Rhytidoponera metallica - Hormiga Metálica
Brilla como un metal pulido: verde, azul y violeta según le dé la luz. Rhytidoponera metallica, la hormiga metálica de Australia, guarda en su nido uno de los secretos más extraños del mundo de las hormigas: en la naturaleza casi ninguna colonia tiene reina, porque son decenas de obreras fecundadas, las gamergates, las que ponen los huevos. Sus obreras llaman a los machos con un perfume desde la puerta del nido, cada una lleva un veneno distinto al de sus hermanas y la especie siembra el monte australiano llevándose semillas que nunca se come. Cazadora solitaria, diurna y resistente: la puerta de entrada perfecta a las hormigas australianas. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.
Dificultad: 2/5 – Principiante
La hormiga metálica australiana, de reflejos verdes, azules y violetas. En la naturaleza casi ninguna colonia tiene reina: ponen los huevos varias obreras fecundadas, las gamergates. Las colonias de Antomas se venden siempre con reina. Resistente, diurna y cazadora. Qbik Wild con arena, nido a 23–27 °C sin pasar de unos 27–28 °C, humedad moderada con una parte seca y sin condensación, néctar casi a diario y proteína variada; no come semillas, solo su eleosoma. Diapausa suave de 12–16 semanas (3–4 meses) a 15–18 °C en nuestro invierno. Mudanza por volcado, barrera de aceite mineral y tapa. Pica: siempre con herramientas. No es una especie para personas alérgicas a las picaduras de himenópteros.
Rhytidoponera metallica (F. Smith, 1858), la hormiga metálica que en Australia llaman green-head ant, «hormiga de cabeza verde», es una de las hormigas más comunes de ese continente. Vive en bosques, matorrales, parques y jardines de buena parte del país, y su cuerpo, cubierto de arrugas, brilla con reflejos verdes, azules y violetas según le dé la luz. Es una ectatomina, de la familia de las antiguas «ponerinas»: una hormiga primitiva, con aguijón, buena vista y costumbres de cazadora solitaria.
Lo que la hace única, sin embargo, está dentro del nido. En la mayoría de sus colonias no hay reina: se reproducen decenas de obreras fecundadas, las gamergates, que conviven en el mismo hormiguero. Sus obreras llaman a los machos con un perfume desde la puerta del nido, cada una lleva un veneno distinto al de sus hermanas y la especie siembra el monte australiano llevándose semillas que luego no se come. En casa es una hormiga resistente, activa de día y fácil de observar, perfecta para empezar con las australianas.
Biología
¿Qué es una gamergate?
Una gamergate es una obrera que se ha apareado y pone huevos fecundados: una obrera que hace el papel de reina. La palabra viene del griego gamos, «boda», y ergátēs, «obrera»; una gamergate es, al pie de la letra, una «obrera casada». El término empezó a usarse en los años ochenta y se difundió a partir de un trabajo de Christian Peeters y Robin Crewe de 1984 sobre otra hormiga primitiva.
Las diferencias con una reina son claras:
- No tiene alas ni las ha tenido nunca. Nace como cualquier obrera y se aparea sin volar, junto al nido.
- Tiene cuerpo de obrera. A simple vista no se distingue de sus hermanas. Haskins y Whelden comprobaron en 1965 que, en esta especie, las hembras con forma de obrera crían obreras con normalidad, y que no hay formas intermedias entre reina y obrera.
- Solo lo es una parte de las obreras. Whelden diseccionó 386 obreras de colonias de Queensland y Nueva Gales del Sur, y 21 llevaban esperma: alrededor de un 5 %. Otros trabajos dan entre un 5 y un 15 % de hembras fecundadas por colonia.
- Las que no se aparean también pueden poner, pero sus huevos sin fecundar solo dan machos, como en todos los himenópteros.
Hay otras hormigas con gamergates, como las Diacamma o las Harpegnathos. La diferencia es de escala: en Diacamma hay una sola gamergate por colonia, que impide reproducirse a las demás; en R. metallica, como verás en el apartado siguiente, puede haber decenas a la vez.
Decenas de madres en el mismo nido
¿Cuántas gamergates tiene una colonia? Michel Chapuisat y Ross Crozier lo estudiaron en 2001 con marcadores genéticos en 30 nidos de un parque regional del sur de Victoria. Midieron cuánto se parecen genéticamente las obreras de un mismo nido y el resultado fue sorprendente: un parentesco medio de solo 0,082, cuando entre hermanas completas sería de 0,75. Es el valor más bajo registrado en una sociedad de insectos en la que las reproductoras y las ayudantes tienen el mismo aspecto.
