Comprar Camponotus sp. "Guangxi" – Hormiga Horse Face | Antomas
Comprar Camponotus sp. "Guangxi" – Hormiga Horse Face | Antomas

Camponotus sp "guangxi" - Hormiga Horse Face

Últimas unidades en stock
89,99 €
Impuestos incluidos

Una reina con cara de caballo y un nombre que nadie ha resuelto todavía. La Hormiga Horse Face es una Camponotus negra mate y robusta del sudeste asiático, de patas pardo-rojizas, cuya reina, grande y de 13–15 mm, luce la cabeza alargada que le da el apodo, algo que sus obreras no tienen. Una especie sin identificar y casi sin documentar, que guarda su gran secreto para quien la críe: nadie ha visto todavía salir a sus soldados. Hormiga carpintera de un linaje con reinas que han superado los veinte años, desinfecta su propia despensa tragándose su ácido fórmico. En Antomas la consideramos una especie para empezar: azúcar siempre a mano, insectos y sin diapausa. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

Paga en 3 plazos, sin intereses. 0%TAE. 

 

Dificultad: 2/5 – Principiante

Camponotus negra mate y robusta del sudeste asiático, con una reina de 13–15 mm que tiene la cabeza alargada, la «cara de caballo»; las obreras no la tienen. Especie sin identificar: «guangxi» es un nombre comercial. Colonias con reina. Qbik Alpha con galerías medianas para empezar y grandes después, 24–28 °C sin pasarse de calor, sin diapausa, líquidos azucarados siempre disponibles e insectos, al principio sobre todo muertos. Trepan bien: barrera de aceite mineral.

La Hormiga Horse Face es una Camponotus del sudeste asiático, negra mate y robusta, con las patas y las antenas de color pardo rojizo y con un rasgo que le ha dado el apodo: la cabeza alargada, más larga que ancha, la que en el hobby se conoce como «cara de caballo». Y no hay que esperar a los soldados para verla: en nuestras colonias, la cara de caballo ya la tiene la reina, una reina grande, de 13–15 mm.

Es también una de las hormigas más misteriosas de nuestro catálogo. No tiene nombre científico, porque nadie la ha identificado todavía, y no hemos encontrado ninguna ficha de cría, ningún foro y ningún vídeo dedicados a ella. Por eso, en esta ficha separamos siempre tres cosas: lo poco que se puede decir de su identidad, lo que está documentado del género Camponotus y de sus posibles parientes, y lo que hemos aprendido criándola en Antomas. Lo último se resume rápido: es una Camponotus fácil, que agradece el azúcar, la proteína y un hormiguero sencillo, y que todavía guarda algún secreto.

Biología

Camponotus sp. «guangxi»: qué dice (y qué no dice) su nombre

Empecemos por el nombre, porque preferimos contártelo nosotros. En taxonomía, «sp.» es la abreviatura de species, «especie», y se escribe detrás del género cuando se sabe a qué género pertenece un ejemplar, pero no a qué especie: porque no se ha podido identificar o porque, sencillamente, la especie todavía no tiene nombre. Camponotus sp. quiere decir, por tanto, «una Camponotus de especie desconocida». No hay que confundirla con otras dos abreviaturas que también verás en el hobby: «cf.» (de confer, «compárese con»), que se usa cuando un ejemplar se parece mucho a una especie concreta, pero no se puede confirmar, y «sp. n.» o «sp. nov.», que marca una especie nueva en el artículo que la describe.

Lo que va entre comillas, «guangxi», no es un nombre científico, sino una etiqueta comercial: por eso va en minúscula, entre comillas y sin cursiva. Es una costumbre del hobby, donde muchas hormigas sin identificar circulan con un apodo, a menudo un nombre de lugar, para distinguirlas de otras del mismo género. Guangxi es una región del sur de China, y de ahí viene la etiqueta. Pero no conviene darle más valor del que tiene: es un nombre comercial y no indica de dónde proceden nuestras colonias, que vienen del sudeste asiático. Tampoco dice nada sobre la especie.

¿Y por qué nadie le ha puesto nombre? Porque identificar una Camponotus asiática no es sencillo. Es uno de los géneros de hormigas más grandes del mundo, con más de mil especies descritas, y en el sudeste asiático se siguen describiendo especies nuevas, como verás en el apartado siguiente. Hemos buscado «Camponotus sp. guangxi» y «horse face» en foros, vídeos y publicaciones, en varios idiomas y también en chino, y ninguno de los dos nombres aparece asociado a una especie concreta: no hay ningún nombre científico propuesto para esta hormiga. Lo honesto es llamarla como la llamamos y contarte qué candidatas encajan. Si algún día un especialista le pone nombre, actualizaremos esta ficha.

