Comprar Camponotus eastwoodi – Colonia de hormigas | Antomas
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Camponotus eastwoodi

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Una gigante de los bosques de eucalipto que casi nadie ha visto en un hormiguero. Camponotus eastwoodi es una de las hormigas del azúcar del este de Australia: señora de las noches de verano, de polimorfismo extremo, con minors veloces y majors de cabeza enorme, capaces de superar en tamaño a su propia reina, que defienden el nido a mordiscos y con ácido fórmico. En su familia hay una reina que gobernó su colonia más de 23 años. En Antomas la consideramos una de las Camponotus gigantes de Australia más fáciles de criar: nido seco, azúcar siempre a mano y mucha proteína. Reinas fundadoras con prole. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 3/5 – Avanzado

Gran Camponotus del grupo de las hormigas del azúcar del este de Australia: muy polimórfica, nocturna en verano y muy poco vista en el hobby. Para nosotros, una de las Camponotus gigantes de Australia más fáciles de criar. Reinas con prole, de fundación claustral. Nido Qbik Alpha con galerías grandes y más bien seco (humedad solo en los tubos al principio), 21–26 °C, azúcar siempre disponible y mucha proteína. Sin diapausa el primer año, para que se adapte a nuestro calendario; desde el segundo, diapausa de 4–5 meses a 15–18 °C en nuestro invierno. Trepan el acrílico: barrera de aceite mineral.

Camponotus eastwoodi McArthur, 1996 es una de las grandes hormigas del azúcar australianas: una Camponotus robusta y muy polimórfica, endémica del este de Australia, que vive en el bosque abierto de eucalipto del sureste de Queensland y del noreste de Nueva Gales del Sur. Pertenece al grupo de especies de C. nigriceps, el de las sugar ants australianas, y es pariente de dos de las Camponotus más conocidas del continente: C. nigriceps y C. consobrinus.

Es una especie muy poco vista en el hobby. No tiene nombre común, apenas se ha estudiado fuera de las colecciones de los museos y, que sepamos, no existe ninguna otra ficha de cría dedicada a ella: esta es de las primeras. Por eso, en esta ficha separamos siempre tres cosas: lo que está documentado de C. eastwoodi, lo que se sabe de sus parientes del grupo nigriceps y lo que hemos aprendido criándola en Antomas. Y lo que hemos aprendido se resume en una idea: es una de las Camponotus gigantes de Australia más fáciles de criar, siempre que se respeten su ritmo, su nido seco y su reloj del hemisferio sur.

Biología

Una hormiga del azúcar descrita en 1996

La describió el mirmecólogo australiano A. J. McArthur en 1996, en la revisión del grupo C. nigriceps que firmó con M. Adams en la revista Invertebrate Taxonomy, que hoy se llama Invertebrate Systematics. Fue un trabajo moderno para su época: combinó la morfología clásica con las alozimas, unos marcadores moleculares basados en variantes de proteínas, para separar especies que a simple vista se parecen muchísimo. Reconoció nueve especies en el grupo y describió cuatro nuevas: C. dryandrae, C. loweryi, C. longideclivis y C. eastwoodi.

El ejemplar de referencia del nombre, el holotipo, es una obrera major recogida en noviembre de 1993 en el noreste de Nueva Gales del Sur por R. Eastwood, y se conserva en el South Australian Museum; hay además paratipos, obreras major y minor, en ese museo y en la Colección Nacional de Insectos de Australia (ANIC). El nombre honra, con toda probabilidad, a ese recolector, Rod Eastwood, un entomólogo especializado en las relaciones entre mariposas y hormigas en Australia. No hemos podido leer la etimología original, así que lo decimos con esa cautela. En 2007, McArthur volvió a describirla en su clave de las Camponotus de Australia, que es hoy la referencia para identificarla.

Nombre común no tiene, y no vamos a inventarle uno. A veces se la sitúa en el subgénero Tanaemyrmex, pero los subgéneros de Camponotus están pendientes de una revisión a fondo, como reconoció la reclasificación de las formicinas de 2016, así que lo más útil es quedarse con su grupo de especies, el de nigriceps. Y un apunte de contexto: Australia es una de las grandes cunas del género. Un estudio filogenético de las Camponotus del Indo-Pacífico identificó el continente australiano como una de las fuentes desde las que el género colonizó, en oleadas, las islas del Pacífico.

Pelos bajo la cabeza: así se reconoce

Identificar una Camponotus del grupo nigriceps no es fácil, y C. eastwoodi no es una excepción. Se parece sobre todo a C. nigriceps y a C. loweryi, con las que comparte tamaño, color y pilosidad, y para separarlas con seguridad la clave pide tener a la vez obreras major y minor. El rasgo decisivo está donde casi nadie mira: en la gula, la cara inferior de la cabeza, la «barbilla» de la hormiga.

  • C. eastwoodi: las minor tienen unos pocos pelos erectos, largos y finos en la gula, que cubren menos de la mitad de su superficie; en las major son todavía más escasos.
  • C. nigriceps: en las minor, esos pelos cubren más de la mitad de la gula.
  • C. consobrinus, C. loweryi y C. longideclivis: la gula no tiene pelos erectos.

Hay un segundo detalle, también en las minor: en las más pequeñas, vista desde arriba, la cabeza de C. eastwoodi se estrecha hacia atrás, mientras que en C. loweryi y C. nigriceps tiene los lados paralelos. Los naturalistas que la identifican en las plataformas de ciencia ciudadana lo hacen justo así, con fotos de la cabeza de perfil o desde abajo, buscando esos «pocos pelos casi invisibles» bajo la cabeza. Con una lupa y una obrera tranquila al otro lado del cristal, tú también puedes intentarlo.