Un parentesco tan bajo solo se explica con muchas madres. Su modelo da un mínimo de unas 9 gamergates efectivas por nido, y los autores calculan que podría haber hasta 150. Las colonias que excavaron tenían de media unas 464 hembras adultas, entre 79 y 1.092: bastante más que las «decenas o pocos cientos» que se leen a menudo. Y otro detalle: los nidos vecinos no se parecen genéticamente más que los lejanos, porque los machos vuelan y mezclan los genes de colonias distantes.
Una colonia de R. metallica es, por tanto, una sociedad de hermanastras y primas lejanas, con decenas de madres trabajando a la vez. Es un caso extremo, muy estudiado por quienes investigan cómo se mantiene la cooperación cuando las compañeras de nido apenas son parientes.
Obreras que llaman a los machos con un perfume
Si las gamergates no vuelan, ¿cómo encuentran pareja? En 1977, Bert Hölldobler y Caryl Haskins publicaron la respuesta en Science: las obreras vírgenes de R. metallica llaman a los machos con una feromona que liberan de una glándula situada entre los últimos segmentos del abdomen, la glándula pigidial. Fue la primera prueba de comunicación química sexual entre las ponerinas, el grupo en el que entonces se clasificaba la especie.
Al año siguiente, Haskins describió la escena con detalle:
- La postura. La obrera se queda quieta junto a la entrada del nido, con la cabeza y el tórax pegados al suelo, el gáster levantado y arqueado y el aguijón fuera.
- La duración. Cada llamada dura uno o dos minutos, alguna más de doce. Después, la obrera se mueve y vuelve a llamar en otro punto.
- La hora y la época. Sobre todo a primera y media mañana, y casi en cualquier época del año: hay registros en todos los meses salvo febrero, agosto y diciembre.
- Los machos. Vuelan bajo, casi a ras de suelo, y se meten en nidos ajenos.
En una colonia de laboratorio, Haskins y Whelden llegaron a ver las cópulas: con el nido a unos 22–24 °C, entre las nueve menos diez y las once menos diez de la mañana, de 30 a 52 segundos cada una. No fue un idilio: las forrajeras atacaban a los machos y a veces los arrastraban dentro del nido, y alguna obrera volvió a entrar todavía en cópula.
Reinas de verdad, pero rarísimas
¿Quiere decir todo esto que R. metallica no tiene reinas? No exactamente. Frederick Smith ya describió una hembra alada en 1858, y en 1986 el mirmecólogo Philip S. Ward demostró que esas reinas son funcionales. Pero son escasas: en cinco años de muestreos por el este de Australia, Ward solo encontró dos. Hasta que, en agosto y septiembre de 1983, aparecieron muchas en el sureste de Queensland: una colonia bajo un tronco tenía 157 obreras y 17 reinas aladas. Ward lo relacionó, como hipótesis, con la fuerte sequía de 1982–83. El material de los museos muestra que se producen reinas en toda el área de la especie.
Dos de las tres reinas que recogió mientras se dispersaban estaban fecundadas, y las llevó al laboratorio. Las dos se arrancaron las alas, excavaron una celda y fundaron cada una su colonia sin encerrarse: salían a cazar para alimentar a sus larvas, una fundación de las que se suelen llamar semiclaustrales. Las larvas usaban granos de arena para tejer sus capullos. Las colonias crecieron despacio: al cumplir un año tenían 41 y 27 obreras, y una de ellas llegó más tarde a unas 120.
Es lo mismo que hacen las reinas de su pariente Rhytidoponera chalybaea y de otras especies del grupo impressa, en las que conviven colonias con reina y colonias con gamergates, aunque nunca en el mismo nido. En R. metallica, en cambio, nadie ha encontrado en el campo una colonia que funcione con reina: las reinas existen, pero la especie vive sobre todo de sus gamergates.
La reina que deja de poner pierde el trono
Ward siguió sus dos colonias de laboratorio durante años y vio algo inquietante. Hacia la semana 56, la reina de una de ellas dejó de poner; las obreras empezaron a atacarla y murió hacia la semana 66. Después, las obreras se enfrentaron entre ellas a golpes de antena y pasaron seis meses haciendo la llamada sexual junto al nido. En la otra colonia, cuya reina seguía siendo fértil, ninguna obrera llamaba.
Ward concluyó que lo que frena a las obreras no es la simple presencia de la reina, sino su actividad: mientras pone, manda; cuando deja de poner, las obreras intentan reproducirse por su cuenta. Es la observación de una sola colonia, pero ayuda a entender por qué esta especie puede prescindir de las reinas.