Dos sospechosas de cabeza alargada

Con lo que se ha publicado, hay dos pistas que merece la pena seguir. Ninguna es una identificación: son las especies descritas que más se parecen a nuestra hormiga por la forma de la cabeza.

El complejo Camponotus selene. Es una novedad de 2026. Los mirmecólogos Marco Chan, Matthew T. Hamer y Benoit Guénard propusieron este grupo de especies, nativo del sudeste asiático, que reúne a C. selene, C. obtusatus (que recuperó el rango de especie), C. siamensis y una especie nueva para la ciencia, C. orthogonius, y publicaron claves para distinguirlas a partir de las obreras minor y de las major. Lo interesante es cómo describen la cabeza de las major de C. orthogonius: rectangular y más larga que ancha, con los lados paralelos y el borde posterior recto, y en parte fragmótica, es decir, adaptada para tapar la entrada del nido (ver «Cabezas que hacen de puerta»). El cuerpo es negro, y las mandíbulas y las antenas, de color pardo rojizo. Hasta aquí, el parecido es notable.

Pero hay diferencias. En C. orthogonius, los dos quintos delanteros de la cabeza de las major son anaranjados, y la especie es de tamaño mediano: la cabeza de sus major mide unos 2 mm de largo. Además, es arborícola. La serie tipo se recogió en varias ramitas muertas vecinas de un mismo árbol caído, lo que sugiere una colonia repartida en varios nidos, y sus obreras forrajean de día por la vegetación. Nuestras hormigas, en cambio, son de un negro mate uniforme, al menos en la foto del producto, y la reina es grande. Encaja, pero solo en parte. Del resto del complejo no hemos podido consultar las descripciones completas.

Camponotus albivillosus. La describió el mirmecólogo Zhou Shanyi en 2001. En su descripción, la major tiene la «cabeza alargada, con los lados subparalelos y el borde occipital convexo»: una cabeza larga, de lados casi paralelos y con la parte de atrás redondeada. Es justo el tipo de cabeza que en el hobby se llama «de caballo». El problema es que solo se conoce por esa descripción original, que no hemos podido leer completa. Y su nombre, albivillosus, «de vello blanco», sugiere una pilosidad blanca abundante que habría que buscar en nuestras colonias.

¿Y si no es ninguna de las dos? Es perfectamente posible. Algunas Camponotus asiáticas solo se conocen por su descripción original, y otras siguen sin describir. Para salir de dudas habría que comparar las major y las minor de nuestras colonias con las claves de Chan y sus colegas y con los ejemplares tipo, y eso es trabajo de especialista. Mientras tanto, si te pica la curiosidad, en «Cómo se mide una cara de caballo» te contamos cómo comparar la cabeza de tus hormigas con la de las candidatas.

Cara de caballo: el porqué del apodo

En el hobby, «horse face», «cara de caballo», se usa para las hormigas de cabeza alargada: más larga que ancha, estrecha y de lados casi paralelos, que vista de frente recuerda a la cara de un caballo. No es un término científico, y no siempre se aplica a la misma casta. En un blog de naturalistas del sudeste asiático, por ejemplo, se llama horse faced a las obreras minor de cara alargada de algunas Camponotus, no a las major. El mismo blog recuerda que las Camponotus de la región pueden tener obreras de dos, tres o hasta cuatro tallas distintas, y que en las especies de cuatro tallas, las más comunes, suelen ser las minor las que tienen la cara alargada.

Lo llamativo de nuestra hormiga es dónde aparece esa cara. En muchas Camponotus, las cabezas más especiales son las de las major, los soldados, que la tienen más grande y, a menudo, de otra forma que las obreras pequeñas. Aquí, en cambio, la cara de caballo ya la tiene la reina: es lo primero que se ve al mirarla, una cabeza claramente alargada sobre un cuerpo grande y robusto. Y, curiosamente, sus obreras no la tienen: son negras como ella, pero con la cabeza de forma normal. Justo al revés que en las especies del blog. Hasta donde sabemos, en esta hormiga la cara de caballo es cosa de la reina.

