Comprar Myrmecia simillima – Hormiga bulldog | Antomas
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Myrmecia simillima – Hormiga bulldog

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Mandíbulas como sierras, ojos que no pierden detalle y casi dos centímetros y medio de cazadora. Myrmecia simillima es una bulldog del grupo gulosa, las gigantes del sudeste de Australia: patrulla bajo el sol entre eucaliptos, caza sola y a la vista, y sus reinas de alas cortas guardan uno de los secretos mejor escondidos del género. Un linaje antiguo, un veneno temible y una colonia que se gana con oficio, paciencia y respeto. Solo para criadores expertos. Colonias con reina. Envío a toda Europa, llegada viva garantizada.

Colonia

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Dificultad: 5/5 – Experto

Bulldog grande del grupo gulosa, del sudeste templado de Australia: obreras de 19–23 mm, patas largas, mandíbulas dentadas y una vista excelente. Una especie con reinas de alas cortas que a veces cuesta distinguir de una obrera grande. Se envía como reina con prole, de fundación semiclaustral: tubo de iniciación húmedo que se deja secar, a oscuras, y después QBIK DUO con galerías grandes y Qbik Wild NoNa Diáfano. 24–27 °C con gradiente y larvas maduras nunca por encima de 28 °C. Azúcar a diario, proteína al ritmo de las larvas y presa muerta al principio. Diapausa de unos 3 meses a 10–15 °C. Su picadura duele mucho: no apta para personas alérgicas ni para casas con niños pequeños o mascotas.

Myrmecia simillima Smith, 1858 es una de las hormigas bulldog clásicas del sudeste de Australia: una cazadora solitaria de casi dos centímetros y medio, con mandíbulas largas armadas de dientes, ojos que ocupan media cara y un aguijón que se hace respetar. Pertenece al grupo gulosa, el de las bulldog grandes, y comparte con sus parientes la cría primitiva, la caza a la vista y un ciclo anual que se para en invierno.

Tiene además una rareza que la separa de casi todas sus vecinas: en la literatura se han descrito reinas braquípteras, de alas cortas, que a primera vista pasan por obreras grandes. Es una especie común en su tierra y sorprendentemente poco criada fuera de ella: no hemos encontrado ningún diario de cría publicado. Esta ficha reúne todo lo que sabemos del género y de sus parientes cercanos, separa lo documentado de la especie de lo que se extrapola y añade lo que aplicamos en Antomas con nuestras Myrmecia.

Biología

Siete nombres para una sola bulldog

Frederick Smith la describió en 1858 en su catálogo de los himenópteros del Museo Británico, y el epíteto lo dice todo: simillima es el superlativo latino de «parecida», es decir, «la más parecida». Un nombre muy apropiado para un género en el que muchas especies se distinguen por detalles de color y de escultura.

La historia posterior le dio la razón. Según el Atlas of Living Australia, a lo largo del siglo XIX se describió varias veces con nombres distintos: M. crudelis (el mismo Smith, 1858), M. affinis, M. nigriventris, M. spadicea y M. tricolor (las cuatro de Mayr, 1862), M. paucidens (Forel, 1910) y M. tricolor rogeri (Emery, 1914). Hoy todos se consideran sinónimos. Que una misma hormiga acumule siete nombres suele indicar que varía mucho de color de una población a otra; el propio tricolor describe bien su librea clásica de tres tonos.

John Clark la redescribió en 1951, en su obra sobre los formícidos de Australia, y de ahí salen las medidas y la descripción del color que repiten todas las recopilaciones.

En el club de las grandes: el grupo gulosa

El género Myrmecia reúne algo más de 90 especies, repartidas en varios grupos que Ogata (1991) y Ogata y Taylor (1991) definieron por su morfología. M. simillima está en el grupo gulosa, el de las bulldog de mayor tamaño, junto con M. gulosa, M. forceps, M. fulgida o M. nigriscapa. Es un grupo distinto del de las pequeñas jack jumpers (M. pilosula y afines) y del de M. nigrocincta.

