pocos tienen. Y con obreras, todo va más rodado: lo delicado es llegar a ellas.
Parámetros recomendados
- Temperatura del nido: 22–26 °C en la temporada activa, con gradiente.
- Larvas maduras: nunca por encima de unos 28 °C de forma sostenida (ver «El techo de los 28 °C»).
- Humedad: en gradiente y sin porcentajes: húmeda para la cría pequeña, seca y ventilada para los capullos.
- Sustrato: siempre dentro del nido, con fibra vegetal.
- Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
- Luz: oscuridad total en la fundación; después, nido a oscuras y forrajeo con un ciclo normal de día y noche.
- Diapausa: 3–4 meses a 10–15 °C, sin cría.
El techo de los 28 °C
Es la pauta más importante del género. En la experiencia de Antomas con varias Myrmecia, cuando las larvas maduras pasan días por encima de unos 28 °C, fallan al hilar: empiezan el capullo y no lo terminan, lo deshacen y vuelven a empezar hasta agotarse, o pupan desnudas y mueren. En un diario de M. nigrocincta en Formiculture, las larvas pupaban sin capullo y se perdió casi toda la cría. El mecanismo no se ha demostrado; el resultado se repite. Por eso:
- Nido a 22–26 °C; el calor, solo en un lateral, con termostato y sin pasar de 27 °C.
- Nunca calor debajo de la cámara de la cría, ni para intentar acelerar la colonia.
- En verano, el rincón más fresco de la casa, lejos del sol, sin calefactores y, si hace falta, con aire acondicionado.
El calor también frena a la reina: en un diario de M. pavida en Ameisenforum, la reina dejó de poner siete semanas con el forrajeo a 33–35 °C y volvió a hacerlo a 28–29 °C de día y 25–26 °C de noche.
Humedad: empezar en húmedo y dejar secar
Tomás tiene un método sencillo que evita casi todos los problemas:
- Al principio, húmedo. Un tubo o módulo de iniciación bastante húmedo, que les sienta bien a los huevos y a las larvas pequeñas.
- Después, dejar secar. Mientras crecen las larvas, no se añade más agua.
- Capullos en seco. Cuando hilan, la humedad ya ha bajado lo justo. Un capullo mojado muere asfixiado.
Conectar un módulo seco aparte funciona peor de lo que parece, porque las reinas no siempre trasladan los capullos por sí solas. Y si añades agua, sin pasarte: si llega a la cría, la mata. Con obreras, la regla es la misma: una zona algo húmeda y otra seca y ventilada, y ellas llevan cada cosa a su sitio.
Sustrato para hilar: lo que no puede faltar
Las larvas necesitan granos y fibras alrededor para tejer el capullo. Por eso, siempre con sustrato dentro del nido:
- En el tubo o módulo de iniciación: una capa fina de miniarena con algo de fibra vegetal.
- En el hormiguero: montoncitos de tierra, arena fina y algo más gruesa, una pizca de arcilla, fibra vegetal y hojarasca seca, sin llenar las cámaras.
- A la medida de una gigante: sus larvas gastan más material; repón si lo agotan.
En un diario de M. pyriformis, en un nido sin sustrato murieron seis de siete larvas, y el autor culpaba precisamente a la falta de material.
Hormigueros recomendados
El montaje crece en tres pasos, siempre con galerías grandes.
1. Fundación: tubo o módulo de iniciación con miniarena. Pequeño, húmedo al principio y conectado a una zona de forrajeo pequeña. Una reina de 25 mm en un nido enorme se estresa y descuida la cría.
2. Primeras obreras: QBIK DUO con galerías grandes. De la gama Alpha de Anthouse: modular y más bien seco, con el tubo de iniciación conectado como zona húmeda al principio y montoncitos de sustrato dentro.
3. Colonia grande: Qbik Wild NoNa Diáfano. De yeso, que guarda la humedad, y sin cámaras prediseñadas: se rellena de sustrato y la colonia excava el nido a su medida. Ideal para la especie que construye el nido más complejo de su comunidad (ver «Cinco bulldog en el mismo monte: el estudio de Barnett»).