Colonias que nacen por gemación
Sin reinas que vuelen, las colonias se multiplican por gemación: un grupo de obreras, con alguna gamergate, se separa del nido madre y se instala a poca distancia. Chapuisat y Crozier consideran que en esta especie es la forma normal de fundar colonias nuevas, y que de la dispersión a larga distancia se encargan los machos.
Haskins y Whelden lo pusieron a prueba en 1965 con dos grupos de solo siete obreras sacadas de colonias de laboratorio. Crecieron deprisa, y uno de ellos llegó a tener al menos 227 obreras y 15 machos. Otro de sus experimentos muestra el reverso: dos fragmentos de una colonia mantenida diez años sin aporte de genes nuevos acabaron poniendo huevos que casi no se desarrollaban, algo que los autores atribuyen a la consanguinidad.
Bien llevadas, estas colonias pueden durar muchísimo: una colonia recogida en 1963 seguía viva y creciendo en el laboratorio de Caryl y Edna Haskins veinte años después, y los autores escribieron que pueden mantenerse casi indefinidamente.
La jardinera del monte australiano
A menudo se lee que esta hormiga come semillas. No es así, y la realidad es más interesante. Muchas plantas australianas tienen semillas con un eleosoma, un apéndice carnoso y rico en grasas que funciona como un regalo para las hormigas. R. metallica se lleva la semilla al nido, se come el eleosoma y tira la semilla intacta. Es la mirmecocoria, la dispersión de semillas por hormigas, y los números muestran lo bien que la hace:
- Cerca de Sídney (Hughes y Westoby, 1992), R. metallica y Aphaenogaster longiceps solían dejar la semilla entera en la superficie del nido, mientras que una Pheidole se las comía. Las semillas que pasaban por R. metallica tenían más probabilidades de sobrevivir.
- En Australia Meridional (Beaumont y colaboradores, 2013), volvía a sacar del nido el 43,6 % de las semillas que se le daban, casi todas con restos de eleosoma, y las dejaba de media a unos 60–80 cm de la entrada.
- En cunetas de Nueva Gales del Sur (Palfi y colaboradores, 2017), protagonizó el 28 % de las dispersiones, con distancias medias de 1,4–1,6 m y una máxima de 14 m.
Los investigadores la consideran una de las grandes dispersoras de semillas de Australia: una hormiga que, sin proponérselo, siembra el monte. En casa no necesita semillas, pero si alguna vez le ofreces una con eleosoma, podrás ver este comportamiento con tus propios ojos (ver «Alimentación»).
Cazadora solitaria y oportunista
Fuera del nido, R. metallica trabaja sola. Cada obrera patrulla por su cuenta, de día, y vuelve al nido si el cielo se nubla. Caza y recoge pequeños insectos y otros artrópodos, vivos o muertos. Thomas y Framenau (2005) observaron que las forrajeras se llevan la primera presa que encuentran, sea del tamaño que sea, y que las de colonias grandes van más lejos y pasan más tiempo fuera.
No forma columnas: Haskins y Haskins (1983) no encontraron pruebas de que marque caminos con feromonas, y proponen que lo que marca, con gotitas fecales, es el sitio del nido. Tampoco hay castas físicas: todas las obreras son parecidas, y el reparto del trabajo depende del tamaño de la colonia. En las grandes, de más de 450 obreras, las jóvenes cuidan la cría y las veteranas salen a forrajear; en las pequeñas, de menos de 80, no hay esa división (Thomas y Elgar, 2003).
El mirmecólogo Alan Andersen incluyó a Rhytidoponera entre las «oportunistas» de su clasificación de las comunidades de hormigas australianas: especies poco especializadas, típicas de lugares alterados. Eso explica que prospere en jardines, céspedes y cunetas, y que sea tan agradecida en cautividad.
Vecinas toleradas, forasteras no
¿Se pelean las colonias entre sí? Depende de la distancia. Caryl y Edna Haskins enfrentaron durante años obreras de distintas colonias y vieron que la tolerancia disminuye con los kilómetros (1979):
- Hasta unos 5 km: las colonias se toleran.
- A unos 32 km: la regla es la hostilidad.
- A unos 900 km, entre Queensland y Nueva Gales del Sur: antagonismo total.
Dos mitades de una misma colonia, separadas cuatro años o más, seguían aceptándose. Y en 1983 añadieron un detalle curioso: las obreras sueltas o en grupos de diez solían ser adoptadas por una colonia ajena, pero si se introducía un nido entero con su tierra, el ataque era inmediato, violento y casi general. Los autores lo atribuyen a una marca química del propio sitio del nido. En casa, la lección es sencilla: no se juntan colonias.