Los estudios genéticos confirman que el grupo es un linaje natural: Hasegawa y Crozier (2006) lo recuperaron como una de las ramas bien definidas del género, y la filogenómica de Mera-Rodríguez y colaboradores (2023), con datos de decenas de especies, sitúa a las bulldog como una estirpe muy antigua y casi exclusivamente australiana. En la práctica, pertenecer a este grupo significa obreras grandes, mandíbulas largas y colonias que crecen despacio.

Reinas de alas cortas

En la mayoría de las Myrmecia, las reinas nacen con cuatro alas completas, vuelan para aparearse y se las arrancan antes de fundar. En M. simillima la literatura recoge algo distinto: reinas braquípteras, con las alas reducidas y poco funcionales. La información procede de notas inéditas de John Freeland, uno de los grandes estudiosos de la biología de las bulldog a mediados del siglo XX, y de la obra de Clark (1951), tal como las resume AntWiki. La literatura menciona también reinas ergatoides, sin alas y con cuerpo de obrera, pero en Antomas las reinas que vemos no son ergatoides, sino braquípteras.

¿Qué supone una reina que no vuela bien? En otras hormigas con reinas así, lo habitual es que la reina se aparee cerca del nido y funde a poca distancia, a pie, o que la colonia se divida, lo que los mirmecólogos llaman gemación. En M. simillima no hay ningún estudio que lo haya comprobado, así que lo damos como una posibilidad razonable y no como un hecho. Lo que sí tiene una consecuencia práctica inmediata: una reina braquíptera se confunde fácilmente con una obrera grande, aunque un ojo con algo de práctica la distingue sin problema por su tórax más voluminoso (ver «Fundación: cómo llega tu colonia»).

Un linaje con raíces profundas

Las Myrmecia forman, con Nothomyrmecia macrops, la subfamilia Myrmeciinae. Ward y Brady (2003) reconstruyeron su historia: un linaje antiguo que hoy vive casi solo en Australia, con una única especie en Nueva Caledonia. Su pariente Nothomyrmecia fue noticia cuando se redescubrió en Australia Meridional, a finales de los años setenta, y se ganó el apodo de «fósil viviente».

Conviene decirlo bien: una bulldog no es «la antepasada de las hormigas». Es una hormiga moderna que conserva muchos rasgos ancestrales: cazadoras solitarias, larvas que comen solas de la presa, obreras capaces de poner huevos y reinas que se parecen bastante a sus obreras. Criar una M. simillima es asomarse a cómo pudieron vivir las primeras sociedades de hormigas.

Una hormiga del sudeste templado

Su distribución natural es el sudeste de Australia. El Atlas of Living Australia reúne más de 2.000 registros, la gran mayoría en Victoria (algo más de 1.100) y Nueva Gales del Sur (unos 800), con un buen número en el Territorio de la Capital Australiana y casos sueltos en Australia Meridional y el sur de Queensland. Los ejemplares de museo se concentran en la franja costera de Nueva Gales del Sur y en las tierras altas del sudeste, y también hay colecciones en las mesetas del interior.

Es, por tanto, una bulldog de clima templado: veranos cálidos, con máximas medias de 27–29 °C en las zonas altas, inviernos frescos con medias de julio que van de unos 6 °C en el interior a unos 13 °C en la costa, y lluvia repartida a lo largo del año, sin una estación seca marcada. Nada que ver con una hormiga tropical. Anida en el suelo, sobre todo en zonas abiertas con eucaliptos, bajo piedras grandes, al pie de los árboles o junto a troncos, y desde allí las obreras salen a cazar por el suelo y suben a menudo a la vegetación.

Cuando llega el frío, todo se para

Los registros del Atlas dibujan un calendario muy claro. De septiembre a abril hay entre 160 y 250 observaciones al mes; en mayo bajan a un centenar, y en junio y julio apenas hay 26 en cada mes, una caída de alrededor del 90 % respecto a la primavera y el verano australes. Parte de esa caída se debe a que en invierno sale menos gente al campo, pero el patrón coincide con el de su pariente M. nigriscapa, de la que un estudio de campo mostró que en invierno no tiene cría ni actividad.

