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Myrmecia Gulosa - Hormiga Bulldog Roja
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Myrmecia gulosa– Hormiga Bulldog Roja
BIOLOGÍA
Myrmecia gulosa es una de las grandes hormigas bulldog australianas y la especie que da nombre al grupogulosa. Fue descrita ya en 1775 y es, además, una de las Myrmecia cuya biología social se ha estudiado con mayor detalle.
Su distribución conocida se concentra en el este de Australia, con registros sólidos en Queensland, Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital Australiana, además de la cuenca Murray-Darling. Aparece especialmente en terrenos areniscosos, matorral sobre arenisca, bosque esclerófilo seco y bosques abiertos de eucaliptos.
No es una especie tropical pese a soportar bien el calor. Buena parte de sus poblaciones viven en regiones con veranos cálidos pero con una estacionalidad invernal evidente, algo que resulta fundamental para entender su ciclo de cría.
Los nidos naturales pueden ser muy grandes. Se han descrito montículos bajos y desnudos de aproximadamente 70–90 cm de diámetro y 10–40 cm de altura, normalmente con una o dos entradas de unos 2 cm próximas a la zona superior. Bajo ellos existe una red ramificada de galerías y cámaras que puede acercarse al metro de profundidad.
Una excavación realizada en Jannali recuperó 2.284 obreras sin llegar siquiera a completar el nido, mientras que otro hormiguero de la zona de Sutherland contenía 1.586. Las colonias estudiadas experimentalmente suelen rondar aproximadamente el millar de trabajadoras, por lo que debemos pensar en M. gulosa como una especie capaz de formar una sociedad bastante grande para una Myrmecia.
La colonia es normalmente monogínica, con una sola reina reproductora.
Una de las Myrmecia más activas
En cautividad, M. gulosa destaca por ser una de las grandes Myrmecia más activas y visibles.
Las obreras pasan bastante tiempo explorando la zona de forrajeo, reaccionan inmediatamente ante movimientos y alimento y suelen mostrar una actividad exterior considerable cuando la colonia está caliente y tiene larvas.
Su actividad natural es fundamentalmente diurna.
Las trabajadoras son cazadoras visuales que salen individualmente. No forman carreteras hacia la presa ni reclutan un gran grupo para cazar. Una forrajera localiza el artrópodo, se aproxima y ataca por su cuenta utilizando una combinación de visión, olor y contacto directo.
Esto no significa que su comunicación química sea pobre. Cuando se trata de defender el territorio sucede justo lo contrario: en M. gulosa se han identificado distintos componentes químicos asociados a alerta, activación y ataque. Es una buena muestra de que una hormiga puede ser una cazadora individual y, al mismo tiempo, coordinar colectivamente la defensa del nido.
Las obreras de mayor tamaño son las que realizan prácticamente todo el forrajeo exterior. Las pequeñas permanecen mucho más ligadas a las cámaras internas y al cuidado de la colonia.
Esta división del trabajo es especialmente interesante porque el tamaño de las trabajadoras no se distribuye de manera uniforme: M. gulosa presenta una distribución bimodal, con un grupo de obreras pequeñas y otro de grandes trabajadoras claramente reconocible, aunque no exista una casta de soldado propiamente dicha.
Presas, néctar y una forma muy extraña de compartir alimento
Las grandes obreras cazan insectos y otros pequeños artrópodos y también visitan flores para consumir néctar.
En cautividad aceptan grillos, cucarachas, moscas, polillas y otros insectos sin dificultad. Una característica muy práctica de las líneas mantenidas por Antomas es que M. gulosaacepta alimento muerto bastante mejor que muchas otras Myrmecia.
Esto resulta especialmente útil en fundaciones y colonias jóvenes. No es necesario estimular constantemente la caza ofreciendo una presa viva; una cucaracha recién sacrificada, una mosca o un grillo abierto pueden generar una respuesta alimentaria excelente.
Las colonias establecidas continúan siendo cazadoras muy activas y resulta interesante ofrecer periódicamente presas vivas para observar su comportamiento, pero no es imprescindible para mantenerlas bien alimentadas.
Internamente ocurre algo todavía más particular.