Un veneno distinto en cada obrera
En 2023, un equipo encabezado por Samuel D. Robinson analizó el veneno de R. metallica y encontró 123 componentes, la mayoría de una misma familia de péptidos, las aculeatoxinas. Uno de ellos, el Rm4a, causa dolor en ratones; otro, el Rm1a, es insecticida; y algunos tienen actividad antibacteriana y antifúngica.
La sorpresa llegó al comparar obreras: dos obreras del mismo nido comparten de media solo un 62 % de su veneno. La razón está, otra vez, en las gamergates: como hay muchas madres, las obreras heredan variantes distintas de los genes de las toxinas, y la colonia en conjunto reúne más de cinco veces más toxinas distintas que otros venenos de hormiga estudiados. Los autores proponen que esa diversidad ayuda a sostener la vida en sociedad en una colonia de parientes tan lejanas.
Una de las hormigas más comunes de Australia
El Australian Museum la considera uno de los insectos más abundantes y extendidos de Australia. Vive en Victoria, Nueva Gales del Sur, el Territorio de la Capital Australiana, Australia Meridional, buena parte de Australia Occidental, el sur del Territorio del Norte y el este de Queensland, desde el nivel del mar hasta unos 1.000 m. Ocupa bosques, sabanas arboladas, matorrales y brezales, y abunda en las ciudades: céspedes, parques y jardines.
Su facilidad para vivir junto a las personas la ha hecho viajar. En Nueva Zelanda se encontró por primera vez en Auckland a finales de los años cincuenta, al parecer llegada con cargamentos de madera, y desde 2001 se recoge en Napier, donde se considera probablemente establecida. Y una advertencia de los taxónomos: su número de cromosomas varía mucho de unas poblaciones a otras, y lo que hoy llamamos R. metallica podría ser un complejo de especies hermanas muy parecidas.
Una piedra a su medida
En el campo anida en el suelo: bajo piedras, troncos y ramas, entre raíces de hierba o al pie de los arbustos. Thomas (2002) estudió sus nidos en un bosque de Victoria y encontró que evita las piedras de menos de 200 cm² y que, cuanto mayor es la colonia, mayor es la piedra que ocupa. En el laboratorio, las obreras distinguían las piedras grandes por sus dimensiones. Bajo una piedra, el nido queda protegido de los extremos de temperatura y la cría recibe un calor extra.
No son nidos para siempre: las colonias se mudan a menudo, sobre todo en verano. Es una de las razones por las que en cautividad aceptan sin problemas un hormiguero nuevo.
De Ponera metallica a «hormiga de cabeza verde»
La describió el entomólogo británico Frederick Smith en 1858, como Ponera metallica, a partir de ejemplares de Adelaida conservados hoy en el Museo de Historia Natural de Londres. Desde entonces ha pasado por Ectatomma y Chalcoponera hasta quedarse en Rhytidoponera, el género que Gustav Mayr creó en 1862. El nombre del género parece venir del griego rhytís, «arruga», unido a Ponera, por la escultura arrugada de su cuerpo; metallica significa «metálica».
Durante el siglo XX recibió varios nombres que luego resultaron ser la misma hormiga, como purpurascens, varians, caeciliae o pulchra; William L. Brown los unificó en 1958, cuando la especie aún se clasificaba entre las ponerinas. Hoy está en la subfamilia Ectatomminae, dentro de un género de más de un centenar de especies repartidas por Australia y Melanesia, hasta Nueva Caledonia.
En inglés tiene varios nombres: green-head ant, greenhead ant, que es el que usan los artículos científicos, y metallic pony ant, el nombre que recoge el Atlas of Living Australia. En Antomas la llamamos Hormiga Metálica.
Tamaño y morfología
Hormiga mediana, robusta y muy esculpida, con aguijón, ojos bien desarrollados y una sola casta de obreras, sin soldados. Las gamergates tienen el mismo aspecto que el resto de obreras.
- Color. Verde o azulado metálico, con las mandíbulas, las antenas, las patas y el extremo del gáster rojizos (Emery 1912). Según le dé la luz, el brillo pasa del verde al azul y al violeta, y su nombre inglés alude a la cabeza verde. Es un brillo iridiscente, pero nadie ha estudiado todavía cómo se produce. Las obreras de nuestras colonias son de un verde metálico intenso, como en las fotos de este producto.
- Escultura. Cabeza y tórax con una rugosidad gruesa en forma de red y estrías longitudinales en la frente; el primer segmento del gáster, con finas estrías curvas (Smith 1858; Emery 1912).
- Pecíolo. Nodo grueso, más alto que ancho, con una pequeña espuela por debajo, el proceso subpeciolar (Heterick 2009).
- Ojos y patas. Ojos bien desarrollados, propios de una cazadora que se orienta con la vista. En el género, las uñas de los tarsos llevan un diente en el medio (Brown 1958).