La lectura para el criador es sencilla: M. simillima vive con un reloj estacional. Trabaja a pleno rendimiento en la estación cálida y baja el ritmo con el frío. En Antomas la vemos adaptarse al invierno europeo, de diciembre a febrero, con una parada suave en la que no se detiene del todo (ver «Diapausa: tres meses de calma»).

Ojos que lo ven todo

Basta mirarla de frente: dos ojos compuestos grandes y abombados ocupan buena parte de los lados de la cabeza. Las Myrmecia cazan con la vista, sin seguir rastros de feromona, y cada obrera localiza, persigue y sujeta su presa por sí sola. Es una forma de vida que exige buena óptica, y el género la tiene: Greiner y colaboradores (2007) demostraron que la estructura del ojo de estas hormigas cambia según la hora a la que sale a forrajear cada especie, y Narendra y colaboradores (2011) que incluso obreras, reinas y machos de una misma especie tienen ojos ajustados a su propio horario.

Los ojos de M. simillima no se han estudiado en detalle. En nuestras colonias es una cazadora de día, que sale con luz y calor. En casa notarás enseguida que te ve: gira la cabeza hacia las pinzas, sigue el movimiento de la mano y reacciona a una sombra. No es mal carácter, es su manera de percibir el mundo, y por eso la fundación se hace a oscuras.

Dos tallas de obrera, dos oficios

Las Myrmecia no tienen soldados ni castas de obreras marcadas, pero en M. simillima se aprecian dos rangos de tamaño bastante definidos entre las obreras. No es un polimorfismo verdadero, porque hay intermedias, pero en Antomas vemos que va ligado al trabajo: las obreras más pequeñas tienden a quedarse dentro del nido, con la cría, y las grandes salen más a forrajear y a defender.

Hay una pariente del mismo grupo en la que esto está estudiado. En M. gulosa, Dietemann, Hölldobler y Peeters (2002) comprobaron que las obreras grandes y las pequeñas desempeñan papeles distintos y que muchas de ellas ponen huevos tróficos, huevos sin desarrollar que sirven de comida a las larvas y a la reina. Es muy probable que en M. simillima ocurra algo parecido, aunque nadie lo ha medido.

Una cría a la antigua

En casi todas las hormigas modernas, las obreras alimentan a las larvas boca a boca. Las bulldog no: sus larvas, alargadas y bastante móviles, comen solas, directamente de los trozos de presa que las obreras dejan a su lado. Cuando terminan de crecer, tejen un capullo, y para hacerlo necesitan partículas de tierra o de fibra a su alrededor; en el género se ha observado que las obreras llegan a cubrirlas de tierra para ayudarlas.

La reina, por su parte, no es una gran niñera. En palabras de Tomás, las reinas de Myrmecia son «un poco inútiles» con la prole: a veces la descuidan o la mueven sin miramientos, y si las primeras larvas nacen y no hay comida, pueden llegar a comérselas. Es parte de su biología primitiva y hay que tenerlo en cuenta en la fundación.

Un veneno de caza y de defensa

El veneno de M. simillima no se ha analizado, pero sí el de su pariente de grupo M. gulosa, y es uno de los mejor conocidos entre las hormigas. Robinson y colaboradores (2018) vieron que casi todos sus péptidos pertenecen a una misma familia de genes, las aculeatoxinas, con funciones repartidas: unos paralizan a los insectos y otros activan las neuronas sensoriales de los mamíferos, es decir, causan dolor. Un único veneno sirve para cazar y para defender el nido.

Eagles y colaboradores (2022) describieron en ese mismo veneno una toxina que imita a las hormonas EGF de los vertebrados y, en ratones, provoca una hipersensibilidad al dolor que dura días. Con un aguijón de este tamaño y un parentesco tan cercano, lo prudente es dar por hecho que M. simillima juega en la misma liga (ver «Manejo y seguridad»).