¿C. eastwoodi o C. terebrans? La confusión de los foros

En los foros de cría, cuando aparece una gran reina de Camponotus del este de Australia, puede ocurrir que se propongan dos nombres a la vez: C. eastwoodi o C. terebrans. Es lo que ocurrió en el único hilo que hemos encontrado sobre una posible reina de C. eastwoodi: los aficionados dudaron entre las dos, y el propio autor de la propuesta pidió que no se la tomaran demasiado en serio. La confusión se entiende: las dos son Camponotus grandes, se han situado en el mismo subgénero, Tanaemyrmex, anidan en el suelo y pertenecen al mundo de las «hormigas del azúcar».

Pero no son parientes cercanas. C. eastwoodi pertenece al grupo nigriceps; C. terebrans, al grupo wiederkehri, dentro de su propio complejo, el de terebrans, y su especie más parecida es C. gouldianus. Además, sus áreas apenas coinciden: C. terebrans es una hormiga del sur de Australia, muy común en suelos arenosos, y solo se solaparía con C. eastwoodi en Nueva Gales del Sur.

¿Cómo se separan? Por el color, no. La revisión de C. terebrans de McArthur, Adams y Shattuck mostró que es una especie enormemente variable, con una variación gradual de una región a otra en tamaño, color y pilosidad. Una C. terebrans puede tener casi cualquier tono, y una colonia clara de C. eastwoodi no deja de ser C. eastwoodi. Lo que las separa son los pelos y el pecíolo:

  • Los pelos. En C. eastwoodi, la clave se fija en los pelos erectos de la gula de las minor (ver «Pelos bajo la cabeza: así se reconoce»). En C. terebrans, en los pelos erectos de los escapos de las antenas y de las tibias y en los pelos erectos del propodeo, la parte trasera del tórax, que suelen ser entre 10 y 25.
  • El pecíolo. Es el nudo que une el tórax con el gáster, la «cintura» de la hormiga, y la forma de su perfil es otro de los caracteres que la clave usa para separar especies. En C. eastwoodi, el nodo del pecíolo termina en un ápice agudo; en C. terebrans se describe anguloso de perfil, tanto en las minor como en las major.

Ningún trabajo compara directamente las dos especies, y la identificación fina exige la clave completa de McArthur (2007) y, a ser posible, majors y minors de la misma colonia. Lo que sí podemos decirte es que, si alguien te asegura que la tuya «es demasiado clara para ser una eastwoodi», eso no prueba nada: mira los pelos.

Del bosque de eucalipto subtropical

C. eastwoodi es un endemismo del este de Australia. De los 136 registros del Atlas of Living Australia, 94 son de Queensland, 32 de Nueva Gales del Sur y el resto no indica el estado, y casi ocho de cada diez se concentran en una sola biorregión, la del sureste de Queensland. Hay registros sueltos más al norte y más al sur, desde el norte tropical de Queensland hasta la costa central de Nueva Gales del Sur, aunque los extremos tienen muy pocos, y unos cuantos del interior semiárido que no están confirmados y pueden ser errores de identificación.

Su casa es el bosque abierto de eucalipto, el bosque esclerófilo de porte medio o alto, con el suelo soleado entre los troncos: es la vegetación de más de la mitad de sus registros; le siguen las zonas sin bosque, en buena parte entornos urbanos y periurbanos, y, mucho más lejos, otros bosques. No es una hormiga de desierto ni de selva tropical, sino de un clima subtropical húmedo.

¿Dónde anida? Ninguna publicación científica lo describe, pero las observaciones de los naturalistas dibujan un patrón claro: nidos en el suelo bajo piedras y en madera muerta, como tocones podridos y troncos caídos. Es lo mismo que se sabe de su grupo: C. nigriceps anida en el suelo, a menudo bajo piedras, en el bosque seco de eucalipto, y la reina que estudiaron Haskins y Haskins se encontró bajo una piedra grande (ver «Una reina de 23 años en un nido seco»). Para la cría es una buena noticia: un nido de cámaras amplias, seco y con el agua aparte, se parece mucho a lo que eligen en la naturaleza.

Veranos de tormenta, inviernos suaves… y al revés que aquí

El clima de su área es subtropical húmedo, con veranos calurosos y lluviosos e inviernos suaves y secos. Estas son sus cuatro estaciones:

  • Verano (diciembre–febrero). Máximas medias de 28–30 °C y mínimas de 17–22 °C, con tormentas frecuentes y la mayor parte de la lluvia del año. La humedad relativa por la tarde ronda el 55–60 %.
  • Otoño (marzo–mayo). Se templa y se va secando, aunque marzo todavía es lluvioso.
  • Invierno (junio–agosto). Suave y seco: máximas de 17–22 °C y mínimas de 5–12 °C según la zona, con heladas ligeras solo en el interior y en las zonas altas. Es la época más seca, con una humedad relativa por la tarde del 43–50 %.
  • Primavera (septiembre–noviembre). Se calienta pronto. Septiembre es seco, y es el mes con más registros de la especie.

La duración del día va de unas 10,4 horas en el solsticio de junio a unas 13,9 en el de diciembre; en el centro de España, en cambio, va de unas 9,3 a unas 15,1 horas. Y hay registros de actividad todos los meses del año, incluido el invierno austral: en pleno julio, un naturalista encontró un nido con huevos bajo una piedra. Es una sola observación y no basta para decir que la reina pone todo el año, pero sí para entender que su invierno es un invierno blando, nada que ver con el de buena parte de Europa.