¿Y las major? Aquí tenemos que ser sinceros: todavía no sabemos cuándo aparecen en esta especie, ni a partir de qué tamaño de colonia, ni cómo será exactamente su cabeza. No hay ningún dato publicado, y en nuestras colonias aún no lo hemos documentado. Lo habitual en las Camponotus es que las primeras obreras sean pequeñas y que las tallas grandes lleguen a medida que la colonia crece, pero en una especie sin identificar preferimos no adelantar plazos. Si crías una colonia de Horse Face, puedes estar entre los primeros en ver salir a sus major. Y, si lo ves, nos encantará que nos lo cuentes.

Cabezas que hacen de puerta

Una cabeza de forma rara casi nunca es un capricho. En varias hormigas que anidan en ramas y troncos huecos, las major tienen la cabeza modificada para hacer de puerta viva: la encajan en la entrada del nido, que tiene justo el ancho de esa cabeza, y bloquean el paso a los intrusos. Es la fragmosis, una palabra que viene del griego phragma, «cerca» o «barrera». El caso más famoso es el de Colobopsis, cuyas major y reinas tienen la parte delantera de la cabeza truncada, como un tapón de corcho. Cuando una compañera quiere pasar, la portera retrocede hacia una cámara más ancha y le deja sitio.

Lo curioso es que la fragmosis ha aparecido varias veces, por caminos independientes. Durante más de un siglo, Colobopsis se consideró un subgénero de Camponotus, pero los estudios genéticos demostraron que ni siquiera son grupos hermanos. Algunos de sus linajes se parecen tanto por convergencia, es decir, por haber llegado a la misma solución por separado, que confundieron a los taxónomos, y en 2021 hubo que pasar especies de un género a otro en las dos direcciones. Dentro de Camponotus también hay major con la cabeza en tapón, como las del grupo inquilinus del subgénero Myrmamblys. Y las major de C. orthogonius, una de nuestras sospechosas, tienen la cabeza en parte fragmótica. Sus descriptores creen que podría servirles para lo mismo, aunque nadie las ha visto todavía bloqueando una entrada en la naturaleza.

¿Hace lo mismo nuestra hormiga? No lo sabemos, y conviene precisar que su cabeza no es un tapón: es alargada, no truncada. Lo que sí podemos descartar es que sea una Colobopsis, y hay una forma muy sencilla de comprobarlo en casa: las pupas. En Camponotus, las larvas tejen un capullo de seda antes de transformarse, y las pupas se ven como pequeños estuches alargados; en Colobopsis, en cambio, las pupas van desnudas. Las de nuestras colonias van en capullo: es una Camponotus.

Y ya que hablamos de Colobopsis, una curiosidad. Algunas de sus especies del sudeste asiático, las del grupo de C. cylindrica, son las famosas hormigas explosivas: en las peleas por el territorio, sus obreras se sacrifican rompiendo la pared del gáster y liberan el contenido pegajoso e irritante de unas glándulas mandibulares enormes, que mata o ahuyenta a sus rivales. Una de ellas, Colobopsis explodens, se describió en 2018 como especie modelo para estudiarlas. Nuestra Horse Face, tranquila: no explota.

Un árbol familiar en obras: los géneros que salieron de Camponotus

Camponotus es uno de los géneros de hormigas más grandes del mundo, con más de mil especies descritas en casi todos los continentes. En inglés se las llama carpenter ants, «hormigas carpinteras», porque algunas excavan sus nidos en la madera, aunque muchas otras anidan en el suelo o en ramitas huecas. Un género tan enorme es también un cajón de sastre, y la genética lleva una década poniéndolo en orden.

En 2016, una reclasificación de toda la subfamilia de las formicinas devolvió el rango de género a Colobopsis y a Dinomyrmex, la hormiga gigante de los bosques del sudeste asiático, que hasta entonces se llamaba Camponotus gigas. Se apoyó, entre otros, en un estudio de 2015 que demostró que los métodos filogenómicos, basados en una gran cantidad de regiones del genoma, resolvían el parentesco profundo de las formicinas mucho mejor que los métodos clásicos.