Las preguntas abiertas

Para ser una hormiga común en su área, de M. simillima se sabe poco. No hay censos de sus colonias: las cifras de varios cientos o de un millar de obreras que circulan por internet no tienen un estudio detrás, y como referencia solo tenemos a M. gulosa, con colonias maduras de alrededor de 1.600 obreras. Tampoco hay datos fiables de sus vuelos nupciales ni de si una colonia puede tener varias reinas, y falta un estudio de cómo funda en la naturaleza una reina de alas cortas. Cada colonia bien criada aporta un poco de información nueva sobre una especie que todavía esconde mucho.

Tamaño y morfología

Una bulldog grande, estilizada y de patas largas, que le dan velocidad y una gran capacidad de reacción sobre el terreno. La reina se parece a una obrera grande y, en las formas de alas cortas, la diferencia puede ser sutil.

  • Coloración según la literatura. Clark (1951) la describe con la cabeza, el mesosoma (el tórax) y el nodo pardos, el gáster negro, las mandíbulas y las patas rojizas, y los tarsos y la parte final de las antenas de un amarillo rojizo.
  • Variación de color. En la naturaleza son muy frecuentes los ejemplares con tonos rojizos y gáster negro, con un contraste muy vistoso. En cambio, la forma que suele llegar al hobby, y la que es más probable que encuentre el criador, es casi enteramente negra.
  • Mandíbulas. Largas, rectas y dentadas, pensadas para sujetar presas vivas con precisión. Como en todo el grupo gulosa, llevan un diente suplementario en la cara inferior, cerca de la punta.
  • Ojos. Grandes y prominentes: la vista es su sentido principal.
  • Patas. Muy largas, de las más largas del género en proporción, en nuestra experiencia.
  • Obreras. Monomórficas, sin castas, pero con dos rangos de tamaño bien visibles en la colonia.
  • Reinas. Braquípteras (de alas cortas), fáciles de confundir con obreras grandes, pero con el mesosoma más voluminoso; con algo de práctica se distinguen sin problema. La literatura cita también reinas ergatoides, que en Antomas no hemos visto.
  • Aguijón. Funcional y largo, sin lengüeta, así que pueden picar varias veces.
  • Cría. Las larvas se encierran en un capullo de seda antes de pupar; una pupa desnuda es señal de que algo ha ido mal.

Medidas aproximadas

  • Obreras: 19–23 mm
  • Reina: 22–24 mm

Son las medidas de Clark (1951) que recogen las recopilaciones; no hemos podido consultar el original y no hay datos publicados de los machos. Algunas tiendas dan cifras menores, sin ninguna fuente. Con obreras de más de dos centímetros y una reina que tiene que girarse con una larva grande entre las mandíbulas, la conclusión práctica es clara: galerías grandes desde el principio.

Mantenimiento en cautividad

Dificultad: 5/5 – Experto

La situamos en lo más alto de nuestra escala. No es una hormiga imposible, pero sí una que exige oficio y constancia:

  • Fundación lenta y frágil. La reina es semiclaustral, cuida la cría a su manera y es normal perder algún capullo por el camino.
  • Un límite de temperatura estricto. Las larvas maduras no toleran pasar días por encima de 28 °C, y el verano europeo lo pone a prueba.
  • Humedad y sustrato con método. Sin partículas en el nido no hilan, y con exceso de agua los capullos se pierden.
  • Ritmo estacional. Necesita su parada de invierno y crece despacio.
  • Vista, velocidad y aguijón. Se estresa con facilidad, es muy rápida y su picadura duele de verdad.

Si es tu primera bulldog, en nuestra experiencia son más agradecidas M. nigriceps y M. pavida. M. simillima es para quien ya ha sacado adelante alguna Myrmecia y quiere dar el salto a una de las grandes, en la línea de M. pyriformis o M. gulosa. Y una buena noticia: cuando la colonia tiene ya sus primeras obreras, todo resulta bastante más fácil.