- Aguijón. Funcional y bien desarrollado (ver «Manejo y seguridad»).
- Reina. Alada, algo mayor que la obrera y con el tórax menos comprimido (Smith 1858). Tras el apareamiento se arranca las alas. Es rara en la naturaleza.
- Macho. Alado, de color pardo negruzco o negro, con el cuerpo rugoso y las alas algo ahumadas (Mayr 1866).
- Desarrollo. Las larvas tejen un capullo, y para hacerlo necesitan partículas: en el laboratorio usaban granos de arena (Ward 1986).
- Cromosomas. Muy variables: en el sur de Victoria, de n = 17 a n = 22 según la población (Crozier 1969).
Medidas aproximadas
- Obreras: 6–6,5 mm (Emery 1912); unos 6,5 mm en las poblaciones de Nueva Zelanda (Don y Harris 2005); 5–7 mm según el Australian Museum. Las gamergates miden lo mismo.
- Reina alada: de unos 7,4 mm (Smith 1858) a 8 mm (Emery 1912)
- Macho: unos 5,2–5,5 mm (Mayr 1866; Crawley 1925, recogido en AntWiki)
Las gamergates miden lo mismo que cualquier obrera: las cifras de 7–8 mm que a veces se les atribuyen corresponden en realidad a la reina alada.
Mantenimiento en cautividad
Dificultad: 2/5 – Principiante
Es una de las mejores puertas de entrada a las hormigas australianas y a las especies primitivas: resistente, activa de día, buena cazadora y sin exigencias raras de temperatura. Come de casi todo lo que se le ofrece, se adapta bien a los hormigueros y se deja observar.
¿Por qué no un 1/5? Por tres detalles:
- Pica. Hay que trabajar siempre con herramientas, barrera y tapa (ver «Manejo y seguridad»).
- Una biología peculiar. Conviene entender el papel de la reina y de las gamergates para no llevarse sorpresas (ver «La reina en casa»).
- Humedad sin encharcar. Le gusta un nido moderadamente húmedo, pero la condensación ahoga a las obreras recién nacidas y a la cría.
Y merece mucho la pena. Pocas hormigas brillan así a la luz, y pocas se reproducen de una forma tan curiosa como la de sus gamergates. En Antomas tienes a la venta Rhytidoponera metallica y, si te atraen las australianas, también a su pariente R. chalybaea, de reflejos azules, y a la hormiga de la carne, Iridomyrmex purpureus.
Parámetros recomendados
- Temperatura del nido: 23–27 °C en la temporada activa, siempre con termostato. No pases de unos 27–28 °C: no necesita ninguna zona más caliente. Por la noche puede bajar unos grados sin problema.
- Por qué así: en buena parte de su área, la media del aire en los meses cálidos va de unos 18 a 26 °C, con máximas de 25–34 °C, y es entonces cuando cría. Los criadores coinciden en un nido de 24–28 °C.
- Humedad: moderada, en torno al 50–70 % en la parte húmeda del nido, con otra parte más seca y la zona de forrajeo seca (ver «Humedad, pero sin condensación»).
- Agua: siempre, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
- Arena: en la zona de forrajeo y, si el nido lo permite, en las cámaras. Las larvas la necesitan para tejer el capullo.
- Luz: nido a oscuras y forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche. Es diurna: con luz la verás en plena actividad.
- Diapausa: suave, de 12–16 semanas (3–4 meses) a 15–18 °C en nuestro invierno (ver «Diapausa»).
Humedad, pero sin condensación
Es el punto que más conviene cuidar. Le va bien un nido con una zona moderadamente húmeda para la cría y otra más seca, para que las propias hormigas elijan dónde poner cada cosa. Pero los criadores coinciden en un aviso: el exceso de agua es peligroso. Hay casos de obreras recién nacidas ahogadas en gotas de condensación, y en los nidos de bloque las colonias se van a las zonas más secas.
- Humedece solo una parte del nido, nunca todo.
- Sin gotas en las paredes: si ves condensación, deja de humedecer unos días y ventila.
- Arena ligeramente húmeda en la zona de cría, para que las larvas tejan sus capullos.
- Restos fuera en 24 horas: la comida enterrada en la arena se enmohece.
Hormigueros recomendados
En Antomas recomendamos la gama Qbik Wild de Anthouse: hormigueros de yeso que guardan la humedad y permiten el gradiente que necesita, con un aspecto natural que luce muy bien con sus reflejos metálicos. Para una colonia joven, el Qbik Wild One P 1C:
Para ampliar, el Qbik Wild Duo P 2C Híbrido:
El módulo, siempre proporcionado a la colonia: en un hormiguero demasiado grande, las cámaras vacías acaban convertidas en basurero, con moho y ácaros. Amplía cuando veas obreras quietas en la zona de forrajeo, sin sitio dentro. Completa el montaje así:
- Arena fina en la zona de forrajeo, para que se agarren, excaven y tengan material para los capullos.