En M. gulosa no se produce la trofalaxia oral habitual de muchas otras hormigas. Una obrera no llena el buche y después regurgita el líquido directamente en la boca de una compañera como haría una Camponotus.
En su lugar, una parte importante del intercambio nutricional se realiza mediante huevos tróficos.
Son huevos no reproductivos, blandos, sin el corion rígido de un huevo destinado a convertirse en larva, que las propias obreras ponen específicamente como alimento.
Los estudios realizados sobre colonias de M. gulosa son sorprendentes: alrededor del 71 % de las obreras presentaba ovarios activos y al menos el 40 % era capaz de producir huevos tróficos. La mayor parte acababa alimentando a las larvas.
Las grandes trabajadoras producían aproximadamente 2,4 veces más huevos tróficos que las pequeñas.
La colonia funciona así de una forma bastante diferente a muchas hormigas más evolucionadas: las grandes forrajeras introducen nutrientes mediante néctar y presas, y una parte de esos recursos termina transformándose dentro de las obreras en pequeños paquetes alimenticios que pueden entregarse a las larvas, la reina y otras compañeras.
Las larvas reciben además fragmentos directos de los insectos transportados al nido.
Reina y regulación de la colonia
La reina apenas es mayor que las grandes obreras, pero reproductivamente existe una diferencia enorme.
En los individuos estudiados, la reina presentaba alrededor de 44 ovariolos, frente a aproximadamente 8–14 en las obreras.
Además, la reina no necesita patrullar permanentemente la colonia ni atacar a las trabajadoras para impedir que se reproduzcan.
Las obreras pueden reconocer su estado reproductivo mediante diferencias en los hidrocarburos cuticulares, las sustancias que cubren su exoesqueleto. En una colonia normal producen huevos tróficos, pero no descendencia masculina.
Si desaparece la reina, algunas trabajadoras pueden activar la reproducción y comenzar a producir huevos haploides destinados a machos. En presencia de la reina, la propia colonia controla a las trabajadoras que intentan desviarse de este sistema.
Es un detalle muy interesante porque muestra una organización social bastante sofisticada en una hormiga que conserva otros rasgos considerados relativamente ancestrales.
Vuelos nupciales
Los vuelos se concentran hacia el final de la temporada cálida australiana.
Los datos modernos de observaciones sitúan la ventana principal alrededor de marzo y abril, aunque las fechas exactas pueden desplazarse según localidad, precipitaciones y temperatura.
Los vuelos son principalmente diurnos.
Existe además una descripción histórica espectacular de un vuelo de M. gulosa: machos y hembras aparecieron por miles durante la mañana, volando alrededor de arbustos y descansando sobre rocas y hierba.
La cópula no parecía realizarse en pleno vuelo. Los machos abordaban a las hembras sobre la vegetación y podían acumularse tantos alrededor de una misma pareja que se formaban auténticas bolas de individuos, que finalmente caían al suelo y se dispersaban.
Después del apareamiento, la reina pierde las alas y comienza la búsqueda de un lugar adecuado para fundar.
TAMAÑO Y MORFOLOGÍA
Myrmecia gulosa es una hormiga grande, muy estilizada y fácilmente reconocible cuando presenta la coloración típica.
La descripción taxonómica clásica es particularmente clara: cabeza, antenas, mesosoma, patas, peciolo y postpeciolo son rojizos, al igual que buena parte de la región anterior del gáster, mientras que su sección posterior es negra.
Las mandíbulas son amarillas, con los dientes más oscuros, creando uno de los contrastes más característicos de la especie.
La transición entre el rojo y el negro del gáster puede variar algo entre individuos, pero el conjunto genera ese patrón inconfundible de gran Myrmecia roja con extremo abdominal oscuro.
Los ojos son muy grandes y convexos. Como corresponde a una cazadora diurna, la visión tiene un papel central tanto para detectar movimiento como para valorar amenazas y localizar presas.
Las mandíbulas son largas, estrechas y dentadas, diseñadas principalmente para agarrar y manipular. Para inmovilizar definitivamente una presa dispone además de un aguijón funcional situado en el extremo del gáster.
Las patas son largas, permitiendo desplazamientos rápidos y manteniendo el cuerpo elevado del suelo.