Parámetros recomendados

  • Temperatura: 24–27 °C en la temporada activa, con una parte del nido algo más fresca para que elijan.
  • Larvas maduras: nunca por encima de 28 °C de forma sostenida.
  • Humedad: ambiente moderado, del 50–70 %, con gradiente dentro del nido: húmedo para huevos y larvas pequeñas, seco y ventilado para los capullos.
  • Sustrato: siempre dentro de las cámaras, con algo de fibra vegetal.
  • Agua: siempre a su alcance, en un tubo de ensayo con agua y algodón en la zona de forrajeo.
  • Luz: oscuridad total durante la fundación; con obreras, nido a oscuras y forrajeo con su ciclo de día y noche.
  • Diapausa: unos 3 meses (8–12 semanas) a 10–15 °C, de diciembre a febrero.

28 °C: la línea roja de las larvas

Si hay que quedarse con una sola pauta del género, es esta. En Antomas lo hemos comprobado con varias Myrmecia: cuando las larvas grandes pasan días por encima de 28 °C, el hilado falla. Empiezan el capullo y lo dejan a medias, lo rehacen una y otra vez o acaban pupando sin él, y esas pupas desnudas casi nunca salen adelante. Otros criadores cuentan lo mismo; en un diario de M. nigrocincta, las larvas pupaban sin capullo y la cría se perdió casi entera. No se conoce el mecanismo, pero el resultado se repite demasiado como para ignorarlo.

  • Da el calor por un lateral, con termostato, y deja que la colonia elija dónde poner la cría.
  • No calientes nunca por debajo de la cámara de cría, ni subas la temperatura para que la colonia crezca más deprisa.
  • En verano, busca el rincón más fresco de la casa, lejos de ventanas soleadas, y si hace falta enciende el aire acondicionado.

El exceso de calor frena también a la reina: en un diario de M. pavida, dejó de poner durante siete semanas con el forrajeo a 33–35 °C y retomó la puesta al bajar unos grados.

Humedad: de húmedo a seco

Tomás aplica con sus Myrmecia un método sencillo que se adelanta a casi todos los problemas de humedad:

  • Arranque húmedo. La reina va a un tubo o módulo de iniciación bastante húmedo, porque a los huevos y a las larvas pequeñas les sienta bien.
  • Secado progresivo. A medida que las larvas crecen, no se añade más agua.
  • Capullos en seco. Cuando llega el momento de hilar, el nido ya tiene la humedad justa. Un capullo mojado muere asfixiado y las obreras lo descartan.

Conectar un módulo seco aparte parece buena idea, pero las reinas no siempre llevan los capullos por sí solas a la zona seca. Si tienes que añadir agua, hazlo con mucha cautela: si llega a la prole, la mata. Con obreras ya es más fácil, porque ellas mismas reparten la cría entre la zona húmeda y la seca, siempre que el nido ofrezca las dos.

Sustrato: el material del capullo

Las larvas de las bulldog no pueden hilar en el vacío: necesitan granos y fibras alrededor para construir el capullo. Por eso, nunca cámaras desnudas:

  • Durante la fundación: una capa fina de miniarena con un poco de fibra vegetal en el tubo o el módulo de iniciación.
  • En el hormiguero: una mezcla de fibra de coco, arena fina, algo de arcilla o turba rubia, en montoncitos dentro de las cámaras, sin llenarlas.
  • Cámaras amplias: facilitan el desarrollo de las larvas y el hilado, y una larva de bulldog es grande.
  • Reposición: una colonia en crecimiento gasta material; si ves las cámaras limpias, añade más.

Un criador de M. pyriformis perdió seis de sus siete larvas en un nido de hormigón celular sin sustrato, y él mismo lo atribuía a la falta de material para hilar.

Hormigueros recomendados

El montaje acompaña el crecimiento de la colonia en tres etapas, y en todas manda la misma regla: galerías grandes.

1. Fundación: tubo de iniciación con una capa de miniarena. Húmedo al principio y conectado a un forrajeo pequeño. Un espacio reducido y oscuro tranquiliza a la reina y le permite controlar su cría.

2. Primeras obreras: QBIK DUO con galerías grandes. Un hormiguero modular de la gama Alpha de Anthouse, más bien seco, al que se le conecta el tubo de iniciación como zona húmeda mientras haga falta, con montoncitos de sustrato en las cámaras.