- Una piedra plana o un trozo de corteza en el forrajeo: recuerda a sus nidos naturales y les sirve de refugio.
- Agua en tubo de ensayo con algodón, y bebedero para el néctar, nunca en algodón.
- Barrera de aceite mineral y tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).
- Calor suave en un lateral, con termostato y lejos del bebedero.
La reina en casa
Aquí conviene separar dos cosas: cómo se reproduce la especie en la naturaleza y cómo funciona una colonia en un hormiguero.
- Las colonias de Antomas tienen siempre reina. Las gamergates son lo habitual en la naturaleza, pero lo que vendemos son colonias con una reina fecundada que pone los huevos.
- En la naturaleza, casi todas las colonias se reproducen con decenas de gamergates y se multiplican por gemación. Las reinas son raras, pero funcionales.
- Una colonia con reina depende de ella: mientras pone, la colonia crece. En el laboratorio de Ward, cuando una reina dejó de poner, las obreras la atacaron y empezaron a llamar a los machos (ver «La reina que deja de poner pierde el trono»).
- Las obreras sin aparear también ponen, pero sus huevos solo dan machos. Ver machos alados de vez en cuando es normal: las colonias de esta especie los producen de forma irregular a lo largo del año.
- Reinas longevas. En nuestra experiencia, las reinas de esta especie viven mucho. Y si un día faltara, una gamergate puede tomar el relevo: en Antomas hemos sacado adelante colonias con gamergates tras la muerte de la reina. Para convertirse en gamergate, una obrera tiene que aparearse con un macho.
- Nunca se juntan colonias ni se añaden reinas u obreras de otra colonia (ver «Vecinas toleradas, forasteras no»).
Fundación y crecimiento
Si tu colonia es todavía pequeña, recuerda lo que vio Ward: las reinas de R. metallica no se encierran a esperar, sino que salen a cazar para alimentar a sus larvas. Por eso, en Antomas recomendamos tratarla como una fundación semiclaustral:
- Tubo y tranquilidad. Mantén el tubo como llega, con su reserva de agua, en un sitio oscuro, tranquilo y sin vibraciones, a 24–26 °C. Los criadores cuentan que en esta fase son sensibles a la luz y a los golpes: cubre el tubo con un paño o un cartón.
- Comida desde el principio. Presas pequeñas a menudo (en el laboratorio de Ward se les daba Drosophila a diario), como una mosca de la fruta o una Thermobia pequeña, y una gotita de néctar en un trocito de papel de aluminio, nunca en el algodón. Retira lo que sobre al día siguiente.
- Arena para los capullos. Si tienes que cambiarla de tubo, pon en el nuevo un poco de arena fina para que las larvas puedan tejer.
- Paciencia. De huevo a obrera pasan unos 2,5–3,5 meses, según los criadores, algo que concuerda con lo observado por Ward. Las primeras obreras son pocas, y a veces les cuesta salir del capullo. Las colonias de Ward tenían 41 y 27 obreras al cumplir un año; un criador de Sídney pasó de unas 25 obreras a más de 200 en unos nueve meses.
¿Cuándo pasarla al hormiguero? Cuando el tubo se quede pequeño, se ensucie o se quede sin agua, siempre a un módulo proporcionado a la colonia y por volcado (ver «Llegada y mudanza por volcado»).
Llegada y mudanza por volcado
Al recibir la colonia, déjala reposar en un sitio tranquilo y oscuro, a 24–26 °C, comprueba que tiene agua y ofrécele una presa pequeña y una gota de néctar. Para pasarla al hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado:
- Monta antes el hormiguero, con la zona húmeda lista, la arena puesta, la barrera de aceite y el agua en su sitio.
- Trabaja sobre una bandeja, con pinzas largas y un pincel suave, nunca con las manos.
- Abre el tubo en la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y vuelca con suavidad a la reina, las obreras y la prole, ayudando a las rezagadas con el pincel.
- Cierra la tapa y deja el nido a oscuras. Son rápidas: en poco tiempo habrán llevado la prole al interior.
Para pasarla después a un módulo mayor, el mismo método. En la naturaleza se mudan a menudo, así que lo aceptan bien.