Medidas
- Obreras: aproximadamente 14–23 mm
- Reina: algo mayor que las grandes trabajadoras, normalmente alrededor de 23–27 mm como referencia práctica
- Machos: más estilizados y alados, con proporciones muy distintas de las hembras
La variación de tamaño entre obreras es considerable y presenta una distribución bimodal. No hablamos de minors y majors tan diferenciadas morfológicamente como en una Pheidole, sino de dos rangos de tamaño dentro de una misma arquitectura corporal.
Las grandes trabajadoras poseen además más ovariolos y producen una proporción mayor de los huevos tróficos de la colonia, de modo que su función no se limita únicamente a ser “obreras grandes”.
MANTENIMIENTO EN CAUTIVIDAD
Dificultad: 5/5 – Experto
Myrmecia gulosa está recomendada para criadores expertos.
Entre las grandes Myrmecia resulta bastante agradecida una vez establecida: es activa, acepta muy bien alimento y tolera temperaturas cálidas algo mejor que especies como M. pyriformis.
Aun así, la fundación es semiclaustral, el desarrollo es lento y fuertemente estacional, las larvas necesitan condiciones correctas para hilar y una colonia madura exige mucho espacio. A ello se suma su tamaño y aguijón funcional.
Parámetros recomendados
- Temperatura habitual: 23–27 °C
- Punto cálido localizado: 27–29 °C
- Puede tolerar mejor episodios cálidos que otras grandesMyrmecia
- Durante el hilado: preferentemente 23–27 °C
- Evitar mantener las larvas maduras de forma prolongada por encima de 28 °C
- Humedad del nido: moderada
- Zona de larvas: moderadamente húmeda
- Zona de capullos: ligeramente más seca y muy bien ventilada
- Forrajeo: seco o ligeramente húmedo
- Fotoperiodo: ciclo claro de día y noche
- Tipo de nido: grande, con galerías amplias y sustrato disponible
En laboratorio se han mantenido colonias de M. gulosa durante largos periodos a 24 ± 1 °C, con nidos de yeso húmedos y un fotoperiodo de 10 horas de luz y 14 de oscuridad. Es una referencia interesante porque demuestra que no necesita temperaturas tropicales altas para desarrollarse correctamente.
En Antomas hemos comprobado que tolera el calor mejor que M. pyriformis, y una colonia establecida puede mantenerse activa con puntos térmicos cercanos a 28–29 °C.
Sin embargo, esto no significa que debamos mantener toda la colonia a esa temperatura.
Temperatura e hilado
El problema con las grandes Myrmecia vuelve a aparecer durante la fase final de crecimiento larvario.
Aunque M. gulosa soporte mejor temperaturas elevadas, por encima de aproximadamente 28 °C el hilado puede empezar a resentirse, especialmente cuando el calor es constante y las larvas no disponen de zonas más frescas.
Según la experiencia de Antomas, puede aumentar el número de larvas que comienzan a hilar pero no consiguen completar correctamente el capullo.
Por ello, si existen larvas grandes próximas a pupar, no recomendamos intentar acelerar el desarrollo mediante temperaturas permanentes de 29–30 °C.
La colonia debe poder escoger entre una zona cálida y otra sensiblemente más fresca.
El intervalo de 23–27 °C funciona mucho mejor durante esta etapa.
No afirmamos que la seda deje bioquímicamente de sintetizarse a una temperatura concreta, porque ese mecanismo no se ha demostrado experimentalmente en M. gulosa. La recomendación se basa en la incidencia de problemas de pupación observada en cautividad.
Sustrato e hilado
Como en las demás grandes Myrmecia, las cámaras nunca deberían estar completamente desnudas.
Las larvas maduras necesitan partículas que faciliten la construcción del capullo y las obreras las colocan alrededor de ellas cuando llega el momento de pupar.
Recomendamos mantener pequeñas cantidades de un mix de sustratos formado por:
- tierra;
- arena fina;
- pequeñas partículas minerales;
- una fracción ligeramente arcillosa;
- fibras vegetales;
- pequeños restos de hojarasca.
No hay que llenar completamente las cámaras.
Lo importante es proporcionar variedad de texturas y granulometrías para que la propia colonia utilice las que considere adecuadas.