3. Colonia grande: Qbik Wild NoNa Diáfano. De yeso, que retiene bien la humedad, y sin cámaras hechas: se rellena de sustrato y las obreras excavan su propio nido, con la mezcla de materiales que necesitan sus larvas al alcance de la mano.

No tengas prisa por ampliar: en un nido demasiado grande, una colonia pequeña no controla bien la humedad ni la limpieza. Además del nido, prepara:

  • Un forrajeo amplio, con arena, piedras planas y trozos de corteza, donde puedan patrullar y cazar.
  • Barrera ancha y tapa desde el primer día (ver «Fugas y barreras»).
  • Tubo de agua con algodón y un bebedero para los líquidos azucarados.
  • Un termómetro junto al nido, imprescindible con una especie tan sensible al calor.

Fundación: cómo llega tu colonia

En Antomas enviamos M. simillima como reina con prole: la reina llega con huevos, larvas o capullos. Su fundación es semiclaustral, como en casi todas las Myrmecia: la reina no vive solo de sus reservas, sino que sale a beber, toma azúcar y caza para alimentar a sus larvas. Eso marca toda la etapa:

  • A oscuras y sin vibraciones. Cubre el tubo y su pequeño forrajeo con una cartulina opaca o papel de aluminio y colócalo en un sitio tranquilo, lejos de zonas de paso, de mascotas y de electrodomésticos que vibren.
  • Una revisión al día. Breve y desde fuera: que haya agua, azúcar y proteína, y que no queden restos.
  • Presas muertas o recién sacrificadas. Las reinas de Myrmecia son muy cazadoras y detectan cualquier vibración, pero una presa viva que se defiende puede herirlas, y una reina herida es una fundación perdida.
  • Atención a la eclosión. Cuando nacen las primeras larvas, tiene que haber proteína todos los días: sin ella, la reina puede comerse a su propia cría. En un diario de M. dispar, la reina se comió una larva tras pasar unas 12 horas sin presa.
  • Pérdidas normales. Perder uno o dos capullos de cada diez entra dentro de lo esperable; si se pierden muchos, revisa la humedad y la temperatura.

¿Dónde está la reina? Sus reinas son braquípteras, de alas cortas, y a primera vista se confunden con una obrera grande; con algo de práctica se distinguen sin problema. Fíjate en el ejemplar más corpulento, con el mesosoma más abultado y ancho, que pasa más tiempo junto a la cría. Si tienes dudas, escríbenos con una foto.

Los tiempos son largos. Con calor y sin parones, otros criadores de Myrmecia cuentan de 6 a 10 semanas del huevo a la obrera, pero con parones de puesta o una parada invernal de por medio es fácil irse a varios meses. Un primer año que termine con un puñado de obreras es una buena fundación. A partir de ahí, las obreras cazan, cuidan las larvas y se ocupan de los capullos, y la colonia gana estabilidad.

Llegada y mudanza por volcado

Cuando la recibas, déjala en un lugar oscuro, tranquilo y a 22–25 °C, comprueba que tiene agua y ofrécele una gota de azúcar y una presa pequeña muerta. No la cambies de tubo los primeros días. Para pasarla al QBIK DUO, en Antomas hacemos la mudanza por volcado:

  • Prepara antes el hormiguero: sustrato en las cámaras, barrera puesta y agua lista.
  • Trabaja dentro de una caja grande o una bandeja con su propia barrera, por si alguna obrera sale corriendo.
  • Vuelca con cuidado el contenido del tubo, con la reina, las obreras y la cría, junto a la entrada del nido, y guía a las rezagadas con un pincel grueso o unas pinzas largas, nunca con los dedos.
  • Tapa el nido y déjalas tranquilas un par de días.

Cuando llegue el momento del NoNa, se hace igual.