Lo que importa para la cría está en el título: sus estaciones van al revés que las nuestras. Su invierno es nuestro verano. Una reina de C. eastwoodi llega a Europa con el reloj del hemisferio sur, y el primer año, sin diapausa, se va adaptando a nuestro calendario (ver «Diapausa y estaciones invertidas»).

Nocturna en verano, diurna en invierno

¿Cuándo sale a forrajear? De C. eastwoodi no hay ningún estudio, pero las fotos de los naturalistas cuentan una historia curiosa. Hemos repasado las 60 observaciones verificables de la especie en iNaturalist: entre noviembre y febrero, el verano austral, 9 de las 14 observaciones son nocturnas, con hormigas fotografiadas pasada la medianoche; entre junio y agosto, el invierno austral, 12 de 14 son de día, casi siempre a mediodía o a primera hora de la tarde. Todo apunta a que en verano es nocturna y crepuscular y a que en invierno, con noches frescas, aprovecha las horas templadas del día.

Hay que tomarlo con prudencia, porque estas observaciones tienen sesgo: en verano mucha gente sale de noche con trampas de luz, y en invierno se buscan hormigas levantando piedras a mediodía. Pero encaja con lo que se sabe de sus parientes. C. nigriceps se considera una forrajeadora nocturna, y Haskins y Haskins describieron a C. perthiana, una forma que hoy se incluye en C. nigriceps, como una forrajeadora «parcialmente nocturna». Y en C. consobrinus se ha medido con precisión: en Canberra, las obreras empiezan a salir unos 150 minutos antes de la puesta de sol, el pico de salidas coincide con el ocaso, forrajean de noche en los árboles y vuelven al nido con la luz del amanecer.

Para vivir de noche hacen falta ojos de noche. El mismo estudio comparó los ojos de las obreras, las reinas aladas y los machos de C. consobrinus, y encontró que las obreras tienen lentes y rabdómeros más anchos, con una sensibilidad óptica unas 26 veces mayor que la de los machos: una adaptación para moverse con poca luz. En casa lo notarás: con calor, la colonia se anima al atardecer y por la noche, y es normal ver poco movimiento a mediodía.

Vuelos al atardecer, antes de la lluvia

Nadie ha publicado todavía un vuelo nupcial de C. eastwoodi. Pero el de su pariente C. consobrinus se ha seguido en doce nidos de Canberra entre 2008 y 2015, y es todo un espectáculo de precisión:

  • Vuela de diciembre a marzo, en pleno verano austral.
  • Por lo general, un día antes de que llueva.
  • Y siempre en una franja de una hora alrededor del ocaso, desde unos 45 minutos antes hasta 15 minutos después de la puesta de sol.

Los machos están preparados para ello: sus ojos sacrifican sensibilidad a cambio de resolución, lo que les ayuda a localizar a las hembras recortadas contra el cielo del atardecer. Por su clima y por su parentesco, es razonable suponer que C. eastwoodi también vuela a finales de la primavera o en el verano austral, al atardecer y en días cálidos y húmedos, pero es una deducción nuestra, no un dato.

Tras el vuelo, la reina fecundada se desprende de las alas y se encierra a fundar. En C. nigriceps, Haskins y Haskins encontraron una reina recién fundadora un 12 de enero, en pleno verano austral: estaba sola, todavía sin cría, en una cámara inicial limpia bajo una piedra grande, a unos seis metros de un nido populoso de su especie, probablemente el suyo de origen. Es el modelo de la fundación claustral: la reina no sale a comer y cría a sus primeras obreras con sus propias reservas. Es lo que verás en el tubo de tu reina (ver «Fundación: reina con prole, paso a paso»).

Melaza, árboles propios y carreras en tándem

Su apodo de «hormiga del azúcar» está bien puesto. Las Camponotus de su grupo viven en buena parte de la melaza, el líquido azucarado que excretan pulgones, cochinillas y otros hemípteros, y del néctar. C. consobrinus atiende a pulgones y recoge su melaza y, según se ha descrito, de noche aprovecha los mismos árboles cuyos hemípteros explota de día la hormiga de la carne australiana, Iridomyrmex purpureus: un auténtico «turno de noche» sobre el mismo ganado. De la dieta de C. eastwoodi en la naturaleza no hay datos, aunque los naturalistas la han fotografiado sobre troncos de eucalipto.

Sus parientes, además, tienen árboles propios. En C. consobrinus, cada nido forrajea en unos árboles nativos concretos, y las obreras llegan hasta ellos de dos maneras: solas o en carrera en tándem, en la que una obrera guía a una compañera que la sigue pegada a ella. Un estudio de 2015 retiró a las guías a mitad de camino y se llevó una sorpresa: muchas de las seguidoras sabían llegar solas al árbol. No eran novatas, sino forrajeras con experiencia.

Y una aclaración, porque se confunde a menudo: hormiga del azúcar no es lo mismo que hormiga de miel. Australia tiene también Camponotus de miel, como C. inflatus, de las zonas áridas, con obreras repletas que almacenan néctar en el gáster hinchado y cuya miel tiene una actividad antimicrobiana propia, distinta de la de la miel de abeja. C. eastwoodi es del otro equipo: no se le conocen repletas, así que no las esperes en tu hormiguero.

Ácido fórmico: arma y desinfectante

Como todas las formicinas, C. eastwoodi no tiene aguijón. Su arma química es el ácido fórmico, que fabrica en la glándula del veneno y expulsa por el acidoporo, una pequeña boquilla rodeada de pelillos en la punta del gáster que solo tienen las hormigas de esta subfamilia. Sus parientes lo usan para defenderse y contra presas y rivales, y las major, además, muerden con fuerza: un mordisco seguido de una rociada de ácido sobre la herida es la defensa típica del grupo.