Y en 2025 llegó el árbol más completo hasta la fecha. Philip S. Ward y sus colegas estudiaron más de 200 especies de la tribu de las Camponotus, los Camponotini, con los llamados elementos ultraconservados: regiones del genoma que cambian muy poco de una especie a otra y que sirven para reconstruir parentescos antiguos. Encontraron ocho grandes linajes y tres géneros nuevos para especies que se habían descrito por error como Camponotus: Lathidris, de las montañas de Mesoamérica; Retalimyrma, del Himalaya indio, y Uwari, de Asia oriental. También pusieron fechas: el grupo actual de Camponotus tendría unos 18,6 millones de años, y toda la tribu, unos 38,4, con un origen probable en Australasia o en la región indomalaya, la que incluye el sudeste asiático.

¿Qué significa todo esto para nuestra hormiga? Que su «apellido», el género, es más provisional de lo que parece. La Horse Face es una Camponotus sin identificar del sudeste asiático, en plena región de origen probable de la tribu, y el género sigue en revisión. Es otra razón para llamarla, de momento, Camponotus sp.

Blochmannia, la bacteria que no soporta el calor

Todas las Camponotus llevan dentro un socio imprescindible: Blochmannia, una bacteria que vive en unas células especializadas, los bacteriocitos, que tapizan el intestino medio de la hormiga, y que pasa de la reina a su descendencia. La relación es tan antigua que el árbol genealógico de la bacteria reproduce, en buena parte, el de sus hormigas: han evolucionado juntas. Y tan íntima que, según un estudio publicado en Nature en 2020, el embrión de la hormiga integra a la bacteria en su propio desarrollo, como una parte más de su cuerpo.

¿Para qué la necesitan? Blochmannia fabrica aminoácidos esenciales, que la hormiga no puede producir por sí misma, y la ayuda a reciclar el nitrógeno. En un experimento con C. floridanus, las obreras sin bacterias y alimentadas con una dieta sin aminoácidos esenciales criaron mucha menos cría. Su papel se nota sobre todo en el desarrollo: en esa misma especie, los genes de la bacteria relacionados con el reciclaje del nitrógeno alcanzan su máxima actividad durante la fase de pupa, y los grupos de obreras tratados con antibióticos sacaron adelante muchas menos pupas a partir de larvas recién nacidas. Es una de las claves de que las Camponotus prosperen con dietas tan azucaradas. Eso sí, no es excusa para escatimar proteína: las larvas necesitan insectos para crecer (ver «Alimentación»).

Y ahora, el dato que más interesa al criador. En 2013, Yongliang Fan y Jennifer Wernegreen sometieron en el laboratorio a obreras y reinas de dos especies de Camponotus a días con máximas de 37,7 °C. Al cabo de cuatro semanas, la cantidad de Blochmannia activa había caído más de un 99 % en las obreras minor y en las reinas aladas sin fecundar, aunque casi nunca desaparecía del todo, ni siquiera tras dieciséis semanas. Los autores lo comparan con el blanqueamiento de los corales, que pierden sus algas simbiontes cuando el agua se calienta.

Nadie lo ha medido en nuestra Horse Face, y 37,7 °C es mucho más de lo que debería alcanzar nunca un hormiguero bien montado. Pero la lección es clara: en las Camponotus, más calor no es mejor. Por eso recomendamos un nido a 24–28 °C, con el calor, si hace falta, en un lateral y con termostato (ver «Parámetros recomendados»).

Se tragan su propio veneno

Como todas las formicinas, la Horse Face no tiene aguijón. Su arma química es el ácido fórmico, que fabrica en la glándula del veneno y expulsa por el acidoporo, una pequeña boquilla rodeada de pelillos en la punta del gáster que solo tienen las hormigas de esta subfamilia. Pero en 2020, un equipo de investigadores alemanes descubrió que ese ácido es también un desinfectante. Durante el aseo, la hormiga dobla el gáster, se lleva la punta a la boca y se traga unas gotas de su propio veneno.

Así mantiene muy ácido el buche, el «estómago social» donde las obreras guardan el alimento líquido que luego reparten boca a boca. Ese ácido funciona como un filtro: frena a muchos de los microbios que entran con la comida y ayuda a que un alimento contaminado no extienda una infección por toda la colonia. Se estudió sobre todo en C. floridanus, y los autores lo comprobaron también en otras formicinas.

Y la historia no acaba ahí. En 2026, otro estudio demostró que el veneno de las Camponotus no es solo ácido: en ocho especies de lugares muy alejados entre sí encontraron 35 péptidos, a los que llamaron formicitoxinas. Varios tienen actividad contra los hongos y, aplicados sobre las pupas, retrasan su crecimiento, lo que sugiere que ayudan a mantener la higiene de la colonia. El viejo «espray de ácido» resulta ser, además, un pequeño botiquín. En casa lo notarás poco: el ácido solo aparece cuando se sienten atacadas (ver «Manejo y seguridad»).