No te adelantes con las ampliaciones: una colonia pequeña en un nido grande pierde el control de la humedad y de la limpieza. Completa el montaje con:
- Forrajeo amplio, con arena, piedras planas y corteza.
- Barrera ancha y tapa segura (ver «Fugas y barreras»).
- Tubo de agua con algodón y bebedero para el azúcar, nunca algodón.
- Termómetro junto al nido: con esta especie no es opcional.
Fundación: la reina con prole
En Antomas vendemos reinas fundadoras con prole, que llegan con huevos, larvas o capullos. La fundación es semiclaustral: a diferencia de una Camponotus, la reina sale a beber, a tomar azúcar y a cazar para sus larvas. Las claves:
- Oscuridad total. Tapa el tubo y su pequeño forrajeo con una cartulina opaca o papel de aluminio, en un sitio tranquilo, sin vibraciones ni paso de personas o animales.
- Revisión diaria y breve. Que haya agua, azúcar y comida, y fuera los restos, sin abrir ni mover el tubo.
- Presa muerta o recién sacrificada. Las reinas de Myrmecia son muy cazadoras y detectan las vibraciones, pero una presa viva que se defiende puede herirlas, y una reina herida es una fundación perdida.
- La eclosión, el momento crítico. Con las primeras larvas, proteína cada día: si no la hay, la reina puede comérselas. En un diario de M. dispar, bastaron unas 12 horas sin presa para perder una larva.
- Pérdidas normales. Uno o dos capullos de cada diez, más o menos; si son muchos, revisa la humedad y la temperatura.
En otras Myrmecia, los criadores cuentan 6–10 semanas del huevo a la obrera, pero en M. nigriscapa el único dato es de unos tres meses y medio. Con las primeras obreras, todo va más rodado: cazan, cuidan la cría y se ocupan de los capullos.
Paciencia de reina: lo que cuenta un diario de cría
El único diario de cría publicado que hemos encontrado es el de un criador alemán en Ameisenforum (2025–2026). Es una sola reina, pero muestra justo lo que hay que esperar:
- Una reina con hambre. El primer día aceptó un grillo y al siguiente puso su primer huevo; tomaba la proteína de las pinzas y lamía el jarabe durante media hora seguida.
- Tres meses y medio hasta la primera obrera. Primer huevo a principios de octubre y primera obrera a mediados de enero, unas 14–15 semanas; pocos días después, cuatro obreras y una pupa.
- Y luego, nada. Unos seis meses sin poner. Un criador australiano le dijo que es lo normal en la especie y le aconsejó una diapausa a 10–15 °C.
- El frío como despertador. Tras unos dos meses en el sótano, sin cría y aceptando proteína, a principios de agosto volvía a haber cría y, semanas después, un buen montón de larvas.
Es lo mismo que vio Barnett en la naturaleza. Algunos vendedores australianos hablan de ciclos de puesta separados hasta por un año, sin ningún estudio que lo respalde. La lección: si tu reina deja de poner tras la primera tanda, no está enferma ni es estéril. Está esperando su invierno.
Llegada y mudanza por volcado
Al recibirla, déjala en un sitio oscuro y tranquilo a 22–25 °C, comprueba que el tubo tiene agua y no la cambies de tubo. Para pasarla al hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado:
- Prepáralo todo antes: el QBIK DUO con su sustrato, la barrera y el agua.
- Trabaja dentro de una caja o bandeja grande con su propia barrera.
- Vuelca con suavidad a la reina, las obreras y la cría junto a la entrada del nido, y ayuda a las rezagadas con pinzas largas o un pincel grueso, nunca con los dedos.
- Deja el nido a oscuras y no las molestes en un par de días.
Para pasarla más adelante a un NoNa, el método es el mismo.
Alimentación
Azúcar todos los días, variando. Las obreras adultas viven de azúcar: néctar y melaza en la naturaleza. La mayoría de los días, agua con azúcar o miel, alternada con el Néctar Blue Sugar de Anthouse, al que se le puede añadir algo de proteína; algún día de la semana, un trocito de fruta madura. Siempre en bebedero, nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido: un bebedero tradicional o casero con la gota tendida y accesible, renovado antes de que fermente.