Pero el ácido fórmico no es solo un arma. En 2020, un equipo de investigadores alemanes demostró que las formicinas se tragan su propio veneno. Durante el aseo del acidoporo, la hormiga dobla el gáster, se lleva la punta a la boca y toma unas gotas de ácido, lo que mantiene muy ácido el buche, el «estómago social» donde guardan la comida que luego comparten boca a boca. Ese ácido filtra los microbios que entran con la comida y frena la transmisión de patógenos dentro de la colonia. Se estudió en C. floridanus y en otras siete formicinas, no en C. eastwoodi, pero es un rasgo de toda la subfamilia: un veneno que, además, desinfecta la despensa.

En casa lo notarás poco: son hormigas tranquilas, y el ácido solo aparece cuando se sienten atacadas (ver «Manejo y seguridad»).

Blochmannia, la fábrica de aminoácidos que lleva dentro

Todas las Camponotus llevan dentro un socio microscópico: la bacteria Blochmannia, que vive en células especializadas del intestino medio y en los ovarios de la reina, y que pasa de madre a hijas a través de los huevos. La relación es tan antigua y tan estrecha que un estudio publicado en Nature en 2020 la presentó como una gran transición evolutiva hacia un nuevo nivel de individualidad: el embrión de la hormiga integra a la bacteria en su propio desarrollo, como una parte más de su cuerpo.

¿Para qué la quieren? Su genoma conserva las rutas para fabricar casi todos los aminoácidos esenciales, los que la hormiga no puede producir por sí misma, y una enzima, la ureasa, que permite reciclar el nitrógeno. En un experimento con C. floridanus, las obreras a las que se eliminaron las bacterias con antibióticos y se alimentaron con una dieta sin aminoácidos esenciales criaron mucha menos cría. Es una de las razones por las que las Camponotus prosperan con dietas tan azucaradas como la melaza.

Ojo, eso sí: no es una excusa para escatimar proteína. Las larvas necesitan insectos para crecer, y la colonia crece más y mejor cuanta más proteína recibe (ver «Alimentación»).

Una reina de 23 años en un nido seco

Una de las historias más asombrosas de la cría de hormigas la protagoniza una pariente cercana de C. eastwoodi. Los entomólogos Caryl y Edna Haskins mantuvieron en su laboratorio una reina de C. perthiana, una forma del grupo nigriceps que hoy se considera la misma especie que C. nigriceps. Es la reina fundadora que habían encontrado bajo una piedra (ver «Vuelos al atardecer, antes de la lluvia»), y vivió 23,2 años desde antes de su primera puesta. A lo largo de su vida crió entre 5.000 y 7.000 obreras. Cuando se publicó, en 1992, era una de las mayores longevidades documentadas en una hormiga, solo por detrás de una reina de Lasius niger.

Lo más interesante para un criador son las condiciones en que vivió:

  • Una humedad relativa del 35–50 %, porque los autores la consideraban una especie «semixerófila», adaptada a ambientes más bien secos.
  • Agua azucarada e insectos troceados cada 4–5 días de media.
  • Nidos de cristal con tierra, ampliados según hacía falta, y una zona de forrajeo grande con tapa de malla.

Es decir, un nido más bien seco y una dieta sencilla de azúcar e insectos: lo mismo que recomendamos en Antomas para C. eastwoodi (ver «Humedad en los tubos al principio; seco después»).

El seguimiento de aquella colonia dejó otros datos curiosos. Las major se concentraron al principio de la vida de la colonia y hacia la mitad, y las últimas crías fueron todas minor; y en 23 años nació un solo macho y ninguna reina nueva. No sabemos cuánto vive una reina de C. eastwoodi, porque nadie lo ha medido. Pero, si se parece a su pariente, una reina de esta especie es una compañera para muchos años.

Una sola reina y obreras de todas las tallas

Las colonias de C. eastwoodi tienen una sola reina. Así son las nuestras, y así es en sus parientes, donde lo normal es una reina por colonia, aunque en C. consobrinus se han encontrado algunas colonias con varias. En Antomas no juntamos reinas.

Lo que llama la atención es el polimorfismo, que es muy marcado. La clave de McArthur la describe como una especie polimórfica, con obreras minor y major que se diferencian no solo en la talla, sino también en la forma:

  • Las major tienen la cabeza grande, de lados convexos y estrechada hacia delante, los ojos planos y el metanoto, un pequeño segmento del tórax, marcado por líneas finas.
  • Las minor tienen la cabeza de lados rectos y paralelos, con la parte de atrás convexa, los ojos abultados y el metanoto ausente.
  • La anchura de la cabeza va de 1,60 mm en las minor más pequeñas a 4,10 mm en las major más grandes: más del doble.

Para hacerse una idea de lo que significa una cabeza de 4,1 mm: en su pariente C. consobrinus, la anchura media de la cabeza fue de 3,13 mm en las obreras medidas y de 3,25 mm en las reinas aladas. Sobre el papel, las major de C. eastwoodi tienen la cabeza más ancha que una reina de su pariente.

¿Qué decide si una larva será minor o major? En la mayoría de las hormigas, sobre todo la alimentación que recibe; pero no solo. En C. consobrinus, un estudio genético encontró que la herencia también influye en la casta de las obreras.

En nuestra experiencia, hay que tener paciencia: las primeras obreras son pequeñas, y las major suelen aparecer el segundo o el tercer año. Cuando llegan, la colonia cambia de aspecto: en nuestra experiencia, pueden llegar a ser más grandes que la propia reina. Ver a una major de cabeza enorme junto a las minor es uno de los grandes momentos de criar esta especie.