Reinas para muchos años

Las reinas de hormiga figuran entre los insectos más longevos que se conocen. Un estudio clásico de 1997 relacionó la vida en sociedad con vidas unas cien veces más largas que las de los insectos solitarios, algo que encaja con las teorías evolutivas del envejecimiento: la reina vive protegida en el corazón de un nido bien defendido. Una revisión posterior relacionó, además, la longevidad de las reinas con las características de sus colonias.

Las Camponotus tienen uno de los récords mejor documentados. Los entomólogos Caryl y Edna Haskins mantuvieron en su laboratorio una reina de C. perthiana, una forma australiana que hoy se incluye en C. nigriceps. Aquella reina vivió 23,2 años, contados desde antes de su primera puesta. A lo largo de su vida crio entre 5.000 y 7.000 obreras, y, cuando se publicó, en 1992, era el segundo récord de longevidad conocido en una hormiga, solo por detrás de una reina de Lasius niger.

¿Cuánto vive una reina de Horse Face? Nadie lo sabe: es una especie sin identificar, y su historia en cautividad es muy corta. Pero pertenece a un género de reinas longevas, así que lo razonable es pensar en una compañera para muchos años, no para unos meses.

Tamaño y morfología

Una Camponotus grande y robusta, con una reina de cabeza alargada. Como la especie no está identificada, no hay ninguna descripción científica con la que compararla: lo que sigue es lo que vemos en nuestras colonias y en la foto del producto, con las medidas de una de las candidatas como referencia.

  • Coloración. La reina y las obreras son negras. Según la foto del producto, de un negro mate, con las patas y las antenas de color pardo rojizo.
  • Aspecto. Robusta, de cuerpo ancho y fuerte.
  • Cabeza. En la reina, alargada y más larga que ancha: es la «cara de caballo» que le da el nombre. Las obreras no la tienen alargada.
  • Reina. Grandecita: 13–15 mm en nuestras colonias.
  • Obreras. Negras y con la cabeza de forma normal. No hay ninguna descripción publicada, y sus tallas están por documentar.
  • Major. Todavía sin documentar (ver «Cara de caballo: el porqué del apodo»).
  • Gáster. Termina en el acidoporo, por el que expulsa el ácido fórmico; no tiene aguijón.
  • Pupas. Envueltas en un capullo, como en todas las Camponotus.
  • Macho. Sin documentar.

Cómo se mide una cara de caballo

Los taxónomos no dicen «cara de caballo»: lo miden. Para ello usan el índice cefálico (CI, por sus siglas en inglés), que es la anchura de la cabeza dividida por su longitud y multiplicada por 100, con la cabeza vista de frente. Una cabeza tan ancha como larga tiene un CI de 100, y cuanto más baja es la cifra, más alargada es la cabeza.

Como referencia, las major de C. orthogonius, una de nuestras sospechosas, tienen un CI de 84–86: la cabeza es un 14–16 % más estrecha que larga. En sus minor, el índice va de 84 a 100. Si tienes una buena foto de frente de la reina y otra de una obrera, puedes calcularlo tú mismo midiendo la cabeza en la pantalla, y verás en números la diferencia entre las dos. Y, si algún día sale una major, ese número será una de las primeras pistas para saber qué es.

Medidas aproximadas

  • Reina: 13–15 mm (reinas de Antomas; no hay medidas publicadas)
  • Obreras: sin medidas publicadas
  • Major: todavía sin documentar
  • Macho: sin medidas publicadas
  • Referencia de una candidata, C. orthogonius: longitud de la cabeza de las major, 1,83–2,02 mm; CI de las major, 84–86

Todas las medidas de la especie son nuestras. Las de C. orthogonius solo sirven como referencia de una de las candidatas, no de nuestra hormiga.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 2/5 – Principiante

En Antomas la consideramos una especie para empezar. Es una Camponotus sin complicaciones: come líquidos azucarados e insectos, no hace diapausa, vive bien a 24–28 °C en un hormiguero modular sencillo y basta una barrera de aceite mineral para tenerla bajo control.