Alimentación
Proteína: el motor del crecimiento. Es cazadora y carroñera, y acepta casi cualquier insecto. La reina y las larvas la necesitan para crecer, y en la experiencia de Antomas, cuanta más proteína reciben, más rápido y en mayor número crecen las colonias. Si haces mantenimiento a menudo y retiras los restos en 24 horas, es mejor pasarse que quedarse corto; si no vas a poder limpiar, mejor no sobrealimentar. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo:
- Thermobia domestica: presa pequeña y blanda, perfecta para colonias jóvenes.
- Colémbolos (Sinella curviseta): además de alimento, mantienen limpio el sustrato.
- Grillos (Acheta domesticus) y cucarachas runner (Shelfordella lateralis), pequeños o troceados.
- Cucarachas argentinas (Blaptica dubia) y gusanos de la harina (Tenebrio molitor), recién matados o en trozos.
- Drosophila sin alas y moscas pequeñas, ideales en las primeras semanas.
Como se llevan la primera presa que encuentran, en una colonia pequeña ofrece presas pequeñas o troceadas. Compra los insectos a un proveedor fiable: los tratados con insecticidas pueden matar a la colonia.
Néctar, casi a diario. En Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro néctar o líquido azucarado, como miel diluida, 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelo siempre en un bebedero, donde la gota quede «tendida» y accesible, y nunca en algodón, que se enmohece y estropea el líquido enseguida.
Semillas: no hacen falta. No es granívora: de las semillas solo aprovecha el eleosoma (ver «La jardinera del monte australiano»), así que no le pongas mezclas de semillas como comida. Si quieres ver su papel de jardinera, ofrécele de vez en cuando alguna semilla con eleosoma, como las de las violetas o la celidonia del jardín, y retira al cabo de unos días las que saque del nido.
Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón.
Diapausa
No necesita frío intenso, pero tampoco vive igual todo el año. En el sureste de Australia, las obreras siguen forrajeando en invierno, aunque menos, y Thomas (2003) solo encontró larvas y pupas en los meses cálidos. Su invierno es suave: en los meses más fríos, la media del aire ronda los 10–17 °C según la zona, con mínimas de unos 5–12 °C. Haskins y Whelden mantenían sus colonias de laboratorio a 15–17 °C en invierno.
Por eso en Antomas recomendamos una diapausa suave de 12–16 semanas (3–4 meses), más o menos de noviembre a febrero o marzo, a 15–18 °C:
- Entrada gradual. En otoño, baja la temperatura poco a poco durante 2–3 semanas.
- Durante la diapausa: agua siempre, un poco de néctar y alguna presa pequeña si la ves forrajear. Molesta a la colonia lo menos posible.
- Sin pasarse de frío: no bajes de unos 12 °C. No es una diapausa de hormiga europea.
- Salida progresiva al terminar, hacia febrero o marzo, hasta volver a 23–27 °C, y proteína en cuanto veas cría.
- Dónde: una habitación fresca sin calefacción suele bastar.
Recuerda que en su área las estaciones van al revés que aquí. Si recibes la colonia en otoño, puedes mantenerla activa ese primer invierno o darle un reposo corto y suave; a partir del año siguiente, la diapausa normal en nuestro invierno.
En vídeo: sangre australiana
Un vídeo corto de Anthouse en el que sale Rhytidoponera metallica:
Rhytidoponera metallica en el canal de Anthouse («Sangre australiana», segunda parte).
Comportamiento y observación
Diurna y muy activa. Con luz y calor, las obreras recorren la zona de forrajeo a toda velocidad, cada una por su cuenta, y se lanzan sobre la primera presa que encuentran. Es una de esas especies que se dejan ver.
La llamada de las obreras. Si ves a una obrera quieta junto a la entrada, con la cabeza pegada al suelo, el gáster levantado y el aguijón fuera, está haciendo la llamada sexual. Las obreras de esta especie la hacen aunque no haya machos cerca, y en el laboratorio de Ward se volvió muy frecuente cuando la reina dejó de poner. Es uno de los comportamientos más raros que se pueden ver en un hormiguero.
Defensa. Con otros insectos son decididas, y si golpeas el hormiguero o lo abres de golpe, saldrán a defenderlo con el aguijón.
Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles el nido a oscuras y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo lo menos posible.
Señales de alarma:
- La colonia no crece en plena temporada: revisa la temperatura y la proteína.
- Gotas en las paredes, moho u obreras muertas en zonas mojadas: sobra humedad o quedan restos.
- Obreras que atacan a la reina: puede que haya dejado de poner.
- Muchas obreras quietas en el forrajeo, sin sitio dentro: toca ampliar.
Fugas y barreras
Los criadores coinciden en que las obreras trepan mal por el cristal y el plástico liso. Pero con una hormiga que pica no merece la pena arriesgarse: hay criadores que han tenido fugas, las reinas y los alados trepan mejor que las obreras, y el polvo, la arena o la condensación en las paredes pueden darles agarre.