Proteína según las larvas. Con larvas cazan con ganas; sin ellas, las presas casi no les interesan. La cantidad crece con las larvas, y el tamaño de la presa, con la colonia:
- Fundación: presas pequeñas, muertas o recién sacrificadas, a diario mientras haya larvas: Drosophila, pececillos de plata, Thermobia domestica, del tamaño justo para una reina y sus primeras larvas, o un grillo pequeño abierto.
- Colonia joven: grillos, moscas, cucarachas runner, Shelfordella lateralis, y gusanos de la harina troceados.
- Colonia grande: presas para obreras de 2 cm, como grillos adultos, moscas grandes o ninfas de cucaracha argentina, Blaptica dubia, y, de vez en cuando, alguna presa viva para verlas cazar.
Cambia de insecto cada semana y alimenta mucho, que es la filosofía de Antomas: con mantenimiento diario y retirando los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, no te pases: los restos traen moho y ácaros. Usa insectos de un proveedor fiable, sin insecticidas, y deja la presa en el forrajeo, cerca de la entrada: llegará a las larvas, que comen directamente de ella.
Diapausa: el frío que despierta a la reina
En Antomas recomendamos una diapausa de 3–4 meses a 10–15 °C, apoyada en tres datos: en la naturaleza pasa el invierno sin cría y la reina solo pone en primavera y a principios del verano (Barnett 1974); en su área, la media diaria de julio ronda los 10–12 °C; y en el diario de cría, la reina volvió a poner tras unos dos meses a 10–15 °C.
El aviso más importante de esta ficha: tras su primera tanda, tu reina puede pasar meses sin poner. No la fuerces con calor ni la des por perdida: necesita su invierno.
- Cuándo. Deja que termine la tanda en curso y haz la diapausa cuando la colonia se quede sin larvas ni capullos. Lo cómodo es hacerla coincidir con nuestro invierno, y con el tiempo la colonia se acompasa al calendario europeo; pero si la reina lleva semanas parada pese al calor y la comida, puede hacerse entonces, en un lugar estable a 10–15 °C, como una bodega o una vinoteca.
- Cómo. Baja la temperatura poco a poco, en una o dos semanas, y mantenla 3–4 meses. Agua siempre, algo de azúcar si hay obreras activas, proteína solo si la aceptan y revisiones mínimas.
- Después. Sube igual de despacio hasta 22–26 °C. La reina debería poner en pocas semanas, y con las larvas vuelve la comida diaria.
Si llega el invierno con larvas a medio crecer, espera a que hilen y nazcan antes de enfriar: en la naturaleza, esta especie nunca pasa el invierno con cría.
Observar sin miedo, pero con tacto
Con la colonia establecida, aplica la regla de Antomas: las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, estresándolas lo menos posible. Qué esperar:
- Actividad según la temperatura: sin horario fijo, salen cuando acompaña el termómetro.
- Más caza con larvas: sin ellas, la colonia parece desinteresada de las presas.
- Prudentes más que agresivas: preferirán retirarse, aunque una obrera acorralada o una reina con larvas se defienden.
Señales de alarma:
- Capullos sin cerrar o pupas desnudas: calor o falta de sustrato.
- Capullos con moho o sacados al forrajeo: sobra humedad.
- Larvas que desaparecen en la fundación: hambre o estrés de la reina.
- Obreras recorriendo sin parar el borde del forrajeo: revisa la barrera.
Fugas y barreras
Una obrera de 2 cm suelta, y con aguijón, no pasa desapercibida. Son rápidas, de patas largas, y varias Myrmecia trepan por superficies lisas, así que trátala como trepadora desde el primer día:
- Barrera ancha de aceite de parafina o PTFE en lo alto del forrajeo, renovada a menudo: algunas especies del género saltan varios centímetros, y el PTFE pierde eficacia con mucha humedad.
- Tapa segura y conexiones bien ajustadas.