¿Por qué un 2 y no un 1? Por tres motivos:

  • La temperatura. Necesita 24–28 °C todo el año, sin diapausa. En buena parte de Europa, eso supone darle calor en invierno, con termostato y sin pasarse.
  • Es exótica. No es una hormiga de aquí, y su clima y su ritmo no son los de nuestras especies autóctonas.
  • Es bastante nueva en el mercado. Todavía no sabemos muy bien cómo evolucionarán sus colonias: cuándo aparecerán las major, qué tamaño alcanzará una colonia adulta o cómo cambiará su carácter al crecer. Criarla pide observar con atención y no dar nada por sentado.

Y merece la pena. Es una Camponotus negra, grande y elegante, con una reina de cara de caballo que llama la atención a primera vista y con un misterio por resolver: nadie ha documentado todavía a sus major. Pocas hormigas fáciles ofrecen la oportunidad de descubrir algo nuevo en tu propio hormiguero.

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 24–28 °C, todo el año. Sin pasarse: en las Camponotus, más calor no es mejor (ver «Blochmannia, la bacteria que no soporta el calor»).
  • Zona de forrajeo: a temperatura ambiente o algo más templada. Si hace falta calor, que sea suave, en un lateral del nido y con termostato, para que la colonia pueda elegir.
  • Humedad: moderada. El Qbik Alpha es un nido más bien seco, y la humedad que necesitan la toman del tubo de agua y de los líquidos azucarados, que en su mayor parte son agua. Evita mojar el nido: el exceso de humedad trae condensación, moho y ácaros.
  • Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche.
  • Diapausa: no hacen (ver «Sin diapausa»).

Hormigueros recomendados

En Antomas recomendamos la gama Qbik Alpha de Anthouse: hormigueros modulares que crecen con la colonia. Para empezar, un QBIK ONE con galerías medianas: es la talla justa para una colonia pequeña, deja sitio a una reina grande y de cabeza alargada y permite controlar bien la cría.

Cuando la colonia crezca, y sobre todo cuando empiecen a salir obreras grandes, pasa a galerías grandes: el QBIK DUO con galerías grandes y, después, los formatos mayores de la misma gama.

Amplía cuando el nido se les quede pequeño: una señal clara es ver muchas obreras quietas en las esquinas de la zona de forrajeo, sin sitio dentro. Pero no te adelantes: en un nido enorme para una colonia pequeña, las cámaras sobrantes acaban convertidas en basureros. Completa el montaje con estos detalles:

  • Barrera antifugas: una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo y la tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).
  • Zona de forrajeo con algo de arena, piedras planas y alguna rama o corteza para trepar, sin nada que sirva de puente hasta la barrera.
  • Agua siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón.
  • Un bebedero para los líquidos azucarados, nunca en algodón (ver «Alimentación»).
  • Calor suave, solo si hace falta, en un lateral del nido y lejos del bebedero, con termostato.

Llegada y mudanza

Nuestras colonias viajan en su tubo de ensayo, con la reina, sus obreras y la cría. Al recibir la tuya, déjala reposar en un lugar tranquilo y oscuro, a 24–28 °C, y comprueba que el tubo tiene agua. No la pases al hormiguero nada más llegar. Cuando toque, en Antomas lo hacemos por volcado: abrimos el tubo dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y volcamos con suavidad a la reina, las obreras y la cría, ayudando a las rezagadas con un pincel suave. Tres consejos:

  • Prepáralo todo antes: el hormiguero montado, con la barrera de aceite puesta y el tubo de agua en su sitio.
  • Trabaja sobre una bandeja, por si alguna obrera trepa por el tubo o por las herramientas.
  • Con calma: tras el volcado, las obreras recogen la cría y la llevan al nido. Deja la zona del nido a oscuras para que la ocupen enseguida.

Si algún día tienes que cambiar la colonia de hormiguero, por ejemplo al pasar de galerías medianas a grandes, usa el mismo método.

Alimentación

Líquidos azucarados, ad libitum. Es decir, siempre disponibles: que no les falten nunca. Las Camponotus viven en buena parte del azúcar, de la melaza de pulgones y cochinillas y del néctar, y esta no es una excepción. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero y nunca en algodón, porque el algodón se enmohece y estropea el líquido enseguida. Usa un bebedero tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible, y renuévalo antes de que fermente.

Insectos: al principio, sobre todo muertos. Con una colonia pequeña, ofrece insectos troceados o recién sacrificados: las obreras los aprovechan sin riesgo y no hay presas vivas correteando cerca de la reina. No hay un número mágico de obreras para pasar a las presas vivas: dáselas cuando veas la colonia fuerte, con bastantes obreras y más decidida al atacar, de forma que una presa viva no pueda hacerles daño.