Arañas acróbatas y serpientes ciegas: sus enemigos especializados

Una hormiga grande, que muerde y rocía ácido, no parece una presa fácil. Y, sin embargo, las Camponotus australianas tienen enemigos especializados en ellas. En los troncos de los árboles australianos vive Euryopis umbilicata, una pequeña araña de la familia Theridiidae que caza Camponotus mucho más grandes y mejor defendidas que ella. Un estudio de 2022 analizó sus ataques: una secuencia ritual de pasos ejecutada en fracciones de segundo, en vertical sobre la corteza, con un éxito de captura excepcionalmente alto. Según las fuentes divulgativas, su presa favorita es C. consobrinus.

El otro enemigo llega desde abajo. Las serpientes ciegas australianas (familia Typhlopidae), pequeñas y casi sin ojos, se alimentan de la cría de las hormigas y encuentran los nidos siguiendo los rastros químicos de las obreras, como mostró un estudio de 1992. Entre esos rastros están los de las hormigas del azúcar. En tu hormiguero no hay arañas ni serpientes, claro, pero estas historias explican por qué una colonia defiende el nido con tanta decisión.

Tamaño y morfología

Camponotus grande y robusta, muy polimórfica, con obreras minor y major que se diferencian en la talla y en la forma, y sin aguijón.

  • Coloración según la clave. Cabeza y mesosoma (el tórax) negros o pardo oscuro. El color del gáster no aparece en la parte de la descripción que hemos podido consultar.
  • Coloración de nuestras colonias. Son bastante claritas. La reina tiene la cabeza negra y el tórax y el gáster de color ámbar o miel claro, con bandas oscuras en el gáster. Las obreras tienen la cabeza oscura, el tórax y las patas de color ámbar claro y el gáster pardo oscuro.
  • Pilosidad. Pocos pelos erectos, largos y finos en la gula, algo más numerosos en las minor; pelos erectos dorados dispersos en el tórax, sobre una capa abundante de pelos cortos pegados al cuerpo; y pelos cortos levantados unos 30° en las tibias y en los escapos de las antenas.
  • Cabeza. En las major, grande, de lados convexos y con los ojos planos; en las minor, de lados rectos y paralelos y con los ojos abultados, y en las minor más pequeñas, estrechada hacia atrás.
  • Tórax. Dorso uniformemente convexo; metanoto marcado en las major y ausente en las minor.
  • Pecíolo. Nodo con el ápice agudo.
  • Superficie. Finamente reticulada.
  • Gáster. Termina en el acidoporo, por el que expulsa el ácido fórmico; no tiene aguijón.
  • Reina. No hay ninguna descripción publicada. Las de Antomas miden 17–19 mm.
  • Macho. No hay ninguna descripción publicada.

¿Por qué nuestras colonias son más claras? La clave describe la cabeza y el tórax de las obreras como negros o pardo oscuro, y nuestras reinas y obreras tienen el tórax ámbar. Y no es cosa de la edad: en nuestras colonias, las obreras no se oscurecen al envejecer. No sabemos explicarlo con certeza. El color varía a menudo dentro de una misma especie de Camponotus (su «doble» de los foros, C. terebrans, es un caso extremo), y las descripciones se basan en unos pocos ejemplares de museo, así que lo interpretamos como variación de la especie. Pero preferimos decirlo claro: el color no sirve para identificar una C. eastwoodi, y los pelos de la gula, sí (ver «Pelos bajo la cabeza: así se reconoce»).

Medidas aproximadas

  • Reina: 17–19 mm (reinas de Antomas; no hay medidas publicadas)
  • Obreras: anchura de la cabeza, 1,60–4,10 mm; longitud de la cabeza, 2,20–4,10 mm; anchura del pronoto, 1,4–2,6 mm
  • Obreras major: en la experiencia de Antomas, pueden superar en tamaño a la reina; cabeza de hasta 4,10 mm de ancho
  • Longitud total de las obreras: no publicada
  • Macho: sin medidas publicadas

Las medidas de las obreras proceden de la clave de McArthur (2007) y van de la minor más pequeña a la major más grande. No hay ninguna medida publicada de la longitud total de las obreras ni de la reina o el macho; la de la reina es nuestra. De las major no tenemos todavía una medida exacta, pero en nuestra experiencia pueden llegar a ser más grandes que la propia reina: con una cabeza de hasta 4,1 mm de ancho, son las auténticas gigantes de la colonia.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 3/5 – Avanzado

En Antomas la consideramos una de las Camponotus gigantes de Australia más fáciles de criar. Y no es una opinión aislada: en el hobby, sus parientes más cercanos tienen fama de especies aptas para principiantes o de nivel intermedio, y C. consobrinus, la más criada del grupo, se recomienda a menudo como primera Camponotus australiana. C. eastwoodi come de todo, no necesita calor excesivo, se conforma con un nido seco, su diapausa es templada y su carácter es tranquilo.

Entonces, ¿por qué no es un 1/5? Por tres motivos:

  • Un arranque lento. Como tantas Camponotus grandes, la fundación y el primer año van despacio: pocas obreras, y pequeñas, y un crecimiento que no se acelera hasta que la colonia coge tamaño. Una guía de cría de su pariente C. consobrinus lo resume así: hay que pensar «en semanas y meses, no en días». Hay que tener paciencia y no tocar lo que funciona.
  • Las estaciones invertidas. Llega con el reloj del hemisferio sur: el primer año se mantiene sin diapausa para que se adapte, y desde el segundo hace una diapausa larga en nuestro invierno (ver «Diapausa y estaciones invertidas»). No es difícil, pero hay que entenderlo para no alarmarse si la reina frena la puesta en pleno verano.
  • Las major. Aparecen el segundo o el tercer año y cambian la colonia: necesitan galerías grandes, comen más y muerden fuerte. Una colonia madura de C. eastwoodi ya no es una colonia de principiante.