- Una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo, renovada cuando acumule polvo o restos.
- Tapa bien ajustada, sin rendijas en conexiones ni tapones.
- Nada que sirva de puente hasta la barrera: ni ramitas largas, ni pinzas olvidadas, ni tubos apoyados.
Manejo y seguridad
Su picadura duele, bastante más de lo que haría pensar su tamaño: el mirmecólogo William L. Brown la describió como un dolor sordo y duradero. En el gran estudio australiano sobre alergia a las picaduras de hormiga, de 2011, fue además la única especie, aparte de las Myrmecia, que apareció como causa de reacciones alérgicas graves: 34 de 299 casos, sobre todo en la costa norte de Nueva Gales del Sur y el sureste de Queensland. Con un manejo tranquilo y con herramientas, es raro que llegue a picarte:
- Nunca con las manos. Siempre con herramientas: pinzas largas, un pincel suave y, para los traslados, tubos y adaptadores.
- Abre el hormiguero lo justo, trabaja con calma sobre una bandeja y ciérralo al terminar.
- No es una especie para personas alérgicas a las picaduras de abejas, avispas u hormigas. Con niños pequeños o mascotas en casa, el hormiguero siempre cerrado y fuera de su alcance.
- Si te pica, lava la zona y aplica frío.
Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.
Qué no hacer
- Manipularla con las manos o abrir el hormiguero sin barrera ni herramientas.
- Juntar colonias o añadir reinas u obreras de otra colonia.
- Mojar todo el nido o dejar que se forme condensación en las paredes.
- Mantener el nido por encima de unos 27–28 °C o ponerle una zona muy caliente.
- Montar un nido sin arena: las larvas la necesitan para tejer el capullo.
- Darle mezclas de semillas como comida: no es granívora.
- Poner el néctar en algodón o dejar restos de presas más de un día.
- Darle siempre el mismo insecto o quedarse corto de proteína cuando hay larvas.
- Someterla a una diapausa fría, de hormiga europea, o cambiar la temperatura de golpe al entrar o salir de ella.
- Alojar una colonia pequeña en un hormiguero enorme.
Fuentes científicas
Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Rhytidoponera metallica y su género, de datos climáticos de su área de distribución y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:
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- Hölldobler, B. & Haskins, C. P. (1977). Sexual calling behavior in primitive ants. Science 195: 793–794. doi:10.1126/science.836590
- Haskins, C. P. (1978). Sexual calling behavior in highly primitive ants. Psyche 85: 407–415. doi:10.1155/1978/82071
- Haskins, C. P. & Haskins, E. F. (1979). Worker compatibilities within and between populations of Rhytidoponera metallica. Psyche 86: 299–312. doi:10.1155/1979/12031
- Haskins, C. P. & Haskins, E. F. (1983). Situation and location-specific factors in the compatibility response in Rhytidoponera metallica. Psyche 90: 163–174. doi:10.1155/1983/67615
- Peeters, C. & Crewe, R. (1984). Insemination controls the reproductive division of labour in a ponerine ant. Naturwissenschaften 71: 50–51. doi:10.1007/BF00365989
- Ward, P. S. (1986). Functional queens in the Australian greenhead ant, Rhytidoponera metallica. Psyche 93: 1–12. doi:10.1155/1986/89482
- Hughes, L. & Westoby, M. (1992). Fate of seeds adapted for dispersal by ants in Australian sclerophyll vegetation. Ecology 73: 1285–1299. doi:10.2307/1940676
- Chapuisat, M. & Crozier, R. H. (2001). Low relatedness among cooperatively breeding workers of the greenhead ant Rhytidoponera metallica. Journal of Evolutionary Biology 14: 564–573. doi:10.1046/j.1420-9101.2001.00310.x
- Thomas, M. L. (2002). Nest site selection and longevity in the ponerine ant Rhytidoponera metallica. Insectes Sociaux 49: 147–152. doi:10.1007/s00040-002-8294-y
- Thomas, M. L. & Elgar, M. A. (2003). Colony size affects division of labour in the ponerine ant Rhytidoponera metallica. Naturwissenschaften 90: 88–92. doi:10.1007/s00114-002-0396-x
- Brown, S. G. A. et al. (2011). Causes of ant sting anaphylaxis in Australia: the Australian Ant Venom Allergy Study. Medical Journal of Australia 195: 69–73. doi:10.5694/j.1326-5377.2011.tb03209.x
- Beaumont, K. P., Mackay, D. A. & Whalen, M. A. (2013). Multiphase myrmecochory: the roles of different ant species and effects of fire. Oecologia 172: 791–803. doi:10.1007/s00442-012-2534-2
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