Proteína: cuanta más, mejor. Es el motor de su crecimiento, y es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo: moscas, grillos, cucarachas pequeñas, gusanos de la harina troceados y, para las colonias pequeñas, Drosophila. Y compra los insectos a un proveedor fiable: los tratados con insecticidas pueden matar a la colonia.

Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón de la zona de forrajeo. Aunque beban de los líquidos azucarados, el agua limpia no les puede faltar.

Sin diapausa

La Horse Face no hace diapausa. En Antomas la mantenemos activa todo el año, con la misma temperatura, 24–28 °C, y la misma comida en invierno que en verano. No hace falta enfriarla ni cambiarle el ritmo: basta con que el nido no se quede frío en invierno. Si la habitación baja mucho de temperatura, un calor suave en un lateral del nido, con termostato, la mantiene en su rango.

Comportamiento en cautividad

De su comportamiento no hay nada publicado, así que te contamos lo que hemos visto en Antomas, lo que es habitual en las Camponotus y lo que conviene vigilar con esta especie.

Una reina por colonia. Nuestras colonias tienen una sola reina, y así deben seguir: no juntes reinas ni colonias distintas.

Una reina con carácter. En nuestra experiencia, la reina es bastante agresiva. Por eso esperamos que las obreras, y las major cuando aparezcan, también lo sean a medida que la colonia crezca. Es una expectativa nuestra, no un dato comprobado: cuéntanos cómo se comporta la tuya.

Un reparto de tareas que se ve. En las Camponotus con obreras de varias tallas, las pequeñas son las que más salen a forrajear, y las grandes pasan más tiempo en el nido y se dejan ver sobre todo cuando hay una perturbación o una presa grande que despiezar. Cuando tu colonia tenga obreras de varios tamaños, fíjate en quién hace qué.

¿De día o de noche? Depende de la especie. Muchas Camponotus forrajean sobre todo de noche, pero C. orthogonius, una de nuestras sospechosas, forrajea de día. Observa en qué momento se anima la tuya y adapta a él la hora de la comida.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Se acostumbran a tu presencia.

Un diario de la colonia. Con una especie tan poco conocida, merece la pena apuntar de vez en cuando cuántas obreras hay, cómo son y cuándo aparece cada talla nueva. Si un día sale la primera major, tendrás un dato que hoy no tiene nadie.

Señales de alarma:

  • Cría que se estanca o desaparece: casi siempre falta proteína.
  • Condensación en las paredes o moho: sobra humedad o hay restos olvidados.
  • Obreras apelotonadas lejos de la fuente de calor o poco activas en pleno verano: revisa la temperatura del nido.
  • Muchas obreras quietas en el forrajeo, sin sitio dentro: toca ampliar.

Fugas y barreras

En nuestra experiencia, trepan bien, así que pon la barrera desde el primer día. Y, con ella, el aceite mineral es suficiente:

  • Una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo, fina y continua. Renuévala cuando veas que acumula polvo o restos.
  • Tapa bien ajustada, como segunda línea.
  • Sin rendijas: revisa las conexiones, los tapones y los tubos.
  • Nada que sirva de puente: ni ramas ni piedras apoyadas cerca de la barrera.
  • Cuidado al abrir: abre lo justo, trabaja con calma y cierra al terminar.

Con la barrera de aceite y todo bien ajustado, no dan problemas.

Manejo y seguridad

No pican: no tienen aguijón. Pero, si se sienten atacadas, muerden y pueden rociar ácido fórmico, que escuece en la piel sensible o en una pequeña herida. La reina, en nuestra experiencia, es bastante agresiva, y es de esperar que la colonia también lo sea al crecer. Nada que deba preocuparte si trabajas con calma. Como con cualquier especie, manipúlalas con herramientas entomológicas (un pincel suave o unas pinzas blandas), no con las manos, y trabaja despacio para no perder ni dañar a ninguna obrera, y menos a la reina. No juntes reinas ni colonias distintas, ni las mantengas con otras especies. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.