Además, trepan el acrílico, así que hay que poner una barrera antifugas desde el primer día, aunque con esta especie el aceite mineral es suficiente (ver «Fugas y barreras»).

Y merece mucho la pena. Es una gigante australiana muy poco vista en el hobby, con un polimorfismo espectacular, unas reinas de tonos claros y cálidos, un ritmo nocturno que da gusto observar al anochecer y la promesa, si se parece a su pariente, de una reina para muchos años. Y esta es una de las primeras fichas de cría que existen de la especie: si te animas, estarás entre los primeros en criarla y en ver crecer a sus major.

Parámetros recomendados

  • Temperatura del nido: 21–26 °C en la temporada activa. Es el rango en el que coinciden los criadores de sus parientes del grupo, y encaja con las medias del verano de su área, de unos 23–26 °C. No necesita calor excesivo.
  • Zona de forrajeo: puede estar algo más cálida, hasta unos 30 °C en un extremo, para que la colonia elija. Nunca calor fuerte dentro del nido.
  • Humedad: humedad en los tubos al principio; después, un nido más bien seco (ver «Humedad en los tubos al principio; seco después»). La zona de forrajeo, seca.
  • Agua: siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: basta con dejarles la zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, con un ciclo normal de día y noche.
  • Diapausa: el primer año, ninguna; desde el segundo, 4–5 meses a 15–18 °C en nuestro invierno (ver «Diapausa y estaciones invertidas»).

Evita el sol directo, los radiadores y las corrientes frías: más que una cifra exacta, lo que buscan es un nido templado y estable.

Humedad en los tubos al principio; seco después

Es la clave del montaje. C. eastwoodi necesita un ambiente más bien seco, y por eso recomendamos los hormigueros de la gama Qbik Alpha. Pero, como todas las Camponotus, al principio necesitan humedad en los tubos: la reina y su primera cría viven en el tubo de ensayo, con su depósito de agua tras el algodón, y cuando pasan al nido conviene dejar conectado un tubo con agua, para que dispongan de una zona húmeda mientras la colonia es pequeña. Después, se puede ir dejando más seco: ellas mismas van regulando la humedad que necesitan, con el agua del forrajeo y la de los líquidos azucarados, que en su mayor parte son agua.

Todo encaja con lo que se sabe de ella: vive en el bosque abierto de eucalipto, anida bajo piedras y en madera muerta, y en su área la estación seca coincide con el invierno. Y la pariente que vivió 23 años lo hizo con una humedad relativa del 35–50 %. Las fichas de las tiendas para sus parientes dan cifras de humedad para el nido que van del 30 al 80 %, sin ningún consenso. En Antomas preferimos la regla sencilla: humedad en los tubos al principio, y seco después.

Seco no quiere decir sin agua: el tubo de agua del forrajeo no debe faltar nunca. Lo que hay que evitar es mojar todo el nido, porque el exceso de humedad trae condensación, moho y ácaros.

Hormigueros recomendados

En Antomas recomendamos la gama Qbik Alpha de Anthouse: hormigueros modulares, indicados para especies de nido seco, que crecen con la colonia. Con esta especie, siempre con galerías grandes: las major necesitan espacio para moverse y para mover la cría. Para empezar, un QBIK ONE con galerías grandes:

Para ampliar, el QBIK DUO, también con galerías grandes, y después los formatos mayores de la misma gama:

Amplía cuando el nido se les quede pequeño: una señal clara es ver muchas obreras quietas en las esquinas de la zona de forrajeo, sin sitio dentro. Pero no te adelantes: en un nido enorme para una colonia pequeña, las cámaras sobrantes acaban convertidas en basureros. Completa el montaje con estos detalles:

  • Barrera antifugas: una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo y la tapa bien ajustada (ver «Fugas y barreras»).
  • Zona de forrajeo seca, con algo de arena, piedras planas y alguna rama o corteza para trepar, sin nada que sirva de puente hasta la barrera.
  • Agua siempre disponible, en un tubo de ensayo con agua y algodón.
  • Un bebedero para los líquidos azucarados, nunca en algodón (ver «Alimentación»).
  • Calor suave, solo si hace falta, en un lateral del nido y lejos del bebedero, con termostato.

Fundación: reina con prole, paso a paso

En Antomas vendemos reinas fundadoras con prole, en dos versiones: «Reina con prole» y «Reina y 1 obrera con prole». Es decir, reinas que ya han empezado su colonia en un tubo de ensayo, con huevos, larvas o pupas y, en la segunda opción, con su primera obrera. La fundación de C. eastwoodi es claustral, como en el resto de su grupo: la reina cría a sus primeras obreras sin salir a comer, con las reservas de su propio cuerpo.

  • Tubo y oscuridad. Mantén el tubo tal como llega, con su depósito de agua tras el algodón, en un lugar oscuro, tranquilo y sin vibraciones, a 24–26 °C, la parte alta del rango del nido. Puedes taparlo con un paño o una cartulina.
  • Humedad en el tubo. Es la etapa en que más importa: comprueba de vez en cuando que el algodón sigue húmedo y que al depósito le queda agua. Si el agua se acaba o el tubo se ensucia mucho, pásala a un tubo nuevo por volcado, con cuidado.
  • No molestar. Echa un vistazo breve una vez a la semana, no a diario, y no la cambies de tubo sin necesidad. Las molestias continuas estresan a la reina, y una reina estresada puede llegar a comerse los huevos.
  • Comida. Aunque la fundación es claustral, en Antomas recomendamos ofrecer a la reina, de vez en cuando, una gotita de líquido azucarado sobre algo que no empape el algodón, como un trocito de papel de aluminio. Nunca en el algodón del tubo: se enmohece y estropea el depósito de agua. Si sobra, retírala al día siguiente. Cuando haya obreras (o desde el principio, si tu reina viene con una), añade un trocito de insecto una o dos veces por semana y retira también los restos al día siguiente.
  • Paciencia. En sus parientes, las primeras obreras, las llamadas nanitics, tardan unas 6–10 semanas desde el huevo, según la temperatura. Son pequeñas: el tamaño de las obreras aumenta con cada generación.