Alimentación

Azúcar todos los días y con variedad. Las obreras adultas se mueven con azúcar; en la naturaleza lo obtienen del néctar y de las secreciones de otros insectos. Como líquido principal, 4–5 veces por semana, en Antomas usamos el Néctar Blue Sugar de Anthouse, al que se le puede añadir un poco de proteína. El resto de los días, alterna con agua con miel o azúcar y, de vez en cuando, un trocito muy pequeño de fruta madura, como plátano, manzana o uva. Los líquidos van siempre en un bebedero, nunca en algodón: el algodón se enmohece y el líquido se estropea enseguida. Sirve un bebedero tradicional o uno casero en el que la gota quede tendida y accesible; cámbialo antes de que fermente.

Proteína al ritmo de las larvas. Cuando hay larvas, la colonia caza con avidez; cuando no las hay, las presas pierden casi todo su interés. Ajusta la cantidad a la cría que veas y el tamaño de la presa al de la colonia:

Cambia el tipo de insecto de una semana a otra, para que no coman siempre lo mismo. Y alimenta en abundancia: en Antomas comprobamos que, con mantenimiento diario y retirando los restos, es mejor dar de más, porque la colonia percibe que tiene recursos y crece más deprisa y en mayor número. Si no vas a poder limpiar a menudo, modera la cantidad, porque los restos atraen moho y ácaros. Usa insectos de un proveedor fiable, sin insecticidas, y deja la presa cerca de la entrada: las obreras la trocean y las larvas comen directamente de ella.

Diapausa: tres meses de calma

En Antomas recomendamos para M. simillima una diapausa de unos 3 meses, entre 8 y 12 semanas, a 10–15 °C, coincidiendo con nuestro invierno, de diciembre a febrero. Se apoya en varias cosas: su clima de origen tiene inviernos frescos de verdad; sus registros en la naturaleza caen en picado en pleno invierno austral; y en las Myrmecia que criamos la parada, aunque en algunas especies no es tan vital, ayuda a que la reina vuelva a poner con fuerza. En otras especies del género, saltársela puede cortar la producción de una tanda grande de larvas.

Es una diapausa suave: la colonia baja mucho el ritmo y el desarrollo de la cría se frena, pero no se para del todo, y alguna obrera seguirá saliendo a beber o a tomar azúcar.

  • Cuándo. Lo cómodo es hacerla coincidir con el invierno europeo; con el tiempo, la colonia se acompasa a nuestro calendario. Mejor empezar con la cría ya en capullo o sin larvas pequeñas que dependan de comer mucho.
  • Cómo. Baja la temperatura poco a poco, a lo largo de una o dos semanas, hasta un sitio estable a 10–15 °C, como una habitación sin calefacción, una bodega o una vinoteca. Agua siempre, un poco de azúcar si hay obreras activas y proteína solo si la aceptan.
  • Después. Sube igual de despacio hasta los 24–27 °C de la temporada activa. La reina debería volver a poner en pocas semanas y, con las larvas, vuelve la comida diaria.

Si tras la primera tanda la reina deja de poner durante semanas, no la des por perdida: en las Myrmecia es normal poner por tandas, con parones largos, y a menudo el frío es lo que la reactiva.

Comportamiento y observación

Con la colonia asentada, aplica la filosofía de Antomas: las hormigas están para disfrutarlas, observarlas y aprender de ellas, no para tenerlas escondidas. Basta con mantener su zona oscura en el nido y el forrajeo con luz, y observarlas con delicadeza, interviniendo lo justo. Esto es lo que verás:

  • Una cazadora diurna. Las obreras patrullan el forrajeo de día, cada una por su cuenta, y se lanzan sobre la presa en cuanto la detectan.
  • Mucha reactividad. Es una especie territorial y de reflejos rapidísimos: responde al instante a las vibraciones, a los golpes en el cristal o a una mano que se acerca.
  • Atenta a todo. Te seguirá con la mirada; con el tiempo, la colonia se acostumbra a tu presencia.
  • Dos tallas trabajando. Las grandes fuera, cazando y vigilando; las pequeñas, dentro, con la cría.
  • Más caza cuando hay larvas. Sin cría, la colonia parece desganada con la comida: es normal.