Fundación
La fundación es semiclaustral.
La reina necesita una cámara protegida, pero debe disponer de acceso a una pequeña zona de forrajeo donde pueda alimentarse.
Para una fundación recomendamos:
- agua siempre disponible;
- pequeñas gotas de néctar;
- moscas;
- pequeños trozos de cucaracha;
- grillos pequeños;
- polillas;
- otros insectos seguros.
M. gulosa presenta aquí una ventaja práctica frente a otras especies del género: acepta bastante bien presas muertas.
Por ello, durante una fundación no es necesario introducir constantemente insectos vivos junto a una reina que todavía tiene poca capacidad para gestionar riesgos. Una cucaracha recién sacrificada y abierta o una mosca permiten aportar proteína sin obligarla a realizar una caza complicada.
Cuando aparezcan las primeras larvas debe aumentarse progresivamente el aporte proteico.
Las revisiones deben ser limitadas. Una reina constantemente perturbada puede retrasar la puesta, abandonar alimento o consumir parte de la prole.
Hormigueros recomendados
Como en las demás grandes Myrmecia, el montaje debe crecer con la colonia.
Para una reina, fundación avanzada o colonia joven recomendamos un Qbik Duo de Anthouse con galerías grandes.
Las cámaras amplias permiten que la reina y las grandes larvas tengan suficiente espacio, pero sin introducir una fundación en un volumen inmanejable.
Dentro de las cámaras debe añadirse desde el principio el mix de sustrato para facilitar el hilado.
Una parte del sistema puede mantenerse algo más húmeda y otra más seca, permitiendo que la propia colonia distribuya los diferentes estadios de la prole.
Cuando la colonia ya es grande recomendamos especialmente un:
Qbik Nona Wild de Anthouse
El formato sin una red rígida de cámaras resulta especialmente interesante para una especie que construye en naturaleza nidos profundos, ramificados y con cámaras de dimensiones variables.
El sustrato permite que las hormigas:
- excaven cámaras;
- amplíen corredores;
- creen zonas de cría;
- separen los capullos;
- acumulen material para el hilado;
- construyan basureros alejados de la reina.
Los nidos naturales pueden superar los 70–90 cm de profundidad y alcanzar poblaciones de más de 2.000 individuos, por lo que ninguna instalación comercial reproduce literalmente sus dimensiones. Lo que buscamos con un Nona Wild es reproducir la forma en la que la colonia organiza el espacio, no su profundidad absoluta.
El sustrato debe tener cohesión suficiente para evitar derrumbes, pero sin quedar compactado como una masa sólida.
Alimentación
La alimentación debe combinar carbohidratos abundantes y proteína animal.
Los adultos pueden recibir:
- néctar específico para hormigas;
- agua azucarada;
- miel diluida;
- soluciones equilibradas de carbohidratos.
Debe existir siempre agua limpia independiente.
En naturaleza, las grandes obreras visitan flores para consumir néctar.
Para la proteína recomendamos:
- cucarachas;
- grillos;
- moscas;
- polillas;
- pequeños saltamontes;
- termitas de cultivo seguro;
- tenebrio troceado;
- otros insectos de alimentación.
Una de las principales diferencias prácticas respecto a otras grandes Myrmecia es que no hace falta que todas las presas estén vivas.
Las colonias de M. gulosa mantenidas en Antomas suelen aceptar rápidamente insectos recién muertos o troceados, lo que simplifica mucho la alimentación de fundaciones y minicolonias.
De hecho, los estudios de laboratorio han mantenido colonias durante años ofreciendo trozos de cucaracha o grillos completos junto con agua con miel cada uno o dos días, confirmando que no necesitan cazar una presa viva para utilizarla nutricionalmente.
Cuando la colonia esté bien establecida merece la pena alternar alimento muerto con pequeñas presas vivas para permitir el comportamiento natural de caza.
Diapausa
Este es uno de los apartados mejor documentados para Myrmecia gulosa.
La especie presenta un ciclo marcadamente univoltino en las poblaciones templadas estudiadas.
La reina concentra la puesta durante unas pocas semanas en primavera. Los huevos van eclosionando hasta que la colonia queda formada fundamentalmente por larvas.