¿Cuándo pasarla al nido? No hace falta esperar mucho: en Antomas la pasamos ya con 3–6 obreras, siempre a un nido adaptado a su tamaño, y antes si el tubo se le queda pequeño, se ensucia o se queda sin agua. Lo importante es que el nido no sea demasiado grande para la colonia: los nidos sobredimensionados complican la humedad y la defensa de las colonias jóvenes. La pasamos por volcado (ver «Llegada y mudanza») a un QBIK ONE con galerías grandes, dejando conectado al principio un tubo con agua para que tengan su zona húmeda.

Llegada y mudanza

Al recibir tu reina, déjala reposar en un lugar tranquilo y oscuro, a 24–26 °C, y comprueba que el tubo tiene agua. No la cambies de tubo ni la pases al nido nada más llegar. Cuando toque pasarla al hormiguero, en Antomas lo hacemos por volcado: abrimos el tubo dentro de la zona de forrajeo, junto a la entrada del nido, y volcamos con suavidad a la reina, las obreras y la cría, ayudando a las rezagadas con un pincel suave. Tres consejos:

  • Prepáralo todo antes: el hormiguero montado, con la barrera de aceite puesta y el tubo de agua conectado.
  • Trabaja sobre una bandeja, por si alguna obrera trepa por el tubo o por las herramientas.
  • Con calma: tras el volcado, las obreras recogen la cría y la llevan al nido. Deja la zona del nido a oscuras para que la ocupen enseguida.

Si algún día tienes que cambiar la colonia de hormiguero, usa el mismo método.

Alimentación

Líquidos azucarados, siempre disponibles. Son hormigas del azúcar, y en la naturaleza su grupo vive en buena parte de la melaza y el néctar. Varía los azúcares: en Antomas recomendamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse 4–5 veces por semana y otro líquido azucarado o néctar 1–2 veces por semana. También puedes añadir algo de proteína al néctar. Ofrécelos siempre en un bebedero y nunca en algodón, porque el algodón se enmohece y estropea el líquido enseguida. Usa un bebedero tradicional o casero, donde la gota quede «tendida» y accesible, y renuévalo antes de que fermente.

Proteína: cuanta más, mejor. Es el motor de su crecimiento, y es la filosofía de Antomas: si haces mantenimiento a diario y retiras los restos, es mejor sobrealimentar, porque la colonia entiende que tiene más recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, mejor no sobrealimentar: la comida que sobra se pudre y trae moho y ácaros. Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo: moscas, grillos, cucarachas pequeñas, gusanos de la harina troceados y, para las colonias pequeñas, Drosophila. A las colonias jóvenes, mejor troceados o recién sacrificados; a las grandes, también presas pequeñas vivas. Y compra los insectos a un proveedor fiable: los tratados con insecticidas pueden matar a la colonia.

Un truco para una especie nocturna: pon la proteína a última hora de la tarde, cuando empiezan a moverse, y retira los restos a la mañana siguiente.

Que la comida abundante funciona lo ilustra la experiencia de un criador de C. nigriceps: con néctar constante y muchos insectos, su colonia pasó de 3 obreras a unas 100 en unos diez meses, algo poco habitual en una Camponotus. Es una opinión aislada, pero ilustra bien nuestra filosofía: cuanta más proteína, mejor.

Agua: siempre, en el tubo de ensayo con algodón de la zona de forrajeo. Aunque su nido sea seco, el agua para beber no les puede faltar.

Diapausa y estaciones invertidas

En su área, el invierno va de junio a agosto, y una reina de C. eastwoodi llega a Europa con ese reloj. En Antomas la regla es sencilla: el primer año, sin diapausa, llegue cuando llegue. Durante ese primer año se mantienen el calor y la comida todo el tiempo, también en nuestro invierno, para que la colonia se adapte al clima europeo. Y, sobre todo, no hay que enfriarla en nuestro verano, que es cuando le tocaría reposar en su tierra. Es posible que entre junio y septiembre la reina frene la puesta o que la colonia coma menos: algunas tiendas describen en sus parientes un ritmo interno de reposo ligado al invierno austral. Es normal, y basta con seguir ofreciendo comida y no bajar la temperatura.

Desde el segundo año, diapausa en nuestro invierno. Al año siguiente ya se enfrían en nuestro invierno y siguen el ciclo invertido respecto a Australia, es decir, el europeo. Y su diapausa es larga, prácticamente como la de las especies de aquí: 4–5 meses a 15–18 °C, por ejemplo de noviembre a marzo. Coincide con lo que algunas tiendas europeas recomiendan para sus parientes: reposo de finales de octubre a finales de marzo a 15–18 °C.

  • Baja la temperatura poco a poco, a lo largo de una o dos semanas, y súbela igual al final.
  • No la bajes de 15 °C: es una diapausa larga, pero no fría. Su invierno es suave, con medias diarias de unos 12–17 °C en los meses más frescos, y ninguno de los criadores de sus parientes baja de ahí.
  • Durante la diapausa: agua siempre disponible, un poco de líquido azucarado y poca o ninguna proteína. Molesta a la colonia lo menos posible.
  • Al terminar, vuelve a la proteína en cuanto veas actividad y cría.