Señales de alarma:

  • Capullos abiertos o pupas sin capullo: calor excesivo o falta de sustrato.
  • Capullos con moho o sacados al forrajeo: sobra humedad.
  • Larvas que desaparecen durante la fundación: hambre o estrés de la reina.
  • Obreras recorriendo sin descanso el borde del forrajeo: comprueba la barrera.

Fugas y barreras

Una obrera de más de dos centímetros, con aguijón y unas patas larguísimas, recorre la superficie de una mesa en un instante. La rapidez es su mejor arma de fuga, y varias Myrmecia trepan por superficies lisas, así que el montaje tiene que estar preparado desde el primer día:

  • Barrera ancha de aceite de parafina o de PTFE en la parte alta del forrajeo, renovada a menudo. Mejor una banda generosa que una línea fina, porque en el género hay especies capaces de salvar varios centímetros de un salto; ten en cuenta además que el PTFE funciona peor con humedad alta.
  • Tapa segura en el forrajeo y conexiones bien ajustadas.
  • Nada que haga de puente: ni decoración apoyada en las paredes ni restos de presas grandes junto al borde.
  • Atención al dar de comer: es el momento en que se producen muchas fugas. Ten la comida preparada, abre lo justo y cierra enseguida.
  • Las mudanzas, dentro de una bandeja con su propia barrera.

Manejo y seguridad

La picadura de las Myrmecia duele mucho: está entre las más dolorosas de las hormigas, al nivel de la de una abeja o por encima. Como el aguijón no tiene lengüeta, no se queda clavado y pueden picar varias veces. Además, el veneno puede provocar reacciones alérgicas graves: en Australia, las Myrmecia causaron casi nueve de cada diez anafilaxias por picadura de hormiga con la especie identificada, y 56 de ellas se atribuyeron a «hormigas bulldog» sin precisar la especie (Brown y colaboradores, 2011). No hay que tenerle miedo, pero sí respeto:

  • Nunca la manipules con las manos. Usa siempre pinzas largas o un pincel grueso, trabaja con calma y no metas la mano por encima de la entrada del nido.
  • No la recomendamos a personas con alergia a las picaduras de himenópteros, ni en casas con niños pequeños o mascotas.
  • Si te pica, lava la zona y aplica frío. Ante cualquier síntoma general (dificultad para respirar, hinchazón de la cara o mareo), acude a urgencias de inmediato.
  • Nunca juntes dos colonias o dos reinas, y no la sueltes jamás en la naturaleza: es una especie exótica.

Qué no hacer

  • Dejar que las larvas maduras pasen días por encima de 28 °C, o calentar para acelerar la colonia.
  • Usar un nido sin sustrato o con galerías pequeñas.
  • Seguir añadiendo agua mientras crecen las larvas, o mojar los capullos.
  • Olvidar la proteína el día que nacen las larvas, u ofrecer a la reina presas vivas grandes.
  • Montar la fundación con luz, en una zona de paso o junto a una fuente de vibraciones.
  • Confundir a la reina con una obrera y retirarla o descuidarla.
  • Saltarse la diapausa, o dar por estéril a una reina que deja de poner tras la primera tanda.
  • Ampliar a un nido grande antes de tiempo.
  • Servir los líquidos azucarados en algodón, o repetir siempre la misma presa.
  • Descuidar la barrera, o abrir el forrajeo sin tener la comida preparada.
  • Tocarla con los dedos, o dejar el montaje donde lleguen niños o animales.

Fuentes científicas

Esta ficha se basa en la bibliografía sobre Myrmecia simillima, el grupo gulosa y el género, en los registros de distribución del Atlas of Living Australia y en la experiencia de Antomas y de otros criadores de Myrmecia. Referencias principales:

  1. Smith, F. (1858). Catalogue of hymenopterous insects in the collection of the British Museum. Part VI. Formicidae. British Museum, p. 144.
  2. Clark, J. (1951). The Formicidae of Australia. Vol. 1. Subfamily Myrmeciinae. CSIRO, pp. 89–91.
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