- Nada que haga de puente, tampoco restos de presas grandes apoyados en la pared.
- Ojo al dar de comer: es cuando ocurren muchas fugas. Comida preparada, abrir lo justo y cerrar enseguida.
Manejo y seguridad
Su picadura duele mucho, bastante más que la de una abeja o una avispa, y como el aguijón no se queda clavado, pueden picar varias veces. En Australia, las Myrmecia causaron casi nueve de cada diez anafilaxias por hormiga con la especie identificada (Brown y colaboradores, 2011). Sin alarmismo, pero con respeto:
- Nunca con las manos: pinzas largas y calma, sin trabajar encima de la entrada.
- No la recomendamos a personas alérgicas a las picaduras de insectos, ni en casas con niños pequeños o mascotas cerca del montaje.
- No juntes reinas ni colonias, y nunca la liberes: es una especie exótica.
Qué no hacer
- Tener larvas maduras por encima de unos 28 °C durante días, o dar calor para acelerar la colonia.
- Usar un nido sin sustrato.
- Mojar los capullos, o seguir aguando el tubo mientras crecen las larvas.
- Dejar a la reina sin proteína cuando eclosionan los huevos, o darle presas vivas grandes.
- Fundar con luz o en una zona de paso.
- Dar por estéril a una reina que deja de poner, o saltarse la diapausa.
- Enfriar larvas a medio desarrollo.
- Pasar a un nido grande antes de tiempo, o usar galerías pequeñas.
- Poner el azúcar en algodón, o dar siempre el mismo insecto.
- Escatimar en la barrera, o abrir el forrajeo sin la comida preparada.
- Manipularla con las manos, o tenerla al alcance de niños o mascotas.
Fuentes científicas
Esta ficha se basa en la bibliografía sobre Myrmecia nigriscapa, el grupo gulosa y el género, en los registros de distribución y el clima de su área, y en la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
- Barnett, J. M. (1974). Ecology and general biology of five sympatric species of Myrmecia (Hymenoptera: Formicidae). Tesis doctoral, Monash University. doi:10.26180/7658450.v1
- Heterick, B. E. (2009). A guide to the ants of South-western Australia. Records of the Western Australian Museum, Supplement 76: 7–206. doi:10.18195/issn.0313-122x.76.2009.007-206
- Ogata, K. & Taylor, R. W. (1991). Ants of the genus Myrmecia Fabricius: a preliminary review and key to the named species (Hymenoptera: Formicidae: Myrmeciinae). Journal of Natural History 25: 1623–1673. doi:10.1080/00222939100771021
- Ogata, K. (1991). Ants of the genus Myrmecia Fabricius: a review of the species groups and their phylogenetic relationships (Hymenoptera: Formicidae: Myrmeciinae). Systematic Entomology 16: 353–381. doi:10.1111/j.1365-3113.1991.tb00694.x
- Hasegawa, E. & Crozier, R. H. (2006). Phylogenetic relationships among species groups of the ant genus Myrmecia. Molecular Phylogenetics and Evolution 38: 575–582. doi:10.1016/j.ympev.2005.09.021
- Mera-Rodríguez, D., Jourdan, H., Ward, P. S., Shattuck, S., Cover, S. P., Wilson, E. O. & Rabeling, C. (2023). Biogeography and evolution of social parasitism in Australian Myrmecia bulldog ants revealed by phylogenomics. Molecular Phylogenetics and Evolution 186: 107825. doi:10.1016/j.ympev.2023.107825
- Ward, P. S. & Brady, S. G. (2003). Phylogeny and biogeography of the ant subfamily Myrmeciinae (Hymenoptera: Formicidae). Invertebrate Systematics 17: 361–386. doi:10.1071/IS02046
- Greiner, B., Narendra, A., Reid, S. F., Dacke, M., Ribi, W. A. & Zeil, J. (2007). Eye structure correlates with distinct foraging-bout timing in primitive ants. Current Biology 17: R879–R880. doi:10.1016/j.cub.2007.08.015
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- Dificultad
- Avanzado