Señales normales del primer año: la colonia puede pararse o comer poco entre junio y septiembre aunque haga calor, y volver a la actividad hacia septiembre u octubre. Al segundo año ya va con el ciclo europeo. Es lo que vemos en Antomas con las Camponotus del hemisferio sur, que se adaptan bien. De C. eastwoodi no hay ningún estudio sobre su diapausa, así que, ante cualquier duda, escríbenos.

Comportamiento en cautividad

Nocturnas. Son más activas al atardecer y por la noche, sobre todo con calor; con fresco, pueden salir de día, como en su invierno. Si quieres verlas en plena actividad, obsérvalas al anochecer. Es normal ver poco movimiento a mediodía.

Tranquilas, pero defienden el nido. En el día a día son hormigas calmadas, que no buscan pelea. Pero, si se abre o se golpea el nido, salen a defenderlo: muerden y pueden rociar ácido fórmico. Sus parientes se describen igual: poco agresivas hacia fuera y muy decididas cuando se molesta el nido.

Un reparto de tareas que se ve. Como es habitual en las Camponotus polimórficas, las minor son las que más salen a forrajear, y las major, cuando aparecen, pasan más tiempo en el nido y se dejan ver sobre todo cuando hay una perturbación o una presa grande que despiezar.

Observar sin miedo. En Antomas pensamos que las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con dejarles su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo y estresándolas lo menos posible. Se acostumbran a tu presencia.

Señales de alarma:

  • Cría que se estanca o desaparece fuera del parón del primer verano: casi siempre falta proteína.
  • Condensación en las paredes o moho: sobra humedad o hay restos olvidados.
  • Una reina en fundación que se come los huevos: demasiadas molestias.
  • Muchas obreras quietas en el forrajeo, sin sitio dentro: toca ampliar.

Fugas y barreras

C. eastwoodi trepa el acrílico, y eso vale también para las primeras obreras. Las Camponotus australianas son buenas trepadoras, capaces de subir por el vidrio y el plástico. En nuestra experiencia, el aceite mineral es suficiente:

  • Una franja de aceite mineral en la parte alta de las paredes de la zona de forrajeo, fina y continua. Renuévala cuando veas que acumula polvo o restos.
  • Tapa bien ajustada, como segunda línea.
  • Sin rendijas: revisa las conexiones, los tapones y los tubos.
  • Nada que sirva de puente: ni ramas ni piedras apoyadas cerca de la barrera.
  • Cuidado al abrir: abre lo justo, trabaja con calma y cierra al terminar.

Con la barrera de aceite y todo bien ajustado, no dan problemas.

Manejo y seguridad

No pican: no tienen aguijón. Pero, si se sienten atacadas, muerden (las major, con fuerza) y pueden rociar ácido fórmico, que escuece en la piel sensible o en una pequeña herida. Nada que deba preocuparte si trabajas con calma. Como con cualquier especie, manipúlalas con herramientas entomológicas (un pincel suave o unas pinzas blandas), no con las manos, y trabaja despacio para no perder ni dañar a ninguna obrera, y menos a la reina. No juntes reinas ni colonias distintas, ni las mantengas con otras especies. Es una especie exótica: en ningún caso debe liberarse.

Qué no hacer

  • Mojar todo el nido, o seguir humedeciéndolo cuando la colonia ya regula su humedad: humedad solo en los tubos al principio.
  • Hacerle diapausa el primer año, y sobre todo enfriarla en nuestro verano (junio–agosto), aunque la reina frene la puesta.
  • Quedarse corto con la diapausa a partir del segundo año: son 4–5 meses, no unas semanas.
  • Hacerle una diapausa fría, como a las hormigas europeas: nunca por debajo de unos 15 °C.
  • Dejar rendijas, conexiones flojas o tapas mal ajustadas, o dejar la barrera sin renovar: trepan el acrílico.
  • Abrir el tubo de fundación a menudo, o pasarla a un nido demasiado grande para su tamaño.
  • Usar galerías pequeñas: siempre grandes.
  • Poner los líquidos azucarados en algodón o dejar que se acaben.
  • Darles siempre el mismo insecto o dejar restos sin limpiar.
  • Juntar reinas o colonias distintas.
  • Manipularlas con las manos.

Fuentes científicas

Esta ficha se ha elaborado a partir de la bibliografía científica sobre Camponotus eastwoodi, su grupo de especies y su género, de los registros de distribución y los datos climáticos de su área, y de la experiencia de Antomas y de otros criadores. Referencias principales:

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  2. McArthur, A. J., Adams, M. & Shattuck, S. O. (1998). A morphological and molecular review of Camponotus terebrans (Lowne) (Hymenoptera: Formicidae). Australian Journal of Zoology 45: 579–598. doi:10.1071/ZO97055
  3. Ward, P. S., Blaimer, B. B. & Fisher, B. L. (2016). A revised phylogenetic classification of the ant subfamily Formicinae (Hymenoptera: Formicidae), with resurrection of the genera Colobopsis and Dinomyrmex. Zootaxa 4072: 343–357. doi:10.11646/zootaxa.4072.3.4
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  6. Schultheiss, P., Raderschall, C. A. & Narendra, A. (2015). Follower ants in a tandem pair are not always naïve. Scientific Reports 5: 10747. doi:10.1038/srep10747
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1 Reseñas

Colonia de 10. Tengo las US-CA02 y parecen pequeñas al lado de las eastwoode. Y los colores preciosos. Gracias Tomás, como siempre un 10
Por Aitor en 19/09/2026

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