Estas larvas crecen durante el verano y el otoño y llegan al invierno como larvas grandes pero todavía incompletamente desarrolladas.
Por tanto:
Myrmecia gulosa pasa la diapausa con prole, principalmente larvas grandes.
Durante el invierno estas larvas prácticamente no se alimentan ni continúan creciendo.
La primavera siguiente reactiva su desarrollo. Cuando alcanzan la madurez comienzan a hilar los capullos, aproximadamente al mismo tiempo que la reina inicia la nueva puesta anual.
Las nuevas obreras terminan de emerger a comienzos o mediados del verano.
Es un ciclo muy diferente al de una especie tropical que mantiene constantemente huevos, larvas y pupas de todas las edades.
Temperatura de diapausa
La intensidad debe adaptarse a la procedencia.
Muchas de las colonias estudiadas científicamente procedían de Waterfall, en Nueva Gales del Sur, cerca del entorno climático de Sídney. Allí julio presenta aproximadamente 16,4 °C de máxima media y 8,1 °C de mínima media en la costa de Sídney.
Además, las cámaras naturales están enterradas profundamente, por lo que no sufren directamente toda la amplitud térmica de la superficie.
Por este motivo, para las líneas habituales recomendamos una diapausa relativamente moderada, no una refrigeración extrema:
- 14–18 °C
- aproximadamente 8–12 semanas
Para poblaciones de procedencia más interior y fría puede bajarse algo más, aproximadamente hacia 12–16 °C.
Existe además un dato experimental muy útil: colonias mantenidas durante años en laboratorio fueron sometidas a un invierno artificial de 17 ± 1 °C durante 4–8 semanas, y bajo ese régimen produjeron centenares de nuevas obreras.
Esto demuestra que no es necesario llevarlas a temperaturas próximas a 5 °C para inducir una estacionalidad funcional.
Durante la diapausa:
- mantener agua;
- conservar humedad estable;
- reducir mucho la proteína;
- no intentar hacer crecer las larvas aumentando el calor;
- mantener carbohidratos únicamente si existen obreras activas.
La presencia de grandes larvas detenidas durante semanas es normal y esperable.
Comportamiento en cautividad
Esta es una de las grandes ventajas de M. gulosa.
Entre las grandes Myrmecia, es una de las especies que puede llegar a mostrar más actividad exterior en cautividad.
Las grandes obreras permanecen frecuentemente en la zona de forrajeo y responden de inmediato cuando aparece alimento.
Poseen buena visión y pueden detectar claramente movimientos próximos al recinto. Una obrera puede girar la cabeza y mantener la mirada orientada hacia unas pinzas, una presa o el cuidador.
Su comportamiento de defensa también es muy marcado.
Aunque cada forrajera cace individualmente, cuando el nido se altera varias obreras pueden reaccionar de forma coordinada. Los estudios de M. gulosa muestran que utilizan diferentes secreciones químicas para incrementar progresivamente la alerta y desencadenar el ataque.
La actividad suele aumentar mucho cuando existen larvas, precisamente porque la demanda de proteína es mayor.
Una colonia sin larvas puede parecer considerablemente menos interesada por las presas.
Manejo y seguridad
Myrmecia gulosa posee un aguijón funcional que utiliza tanto para cazar como para defenderse.
También cuenta con mandíbulas grandes y una excelente capacidad para detectar visualmente aquello que se aproxima al hormiguero.
No recomendamos manipularla directamente con las manos.
Las tareas de mantenimiento deben realizarse con:
- pinzas largas;
- tapa segura;
- barrera antifugas;
- conexiones bien cerradas;
- espacio suficiente para trabajar sin colocar la mano directamente sobre la entrada.
No es necesario exagerar su peligrosidad, pero una gran colonia de M. gulosa puede movilizar muchas trabajadoras alrededor de una perturbación y debe mantenerse con el respeto correspondiente a una gran Myrmecia provista de aguijón.
Su combinación de gran tamaño, coloración roja y negra, actividad intensa, buen comportamiento alimentario y enorme presencia visual hace que una colonia madura sea una de las Myrmecia más interesantes de observar en cautividad.
- Dificultad
- Experimentado