Qué no hacer

  • Pasarte de calor o poner la fuente de calor bajo todo el nido: 24–28 °C, con el calor en un lateral y con termostato.
  • Hacerle diapausa o enfriarla en invierno: no la necesita.
  • Poner los líquidos azucarados en algodón o dejar que se acaben.
  • Dar presas vivas a una colonia pequeña: al principio, mejor insectos muertos, y vivos solo cuando la colonia se vea fuerte.
  • Darles siempre el mismo insecto o dejar restos sin limpiar.
  • Mojar el nido: el agua, en su tubo.
  • Dejar rendijas, conexiones flojas o tapas mal ajustadas, o dejar la barrera de aceite sin renovar.
  • Pasarla a un nido demasiado grande para su tamaño.
  • Juntar reinas o colonias distintas.
  • Manipularlas con las manos, y menos a la reina, que es bastante agresiva.

Fuentes científicas

Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre las especies candidatas, el género Camponotus y la tribu Camponotini, y de la experiencia de Antomas. Referencias principales:

  1. Chan, M., Hamer, M. T. & Guénard, B. (2026). A new species complex in the genus Camponotus Mayr, 1861 (Hymenoptera: Formicidae), with the description of a new species. Contributions to Entomology 76: 139–158. doi:10.3897/contrib.entomol.76.e189240
  2. Ward, P. S. & Boudinot, B. E. (2021). Grappling with homoplasy: taxonomic refinements and reassignments in the ant genera Camponotus and Colobopsis (Hymenoptera: Formicidae). Arthropod Systematics & Phylogeny 79: 37–56. doi:10.3897/asp.79.e66978
  3. Laciny, A. et al. (2018). Colobopsis explodens sp. n., model species for studies on “exploding ants” (Hymenoptera, Formicidae), with biological notes and first illustrations of males of the Colobopsis cylindrica group. ZooKeys 751: 1–40. doi:10.3897/zookeys.751.22661
  4. Ward, P. S., Blaimer, B. B. & Fisher, B. L. (2016). A revised phylogenetic classification of the ant subfamily Formicinae (Hymenoptera: Formicidae), with resurrection of the genera Colobopsis and Dinomyrmex. Zootaxa 4072: 343–357. doi:10.11646/zootaxa.4072.3.4
  5. Blaimer, B. B. et al. (2015). Phylogenomic methods outperform traditional multi-locus approaches in resolving deep evolutionary history: a case study of formicine ants. BMC Evolutionary Biology 15: 271. doi:10.1186/s12862-015-0552-5
  6. Ward, P. S., Fisher, B. L., Wernegreen, J. J. & Blaimer, B. B. (2025). Evolutionary history, novel lineages and symbiont coevolution in the ant tribe Camponotini (Hymenoptera: Formicidae). Systematic Entomology 50: 646–676. doi:10.1111/syen.12678
  7. Feldhaar, H. et al. (2007). Nutritional upgrading for omnivorous carpenter ants by the endosymbiont Blochmannia. BMC Biology 5: 48. doi:10.1186/1741-7007-5-48
  8. Rafiqi, A. M., Rajakumar, A. & Abouheif, E. (2020). Origin and elaboration of a major evolutionary transition in individuality. Nature 585: 239–244. doi:10.1038/s41586-020-2653-6
  9. Zientz, E., Beyaert, I., Gross, R. & Feldhaar, H. (2006). Relevance of the endosymbiosis of Blochmannia floridanus and carpenter ants at different stages of the life cycle of the host. Applied and Environmental Microbiology 72: 6027–6033. doi:10.1128/AEM.00933-06
  10. Fan, Y. & Wernegreen, J. J. (2013). Can't take the heat: high temperature depletes bacterial endosymbionts of ants. Microbial Ecology 66: 727–733. doi:10.1007/s00248-013-0264-6
  11. Tragust, S. et al. (2020). Formicine ants swallow their highly acidic poison for gut microbial selection and control. eLife 9: e60287. doi:10.7554/eLife.60287
  12. Koch, L. et al. (2026). Beyond formic acid: peptides in carpenter ant venoms aid in disease protection. Science Advances 12: eaed4078. doi:10.1126/sciadv.aed4078
  13. Keller, L. & Genoud, M. (1997). Extraordinary lifespans in ants: a test of evolutionary theories of ageing. Nature 389: 958–960. doi:10.1038/40130
  14. Haskins, C. P. & Haskins, E. F. (1992). Note on extraordinary longevity in a queen of the formicine ant genus Camponotus. Psyche 99: 31–33. doi:10.1155/1992/53614
Dificultad
Iniciado
Sin reseñas

16 otros productos en la misma categoría: